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Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec. En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice Warckie, se le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajando de empleada doméstica en casas de familias acomodadas de Aleksandrów, Łódź y Ostrówek, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular intensa vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió:Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a sor Faustina por secretaria y apóstolde su misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo sugran mensaje. En el Antiguo Testamento —le dijo— enviaba alos profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a todala humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588).

La misión de Santa Faustina consiste en 3 tareas: cercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio —dijo el Señor Jesús a sor María Faustina— tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas,por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

Sor María Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión. Entre los años 1965-67 en Cracovia fue llevado a cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992. El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Łagiewniki.

Homilía del Santo Padre 

INTRODUCCION

1. Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, conocida actualmente en el mundo entero, ha sido incluida por los teólogos entre los destacados místicos de la Iglesia.

Nació como la tercera hija entre diez hermanos de una pobre y piadosa familia campesina de la aldea de Glogowiec.  En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Swinice Warckie, se le impuso el nombre de Elena.  Desde pequeña se destacó por la piedad, el amor a la oración, la laboriosidad y la obediencia, y por una gran sensibilidad ante la pobreza humana.  Su educación escolar no duró ni siquiera tres años:  al cumplir 14 años abandonó la casa familiar para trabajar de sirviente en Aleksandrów y Lodz, y mantenerse a sí misma y ayudar a sus padres.

Ya desde los 7 años Elena sintió en su alma el llamado a la vida religiosa (dos años antes de recibir la Primera Comunión), pero sus padres no le dieron el permiso para que entrara en el convento.  Ante la negativa, la niña intentó apagar dentro de sí el llamado de Dios; sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente y las palabras de reproche”  Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?” empezó a buscar ser aceptada en algún convento.  Pero donde llamaba la despedían.  Finalmente, el 1 de agosto de 1925, pasó el umbral de la clausura de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en la calle Zytnia, en Varsovia.  En su Diario confesó:  “Me pareció que entré en la vida del paraíso.  De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias”.

Unas semanas después sintió una fuerte tentación de trasladarse a otro convento donde pudiera tener más tiempo para rezar.  Entonces, el Señor Jesús, enseñándole su faz desgarrada y martirizada, dijo: “Tú Me causarás un dolor semejante, si sales de esta Congregación.  Te he llamado aquí y no a otro lugar, y te tengo preparadas muchas gracias”.

En la Congregación recibió el nombre de Sor María Faustina.  El noviciado lo pasó en Cracovia, donde en presencia del obispo St. Respond hizo los primeros votos y cinco años después los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia.  Trabajó en distintas casas de la Congregación.  Pasó los períodos más largos en Cracovia, Plock y Vilna trabajando como cocinera, jardinera, y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su extraordinaria y rica vida mística.  Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y piadosa, pero a la vez natural, alegre, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo.

Toda su vida se concentraba en caminar con constancia a la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas.  “Jesús mío – confesó en el Diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ninguna alma Te amó hasta ahora” .

El Diario revela la profundidad de su vida espiritual.  Una lectura atente de estos escritos permite conocer un alto grado de unión de su alma con Dios, permite conocer hasta qué punto Dios se entregó a su alma y evidencia también sus esfuerzos y combates en el camino hacia la perfección cristiana.  El Señor la colmó de muchas gracias extraordinarias:  los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de leer en las almas humanas, y de desposorios místicos.  Colmada de tantas gracias, escribió:  “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios.  Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”.

El austero modo de vida y los agotadores ayunos que practicaba desde antes de entrar en el convento, debilitaron tanto su organismo que siendo postulante, fue enviada al balneario de Skolimów, cerca de Varsovia, para recuperar la salud.  Tras el primer año de noviciado, le vinieron experiencias místicas sumamente dolorosas; las de la llamada noche oscura, y luego, sufrimientos espirituales y morales relacionados con la realización de su misión que le fue encomendada por el Señor.  Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó también diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar las almas de aquellos.  En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores, la llamada noche pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo:  se desarrolló la tuberculosis que atacó los pulmones y el sistema digestivo.  A causa de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en Cracovia, por varios meses.

Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, falleció en olor de santidad, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los que 13 fueron en el convento.  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad en Cracovia – Lagiewniki, y luego, durante el proceso informativo en 1966, trasladado a la capilla.

A esta sencilla monja, sin grandes estudios, pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor Jesús le confió una gran misión:  el mensaje de la misericordia dirigido a todo el mundo.  “Te envío – dijo – a toda la humanidad con Mi misericordia.  No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón Misericordioso  (Diario, 1588).  Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura, para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia” .

2. La misión de Sor Faustina consiste, en resumen, en recordar una verdad de la fe, conocida desde siempre, pero olvidada, sobre el amor misericordioso de Dios al hombre y en transmitir nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, cuya práctica ha de llevar a la renovación religiosa en el espíritu de confianza y misericordia cristianas.

El Diario que Sor Faustina escribió durante los últimos 4 años de su vida por un claro mandato del Señor Jesús, es una forma de memorial, en el que la autora registraba, al corriente y en retrospectiva, sobre todo los “encuentros” de su alma con Dios.  Para sacar de estos apuntes la esencia de su misión, fue necesario un análisis científico.  El mismo fue hecho por el conocido y destacado teólogo, Padre profesor Ignacy Rózycki.  Su extenso análisis fue resumido en la disertación titulada “La Divina Misericordia.  Líneas fundamentales de la devoción a la Divina Misericordia.”  A la luz de este trabajo resulta que todas las publicaciones anteriores a él, dedicadas a la devoción a la Divina Misericordia transmitida por Sor Faustina, contienen solamente algunos elementos de esta devoción, acentuando a veces cuestiones sin importancia para ella.  Por ejemplo, destacan la letanía o la novena, haciendo caso omiso a la Hora de la Misericordia.  El mismo Padre Rózycki hace referencia a ese aspecto diciendo:  “Antes de conocer las formas concretas de la devoción a la Divina Misericordia, cabe decir que no figuran entre ellas las conocidas y populares novenas ni letanías.”

La base para distinguir éstas y no otras oraciones o prácticas religiosas como nuevas  formas de culto a la Divina Misericordia, lo son las concretas promesas que el Señor Jesús prometió cumplir bajo la condición de confiar en la bondad de Dios y practicar misericordia para con el prójimo.  El Padre Rózycki distingue cinco formas de la devoción a la Divina Misericordia.

a.  La imagen de Jesús Misericordioso.   El esbozo de la imagen le fue revelado a Sor Faustina en la visión del 22 de febrero de 1931 en su celda del convento de Plock.  “Al anochecer, estando yo en mi celda – escribe en el Diario – ví  al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos:  uno rojo y otro pálido.  Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma:  Jesús, en Ti  confío.  Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia “.

El contenido de la imagen se relaciona, pues, muy estrechamente con la liturgia de ese domingo.  Ese día la Iglesia lee el Evangelio según San Juan sobre la aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29).  Así, la imagen presenta al Salvador resucitado que trae la paz a la humanidad por medio del perdón de los pecados, a precio de su Pasión y muerte en la cruz.  Los rayos de la Sangre y del Agua que brotan del Corazón (invisible en la imagen) traspasado por la lanza y las señales de los clavos, evocan los acontecimientos del Viernes Santo (Jn 19, 17-18, 33-37).  Así pues, la imagen de Jesús Misericordioso une en sí estos dos actos evangélicos que hablan con la mayor claridad del amor de Dios al hombre.

Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos.  El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó:  “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las alma.  Bienaventurado quien viva a la sombra  de ellos”.   Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía.  Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios con el hombre contraída en la Sangre de Cristo.

A la imagen de Jesús Misericordioso se le da con frecuencia el nombre de imagen de la Divina Misericordia.  Es justo porque la Misericordia de Dios hacia el hombre se reveló con la mayor plenitud en el misterio pascual de Cristo.

La imagen no presenta solamente la Misericordia de Dios, sino que también es una señal que ha de recordar el deber cristiano de confiar en Dios y amar activamente al prójimo.  En la parte de abajo – según la voluntad de Cristo – figura la firma:  “Jesús, en Ti  confío“.  “Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

Así comprendido el culto a la imagen, a saber, la actitud cristiana de confianza y misericordia, vinculó el Señor Jesús promesas especiales de: la salvación eterna, grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz, y todas las demás gracias que le fueren pedidas con confianza.  “Por medio de esta imagen colmare a las almas con muchas gracias.  Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella”.

b.  La Fiesta de la Misericordia.   De entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia reveladas por Sor Faustina, ésta es la que tiene mayor importancia.  El Señor Jesús habló por primera vez del establecimiento de esta Fiesta en Plock en 1931, cuando comunicó a Sor Faustina su deseo de que pintara la imagen:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”.

La elección del primer domingo después de la Pascua de Resurrección para la Fiesta de la Misericordia, tiene su profundo sentido teológico e indica una estrecha relación entre el misterio pascual de redención y el misterio de la Divina Misericordia.  Esta relación se ve subrayada aun mas por la novena de coronillas a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta y que empieza el Viernes Santo.

La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la misericordia, sino también el tiempo en que Dios colma de gracias a todas las personas.  “Deseo – dijo el Señor Jesús – que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadore.  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia morirán para siempre”.

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma.  “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.  “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia.  Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata”.

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión.  “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” .

c.  La coronilla a la Divina Misericordia.  El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 en Vilna, como una oración para aplacar la ira divina.

Las personas que rezan esta coronilla ofrecen a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de sus pecados, los pecados de sus familiares y los del mundo entero.  Al unirse al sacrificio de Jesús, apelan a este amor con el que Dios Padre ama a Su Hijo y El a todas las personas.

En esta oración piden también “misericordia para nosotros y el mundo entero” haciendo, de este modo, un acto de misericordia.  Agregando a ello una actitud de confianza y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada oración buena (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles pueden esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo que se refieren especialmente a la hora de la muerte:  la gracia de la conversión y una muerte serena.  Gozaran de estas gracias no solo las personas que recen esta coronilla, sino también los moribundos por cuya intención la recen otras personas.   “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante – dijo el Señor Jesús – se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”.  La promesa general es la siguiente:  “Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan, si lo que me pidan esté conforme con Mi voluntad”.  Todo lo que es contrario a la voluntad de Dios no es bueno para el hombre, particularmente para su felicidad eterna.

“Por el rezo de esta coronilla – dijo Jesús en otra ocasión – Me acercas la humanidad.  A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá  de vida y especialmente a la hora de la muerte”.

d. La Hora de la Misericordia. En octubre de 1937, en unas circunstancias pocoaclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma”.

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia.   “En esa hora – dijo a Sor Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crujir, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

El Padre Rózycki habla de tres condiciones para que sean escuchadas las oraciones de esa hora:

1. La oración ha de ser dirigida a Jesús.

2. Ha de ser rezada a las tres de la tarde.

3. Ha de apelar a los valores y meritos de la Pasión del Señor.

“En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre la justicia”.

e. La propagación de la devoción a la Divina Misericordia.   Entre las formas de devoción a la Divina Misericordia, el Padre Rózycki distingue además la propagación de la devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo.  “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso“.

La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.  El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El”  y hagan obras de misericordia:  a  través de sus actos, sus palabras y su oración.  “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte”.  Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso.  Un ejemplo de tal apostolado lo dio Sor Faustina durante toda su vida.

f.  El culto a la Divina Misericordia tiene como fin renovar la vida religiosa en la Iglesia en el espíritu de confianza cristiana y misericordia.  En este contexto hay que leer la idea de “la nueva Congregación” que encontramos en las páginas del Diario.  En la mente de la propia Sor Faustina este deseo de Cristo maduró poco a poco, teniendo cierta evolución:  de la orden estrictamente contemplativa al movimiento formado también por Congregaciones activas, masculinas y femeninas, así como por un amplio círculo de laicos en el mundo.  Esta gran comunidad multinacional de personas constituye una sola familia unida por Dios en el misterio de su misericordia, por el deseo de reflejar este atributo de Dios en sus propios corazones y en sus obras y de reflejar su gloria en todas las almas.  Es una comunidad de personas de diferentes estados y vocaciones que viven en el espíritu evangélico de confianza y misericordia, profesan y propagan con sus vidas y sus palabras el inabarcable misterio de la Divina Misericordia e imploran la Divina Misericordia para el mundo entero.

La misión de Sor Faustina tiene su profunda justificación en la Sagrada Escritura y en algunos documentos de la Iglesia.  Corresponde plenamente a la encíclica Dives in misericordia del Santo Padre Juan Pablo II.

¡Para mayor gloria de la Divina Misericordia! Cracovia – Lagiewniki. Sor Ma. Elzbieta Siepak De la Congregación de las Hermanas De la Madre de Dios de la Misericordia

CUADRO CRONOLOGICO DE LA VIDA DE  SANTA MARIA FAUSTINA KOWALSKA DE LA CONGREGACION DE LAS HERMANAS DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA

25 de agosto de 1905 – Sor Faustina nace en la aldea de Glgowiec (actualmente la provincia De Konin).

27 de agosto de 1905 -  Es bautizada en la parroquia de San Casimiro en Swinice  Warckie (diócesis de Wloclawek), y recibe el nombre de Elena.

1912 – Por primera vez oye en su alma la voz que la llama a la vida  perfecta.

1914 – Recibe la Primera Comunión. Septiembre de 1917 -  Comienza la educación en la escuela primaria.

1919 - Empieza a trabajar en casa de los amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki.                           

30 de octubre de 1921 - Recibe el Sacramento de la Confirmación administrado por el obispo Vicente Tymieniecki en Aleksandrów Lódzki.

1922 -  Vuelve a la casa familiar para pedir a los padres el permiso de  rentrar en un convento, recibe la negativa.

Otoño de  1922 -  Elena va a Lódz.  Durante un año trabaja en la tienda de Marcjanna  Sadowska, en la calle Abramowskiego 29 (2 II 1923 1 VII 1924)

Julio de  1924 -  Sale a Varsovia con la intención de entrar en un convento.  Se presenta  en la casa de la Congregación de la Madre de Dios de recibirla, pero antes le encomienda reunir una pequeña dote.

1 de agosto de 1925 – Después de un año de trabajo como sirvienta, Elena Kowalska vuelve a presentarse a la Superiora del convento en la calle Zytnia.  Es admitida al postulantado.

23 de enero de 1926 – Va a la casa del noviciado en Cracovia.

30 de abril de 1926 -  Recibe el hábito y el nombre de Sor María Faustina.

Marzo – abril de 1927 – Pasa por el periodo de oscuridad espiritual, que durará un año y medio.

16 de abril de 1928 - El Viernes Santo el ardor del amor divino penetra a la novicia sufriente que olvida los sufrimientos experimentados, conoce con más claridad lo mucho que Cristo sufrió por ella.

30 de abril de 1928 -  Al terminar el noviciado y después del retiro espiritual de 8 días, hace los primeros votos (temporales).

10 de octubre de 1928 - El Capítulo General que se celebra en la Congregación elige como Superiora General a la Madre Micaela Moraczewaska que va a ser la Superiora de Sor Faustina durante toda la vida. Será también su ayuda y consuelo en los momentos difíciles.

31 de octubre de 1928 -   Sale a casa de la Congregación en Varsovia, en la calleZytnia, para trabajar en la cocina.

21 de febrero -  Viaja a Vilna para sustituir a una hermana que tiene su tercera

11 de junio de 1929    probación. 

Junio de 1929  - Es mandada a la recién fundada casa de la Congregación en la calle Hetmanska, en Varsovia.

7 de julio de 1929  - Una breve estancia en Kiekrz, cerca de Poznan, para sustituir en la cocina a una hermana enferma.

Octubre de 1929 - Sor Faustina está en la casa varsoviana de la Congregación, en la Calle Zytnia.

Mayo – junio de 1930 - Viene a la casa de la Congregación en Plock.  Trabaja en la  panadería,   en la cocina y en la tienda adjunta a la panadería.

22 de febrero de 1931 - Tiene una visión del Señor que le encomienda pintar una imagen  según el modelo que ella ve.

Noviembre de 1932 - Sor Faustina viene a Varsovia para su tercera probación (de Cinco meses), a la que las hermanas de la Congregación se someten antes de hacer los votos perpetuos.  Antes de la probación tiene el retiro espiritual en Walendów.

18 de abril de 1933 - Sale a Cracovia para celebrar el retiro espiritual de 8 días, antes de los votos perpetuos.

1 de mayo de 1933 - Hace los votos perpetuos (el obispo Estanislao Rospond preside la ceremonia).

25 de mayo de 1933  - Viaja a Vilna.

2 de enero de 1934  - Por primera vez visita al pintor E. Kazimirowski que ha de pintar la imagen de la Divina Misericordia.

29 de marzo de 1934 -Se ofrece por los pecadores y especialmente por aquellas almas que han perdido confianza en la Misericordia de Dios.

Junio de 1934 - Queda terminada la imagen de la Divina Misericordia.  Sor Faustina llora porque el Señor Jesús no es tan bello como ha sido en la visión.

12 de agosto de 1934  - Un fuerte desfallecimiento de Sor Faustina.  El Padre Miguel Sopocko le administra el sacramento de los enfermos.

13 de agosto de 1934 - El mejoramiento del estado de salud de Sor Faustina.

26 de octubre de 1934  - Cuando Sor Faustina, junto con las alumnas, regresa del jardín para cenar (a las seis menos diez), ve al Señor Jesús encima de la capilla en Vilna tal y como lo vio en Plock, es decir con los rayos pálido y rojo.  Los rayos envuelven la capilla de la Congregación, la enfermería de las alumnas y después se extienden sobre el mundo entero.

15 de febrero de 1935  – Recibe la noticia de una grave enfermedad de su madre, y va a la casa  familiar en Glogowiec.  En el camino de regreso a Vilna, se detiene en Varsovia para ver a la Madre General, Micaela Moraczewska, y a su antiguo maestra, Sor María Josefa Brzoza.

19 de octubre de 1935 Sale a Cracovia para participar en el retiro espiritual de 8 días.

8 de enero de 1936 - Hace una visita al arzobispo Romuald Jalbrzykowski, Metropolitano de Vilna y le comunica que el Señor Jesús exige la Fundación de una Congregación nueva.

21 de marzo de 1936 - Sale de Vilna y viene a Varsovia.  

25 de marzo de 1936 - Es trasladada a la casa de la Congregación en Walendów.

Abril de 1936 -  Es trasladada a la casa en la localidad de Derdy (a 2 Km. De Walendów).

11 de mayo de 1936  - Sale de Derdy y va a Cracovia para estar allí hasta su muerte.

14 de septiembre de 1936   -  Un encuentro con el arzobispo Jalbrzykowski, quien, estando de  paso Cracovia, visita la casa de la  Congregación.

19 de septiembre de 1936 -  Un examen en el sanatorio de Pradnik (hoy, el hospital Juan  Pablo II.

9 de diciembre de 1936 - La estancia en el hospital de Pradnik.  - 27 de marzo de 1937

29 de julio  – La estancia en el balneario de Rabka. – 10 de agosto de 1937

21 de abril de 1938  - El empeoramiento del estado de salud y el retorno de Sor Faustina

Agosto de 1938 - La última carta a la Superiora General en la que Sor Faustina pide perdón por las desobediencias de toda la vida y la que termina con las palabras:  “Hasta la vista en el cielo.”

25 de agosto de 1938 -  Sor Faustina recibe el sacramento de los enfermos.

2 de septiembre de 1938 - Al visitar a Sor Faustina en el hospital, el Padre Sopocko la encuentra  en éxtasis.

7 de septiembre de 1938 - El regreso del hospital al convento.

5 de octubre de 1938 - A las once menos cuarto de la noche, Sor María Faustina Kowalska, tras largos sufrimientos soportados con gran paciencia, ha ido a encontrarse con el Señor para recibir la  recompensa.

7 de octubre de 1938  -  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad, situado al fondo del jardín de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

21 de octubre de 1965 - En la arquidiócesis de Cracovia es iniciado el proceso Informativo  sobre la beatificación de Sor Faustina.

25 de noviembre de 1966  - El traslado de los restos mortales de Sor Faustina del Cementerio a la capilla de las Hermanas de la Madre de Dios de  la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

20 de septiembre de 1967 - Una solemne sesión presidida por el cardenal Karol Wojtyla pone el punto final al proceso informativo diocesano.  Las actas del proceso son enviadas a Roma.

31 de enero de 1968 - Con decreto de la Congregación para la Causa de los Santos se abre el proceso de beatificación de la Sierva de Dios Sor Faustina.

19 de junio de 1981  - La Sagrada Congregación de la Causa de los Santos, después de completar la investigación de todos los escritos de la Sierva de Dios Sor Faustina, emite un documento declarando que  “nada se interpone para continuar” con su causa.

7 de marzo de 1992 - En presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de   los Santos promulga el decreto de las Virtudes Heroicas mediante  el cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes de manera heroica.  Como resultado, ella recibe el título de “Venerable” Sierva de Dios y se abre el camino para verificar el milagro atribuido a su intercesión.

21 de diciembre de 1992  - El Santo Padre publica la aceptación del milagro como concedido por la intercesión de Sor Faustina y anuncia la fecha   para su solemne beatificación.

18 de abril de 1993 - Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma  el  primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

30 de abril de 2000 - Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, en la Fiesta de la Misericordia.

Ricardo Romero – Mar del Plata – Argentina
mensajeromariano@hotmail.com

 

 

 

 

 

Published in: on 22 marzo 2008 at 9:36 pm  Dejar un comentario  

Primer Cuaderno

El 22 de febrero de 1931, durante su estancia en Plock, Sor Faustina recibió la orden de Jesús de pintar su imagen según el modelo que le fue mostrado. Intentó cumplir esta orden, pero sin conocer las técnicas pictóricas, no pudo realizar la obra.  Sin embargo no renunció a la idea de pintar la imagen.  Volvió a ella buscando la ayuda de las hermanas y de los confesores (Archivo de la Postulación de Sor Faustina – Recuerdo). 

En 1933, cuando Sor Faustina llegó a Vilna, su confesor, el Padre Sopocko propuso al pintor Eugenio Kazimirowski pintar la imagen según las indicaciones de Sor Faustina.  Hasta 1988 el apellido del artista venia citado erróneamente como Kazimirowski. La imagen fue terminada en junio de 1934 y colocada en el pasillo del convento de las Hermanas Bernardas junto a la iglesia de San Miguel en Vilna, donde el Padre Sopocko era rector.

En 1935, durante las celebraciones con motivo de la clausura del Año de Jubileo de la Redención del Mundo, la imagen de la Divina Misericordia fue trasladada a Ostra Brama, y ubicada en lo alto de un ventanal, para que se viera desde lejos, y estuvo allí desde el 16 hasta el 28 de abril de 1935.  El 4 de abril de 1937, con la autorización del metropolitano de Vilna, arzobispo Mons. Romualdo Jalbrzykowski, la imagen fue bendecida y colgada en la iglesia de San Miguel de Vilna. 

En 1941 por iniciativa del mismo arzobispo fue convocada una comisión de expertos para evaluar la imagen.  La comisión declaró que la imagen de la Divina Misericordia pintada por Eugenio Kazimirowski representaba importantes valores religiosos y artísticos.

En 1942, por encargo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, el artista Estanislao Batowski pintó en Lvov otra imagen de la Divina Misericordia que fue colocada en la capilla de la Congregación en Varsovia, en la calle Zytnia 3/9.  Durante la insurrección de Varsovia la capilla y con ella la imagen fueron consumidas por el fuego.  Como la imagen pintada por Batowski gustó mucho, la Superiora General de la Congregación encomendó al artista pintar otra para la capilla de Cracovia.

Mientras tanto a la casa cracoviana de la Congregación se dirigió el pintor Adolfo Hyla con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra.  La Superiora, Madre Irene Krzyzanowska y el Padre José Andrasz (director espiritual del alma de Sor Faustina de Cracovia) le dieron una estampa de la Divina Misericordia (reproducción de la copia de la imagen de Kazimirowski) así como una descripción de la visión de Sor Faustina.  El trabajo iniciado en noviembre de 1942 fue terminado en marzo de 1943.  El 7 de marzo de 1943 la imagen de Jesús Misericordioso de autoría de A. Hyla fue bendecida con solemnidad en la capilla por el Padre J. Andrasz.

El 6 de octubre de 1943 llegó también el cuadro de Batowski.  Surgió, entonces, un problema:  ¿cuál de las dos imágenes había de quedar en la capilla?  El asunto fue solucionado por el cardenal Adan Sapieha durante su inesperada visita.  Al ver las dos imágenes dijo:  Dado que el señor Hyla ha pintado el cuadro como voto, que quede en la capilla de las hermanas.

Resultó, sin embargo, que la imagen de A. Hyla no cabía en el altar donde se la colocaba para celebrar oficios a la Divina Misericordia.  Entonces la Superiora de la casa, Madre Irene Krzyzanowska pidió a este mismo artista otra imagen de Jesús Misericordioso, de tamaño y forma adecuados al nicho del altar lateral.  El primer domingo después de Pascua, 16 de abril de 1944, celebrado por primera vez en esta capilla de la Divina Misericordia, el Padre J. Andrasz bendijo la nueva imagen del pincel de A. Hyla que presentaba a Jesús Misericordioso con una pradera y un matorral al fondo.  En 1954 A. Hyla repintó el lienzo eliminando la pradera y el matorral, haciendo el fondo oscuro y pintando el suelo bajo los pies de Jesús.

La imagen de la Divina Misericordia del pincel de A. Hyla de la capilla de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia de Cracovia – Lagiewniki pronto se hizo famosa por las gracias allí otorgadas y sus reproducciones se divulgaron por el mundo entero.  Así se cumplió el deseo del Señor Jesús expresado a Sor Faustina ya en la primera visión de la imagen en Plock:  Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y en el mundo entero.

Durante su estancia en Vilna Sor Faustina recibió de su confesor la recomendación de poner por escrito sus vivencias interiores.  Preguntado por la Congregación ¿por qué Sor Faustina escribió el Diario?, su confesor, Padre Miguel Sopocko contestó:  “En aquel entonces yo era profesor del seminario y en la facultad de Teología de la Universidad  ‘Stefan Batory’ de Vilna.  No tenia tiempo para escuchar sus largas confidencias en el confesionario, le recomendé de escribirlas en un cuaderno y dármelas a leer de vez en cuando.  Así nació el Diario” (Carta del Padre Sopocko del 6 de marzo de 1972).

Además de la orden del confesor, en muchas paginas del Diario Sor Faustina menciona una orden clara de escribir el Diario, hecha por Jesús Mismo.

Con la expresión “las vanidades de la vida” comprendía la vida común de la gente del mundo en el que se presta poca atención a las inspiraciones interiores de la gracia.

El baile tuvo lugar en el parque “Venecia” de Lódz cerca de la catedral de San Estanislao Kostka.  En el baile estuvo también la amiga de Elena, Lucina Strzelecka, luego Sor Julia, ursulina S.J.K. (Recuerdos de las hermanas Ursulinas S.J.K. de 1991). No se logró establecer qué aldea fue. Era la iglesia de Santiago Apóstol que se encuentra en Varsovia, en la calle Grójecka Plaza Narutowicza, barrio de Ochota. Se trata del Padre Santiago Dabrowski (nacido el 18 de agosto de 1862), párroco de la parroquia Santiago Apóstol en Varsovia y luego decano en el decanato suburbano de Varsovia.  Falleció durante la II Guerra Mundial.

“Mi marido”, recuerda Aldona Lipsyc, “había pedido al párroco de la parroquia de San Santiago Apóstol del barrio de Ochota de encontrar una persona que me ayudara en la casa.  El canónigo Santiago Dabrowski había sido anteriormente párroco en Klembów y era amigo de mi marido.  Lo bautizó, nos casó y bautizó a todos nuestros hijos.  El canónigo nos mandó, en verano de 1924, a Elena Kowalska con una hojita en la que decía que no la conocía, y nos deseaba que tuviéramos suerte.”

Aldona Lipszyc vivía entonces en Ostrówek, municipio de Klembów, distrito de Radzymin.  Nacida el 14 de abril de 1896 en Tblisi, hija de Serafín Jastrzebski y Maria Lemke.  En los años 1965 – 1966 fue una de los testigos en el proceso informativo de Sor Faustina. No se logró establecer en qué conventos pidió ser recibida. Por fin Elena Kowalska se presentó en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Varsovia, calle Zytnia 3/9, la cual, en este lugar, define como “nuestra puerta”. Recibió a Elena la Madre Micaela Moraczewska, en aquel entonces Superiora de la casa de Varsovia en la calle Zytnia 3/9.

Micaela Moraczewska, Olga Moraczewska, nacida en 1873, obtuvo una sólida instrucción, dominaba varios idiomas, se graduó en el conservatorio de música.  Había entrado en la Congregación siendo ya una persona plenamente madura.  Después de los votos perpetuos fue nombrada Superiora de la casa de Varsovia.  Desempeñó este cargo hasta 1928.  Luego sustituyó a la Madre Leonarda Cielecka en la función de Superiora General.  Cuando ocupaba este cargo fueron aprobadas las Constituciones de la Congregación.  Fundó nuevas casas en Varsovia (en el barrio de Grochów), en Rabka, en Lvov y una filial de la casa de Plock en el pueblo de Biala (a 10 kms. De Plock).  Falleció en Cracovia, el 15 de noviembre de 1966 y fue sepultada en el cementerio del convento.

Elena Kowalska trabajó un año mas en casa de Aldona Lipszyc y luego, sin volver a la casa familiar entró en la Congregación. Fue en junio de 1925.  La fiesta de Corpus Cristi cayó el 18 de junio y la octava duró hasta el 25 de junio. Elena Kowalska, obedeciendo la voluntad de las Superioras, volvió a presentarse en la Congregación un año después, es decir, el 1 de agosto de 1925 y aquel día fue recibida definitivamente. Con la Madre Micaela Moraczewska. En Varsovia, en la calle Zytnia, la capilla se encontraba en una casa aparte, no muy alejada de aquella donde vivían las hermanas.  Por eso había sido hecha otra en el primer piso de la casa ocupada por las hermanas donde se guardaba el Santísimo Sacramento y donde, de vez en cuando, se celebraban Misas.  Las hermanas la llamaban familiarmente “la capillita” o el “Pequeño Señor Jesús”.

Según la costumbre de la Congregación, después de las 9 de la noche era obligatorio el silencio canónico.  En aquella hora las hermanas iban a descansar en recogimiento.  Naturalmente no estaba prohibido rezar en silencio sus oraciones privadas.  Probablemente Elena consideraba una transgresión a esta costumbre orar tendida en el piso, lo que podía distraer a otras hermanas.

En aquella época, en la casa de la Congregación en la calle Zytnia, actuaban como confesores ordinarios (que confesaban cada semana): el Padre Pedro Loeve y el Padre Bronislao Kulesza.  El confesor extraordinario era el Padre Aloisio Bukowski, S. J.  Es difícil establecer con cuál de ellos se confesó aquel día la joven aspirante.

El Padre Pedro Loeve, nacido el 18 de noviembre de 1875, fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1898.  Era profesor del seminario de Varsovia, notario y luego viceoficial del tribunal Arzobispal de Varsovia.  Falleció el 19 de septiembre de 1951.

El Padre Bronislao Kulesza, nacido el 11 de junio de 1885, fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1908.  Era prefecto en muchas escuelas.  Falleció el 5 de mayo de 1975.

El Padre Aloisio Bukowski, S. J., nacido el 29 de agosto de 1873, fue ordenado sacerdote en Peplin el 25 de marzo de 1897.  Tras dos años de trabajo pastoral en la diócesis ingresó en la Compañía de Jesús.  Fue profesor de teología dogmática en el seminario de Widnawa y después en la Universidad de Varsovia.  Falleció el 7 de julio de 1941.

Debido a las vivencias espirituales, el trabajo espiritual demasiado intenso y el cambio del estilo de vida, en Elena Kowalska se produjo un agotamiento general que inquietó a las Superioras y la joven postulante fue enviada a Skolimów cerca de Varsovia.

Las crónicas de la casa de Varsovia en la calle Zytnia fueron quemadas durante la guerra, por lo tanto es difícil establecer con cuáles hermanas la joven postulante salió a Skolimów.

Por “superioras” se debe entender: la Superiora General y la Maestra de postulantes, porque ellas decidieron admitir a Elena Kowalska a la toma de hábito y enviarla al noviciado en Cracovia.

La Superiora General era en aquel entonces la Madre Leonarda, Estefanía Cielecka.  Nació el 24 de diciembre de 1850 en Paplin (la tierra de Siedlce).  Provenía de una familia de propietarios rurales, recibió una instrucción superior, dominaba varios idiomas.  Entró en la Congregación el 1 de octubre de 1885, hizo los votos perpetuos en 1893 en Varsovia.  En 1908 fue nombrada Superiora en Derdy cerca de Varsovia.  Desde 1912 tuvo el cargo de Superiora en Varsovia y desde 1918 en Walendów.  Cuando las casas de la Congregación en Polonia se hicieron autónomas (hasta entonces dependían de la casa general en Francia), en el primer capitulo, celebrado en 1922 en Varsovia, fue elegida primera Superiora General de la Congregación en Polonia.  Desempeñó este cargo durante 6 años, es decir, hasta 1928 y después fue asistente de la Superiora General.  Falleció el 1 de noviembre de 1933.

La Maestra de postulantes era entonces la Madre Juana Olga Bartkiewicz, nacida el 31 de julio de 1858.  Entró en la Congregación el 10 de diciembre de 1877, hizo los votos perpetuos en Laval, Francia, en 1885.  Durante la época en que la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia dependía de la casa general en Francia, la Madre Juana fue Vicaria General para las casas de Polonia.  Era una persona enérgica, exigente, a veces despótica.  Manifestaba mucho cariño a las religiosas jóvenes, pero al mismo tiempo las dirigía con una mano dura, lo que provocaba una atmósfera de temor.  Terminado el periodo de Vicaria General, durante algún tiempo fue Maestra del noviciado y de la tercera probación.  Por esta razón, en toda su vida se sintió autorizada para hacer observaciones a las hermanas jóvenes.  Falleció el 1 de julio de 1940 en Varsovia.

Terminada “la probación” (el postulantazo), la candidata hace ocho días de ejercicios espirituales.  Durante la toma de hábito recibe el hábito y el nombre, e inicia el noviciado.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia el noviciado dura dos años.  El primer año, llamado “canónico” está dedicado a profundizar la vida interior y conocer la espiritualidad de la Congregación.  Durante aquella etapa la novicia no puede frecuentar ninguna escuela, dedicarse a los estudios ni a las tareas que la absorban excesivamente.  En el segundo año del noviciado, las novicias además de dedicarse a sus ejercicios religiosos, pueden estudiar o trabajar bajo la dirección de las hermanas profesas.  Si la prueba resulta satisfactoria, tanto para la Congregación como para la novicia, esta última tras dos años de noviciado hace los votos temporales por un año, para renovarlos después cada año durante 5 años consecutivos.  Sólo después de este periodo puede ser admitida a hacer los votos perpetuos.

El Padre M. Sopocko recomendó a Sor Faustina no escribir en el Diario los nombres de las hermanas.  Elena Kowalska vino a Cracovia el 23 de enero de 1926 para terminar allí el postulantado.  El mismo día murió en Cracovia Sor Enriqueta Losinska, nacida el 20 de enero de 1897, entró en la Congregación en 1920, trabajó de zapatera.

La Maestra del noviciado era entonces la Madre Margarita Ana Gimbutt, nacida el 10 de octubre de 1857, entró en la Congregación en 1893.  Era Maestra del Noviciado, luego Superiora en la casa de Vilna, y más tarde todavía Instructora de la tercera probación.  Se distinguió por el espíritu de abnegación y mortificación.  Humilde, amable, absorta en la oración, era un ejemplo para otras hermanas.  Falleció el 8 de mayo de 1942.

El Padre Estanislao Respond, nacido el 30 de septiembre de 1877 en Liszki cerca de Cracovia, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1901.  Desempeñó el cargo de prefecto y después rector en el seminario de Cracovia.  El 12 de junio de 1927 fue consagrado obispo.  Durante muchos años fue Vicario General de la arquidiócesis de Cracovia.  Lo unían cordiales lazos a la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.  Falleció el 4 de febrero de 1958 y fue sepultado en su pueblo natal de Liszki.

Fue el día de la toma de hábito, el 30 de abril de 1926.  Recuerda este momento Sor Clemenza Buczek que durante la ceremonia ponía el hábito religioso a las candidatas: “En mayo de 1926 me fue encomendado asistir a la toma de hábito de Elenita Kowalska.  Cuando la candidata recibió el habito delante del altar, le dije:  Elenita, démonos prisa para poner el hábito.  Elenita se desmayó.  Fui corriendo a buscar colonia para reanimarla. Después la bromeaba diciendo que había sido porque le daba lástima dejar el mundo.  Sólo después de su muerte me enteré de que la causa del desmayo no fue el pesar por el mundo sino otra cosa.”

En aquel entonces la Maestra era Sor Maria Josefa Estefanía Brzoza, nacida en 1889, entró en la Congregación en 1909, hizo los votos perpetuos el 15 de mayo de 1917.  Desempeñaba el cargo de Maestra de las jovencitas en el instituto de Cracovia.  En 1925 fue enviada a Laval en Francia para observar de cerca la formación de las novicias y para compenetrarse del espíritu de la Congregación.  Tras volver de Laval, el 20 de junio d 1926 tomó la dirección del noviciado y la mantuvo hasta el 30 de octubre de 1934.  Era una Maestra ejemplar y una gran conocedora de las almas.  Exigente, pero a la vez llena de cariño materno y de cordialidad para cada novicia.  En 1934 el capitulo general la nombró Consejera General y al mismo tiempo fue elegida Superiora de la casa general en Varsovia.  Cinco años más tarde, el 9 de noviembre de 1939, murió de cáncer.

Confesaba a las novicias el Padre Teodoro Czaputa.  Nacido en 1884, fue ordenado sacerdote el 7 de julio de 1907.  Tras graduarse en la facultad de Teología en la Universidad Jagellona fue nombrado rector del seminario menor y juez prosinodal.  Desde noviembre de 1925 fue confesor del noviciado de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia.  Desempeñó esta función casi hasta su muerte (2 III 1945), gozando de gran confianza entre las novicias.

Fue Sor Plácida Antonio Putyra.  Nacida en 1903 entró en la Congregación en 1924.  Falleció el 7 de octubre de 1985.

En la Congregación, las Superioras pueden dar ordenes “en nombre de la santa obediencia” a las hermanas profesas (las hermanas que han hecho los votos perpetuos).  De hecho la Maestra no tuvo tal derecho; tampoco Sor Faustina, siendo novicia o sea antes de pronunciar los votos, tenía la obligación de escuchar la orden.  Si la Maestra usó estas palabras fue porque contaba con la buena voluntad y la piedad de la novicia y quiso ayudarla a liberarse de su estado de ánimo desagradable.

Los ejercicios espirituales obligatorios en la Congregación: la meditación de media hora por la mañana, una parte del rosario, el Vía Crucis, el rezo del Pequeño Oficio a la Inmaculada Concepción.

Sor Maestra, al igual que otras Superioras religiosas tiene el poder de eximir una novicia de las prácticas de piedad obligatorias o cambiarlas por otras.

En 1927 el Viernes Santo cayó el 15 de abril. Sor Faustina pronunció la profesión temporal el 30 de abril de 1928. De otras declaraciones de Sor Faustina se puede deducir que eso sucedió en Varsovia. La entonces Superiora de la casa de Varsovia, Madre Rafaela Catalina Buczynska, nació el 23 de diciembre de 1879, entró en la Congregación el 18 de octubre de 1900, falleció el 23 de diciembre de 1956.  Era una Superiora eminente.  Se distinguió por sus juicios claros y sanos sobre personas y cosas y por muy buen sentido práctico.  Le importaba mucho el desarrollo exterior e interior de la Congregación.  En sus relaciones con las hermanas era cordial, espontánea y perspicaz.  Sabía valorar a cada hermana y aprovechar sus virtudes para el bien común.

El “cilicio” es “un instrumento de penitencia” en forma de cinturón tejido de cerda punzante. De la descripción que sigue se deriva que se trata de la capilla en la casa de la congregación en Varsovia, en la calle Zytnia.  La capilla se encontraba en un edificio aparte, no muy alejado de la casa donde vivían las hermanas.  Se entraba por el patio.  En aquella época la capilla servia exclusivamente a las hermanas y a las alumnas del instituto.  Los laicos apenas tenían acceso a ella.

“Alumnas”: la Congregación dirigía institutos de educación para muchachas moralmente descuidadas y difíciles.  Familiarmente se las solía llamar “alumnas” o “niñas”.  Estaban divididas en grupos (clases) dirigidos por hermanas educadoras, llamadas “Madre de la clase”.

En aquel tiempo eran confesores en la casa de Varsovia, en la calle Zytnia los Padres:  Bronislao Kulesza y Francisco Roslaniec, mientras el Padre Aloisio Bukowski, S. J. era el confesor extraordinario.

El padre Miguel Sopocko, nacido el 1 de noviembre de 1888 en Nowosady en la región de Vilna, fue ordenado sacerdote en 1914, en Vilna; desde 1928 fue profesor en la facultad Teológica de la Universidad “Stefan Batory” en Vilna, y después de la guerra, en el seminario de Bialystok; desde el 1 de enero de 1933 hasta el 1 de enero de 1942 fue confesor ordinario de las hermanas de la Congregación.  Falleció el 15 de febrero de 1975 en Bialystok.  El Padre Sopocko es candidato a los altares.  El proceso informativo para su beatificación se desarrolla actualmente en la diócesis de Bialystok.

Antes de venir a Vilna, Sor Faustina dos veces vio interiormente a su futuro director espiritual.  Una vez fue en Varsovia durante la tercera probación, y la segunda vez en Cracovia.

En aquel entonces Sor Faustina no padecía todavía la tuberculosis que después dominó todo su organismo, sin embargo estaba muy débil y agotada.

En aquel tiempo Sor Faustina trabajaba en la cocina de las alumnas donde se preparaban comidas para mas de 200 personas. Como los médicos no le habían diagnosticado enfermedades orgánicas, otras hermanas pensaban que fingía estar enferma por no tener ganas de trabajar y preferir rezar.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, después de hacer los ejercicios espirituales de ocho y de tres días todas las hermanas renuevan los votos rezando juntas la formula de los votos y terminándola con las palabras:  “Dios mío, concédeme la gracia de observarlos con mas fidelidad que hasta ahora.” “Józefinek”, así fue llamada la nueva casa de la Congregación en Varsovia, en el barrio de Grochów, calle Hetmanski, que era administrada entonces por la Superiora de la casa general en Varsovia, en la calle Zytnia.

En aquellos tiempos eran confesores en Plock: Mons. Adolfo Modzelewski (1862-1942), prelado del Capitulo Catedral de Plock.  Tras de graduarse en los seminarios de Plock y Roma y recibir el orden sacerdotal (24 IV 1887) fue profesor en el seminario de Petersburgo y luego de Plock.  El 27 de febrero de 1941, junto con otros sacerdotes fue deportado al campo de concentración de Dzialdowo y allí asesinado por el invasor alemán.

El prelado Luís Wilkonski (1866 – 1940), canónigo, penitenciario de la catedral de Plock.  Ingresó en el seminario siendo maestro de escuela.  Recibió el orden sacerdotal el 5 de julio de 1891.  Fue vicario de la catedral de Plock, luego Padre espiritual en el seminario de Plock y desde 1909 penitenciario de la catedral de Plock y capellán de obispo de Plock.  El 28 de febrero de 1940 fue internado con los obispos en Slupno donde murió el 2 de junio del mismo año.  Durante muchos años fue confesor “ocasional” de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Plock.

El Padre Venceslao Jezusek, nacido en 1896, fue ordenado sacerdote en 1920.  Entre los años 1923 a 1972 fue profesor del derecho canónico en el seminario de Plock, desempeñó también el cargo del canciller de la Curia Diocesana de Plock y durante la guerra el del Vicario General de la diócesis de Plock.  Falleció el 5 de diciembre de 1982.

Actualmente es imposible establecer con cuál de estos sacerdotes se confesó Sor Faustina. La Superiora de la casa de Plock era entonces la Madre Rosa Juana Klobukowska, nacida en 1882.  Entró en el convento en 1902.  Fue Superiora en varias casas de la Congregación.  En los años 1934 -1945 fue asistente de la Superiora General y desde 1946 hasta 1952 Superiora General.  Falleció el 18 de noviembre de 1974.

El Padre José Andrasz, S.J. nacido el 16 de octubre de 1891 en Wielopole cerca de Nowy Sacz, entró en la Compañía de Jesús el 22 de septiembre de 1906 y fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1919.  Casi toda la vida sacerdotal del Padre Andrasz estuvo unida a la editorial del Apostolado de la Oración.  Era su autor, director y redactor jefe de la revista mensual “El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús” (1930 – 1938).  Falleció el 1 de febrero de 1963.

Es imposible establecer en qué confesor piensa Sor Faustina.  En este fragmento del Diario recuerda sus vivencias anteriores sin mencionar la fecha ni el lugar; se refiere solamente a una declaración del confesor sobre los designios de Dios con respecto a ella. El confesor ordinario del noviciado era entonces el Padre Teodoro Czaputa. Es una referencia al suceso de que habla San Lucas 8, 44-48.

La “tercera probación” es un periodo preparatorio antes de pronunciar la profesión perpetua.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia ese periodo dura cinco meses.  Faustina hizo la tercera probación en 1932/33 en Varsovia, bajo la dirección de la Madre Margarita Gimbutt.

“Kalwaria” – “Calvario”, así se solía llamar en Vilna las estaciones del Vía Crucis que se encontraban en los cerros cubiertos de bosques.  Las distancias entre las estaciones se solían llamar “drózki” – “caminitos”, de allí “el paseo de los caminitos”.  De la casa de la Congregación en Antokol (Vilna) se podía llegar al “Calvario” en un barco.

En aquel tiempo salió de Vilna para su tercera probación Sor Petronila que trabajaba en la cocina.  Sor Faustina fue a sustituirla. La Superiora en Vilna era entonces la Madre Irene Maria Krzyzanowska, nacida el 25 de noviembre de 1889.  Entró en la Congregación el 7 de diciembre de 1916.  Fue educadora en un instituto para las muchachas, colaboradora de la Maestra de las novicias, Superiora de distintas casas y asistente de la Superiora General.  Falleció el 3 de diciembre de 1971 en Wroclaw.

La hermana que iba a acompañar a Sor Faustina era probablemente Justina Golofit.  Los lazos de amistad unían a las dos religiosas desde el noviciado, y seguramente por esta razón la Madre Irene, para agradar a Sor Faustina, le asignó como compañera de viaje a su amiga del noviciado.

Sor Justina Mariana Golfit, nacida el 5 de julio de 1908, entró en la Congregación en agosto de 1927.  Después de los votos trabajó en la cocina en Varsovia, Vilna, Radom.  Fue una de los testigos en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 28 de abril de 1989.

Las hermanas que trabajaban en la cocina alternaban cada semana en los distintos trabajos. Probablemente era ya el comienzo de la tuberculosis, pero los médicos no la reconocieron.

La Madre Rafaela Buczynksa. Biala, una localidad cerca de Plock donde la Congregación compró las casitas de una antigua finca e hizo allí una casa de descanso para las hermanas y las alumnas de la casa de Plock.  Las habitaciones de las hermanas se encontraban en una pequeña casa solariega, rodeada de un jardín.  Se entraba por un pórtico.

En los institutos dirigidos por la Congregación y destinados a las muchachas y mujeres abandonadas moralmente, se encontraban con frecuencia personas rebeldes y hostiles a la religión y a los santos sacramentos.  Se necesitaba a veces mucho tiempo y una gracia especial de Dios para que en sus posturas se diera un cambio.

Las palabras “Aunque me mataras, yo confiaré en Ti”, son una referencia a las conocidas palabras de Job 13, 15.

Muy posiblemente el Padre Miguel Sopocko. Eran las alumnas del instituto de Vilna:  Imelda, Edzia, Ignacia, Margarita y Enviga Owar (ver Archivo de la Postulación de Sor Faustina, Carta de J. Owar).  Las cuatro primeras ya fallecieron.  J. Owar fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.

Un acta correspondiente sobre esta visión de Sor Faustina fue hecha en Vilna el 28 de noviembre de 1934 y firmada por Sor Faustina, Sor Taida, que escribió las declaraciones de Sor Faustina, y la alumna Imelda. La autenticidad de las declaraciones fue confirmada por la Madre Irene Krzyzanowska, Superiora de la casa.

La imagen de la Divina Misericordia, pintada por Eugenio Kazimirowski, por primera vez fue expuesta al publico gracias a las gestiones del Padre M. Sopocko, durante el triduo antes de las celebraciones con motivo de la clausura del Jubileo de la Redención del Mundo, entre los días 26 y 28 de abril de 1935.  Fue ubicada en lo alto, en un ventanal de Ostra Brama de modo que se la veía desde lejos.  La ceremonia coincidió con el primer domingo después de Pascua que según Sor Faustina debía ser la Fiesta de la Misericordia, tal y como pidió Jesús.  El Padre M. Sopocko dijo entonces un sermón sobre la Divina Misericordia.

El catecismo de los votos religiosos.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia las Maestras de las novicias se servían de la pequeña obra del Padre Pedro Cotel, S.J. titulada “Catecismo de los votos”.  Con base en él las Maestras elaboraban su propio manual para la enseñanza de los votos religiosos, en forma de preguntas y respuestas, y cada hermana tomaba apuntes en su cuaderno que debía aprender de memoria.

Después de la palabra “salía” la frase queda interrumpida y la frase siguiente habla ya de otra cosa.  Sabemos que Sor Faustina escribía su Diario en secreto.  Posiblemente en aquel momento alguien la habrá interrumpido y después ya no continuó la idea iniciada.  

Pudieron ser la Madre Micaela Moraczewska, Superiora General de la Congregación, o Sor Maria Josefa Brzoza, Maestra del noviciado. Se trata probablemente de las adversidades relacionadas con el cumplimiento de los deberes cotidianos y la falta de comprensión por parte de las personas que la rodeaban.

En la Congregación las hermanas no disponen de habitaciones individuales, sino que varias ocupan una sola sala.  El lugar de cada hermana está separado por un biombo fijo.  La parte de la sala así separada, en la Congregación se llama “celda”.

Con la palabra “descuidarme” Sor Faustina quiso definir su consciente huida de las inspiraciones interiores y hasta una distracción intencional.  Pero de estos “descuidos” sabia sólo ella.  No se notaban por fuera.

“En otro lugar”, en otra página del Diario. Durante largo tiempo Sor Faustina no apuntaba sus vivencias, los estados de su espíritu ni las gracias recibidas.  Sólo por una expresa recomendación del confesor, Padre M. Sopocko, comenzó a describir sus vivencias actuales y también las anteriores que recordaba.  Después de algún tiempo quemó sus apuntes.

El Padre M. Sopocko lo relata así:  “Cuando fui por un par de semanas a la Tierra Santa, ella, bajo la sugerencia de un supuesto ángel, quemó el Diario.  Como penitencia le ordené escribir de nuevo lo que había destruido.  Mientras tanto venían otras vivencias que ella apuntaba entrelazándolas con los recuerdos del cuaderno quemado.  Por esta razón su Diario carece del orden cronológico.”

“Los votos perpetuos”, en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia se hacen tras cinco años de profesión temporal.  La Superiora General después de escuchar la opinión de su consejo, admite a la profesa a hacer los votos perpetuos o la despide.

Por el Padre J. Andrasz, S. J. (durante los ejercicios espirituales del 20 al 30 de abril de 1933) que la comprendió y le dio consejos oportunos.

Muy probablemente que Sor Faustina se refiere aquí al Padre M. Sopocko. Pintar la imagen de Cristo con la firma “Jesús, en Ti confío”, exponerla al culto publico, divulgar la coronilla de la Divina Misericordia.  Todos estos “deseos del Señor” fueron cumplidos gracias a las gestiones del Padre M. Sopocko. El director espiritual, Padre M. Sopocko. Probablemente la Madre Margarita Gimbutt.

Sor Faustina era entonces postulante y trabajaba en la cocina con Sor Marciana Oswiecinek que le había recomendado limpiar y lavar los platos después del almuerzo.  Sor Marciana salió.  Elena, la futura Sor Faustina, se puso a trabajar, pero como las hermanas seguían llegando y a cada momento alguna pedía la comida u otra cosa, el trabajo que le había sido encomendado quedó sin ser hecho.  Al volver a la cocina Sor Marciana, al ver los platos sin lavar, le ordenó como penitencia sentarse sobre la mesa y quedar allí, mientras ella misma se puso a trabajar.

Sor Marcia, Julia Oswiecimek, nacida en 1897, entró en la Congregación en 1919.  Durante largos años trabajó de cocinera.  Falleció el 20 de abril de 1979.

Sor Marciana no podía dar una orden “bajo obediencia”.  Según se deriva de sus recuerdos, dijo a Elena, que no había hecho el trabajo encomendado, que se sentara en la mesa y la mirara a ella hacer aquel trabajo.  Elena, sorprendida por este tipo de penitencia, tardaba en cumplirla.  Entonces, Sor Marciana la preguntó: ¿Es tan obediente la pequeña Elena?  Sor Faustina comprendió esa pregunta como una orden “en virtud de la obediencia”.

En algunas casas de la Congregación y entre otras también en la de Varsovia, en la calle Zytnia 3/9, las hermanas hacían guardia nocturna para impedir que entraran ladrones.  Las hermanas que estaban de guardia rondaban la casa, iluminaban el patio, miraban por las ventanas para evitar un eventual robo.

La Congregación de las Franciscanas de la Familia de Maria fue fundada en 1857 por el arzobispo Segismundo Felinski.  La casa general de esta Congregación se encuentra en Varsovia, en la calle Zelazna y es vecina a la casa general de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.

En 1929, Sor Faustina estuvo algún tiempo en la casa de la Congregación en Kiekrz, cerca de la ciudad de Poznan.

Sustituía, probablemente, a Sor Modesta Rzeczkowska que en aquel tiempo estaba enferma y tuvo que ir a Varsovia para someterse a un tratamiento.

Al comienzo de cada mes todas las hermanas dedican un día a la renovación del espíritu, es decir, a los ejercicios espirituales mensuales.  Aquel día no hay recreo, las hermanas observan el silencio y un mayor recogimiento, hacen una hora de meditación, el Vía Crucis, y también el examen de conciencia, que incluye el trabajo interior de todo el mes y además durante media hora meditan sobre la muerte.

Un día al mes, establecido por la Maestra, cada novicia lo vivía como “día de la cruzada”.  Aquel día debía procurar un mayor recogimiento y unión a Jesús Eucarístico, pedía también a la Maestra una mortificación adicional y ofrecía a Jesús todo su trabajo, plegarias y sufrimientos en compensación por los pecadores.  Algunas hermanas continuaban esta práctica después de terminar el noviciado.

La Maestra de la tercera probación era entonces la Madre Margarita Gimbutt. Walendów, una localidad cercana de Varsovia (parroquia de Nadarzyn).  Las hermanas tenían allí un instituto para la educación de muchachas.  En 1936, a pedido del Ministerio de Justicia, la Congregación abrió en Walendów un pabellón para muchachas y mujeres sentenciadas por los tribunales por primera vez.

Sor Faustina estuvo en Walendów con ocasión de los ejercicios espirituales y también desde el 25 de marzo hasta abril de 1936.

La Madre Micaela Moraczewska. Los ejercicios espirituales fueron predicados por el Padre Edmundo Elter, S. J.  Nacido el 14 de noviembre de 1887, entró en la orden de los jesuitas el 15 de julio de 1905.  Sacerdote de vasta erudición, estudió en la Universidad de Varsovia y luego en Roma y Paris.  En 1926 fue nombrado profesor de ética en la Universidad Gregoriana de Roma.  En 1932 volvió a Varsovia dedicándose a dirigir los ejercicios espirituales.  En los años 1945 a 1948 administró la provincia Polonia Mayor – Mazovia de los jesuitas.  Después volvió a la Universidad Gregoriana.  Falleció en Roma, el 27 de agosto de 1955.

Derdy, una localidad perteneciente a la parroquia de Nadarzyn, cerca de Walendów.  La princesa Czetwertynska regaló a la Congregación un terreno con bosque y dependencias, con el fin de instalar allí un instituto para huérfanos marginados.  Hasta 1947 la casa estaba bajo la administración de la Superiora de Walendów, después se convirtió en un instituto autónomo de la Congregación.

A la tercera probación de Sor Faustina asistieron:  Sor Buenaventura Edelman Glowacka (1902 – 1936), Sor Florentina Pajak (1905 – 1950), Sor Enriqueta Skolimowska (1900 – 1974), Sor Renata Jodlowska (1903 – 1962).

“Vestuario”, almacén de ropa de las hermanas y también taller de costura de la ropa para las religiosas.  Las hermanas que trabajaban en el vestuario lavaban, reparaban y llevaban a otras hermanas la ropa limpia, y cuidaban también que no faltara ropa en el almacén.

En aquellos tiempos las Hermanas de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia se dividían en dos coros, es decir, las Hermanas Directoras y las coadjutoras (ayudantes).  De la pertenencia al coro decidía la dirección de la Congregación tomando en cuenta el nivel intelectual, la edad y los talentos de la candidata.

Las Hermanas Directoras dirigían la Congregación y los institutos de educación de jóvenes, mientras que las hermanas coadjutoras servían de ayuda, especialmente en los trabajos físicos.

“El cinturón de hierro”, especie de cinturón semejante a una red punzante de alambre.  Era uno de los instrumentos de penitencia.

La Madre Micaela Moraczewska. En la casa de la Congregación en la calle Zytnia de Varsovia confesaban:  el Padre Aloisio Bukowski, S. J., confesor extraordinario, el Padre Pedro Loeve, confesor ordinario; el Padre Francisco Roslaniec, confesor ordinario; el Padre Bronislao Kulesza, confesor ordinario. Enfrente de la pequeña capilla, al otro lado del pasillo, había una sala donde se celebraban las reuniones de las hermanas. “El recreo”: tiempo dedicado para el descanso de las hermanas después del trabajo. La Superiora de la casa de Varsovia era entonces la Madre Rafaela Buczynska.

La hermana menor de Elena, Wanda Kowalska, nacida en 1920.  Según las palabras de Josefa Kowalska, hermana mayor de sor Faustina, poco antes de la segunda Guerra Mundial, Wanda entró en la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Corazón de Jesús Agonizante.  Durante la guerra fue deportada por los alemanes a los territorios del Reich.  Después de la liberación no volvió a Polonia, se casó con un inglés y se fue con él a Inglaterra.

La Madre Margarita Gimbutt. Probablemente uno de los confesores ordinarios en Varsovia.

Los supuestos permisos consisten en que un religioso hace algo sin que el Superior lo sepa, pero tiene la certeza de que el Superior le hubiera dado su permiso.

Las hermanas terminaban la tercera probación en la casa del noviciado. Sor Faustina tenía miedo de que sus vivencias pudieran ser ilusiones, tanto más que lo sospechaban algunos confesores, así como las Superioras.

“Los votos perpetuos”, son los últimos votos religiosos con los cuales la profesa promete a Dios para siempre la castidad, la pobreza y la obediencia.  Sólo la Sede Apostólica tiene el poder de dispensar de estos votos.

El paño funeral, un gran trozo de tela negra con una cruz blanca en el centro que se usaba para cubrir el féretro.  Según el ritual de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, antes de hacer los votos perpetuos, es decir, antes de leer la fórmula de la profesión, las hermanas se postraban en cruz delante del altar y se las cubría con este paño fúnebre en señal de que habían muerto para el mundo.  Al mismo tiempo las hermanas que presenciaban la ceremonia, rezaban en voz alta el Salmo 129 (De Profundis), y las campanas tocaban como durante un entierro.  El celebrante, generalmente un obispo, rociaba con agua bendita a las hermanas postradas en cruz debajo del paño y después decía:  “Levántense las que están muertas al mundo, y Jesucristo las iluminará.”

El Padre M. Sopocko. En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia había la costumbre de que cada mes las hermanas pedían a la Superiora el permiso de hacer pequeñas mortificaciones y de rezar otras plegarias que las de uso en la Congregación, pedían también la dispensa de observar algunas normas a las cuales, por el momento, no podían someterse y muchas otras cosas según las necesidades de cada hermana.

El obispo Estanislao Rospond que en aquella época presidía la ceremonia de la toma de hábito y la de los votos en la Congregación de las Hermanas de la Madre de dios de la Misericordia.

La Madre Micaela Moraczewska. La Superiora en Czestochowa era entonces la Madre Serafina Salomea Kukulska, nacida el 30 de noviembre de 1873.  Entró en la Congregación el 18 de julio de 1894.  Fue educadora y luego Superiora en Cracovia, Czestochowa y Walendów.  Falleció el 10 de junio de 1964.

La fiesta de la Madre de Dios de la Misericordia que se celebra el 5 de agosto es la fiesta patronal de la Congregación.

El Padre Casimiro Dabrowski, S. J., nacido el 8 de febrero de 1890, fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1920 y después de seis años de trabajo en la diócesis, el 30 de julio de 1926, entró en la Compañía de Jesús, donde fue misionero, conferenciante y confesor.  Falleció el 16 de abril de 1976.

Es decir, pintar la imagen de la Divina Misericordia, instituir la Fiesta de la Divina Misericordia.

La madre Irene Krzyzanowska. “Director”, director espiritual, el Padre M. Sopocko.

Se trata de la imagen pintada en Vilna por Eugenio Kazimirowski.

“Siervo fiel”, es decir, el Padre M. Sopocko.

Sucedió en la iglesia de San Miguel, donde el Padre Sopocko era rector y donde celebraba las Santas Misas.

Posiblemente era Sor Filomena Andrejko que falleció el 13 de julio de 1934 a las 4. 45 por la tarde.  Desde hacia cuatro años estaba gravemente enferma de asma del corazón.  Su agonía duró 14 horas.  Sor Filomena Victoria Andrejko, nacida el 25 de mayo de 1878, entró en la Congregación el 25 de noviembre de 1894, trabajó como educadora, sacristana, ecónomo de la casa de la Congregación en Varsovia.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia había la costumbre de que todas las hermanas sanas, cada jueves, de nueve a diez de la noche, hacían la adoración reparadora, “la Hora Santa”.  En los jueves que precedían el primer viernes del mes, la adoración duraba toda la noche, pero las hermanas hacían turnos de una hora.

La doctora Elena Maciejewska (1888 – 1965) era entonces medico de las hermanas de la casa de Vilna.

La meditación sobre las verdades divinas, terminada con un propósito practico.  En la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia las hermanas hacen diariamente media hora de meditación.  Por la noche preparan los llamados puntos, es decir, temas para la meditación de la mañana siguiente.

La propagación del culto a la Divina Misericordia.

“Nuestra gente”, es decir, las personas que todos los días traían pan al convento.

En Cracovia, en la calle Smolenska, está la iglesia de la Divina Misericordia, construida en los años 1626 – 1629, consagrada el 25 de octubre de 1665.  Su fiesta patronal se celebra el 14 de septiembre, el día de la Exaltación de la Santa Cruz.

“El capitulo”, así se llamaba la reunión de las hermanas durante la cual la Superiora de la casa daba una conferencia ascética, hacia observaciones sobre la observancia de las normas religiosas y las hermanas se acusaban de sus transgresiones en la observancia de la regla.

“La Madre”, es decir, Superiora de la casa.  En aquel tiempo, en Vilna era Superiora Sor Borgia Enviga Tichy.  Nacida el 25 de enero de 1887, entró en la Congregación en 1913.  Fue enfermera y Superiora en Vilna y Walendów.  Falleció el 26 de abril de 1970 en Wroclaw.  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.

“La bendición”, un breve oficio con la bendición con el Santísimo Sacramento.

Una de las costumbres vigentes en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia – en el dorso de las estampitas o en trozos de papel se escriben nombres de Divinas personas y de distintos santos y el día del Año Nuevo, durante el desayuno, cada hermana saca uno recibiendo, de este modo, a su patrono para el año que empieza.

Llevar “la cadenita” como el cinturón era una de las practicas de penitencia.

De la carta del Padre M. Sopocko a Sor Faustina, de noviembre de 1937, se deriva, que él habló de la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia con el nuncio apostólico en Polonia, arzobispo Felipe Cortesi y esperaba que el nuncio presentara el asunto al Santo Padre.

En el manuscrito de Sor Faustina este propósito está escrito en una hoja aparte.

Esta visión se refiere a la historia del culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina.  La Notificación de la Congregación del Santo Oficio del 6 de marzo de 1959 (Acta Apostolicae Sedis LI [1959] p.271) prohibía la difusión del culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina.  Como consecuencia, de las iglesias fueron retiradas las imágenes de la Divina Misericordia pintadas según la visión de Sor Faustina y los sacerdotes dejaron de predicar sobre esta forma de culto a la Divina Misericordia.  El mismo Padre M. Sopocko fue amonestado severamente por la Sede Apostólica y tuvo también otros disgustos.

También la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tenía prohibido difundir el culto y en consecuencia dejó de distribuir las estampitas, la coronilla y otras oraciones de Sor Faustina.  Parecía que la misión de Sor Faustina iba a ser completamente aniquilada.


Hasta el momento de publicar la Notificación, en la casa cracoviana de la Divina Misericordia había sido objeto de gran veneración y estaba toda cubierta de agradecimientos por las gracias obtenidas.  Cada tercer domingo del mes se celebraba una Misa Solemne y los sacerdotes predicaban sobre la Divina Misericordia, mientras que el primer domingo después de Pascua se celebraba como la Fiesta de la Divina Misericordia.  En 1951, el cardenal Adán Sapieha concedió la indulgencia plenaria por el periodo de siete años a los asistentes a los oficios que se celebraban el día de la Fiesta.

Ante la prohibición de la Sede Apostólica las hermanas se dirigieron al arzobispo Eugenio Baziak, entonces Ordinario de Cracovia, para preguntar qué hacer con la imagen de la Divina Misericordia que se encontraba en el altar lateral de la capilla de las hermanas recibiendo la veneración por parte de los fieles, y también qué actitud tomar ante los actos celebrados hasta entonces.  En respuesta el arzobispo E. Baziak recomendó dejar la imagen en su lugar, no prohibir a los fieles de pedir las gracias necesarias delante de la imagen, ni tampoco eliminar los actos que hasta entonces se celebraban en honor de la Divina Misericordia.  De este modo el culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina resistió la prueba del tiempo en un pequeño centro de la Congregación en la calle Wronia (actualmente de Sor Faustina) 3/9, en Cracovia, donde yacen los restos mortales de Sor Faustina.

Y algo más importante: el 30 de junio de 1978 la Sede Apostólica levantó la prohibición de la Notificación del Santo Oficio de 1959.  La Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe hizo pública la Notificación (AAS LXX [1978] p. 3501) firmada el 15 de abril de 1978 por el prefecto de la misma, cardenal Franjo Súper y el secretario, arzobispo Jerome Hamer, O.P. del siguiente contenido:  “De varias partes, especialmente de Polonia, también por vía oficial, se venia preguntando si se debe mantener vigentes las prohibiciones de la Notificación de la Congregación del Santo Oficio, publicadas en el ‘Acta Apostolicae Sedis’ en 1959, p. 271, referentes al culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina Kowalska.  La Sagrada Congregación, al tomar en cuenta los muchos documentos originales, desconocidos en 1959, consideradas las circunstancias fundamentalmente cambiadas y al tomar en cuenta las opiniones de muchos Ordinarios polacos, declara que las prohibiciones contenidas en la Notificación citada anteriormente, dejan de ser válidas.”

El 12 de julio de 1979, en respuesta al Superior General de la Congregación de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen Maria, que en nombre del Superior de la provincia estadounidense de San Estanislao Kostka de la misma Congregación, había pedido una autorizada explicación del contenido de la Notificación de 1978 que levantaba la prohibición de la divulgación del culto en las formas propuestas por Sor Faustina Kowalska, el prefecto de la Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe, cardenal Franjo Súper hizo constar: “Respecto al asunto (tratado en la carta del Padre General) me agrada hacerle saber que con la Notificación publicada el 30 de junio de 1978 (AAS LXX [1978] p. 350), madurada a la luz de la documentación original escogida, también por la esmerada intervención informativa del entonces arzobispo de Cracovia, cardenal Farol Wojtyla la Santa Sede ha determinado abrogar la prohibición contenida en la anterior Notificación de 1959 (AAS, 1959, p. 271), por lo cual se estima que no existe mas, por parte de esta Sagrada Congregación, ningún impedimento a la difusión de la devoción a la Divina Misericordia en las autenticas formas propuestas por la religiosa ya mencionada” (Faustina Kowalska).

Actualmente el culto se divulga con un nuevo ímpetu, suscita también un creciente interés por parte de los teólogos.  Parece que se está cumpliendo lo que predijo Sor Faustina.

De la descripción de una visión Sor Faustina pasó en este momento a citar las palabras que oía dentro de sí, sin marcarlo con la puntuación adecuada.

Los ejercicios espirituales en Vilna ( 4 – 12 de febrero de 1935) fueron dirigidos por el Padre Pablo Macewicz, S. J.  Durante la Santa Misa al final del retiro espiritual las hermanas recibieron la Santa Comunión bajo las dos especies.

Con la palabra “sí”, sin ningún signo grafico, Sor Faustina empieza a citar las palabras de Jesús que oyó dentro de sí.

“La renovación”, así se llama en la Congregación la renovación de los votos religiosos.  Las Constituciones de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia ordenaban que dos veces al año, es decir, después de los ejercicios espirituales de ocho y de tres días, cada hermana renovara los votos de castidad, pobreza y obediencia.

“El dueño de casa”, Jesús escondido en la Eucaristía.

La Madre María Josefa Brzoza, Maestra de Sor Faustina en el noviciado y después Superiora en Varsovia.

Se trata de la imagen de la Divina Misericordia pintada por Eugenio Kazimirowski.  La imagen fue expuesta en publico en Ostra Brama al final de las celebraciones del Jubileo de la Redención del Mundo, en los días 16-28 de abril de 1935.

En el manuscrito aparece una palabra polaca anticuada que significa “atajar el paso”.

En el manuscrito viene la expresión “oficio de cuarenta días”.  Sor Faustina se equivocó, ya que se trata del oficio de cuarenta horas que consiste en exponer al Señor Jesús en la custodia durante 40 horas para la veneración pública.  Este oficio tiene carácter expiatorio, de reparación.  En las casas de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia este oficio se solía celebrar antes de la fiesta de San José, el 19 de marzo o antes del día de Protección de San José, el miércoles después del segundo domingo después de Pascua.

Sor Faustina creía que debía salir de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia y fundar una Congregación nueva cuyo fin seria difundir la devoción a la Divina Misericordia e implorar misericordia para el mundo.

El Padre M. Sopocko.  Don Sopocko resalta en sus recuerdos que sin poder escuchar largas confidencias de Sor Faustina en el confesionario le recomendó apuntar todas las vivencias interiores en el Diario.  Mientras tanto los asuntos que requerían ser tratados verbalmente, Sor Faustina los presentaba en la habitación del confesor.

Este deseo de Jesús maduró poco a poco en la mente de Sor Faustina, teniendo cierta evolución: de la orden estrictamente contemplativa (que al principio quiso fundar y para la cual escribió el resumen de la regla) al movimiento formado también por Congregaciones activas, así como por seglares (ver Diario, 1155-1158).

La tarea de fundar una nueva Congregación en la vida de Sor Faustina misma hay que mirarla por la óptica de las experiencias de la noche pasiva del espíritu, lo que indica el análisis estructural de las descripciones de sus vivencias que contienen los mismos elementos de los cuales habla San Juan de la Cruz en “La noche oscura”.  A través de estas experiencias Dios la elevó a las cumbres de la mística, mostrando con ella un ejemplo del cumplimiento perfecto de las tareas y del espíritu de la nueva Congregación.

Después de la muerte de Sor Faustina la idea de la nueva Congregación fue interpretada y llevada a la práctica de varios modos.

Algunos incluyen a sus viejas estructuras las tareas y el espíritu de la nueva Congregación, convergente con la idea de renovación del Concilio Vaticano II.  Cuenta entre ellos la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia que, siendo heredero de la misión de Sor Faustina, ha incluido a sus tareas la de divulgar la Divina Misericordia e impetrarla para el mundo entero, así como ha enriquecido su espiritualidad de la “misericordia” con nuevas formas de culto y con la profundidad teológica que ofrece el Diario.

Otros fundan nuevas comunidades que se proponen realizar esta idea.  Cuenta entre ellos la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso.  Las primeras candidatas (J. Osinska e I. Naborowska) hicieron los votos privados ante el Padre Sopocko durante la II Guerra Mundial, en Vilna.  Cuando vinieron a Polonia se establecieron en Myslibórz.  El 25 de agosto de 1947 la nueva Congregación empezó la vida comunitaria.  Existe también el Instituto laico de la Divina Misericordia, fundado por los Padres Sopocko y L. Nowak, S. J.  Además, en Polonia y allende sus fronteras existen otras comunidades comprometidas en la realización de la idea de la nueva Congregación y un gran movimiento de seglares que actúan en grupos o individualmente.

En su encíclica Dives in misericordia, el Santo Padre Juan Pablo II planteó ante toda la Iglesia en la etapa actual de su historia las tareas definidas por Jesús para “la nueva Congregación”.

En 1935 el Corpus Cristi cayó el 20 de junio.  La imagen de la Divina Misericordia, del pincel de Eugenio Kazimirowski, fue colocada en uno de los altares que se construyen para la procesión de Corpus Cristi.

El Padre M. Sopocko.

Fue la confesión de hermanas de la casa de la Congregación en Vilna.  Confesaba el Padre Sopocko.

Los ejercicios espirituales de tres días (12-16 VIII 1935) fueron dirigidos por el Padre Emilio Zyczkowski, S. J. (1899 – 1945) director del colegio de jesuitas y luego Superior de la provincia Polonia Mayor – Mazovia de los mismos.

El Padre M. Sopocko.

El Padre M. Sopocko.

El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

La coronilla a la Divina Misericordia.  Por gestiones del Padre M. Sopocko fue impresa al dorso de la estampita de la Divina Misericordia (reproducción de la copia de la imagen de E. Kazimirowski), en Cracovia.

El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

La fiesta de San Miguel Arcángel se celebra el 29 de septiembre.

El Padre M. Sopocko sin estar seguro de las inspiraciones de Sor Faustina relacionadas a la fundación de la nueva Congregación, quiso someter esta cuestión al examen de otro sacerdote, por lo tanto le recomendó presentar todos los mandatos interiores a su confesor de Cracovia, Padre J. Andrasz, S. J.

Hasta 1969 la fiesta de Cristo Rey se celebraba el ultimo domingo de octubre.  En 1935 cayó el 27 de octubre.

La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tiene en Cracovia su propio cementerio que se encuentra al fondo del jardín que rodea el convento.  En ese cementerio están enterradas todas las hermanas y alumnas fallecidas en Cracovia.  En el mismo cementerio fue sepultada también Sor Faustina y descansó allí hasta el momento de la exhumación, es decir, hasta el 25 de noviembre de 1966.

Era Sor Vitalina Bárbara Maslowska, nacida el 4 de diciembre de 1852, falleció el 6 de enero de 1939.

Durante las conversaciones individuales mensuales con la Superiora, las hermanas pedían permiso de poder rezar, en el tiempo libre, sus propias oraciones, fuera de la regla y las costumbres de la Congregación.

Published in: on 22 marzo 2008 at 9:32 pm  Dejar un comentario  

Segundo Cuaderno

189 A Sor Faustina le ordenó escribir el Diario su confesor, Padre M. Sopocko.  Sor Faustina consideraba su mandato tan importante como las ordenes en nombre del voto de obediencia (ver Diario, 894).  En las posteriores paginas del Diario encontramos palabras que dan prueba de que la orden de escribir le fue dada también por Jesús Mismo.

190 En la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia no se agrega al nombre religioso otro nombre, pero las hermanas lo pueden hacer no oficialmente.  Y así Sor Faustina agregó a su nombre el “del Santísimo Sacramento”.

191 En aquel entonces, en la Congregación se practicaban adoraciones nocturnas antes del primer viernes del mes.  En este caso se trata de otra adoración.  Las Superioras podían dar permiso para hacer una adoración y en ciertas circunstancias incluso ordenar hacerla.

192  Se trata del 15 de noviembre, porque el 16 del mismo cae la fiesta de la Virgen de Ostra Brama.

193  La Superiora de la casa en Vilna era entonces Sor Borgia Tichy.

194  El confesor de las hermanas era entonces el Padre M. Sopocko.

195 En el refectorio había una tablilla en la que la Superiora de la casa ponía las tarjetas con nombres de las hermanas a las que correspondían distintas tareas.  En este caso se trataba de estar de guardia en la puerta durante las comidas de la Comunidad.

196  La disposición de los capítulos se basa sobre las Constituciones de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, editadas en 1930.

197  Según las viejas Constituciones de la Congregación el titulo de “Madre” correspondía a las miembros de la dirección general y a todas las Superioras de la casas.  Para crear un ambiente más familiar en los institutos de educación dirigidas por la Congregación, las alumnas daban el titulo de “Madre” también a sus Maestras.

198 El oficio (Liturgia de las Horas): oración litúrgica de la Iglesia compuesta por salmos y lecturas.

199 La clausura es la parte del convento donde no pueden pasar las personas de fuera.

200 Sor Faustina tuvo la visión de la casa destinada para la sede de la nueva Congregación.  Era una casa completamente destruida en la calle Santa Ana 12, en Vilna.  El confesor de Sor Faustina, Padre M. Sopocko la restauró de sus propios fondos, con la intención de destinarla a la nueva Congregación.  Sin embargo, la guerra impidió la realización de estos planes.

201   La imagen de la Divina Misericordia con la firma “Jesús, en Ti confío”.

202  El Padre M. Sopocko.

203  Sor Faustina usa una palabra que tiene varios significados en polaco.  Puede ser una pequeña capa, un delantal sobre la falda y también una camisita de niño.  Aquí Sor Faustina la utiliza en este último sentido.

204  “Se someterán a la disciplina”, se flagelarán.

205  Es difícil decir en qué ayunos pensaba Sor Faustina.  Probablemente se refería al Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo.

206 Llamados popularmente “días secos”.  Eran tres días en cada trimestre (miércoles, viernes y sábado) con el ayuno obligatorio.

207  En aquel tiempo, era obligatorio ayunar en las vigilias de las siguientes festividades:  Pentecostés, Asunción de la Santísima Virgen Maria y Todos los Santos.

208 La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, al igual que algunas otras Congregaciones, ha elegido a la Virgen Santísima como Superiora general de la Congregación confiándole todos los problemas temporales y eternos.  El acto en que participaron las Superioras de todas las casas tuvo lugar el 5 de agosto de 1937 en la casa general de Varsovia, calle Zytnia 3/9.  Luego fue repetido en todas las casas de la Congregación el 15 de agosto de 1937.

209  “Invernadero”, invernáculo.

210  El Padre M. Sopocko.

211  Ver nota [200].

212  El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

213 Posiblemente se trata del arzobispo R. Jalbrzykowski y sus reservas respecto a la idea de Sor Faustina de fundar la nueva Congregación.

214 Probablemente el Padre M. Sopocko.  En sus recuerdos sobre Sor Faustina escribe lo siguiente:  “Mis dificultades llegaron al punto culminante en enero de 1936.  No hablé de ellas a nadie hasta el día crítico cuando pedí la oración a Sor Faustina.  Con gran sorpresa mía, aquel día todas las dificultades reventaron como una pompa de jabón, mientras Sor Faustina me confesó que se había encargado de mis sufrimientos y aquel día los padeció tantos como nunca en su vida.”

215 “Te Deum laudamus”, “Te alabamos, Señor” es un himno de agradecimiento.

216 El Padre M. Sopocko.

217 Se trata probablemente de Sor Verónica Marciana Rapisz, nacida el 18 de marzo de 1853.  Entró en la Congregación el 16 de diciembre de 1881.  Toda su vida religiosa trabajó en la huerta.  Falleció el 28 de enero de 1936 en Vilna.

218 “Toda la Comunidad”, en este caso las hermanas de la casa en Vilna.

219 La Superiora de la casa en Vilna era entonces Sor Borgia Tichy.

220  Lo mas probable es que era el Padre M. Sopocko.  Dan prueba de ello las palabras sobre “la triple corona: de la que ya se habló anteriormente (Diario, 596) en relación a su persona.

221 “El abuelito santo” así llama Sor Faustina a San José de acuerdo con cierta tradición cristiana según la cual San José era anciano cuando nació Jesús.

222  Probablemente se trata del Padre M. Sopocko.

223  A aquella visión de Sor Faustina el Padre M. Sopocko hace referencia en su carta del 31 de marzo de 1972.

224 Al igual que en otras casas de la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia también en Vilna había un instituto para jovencitas.  A veces las alumnas adoraban a Jesús junto a las hermanas en reparación por sus pecados y los de los demás.

225  Es de suponer que trata aquí de la fundación de la nueva Congregación.

226  La Madre Borgia Tichy.

227  Ver Diario, 506.

228  La Madre Borgia Tichy.

229  La Madre Micaela Moraczewska.

230  El oficio vespertino con la bendición con el Santísimo Sacramento.

231 Probablemente era Sor Antonia Grejweul que en sus recuerdos sobre Sor Faustina escribió lo siguiente:  “Después de la confesión estaba inquieta y tenia dudas de si el Señor Jesús me había perdonado.  Llorando pedí a Sor Faustina que rogara por mi.  A la mañana siguiente me dijo:  Usted está en la gracia del Señor Jesús, porque me contestó en seguida que no estaba disgustado por sus culpas, pero si le duele la falta de confianza en su perdón.  Rezaré para pedirle perdón por usted.”

gueda Grejwel, nacida el 13 de septiembre de 1877, entró en la Congregación el 29 de junio de 1909 en Vilna donde permaneció hasta 1945 cuando la casa fue cerrada.  Durante la II Guerra Mundial, y precisamente en 1939, junto con otras hermanas, fue detenida en la prisión de Lukiszki en Vilna, pero siendo letona, algún tiempo después fue puesta en libertad.  Tras la evacuación de las hermanas de Vilna fue destinada a la casa de la Congregación en Biala, cerca de Plock, donde murió el 22 de enero de 1960.

232 Por equivocación al final de la frase Sor Faustina repitió el verbo “veía”.

233 Probablemente era Sor Regina que había conocido a Sor Faustina en el noviciado.  Sor Regina (Valeria Jaworska), nacida el 28 de noviembre de 1905, entró en la Congregación en 1926.  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 27 de abril de 1984.

234 La casa de Walendów se encontraba en una situación económica muy difícil.

235 En aquella época confesaba a las hermanas en Walendów el Padre Césalo Maliszewski (1880 – 1957), párroco de Nadarzyn.  No se sabe si Sor Faustina se confesaba con él.

236  El Padre José Andrasz, S. J.

237  Es decir, salía de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia para fundar una Congregación nueva, apremiada por las inspiraciones interiores.

238  La Madre Micaela Moraczewska.

239 “Anteriormente”, es decir, antes de los votos perpetuos en 1933 en Cracovia (ver Diario, 52).

240 La carta del Padre M. Sopocki, escrita en Vilna que data del 10 de julio de 1936.

241  Se trata probablemente del folleto del Padre M. Sopocko titulado “La Divina Misericordia”, editado en 1936, en Vilna.

242 En la cubierta estaba la imagen en color de Jesús Misericordioso, copia del cuadro de Eugenio Kazimirowski.

243 En el manuscrito, después de la palabra “conmovió” Sor Faustina agregó por error las palabras (me el momento).

244 El medico del Sanatorio de Pradnik, doctor Adán Silberg, judío convertido al catolicismo, nació en 1896.  En los años 1937 – 1939 (hasta el estallido de la II Guerra Mundial) fue director de los Institutos Sanitarios Urbanos en Cracovia y precisamente en el hospital de Pradnik, llamado comúnmente “sanatorio” (actualmente es el Hospital Urbano Especializado que lleva en nombre de Juan Pablo II).  Son poco seguras las informaciones que se tiene sobre la suerte del doctor desde el comienzo de la guerra.

245 La Superiora de Sor Faustina en la casa cracoviana de la Congregación era la Madre Irene Krzyzanowska.

246 El medico del “sanatorio” en Pradnik diagnosticó la tuberculosis de los pulmones y para que la enferma no contagiara a otras hermanas recomendó separarla.  Sor Faustina fue instalada en una habitación destinada para los enfermos graves, en la llamada enfermería.

247 En este caso – puntos (ideas principales) para la meditación dictadas por el Padre Ladislao Wojton, S. J. que en los días 20 – 29 de octubre de 1936 dirigió los ejercicios espirituales antes de los votos de las hermanas.

248 “Betania” aquí significa el lugar de descanso.  En la Betania evangélica Jesús tenia amigos a los que iba a visitar con gusto para descansar (comparar Jn 12, 1-11).

249 La renovación de los votos después de los ejercicios espirituales tuvo lugar el viernes, 30 X 1936.

250 En el cementerio, al fondo del jardín del convento.

251 La Madre Micaela Moraczewska.

252 Ver Diario, 46.

253 Sor Faustina hizo los votos temporales (llamados por ella “anuales”) el 30 de abril de 1928.

254 Es de suponer que el Padre M. Sopocko examinaba los asuntos referentes a la propagación del culto a la Divina Misericordia, la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.

255  En la carta que data del 21 de noviembre de 1936, el Padre M. Sopocko informó a Sor Faustina sobre la divulgación del culto a la Divina Misericordia y sobre los asuntos relacionados a la fundación de la nueva Congregación.

256 Parece que Sor Faustina se equivocó al hablar de su edad, puesto que según sus propias palabras (Diario, 15) recibió esta gracia en 1925 durante la octave de Corpus Cristo.  Dado que nació en 1905, entonces en 1925 tenia 20 y no 18 años (ver Diario, 16 y nota [14]).

257 Sor faustina repitió, por error, la palabra “alma”, después de la palabra “felicidad”.

258 Es decir la adoración de pocos minutos de Jesús en el Santísimo Sacramento.

259  El doctor Adán Silberg.

260 Sor Davida (Antonia Cedro, nacida el 17 de septiembre de 1898) de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús.  Las hermanas de esta Congregación trabajaron en el hospital de Pradnik.

261 Sor Faustina usó una palabra polaca que puede ser traducida también como “fundamento”.

262 Fue el primer descanso en la terraza del hospital.

263 Sor Felicia Juana Zakowiecka, nacida en 1900, entró en la Congregación en 1926.  Fue ecónomo en las casas de Vilna y Cracovia y luego Superiora en la casa de la Congregación en Rabka y más tarde en Derdy.  Encontró a Sor Faustina en Vilna y Cracovia (1936- 1938).  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció en la casa de la Congregación en Wroclaw, el 7 de noviembre de 1975.

264  La Casa cracoviana de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia (en el barrio de Lagiewniki) se encontraba a unos 10 kms de Pradnik donde estaba internada Sor Faustina.  Con el transporte de entonces, se necesitaba mucho tiempo y esfuerzo para llegar al hospital.  Esto explica las pocos frecuentes visitas a Sor Faustina.

265 Se trata de los sufrimientos y humillaciones que soportó el Padre M. Sopocko con relación a sus gestiones por la divulgación del culto a la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.  Sor Faustina tuvo una visión interior de esos sufrimientos y escribió de ella al Padre Sopocko (mencionó este hecho el mismo Padre Sopocko en la carta del 6 de marzo de 1972).

266 Sor Crisóstomo Maria Korczak, nacida en 1892, entró en la Congregación en 1921.  Trabajó como educadora y luego como enfermera.  Encontró a Sor Faustina en Vilna y después en Cracovia poco antes de su muerte.  En el proceso informativo fue testigo de oficio.

267   El doctor A. Silberg.

268 Sor Cayetana Maria Bartkowiak, nacida el 19 de enero de 1911, entró en la Congregación en 1933.  Con Sor Faustina estuvo en las casas de Varsovia y Cracovia.  Fue testigo en el proceso informativo.

269 Ver nota [221].

270  La habitación aislada en el hospital de Pradnik.

271 Después de las fiestas de Navidad Sor Damiana Ziólek acompañó a Sor Faustina al hospital de Pradnik.  He aquí su relato:  “En la noche cerca de la puerta de nuestro convento fue abandonado un recién nacido.  A la mañana siguiente Sor Francisca encontró el niñito, se ocupó de él, lo lavó, le dio a comer y se puso a buscar a alguien que lo adoptara.  Se enteró de ello una de nuestras vecinas que no tenía hijos y deseaba tomar uno para criar.  A propuesta de la Congregación aceptó al niño y expresó el deseo de registrarlo a su nombre.  Aprovechando la calesa que acompañaba a Sor Faustina a Pradnik, fue con el niño a la parroquia de Podgórze para bautizarlo e inscribir en los registros parroquiales.  A esa persona se refiere Sor Faustina en el Diario.”  Sor Damiana Sofía Ziólek, nacida el 18 de octubre de 1911, entró en la Congregación en 1927.  Con Sor Faustina se relacionó en 1932 en Plock y luego en Cracovia.  Fue testigo en el proceso informativo.  Falleció el 12 de junio de 1990.

272  La iglesia parroquial de San José en Cracovia, barrio de Podgórze.

273  Sor Damiana Ziólek.

274  El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

275  Posiblemente el folleto de que se habla en la nota [241].

276 Posiblemente el arzobispo R. Jalbrzykowski, el Padre M. Sopocko y el Padre J. Andrasz, S. J.

277 Sor Faustina recuerda aquí el día 2 de enero de 1934 cuando fue por primera vez al taller del pintor Eugenio Kazimirowski para hablar de la imagen de la Divina Misericordia.

278 La Superiora de las Siervas de Dios del Sagrado Corazón en el hospital de Pradnik era Sor Sebastiana Elena Wasik.

279 Para fundar la Congregación cuyo fin era propagar la confianza en la Divina Misericordia e invocarla por el mundo.

280  Sor Faustina estaba internada en el primer pabellón de tuberculosos que estaba a unos 70 pasos de la capilla.

281  Comparar San Lucas 2, 34-35.

282 “Un recado confidencial”, una pequeña carta sin sobre con bordes pegados.

283 Posiblemente el arzobispo R. Jalbrzykowski, el Padre M. Sopocko y el Padre J. Andrasz, S. J.

284  Se celebró en Manila, Filipinas, del 3 al 7 de febrero de 1937.

285  El director espiritual de Sor Faustina era entonces el Padre J. Andrasz, S. J.  Es de suponer, pues, que a él fue dirigida la carta para pedir permiso para ciertas prácticas de penitencia.

286  “La Pasión”, aquí, un oficio que se celebra en Cuaresma durante el cual se cantan las “Penas amargas”, himnos paralitúrgicos polacos particularmente conmovedores que se cantan por todo el pueblo alternativamente como salmos para meditar y celebrar la Pasión del Señor.

287  A base de estas invocaciones el Padre M. Sopocko compuso las letanías a la Divina Misericordia, corrigiendo algunas y agregando mas de diez nuevas.

288  El onomástico religioso de Sor Faustina era el 15 de febrero.

288  La idea de los últimos tiempos y de la proximidad del terrible día de la justicia vuelve a mencionarse en las dos revelaciones siguientes: (42) del 17 de febrero de 1937 y la (43) del 28 de febrero de 1937.  Jesús se refiere en ellas a la última tabla de salvación para la humanidad.  El 17 de febrero, clavado en la cruz, dijo:  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia, morirán para siempre.

Las mismas ideas, pero expresadas en otra secuencia, se encuentran en la revelación (43):  Deseo que Mi Misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la ultima tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi Misericordia.  Mi corazón se regocija de esta Fiesta.

Estas dos citas tienen tres ideas: de la última tabla de salvación, de la Fiesta y del refugio en la Misericordia.  Sin embargo, existe entre ellas una diferencia grande y notable en lo que se refiere a esta última tabla: ¿qué es?  En la primera revelación se lee que es la Fiesta de la Misericordia.  Esta discordancia impone tres interrogantes: 1) ¿Permite una teología correcta que la Fiesta de la Misericordia sea para las almas su ultima tabla de salvación? 2) ¿Es posible un acuerdo entre las dos revelaciones? 3) ¿Cuál de las dos revelaciones reproduce, sin deformarlas, las palabras de Jesús?

Si se atribuye a las palabras su sentido propio, no se puede afirmar, ni en una teología correcta, ni con buen sentido, que la Fiesta de la Misericordia, con las grandes promesas, es la última tabla de salvación para las almas.  Lo seria en el caso de que las almas no tuvieran ningún otro medio para salvarse; lo seria, si la celebración de la Fiesta fuera necesaria para salvarse.  Ahora bien, en primer lugar, esta afirmación de lo escrito en la (42) revelación contradice la estructura de la devoción que ofrece, a todas las almas, otro medio extraordinario de salvación, a saber, la recitación, con fe y con firmeza de la coronilla a la Divina Misericordia.  En segundo lugar, el tenor mismo de la presente relación no atribuye la cualidad de tabla de salvación (es decir el hecho de ser necesaria a la salvación) a la Fiesta, sino a la adoración de la Misericordia; esta afirmación contradice, por consiguiente, lo restante de la revelación.  Y este culto, de acuerdo con la buena teología y según las revelaciones concernientes a la devoción, se hace sobre todo fuera de la Fiesta, cada día de nuestra vida.  Porque, según las revelaciones, consiste esencialmente en la confianza en la Misericordia de Dios, y es un género de vida cristiana, más bien que una devoción.  En tercer lugar, muchas almas se han salvado y han alcanzado una santidad heroica sin haber celebrado la Fiesta de la Misericordia.

La Fiesta de la Misericordia, por lo tanto, debe verse en este contexto como una ocasión que sirve como un atractivo poderoso para que los pecadores se aprovechen de las promesas que Jesús les extiende en esta celebración que los motiva a confiar en que Él les responderá.  El mostrar esa confianza mediante el cumplimiento con las condiciones de Jesús para recibir ese día el perdón total de los pecados y penas, como un verdadero “segundo bautismo”, será para algunas almas la oportunidad de reconciliarse con Dios.  Esto permitirá que Él las presente «resplandecientes a si mismo; sin que tengan mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sean santas e inmaculadas» (Efesios 5, 27), y así serán salvadas “para toda la eternidad.”

289 El Padre M. Sopocko, siendo director espiritual de Sor Faustina, le recomendó subrayar cuidadosamente en su Diario todo lo que, según ella, provenía de Dios, y especialmente todo lo que se refería a instituir la Fiesta de la Divina Misericordia y fundar la nueva Congregación.

290 En la capilla del sanatorio donde se guardaba el Santísimo Sacramento.

291  El doctor Adán Silberg.

292  El 15 de febrero de `1937 falleció en Plock Sor Cornelio Sofía Trzaska.  Nació en 1888, en 1905 entró en la Congregación donde trabajó de zapatera.

293 El Padre Buenaventura Madeja de la orden de los Padres Escolapios vivía entonces en Cracovia en la calle Pijarska.  Nacido en 1906, fue ordenado sacerdote en 1932.  Fue Superior de la casa, Consejero General, Provincial.  En los años 1965 – 1966 fue juez en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 13 de septiembre de 1980.

294  Durante la Cuaresma, en la capilla del sanatorio se cantaban las “Penas amargas”.

295 En el lenguaje sacerdotal la palabra “cosecha” significa la Cuaresma como tiempo de ejercicios espirituales y confesión de los fieles.

296 Sor Faustina escribió sobre esta cuestión en la carta del 10 de junio de 1938 a sus hermanas Natalia y Wanda.

297 Haciendo los ejercicios espirituales de un día (el día de recogimiento mensual), Sor Faustina escuchó predicaciones del Padre Buenaventura Madeja para el personal del sanatorio.

Tercer Cuaderno

298 JMJ – Jesús, María, José.

299 La palabra en plural “confesores” parece indicar que Sor Faustina recibió la recomendación de escribir el Diario no solamente del Padre M. Sopocko, sino también del Padre J. Andrasz, S. J.

300 El director espiritual de Sor Faustina en Vilna, Padre M. Sopocko recuerda que ella tenia dones extraordinarios como: visiones, iluminaciones, oía voces interiores.  Aquí sabemos de uno de estos dones, el de conocer interiormente las vivencias de las personas que tenían relaciones con ella.

301  A fundar la nueva Congregación.

302  A “la Pasión”, para cantar las “Penas amargas”.

303 Durante los primeros votos las Hermanas de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia recibían el velo negro, una pequeña cruz, el rosario y el cinturón.  Sor Faustina hace referencia a esta pequeña cruz.

304 Se trata de instituir la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de Pascua.

305 En aquella época, tenían acceso a la capilla de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia solamente las hermanas y las alumnas del instituto.  Sólo durante la ocupación alemana (durante la II Guerra Mundial) fue abierta a todos los fieles.

306 “La oscuridad”:  lugar (altar o capilla) donde se conservaba el Santísimo Sacramento el Jueves Santo.

307 Radio Polaca transmitía las celebraciones del Jueves Santo.

308  El Padre J. Andrasz.

309 Probablemente el Padre Teodoro Czaputa que siendo capellán de la casa de Cracovia, predicaba en la capilla de la Congregación todos los domingos.

310 La Maestra del noviciado era entonces Sor Calixto Elena Piekarczyk, nacida el 30 de marzo de 1900.  Entró en la Congregación en 1920.  Asumió el cargo de Maestra de novicias el 10 de diciembre de 1934, después de Sor M. J. Brzoza y lo tuvo hasta el 8 de septiembre de 1945.  Falleció el 11 de septiembre de 1947.

311  “Causa”, “asunto”, “obra”: con estas palabras Sor Faustina llama en el Diario su misión de divulgar el culto a la Divina Misericordia, por ejemplo, a través de instituir la nueva Fiesta y fundar la nueva Congregación.

312  Se trata del articulo sobre la Divina Misericordia publicado por el Padre M. Sopocko en el semanario de Vilna “Tygodnik Katolicki – Nasz Przyjaciel” (“Semanario Católico – Nuestro Amigo”), 1937, número 14.

313 En el manuscrito:  “antes que”.

314  En la casa cracoviana de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, todas las semanas el capellán daba conferencias sobre temas ascéticos, llamadas comúnmente “clases de catecismo”.

315 Ver Diario, 40 – a partir de las palabras “Al levantarnos de los reclinatorios…..”

316 Todos los años, las Hermanas de la Congregación de la Madre de dios de la Misericordia hacen los ejercicios espirituales de tres días, además del recogimiento de ocho días.

317 En la casa cracoviana de la Congregación se celebraban entonces (20 – 29 IV 1937) los ejercicios espirituales de ocho días antes de los votos y la toma de hábitos por las hermanas.  Dirigió esos ejercicios espirituales el Padre José Plaza, S. J. (1884 – 1950), el entonces Superior de la casa provincial de los jesuitas en Cracovia (Maly Rynek).

318  Se trata de una de las predicaciones del Padre J. Plaza, S. J.

319 Es difícil relacionar esta frase del Diario con algunas discusiones concretas en el Vaticano sobre la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia.  El cardenal Eugenio Pacelli era entonces Secretario de Estado en la Sede Apostólica.

320 La Superiora General, Madre Micaela Moraczewska se encontraba entonces en Cracovia con motivo de los votos de las hermanas y por visitar la casa.

321 Los confesores ordinarios de las Hermanas de la Congregación en Cracovia eran entonces los Padres Golab y Czaputa.  No se sabe al cuál de los dos se refiere Sor Faustina.

322  El Padre J. Andrasz.

323 Se trata de la procesión de Corpus Cristi que salía de la iglesia parroquial de Borek Falecki y terminaba en el ultimo altar que se encontraba en el jardín de la Congregación.  El Santísimo Sacramento se quedaba entonces en la capilla de las hermanas.

324 La procesión en la octava de Corpus Cristi.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia se celebraba en el jardín del convento.

325 La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el viernes después de la octava de Corpus Cristi.

326   Comparar:  Diario 435-438; 559; 563; 573; 1155-1158, y otras.

327 Este lugar donde jugaban las alumnas del instituto, se solía llamar “cuadrado” debido a la forma que tenia.

328 Sor Yolanda Alejandra Wozniak, educadora en el instituto de la Congregación en Vilna.  En aquel tiempo, julio 1937, estaba en un curso para educadoras en Cracovia.  Nacida en 1909, entró en la Congregación en 1929.  Trabajó como educadora en varios institutos de la Congregación y luego, fue Superiora en Radom, Czestochowa y Cracovia.  Falleció el 14 de junio de 1988.

329 Los patronos de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia eran:  Nuestra Señora de la Misericordia (5 de agosto).  San Ignacio de Loyola (31 de julio); San José (19 de marzo, San Miguel Arcángel (29 de septiembre), Santa Maria Magdalena (22 de julio), Santa Teresa de Jesús (15 de octubre), San Antonio de Papua (13 de junio).

330 La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tiene en la localidad de Rabka una pequeña casa de descanso, llamado “Loretto”.

331 “Acuérdate….” , oración a San José, anteriormente rezada en la Congregación diariamente.

332 La novena fue publicada con ciertos cambios en 1937, en el librito titulado “Cristo, Rey de Misericordia” (por J. Cebuski, Cracovia).  La portada llevaba una imagen en color de Cristo Misericordioso con los rayos y la firma: “Jesús, en Tí confío”.  Además de la novena, el librito contenía las letanías y la coronilla.

La Superiora de la casa, Madre Irene Krzyzanowska, envió los libritos a las casas de la Congregación.

333 En el manuscrito “se cicatrizan”.

Cuarto Cuaderno

334] Ver Diario, 585.

335] Fue el acto de la elección de Nuestra Señora de la Misericordia como superiora General de la Congregación.

336] Para poder imprimir textos sobre temas religiosos es necesario disponer de la autorización (imprimatur) de una entidad eclesiástica correspondiente.  El Padre M. Sopocko obtuvo la autorización para imprimir las mencionadas oraciones.

337] Sor Faustina por equivocación escribió 5 VIII en lugar de 5 IX.

338] La portera, debido al carácter de sus deberes, durante la gran parte del día estaba fuera de la comunidad de las hermanas.  Por esta razón, Sor Faustina llama “desierto” a la puerta.

339 El Padre M. Sopocko.

340 Sor Faustina tenía dos hermanos, Estanislao y Miecislao.  De lo que se dice a continuación del Diario nos enteramos de que la visitó Estanislao.

341 “Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús”:  revista mensual que se editaba desde 1872 por los jesuitas en Cracovia.

342. Probablemente para hablar de las cuestiones relacionadas con imprimir los libritos con la novena, la coronilla y las letanías a la Divina Misericordia.

343. Posiblemente J. Cybulski, propietario de una gran tienda de los artículos religiosos.

344. Las letanías a la Divina Misericordia (ver Diario, 949).

345. La coronilla a la divina Misericordia (ver Diario, 475-476).

346. La autorización de las autoridades eclesiásticas para poder imprimir.

347. La copia de la imagen de Eugenio Kazimirowski, del pincel de Lucia Balzukiewiczówna de Vilna, solicitada por los Padres Redentoristas.  La copia se encontró, después, en Cracovia.

348. La Madre Irene Krzyzanowska.

349. La imagen del pincel de Eugenio Kazimirowski.

350. Al instituto de educación, cuyas alumnas se solían llamar familiarmente “niñas”.

351. El Padre José Andrasz.

Quinto Cuaderno

352. “Brazaletes” – instrumento de penitencia en forma de una estrecha cadenita de espinas.

353. Cinturón de hierro.

354. Las hermanas solían apuntar victorias y derrotas en el adelantado espiritual sobre si mismas.

355. Al final de los ejercicios espirituales Sor Faustina fue a la iglesia de los jesuitas para confesarse con el Padre J. Andrasz; lo que se puede suponer del Diario es que fortaleció su espíritu.

356. La ceremonia de la toma de hábito y de los votos religiosos.

357. El Padre M. Sopocko.

358. Se trata de la Madre Irene Krzyzanowska que era Superiora de Sor Faustina durante su estancia en Cracovia (desde el 12 de mayo de 1936 hasta su muerte el 5 de octubre de 1938).  Las hermanas la llamaban familiarmente “Madrecita”.

359. El librito con la novena, la coronilla y las letanías a la Divina Misericordia.

360. Sor Doménica Josefa Szymanska, nacida el 28 de noviembre de 1875, entró en la Congregación en 1897.  Durante 30 años trabajó en la casa cracoviana de la Congregación como zapatera.  Falleció el 15 de noviembre de 1937.

361. La enfermera era Sor Crisóstomo Korczak.

362. Ver nota 314.

363. El Padre M. Sopocko emprendía gestiones relacionadas con la divulgación del culto a la Divina Misericordia, la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.

364. Cristo llama a Satanás “padre de la mentira”; ver Jn 8, 44.

365. Es una cita del “Martirologio Romano” que era leído en el refectorio después de la oración y antes de la comida.

366 La frase queda interrumpida tras la palabra “que”.  Es de suponer que alguien interrumpió a Sor Faustina que después no volvió más a esa frase.

367. En el sacramento de la penitencia.

368. La hermana enfermera, Sor Crisóstomo Korczak.

369. Sobre instituir la Fiesta de la Divina Misericordia.

370. La Madre Irene Krzyzanowska fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  No se conocen, sin embargo, ningunas declaraciones de Sor Maria Josefa Brzoza (murió en 1939).

371. Con el Padre Teodoro Czaputa.

372. Sobre el Padre M. Sopocko.

373. En el manuscrito:  “antes que”.

374. En el manuscrito:  “fracasaron”.

375. La palabra “para” fue escrita por equivocación.

376. En el manuscrito:  “en mi interior”.

377. Es decir confesores, directores espirituales, Superiores.

378. Durante la enfermedad Sor Faustina hacia bordados para adornar los manteles de los altares.

379. El Padre M. Sopocko.

380. Según era costumbre, por los agonizantes en la Congregación se rezaba la plegaria “Oh benignísimo Jesús….”  Y el Salmo 129, “De Profundis”.

381. El Padre Jose Andrasz, S. J.

382. La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia no tiene todavía una santa canonizada.

383 El Padre J. Andrasz, S. J.

384. El Padre M. Sopocko.

385. Las Superioras de Sor Faustina a lo largo de su vida eran:  Madre Margarita gimbutt, el comienzo del noviciado y la tercera probación antes de los votos perpetuos; Madre Rafaela Buczynska en Cracovia y Varsovia; Madre Rosa Klobukowska en Plock; Madre Javiera Olszamowska en Kiekrz; Madre Borgia Tichy en Vilna; Madre Serafina Kikulska en Walendów.

386. La Madre Micaela Moraczewska.

387. La Madre Maria Josefa Brzoza, Maestra de Sor Faustina en el noviciado.

388. El Padre Jose Andrasz, S. J.

Sexto Cuaderno

389 Ver 2 Co 12, 1-6

390. Ver 1 Co 2,9.

391. Ver Sal  68, 21.

392. El Padre T. Czaputa era confesor del noviciado.  Se confesaban con él tambien algunas hermanas profesas.  El director espiritual de Sor Faustina era entonces el Padre J. Andrasz, S. J.  Sor Faustina hace aquí una clara diferencia entre el confesor y su director espiritual.

393. Sor Tarcisia Casimira Piotrowicz, nacida en 1891, entró en la Congregación en 1912.  Durante cierto tiempo fue enfermera en la casa cracoviana de la Congregación.  Falleció el 2 de diciembre de 1978.

394. Probablemente se trata de Sor Amelia Socha, muy amiga de Sor Faustina.

395. El Padre Jose Andrasz.

396. La frase queda interrumpida despues de las palabras “Al volver….”.

397. En el manuscrito Sor Faustina dejó media página en blanco.  Tal vez tenia la intencion de continuar la poesia.

398. Según la costumbre de la Congregación, primero se confesaban las novicias y luego las hermanas profesas.  Por eso la Superiora recomendó a Sor Faustina pedir a la Maestra del noviciado el permiso de confesarse antes de las novicias.

399. La Maestra del noviciado era Sor Calixta Piekarczyk.

400. En el manuscrito la frase es:  “Conoci cuanto se necesita, falta, (31) el espiritu, la letra sola no hace crecer el amor.”

401. Probablemente era viernes, 25 de marzo de 1938.  Frecuentemente, los viernes, Sor Faustina sentia dolores en los lugares de las heridas de Jesús (ver Diario 759, 942, 1010, 1055, 1196, 1247, 1468, 1627).

402. En la Congregación no hay costumbre de que las hermanas guarden en sus celdas alimentos o bebidas.

403. Se trata del “Mensajero del Corazón de Jesús”.

404. La capilla de las hermanas en Cracovia se comunica con la casa de modo que por el pasillo del primer piso de la casa se entra directamente en el coro de la capilla.  Encontrandose en el coro, Sor Faustina participaba en la Misa, sin embargo no tuvo fuerzas suficientes para bajar y tomar parte en la Procesion de los Ramos.

405. El Padre Andrés Zukowicz, S. J. (1886 – 1962), gran propagador de la idea del Apostolado de la Oracion y redactor del “Mensajero del Corazón de Jesús”.  En los años 1933 – 1957 secretario del provincial de los jesuitas.  Amigo de la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.

Primer Cenáculo Virtual de María Reina de la Paz
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Ricardo Romero – Mar del Plata – Argentina
mensajeromariano@hotmail.com

Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec. En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice Warckie, se le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajando de empleada doméstica en casas de familias acomodadas de Aleksandrów, Łódź y Ostrówek, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular intensa vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió:Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a sor Faustina por secretaria y apóstolde su misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo sugran mensaje. En el Antiguo Testamento —le dijo— enviaba alos profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a todala humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588).

La misión de Santa Faustina consiste en 3 tareas:

– Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

– Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

– La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio —dijo el Señor Jesús a sor María Faustina— tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas,por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

Sor María Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión. Entre los años 1965-67 en Cracovia fue llevado a cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992. El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Łagiewniki.

Homilía del Santo Padre 

INTRODUCCION

1. Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, conocida actualmente en el mundo entero, ha sido incluida por los teólogos entre los destacados místicos de la Iglesia.

Nació como la tercera hija entre diez hermanos de una pobre y piadosa familia campesina de la aldea de Glogowiec.  En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Swinice Warckie, se le impuso el nombre de Elena.  Desde pequeña se destacó por la piedad, el amor a la oración, la laboriosidad y la obediencia, y por una gran sensibilidad ante la pobreza humana.  Su educación escolar no duró ni siquiera tres años:  al cumplir 14 años abandonó la casa familiar para trabajar de sirviente en Aleksandrów y Lodz, y mantenerse a sí misma y ayudar a sus padres.

Ya desde los 7 años Elena sintió en su alma el llamado a la vida religiosa (dos años antes de recibir la Primera Comunión), pero sus padres no le dieron el permiso para que entrara en el convento.  Ante la negativa, la niña intentó apagar dentro de sí el llamado de Dios; sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente y las palabras de reproche”  Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?” empezó a buscar ser aceptada en algún convento.  Pero donde llamaba la despedían.  Finalmente, el 1 de agosto de 1925, pasó el umbral de la clausura de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en la calle Zytnia, en Varsovia.  En su Diario confesó:  “Me pareció que entré en la vida del paraíso.  De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias”.

Unas semanas después sintió una fuerte tentación de trasladarse a otro convento donde pudiera tener más tiempo para rezar.  Entonces, el Señor Jesús, enseñándole su faz desgarrada y martirizada, dijo: “Tú Me causarás un dolor semejante, si sales de esta Congregación.  Te he llamado aquí y no a otro lugar, y te tengo preparadas muchas gracias”.

En la Congregación recibió el nombre de Sor María Faustina.  El noviciado lo pasó en Cracovia, donde en presencia del obispo St. Respond hizo los primeros votos y cinco años después los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia.  Trabajó en distintas casas de la Congregación.  Pasó los períodos más largos en Cracovia, Plock y Vilna trabajando como cocinera, jardinera, y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su extraordinaria y rica vida mística.  Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y piadosa, pero a la vez natural, alegre, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo.

Toda su vida se concentraba en caminar con constancia a la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas.  “Jesús mío – confesó en el Diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ninguna alma Te amó hasta ahora” .

El Diario revela la profundidad de su vida espiritual.  Una lectura atente de estos escritos permite conocer un alto grado de unión de su alma con Dios, permite conocer hasta qué punto Dios se entregó a su alma y evidencia también sus esfuerzos y combates en el camino hacia la perfección cristiana.  El Señor la colmó de muchas gracias extraordinarias:  los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de leer en las almas humanas, y de desposorios místicos.  Colmada de tantas gracias, escribió:  “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios.  Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”.

El austero modo de vida y los agotadores ayunos que practicaba desde antes de entrar en el convento, debilitaron tanto su organismo que siendo postulante, fue enviada al balneario de Skolimów, cerca de Varsovia, para recuperar la salud.  Tras el primer año de noviciado, le vinieron experiencias místicas sumamente dolorosas; las de la llamada noche oscura, y luego, sufrimientos espirituales y morales relacionados con la realización de su misión que le fue encomendada por el Señor.  Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó también diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar las almas de aquellos.  En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores, la llamada noche pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo:  se desarrolló la tuberculosis que atacó los pulmones y el sistema digestivo.  A causa de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en Cracovia, por varios meses.

Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, falleció en olor de santidad, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los que 13 fueron en el convento.  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad en Cracovia – Lagiewniki, y luego, durante el proceso informativo en 1966, trasladado a la capilla.

A esta sencilla monja, sin grandes estudios, pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor Jesús le confió una gran misión:  el mensaje de la misericordia dirigido a todo el mundo.  “Te envío – dijo – a toda la humanidad con Mi misericordia.  No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón Misericordioso  (Diario, 1588).  Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura, para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia” .

2. La misión de Sor Faustina consiste, en resumen, en recordar una verdad de la fe, conocida desde siempre, pero olvidada, sobre el amor misericordioso de Dios al hombre y en transmitir nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, cuya práctica ha de llevar a la renovación religiosa en el espíritu de confianza y misericordia cristianas.

El Diario que Sor Faustina escribió durante los últimos 4 años de su vida por un claro mandato del Señor Jesús, es una forma de memorial, en el que la autora registraba, al corriente y en retrospectiva, sobre todo los “encuentros” de su alma con Dios.  Para sacar de estos apuntes la esencia de su misión, fue necesario un análisis científico.  El mismo fue hecho por el conocido y destacado teólogo, Padre profesor Ignacy Rózycki.  Su extenso análisis fue resumido en la disertación titulada “La Divina Misericordia.  Líneas fundamentales de la devoción a la Divina Misericordia.”  A la luz de este trabajo resulta que todas las publicaciones anteriores a él, dedicadas a la devoción a la Divina Misericordia transmitida por Sor Faustina, contienen solamente algunos elementos de esta devoción, acentuando a veces cuestiones sin importancia para ella.  Por ejemplo, destacan la letanía o la novena, haciendo caso omiso a la Hora de la Misericordia.  El mismo Padre Rózycki hace referencia a ese aspecto diciendo:  “Antes de conocer las formas concretas de la devoción a la Divina Misericordia, cabe decir que no figuran entre ellas las conocidas y populares novenas ni letanías.”

La base para distinguir éstas y no otras oraciones o prácticas religiosas como nuevas  formas de culto a la Divina Misericordia, lo son las concretas promesas que el Señor Jesús prometió cumplir bajo la condición de confiar en la bondad de Dios y practicar misericordia para con el prójimo.  El Padre Rózycki distingue cinco formas de la devoción a la Divina Misericordia.

a.  La imagen de Jesús Misericordioso.   El esbozo de la imagen le fue revelado a Sor Faustina en la visión del 22 de febrero de 1931 en su celda del convento de Plock.  “Al anochecer, estando yo en mi celda – escribe en el Diario – ví  al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos:  uno rojo y otro pálido.  Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma:  Jesús, en Ti  confío.  Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia “.

El contenido de la imagen se relaciona, pues, muy estrechamente con la liturgia de ese domingo.  Ese día la Iglesia lee el Evangelio según San Juan sobre la aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29).  Así, la imagen presenta al Salvador resucitado que trae la paz a la humanidad por medio del perdón de los pecados, a precio de su Pasión y muerte en la cruz.  Los rayos de la Sangre y del Agua que brotan del Corazón (invisible en la imagen) traspasado por la lanza y las señales de los clavos, evocan los acontecimientos del Viernes Santo (Jn 19, 17-18, 33-37).  Así pues, la imagen de Jesús Misericordioso une en sí estos dos actos evangélicos que hablan con la mayor claridad del amor de Dios al hombre.

Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos.  El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó:  “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las alma.  Bienaventurado quien viva a la sombra  de ellos”.   Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía.  Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios con el hombre contraída en la Sangre de Cristo.

A la imagen de Jesús Misericordioso se le da con frecuencia el nombre de imagen de la Divina Misericordia.  Es justo porque la Misericordia de Dios hacia el hombre se reveló con la mayor plenitud en el misterio pascual de Cristo.

La imagen no presenta solamente la Misericordia de Dios, sino que también es una señal que ha de recordar el deber cristiano de confiar en Dios y amar activamente al prójimo.  En la parte de abajo – según la voluntad de Cristo – figura la firma:  “Jesús, en Ti  confío“.  “Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

Así comprendido el culto a la imagen, a saber, la actitud cristiana de confianza y misericordia, vinculó el Señor Jesús promesas especiales de: la salvación eterna, grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz, y todas las demás gracias que le fueren pedidas con confianza.  “Por medio de esta imagen colmare a las almas con muchas gracias.  Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella”.

b.  La Fiesta de la Misericordia.   De entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia reveladas por Sor Faustina, ésta es la que tiene mayor importancia.  El Señor Jesús habló por primera vez del establecimiento de esta Fiesta en Plock en 1931, cuando comunicó a Sor Faustina su deseo de que pintara la imagen:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”.

La elección del primer domingo después de la Pascua de Resurrección para la Fiesta de la Misericordia, tiene su profundo sentido teológico e indica una estrecha relación entre el misterio pascual de redención y el misterio de la Divina Misericordia.  Esta relación se ve subrayada aun mas por la novena de coronillas a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta y que empieza el Viernes Santo.

La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la misericordia, sino también el tiempo en que Dios colma de gracias a todas las personas.  “Deseo – dijo el Señor Jesús – que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadore.  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia morirán para siempre”.

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma.  “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.  “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia.  Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata”.

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión.  “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” .

c.  La coronilla a la Divina Misericordia.  El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 en Vilna, como una oración para aplacar la ira divina.

Las personas que rezan esta coronilla ofrecen a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de sus pecados, los pecados de sus familiares y los del mundo entero.  Al unirse al sacrificio de Jesús, apelan a este amor con el que Dios Padre ama a Su Hijo y El a todas las personas.

En esta oración piden también “misericordia para nosotros y el mundo entero” haciendo, de este modo, un acto de misericordia.  Agregando a ello una actitud de confianza y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada oración buena (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles pueden esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo que se refieren especialmente a la hora de la muerte:  la gracia de la conversión y una muerte serena.  Gozaran de estas gracias no solo las personas que recen esta coronilla, sino también los moribundos por cuya intención la recen otras personas.   “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante – dijo el Señor Jesús – se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”.  La promesa general es la siguiente:  “Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan, si lo que me pidan esté conforme con Mi voluntad”.  Todo lo que es contrario a la voluntad de Dios no es bueno para el hombre, particularmente para su felicidad eterna.

“Por el rezo de esta coronilla – dijo Jesús en otra ocasión – Me acercas la humanidad.  A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá  de vida y especialmente a la hora de la muerte”.

d. La Hora de la Misericordia. En octubre de 1937, en unas circunstancias pocoaclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma”.

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia.   “En esa hora – dijo a Sor Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crujir, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

El Padre Rózycki habla de tres condiciones para que sean escuchadas las oraciones de esa hora:

1. La oración ha de ser dirigida a Jesús.

2. Ha de ser rezada a las tres de la tarde.

3. Ha de apelar a los valores y meritos de la Pasión del Señor.

“En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre la justicia”.

e. La propagación de la devoción a la Divina Misericordia.   Entre las formas de devoción a la Divina Misericordia, el Padre Rózycki distingue además la propagación de la devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo.  “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso“.

La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.  El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El”  y hagan obras de misericordia:  a  través de sus actos, sus palabras y su oración.  “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte”.  Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso.  Un ejemplo de tal apostolado lo dio Sor Faustina durante toda su vida.

f.  El culto a la Divina Misericordia tiene como fin renovar la vida religiosa en la Iglesia en el espíritu de confianza cristiana y misericordia.  En este contexto hay que leer la idea de “la nueva Congregación” que encontramos en las páginas del Diario.  En la mente de la propia Sor Faustina este deseo de Cristo maduró poco a poco, teniendo cierta evolución:  de la orden estrictamente contemplativa al movimiento formado también por Congregaciones activas, masculinas y femeninas, así como por un amplio círculo de laicos en el mundo.  Esta gran comunidad multinacional de personas constituye una sola familia unida por Dios en el misterio de su misericordia, por el deseo de reflejar este atributo de Dios en sus propios corazones y en sus obras y de reflejar su gloria en todas las almas.  Es una comunidad de personas de diferentes estados y vocaciones que viven en el espíritu evangélico de confianza y misericordia, profesan y propagan con sus vidas y sus palabras el inabarcable misterio de la Divina Misericordia e imploran la Divina Misericordia para el mundo entero.

La misión de Sor Faustina tiene su profunda justificación en la Sagrada Escritura y en algunos documentos de la Iglesia.  Corresponde plenamente a la encíclica Dives in misericordia del Santo Padre Juan Pablo II.

¡Para mayor gloria de la Divina Misericordia! Cracovia – Lagiewniki. Sor Ma. Elzbieta Siepak De la Congregación de las Hermanas De la Madre de Dios de la Misericordia

CUADRO CRONOLOGICO DE LA VIDA DE  SANTA MARIA FAUSTINA KOWALSKA DE LA CONGREGACION DE LAS HERMANAS DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA

25 de agosto de 1905 – Sor Faustina nace en la aldea de Glgowiec (actualmente la provincia De Konin).

27 de agosto de 1905 -  Es bautizada en la parroquia de San Casimiro en Swinice  Warckie (diócesis de Wloclawek), y recibe el nombre de Elena.

1912 – Por primera vez oye en su alma la voz que la llama a la vida  perfecta.

1914 – Recibe la Primera Comunión. Septiembre de 1917 -  Comienza la educación en la escuela primaria.

1919 - Empieza a trabajar en casa de los amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki.                           

30 de octubre de 1921 - Recibe el Sacramento de la Confirmación administrado por el obispo Vicente Tymieniecki en Aleksandrów Lódzki.

1922 -  Vuelve a la casa familiar para pedir a los padres el permiso de  rentrar en un convento, recibe la negativa.

Otoño de  1922 -  Elena va a Lódz.  Durante un año trabaja en la tienda de Marcjanna  Sadowska, en la calle Abramowskiego 29 (2 II 1923 1 VII 1924)

Julio de  1924 -  Sale a Varsovia con la intención de entrar en un convento.  Se presenta  en la casa de la Congregación de la Madre de Dios de recibirla, pero antes le encomienda reunir una pequeña dote.

1 de agosto de 1925 – Después de un año de trabajo como sirvienta, Elena Kowalska vuelve a presentarse a la Superiora del convento en la calle Zytnia.  Es admitida al postulantado.

23 de enero de 1926 – Va a la casa del noviciado en Cracovia.

30 de abril de 1926 -  Recibe el hábito y el nombre de Sor María Faustina.

Marzo – abril de 1927 – Pasa por el periodo de oscuridad espiritual, que durará un año y medio.

16 de abril de 1928 - El Viernes Santo el ardor del amor divino penetra a la novicia sufriente que olvida los sufrimientos experimentados, conoce con más claridad lo mucho que Cristo sufrió por ella.

30 de abril de 1928 -  Al terminar el noviciado y después del retiro espiritual de 8 días, hace los primeros votos (temporales).

10 de octubre de 1928 - El Capítulo General que se celebra en la Congregación elige como Superiora General a la Madre Micaela Moraczewaska que va a ser la Superiora de Sor Faustina durante toda la vida. Será también su ayuda y consuelo en los momentos difíciles.

31 de octubre de 1928 -   Sale a casa de la Congregación en Varsovia, en la calleZytnia, para trabajar en la cocina.

21 de febrero -  Viaja a Vilna para sustituir a una hermana que tiene su tercera

11 de junio de 1929    probación. 

Junio de 1929  - Es mandada a la recién fundada casa de la Congregación en la calle Hetmanska, en Varsovia.

7 de julio de 1929  - Una breve estancia en Kiekrz, cerca de Poznan, para sustituir en la cocina a una hermana enferma.

Octubre de 1929 - Sor Faustina está en la casa varsoviana de la Congregación, en la Calle Zytnia.

Mayo – junio de 1930 - Viene a la casa de la Congregación en Plock.  Trabaja en la  panadería,   en la cocina y en la tienda adjunta a la panadería.

22 de febrero de 1931 - Tiene una visión del Señor que le encomienda pintar una imagen  según el modelo que ella ve.

Noviembre de 1932 - Sor Faustina viene a Varsovia para su tercera probación (de Cinco meses), a la que las hermanas de la Congregación se someten antes de hacer los votos perpetuos.  Antes de la probación tiene el retiro espiritual en Walendów.

18 de abril de 1933 - Sale a Cracovia para celebrar el retiro espiritual de 8 días, antes de los votos perpetuos.

1 de mayo de 1933 - Hace los votos perpetuos (el obispo Estanislao Rospond preside la ceremonia).

25 de mayo de 1933  - Viaja a Vilna.

2 de enero de 1934  - Por primera vez visita al pintor E. Kazimirowski que ha de pintar la imagen de la Divina Misericordia.

29 de marzo de 1934 -Se ofrece por los pecadores y especialmente por aquellas almas que han perdido confianza en la Misericordia de Dios.

Junio de 1934 - Queda terminada la imagen de la Divina Misericordia.  Sor Faustina llora porque el Señor Jesús no es tan bello como ha sido en la visión.

12 de agosto de 1934  - Un fuerte desfallecimiento de Sor Faustina.  El Padre Miguel Sopocko le administra el sacramento de los enfermos.

13 de agosto de 1934 - El mejoramiento del estado de salud de Sor Faustina.

26 de octubre de 1934  - Cuando Sor Faustina, junto con las alumnas, regresa del jardín para cenar (a las seis menos diez), ve al Señor Jesús encima de la capilla en Vilna tal y como lo vio en Plock, es decir con los rayos pálido y rojo.  Los rayos envuelven la capilla de la Congregación, la enfermería de las alumnas y después se extienden sobre el mundo entero.

15 de febrero de 1935  – Recibe la noticia de una grave enfermedad de su madre, y va a la casa  familiar en Glogowiec.  En el camino de regreso a Vilna, se detiene en Varsovia para ver a la Madre General, Micaela Moraczewska, y a su antiguo maestra, Sor María Josefa Brzoza.

19 de octubre de 1935 Sale a Cracovia para participar en el retiro espiritual de 8 días.

8 de enero de 1936 - Hace una visita al arzobispo Romuald Jalbrzykowski, Metropolitano de Vilna y le comunica que el Señor Jesús exige la Fundación de una Congregación nueva.

21 de marzo de 1936 - Sale de Vilna y viene a Varsovia.  

25 de marzo de 1936 - Es trasladada a la casa de la Congregación en Walendów.

Abril de 1936 -  Es trasladada a la casa en la localidad de Derdy (a 2 Km. De Walendów).

11 de mayo de 1936  - Sale de Derdy y va a Cracovia para estar allí hasta su muerte.

14 de septiembre de 1936   -  Un encuentro con el arzobispo Jalbrzykowski, quien, estando de  paso Cracovia, visita la casa de la  Congregación.

19 de septiembre de 1936 -  Un examen en el sanatorio de Pradnik (hoy, el hospital Juan  Pablo II.

9 de diciembre de 1936 - La estancia en el hospital de Pradnik.  - 27 de marzo de 1937

29 de julio  – La estancia en el balneario de Rabka. – 10 de agosto de 1937

21 de abril de 1938  - El empeoramiento del estado de salud y el retorno de Sor Faustina

Agosto de 1938 - La última carta a la Superiora General en la que Sor Faustina pide perdón por las desobediencias de toda la vida y la que termina con las palabras:  “Hasta la vista en el cielo.”

25 de agosto de 1938 -  Sor Faustina recibe el sacramento de los enfermos.

2 de septiembre de 1938 - Al visitar a Sor Faustina en el hospital, el Padre Sopocko la encuentra  en éxtasis.

7 de septiembre de 1938 - El regreso del hospital al convento.

5 de octubre de 1938 - A las once menos cuarto de la noche, Sor María Faustina Kowalska, tras largos sufrimientos soportados con gran paciencia, ha ido a encontrarse con el Señor para recibir la  recompensa.

7 de octubre de 1938  -  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad, situado al fondo del jardín de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

21 de octubre de 1965 - En la arquidiócesis de Cracovia es iniciado el proceso Informativo  sobre la beatificación de Sor Faustina.

25 de noviembre de 1966  - El traslado de los restos mortales de Sor Faustina del Cementerio a la capilla de las Hermanas de la Madre de Dios de  la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

20 de septiembre de 1967 - Una solemne sesión presidida por el cardenal Karol Wojtyla pone el punto final al proceso informativo diocesano.  Las actas del proceso son enviadas a Roma.

31 de enero de 1968 - Con decreto de la Congregación para la Causa de los Santos se abre el proceso de beatificación de la Sierva de Dios Sor Faustina.

19 de junio de 1981  - La Sagrada Congregación de la Causa de los Santos, después de completar la investigación de todos los escritos de la Sierva de Dios Sor Faustina, emite un documento declarando que  “nada se interpone para continuar” con su causa.

7 de marzo de 1992 - En presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de   los Santos promulga el decreto de las Virtudes Heroicas mediante  el cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes de manera heroica.  Como resultado, ella recibe el título de “Venerable” Sierva de Dios y se abre el camino para verificar el milagro atribuido a su intercesión.

21 de diciembre de 1992  - El Santo Padre publica la aceptación del milagro como concedido por la intercesión de Sor Faustina y anuncia la fecha   para su solemne beatificación.

18 de abril de 1993 - Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma  el  primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

30 de abril de 2000 - Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, en la Fiesta de la Misericordia.

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La Divina Misericordia en mi Alma

DIARIO

Sor Faustina

Oh Amor Eterno, mandas pintar Tu Santa Imagen  y nos revelas la fuente inconcebible de la misericordia.  Bendices a quien se acerca a Tus rayos, y el alma negra se convierte en nieve. Oh dulce Jesús, aquí has establecido el trono de Tu misericordia para dar alegría y ayudar al pecador, de Tu Corazón abierto, como de un manantial puro, fluye el consuelo para el alma y el corazón contrito. que el honor y la gloria para esta imagen no dejen de fluir de las almas de los hombres, que cada corazón glorifique la Divina Misericordia ahora y por los siglos de los siglos y en cada hora. Oh, Dios mío. Cuando miro hacia el futuro, me atemorizo, pero ¿por qué sumergirse en el futuro? Para mi solamente el momento actual es de gran valor, ya que quizá el futuro nunca llegue a mi alma. El tiempo que ha pasado no está en mi poder. Cambiar, corregir o agregar, no pudo hacerlo ningún sabio ni profeta, así que debo confiar a Dios lo que pertenece al pasado. Oh momento actual, tú me perteneces por completo, deseo aprovecharte cuanto pueda, y aunque soy débil y pequeña, me concedes la gracia de tu omnipotencia. Por eso, confiando en Tu misericordia, camino por la vida como un niño pequeño y cada día te ofrezco mi corazón Inflamado del amor por Tu mayor gloria. 

3 Dios y las almas Oh, Rey de Misericordia, guía mi alma. Sor M. Faustina del Santísimo Sacramento. Vilna, 28 VII 1934

Oh Jesús mío, por la confianza en Ti Trenzo miles de coronas y sé que todas florecerán y sé que florecerán cuando las Ilumine el Sol Divino. Oh gran y Divino Sacramento que ocultas a mi Dios Jesús acompáñame en cada momento,  y ningún temor invadirá mi corazón. Vilna, 28 VII 1934 JMJ Primer cuaderno. Dios y las almas

Seas adorada, oh Santísima Trinidad, ahora y siempre, Seas alabada en todas Tus   Obras y en todas Tus criaturas.  Que la grandeza de Tu misericordia, oh Dios, sea admirada y glorificada.

Debo tomar nota de los encuentros de mi alma Contigo, oh Dios, en los momentos particulares de Tus visitas.  Debo escribir de Ti, oh Inconcebible en la misericordia hacia mi pobre alma.  Tu santa voluntad es la vida de mi alma.  He recibido este mandato de quien Te sustituye para mi, oh Dios, aquí en la tierra y que me enseña Tu santa voluntad:  Jesús Tu ves que difícil es para mí escribir, y que no sé describir claramente lo que siento en el alma.  Oh Dios, ¿puede la pluma describir cosas para las cuales, a veces, no hay palabras?  Pero me mandas escribir, oh Dios, esto me basta. Varsovia, 1 VIII 1925

Ingreso al Convento

Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada.  A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta.  Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia.  No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.

El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar  en un convento; una categórica negativa de los padres.  Después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida  sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque  mi alma en nada encontraba satisfacción.  Las continuas llamadas de la gracia  eran para mi un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con  distracciones.  Evitaba a Dios dentro de mi y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas.  Pero la gracia divina venció en mi alma.

Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile.  Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores.  En el momento en que empecé a bailar, de repente  vi  a Jesús junto a mí.  A Jesús martirizado, despojado de

Sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras:   ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañaras?   En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo.  Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza.  Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka.  Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral.  Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante.

Entonces oí esas palabras: Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un  convento.  Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia.

Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo:  ¿Qué hacer?  ¿A dónde dirigirme, si no conocía a nadie?  Y dije a la Madre de Dios: María, dirígeme, guíame.  Inmediatamente oí en el alma estas palabras: que saliera de la ciudad a una aldea donde pasaría una noche tranquila.  Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho. Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de  Dios.  Las Santas Misas seguían una tras otra.  Durante una oí estas palabras:  Ve a hablar con este sacerdote  y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante.   Terminada la Santa Misa  fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar.

Al principio el sacerdote se sorprendió, pero me recomendó confiar mucho en que Dios lo arreglaría. Entretanto yo te mandaré dijo a casa de una señora piadosa, donde tendrás alojamiento hasta que entres en un convento.  Cuando me presenté en su casa, la señora me recibió con gran amabilidad. Empecé a buscar un convento, pero donde llamaba me despedían.  El dolor traspasó mi corazón y dije al Señor: Ayúdame, no me dejes sola.  Por fin llamé a nuestra puerta.

Cuando salió a mi encuentro la Madre Superiora, la actual Madre General Micaela, tras una breve conversación, me ordenó ir al Dueño de la casa y preguntarle si me recibía.  En seguida comprendí que debía preguntar al Señor Jesús. Muy feliz fui a la capilla y pregunté a Jesús:  Dueño de esta casa, ¿me recibes?  Una De las hermanas de esta casa me ha dicho que Te lo pregunte. En seguida oí esta voz:   Te recibo, estás en Mi Corazón.    Cuando regresé de la capilla, la Madre Superiora, primero me preguntó:  “Pues bien, ¿te ha recibido el  Señor?”  Contesté que sí. “Si el Señor te ha recibido, yo también te recibo.”

Tal fue mi ingreso.  Sin embargo, por varias razones, mas de un año tuve que estar en el mundo, en casa de esta piadosa señora, pero no volví ya a mi casa. En aquella época tuve que luchar contra muchas dificultades, sin embargo Dios no me escatimaba en su gracia.  Mi añoranza de Dios se hacia cada vez más grande. Esta señora, aunque muy piadosa, no comprendía la felicidad que da la vida Consagrada y en su bondad, empezó a proyectarme otros planes de vida, pero yo Sentía que tenía un corazón tan grande que nada podía llenarlo.

Entonces, me dirigí a Dios con toda mi alma sedienta de El.  Eso fue durante la Octava de Corpus Cristi.   Dios llenó mi alma con la luz interior para que lo conociera más profundamente como el bien y la belleza supremos.  Comprendí cuánto  Dios me amaba.  Es eterno Su amor hacia mí.  Eso fue durante las vísperas. Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios el voto de castidad perpetua.  A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo.  En aquel momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús.

Por fin, llegó el momento cuando se abrió para mí la puerta del convento. Eso fue el primero de agosto, al anochecer, en vísperas de la fiesta de la Madre de Dios de los Ángeles. Me sentía sumamente feliz, me pareció que entre en la vida del paraíso. De mi corazón broto una sola oración, la de acción de gracias.

Sin embargo, tres semanas después vi que aquí había muy poco tiempo para la oración y que muchas otras cosas me empujaban interiormente a entrar en un convento de regla más estricta. Esta idea se clavó en mi alma, pero no había en ella la voluntad de Dios. No obstante, la idea, es decir la tentación, se hacia cada vez mas fuerte hasta que un día decidí hablar con la Madre Superiora y salir decididamente. Pero Dios guió las circunstancias de tal modo que no pude hablar con la Madre Superiora. Antes de acostarme, entré en una pequeña capilla y pedí a Jesús la luz en esta cuestión, pero no recibí nada en el alma, solo me lleno una extraña inquietud que no llegaba a comprender. A pesar de todo decidí que a la mañana siguiente, después de la Santa Misa, le comunicaría a la Madre Superiora de mi decisión.

Volví a la celda, las hermanas estaban ya acostadas y la luz apagada. No sabia que Hacer conmigo. Me tiré al suelo y empecé a rezar con fervor para conocer la voluntad de Dios. En todas partes había un silencio como en el tabernáculo. Todas las hermanas como las hostias blancas, descansan encerradas en el cáliz de Jesús, y solamente desde mi celda Dios oye el gemido de mi alma. No sabia que después de las nueve, sin autorización no estaba permitido rezar en las celdas. Después de un momento, en mi celda se hizo luz y en la cortina vi. el rostro muy dolorido del Señor Jesús. Había llagas abiertas en todo el rostro y dos grandes lágrimas caían en la sobrecama. Sin saber lo que todo eso significaba, pregunte a Jesús: Jesús, ¿Quién te ha causado tanto dolor? Y Jesús contestó: Tú Me vas a herir dolorosamente si sales de este convento. Te llamé aquí y no a otro lugar y te tengo preparadas muchas gracias. Pedí perdón al Señor Jesús e inmediatamente cambié la decisión que había tomado.

Al día siguiente fue día de confesión.   Conté todo lo que había ocurrido en mi alma, y el confesor me contestó que había en ello una clara voluntad de Dios que debía quedarme en esta Congregación y que ni siquiera podía pensar en otro convento.  A partir de aquel momento me siento siempre feliz y contenta.

19 Poco después me enferme. La querida Madre Superiora me mando de vacaciones junto con otras dos hermanas a Skolimów, muy cerquita de Varsovia. En aquel tiempo le pregunté a Jesús: ¿Por quien debo rezar todavía? Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quien debía rezar.

Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo.  En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes.  Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas.  Las llamas que las quemaban, a mi no me tocaban.  Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento.  Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento?  Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios, Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio, Las almas llaman a Maria “La Estrella del Mar”.  Ella les trae alivio.  Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir.  Salimos de esa cárcel de sufrimiento.   Oí una voz interior que me dijo:  Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige.   A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes.

20 Fin del postulantazo 29 IV 1926. Las Superioras me mandaron al noviciado a Cracovia. Una alegría inimaginable reinaba en mi alma. Cuando llegamos al noviciado, la hermana … estaba muriendo. Unos días después vino la hermana… y me mandó ir a la Madre Maestra y decirle que su confesor, Padre Rospond celebrara en su intención una Santa Misa y tres jaculatorias. Al principio consentí, pero al día siguiente pensé que no iría a la Madre Maestra, porque no entendía bien si había sido un sueño o  realidad. Y no fue. La noche siguiente se repitió lo mismo pero más claramente, no lo dudaba. No obstante a la mañana siguiente decidí no decirlo a la Maestra. Se lo diría sólo cuando la viera durante el día. Un momento después la encontré en el pasillo [a aquella hermana fallecida], me reprochaba [que] no había ido en seguida y mi alma se llenó de gran inquietud. Entonces fui inmediatamente a hablar con la Madre Maestra y le conté todo lo que había sucedido. La Madre dijo que ella lo arreglaría. En seguida la paz volvió a mi alma y tres días después aquella hermana vino y me dijo: “Dios se lo pague.”

21 Durante la toma de hábito Dios me dio a conocer lo mucho que iba a sufrir. Vi claramente a que me estaba comprometiendo. Fue un minuto de ese sufrimiento. Dios volvió a colmar mi alma con muchos consuelos.

22 Al final del primer año de noviciado, en mi alma empezó a oscurecer. No sentía ningún consuelo en la oración, la meditación venia con gran esfuerzo, el miedo empezó a apoderarse de mí. Penetré más profundamente en mi interior y lo único que vi. fue una gran miseria. Vi también claramente la gran santidad de Dios, no me atrevía a levantar los ojos hacia El, pero me postré como polvo a sus pies y mendigué su misericordia. Pasaron casi seis meses y el estado de mi alma no cambió nada. Nuestra querida Madre Maestra me daba ánimo en esos momentos difíciles. Sin embargo este sufrimiento aumentaba cada vez más y más. Se acercaba el segundo año del noviciado. Cuando pensaba que debía hacer los votos, mi alma se estremecía. No entendía lo que leía, no podía meditar. Me parecía que mi oración no agradaba a Dios. Cuando me acercaba a los santos sacramentos me parecía que ofendía aun más a Dios. Sin embargo el confesor no me permitió omitir ni una sola Santa Comunión. Dios actuaba en mi alma de modo singular. No entendía absolutamente nada de lo que me decía el confesor. Las sencillas verdades de la fe se hacían incomprensibles, mi alma sufría sin poder encontrar satisfacción en alguna parte. Hubo un momento en que me vino una fuerte idea de que era rechazada por Dios. Esta terrible idea atravesó mi alma por completo. En este sufrimiento mi alma empezó a agonizar. Quería morir pero no podía. Me vino la idea de ¿a qué pretender las virtudes? ¿Para qué mortificarme si todo es desagradable a Dios? Al decirlo a la Madre Maestra, recibí la siguiente respuesta: Debe saber, hermana, que Dios la destina para una gran santidad. Es una señal que Dios la quiere tener en el cielo, muy cerca de sí mismo. Hermana, confié mucho en el Señor Jesús.

Esta terrible idea de ser rechazados por Dios, es un tormento que en realidad sufren los condenados.  Recurría a las heridas de Jesús, repetía las palabras de confianza, sin embargo esas palabras se hacían un tormento aún más grande.   Me presenté delante del Santísimo Sacramento y empecé a decir a Jesús: Jesús, Tu has dicho que antes una madre olvide a su niño recién nacido que Dios olvide a su criatura, y aunque ella olvide, Yo, Dios, no olvidaré a Mi criatura.  Oyes, Jesús, ¿Cómo gime mi alma?  Dígnate oír los gemidos dolorosos de Tu niña.  En Ti confío, oh Dios, porque el cielo y la tierra pasarán, pero Tu Palabra perdura eternamente.  No obstante, no encontré alivio ni por un instante.

23 Un día, al despertarme, mientras me ponía en la presencia de Dios, empezó a invadirme la desesperación. La oscuridad total del alma. Luché cuanto pude hasta el medio día. En las horas de la tarde empezaron a apoderarse de mí los temores verdaderamente mortales, las fuerzas físicas empezaron a abandonarme. Entré apresuradamente en la celda y me puse de rodillas delante del crucifijo y empecé a implorar la misericordia. Sin embargo, Jesús no oyó mis llamamientos. Me sentí despojada completamente de las fuerzas físicas, caí al suelo, la desesperación se apoderó de toda mi alma, sufrí realmente las penas infernales, que no difieren en nada de las del infierno. En tal estado permanecí durante tres cuartos de hora. Quise ir a la Maestra pero no tuve fuerzas. Quise llamar, la voz me faltó, pero, felizmente, en la celda entró una de las hermanas. Al verme en el estado tan extraño, en seguida aviso a la Maestra. La Madre vino en seguida. Al entrar en la celda dijo estas palabras: En nombre de la santa obediencia, levántese del suelo. Inmediatamente alguna fuerza me levantó del suelo y me puse de pie junto a la querida Maestra. En una conversación cordial me explicó que era una prueba de Dios, Hermana, tenga una gran confianza, Dios es siempre Padre aunque somete a pruebas. Volví a mis deberes como si me hubiera levantado de la tumba. Los sentidos impregnados de lo que mi alma había experimentado. Durante el oficio vespertino mi alma empezó a agonizar en una terrible oscuridad; sentí que estaba bajo el poder de Dios Justo y que era objeto de su desdén. En esos terribles momentos dije a Dios: Jesús que en el Evangelio Te comparas a la más tierna de las madres, confío en Tus palabras, porque Tú eres la Verdad y la Vida. Jesús confío en Ti contra toda esperanza, contra todo sentimiento que esta dentro de mí y es contrario a la esperanza. Haz conmigo lo que quieras, no me alejare de Ti, porque Tú eres la fuente de mi vida.  Lo terrible que es este tormento del alma, solamente lo  puede entender quien experimentó momentos semejantes.

24 Durante la noche me visitó la Madre de Dios con el Niño Jesús en los brazos. La alegría llenó mi alma y dije: María, Madre mía, ¿sabes cuánto sufro? Y la Madre de Dios me contestó: Yo sé cuánto sufres, pero no tengas miedo, porque yo comparto contigo tu sufrimiento y siempre lo compartiré. Sonrió cordialmente y desapareció. En seguida mi alma se llenó de fuerza y de gran valor. Sin embargo eso duró apenas un día. Como si el infierno se hubiera conjurado contra mí. Un gran odio empezó a irrumpir [en] mi alma, el odio hacia todo lo santo y divino. Me parecía que esos tormentos del alma iban a formar parte de mi existencia por siempre. Me dirigí al Santísimo Sacramento y dije a Jesús: Jesús, Amado de mi alma, ¿no ves que mi alma está muriendo anhelándote? ¿Cómo puedes ocultarte tanto a un corazón que Te ama con tanta sinceridad? Perdóname, Jesús, que se haga en mi Tu voluntad. Voy a sufrir en silencio como una paloma, sin quejarme. No permitiré a mi corazón ni un solo gemido.

25 Final del noviciado. El sufrimiento no disminuyó nada. El debilitamiento físico, exención de todos los ejercicios espirituales, es decir, la sustitución de los mismos por jaculatorias. El Viernes Santo, Jesús lleva mi corazón al ardor mismo del amor. Eso fue durante la adoración vespertina. De inmediata me penetró la presencia de Dios. Me olvidé de todo. Jesús me hizo conocer cuanto ha sufrido por mí. Eso duró muy poco tiempo. Una añoranza tremenda. El deseo de amar a Dios.

26 Los primeros votos. Un ardiente deseo de anonadarme por Dios mediante el amor activo, pero inadvertido incluso para las hermanas más cercanas. Después de los votos, la oscuridad reinó en mi alma todavía durante casi seis meses.  Durante la oración Jesús penetró toda mi alma.  La oscuridad cedió.  En el alma  oí esas palabras: Tú eres Mi alegría, tú eres el deleite de Mi Corazón.   A partir de aquel momento sentí en el corazón, es decir dentro de mí, a la Santísima Trinidad.  De modo sensible, me sentía inundada por la luz divina.  Desde aquel momento mi alma está en la comunión con Dios, como el niño con su querido padre.

En algún momento Jesús me dijo: Ve a la Madre Superiora y dile que te permita llevar el cilicio durante siete días, y durante la noche te levantarás una vez y vendrás a la capilla.   Contesté que sí, pero tuve cierta dificultad en hablar con la Superiora.  Por la noche Jesús me preguntó: ¿Hasta cuando lo vas a aplazar?    Decidí decirlo a la Madre Superiora durante el primer encuentro.  Al día siguiente, antes del medio día, vi. que la Madre Superiora iba al refectorio y como la cocina, el refectorio y la habitación de Sor Luisa están casi contiguas, entonces invite a la Madre Superiora a la habitación de Sor Luisa y le comunique lo que el Señor Jesús solicitaba.    La Madre Superiora me contestó: No le permito llevar ningún cilicio.  En absoluto.  Si el Señor Jesús le da la fuerza de un gigante, yo le permitiré estas mortificaciones.  Me disculpé con la Madre por haberle ocupado el tiempo y salí de la habitación.  Entonces vi. al Señor Jesús en la puerta de la cocina y dije al Señor:  Me mandas ir a pedir estas mortificaciones y la Madre Superiora no quiere permitírmelas.  Entonces Jesús me dijo:  Estuve aquí durante la conversación con la Superiora y sé todo.   No exijo tus mortificaciones, sino la obediencia.  Con ella Me das una gran gloria y adquieres méritos para ti.

Al saber una de las Madres, de mi relación tan estrecha con el Señor Jesús, dijo que era una ilusa. Me dijo: Jesús mantiene esas relaciones con los santos y no con las almas pecadoras como la suya, hermana. Desde aquel momento era como si yo desconfiara de Jesús. Durante una conversación matutina dije a Jesús: Jesús, ¿no eres Tu una ilusión? Jesús me contesto: Mi amor no desilusiona a nadie.

Una vez, estaba yo reflexionando sobre la Santísima Trinidad, sobre la esencia divina. Quería penetrar y conocer necesariamente, quién era este Dios… En un instante mi espíritu fue llevado como al otro mundo, vi un resplandor inaccesible y en él como tres fuentes de claridad que no llegaba a comprender. De este resplandor salían palabras en formas de rayos y rodeaban el cielo y la tierra. No entendí nada de ello, me entristecí mucho. De repente del mar del resplandor inaccesible, salió nuestro amado Salvador de una belleza inconcebible, con las llagas resplandecientes. Y de aquel resplandor se oyó la voz: Quién es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana. Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributos. Tras un instante, Jesús trazó con la mano la señal de la cruz y desapareció.

Una vez vi. una multitud de gente en nuestra capilla y delante de ella, y en la calle por no caber dentro. La capilla estaba adornaba para una solemnidad. Cerca del altar había muchos eclesiásticos, además de nuestras hermanas y las de muchas otras Congregaciones. Todos estaban esperando a la persona que debía ocupar lugar en el alter. De repente oí una voz de que era yo quien iba a ocupar lugar en el altar. Pero en cuanto Salí de la habitación, es decir del pasillo, para cruzar el patio e ir a la capilla siguiendo la voz que me llamaba, todas las p4rsonas empezaron a tirar contra mí lo que podían: lodo, piedras, arena, escobas. Al primer momento vacilé si avanzar o no, pero la voz me llamaba aun con más fuerza y a pesar de todo comencé a avanzar con valor. Cuando crucé el umbral de la capilla, las Superioras, las hermanas y las alumnas e incluso los Padres empezaron a golpearme con lo que podían, así que, queriendo o no, tuve que subir rápido al lugar destinado en el altar.

En cuanto ocupé el lugar destinado, la misma gente y las alumnas, y las hermanas, y las Superioras, y los Padres, todos empezaron a alargar las manos y a pedir gracias.  Yo no les guardaba resentimiento por haber arrojado contra mí todas esas cosas, y al contrario tenía un amor especial a las personas que me obligaron a subir con más prisa al lugar del destino.  En aquel momento una felicidad inconcebible inundó mi alma y oí esas palabras: Haz lo que quieras, distribuye gracias como quieras, a quien quieras y cuando quieras.  La visión desapareció enseguida.

Una vez oí estas palabras: Ve a la Superiora y pide que te permita hacer todos los días una hora de adoración durante 9 días; en esta adoración intenta unir tu oración con Mi Madre. Reza con todo corazón en unión con María, también trata de hacer el Vía Crucis en este tiempo. Recibí el permiso, pero no para una hora entera, sino para el tiempo que me permitían los deberes.

Debía hacer aquella noven por intención de mi patria. En el séptimo día de la novena vi a la Madre de Dios entre el cielo y la tierra, con una túnica clara. Rezaba con las manos junto al pecho, mirando hacia el cielo. De su corazón salían rayos de fuego, algunos se dirigían al cielo y otros cubrían nuestra tierra.

Cuando conté algunas de estas cosas al confesor, me dijo que podían venir verdaderamente de Dios, pero también podían ser ilusiones. Como se trasladaba a menudo, no tenía a un confesor permanente, además tenía una dificultad increíble en explicar estas cosas. Rezaba con ardor que Dios me diera esta enorme gracia de tener al director espiritual. La recibí solo después de los votos perpetuos, cuando fui a Vilna. Es el Padre Sopocko. Dios me permitió conocerlo primero interiormente, antes de venir a Vilna.

Oh, si hubiera tenido al director espiritual desde el principio, no hubiera malgastado tantas gracias de Dios. El confesor puede ayudar mucho al alma, pero también puede destruir mucho. Oh, como los confesores deben prestar atención a la actuación de la gracia de Dios en las almas de sus penitentes. Es una cuestión de gran importancia. De las gracias que hay en el alma se puede conocer su estrecha relación con Dios.

Una vez fui llamada al juicio de Dios. Me presenté delante del Señor, a solas. Jesús se veía como durante la Pasión. Después de un momento, estas heridas desaparecieron y quedaron sólo cinco: en las manos, en los pies y en el costado. Inmediatamente vi. todo el estado de mi alma tal y como Dios la ve. Vi claramente todo lo que no agrada a Dios. No sabía que hay que rendir cuentas ante el Señor, incluso de las faltas más pequeñas. ¡Que momento! ¿Quién podrá describirlo? Presentarse delante del tres veces Santo, Jesús me preguntó: ¿Quién eres? Contesté: Soy Tu sierva, Señor. Tienes la deuda de un día de fuego en el Purgatorio. Quise arrojarme inmediatamente a las llamas del fuego del Purgatorio, pero Jesús me detuvo y dijo: ¿Qué prefieres, sufrir ahora durante un día o durante un breve tiempo en la tierra? Contesté: Jesús, quiero sufrir en el Purgatorio y quiero sufrir en la tierra los más grandes tormentos aunque sea hasta el fin del mundo. Jesús dijo: Es suficiente una cosa. Bajarás a la tierra y sufrirás mucho, pero durante poco tiempo y cumplirás Mi voluntad y Mis deseos. Un fiel siervo Mío te ayudará a cumplirla. Ahora, pon la cabeza sobre Mi pecho, sobre Mi Corazón y de él toma fuerza y fortaleza para todos los sufrimientos, porque no encontrarás alivio ni ayuda ni consuelo en ninguna otra parte.  Debes saber, que vas a sufrir mucho, mucho, pero que esto no te asuste.  Yo estoy contigo.

Poco después de ese suceso me enfermé. Las dolencias físicas fueron para mí una escuela de paciencia. Sólo Jesús sabe cuantos esfuerzos de voluntad tuve que hacer para cumplir los deberes.

38 Jesús, cuando quiere purificar un alma, utiliza los instrumentos que Él quiere. Mi alma se siente completamente abandonada por las criaturas. A veces la intención más pura es interpretada mal por las hermanas. Este sufrimiento es muy doloroso, pero Dios lo admite y hay que aceptarlo, ya que a través de ellos nos hacemos más semejantes a Jesús. Durante mucho tiempo no pude comprender una cosa, a saber, ¿por qué Jesús me mando informar de todo a las Superioras? Y las Superioras no creían en mis palabras, manifestándome compasión como si estuviera bajo la influencia de la ilusión o la imaginación.

Debido a que temía que estaba en ilusión, decidí evitar a Dios dentro de mí, temiendo las ilusiones. Sin embargo la gracia de Dios me perseguía a cada paso.  Y cuando menos lo esperaba, Dios me hablaba.

Un día Jesús me dijo que iba a castigar una ciudad, que es la mas bonita de nuestra patria. El castigo iba a ser igual a aquel con el cual Dios castigó a Sodoma y Gomorra. Vi la gran ira de Dios y un escalofrió traspasó mi corazón. Rogué en silencio. Un momento después Jesús me dijo: Niña Mía, durante el sacrificio, únete estrechamente Conmigo y ofrece al Padre Celestial Mi Sangre y Mis Llagas como propiciación de los pecados de esta ciudad. Repítelo ininterrumpidamente durante toda la Santa Misa. Hazlo durante siete días. Al séptimo día vi. a Jesús en una nube clara y me puse a pedir que Jesús mirara aquella ciudad y todo nuestro país. Jesús miró con bondad. Al ver la benevolencia de Jesús empecé a rogarle por la bendición. De repente Jesús dijo: Por ti bendigo al país entero. Y con la mano hizo una gran señal de la cruz encima de nuestra patria. Al ver la bondad de Dios, una gran alegría llenó mi alma.

El año 1929. Una vez durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios de un modo muy particular, a pesar de que me defendía de Dios y le daba la espalda. A veces rehuía de Dios porque no quería ser victima del espíritu maligno, dado que más de una vez me habían dicho que lo era. Esta incertidumbre duró mucho tiempo. Durante la Santa Misa, antes de la Santa Comunión, tuvo lugar la renovación de los votos. Al levantarnos de los reclinatorios empezamos a repetir la formula de los votos y de repente, el Señor Jesús se puso a mi lado, vestido con una túnica blanca, ceñido con un cinturón de oro y me dijo: Te concedo el amor eterno para que tu pureza sea intacta y para confirmar que nunca experimentaras tentaciones impuras. Jesús se quitó el cinturón de oro y ciñó con él mis caderas. Desde entonces no experimento ningunas turbaciones contrarias a la virtud, ni en el corazón ni en la mente. Después comprendí que era una de las gracias más grandes que la Santísima Virgen Maria obtuvo para mí, ya que durante muchos años le había suplicado recibirla. A partir de aquel momento tengo mayor devoción a la Madre de Dios. Ella me ha enseñado a amar interiormente a Dios y cómo cumplir su santa voluntad en todo. Maria, Tu eres la alegría, porque por medio de Ti, Dios descendió a la tierra y a mi corazón.

Una vez vi. a un siervo de Dios en el peligro del pecado grave que iba a ser cometido un momento después. Empecé a pedir a Dios que me cargara con todos los tormentos del infierno, todos los sufrimientos que quisiera, pero que liberase a ese sacerdote y lo alejara del peligro de cometer el pecado. Jesús escuchó mi súplica y en un momento sentí en la cabeza la corona de espinas. Las espinas de la corona penetraron hasta mi cerebro. Esto duró tres horas. El siervo de Dios fue liberado de aquel pecado y Dios fortaleció su alma con una gracia especial.

En un momento, el día de la Navidad, siento que me envuelve la omnipotencia, la presencia de Dios. Otra vez evito dentro de mí el encuentro con el Señor. Pedí a la Madre Superiora el permiso de ir a “Józefinek”, [para] visitar a las hermanas. La Madre Superiora nos dió el permiso y una vez terminado el almuerzo, empezamos a prepararnos. Las hermanas ya me estaban esperando en la puerta. Fui corriendo a la celda a buscar la capita, en el umbral vi. al Señor Jesús quien me dijo estas palabras: Ve, pero Yo Me tomo tu corazón. De pronto sentí que no tenía corazón el pecho. Como las hermanas me llamaron la atención de que debía darme prisa porque ya era tarde, en seguida me fui con ellas. Pero un gran descontento empezó a molestarme. Una añoranza penetró mi alma, sin embargo, nadie, excepto Dios, sabía lo que había pasado en mi alma.

Tras pasar apenas un momento en “Józefinek”, dije a las hermanas:  Volvamos a casa.  Las hermanas pidieron un pequeño descanso, sin embargo mi espíritu no llegaba a calmarse.  Les expliqué que teníamos que volver a casa antes de que oscureciera y había un buen trecho de camino por hacer, y regresamos a casa en seguida.  Cuando la Madre Superiora nos encontró en el pasillo, me preguntó:   ¿No han salido todavía o ya están de vuelta?  Contesté que ya habíamos regresado porque no quería volver de noche.  Me quité la capita e inmediatamente fui a la capilla.  En cuanto entré, Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que no has vuelto para estar en casa antes del anochecer, sino porque te he quitado el corazón.  Aunque me costó mucho, fui  a ver a la Madre Superiora y le expliqué sinceramente el motivo por el cual había vuelto tan pronto y pedí perdón al Señor por todo lo que no le agrada. En aquel momento Jesús inundó mi alma de gran alegría.  Entendí que no hay satisfacción fuera de Dios.

Una vez vi a dos hermanas que iban a entrar en el infierno. Un dolor inexpresable me rasgó el alma; pedí a Dios por ellas, y Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que estas dos hermanas están en ocasión de cometer un pecado grave. Al día siguiente se lo dije a la Superiora. Una de ellas ya se había arrepentido y se encontraba en estado de fervor y la otra aun estaba en un gran combate.

Un día Jesús me dijo: Abandonaré esta casa porque hay cosas que no Me gustan en ella. Y la Hostia del tabernáculo y descansó en mis manos y yo con alegría La coloqué en el tabernáculo. Eso se repitió otra vez y yo hice con Ella lo mismo, sin embargo eso se repitió la tercera vez y la Hostia se transformó en el Señor Jesús vivo, y Jesús me dijo: No Me quedaré aquí más tiempo. De repente, en mi alma se despertó un inmenso amor a Jesús y dije: Yo no Te dejaré ir de esta casa Jesús. Y Jesús desapareció nuevamente y la Hostia descansó en mis manos. Otra vez La puse en el cáliz y La encerré en el tabernáculo. Y Jesús se quedó con nosotras. Durante tres días trate de hacer la adoración reparadora.

Una vez me dijo Jesús: Dile a La Madre General que en esta casa sucede tal cosa que no Me gusta y que Me ofende mucho. No le dije inmediatamente, pero la inquietud que Dios me infundió no me permitió esperar mas y no tardé nada en escribir a la Madre General y la paz entró en mi alma.

A menudo sentí la Pasión del Señor Jesús en mi cuerpo; aunque esto fue invisible, me alegro de eso, porque Jesús quiere que sea así. Eso duró muy poco tiempo. Estos sufrimientos incendiaban mi alma con un fuego de amor hacia Dios y hacia las almas inmortales. El amor soportará todo, el amor continuará después de la muerte, el amor no teme nada…

1931, 22 de febrero. Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero.

Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

Cuando le dije al confesor recibí como respuesta que eso se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia.

Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas. Jesús se quejó conmigo con estas palabras:  La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas.  Aún mas Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí.  Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas.  ¡Ay de las almas que abusen de ella!

Cuando dije a la Madre Superiora lo que Dios me pedía, me contestó que Jesús debía explicarlo más claramente a través de alguna señal. Cuando pedí al Señor Jesús alguna señal como prueba de que verdaderamente Él era Dios y Señor mío y de que de Él venían estas peticiones, entonces dentro de mí oí esta voz: Lo haré conocer a las Superioras a través de las gracias que concederé por medio de esta imagen.

Cuando quise liberarme de estas inspiraciones, Dios me dijo que en el día del juicio exigiría de mí un gran número de almas. Una vez, cansadísima por las múltiples dificultades que tenia por el hecho de que Jesús me hablaba y exigía que fuese pintada la imagen, decidí firmemente, antes de los votos perpetuos, pedir al Padre Andrasz que me dispensara de estas inspiraciones interiores y de la obligación de pintar la imagen.  Al escuchar la confesión, el Padre Andrasz me dio la siguiente respuesta: No la dispenso de nada, hermana y no le está permitido sustraerse a estas inspiraciones interiores, sino que debe decir todo al confesor, eso es necesario, absolutamente necesario, porque de lo contrario se desviará a pesar de estas grandes gracias del Señor.  De momento usted se confiesa conmigo, pero ha de saber que debe tener un confesor permanente, es decir un director espiritual.  Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción estas palabras:  “Jesús, en Ti confío”.

Me afligí muchísimo. Pensaba poder liberarme de todo y había pasado todo lo Contrario:  una orden clara de seguir las demandas de Jesús.  Y otra vez el tormento de no tener al confesor permanente.  Si durante algún tiempo me confieso con alguno, no puedo descubrir mi alma delante de él en cuanto a las gracias; es la causa de un dolor inexpresable. Le pido a Jesús que conceda estas gracias a otra persona, porque yo no sé aprovecharlas y solamente las malgasto.  Jesús, ten compasión de mi, no me encomiendes cosas tan grandes, ves que soy un puñado de polvo inútil.  Sin embargo, la bondad de Jesús no tiene límites, me prometió una ayuda visible en la tierra y la recibí poco después en Vilna.  En el Padre Sopocko reconocí esa ayuda de Dios.  Le había conocido en una visión interior. Antes de llegar a Vilna.  Un día lo vi. en nuestra capilla entre el altar y el confesionario.  De repente en mi alma oí una voz:  He aquí la ayuda visible para ti  en la tierra. Él te ayudará cumplir Mi voluntad en la tierra. Un día cansada de esas incertidumbres, pregunte a Jesús: Jesús, ¿eres Tú mi Dios o eres un fantasma?  Las Superioras me dicen que existen ilusiones y toda Clase de fantasmas.  Si eres mi Señor, Te pido, bendíceme.  De repente, Jesús hizo Una gran señal de la cruz encima de mi, y yo me santigüé.  Cuando pedí perdón a Jesús por haberle hecho esa pregunta, Jesús contesto que con esta pregunta no le Causé ningún disgusto y el Señor me dijo que mi confianza la agradaba mucho.

1933. Consejos espirituales que me dio el Padre Andrasz, S.J. primero: Hermana, usted no debe evitar estas inspiraciones interiores, sino que debe decir siempre todo al confesor.  Si usted reconoce que estas inspiraciones Interiores atañen, es decir son provechosas para su alma o para otras almas, sígalas y no las descuide, sino que consúltelas siempre con su confesor. Segundo:  Si estas inspiraciones no concuerdan con la fe y con el espíritu de la Iglesia, se deben rechazar inmediatamente, porque vienen del espíritu maligno. Tercero:  Si estas inspiraciones no se refieren a las almas en general, ni a su bien en particular, no se preocupe mucho por ellas, hermana, y no les haga caso en absoluto. No obstante, no decida por sí sola en esta materia, en este sentido o en otro, porque puede desviarse a pesar de estas grandes gracias del Señor.  Humildad, humildad y  Siempre humildad porque por nosotros mismos no podemos hacer nada. Todo esto es solamente la gracia de Dios. Me dice que Dios exige mucha confianza de las almas, pues sea la primera en Mostrar esa confianza.  Una palabra más:  Acepte todo esto con serenidad. Las palabras de uno de los confesores:  Hermana, Dios está preparándole muchas gracias especiales, pero procure que su vida sea pura como las lagrimas delante del Señor sin hacer caso a lo que puedan pensar de usted.  Que le baste Dios, Solo Él. Al final del noviciado el confesor  me dijo estas palabras:  Camine por la vida haciendo el bien para que yo pueda escribir en las páginas de su vida:  Vivió Haciendo el bien; que Dios realice esto en usted, hermana. En otra oportunidad el confesor me dijo: Pórtese delante del Señor como la viuda del Evangelio que puso en la alcancía una monedita de poco valor; pero para Dios, ésta pesó mas que las grandes ofrendas de los demás. El otro día recibí esta enseñanza:  Procure que quien trate con usted, se aleje feliz. Difunda a su alrededor la fragancia de la felicidad porque de Dios ha recibido mucho y por eso sea generosa con los demás.  Que todos puedan alejarse de usted felices aunque hayan apenas rozado el borde de su túnica.  Recuerde bien las palabras que le estoy diciendo ahora. Otra vez me dijo estas palabras:  Permita que el Señor empuje la barca de su vida a la profundidad insondable de la vida interior. Algunas palabras del coloquio con la Madre Maestra al final del noviciado: Que su alma, hermana, se distinga particularmente por la sencillez y la humildad.  Camine por la vida como una niña, siempre confiada, siempre llena de sencillez y humildad, contenta de todo, feliz de todo.  Allí donde otras almas se asusten usted, hermana, pasa tranquilamente gracias a la sencillez y la humildad.  Recuerde para toda la vida que como las aguas descienden de las montañas a los valles, las gracias del Señor descienden sólo sobre las almas humildes.

Oh Dios mió, entiendo bien que exiges de mi la infancia espiritual, porque me la Pides continuamente a través de Tus representantes. Los sufrimientos y contrariedades al inicio de la vida religiosa me habían asustado, me habían quitado el valor.  Por eso rogaba continuamente que Jesús me hiciera más fuerte y me concediera el vigor de su Santo Espíritu para poder cumplir en todo su santa voluntad ya que desde el comienzo conocía y conozco mi debilidad.  Sé bien lo que soy por mi misma, porque Jesús descubrió a los ojos de mi alma todo el abismo de mi miseria y por lo tanto me doy cuenta perfectamente que todo lo que hay de bueno en mi alma es sólo su santa gracia.  El conocimiento de mi miseria me permite conocer al mismo tiempo el abismo de Tu misericordia.  En mi vida interior, con un ojo miro hacia el abismo de miseria y de bajeza que soy yo, y con el otro hacia el abismo de Tu misericordia, oh Dios.

Oh, mi Jesús, Tu eres la vida de mi vida, Tu sabes bien que lo único que deseo es la gloria de Tu nombre y que las almas conozcan Tu bondad. ¿Por qué las almas Te evitan, oh Jesús?, no lo entiendo. Oh si pudiera dividir mi corazón en partículas mínimas y ofrecerte, oh Jesús, cada partícula como un corazón entero para compensarte, aunque parcialmente, por los corazones que no Te aman. Te amo, Jesús, con cada gota de mi sangre y la derramaría voluntariamente por Ti para darte la prueba de mi amor sincero. Oh Dios, cuanto más Te conozco tanto menos Te puedo entender, pero esa incapacidad de comprenderte me permite conocer lo grande que eres, oh Dios. Y esa incapacidad de comprenderte incendia mi corazón hacia Ti como una nueva llama, oh Señor. Desde el momento en que permitiste, oh Jesús, sumergir la mirada de mi alma en Ti, descanso y no deseo nada más. He encontrado mi destino en el momento en que mi alma se sumergió en Ti, en el único objeto de mi amor. Todo es nada en comparación Contigo. Los sufrimientos, las contrariedades, las humillaciones, los fracasos, las sospechas que enfrento, son espinas que incendian mi amor hacia Ti, Jesús.

Locos e irrealizables son mis anhelos.  Deseo ocultarte que estoy sufriendo.  No quiero ser recompensada jamás por mis esfuerzos y mis buenas obras.  Oh Jesús, Tu Mismo eres mi recompensa.  Tu me bastas, oh Tesoro de mi corazón.  Deseo compartir los sufrimientos del prójimo, esconder mis sufrimientos en mi corazón no solo ante el prójimo, sino también ante Ti, oh Jesús.

El sufrimiento es una gran gracia.  A través del sufrimiento el alma se hace semejante al Salvador, el amor se cristaliza en el sufrimiento.  Cuanto más grande es el sufrimiento, tanto mas puro se hace el amor.

Una noche vino a visitarme una de nuestras hermanas que había muerto hacia dos meses antes. Era una de las hermanas del primer coro. La vi en un estado terrible. Toda en llamas, la cara dolorosamente torcida. La visión duró un breve instante y desapareció. Un escalofrió traspasó mi alma y aunque no sabia donde sufría, en el purgatorio o en el infierno, no obstante redoblé mis plegarias por ella. La noche siguiente vino de nuevo, pero la vi. en un estado aun más espantoso, entre llamas mas terribles, en su cara se notaba la desesperación. Me sorprendí mucho que después de las plegarias que había ofrecido por ella la vi. en un estado más espantoso y pregunté: ¿No te han ayudado nada mis rezos? Me contestó que no le ayudaron nada mis rezos y que no le iban a ayudar. Pregunté: ¿Y las oraciones que toda la Congregación ofreció por ti, tampoco te han ayudado? Me contestó que nada. Aquellas oraciones fueron en provecho de otras almas. Y le dije: Si mis plegarias no te ayudan nada, hermana, te ruego que no vengas a verme. Y desapareció inmediatamente. Sin embargo yo no dejé de rezar. Después de algún tiempo volvió a visitarme de noche, pero en un estado distinto. No estaba entre llamas como antes y su rostro era radiante, los ojos brillaban de alegría y me dijo que yo tenia el amor verdadero al prójimo, que muchas almas se aprovecharon de mis plegarias y me animó a no dejar de interceder por las almas que sufrían en el purgatorio y me dijo que ella no iba a permanecer ya por mucho tiempo en el purgatorio. ¡Los juicios de Dios son verdaderamente misteriosos!

1933. Una vez oí en mi alma esta voz: Haz una novena por la patria. La novena consistirá en las letanías de todos los santos. Pide el permiso al confesor. Durante la confesión siguiente obtuve el permiso y a la noche empecé en seguida la novena. Terminando las letanías vi. una gran claridad y en ella a Dios Padre. Entre la luz y la tierra vi a Jesús clavado en la cruz de tal forma que Dios, deseando mirar hacia la tierra, tenia que mirar a través de las heridas de Jesús.  Y entendí que Dios bendecía la tierra en consideración a Jesús.

Jesús, te agradezco por esta gran gracia, es decir por el confesor que Tu Mismo te Dignaste elegirme y que me hiciste ver primero en una visión, antes de conocerlo personalmente.  Cuando había ido a confesarme con el Padre Andrasz, pensaba que iba a ser liberada de estas inspiraciones interiores.  El Padre me contesto que no podía liberarme de ellas, y dijo: Ruegue hermana para obtener un director espiritual.

Después de una breve y ferviente plegaria vi. de nuevo al Padre Sopocko en nuestra capilla, entre el confesionario y el altar.  En aquel tiempo me encontraba en Cracovia. Fueron estas dos visiones que me fortalecieron en el espíritu, tanto mas  que lo encontré tal cual lo había visto en las visiones, tanto en Varsovia durante la tercera probación, como en Cracovia.  Te agradezco, Jesús, por esta gran gracia.

Ahora tiemblo cuando oigo, a veces, a un alma diciendo que no tiene confesor, es decir director espiritual, porque sé que graves daños tuve yo cuando no tenía esta ayuda.  Sin el director espiritual es fácil desviarse del camino.

¡Oh vida gris y monótona, cuantos tesoros encierras! Ninguna hora se parece a la otra, pues la tristeza y la monotonía desaparecen cuando miro todo con los ojos de la fe. La gracia que hay para mí en esta hora no se repetirá en la hora siguiente. Me será dada en la hora siguiente, pero no será ya la misma. El tiempo pasa y no vuelve nunca. Lo que contiene en si, no cambiaria jamás; lo sella con el sello para la eternidad.

El Padre Sopocko debe ser muy amado por el Señor. Lo digo porque pude comprobar cuanto Dios se preocupa por él en ciertos momentos; al ver esto estoy enormemente contenta de que el Señor tenga tales elegidos. 1928. Excursión a Kalwaria.

Había venido a Vilna por dos meses para sustituir a una hermana que había ido a la tercera probación, pero permanecí algo más de dos meses. Un día la Madre Superiora, deseando complacerme, me dio el permiso de ir, en compañía de otra hermana, a Kalwaria para hacer el llamado “paseo de los caminitos”.Me alegré mucho. Debíamos ir en barco, a pesar de que estaba tan cerca, pero tal fue el deseo de la Madre Superiora. Por la noche me dijo Jesús: Yo deseo que te quedes en casa. Contesté: Jesús, ya todo esta preparado, debemos salir por la mañana, ¿Qué voy a hacer ahora? Y el Señor me contestó: Esta excursión causara daño a tu alma. Contesté a Jesús: Tú puedes siempre remediarlo, dispón las circunstancias de tal forma que se haga Tu voluntad. En ese momento se oyó la campanilla para el descanso. Con una mirada saludé a Jesús y fui a la celda.

Por la mañana hacía un día hermoso, mi compañera se alegraba [pensando] que tendríamos una gran satisfacción, que podríamos visitar todo, pero yo estaba seguro de que no saldríamos, aunque hasta el momento no había ningún obstáculo que nos lo impidiera. Primero debíamos recibir la Santa Comunión y salir en seguida después del agradecimiento.  De repente, durante la Santa Comunión, la esplendida mañana que hacia, cambió completamente.  Sin saber de donde, vinieron las nubes y cubrieron todo el cielo, y empezó una lluvia torrencial.  Todos se extrañaban, ya que en un día tan bello ¿Quién podía esperar la lluvia, y que cambiara así en tan poco tiempo?

La Madre Superiora me dice: Cuanto siento que ustedes, hermanas, no pueden ir. Contesté: Querida Madre, no importa que no podamos ir, la voluntad de Dios es que nos quedemos en casa. Sin embargo nadie sabía que era un claro deseo de Jesús que me quedara en casa. Pasé todo el día en el recogimiento y la meditación; agradecí al Señor por haberme hecho quedar en casa. En aquel día Dios me concedió muchas consolaciones celestiales.

Un día en el noviciado, cuando la Madre Maestra me había destinado a la cocina de las niñas, me afligí mucho por no estar en condiciones de cargar con las ollas que eran enormes. Lo mas difícil para mi era escurrir las papas, a veces caía la mitad de ellas. Cuando lo dije a la Madre Maestra me contestó que poco a poco me acostumbraría y adquiriría práctica. No obstante esta dificultad no desaparecía ya que mis fuerzas iban disminuyendo cada día y debido a la falta de fuerzas me apartaba cuando venia el momento de escurrir las papas. Las hermanas se dieron cuenta de que evitaba ese trabajo y se extrañaban muchísimo; no sabían que no podía ayudarles a pesar de empeñarme con todo fervor y sin ningún cuidado para mi misma. Al mediodía, durante el examen de conciencia me quejé al Señor por la falta de fuerzas. De repente oí en el alma estas palabras: A partir de hoy te resultará muy fácil. Aumentaré tus fuerzas. Por la noche, cuando vino el momento de escurrir las papas corrí la primera, confiada en las palabras del Señor. Cogí la olla con facilidad y las escurrí bastante bien. Pero cuando quité la tapadera para hacer salir el vapor, en vez de papas vi en la olla ramilletes de rosas rojas, tan bellas que es difícil describirlas. Jamás había visto semejantes. Me quedé sorprendida sin entender su significado, pero en aquel momento oí una voz en mi alma: Tu pesado trabajo lo transformo en ramilletes de las flores más bellas y su perfume sube hasta Mi trono. Desde ese momento trate de escurrir las papas no solamente durante la semana  asignada a mí en la cocina sino que trataba de sustituir en este trabajo a otras hermanas durante su turno. Pero no solamente en este trabajo, sino en cada trabajo pesado trataba de ser la primera en ayudar, porque había experimentado cuanto eso agradaba a Dios.

¡Oh tesoro inagotable de la pureza de la intención que haces perfectas y tan agradables a Dios todas nuestras acciones!

Oh Jesús, Tú sabes que débil soy, por eso quédate siempre conmigo, guía mis acciones, todo mi ser.  Tú, mi mejor Maestro.  De verdad, oh Jesús, me invade el miedo cuando veo mi miseria, pero a la vez me tranquilizo viendo Tu misericordia insondable que es más grande que mi miseria desde toda una eternidad.  Y esta disposición de ánimo me reviste de Tu poder.  Oh gozo que se deriva del conocimiento de mi misma, Oh verdad inmutable.  Eterna es Tu firmeza.

Cuando, poco tiempo después de mis primeros votos, me enfermé y a pesar del Cordial y cariñoso cuidado de las Superioras, a pesar de los tratamientos médicos, no estaba ni mejor ni peor, entonces empezaron a llegarme voces de que fingía.  Y así comenzó mi sufrimiento, se duplicó y duro un tiempo bastante largo.  Un día me quejé ante Jesús que yo era una carga para las hermanas.  Me contestó Jesús:  No vives para ti, sino para las almas.   Otras almas se beneficiarán de tus sufrimientos.  Tus prolongados sufrimientos les darán luz y fuerza para aceptar mi Voluntad.

El sufrimiento mas grande para mi era la impresión de que mis oraciones y mis buenas obras no agradaban al Señor.  No me atrevía a mirar hacia el cielo.  Eso me producía un sufrimiento tan grande que cuando estaba en la capilla para los ejercicios espirituales comunitarios, terminados aquellos, la Madre Superiora  me llamaba y me decía: Pida, hermana, a Dios, gracia y consolación, porque yo misma veo y me lo dicen otras hermanas, que al sólo verla, hermana, usted suscita compasión.  De verdad, no sé qué hacer con usted.  Le ordeno no afligirse por nada.  Sin embargo, todos esos coloquios con la Madre Superiora no me dieron alivio, ni me aclararon nada.  Una oscuridad aún más densa me ocultaba a Dios.  Busqué ayuda en el confesionario, pero tampoco allí la encontré.  Un sacerdote virtuoso quiso ayudarme, pero yo estaba tan preocupada que ni siquiera supe explicar mis tormentos y eso me causó sufrimientos aún mayores.  Una tristeza mortal se apoderó  de mi alma hasta tal punto que no lograba ocultarla y se manifestaba también exteriormente.  Perdí la esperanza.  La noche cada vez más oscura.  El sacerdote con quien me confesaba me dijo:  Yo veo en usted, hermana, unas gracias particulares y estoy completamente tranquilo por usted.  ¿Por qué, pues, se atormenta tanto?  Pero, en aquel entonces, yo no lo entendía, pues me extrañaba enormemente cuando por penitencia me hacia rezar el Te Deum o el Magnificat, o a veces, al atardecer, debía correr rápidamente por el jardín o reírme ruidosamente diez veces al día.  Esas penitencias me asombraban mucho, pero a pesar de ellas ese sacerdote no me ayudó mucho.  El Señor quería, quizá, que yo lo alabase con el sufrimiento.  El sacerdote me consolaba diciendo que encontrándome en ese estado agradaba más a Dios que si estuviera inundada de las más grandes consolaciones.  Qué gracia tan grande de Dios, hermana, que usted en el actual estado de tormentos espirituales en que se encuentra, no ofenda a Dios, sino que trata de ejercitarse en las virtudes.  Yo observo su alma, veo en ella grandes planes de Dios y gracias especiales, y viendo esto en usted, hermana, doy gracias al Señor.  Sin embargo y a pesar de todo mi alma se encontraba en suplicios y tormentos inexpresables.  Imitaba al ciego que se fía de su guía y agarra con fuerza su mano y ni por un momento me alejaba de la obediencia que era mi tabla de salvación en la prueba de fuego.

Jesús, Verdad Eterna, fortalece mis fuerzas débiles. Tú, oh Señor, lo puedes todo. Se que sin Ti mis esfuerzos no valen nada. Oh Jesús, no Te ocultes ante mí, porque no puedo vivir sin Ti. Escucha el llamado de mi alma; no se ha agotado, Señor, Tu misericordia pues ten piedad de mi miseria. Tu misericordia supera la inteligencia de los ángeles y de los hombres juntos, y aunque me parece que no me escuchas, no obstante he depositado mi confianza en el mar de Tu misericordia y sé que mi esperanza no será defraudada.

Solo Jesús sabe cuán pesado y difícil es cumplir con sus deberes cuando el alma se encuentra en ese estado de tormentos interiores, las fuerzas físicas están debilitadas y la mente ofuscada. En el silencio de mi corazón me repetía: Oh Cristo, para Ti las delicias y el honor y la gloria, y para mi el sufrimiento. No retrasare ni un solo paso para seguirte, aunque las espinas hieran mis pies.

Cuando me enviaron para un tratamiento a la casa de Plock, tuve la suerte de adornar con flores la capilla. Eso fue en Biala. La Hermana Tecla no siempre tenía tiempo, pues a menudo yo sola adornaba la capilla. Un DIA recogí las más bellas rosas para adornar la habitación de cierta persona. Al acercarme al pórtico, vi. al Señor Jesús que estaba de pie en ese pórtico y me preguntó amablemente: Hija Mía, ¿a quien llevas estas flores? Mi silencio fue la respuesta al Señor, porque en aquel momento me di cuenta de que tenía un sutil apego a esa persona de lo que antes no me daba cuenta. Jesús desapareció en seguida. En el mismo instante tiré las flores al suelo y fui delante del Santísimo sacramento con el corazón lleno de agradecimiento por la gracia de haberme conocido a mi misma.

Oh Sol Divino, en Tus rayos el alma ve aun los mas pequeños granitos de polvo que no Te agradan.

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Oh mi Jesús, a pesar de la noche oscura en torno mío y de las nubes sombrías que me cubren el horizonte, se que el sol no se apaga.  Oh Señor, aunque no Te puedo comprender ni entiendo Tu actuación, confió, sin embargo en Tu misericordia.  Si es Tu voluntad, Señor, que yo viva siempre en tal oscuridad, seas bendito.  Te pido una sola cosa, no dejes que Te ofenda de ningún modo.  Oh Jesús mío, solo Tú conoces las añoranzas y los sufrimientos de mi corazón.  Me alegro de poder sufrir aunque sea un poco por Ti.  Cuando siento que el sufrimiento supera mis fuerzas, entonces me refugio en el Señor en el Santísimo Sacramento y un profundo silencio es mi oración al Señor.

Confesión de una de nuestras alumnas. Desde el momento cuando una fuerza misteriosa empezó a apremiarme a que solicitara aquella Fiesta y a que fuera pintada la imagen, no puedo lograr la paz. Algo me satura por completo y, sin embargo, me invade el temor de si solo es una ilusión. Estas dudas siempre venían de fuera, porque en el fondo de mi alma sentía que era el Señor quien traspasaba mi alma. El confesor con quien me confesaba entonces me decía que existían casos de ilusiones, y yo sentía que aquel confesor parecía tener miedo de confesarme. Era para mí un tormento. Al haberme dado cuenta de que tenía poco apoyo por parte de los hombres, me refugie aun más en el Señor Jesús, en el mejor Maestro. En algún momento, cuando me invadió la duda de si la voz que oía era del Señor, me dirigí a Jesús en un coloquio interior, sin pronunciar una palabra. De repente alguna fuerza penetro mi alma, dije: Si Tu eres verdaderamente mi Dios que estas en comunión conmigo y me hablas, Te pido, Señor, que esa alumna  se confiese hoy mismo y esa señal me fortalecerá. En ese mismo instante aquella muchacha pidió la confesión.

La Madre de la clase, sorprendida de su cambio repentino, no tardó en buscar a un sacerdote y esa persona se confeso muy arrepentida. De inmediato oí en mi alma la siguiente voz: ¿Me crees ahora? Otra vez una fuerza extraña llenó mi alma, me reforzó y me fortaleció hasta tal punto que yo misma me asombré de haber podido dudar por un momento. Sin embargo estas dudas siempre venían de fuera y eso me llevó a encerrarme aun más en mi misma. Al sentir durante la confesión la incertidumbre del confesor, no descubro mi alma a fondo sino que solamente me acuso de mis pecados. Si el sacerdote mismo no tiene serenidad, no la da a otras almas.

Oh sacerdotes, cirios encendidos que alumbran las almas, que su claridad no oscurezca jamás.  Comprendí que no era la voluntad de Dios que descubriera entonces el fondo de mi alma.  Dios me concedió esta gracia mas tarde.

Jesús mió, guía mi mente, toma posesión absoluta de todo mi ser, enciérrame en el fondo de Tu Corazón y protégeme del asalto del enemigo. En Ti toda mi esperanza. Habla a través de mi boca cuando yo, miseria absoluta, este con los poderosos y los sabios para que reconozcan que esta causa es Tuya y de Ti proviene.

Tinieblas y tentaciones.

Mi mente estaba extrañamente obscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él. Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada. Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria. Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aun más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mi el único camino que debía seguir y mi tabla de salvación. Cuando el sacerdote me explico que ésas eran las pruebas enviadas por Dios y que, “con el estado en que te encuentras no sólo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho,  es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas.” No obstante esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí. Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo sacramento y repetía esas palabras: Aunque me mates, yo confiaré en Ti. Me parecía que agonizaba en aquellos dolores. El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para que empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para que mortificarme y anonadarme? ¿Para que hacer votos? ¿Para que rezar? ¿Para que sacrificarme e inmolarme? ¿Para que ofrecerme como victima en cada paso? ¿Para que, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para que estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón.

Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mi Tu voluntad, oh Señor y Dios mío, y yo glorificaré Tu infinita misericordia. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos. De repente vi. a Jesús que me dijo: Yo estoy siempre en tu corazón. Un gozo inconcebible inundó mi alma y llenó de gran amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar. Oh, no temo nada; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aun mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor.

Oh Maria, Madre y Señora mía. Te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi vida y mi muerte y todo lo que vendrá después de ella. Pongo todo en tus manos, oh mi Madre. Cubre mi alma con tu manto virginal y concédeme la gracia de la pureza de corazón, alma y cuerpo. Con tu poder defiéndeme de todo enemigo, especialmente de aquellos que esconden su malicia bajo una máscara de virtud. Oh Espléndida Azucena, Tu eres mi espejo, oh mi Madre.

Jesús, Divino prisionero del amor, cuando considero Tu amor y como Te has anonadado por mi, mis sentidos desfallecen. Encubres Tu Majestad inconcebible y Te humillas rebajándote a mi, un ser miserable. Oh Rey de la Gloria, aunque ocultas Tu hermosura, el ojo de mi alma desgarra el velo. Veo a los coros de ángeles que te honran incisamente y a todas las potencias celestiales que Te alaban sin cesar y que Te dicen continuamente: Santo, Santo, Santo.

Oh ¿Quién comprenderá Tu amor y Tu misericordia insondable hacia nosotros? Oh prisionero del amor, encierro mi pobre corazón en este tabernáculo para adorarte sin cesar día y noche.  No se de ninguna objeción a esta adoración, y aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón esta siempre Contigo.  Nada puede impedir mi amor hacia Ti.  No existe ningún obstáculo para mí.  Oh Jesús Te consolare por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios.  Oh Jesús, deseo arder como victima pura y anonadada delante del trono de Tu escondite.  Te ruego incesantemente por los pecadores agonizantes.

Oh Santa Trinidad, Dios Uno e Indivisible, bendito seas por este gran regalo y testamento de misericordia. Oh Jesús mío, para compensarte por los blasfemos, callaré cuando me reprendan injustamente, para satisfacerte aunque sea en una pequeña parte. En mi alma Te estoy cantando continuamente un himno y nadie lo puede sospechar ni entender. El canto de mi alma lo conoces sólo Tú, oh Creador y Señor mío.

No me dejare arrebatar por el trabajo hasta el punto de olvidarme a Dios. Pasare todos los momentos libres a los pies del Maestro oculto en el Santísimo Sacramento. Él me enseña desde los años más tiernos.

Escribe esto: Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombre este signo en el cielo.

Se apagara toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra.  Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminaran la tierra.  Eso sucederá poco tiempo antes del ultimo día.

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de Misericordia para nosotros,  en Ti confío. Vilna, 2 VIII 1934

El viernes, después de la Santa Comunión fui trasladada en espíritu delante del trono de Dios. Delante del trono de Dios vi. las Potencias Celestiales que adoran a Dios sin cesar. Más allá del trono vi. una claridad inaccesible a las criaturas; allí entra solamente el Verbo Encarnado como Intercesor. Cuando Jesús entro en esa claridad, oí estas palabras: Escribe en seguida lo que vas a oír: Soy el Señor en Mi Esencia y no conozco mandatos ni necesidades. Si llamo a las criaturas a la vida, esto es el abismo de Mi misericordia. En aquel mismo momento me vi. en nuestra capilla, como antes en mi reclinatorio. La Santa Misa terminó. Ya tenía escritas estas palabras.

Cuando vi. cuanto mi confesor debía sufrir a causa de la obra que Dios realizaba a través de el, me espanté durante un momento y dije al Señor Jesús, después de todo esta obra es Tuya, pues ¿por qué Te portas con él de tal modo que parece que se la dificultas, mientras exiges que la lleve adelante? Escribe que día y noche Mi mirada descansa sobre él y permito estas contrariedades para multiplicar sus meritos.  Yo no recompenso por el resultado positivo sino por la paciencia y el trabajo emprendido por Mí. Vilna, 26 X 1934, Viernes

Cuando iba con las alumnas de la huerta a cenar, eran las seis menos diez, vi. al Señor Jesús encima de nuestra capilla bajo la misma apariencia que tenía cuando lo había visto por primera vez. Tal y como está pintado en esta imagen. Esos dos rayos que salían del Corazón de Jesús, envolvieron nuestra capilla y la enfermería y después toda la ciudad y se extendieron sobre el mundo entero. Eso duro quizás unos cuatro minutos y desapareció. Una de las jovencitas que estaba junto a mí, un poco detrás de las otras, también vio esos rayos, pero no vio a Jesús ni vio de donde esos rayos salían. Quedo muy impresionada y lo contó a otras muchachas. Las muchachas empezaron a reírse de ella, diciendo que fue una alucinación o tal vez la luz de un aeroplano, pero ella se obstinaba fuertemente en su opinión y decía que nunca en su vida había visto tales rayos. Cuando las jovencitas le reprochaban que a lo mejor era un reflector, ella contesto que conocía la luz del reflector. Rayos como aquellos nunca los había visto. Después de la cena esa muchacha se dirigió a mí y me dijo que esos rayos la habían impresionado tanto que no conseguía calmarse; habría hablado continuamente de ello, sin embargo no vio al Señor Jesús. Y me recordaba esos rayos sin cesar poniéndome así en cierta dificultad, dado que no le podía decir que había visto al Señor Jesús. Oré por esa querida alma pidiendo que el Señor le concediera las gracias que ella tanto necesitaba. Mi corazón se alegró porque Jesús Mismo se hace conocer en su obra. Aunque por ese motivo tuve grandes disgustos, no obstante por Jesús se puede soportar todo.

Cuando fui a la adoración, sentí la cercanía de Dios. Después de un momento vi. a Jesús y a Maria. Esta visión llenó mi alma de alegría y le pregunté al Señor: ¿Cuál es tu voluntad, Jesús, en esta cuestión en la que el confesor me ordena preguntar? Jesús me contestó: Es Mi voluntad que esté aquí y que no se dispense a sí mismo. Y pregunté a Jesús si estaba bien la inscripción: “Cristo, rey de Misericordia”, Jesús me contestó: Soy Rey de Misericordia, y no dijo “Cristo”. Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de Pascua de Resurrección. Ese domingo es la Fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado doy a conocer el abismo de Mi misericordia.

Sucedió que, tal y como el Señor había pedido, el primer acto de veneración a esta imagen por parte del publico tuvo lugar el primer domingo después de Pascua. Durante tres días la imagen estuvo expuesta en publico, y recibió la veneración publica porque había sido colocada en Ostra Brama, en un ventanal, en lo alto, por eso se la veía desde muy lejos. Durante esos tres días en Ostra Brama fue celebrada con solemnidad la clausura del Jubileo de la Redención del Mundo, el 19 centenario de la Pasión del salvador. Ahora veo que la obra de la Redención esta ligada a la obra de la misericordia que reclama el Señor.

Un día vi. interiormente lo mucho que iba a sufrir mi confesor. Los amigos lo abandonarán y todos se opondrán a usted y las fuerzas físicas disminuirán. Lo vi. como un racimo de uva elegido por el Señor y arrojado bajo la prensa de los sufrimientos, su alma. Padre, en algunos momentos estaré llena de dudas respecto a mi y a esta obra. Y vi como si Dios Mismo le fuera contrario, y pregunté al Señor ¿por qué se portaba así con el?, como si le dificultara lo que le encomendaba. Y el Señor dijo: Me porto así con el para dar testimonio de que esta obra es Mía. Dile que  no tenga miedo de nada, Mi mirada esta puesta en él, día y noche. En su corona habrá tantas coronas cuantas almas se salvaran a través de esta obra. Yo no premio por el éxito en el trabajo sino por el sufrimiento.

Jesús mío, Tu solo sabes cuantas persecuciones sufro, y solamente porque Te soy completamente fiel a Ti y a Tus órdenes.  Tú eres mi fuerza; apóyame para que siempre cumpla con fidelidad todo lo que exiges de mí.  Yo, por mi misma, no puedo hacer nada, pero si Tú me apoyas, todas las dificultades son nada para mí.  Oh Señor, veo que desde el primer momento en que mi alma recibió la capacidad de conocerte, mi vida es una lucha continua y cada vez mas violenta.  Cada mañana durante la meditación me preparo para la lucha de todo el día, y la Santa Comunión es mi garantía de que venceré, y así sucede.  Temo el día en que no tenga la Santa Comunión,.  Este Pan de los fuertes me da toda la fuerza para continuar esta obra y tengo el valor de cumplir todo lo que exige el Señor.  El valor y la fortaleza que están en mi no son míos sino de quien habita en mi, la Eucaristía.  Jesús mío, ¡que grandes son las incomprensiones! A veces, si no tuviera la Eucaristía, no tendría la fuerza para seguir el camino que me has indicado.

La humillación es mi alimento cotidiano. Comprendo que la esposa acepta todo lo que atañe a su Esposo, por eso la vestimenta del desprecio que lo ha cubierto a Él debe cubrirme a mí también. En los momentos en que sufro mucho, trato de callarme, porque desconfío de la lengua que en esos momentos es propensa a hablar de si misma, en lugar de servirme para alabar a Dios por todos los beneficios y dones que me han sido proporcionados. Cuando recibo a Jesús en la Santa Comunión, le ruego con fervor que se digne sanar mi lengua para que no ofrenda con ella ni a Dios ni al prójimo. Deseo que mi lengua alabe a Dios sin cesar. Grandes culpas se cometen con la lengua. Un alma no llegara a la santidad si no tiene cuidado con su lengua.

Resumen del Catecismo de los votos religiosos.

P. ¿Qué es un voto?

R.  El voto es una promesa hecha a Dios voluntariamente de realizar actos cada vez más perfectos.

P.   ¿Obliga el voto en la materia prescrita por los mandamientos?

R.   Si.  Realizar un acto en la materia prescrita por los mandamientos tiene doble valor y dobles meritos, mientras que descuidarlo es un delito doble y una maldad, porque si se quebranta un voto, entonces al pecado contra el mandamiento se agrega el pecado de sacrilegio.

P.    ¿Por que los votos religiosos tienen tan alto valor?

R.    Porque constituyen el fundamento de la vida religiosa, aprobada por la Iglesia, en la que los miembros unidos en una Comunidad religiosa, se comprometen a tender incesantemente a la perfección por medio de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, según la regla de la Congregación.

P.     ¿Qué significa tender hacia la perfección?

R.     Tender hacia la perfección significa que el estado religioso, por si solo, no exige la perfección ya adquirida, sino que obliga, bajo la pena de pecado, a un trabajo diario para alcanzarla.  Por lo tanto, un religioso que no quiere perfeccionarse, descuida la principal obligación de su estado.

P.  ¿Qué son los votos religiosos (solemnes)?

R.  Los votos religiosos (solemnes) son tan absolutos que sólo el Santo Padre puede dispensar de ellos y solamente en casos excepcionales.

P.  ¿Qué son los votos simples?

R.  Son los votos menos absolutos, de los votos perpetuos y anuales que dispensa la Santa Sede.

P. ¿Qué diferencia hay entre el voto y la virtud?

R.  El voto abarca solamente lo que es mandado por la regla, bajo la pena de pecado, mientras que la virtud se eleva más alto y facilita cumplir el voto, y en caso contrario, al quebrantar el voto se falta a la virtud y la daña.

P.  ¿A qué comprometen los votos religiosos?

R.  Los votos religiosos obligan a pretender alcanzar las virtudes y a la sumisión total a los Superiores y a la regla, con lo cual el religioso entrega su persona a favor de la Congregación, renunciando a todos los derechos sobre ella y sobre sus actividades que dedica al servicio de Dios.

El voto de Pobreza

El voto de pobreza es una renuncia voluntaria al derecho de propiedad o de su uso, para agradar a Dios.

P.  ¿A qué objetos se refiere el voto de pobreza?

R.  A todos los bienes y objetos pertenecientes a la Congregación.  A lo que uno ha entregado, objetos o dinero, como han sido aceptados, ya no tiene derecho.  Todas las limosnas o donaciones, que uno recibiría a titulo de agradecimiento u otro, pertenecen a la Congregación.  Todo ingreso por trabajo o incluso rentas, no pueden ser usadas sin violar el voto.

P.  ¿Cuándo se infringe o viola el voto según el séptimo mandamiento?

R.  Se infringe cuando sin permiso se toma para si o para alguien una cosa perteneciente a la casa; cuando sin permiso se guarda alguna cosa con la finalidad de apropiarse de ella; cuando sin autorización se vende o cambia alguna cosa perteneciente a la Congregación; cuando se usa una cosa con otra finalidad a la encomendada por el Superior; cuando se da o se recibe de alguien cualquier cosa sin permiso; cuando se destruye o estropea algo por negligencia; cuando al trasladarse de una casa a otra se lleva algo sin permiso.  En caso de infringir el voto de pobreza el religioso debe igualmente la restitución a la Congregación.

La virtud de la pobreza

Es una virtud evangélica que compromete al corazón a separarse de los bienes temporales a lo cual el religioso esta obligado estrictamente en virtud de su profesión.

P.?Cuando se peca contra la virtud de la pobreza?

R.  Cuando se desean cosas contrarias a esta virtud: cuando se toma apego a alguna cosa, cuando usa cosas superfluas.

P.  ¿Cuántos y cuáles son los grados de pobreza?

R.  En la practica de la profesión hay cuatro grados de pobreza: no disponer de nada sin depender de los Superiores (estricta materia del voto); evitar la opulencia, conformarse con lo indispensable (constituye la virtud); tender de buena gana a las cosas mas míseras y esto con la satisfacción interior; como la celda, la ropa, la comida, etcétera; estar contento de la escasez. El voto de castidad

P.  ¿A qué obliga este voto?

R.  A renunciar al matrimonio y a evitar todo lo que está prohibido por el sexto y el noveno mandamientos.

P.  ¿La falta contra la virtud es una violación del voto?

R.  Cualquier falta contra la virtud es a la vez una violación del voto, porque en esto no hay tal diferencia entre el voto y la virtud como en la pobreza y en la obediencia.

P.  ¿Todo pensamiento malo es pecado?

R.  No todo pensamiento malo es pecado, pero llega a serlo solamente cuando a la reflexión de la mente se una la conformidad de la voluntad y el consentimiento.

P.  ¿Además de los pecados contra la castidad hay algo mas que perjudica la virtud?

R.  La virtud se ve perjudicada por la falta de control de los sentidos de la imaginación, y de los sentimientos, la familiaridad y las amistades sentimentales.

P.  ¿Cuáles son los métodos para conservar la virtud?

R.  Combatir las tentaciones interiores con la presencia de Dios y además luchar sin temor.  En cuanto a las tentaciones exteriores, evitando las ocasiones.  En total hay siete métodos principales.  El primero, la guarda de los sentidos, y luego evitar las ocasiones, evitar el ocio, alejar prontamente las tentaciones, evitar cualquier amistad y especialmente las particulares, cultivar el espíritu de mortificación, revelar las tentaciones al confesor.

Además hay cinco medios para conservar la virtud:  la humildad, el espíritu de oración, la observancia de la modestia, la fidelidad a la regla, una devoción sincera a la Santísima Virgen Maria.

El voto de la obediencia

El voto de la obediencia es superior a los dos primeros, ya que en realidad es el que constituye el holocausto, y es el más necesario porque forma y mantiene en vida toda la estructura religiosa.

P.  ¿A qué obliga el voto de obediencia?

R.  Con el voto de obediencia el religioso promete a Dios obedecer a sus legítimos superiores en todo lo que le manden en virtud de la regla.  El voto de obediencia hace al religioso dependiente de su Superior en virtud de la regla durante toda su vida y en todos los asuntos.  El religioso comete un pecado grave contra el voto cada vez que no obedece una orden recibida en virtud de la obediencia o de la regla.

La virtud de la obediencia

La virtud de la obediencia va mas allá del voto, abarca la regla, los decretos, e incluso los consejos de los Superiores.

P.  ¿es necesaria al religioso la virtud de la obediencia?

R.  La virtud de la obediencia es tan necesaria al religioso que aunque obrase bien [pero] en contra de la obediencia, (sus actos) se convertirían en malos o sin merito.

P.  ¿Se puede pecar gravemente contra la virtud de la obediencia?

R.  Se peca gravemente si se desprecia la autoridad o la orden del Superior; si de la desobediencia resulta un daño espiritual o temporal para la Congregación.

P.  ¿Qué faltas ponen en peligro el voto?

R.  Los prejuicios y antipatías hacia el Superior, murmuraciones y críticas, la holgazanería y la negligencia.

Los grados de obediencia

Ejecución solicita y total.  La obediencia de la voluntad, cuando la voluntad impulsa al intelecto a someterse a la opinión del Superior.  San Ignacio da, además, tres métodos que facilitan la obediencia:  siempre ver a Dios en el Superior, cualquiera que sea; justificar interiormente la orden o la opinión del Superior; aceptar cada orden como si fuera de Dios, sin discutir y sin reflexionar.  El medio general – la humildad.  No hay nada difícil para una persona humilde.

Oh Señor mió, incendia mi amor hacia Ti, para que entre tormentas, sufrimientos y pruebas, no desfallezca mi espíritu. Tú ves que débil soy yo. El amor lo puede todo.

Un conocimiento más profundo de Dios y el terror del alma. Al principio Dios se hace conocer como santidad, justicia, bondad, es decir misericordia. El alma no conoce todo esto a la vez, sino singularmente en relámpagos, es decir en los acercamientos de Dios. Eso no dura mucho tiempo, porque no podría soportar esta luz. Durante la oración el alma recibe un relámpago de esta luz, que le imposibilita orar al alma como hasta entonces. Puede esforzarse cuanto quiera, y esforzarse a orar como antes, todo en vano, se hace absolutamente imposible continuar rezando como se rezaba antes de recibir esta luz. La luz que toco al alma, es viva en ella y nada la puede extinguir ni obscurecer. Este relámpago de conocimiento de Dios arrastra su alma e incendia el amor hacia Él. Pero a la vez este mismo relámpago permite al alma conocer lo que es y ella ve todo su interior en una luz superior y se levanta horrorizada y asustada. Sin embargo no permanece en aquel espanto, sino que empieza a purificarse y humillarse, postrarse ante el Señor, y estas luces se hacen más fuertes y más frecuentes; cuanto más cristalina se hace el alma, tanto mas penetrantes son estas luces. Sin embargo si el alma ha respondido fiel y resueltamente a estas primeras gracias, Dios la llena con sus consuelos y se entrega a ella de modo sensible. Entonces el alma entra casi en relación de intimidad con Dios y se alegra enormemente; piensa que ya ha alcanzado el grado designado de perfección, ya que los errores y los defectos están dormidos en ella y piensa que ya no los tiene. Nada le parece difícil, esta preparada para todo. Empieza a sumergirse en Dios y a disfrutar de las delicias de Dios. Es llevada por la gracia y no se da cuenta en absoluto de que puede llegar el momento de la prueba y de la lucha. Y en realidad este estado no dura mucho tiempo. Llegaran otros momentos, pero debo mencionar que el alma responde con mas fidelidad a la gracia de Dios si tiene un confesor experimentado a quien confía todo.

Pruebas enviadas por Dios a un alma particularmente amada. Tentaciones y oscuridades: Satanás. El amor del alma no es todavía como Dios lo desea.  De repente el alma pierde la presencia de Dios.  Se manifiestan en ella distintas faltas y errores con los cuales tiene que llevar a cabo una lucha encarnizada.  Todos los errores levantan la cabeza, pero su vigilancia es grande.  En el lugar de la anterior presencia de Dios ha entrado la aspereza y la sequía espiritual, no encuentra satisfacción en los ejercicios espirituales, no puede rezar, ni como antes, ni como oraba ahora.  Lucha por todas partes y no encuentra satisfacción.  Dios se le ha escondido y ella no encuentra satisfacción en las criaturas, y ninguna criatura sabe consolarla.   El alma desea a Dios apasionadamente, pero ve su propia miseria, empieza a sentir la justicia de Dios.  Ve como si hubiera perdido todos los dones de Dios, su mente esta como nublada, la oscuridad envuelve toda su alma, empieza un tormento inconcebible.  El alma ha intentado presentar su estado al confesor, pero no ha sido comprendida.  Se hunde en una inquietud aun mayor.  Satanás comienza su obra.

La fe queda expuesta al fuego, la lucha es dura, el alma hace esfuerzos, persevera junto a Dios con un acto de voluntad. Con el permiso de Dios, Satanás sigue mas adelante, la esperanza y el amor están puestos a prueba. Estas tentaciones son terribles, Dios sostiene al alma ocultamente. Ella no lo sabe, ya que de otra forma no podría resistir. Y Dios sabe lo que puede mandar al alma. El alma es tentada de incredulidad respecto a las verdades reveladas, a la falta de sinceridad frente al confesor. Satanás le dice: Mira, nadie te comprenderá ¿para que hablar de todo esto? En sus oídos suenan las palabras de las cueles ella queda aterrorizada y le parece que las pronuncia contra Dios. Ve lo que no le gustaría ver. Oye lo que no quiere oír, y es terrible no tener en tales momentos al confesor experto. Ella soporta solo todo el peso; pero dentro de lo que está en su poder, debe buscar a un confesor bien informado, porque puede quebrarse bajo este peso, y ocurre con frecuencia que esta al borde del abismo. Todas estas pruebas son duras y difíciles. Dios no las da a un alma que anteriormente no haya sido admitida a una comunión mas profunda con Él, y no haya disfrutado de las dulzuras del Señor, y también Dios tiene en eso sus fines insondables para nosotros. Muchas veces Dios prepara de modo semejante al alma a los designios futuros y a grandes obras. Y quiere probarla como oro puro, pero éste no es todavía el fin de la prueba. Existe todavía la prueba de las pruebas, esto es [sentir] el rechazo total por parte de Dios. La aprueba de las pruebas, el abandono absoluto – la desesperación.

Cuando el alma sale victoriosa de las pruebas anteriores, aunque quizás tropezando, pero sigue luchando y con profunda humildad clama al Señor: Sálvame porque perezco. Y esta todavía en condiciones de luchar.

Ahora una terrible oscuridad envuelve al alma.  El alma ve dentro de si solamente pecados.  Lo que siente es terrible.  Se ve completamente abandonada de Dios, siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación.  Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella un tormento todavía mayor, le parece que empuja a Dios a una mayor ira.  Esta colocada en un altísimo pico que se encuentra sobre un precipicio.

El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada.  Todos los tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios.  Nadie la puede aliviar.  Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa.  Levanta los ojos al cielo, pero sabe que no es para ella, todo esta perdido para ella.  De una oscuridad cae en una oscuridad aun mayor, le parece que ha perdido a Dios para siempre, a ese Dios que tanto amaba.  Este pensamiento le produce un tormento indescriptible.  Sin embargo no se conforma con eso, intenta mirar al cielo, pero en vano; eso le causa un tormento todavía mayor.

Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas. Este rechazo por parte de Dios ella lo siente muy vivamente, de modo terrorífico. De su corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que ningún sacerdote los puede comprender si no lo ha pasado el mismo. En esto el alma padece todavía sufrimientos por parte del espíritu maligno. Satanás se burla de ella: Ves, ¿seguirás siendo fiel? He aquí la recompensa, estas en nuestro poder. Pero Satanás tiene tanto poder sobre aquella alma cuanto Dios permite: Dios sabe cuánto podemos resistir. ¿Y qué has ganado por haberte mortificado? ¿Y qué has conseguido siendo fiel a la regla? ¿A qué todos estos esfuerzos? Estás rechazada por Dios. La palabra “rechazada” se convierte en fuego que penetra cada nervio hasta la medula de los huesos. Traspasa todo su ser por completo. Viene el momento supremo de la prueba. El alma ya no busca ayuda en ninguna parte, se encierra en si misma y pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento de rechazo. Es un momento que no sé definir. Es la agonía del alma. Cuando ese momento empezó a acercarse a mí por primera vez, fui liberada de él en virtud de la santa obediencia. La Maestra de novicias al verme se asustó y me mandó a confesarme; pero el confesor no me entendió, no experimenté siquiera una sombra de alivia. Oh Jesús, danos sacerdotes con experiencia.

Cuando dije que experimentaba en mi alma tormentos del infierno, me contestó que él estaba tranquilo por mi alma, porque veía en mi alma una gran gracia de Dios.  Sin embargo yo no comprendí nada de eso y ni un pequeño rayo de luz penetro en mi alma.

Ahora ya empiezo a sentir la falta de las fuerzas fisicas y ya no llego a cumplir las Tareas.  Ya no puedo ocultar los sufrimientos: aunque no digo ni una palabra de lo que sufro, no obstante el dolor que se refleja en mi rostro, me delata y la Superiora ha dicho que las hermanas vienen a ella y le dicen que cuando me ven en la capilla, sienten compasión por mi, tan espantoso es el aspecto que tengo.  Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el alma no es capaz de ocultar este sufrimiento.

Jesus, solo Tu sabes como el alma gime en estos tormentos, sumergida en la oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados tienen sed del agua. Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir no puede morir. Sus esfuerzos son nada; esta bajo una mano poderosa. Ahora su alma pasa bajo el poder del Justo. Cesan todas las tentaciones externas, calla todo lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene alrededor, toda su alma esta recogida bajo el poder del justo y tres veces santo Dios. Rechazada por la eternidad. Este es el momento supremo y solamente Dios puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de soportarla. Cuando el alma ha sido compenetrada totalmente por este fuego infernal, cae en la desesperación. Mi alma experimentó este momento cuando estaba sola en la celda. Cuando el alma comenzo a hundirse en la desesperación, senti que esstaba llegando mi agonia, entonces cogi un pequeño crucifijo y lo estreché fuertemente en la mano; senti que mi cuerpo iba a separarse del alma y aunque deseaba ir a las Superioras, no tenia ya las fuerzas fisicas, pronuncie las ultimas palabras, confio en Tu misericordia, y me parecio que había impulsado a Dios a una ira aun mayor, y me hundi en la desesperacin, y solamente de vez en cuando de mi alma irrumpia un gemido doloroso, un gemido sin consuelo. El alma en la agonia. Y me parecia que ya me quedaria en ese estado, porque no habria salido de él con mis propias fuerzas. Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra mas. El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento nuevo. Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su alma.

Despues de un largo momento, al entrar en la celda una de las hermanas me encontró casi muerta. Se asustó y fue a la Maestra que en virtud de la santa obediencia me ordenó levantarme del suelo y en seguida senti las fuerzas fisicas, y me levanté del suelo temblando toda. La Maestra se dio cuenta inmediatamente del estado de mi alma, me habló de la inconcebible misericordia de Dios y dijo: No se preocupe por nada, hermana, se lo ordeno en virtud de la santa obediencia. Y continuó: Ahora veo que Dios la llama a una gran santidad, el Señor la desea tener cerca de sí, permitiendo estas cosas, tan pronto. Sea fiel a Dios, hermana, porque esto es una señal de que la quiere tener en lo alto del cielo. Pero yo no entendí nada de estas palabras.

Al entrar en la capilla, senti como si todo se hubiera alejado de mi alma; como si yo hubiera salido recientemente de la mano de Dios, senti que mi alma era intangible, que yo eera una niña pequeña. De repente vi interiormente al Señor quien me dijo:  No tengas miedo, hija Mia, Yo estoy contigo.   En aquel mismo momento desaparecieron todas las tinieblas y los tormentos, los sentidos fueron inundados de una alegría inconcebible, las facultades del alma coladas de luz.

Quiero decir también que, aunque mi alma ya estaba bajo los rayos de su amor, no obstante, las huellas del suplicio soportado quedaron en mi cuerpo dos días más. El rostro pálido como de una muerta y los ojos inyectados de sangre. Solo Jesús sabe lo que sufrí.  Comparado con la realidad, es pálido lo que he escrito.  No sé expresarlo, me parece que he vuelto del mas allá.  Siento aversión a todo lo que esta creado.  Me abrazo al Corazón de Dios, como el niño recién nacido al pecho de su madre.  Miro todo con ojos distintos.  Estoy consciente de lo que el Señor ha hecho en mi alma con una palabra; de esto vivo.  El recuerdo del martirio sufrido me da escalofríos.  No hubiera creído que es posible sufrir tanto si yo mismo no lo hubiera pasado.  Es un sufrimiento totalmente espiritual.

Sin embargo, en todos estos sufrimientos y combates no abandoné la Santa Comunión.  Cuando me pareció que no debía recibirla, entonces iba a ver a la Maestra y le decía que no podía ir a la Santa Comunión, que me parecía que no debía recibirla.  Sin embargo ella no me permitía abandonar la Santa Comunión; y yo iba a recibirla, y me daba cuenta de que solo la obediencia me había salvado. La Maestra misma me dijo después que “estas experiencias habían pasado pronto solamente porque usted, hermana, fue obediente.  [Fue por] el poder de la obediencia que usted pasó tan valientemente [la prueba].”  Es verdad que el Señor mismo me liberó de este suplicio, pero la fidelidad a la obediencia le agradó.

Aunque estas cosas son espantosas, no obstante ningún alma debería asustarse demasiado, porque Dios nunca da por encima de lo que podemos soportar.  Y por otra parte, quizás nunca nos dé a nosotros suplicios semejantes, y lo escribo porque si el

Señor quiere llevar un alma a través de tales sufrimientos, que no tenga miedo, sino que sea fiel a Dios en todo lo que depende de ella. Dios no hará daño al alma, porque es el Amor Mismo y por este amor inconcebible la llamó a la existencia. Pero cuando yo me encontraba angustiada, no lo comprendía.

Oh Dios mío, he conocido que no soy de esta tierra, el Señor me lo ha inculcado en mi alma, en alto grado.  Estoy presente más en el cielo que en la tierra, aunque no descuido en nada mis deberes.

En esos momentos no tenía al director espiritual y no conocía ninguna dirección.  Rogaba al Señor, pero no me daba ningún director.  Jesús Mismo es mi Maestro desde la niñez hasta ahora.  Me ha conducido a través de todas las selvas y todos los peligros; veo claramente que solamente Dios pudo llevarme por un peligro tan grande sin ningún daño ni perjuicio y mi alma quedó intacta y vencía siempre todas las dificultades que eran inimaginables.  Salía.  Sin embargo el Señor me dio el director, pero más tarde.

Después de esos sufrimientos el alma se encuentra en gran pureza de espíritu y en una gran cercanía con Dios, aunque tengo que decir que durante los tormentos espirituales, ella está cerca de Dios, pero está ciega.  La mirada de su alma está envuelta en tinieblas y Dios está mas cerca de esta alma sufriente, pero todo el secreto está precisamente en que ella no lo sabe.  No sólo afirma que dios la ha abandonado, sino que dice ser el objeto de su odio.  ¡Qué enfermedad tan grave de la vista del alma que deslumbrada por la luz de Dios, afirma que Él está ausente, mientras es tan fuerte que la ciega!  Sin embargo, conocí después que Dios está más cerca de ella en aquellos momentos que en cualquier otra circunstancia, ya que con la ayuda normal de la gracia no podría superar las pruebas.  La omnipotencia de Dios y una gracia extraordinaria operan aquí, porque al no ser así, sucumbiría bajo el primer golpe.

Oh Divino Maestro, esto es solamente Tú obra en mi alma.  Tú, oh Señor, no temes poner al alma al borde de un abismo terrible, donde ella se asusta y tiene miedo y Tú vuelves a llamarla.  Estos son Tus misterios inconcebibles.

Cuando en estos tormentos del alma trataba de acusarme en la confesión de los detalles mas pequeños, aquel sacerdote se extrañó de que no cometía faltas mas graves y me dijo las siguientes palabras:  Si en estos tormentos, hermana, usted es tan fiel a Dios, esto ya me da prueba de que Dios la sostiene con su gracia particular y si usted no lo entiende, no se preocupe.  Es extraño, sin embargo, que en estas cosas los confesores no pudieran ni comprenderme, ni tranquilizarme, hasta el encuentro con el Padre Andrasz y luego con el Padre Sopocko.

Algunas palabras sobre la confesión y los confesores.  Recordaré solamente lo que experimenté y viví en mi propia alma.  Hay tres cosas por las cuales el alma no saca provecho de la confesión en aquellos momentos excepcionales. La primera es que el confesor conoce poco los caminos extraordinarios y muestra asombro si un alma le revela los grandes misterios que Dios realiza en el alma.  Este asombro suyo pone en alarma a un alma sutil, y advierte que el confesor está indeciso en expresar su opinión; y si el alma nota esto, no se tranquiliza, sino que tiene aun mas dudas después de la confesión de cuantas tenia antes de ella, porque siente que el confesor la tranquiliza, [pero] él mismo no está seguro.  O bien, lo que me ha ocurrido a mí, que el confesor, sin poder penetrar algunos misterios del alma, le rehúsa la confesión, muestra un cierto temor al acercarse esa alma a la rejilla.  ¡Cómo puede un alma en tal estado, adquirir tranquilidad en el confesionario, visto que es tan sensible a cada palabra del confesor!.  Según mi parecer, en estos momentos de visitas especiales de Dios en el alma, si el sacerdote no la entiende, debería referirla a un confesor con experiencia y conocimiento, o él mismo adquirir luces para dar al alma lo que ella necesita, y no rehusarle simplemente la confesión, porque de este modo la expone a un gran peligro y mas de un alma puede abandonar el camino, en el cual Dios quería tenerla de modo particular.  Es una cosa de gran importancia, porque yo misma lo experimenté, esto es que ya empezaba a vacilar a pesar de estos singulares dones de Dios; aunque Dios Mismo me tranquilizaba, no obstante deseaba siempre tener el sello de la Iglesia.

La segunda cosa es que el confesor no permite expresarse sinceramente, manifiesta la impaciencia.  El alma entonces se calla y no dice todo y por lo tanto no saca provecho, cuando sucede que el confesor empieza a someter al alma a pruebas, y sin conocerla, en vez de ayudarle, le hace daño.  Y eso porque ella sabe que el confesor no la conoce, dado que no le ha permitido revelarse completamente en cuanto a las gracias, ni tampoco en cuanto a la miseria.  Pues la prueba no es apropiada.  Tuve algunas pruebas de las cuales me reí.  Expresaré mejor esto con las palabras de que el confesor es el médico del alma, y, ¿cómo el médico, sin conocer la enfermedad, puede dar una medicina apropiada?  Nunca.  Porque no tendrá ningún efecto deseado, o le recetará demasiado fuerte y agravará la enfermedad y a veces, Dios no lo quiera, puede provocar la muerte, porque [es] demasiado fuerte.  Lo digo por experiencia, que en algunos casos fue Dios Mismo que me sostenía.

La tercera cosa es que, a veces el confesor da poca importancia a las cosas pequeñas.  En la vida espiritual no hay nada pequeño.  A veces, una cosa aparentemente pequeña descubre algo de gran importancia, y para el confesor es un haz de luz para conocer al alma.  Muchos matices espirituales se esconden en cosas pequeñas. No se levantará jamás un magnifico edificio si tiramos los ladrillos pequeños.  De ciertas almas Dios exige una gran pureza, pues les envía un conocimiento mas profundo de la miseria.  Iluminadas con la luz que viene de lo alto, conocen mejor lo que agrada a Dios y lo que no le agrada.  El pecado es según el conocimiento y la luz del alma, lo mismo también las imperfecciones, aunque ella sabe que lo que se refiere estrictamente al sacramento es el pecado.  Pero estas pequeñas cosas tienen una gran importancia en la aspiración hacia la santidad y el confesor no las puede menospreciar.  La paciencia y la benevolencia del confesor abren el camino a los más profundos secretos del alma.  El alma casi inconscientemente revela la profundidad abismal y se siente más fuerte y más resistente, ahora lucha con más valor, hace más esfuerzos, porque sabe que debe rendir cuenta de ello.

Recordaré una cosa más respecto al confesor. En ocasiones tiene que experimentar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que conocer si está tratando con la paja o con el hierro, o con el oro puro. Cada una de estas tres almas necesita ejercitarse de un modo diferente. El confesor debe necesariamente formarse una opinión clara de cada una, para saber lo que puede soportar en determinados momentos, circunstancias y casos. En cuanto a mí, después de muchas experiencias, cuando me di cuenta de no ser comprendida, no revelaba mi alma y no turbaba mi tranquilidad. Pero esto sucedió solo, desde el momento en que todas estas gracias estaban bajo el juicio del confesor con discernimiento, instruido y con experiencia. Ahora se como comportarme en ciertos casos.

Y deseo nuevamente decir tres palabras al alma que desea decididamente tender hacia la santidad y obtener frutos, es decir, provechos de la confesión. La primera, total sinceridad y apertura.  El más santo y más sabio confesor no puede infundir por la fuerza en el alma lo que él desea si el alma no es sincera y abierta.  El alma insincera, cerrada se expone a un gran peligro en la vida espiritual y el Señor Jesús Mismo no se ofrece a tal alma de modo superior, porque sabe que ella no sacaría ningún provecho de estas gracias particulares. La segunda palabra, la humildad. El alma no saca el debido provecho del sacramento de la confesión si no es humilde.  La soberbia mantiene al alma en la oscuridad.  Ella no sabe y no quiere penetrar exactamente en lo profundo de su miseria, se enmascara y evita todo lo que la debería sanar. La tercera palabra es la obediencia.  El alma desobediente no conseguirá ninguna victoria, aunque el Señor Jesús Mismo la confiese directamente.  El más experto confesor no ayudará nada a tal alma.  El alma desobediente se expone a gran peligro y no progresará nada en la perfección y no se defenderá en la vida espiritual.  Dios colma generosamente con gracias al alma, pero al alma obediente.

Oh, ¡qué gratos son los himnos que fluyen de un alma víctima!  Todo el cielo queda admirado por tal alma, especialmente si es probada por Dios.  Ella dirige hacia Él sus nostálgicos lamentos.  Su belleza es grande, porque fluye de Dios.  Camina por la selva de la vida herida por el amor divino.  Toca la tierra con un solo pie.

El alma, al salir de aquellos tormentos, es profundamente humilde. La pureza de su alma es grande.  Sin reflexionar, en cierto modo, ella sabe mejor lo que conviene hacer en un momento determinado y lo que conviene abandonar.  Siente el más delicado toque de la gracia y es muy fiel a Dios.

Ella reconoce a Dios desde lejos y goza de Dios incesantemente.  En muy poco tiempo descubre a Dios en las almas de otras personas y en general en su alrededor.  Al alma es purificada por Dios Mismo.  Dios, como puro Espíritu, introduce al alma en la vida puramente espiritual.  Dios Mismo primero preparó y purificó a esta alma, es decir la hizo capaz para una estrecha convivencia con Él.  De modo espiritual ella esta en la comunión con el Señor en un descanso de amor.  Habla con el Señor sin uso de los sentidos.  Dios llena al alma con su luz.  Su mente, iluminada, ve claramente y distingue los grados en esta vida espiritual.  Ve como se unía a Dios de un modo imperfecto, cuando participaban los sentidos y la espiritualidad estaba unida a los sentidos, aunque de una manera ya superior y especial, no obstante imperfecta.  Existe la unión con el Señor superior y más perfecta, es decir la intelectual.  Aquí el alma se ve más protegida de las ilusiones, su espiritualidad es más profunda y más pura.  En una vida donde intervienen los sentidos, uno está más expuesto a las ilusiones.  Debería ser mayor la prudencia de ella misma del alma y de los confesores.  Hay momentos, en los cuales Dios introduce al alma en el estado puramente espiritual.  Los sentidos se apagan y están como muertos.   El alma está unida a Dios de manera mas intima posible, está sumergida en la divinidad, su conocimiento es total y perfecto, no parcial, como antes, sino general y completo.  Se deleita en ello.  Pero quiero hablar todavía de los momentos de la prueba.  En tales momentos es necesario que los confesores tengan paciencia con esa alma.  Pero la mayor paciencia la debe tener el alma consigo misma.

Oh Jesús mió, Tú sabes lo que experimenta mi alma al recordar aquellos tormentos.  Más de una vez me he extrañado de que los Ángeles y los santos queden silenciosos cuando un alma soporta semejantes sufrimientos.  Sin embargo ellos nos aman muy especialmente en tales momentos.  Más de una vez mi alma gritó hacia Dios, como un niño pequeño grita con todas sus fuerzas cuando la madre tapa su rostro y él no la puede reconocer.  Oh Jesús mío, por esas pruebas de amor, sea gloria y honor a Ti.  Tu misericordia es grande e inconcebible.  Oh Señor, todos Tus proyectos respecto a mi alma están llenos de Tu misericordia.

Recordaré aquí que los que conviven con tal persona no deben agregar sufrimientos exteriores, ya que de verdad cuando el alma tiene el cáliz lleno hasta el borde, a veces justamente esta gota que nosotros agregamos a su cáliz, será aquella que sobra y rebosara el cáliz de la amargura.  ¿Y quien responde por aquella alma?  Guardémonos de agregar sufrimientos a los demás, porque eso no agrada al Señor.  Si las hermanas o las Superioras supieran o sospecharan que el alma dada está soportando esas pruebas y a pesar de eso, por su parte le agregaran sufrimientos, pecarían mortalmente y Dios Mismo pediría por esta alma.  No hablo aquí de los casos que por [su] naturaleza son pecados, sino que hablo de algo que en otro momento sería pecado.  Tengamos cuidado de tener a aquellas almas sobre nuestra conciencia.  Es un gran defecto de la vida religiosa y de la vida en general que, al ver a un alma en sufrimiento, siempre se tiene ganas de agregarle aun más.  No hablo de todos, pero sí existen.  Nos permitimos hacer juicios de todo tipo y hablamos allí donde muchas veces no deberíamos repetirlo.

La lengua es un órgano pequeño, pero hace cosas grandes.  Una religiosa que no es callada, nunca llegará a la santidad, es decir no será santa.  No se haga ilusiones; a no ser que el Espíritu de Dios hable por ella, en tal caso no debe callar.  Pero para poder oír la voz de Dios, hay que tener la serenidad en el alma y observar el silencio, no un silencio triste, sino un silencio en el alma, es decir al recogimiento en Dios.  Se pueden decir muchas cosas sin interrumpir el silencio  y, al contrario, se puede hablar poco y romper continuamente el silencio.  Oh, que daños irreparables causa no guardar el silencio. Se hace muchos daños al prójimo, pero sobre todo a su propia alma.

Según mi opinión y mi experiencia, la regla del silencio debería estar en el primer lugar.  Dios no se da a una alma parlanchina, que como un zángano en la colmena zumba mucho, pero no produce miel.  El alma hablantina está vacía en su interior.  No hay en ella ni virtudes fundamentales, ni intimidad con Dios.  Ni hablar de una vida mas profunda, ni de una paz dulce, ni del silencio en el que mora Dios.  El alma sin gustar la dulzura del silencio interior, es un espíritu inquieto y perturba este silencio en los demás.  Vi a muchas almas en los abismos infernales por no haber observado el silencio.  Ellas mismas me lo dijeron cuando las pregunté cuál había sido la causa de su ruina.  Eran almas consagradas.  Oh Dios mío, qué dolor al pensar que podrían estar no solamente en el paraíso, sino hasta ser santas.  Oh Jesús, Misericordia, tiemblo al pensar que debo rendir cuenta de la lengua, en la lengua está la vida, pero también la muerte, a veces con la lengua matamos, cometemos un verdadero asesinato ¿Y podemos considerar esto como una cosa pequeña?  De verdad, no entiendo estas conciencias.  Conocí a una persona que, al enterarse por otra de cierta cosa que se decía de ella… se enfermó gravemente, perdió allí mucha sangre y muchas lágrimas y luego vino una triste consecuencia, no causada por la espada sino por la lengua.  Oh mi Jesús

He pasado al tema del silencio, pero no quiero hablar de esto, sino de la vida del alma con Dios y de su respuesta a la gracia.  Cuando el alma ha sido purificada y el Señor está en relación de intimidad con ella, ahora se concentra toda la fuerza del alma en tender hacia Dios.  Pero ella de por sí no puede nada.  Aquí solamente Dios arregla todo, el alma lo sabe y está consciente de ello.  Ella vive todavía en el destierro y comprende bien que [puede] haber todavía días nublados y lluviosos, pero ella debe mirar todo esto con la actitud distinta a la mantenida hasta ahora.  No se refugia en una paz engañosa, sino que se dispone a la lucha.  Ella sabe que es de la estirpe guerrera.  Ahora se da cuenta mejor de todo.

Una serie de gracias que Dios derrama sobre el alma después de aquellas pruebas de fuego.  Goza de una estrecha unión con Dios. Tiene muchas visiones sensibles y espirituales, oye muchas palabras sobrenaturales y a veces órdenes precisas; pero a pesar de estas gracias, no se basta a sí misma.  Tanto menos precisamente, porque Dios la visita con estas gracias, debido a que está expuesta a varios peligros y puede fácilmente caer en la ilusión.  Debería pedir a Dios un guía espiritual, pero no solamente pedir un guía, sino que solicitar y buscar a un director que entienda las cosas como el caudillo que tiene que conocer los caminos por los cuales conduce a la batalla.  A un alma que está unida a Dios, es necesario prepararla para grandes y encarnizados combates.

Después de estas purificaciones y pruebas, Dios trata con el alma de modo especial, pero el alma no siempre colabora con estas gracias.  No porque ella misma de por si no quiera colaborar, sino que enfrenta tan grandes dificultades interiores y exteriores que, de verdad, hace falta un milagro para que esa alma se mantenga a estas alturas.  Aquí necesita obligatoriamente al director.  A menudo llenaban mi alma de dudas y algunas veces [mi alma] se asustaba de por sí, al pensar que después de todo yo era una ignorante, no entendía muchas cosas y menos todavía las cosas espirituales.  No obstante, cuando las dudas aumentaban, buscaba luz en un confesor o en las Superioras.  Pero no obtenía lo que deseaba.

Cuando me descubrí ante las Superioras, una de ellas conoció mi alma y el camino por el cual Dios quería conducirme.  Siguiendo sus indicaciones, empecé a avanzar rápidamente en el camino de la perfección.  Sin embargo eso no duró mucho tiempo.  Al descubrir mi alma mas a fondo, no recibí lo que deseaba y a la Superiora estas gracias le parecieron inverosímiles, así que ya no pude obtener nada de ella.  Me decía que no era posible que Dios conviviera tan íntimamente con una criatura.  Yo temo por usted, hermana, si acaso no sea alguna ilusión. Tomé consejo de un sacerdote. Pero el confesor no me entendió y dijo:  Es mejor que usted, hermana, hable de estas cosas con las Superioras.  Y así andaba de las Superioras al confesor, del confesor a la Superioras, pero sin encontrar la paz.  Estas gracias de Dios empezaron a ser para mí un gran sufrimiento. Más de una vez dije directamente al Señor: Jesús, tengo miedo de Ti, ¿no eres acaso algún fantasma?  Jesús siempre me tranquilizaba, pero yo siempre desconfiaba.  Una cosa extraña, cuanto mas yo desconfiaba, tanto Jesús me daba mas pruebas de que Él era el autor de estas cosas.

Al darme cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras, decidí no hablar mas de esas cosas puramente interiores.  Por fuera procuraba, como una buena religiosa, hablar de todo con las Superioras, pero de la necesidad del alma hablaría solamente en el confesionario.  Por muchas y muy justas razones entendí que la mujer no es llamada para discernir tales misterios. Me expuse a muchos sufrimientos inútiles.  Durante mucho tiempo fue considerada como poseída por el espíritu maligno y me miraban con lastima y la Superiora tomo precauciones respecto a mi.  Llegaba a mis oídos que las hermanas me miraban como si yo fuera así.  Y oscurecía el horizonte en alrededor.  Empecé a evitar estas gracias de Dios, pero si ello no estaba en mi poder.  De repente me invadió un recogimiento tan grande, que en contra de la voluntad me sumergí en dios y el Señor me tenía a su lado. En los primeros momentos mi alma siempre esta un poco asustada, pero después una paz y una fuerza extrañas llenan mi alma.

Hasta aquí se pudo soportar todo.  Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aun más.  Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado.  Y se puso a compadecerme.  Me dice:  Oigo hablar que usted, hermana, es una exaltada, que tiene algunas visiones.  Pobre hermana, defiéndase de ello.  (59)  Fue sincera aquella alma y lo que había oído me lo dijo con sinceridad.  Pero tuve que oír cosas semejantes todos los días.  Solamente Dios sabe cuánto eso me atormentaba.  

Sin embargo decidí soportar todo en silencio y no dar explicaciones a las preguntas que me hacían.  A algunas les irritaba mi silencio, especialmente a las más curiosas.  Otras, las de pensamiento más profundo, decían que seguramente Sor Faustina estaría muy cerca de Dios, visto que tenia la fuerza de soportar tantos sufrimientos.  Y veía delante de mi como dos grupos de jueces.  Trate de conseguir el silencio interior y exterior.  No decía nada referente a mi persona, aunque era interrogada por algunas hermanas directamente.  Mi boca calló.  Sufría como una paloma, sin quejarme.  Sin embargo algunas hermanas encontraban casi un placer en inquietarme de cualquier modo.  Les irritaba mi paciencia, sin embargo Dios me daba tanta fuerza interior, que lo soportaba con calma.

Me di cuenta de que en aquellos momentos no tendría la ayuda de nadie y empecé a rezar, y a pedir al Señor un confesor.  Anhelaba que algún confesor me dijera esta única palabra:  Quédate tranquila, estas en un buen camino, o bien rechaza todo eso, porque no viene de Dios. Sin embargo no encontraba a un sacerdote tan decidido que me dijera estas palabras claras en nombre del Señor.  Pues, continuaba en la incertidumbre.  Oh Jesús, si es Tu voluntad que viva en tal incertidumbre, sea bendito Tu Nombre.  Te ruego, Señor, Tú Mismo guía mi alma y quédate conmigo, porque sola soy nada.

Pues ya soy juzgada por todos lados, ya no queda nade de lo que hay en mi que se haya escapado al juicio de las hermanas; pero, en cierto sentido, ya se agoto todo y empezaron a dejarme en paz.  Mi alma atormentada descansó un poco, pero conocí que en aquellas persecuciones el Señor estuvo muy cerca de mí.  Eso duro un brevísimo instante.  Estalló nuevamente una violente tempestad.  Ahora las sospechas anteriores se hicieron seguras para ellas, y hay que escuchar nuevamente las mismas canciones.  Así lo dispone el Señor.  Pero lo extraño es que, incluso por fuera, empezaran para mi distintas adversidades.  Esto provocó distintos sufrimientos, conocidos solamente por Dios.  Sin embargo trataba como podía, hacer todo con la intención más pura posible.  Veo que soy vigilada en todas partes como un ladrón:  en la capilla, cuando hago mis deberes, en la celda.  Ahora sé que además de la presencia de Dios tengo siempre la presencia humana; de verdad, mas de una vez esta presencia humana me molestó mucho.  Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para lavarme.  De verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces.  A veces me daba risa saber que no dejaban en paz ni siquiera la cama.  Una hermana me dijo, ella misma, que cada noche me miraba en la celda, para ver como me comportaba en ella. Sin embargo los Superiores son siempre los Superiores.  Y si bien me humillaban personalmente y mas de una vez me llenaron de dudas, no obstante siempre me permitieron lo que exigía el Señor, aunque no tal y como yo pedía, pero si de otro modo satisficieron las demandas del Señor y me permitieron esas penitencias y mortificaciones.

Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría.  Me dijo:  Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte.  Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza.  Al volver a la celda, me caí de cara al suelo delante de la cruz y miré a Jesús sin poder pronunciar ni una sola palabra.  Y sin embargo ocultaba a los demás y disimulaba como si no hubiera pasado nada entre nosotras.  Satanás siempre aprovecha tales momentos, comenzaron a venirme los pensamientos de desánimo: He aquí tu premio por la fidelidad y la sinceridad.  ¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida?  Oh Jesús, Jesús, ya no aguanto mas.  Otra vez caí al suelo bajo aquel peso y comencé a sudar y el miedo empezó a dominarme.  No tengo en quien apoyarme interiormente.  De repente oí en mi alma la voz:  No tengas miedo, Yo estoy contigo,  y una luz extraña iluminó mi mente y comprendí que no debía someterme a tales tristezas y una fuerza me llenó, y salí de la celda con un nuevo ánimo para enfrentar los sufrimientos.

Sin embargo empecé a descuidarme un poco. No hacia caso a estas inspiraciones interiores, trataba de distraerme. Pero a pesar del ruido y de las distracciones, veía lo que pasaba en mi alma. La Palabra divina es muy elocuente y nada puede sofocarla. Empecé a evitar el encuentro del Señor en mi propia alma, porque no quería ser victima de la ilusión. Sin embargo el Señor en cierto modo me persiguió con sus done y, de verdad, experimentaba, por turno, sufrimientos y alegrías. No menciono aquí diferentes visiones y gracias que en aquel tiempo Dios me concedió, porque las tengo apuntadas en otro lugar, pero diré que aquellos distintos sufrimientos ya llegaron al colmo y me decidí acabar con estas dudas antes de los votos perpetuos. Durante todo el tiempo de la probación rogué por la luz de un sacerdote, a quien debía revelar mi alma hasta lo más profundo. Y rogué a Dios que Él mismo me ayudara en esto y me diera la gracia de contar las cosas mas secretas que había entre mi y el Señor, y que me predispusiera a que yo considerara cualquier cosa que aquel sacerdote decidiera como decidida por Jesús Mismo. No importa cual será el juicio sobre mi, yo deseo solamente la verdad y una respuesta decidida a ciertas preguntas. Me he encomendado a Dios completamente y mi alma desea la verdad. No puedo seguir viviendo en dudas; aunque en el alma tenia una certeza tan grande de que esas cosas procedían de Dios que ofrecería mi vida por ellas, sin embargo por encima de todo eso puse la opinión del confesor y decidí comportarme de acuerdo con lo que él consideraría justo y según sus indicaciones. Veo aquel momento como el que decidirá de cómo debo comportarme durante toda la vida. Sé que de él aquel momento dependerá todo. No tiene importancia si lo que me dirá será de acuerdo con mis inspiraciones o todo lo contrario, eso ya no me importa. Yo deseo conocer la verdad y seguirla.

Oh Jesús, Tú puedes ayudarme. Y a partir de aquel momento empecé. Escondo todas las gracias en el alma y espero a quien el Señor me mandará. Sin dudar en nada en mi corazon, rogue al Señor que Él Mismo se dignara ayudarme en estos momentos y el ánimo entró en mi alma.

Debo mencionar todavía que hay algunos confesores que ayudan al alma y son, según puede parecer, Padres espirituales, pero hasta cuando todo va bien; y cuando el alma tiene mayores necesidades, entonces son indecisos y no pueden, o más bien no quieren entender al alma. Procuran liberarse de ella lo antes posible, pero si el alma es humilde siempre saca alguna pequeña ventaja. A veces, Dios Mismo envía un rayo de luz a lo profundo del alma, por su humildad y su fe. A veces, el confesor dice lo que no pensaba decir en absoluto y él mismo no se da cuenta de ello. Oh, que el alma crea que son las palabras del Señor Mismo; aunque tenemos que creer que cada palabra en el confesionario es de Dios, pero lo de he mencionado mas arriba, es algo que viene directamente de Dios. Y el alma siente que el sacerdote no depende de sí mismo sino que dice lo que no quisiera pronunciar. Pues, de este modo Dios recompensa la fe. Lo experimenté muchas veces en mi misma. Me sucedió una vez al confesarme con un cierto sacerdote, muy docto y muy estimado. Siempre me era severo y contrario en esas cosas, pero una vez me dijo: Debes saber, hermana, que si Dios quiere que hagas eso, pues no debes oponerte. A veces, Dios quiere ser alabado de este modo. Quédate tranquila, si Dios ha empezado, terminará, pero te digo: La fidelidad a Dios y la humildad, y una vez mas la humildad. Recuerda lo que te he dicho hoy. Me alegré y pensé que tal vez aquel sacerdote me hubiera entendido. Pero las circunstancias fueron tales que no me confesé nunca más con él.

Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron [a caer] truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabia de que se trataba.  Pero poco después entendí que se trataba de lo que no dependía de mí.  Me dijo: Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta.  El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien.  Reconocí que tenia plenamente razón, porque yo soy miserable, sin embargo confió en la misericordia de Dios.  Cuando me encontré con el Señor, me humillé y dije: Jesús, según dicen, ¿Tú no tratas con las personas miserables?  Quédate tranquila, hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia.   Entendí que la Madre quiso solamente humillarme.

Oh Jesús mío, me has sometido a muchas pruebas en mi corta vida, entendí muchas cosas, incluidas tales que estoy sorprendida.  Oh, que bueno es someterse en todo a Dios y permitir a Dios obrar en el alma con toda la plenitud. En la tercera probación el Señor me dio a entender que me ofreciera a Él para que pudiera hacer conmigo lo que le agradaba. Debo estar siempre delante de Él como victima. En un primer momento me asuste, sintiéndome infinitamente miserable y conociéndome bien, contesté al Señor una vez más: Soy la miseria misma, ¿Cómo puedo ser rehén? Hoy no lo entiendes. Mañana te lo daré a conocer durante la adoración. El corazón y el alma me temblaban. Estas palabras se imprimieron tan profundamente en mi alma. La Palabra de Dios es viva. Cuando vine a la adoración, sentí en el alma que entre en el tempo de Dios viviente, cuya Majestad es grande e inconcebible. Y el Señor me dio a conocer lo que son frente a Él incluso los espíritus más puros. Aunque por fuera no veía nada, la presencia de Dios me envolvió por completo. En aquel momento mi mente fue iluminada de modo singular. Delante de los ojos de mi alma pasó una visión, como aquella que el Señor Jesús tuvo en el Huerto de los Olivos. Primero los sufrimientos físicos y todas las circunstancias que los aumentan; los sufrimientos espirituales en toda su extensión y los de los cuales nadie sabrá. En aquella visión entra todo: sospechas injustas, pérdida del propio buen nombre. He descrito eso de modo resumido, pero el conocimiento de eso fue tan claro que lo que viví después no difería en nada de lo que conocí en aquel momento. Mi nombre debe ser “victima”. Cuando la visión terminó, un sudor frió fluyó por mi frente.

Jesús me dio a conocer que aunque no lo aceptara, no obstante podría salvarme y Él no disminuiría las gracias que me había concedido y seguiría en la misma intimidad conmigo, esto es que aunque no aceptara este sacrificio, la generosidad de Dios no disminuiría. Y el Señor me dio a conocer que todo el misterio dependía de mí, de mi consentimiento voluntario a ese sacrificio con toda la conciencia de mi mente. En este acto voluntario y consciente está todo el poder y valor delante de su Majestad. Aunque no me sucediera nada de aquello a lo que me había ofrecido, delante del Señor es como si ya todo hubiera sucedido. En aquel momento entendí que entraba en unión con la Majestad inconcebible. Sentí que Dios esperaba mi palabra, mi consentimiento. De repente mi alma se sumergió en el Señor y dije: Haz conmigo lo que Te agrade, me someto a Tu voluntad. Desde hoy Tu santa voluntad es mi alimento. Seré fiel a Tus demandas, con la ayuda de Tu gracia. Haz conmigo lo que Te agrade. Te suplico, Señor, quédate conmigo en cada momento de mi vida.

Súbitamente, cuando acepté este sacrificio con la voluntad y el corazón, la presencia de Dios me traspaso totalmente. Mi alma fue sumergida en Dios e inundada de una felicidad tan grande que no alcanzo a describirla ni siquiera parcialmente. Sentía que su Majestad me envolvía. Fui fusionada con dios de modo singular. Vi una gran complacencia de Dios hacia mí e igualmente mi espíritu se sumergió en Él. Consciente de haberme unido con Dios, siento que soy amada de modo particular, y recíprocamente, amo con toda la fuerza de mi alma. Un gran misterio se produjo durante aquella adoración, un misterio entre yo y el Señor; y me parecía que iba a morir de amor bajo su mirada. Aunque hablé mucho con el Señor pero sin una palabra. Y el Señor dijo: Eres un deleite para Mi Corazón, desde hoy cada acción tuya, la más pequeña, encuentra la complacencia en Mis ojos, cualquier cosa que hagas. En aquel momento me sentí reconsagrada. La envoltura del cuerpo es la misma, pero el alma es otra, en ella mora Dios con toda su predilección. No un sentimiento, sino una realidad consciente a la que nada me puede ofuscar. Un gran misterio se entrelazó entre Dios y yo. El ánimo y la fuerza quedaron en mi alma. Al salir de la adoración, con serenidad miré a los ojos de todo lo que antes tanto temía.

Cuando salí al pasillo, en seguida tuve un gran sufrimiento y humillación por parte de cierta persona. Lo acepté sometiéndome a la voluntad superior y me estreché profundamente al Sacratísimo Corazón de Jesús, el Señor, dando a conocer que estaba dispuesto a aquello a lo que me había ofrecido. El sufrimiento broto como de debajo de la tierra, la misma Madre Margarita se extrañó. A las otras se les perdonan muchas cosas, porque de verdad, no vale la pena hacerles caso, pero a mi no se me perdona nada, cada palabra es analizada, cada paso controlado. Una de las hermanas me dijo: Prepárese, hermana, a aceptar una pequeña cruz que la espera de parte de la Madre Superiora, ¡cuánto lo siento por usted! Y yo en mi alma estoy contenta de eso y desde hace mucho tiempo estoy preparada para ello. Al ver mi valor, se sorprendió. Ahora veo que el alma de por sí no puede mucho, pero con Dios puede todo. He aquí lo que puede la gracia de dios. Son pocas las almas que siempre están atentas a la inspiración de Dios, pero aun menos numerosas son las almas que siguen fielmente la inspiración de Dios. Sin embargo, el alma fiel a Dios no puede confirmar por sí sola sus inspiraciones, tiene que someterlas al control de un sacerdote muy culto y experimentado, y hasta no tener certeza, debe mantener una actitud de incredulidad. Que no se fíe por sí sola de estas inspiraciones y de todas las gracias superiores, porque puede exponerse a muchos daños.

Aunque el alma distingue en seguida las inspiraciones falsas de las que proceden de Dios, no obstante debe ser prudente, porque hay muchas cosas dudosas.  A dios le gusta y se alegra cuando el alma no se fía de Él Mismo por Él Mismo; porque lo ama, es prudente y pregunta y obra en ella es verdaderamente Dios. Y al asegurarse por un confesor instruido, esté tranquila y se entregue a Dios según sus indicaciones, es decir según las indicaciones del confesor.

El amor puro es capaz de grandes empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades, si el amor es fuerte a pesar de grandes dificultades, también es perseverante en la vida cotidiana, gris, monótona. Sabe que para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir hacer las cosas mas pequeñas con gran amor, amor y siempre amor. El amor puro no se equivoca, tiene singularmente mucha luz y no hará nada que no agrade a Dios.  Es ingenioso en hacer lo que es más agradable a Dios y no hay nadie que lo iguale; es feliz cuando puede anonadarse y arder como un sacrificio puro.  Cuanto más se entrega, tanto mas es feliz.  Además, nadie sabe presentir los peligros desde tan lejos como él; sabe quitar la máscara y sabe con quién trata.

Pero mis tormentos están llegando a su fin. El Señor me da la ayuda prometida, la veo en dos sacerdotes es decir en los Padres Andrasz y Sopocko. Durante los ejercicios espirituales antes de los votos perpetuos, por primera vez fui tranquilizada profundamente y después fui guiada en la misma dirección por el Padre Sopocko. En esto se cumplió la promesa del Señor.

Cuando fui tranquilizada e instruida sobre cómo avanzar por estos caminos de Dios, mi espíritu se regocijó en el Señor y me parecía que no caminaba, sino que corría; me fueron desatadas las alas para el vuelo y empecé a volar hacia el ardor mismo del sol y no bajaré hasta descansar en Aquel, en el cual mi alma se sumergió para la eternidad. Y me entregué completamente a la influencia de la gracia. Son grandiosos los descensos divinos hacia mi alma. No me retiro, ni me excuso, sino que me ahogo en Él, como en mi único tesoro. Soy una sola cosa con el Señor, en cierto modo desaparece el abismo entre nosotros, el Creador y la criatura. Durante unos días mi alma estaba en casi continuo éxtasis. La presencia de Dios no me abandonaba ni por un momento. Y mi alma permanecía en una continua unión amorosa con el Señor. Sin embargo eso no me impedía cumplir mis deberes. Sentía que era transformada en el amor, ardía toda, pero sin daño. Me sumergía continuamente en Dios, Dios me atraía hacia Sí con tanta fuerza y fortaleza, que en algunos momentos no me daba cuenta de estar en la tierra. Durante mucho tiempo había reprimido la gracia de Dios y la había temido, ahora Dios Mismo, por medio del Padre Andrasz eliminó todas las dificultades. Mi espíritu fue dirigido hacia el sol y floreció en sus rayos para Él Mismo, ya no entien aquí interrumpe y en un párrafo nuevo empieza una idea nueva.

Malgasté muchas gracias de Dios, porque siempre tenia miedo de la ilusion.  Y aunque Dios me atraia a Sí con tanta fuerza que a menudo no estaba en condiciones de oponerme a su gracia, cuando de repente era sumergida en Él y en aquellos momentos Jesús me llenaba tanto con su paz que después, aunque quisiera inquietarme, no podria.  Entonces oí en mi alma estas palabras:  Para que estés tranquila de que soy Yo el autor de todas estas demandas hechas a ti te daré una tranquilidad tan profunda, que aunque quisieras inquietarte y asustarte, hoy no estaría en tu poder, pero el amor inundará tu alma hasta hacerte olvidar de ti misma.

Mas tarde Jesús me dio otro sacerdote, delante del cual me ordenó descubrir mi alma.  En el primer momento lo hice con cierta vacilación, pero una severa amonestación de Jesús dijo a mi alma una profunda humildad.  Bajo su direccion mi alma avanzo rapidamente en el amor de Dios y muchas exigencias del Señor fueron cumplidas en la práctica. Muchas veces su ánimo y la profundidad de su humildad me hicieron reflexionar.

Oh, qué mísera es mi alma que malgastó tantas gracias.  Me escapaba de Dios, y Él me perseguia con sus gracias.  Muchas veces recibia las gracias de Dios cuando menos las esperaba.  Desde el momento en que el Señor me dio un director espiritual, soy mas fiel a la gracia.  Gracias al director y su vigilancia sobre mi alma entendi lo que es la direccion espiritual y cómo la ve Jesús.  Jesús me amonestaba por el menor descuido y acentuaba que los asusntos que yo confiaba al confesor, Él Mismo los juzgaba, y cualquier desobediencia frente a él, Me alcanza a Mi.  Cuando, bajo su direccion, mi alma empezo a gozar del profundo recogimiento y paz, a menudo oia en el alma estas palabras:  Fortalécete para la lucha, a veces repetidas mas de una vez.

Muchas veces Jesús me da a conocer lo que no le agrada en mi alma, y mas de una vez me amonestó por cosas que parecian insignificantes, pero que en realidad tenian gran importancia, me amonestaba y adiestraba como un Maestro.  Durante muchos años me educó Él Mismo, hasta el momento en que me dio un director espiritual.  Antes Él Mismo me daba a conocer lo que no entendia, y ahora me hace preguntar por todo al confesor y a menudo me dice asi:  Y Yo te contestaré por su boca, quédate tranquila. No me ha sucedido todavía recibir una respuesta contraria a lo que exigia el Señor y que yo presenté al director espiritual.  A veces ocurre que Jesús me recomienda algunas cosas, de las cuales nadie tiene conocimiento y cuando me acerco a la rejilla, lo mismo me recomienda el confesor, pero eso no es frecuente.

Cuando el alma recibió mucha luz y muchas inspiraciones durante largo tiempo y cuando los confesores le confirmaron la tranquilidad y la procedencia de ellas las inspiraciones, si su amor es grande, ahora Jesús le da a conocer que es el tiempo para poner en practica lo que recibió.  El alma conoce que el Señor cuenta con ella y este conocimiento le da mas fuerza, ella sabe que, para ser fiel, tendra que exponerse a distintas dificultades mas de una vez, pero ella confia en Dios y gracias a esta confianza llega alli a donde Dios la llama.  Las dificultades no la espantan, son para ella como el pan de cada día no la espantan nada, ni asustan, como al soldado que continuamente esta en el combate, no le espanta el tronar de los cañones.  [Está] lejos de asustarse, pero aguza los oidos, de qué lado ataca el enemigo, para vencerlo.  No hace nada ciegamente, sino que examina, reflexiona profundamente y sin contar consigo, reza ardientemente y pide consejo de oficiales expertos y con discernimiento; y comportándose asi, gana casi siempre.

Hay ataques, cuando el alma no tiene tiempo de reflexionar, ni de pedir consejo, ni de nada; entonces se debe luchar por la vida o por la muerte; a veces es bueno recurrir a la herida del Corazon de Jesús, sin contestar una sola palabra y por ese acto mismo el enemigo está derrotado.

Durante el tiempo de la paz el alma hace esfuerzos al igual que en el tiempo de la lucha.  Tiene que ejercitarse mucho, porque de lo contrario ni hablar de la victoria. El tiempo de la paz lo considero como el tiempo de preparación para la victoria.  Tiene que vigilar continuamente, vigilancia y, una vez mas, vigilancia.  El alma que reflexiona recibe mucha luz.  El alma disipada se expone a si misma a la caída y que no se sorprenda si cae.  Oh Espíritu Divino, Guía del alma, es sabio aquel a quien Tú adiestras.  Pero, para que el Espíritu Divino pueda obrar en el alma se necesita silencio y recogimiento.

La oración. A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse. Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.

Recuerdo que recibí luz en la mayor abundancia durante la adoración de media hora que hacia todos los días durante la Cuaresma, postrándome en cruz delante del Santísimo Sacramento. En aquel tiempo me conocí mas profundamente a mi y a Dios. Para hacer aquella oración encontré muchos obstáculos, a pesar de tener el permiso de las Superioras. El alma debe saber que para orar y perseverar en la oración, tiene que armarse de paciencia y con esfuerzo superar las dificultades exteriores e interiores. Las dificultades interiores: el desaliento, la aridez, la pereza, las tentaciones; las exteriores: el respeto humano y la necesidad de respetar los momentos destinados a la oración. Yo misma experimenté que si no rezaba la oración en el momento establecido, después tampoco la rezaba, porque no me lo permitían los deberes y si la recé, fue con gran dificultad, porque el pensamiento huía hacia los deberes. Me sucedió también esta dificultad que si el alma había rezado bien la oración y había salido de ella con un profundo recogimiento interior, otras personas perturbaban ese recogimiento. Así, pues, es necesaria la paciencia, para perseverar en la oración. Me sucedió mas de una vez que cuando mi alma estaba sumergida en Dios mas profundamente y sacaba mayor provecho de la oración, y la presencia de Dios la acompañaba durante el día, y en el trabajo había mas concentración y mas perfección, y mas empeño en el deber, no obstante me sucedía que justamente entonces recibía el mayor numero de reproches de ser negligente, indiferente a todo, porque las almas menos recogidas quieren que las demás se les parezcan, ya que constituyen para ellas un remordimiento continuo.

Un alma noble y delicada puede ser también la mas sencilla, pero de sentimientos delicados; tal alma en todo ve a Dios, lo encuentra en todas partes, sabe encontrar a Dios incluso en las cosas mas insignificantes. Para ella todo tiene algún significado, aprecia mucho todo, agradece a Dios por cada cosa, de cada cosa saca provecho para el alma y dirige a Dios toda alabanza. Confía en Él y no se impresiona cuando llega el momento de la prueba. Sabe que Dios siempre es el mejor Padre y da poca importancia a las consideraciones humas. Sigue fielmente el más pequeño soplo del Espíritu Santo, goza por este Huésped espiritual y se agarra a Él como un niño a la madre. Allí otras almas se detienen y asustan. Ella sigue adelante sin temor y sin dificultad.

Cuando el Señor Mismo quiere estar al lado de un alma y guiarla, aleja todo lo que es exterior. Cuando me enfermé y fui trasladada a la enfermería, tuve muchos disgustos por este motivo. Éramos dos las internadas en la enfermería. A Sor N. venían a visitarla otras hermanas, a mi nadie me visitó. Es verdad que la enfermería es una sola, pero cada una tiene su propia celda. Las noches de invierno eran largas, la Hermana N. tenía la luz, los auriculares de la radio y yo ni siquiera pude preparar las meditaciones por falta de luz.

Así pasaron casi dos semanas, una noche me quejaba al Señor de tener muchos tormentos, de no poder ni siquiera preparar las meditaciones por no tener luz y me dijo el Señor que vendría todas las noches y me dictaría los temas para la meditación del día siguiente.  Los temas se referían siempre a su dolorosa Pasión.  Me decía:  Contempla Mi tormento delante de Pilato.  Y así, punto por punto, durante toda la semana contemplé su dolorosa Pasión.  Desde aquel momento una gran alegría entró en mi alma y ya no deseaba ni visitas, ni luz.  Me bastaba Jesús por cada cosa.  Las Superioras, cuidaban muchísimo a las enfermas, sin embargo, el Señor dispuso las cosas de tal manera que me sentí abandonada.  Pero este mejor Maestro, para poder obrar directamente en el alma, apartará todo lo que es creado.  Mas de una vez sufrí tantas y tan distintas persecuciones y tormentos, que la misma Madre M.  me dijo:  En su camino, hermana, los sufrimientos brotan directamente de debajo de la tierra.  Me dijo:  Yo la miro, hermana, como si estuviera crucificada, pero he observado que Jesús de algún modo entra en esto.  Sea fiel al Señor, hermana.

Deseo anotar un sueño que tuve sobre Santa Teresa del Niño Jesús. Era todavía novicia y tenía ciertas dificultades que no lograba resolver. Eran dificultades interiores relacionadas con las dificultades exteriores. Hice muchas novenas a varios santos, sin embargo la situación se hacia cada vez mas pesada. Mis sufrimientos debito a esto eran tan grandes que ya no sabia como seguir viviendo; pero de repente me vino la idea de rogar a Santa Teresa del Niño Jesús. Empecé la novena a esta Santa, porque antes de entrar [en el convento] le tenia una gran devoción. Ahora la había descuidado un poco, pero en esta necesidad, empecé a rogar nuevamente con todo el fervor. El quinto día de la novena soñé con Santa Teresa, pero como si estuviera todavía en la tierra. Me encubrió a mí el conocimiento de que era santa y comenzó a consolarme, que no me entristeciera por ese asunto, sino que confiara más a Dios. Me dijo: Yo también sufrí muchísimo. Pero yo no estaba muy convencida de que ella hubiera sufrido mucho y le dije que me parecía que: Tú no sufriste nada. Pero Santa Teresa contestó, asegurándome que había sufrido mucho y me dijo: Sepa hermana, que dentro de tres días usted resolverá este asunto de la mejor manera. Como yo no estaba muy dispuesta a creerle, ella se me dio a conocer como santa. Entonces la alegría llenó mi alma y le dije: Tú eres santa. Y ella me contestó: Si, soy santa y tú ten confianza en que resolverás este asunto dentro de tres días. Y le dije: Santa Teresita, dime si estaré en el cielo. Me contestó: Estarás en el cielo, hermana. ¿y seré santa? Me contestó: Serás tan santa como yo, pero tienes que confiar en el Señor Jesús. Y le pregunté si mi padre y mi madre estarían en el cielo, si la frase sin terminar me contestó: Estarán. Y pregunté todavía: Y mis hermanas y hermanos, ¿estarán en el cielo? Me contesto que rogara por ellos mucho, sin darme una respuesta clara. Entendí que necesitaban muchas oraciones.

Fue un sueño y según dice el proverbio polaco:  el sueño es una ilusión, mientras Dios es certeza, pero tal y como me había dicho, al tercer día resolví ese difícil problema con gran facilidad.  Según me había dicho, se cumplió en todos los detalles lo referente al asunto.  Fue un sueño, pero tuvo su significado.

Una vez, estaba en la cocina con la Hermana N. y ella se enfadó un poco conmigo y como penitencia me ordenó sentarme en la mesa, mientras ella se puso a trabajar mucho, a arreglar, a fregar, y yo estaba sentada sobre la mesa. Otras hermanas venían y se sorprendían de que estaba sentada en la mesa, cada una dijo lo que quiso. Una, que yo era holgazana, otra que era extravagante. En aquel entonces, yo era postulante. Otras decían ¿Qué clase de hermana será ésta? Pero, yo no podía bajar, porque aquella hermana me ordenó, bajo obediencia, quedarme sentada hasta que me permitiera bajar. De verdad, solamente Dios sabe cuántos actos de mortificación hice entonces. Pensaba que iba a quemarme por la vergüenza.  Dios Mismo lo permitía a veces para mi formación interior, pero el Señor me recompensó por aquella humillación con un gran consuelo.  Durante la bendición lo vi. bajo un aspecto de gran belleza.  Jesús me miró amablemente y dijo:  Hija Mía, no tengas miedo de los sufrimientos.  Yo estoy contigo.

Una noche estaba yo de guardia y sufría tanto en el alma por esta imagen que debía pintar, que ya no sabía qué hacer. Los continuos intentos de hacerme creer que era una ilusión y por otro lado, un sacerdote me dijo que quizás a través de esta imagen, Dios quisiera ser adorado, por eso de debía procurar pintarla. Pero mi alma estaba muy cansada. Al entrar en la pequeña capilla, acerqué mi cabeza al tabernáculo y llamé, y dije: Jesús, mira que grandes dificultades tengo por esta imagen, y oí una voz que salía del tabernáculo: Hija Mía, tus sufrimientos ya no durarán mucho tiempo.

Un día vi. dos caminos: un camino ancho, cubierto de arena y flores, lleno de alegría y de música y de otras diversiones. La gente iba por este camino bailando y divirtiéndose, llegaba al final sin advertir que ya era el final. Pero al final del camino había un espantoso precipicio, es decir el abismo infernal. Aquellas almas caían ciegamente en ese abismo; a medida que llegaban, caían. Y eran tan numerosas que fue imposible contarlas. Y vi. también como camino o mas bien un sendero, porque era estrecho y cubierto de espinas y de piedras, y las personas que por él caminaban [tenían] lagrimas en los ojos y sufrían distintos dolores. Algunas caían sobre las piedras, pero en seguida se levantaban y seguían andando. Y al final del camino había un esplendido jardín, lleno de todo tipo de felicidad y allí entraban todas aquellas almas. En seguida, desde el primer momento olvidaban sus sufrimientos.

Cuando era la adoración de las Hermanas de la Familia de Maria, al anochecer, con una de las hermanas fui a esa adoración.  Cuando entre en la capilla, la presencia de dios envolvió mi alma en seguida.  Oraba así como en ciertos momentos, sin decir una palabra.  De repente vi. Al Señor que me dijo:  Has de saber que si descuidas la cuestión de pintar esta imagen y de toda la obra de la misericordia, en el día del juicio responderás de un gran numero de almas.   Después de estas palabras del Señor cierto temblor y un temor entraron en mi alma.  No lograba tranquilizarme sola. Me sonaban estas palabras:  Sí, el día del juicio divino deberé responder no solamente de mi misma, sino también de otras almas.  Estas palabras se grabaron profundamente en mi corazón.  Cuando volví a casa, entré en el pequeño Jesús, caí de cara al suelo delante del Santísimo sacramento y dije al Señor:  Haré todo lo que este en mi poder, pero te ruego, quédate siempre conmigo y dame fortaleza para cumplir Tu santa voluntad, porque Tú puedes todo, y yo no puedo nada por mi misma.

Desde hace algún tiempo me sucede sentir en el alma cuando alguien reza por mi, lo siento inmediatamente en el alma; y en cambio cuando algún alma me pide la oración, aunque no me lo diga, yo lo siento igualmente en el alma. Lo siento como una inquietud, como si alguien me llamara; cuando rezo, obtengo la paz.

Una vez deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenia cierta duda y no me acerqué. Sufrí terriblemente a causa de ello. Me parecía que el corazón se me reventaría del dolor. Cuando me dedique a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús, se puso a mi lado y me dijo: Hija Mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto no te detengan ningunas dudas en unirte a Mi en Mi misterio de amor. Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada a un gran fuego. Debes saber que Me entristeces mucho, cuando no Me recibes en la Santa Comunión.

Por la noche, al entrar en la pequeña capilla, oí en el alma estas palabras: Hija Mía, considera estas palabras: y sumido en la angustia, oraba mas tiempo. Cuando empecé a reflexionar mas profundamente sobre ellas, mucha luz me ilumino que de tal fatigosa oración depende a veces nuestra salvación.

Cuando fui a Kiekrz, para sustituir algún tiempo a una de las hermanas, una tarde atravesé la huerta y me detuve a la orilla del lago, y durante un largo momento me quedé pensando en aquel elemento de la naturaleza. De repente vi a mi lado al Señor Jesús que me dijo amablemente: Lo he creado todo para ti, esposa Mía, y has de saber que todas las bellezas son nada en comparación con lo que te he preparado en la eternidad. Mi alma fue inundada de un consuelo tan grande que me quedé allí hasta la noche y me pareció que estuve un breve instante. Aquel día lo tenia libre, destinado al retiro espiritual de un día, pues tenia plena libertad para dedicarme a la oración. Oh, que infinitamente bueno es Dios, nos persigue con su bondad. Con mucha frecuencia el Señor me concede las mayores gracias cuando yo no las espero en absoluto.

Oh, Hostia Santa, Tú estás encerrada para mi en un cáliz de oro, para que en la grande selva del exilio  yo camine pura, inmaculada, intacta, y que lo haga el poder de Tu amor.

Oh, Hostia Santa, habita en mi alma, purísimo Amor de mi corazón; que Tu luz disipe las tinieblas; tú no niegas la gracia a un corazón humilde. Oh, Hostia Santa, Delicia del Paraíso, aunque ocultas Tu belleza y Te presentas a mí en una miga de pan la fuerte fe desgarra este velo.

El día de la cruzada – que es el quinto día de cada mes, cayó en el primer viernes. Hoy es mi día para estar de guardia delante de Jesús. En este día mío, mi tarea es compensar al Señor por todos los insultos y faltas de respeto, rogar para que en este día no se cometa ningún sacrilegio.  En aquel día mi espíritu estaba inflamado de un amor singular hacia la Eucaristía.  Me parecía que estaba transformada en el ardor.  Cuando, para tomar la Santa Comunión, me acerqué al sacerdote que me daba a Jesús, otra Hostia se pego a la manga y yo no sabia cual tomar.  Cuando estaba deliberando así un momento, el sacerdote impaciente, hizo una señal con la mano para que la tomara.  Cuando tomé la Hostia que me entregaba, la otra me cayó en las manos.  El sacerdote fue al final del comulgatorio para distribuir la Santa Comunión y yo tuve al Señor Jesús en las manos durante todo ese tiempo.  Cuando el sacerdote se acercó otra vez, le di la Hostia para que la pusiera en el cáliz, porque en el primer momento, al haber recibido a Jesús, no pude decir que la otra había caído solo después de haberla pasado.  Cuando tenía la Hostia en las manos, sentí tanta fortaleza del amor que durante el día entero no pude comer nada, ni recobrar el conocimiento.  De la Hostia oí estas palabras: Deseaba descansar en tus manos, no solamente en tu corazón, y de repente en aquel momento vi. al Niño Jesús.  Pero al acercarse el sacerdote, otra vez vi la Hostia.

161  Oh Maria, Virgen Inmaculada, puro cristal para mi corazón, tú eres mi fuerza, oh ancla poderosa, tú eres el escudo y la defensa para el corazón débil. Oh Maria, Tú eres pura e incomparable, Virgen y Madre a la vez Tú eres bella como el sol, sin mancha alguna, Nada se puede comparar con la imagen de Tu alma Tu belleza encantó el ojo del tres veces Santo, y bajó del cielo, abandonando el trono de la sede eterna, y tomó el cuerpo y la sangre de Tu Corazón durante nueve meses escondiéndose en el Corazón de la Virgen. Oh Madre, Virgen, nadie comprenderá, que el inmenso Dios se hace hombre, sólo por amor y por su insondable misericordia, a través de Ti, oh Madre, viviremos con Él eternamente. Oh Maria, Virgen Madre y Puerta Celestial, a través de Ti nos ha llegado la salvación todas las gracias brotan para nosotros a través de Tus manos y me santificara solamente un fiel seguimiento de Ti. Oh Maria, Virgen, Azucena mas bella, tu corazón fue el primer tabernáculo para Jesús en la tierra, y por eso porque Tu humildad fue la más profunda, y por eso fuiste elevada por encima de los coros de los ángeles y de los santos. Oh Maria, dulce Madre mía, te entrego el alma, el cuerpo y mi pobre corazón, Sé tú la custodia de mi vida,  y especialmente en la hora de la muerte, en el último combate.  JMJ. Jesús, en Ti confío. Año 1937, mes I, día 1

Anotación para el control interior del alma.  Examen particular – unirme a Cristo misericordioso. Práctica:  el silencio interior, estricta observancia del silencio.

La conciencia

Enero  Dios y el alma, silencio. Victorias  - 41, caídas   -  4. Jaculatoria:     Y Jesús callaba.

Febrero Dios y el alma, silencio. Victorias  - 36, caídas  - 3 Jaculatoria:  Jesús, en Ti confío.

Marzo Dios y el alma, silencio. Victorias  - 51, caídas  - 2. Jaculatoria:      Jesús, incendia mi corazón con amor.

Abril Dios y el alma, silencio. Victorias - 61, caídas – 4.  Jaculatoria:  Con Dios lo puedo todo.

Mayo Dios y el alma, silencio. Victorias  - 92, caídas -   3.  Jaculatoria:  En su Nombre está mi fuerza.

Junio  Dios y el alma, silencio.  Victorias  - 64, caídas   -  1 Jaculatoria:  Todo para Jesús.

Julio  Dios y el alma, silencio.  Victorias  -  62, caídas - 8   Jaculatoria: Jesús, descansa en mi corazón.

Agosto Dios y el alma, silencio. Victorias  -  88, caídas   - 7 Jaculatoria: Jesús, Tú sabes …

Septiembre Dios y el alma, silencio. Victorias – 99, caídas 1

Octubre  Dios y el alma, silencio.  Victorias – 41, caídas – 3  Jaculatoria: Maria, úneme a Jesús.

                                      Aquí viene otra anotación – retiro

Noviembre  Dios y el alma, silencio. Victorias, caídas. Jaculatoria:  Oh Jesús mío, misericordia.

Diciembre  Dios y el alma, silencio.  Victorias, caídas.  Jaculatoria: Te saludo, Hostia viviente.  JMJ Año 1937

Ejercicio general

Cuantas veces respira mi pecho, cuantas veces late mi corazón, cuantas veces pulsa la sangre en mi cuerpo, esa cantidad por mil, es el número de veces que deseo glorificar Tu misericordia, oh Santísima Trinidad. Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.  Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.

Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio.  Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo.  A nadie le rehusaré mi corazón.  Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad.  Y yo misma me encerrare en el misericordiosísimo Corazón de Jesús.  Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.  Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.

Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia.  El primero:  la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea.  El segundo:  la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras.  El tercero:  la oración.  Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración.  Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar. Oh Jesús mío, transfórmame en Ti, porque Tú puedes hacer todo. En este lugar hay cuatro páginas en blanco. JMJ Varsovia, año 1933

La probación antes de los votos perpetuos. Cuando supe que debía salir a la probación, la alegría latió en mi corazón frente a la gracia tan inconcebible, como lo es el voto perpetuo.  Fui donde estaba el Santísimo Sacramento y cuando me sumergí en una oración de gracias, oí en el alma estas palabras:  Niña Mía, tú eres Mi deleite, tú eres la frescura de Mi Corazón.  Te concedo tantas gracias, cuantas puedes llevar.  Siempre que quieras agradarme, habla al mundo de Mi gran e insondable misericordia.

Algunas semanas antes de que me anunciaran la probación, al haber entrado yo un momento en la capilla, Jesús me había dicho:  En este momento las Superioras están anunciando cuales de las hermanas tendrán los votos perpetuos.  No todas obtendrán esta gracia, pero son ellas mismas las que tienen la culpa.  Quien no se beneficia de las gracias pequeñas – no recibirá las grandes.  Pero a ti, niña Mía, esta gracia es concedida.   Un asombro gozoso envolvió mi alma y eso porque unos días antes una de las hermanas me había dicho, usted hermana, no tendrá la tercera probación.  Yo misma procurare que usted no sea admitida a los votos.  No había contestado a aquella hermana, pero eso fue muy desagradable para mí, sin embargo traté de esconder mi dolor, cuanto pude.

Oh, Jesús, que admirable es Tu obrar.  Ahora veo que los hombres por si solos pueden muy poco, porque tuve la probación tal y como me había dicho Jesús.

En la oración siempre encuentro luz y fortaleza del espíritu, aunque a veces hay momentos pesados y muy desagradables, hasta tal punto que a veces no se alcanza a comprender que tales cosas pueden suceder en un convento.  Por razones misteriosas Dios lo permite a veces, pero eso sucede siempre para que en el alma destaque una virtud, o para que se forme.  Para esto sirven los disgustos.

Hoy noviembre de 1932 llegué a Varsovia para la tercera probación.  Tras un cordial saludo con las queridas Madres, entré un momento en la pequeña capilla.  La presencia de Dios inundó mi alma y oí estas palabras:  Hija Mía, deseo que tu corazón sea formado a semejanza de Mi Corazón misericordioso.  Debes ser impregnada completamente de Mi misericordia.

La querida Madre Maestra en seguida me preguntó si este año había hecho los ejercicios espirituales.  Contesté que no.  “Pues, primero, tiene que hacer usted por lo menos tres días de ejercicios espirituales.”

Gracias a Dios, en Walendów había ejercicios espirituales de ocho días, así que pude aprovecharlos.  Sin embargo empezaron las dificultades cuando se trató de ir a esos ejercicios.  Cierta persona estaba muy en contra, y yo ya no iba a partir.  Después de comer fui a una adoración de cinco minutos.  Entonces vi. a Jesús que me dijo:  Hija Mía, te estoy preparando muchas gracias que recibirás durante los ejercicios espirituales, que empezarás mañana.   Contesté:  Jesús, los ejercicios han empezado ya, y yo no voy a ir.  Y me dijo: Tú, prepárate, porque mañana empezarás los ejercicios espirituales y tu salida, Yo la arreglaré con tus Superioras.  Y Jesús desapareció repentinamente.  Me puse a pensar en cómo sucedería eso.  Pero en un solo instante dejé de pensarlo, dedicando ese momento a la oración, pidiendo al Espíritu Santo que me diera la luz para conocer toda la miseria que soy.  Y después de un instante Salí de la capilla a mis deberes.  Poco después la Madre General [94] me llama y me dice:  Hermana, hoy mismo usted irá a Walendów con la Madre Valeria, para que ya desde mañana pueda empezar los ejercicios espirituales.  Afortunadamente está [aquí] la Madre Valeria, entonces irán juntas.  No habían pasado dos horas y ya estaba en Walendów.  Me ensimismé un momento y entendí que solamente Jesús pudo solucionar las cosas de esta manera.

Cuando me vio aquella persona que se oponía intensamente a que yo hiciera los ejercicios espirituales, mostró su sorpresa y su descontento. Sin embargo yo, sin reparar en nada, la saludé cordialmente y fui a hacer una visita al Señor, para pedir instrucciones cómo comportarme durante los ejercicios espirituales.

Mi conversación con el Señor Jesús antes de empezar los ejercicios espirituales. Jesús me dijo que esos ejercicios serian un poco diferente de los otros. Al tratar Conmigo procurarás alcanzar una profunda calma. Eliminaré todas las incertidumbres al respecto. Yo sé que ahora estás tranquila, mientras te estoy hablando; pero en cuanto deje de hablar, empezarás a buscar dudas, pero has de saber que fortaleceré tu alma hasta tal punto que aunque quisieras inquietarte no estaría en tu poder. Y como prueba de que soy Yo quien te habla, el segundo día de los ejercicios espirituales irás a confesarte con el sacerdote que dirige los ejercicios. Irás a él en cuanto termine la meditación y preséntale los temores que tienes respecto a Mi, y Yo te contestaré por su boca y entonces terminarán tus dudas. Durante esos ejercicios espirituales observa un silencio tan riguroso como si en tu alrededor no existiera nada. Hablarás solamente Conmigo y con el confesor, a las Superioras les pedirás solamente penitencias. Me alegré muchísimo de que el Señor Jesús me hubiera mostrado tanta benevolencia y de que se hubiera humillado hacia mí.

Primer día de los ejercicios espirituales. Por la mañana procuré ser la primera en llegar a la capilla, antes de la meditación tuve todavía un momento para la oración al Espíritu Santo y a la Santísima Madre. Pedí ardientemente a la Virgen que me obtuviera la gracia de ser fiel a esas inspiraciones interiores y que yo cumpliera fielmente toda la voluntad de Dios. Inicié esos ejercicios con un ánimo muy especial.

Lucha por mantener el silencio.  Como sucede normalmente, a los ejercicios espirituales vienen hermanas de varias casas.  Una de las hermanas que yo no había visto desde hacia mucho tiempo, vino a mi celda y dijo que tenia algo que decirme.  No le contesté nada y ella se dio cuenta de que yo no quería romper el silencio.  Me contestó:  No sabia, hermana, que usted fuera tan rara, y se fue.  Entendí que esa persona no tenia otro interés hacia mi que el de satisfacer su curioso amor propio.  Oh Dios mantenme en la fidelidad.

El Padre que dirigía los ejercicios espirituales, era de América.  Vino a Polonia por poco       tiempo y coincidió que nos predicara los ejercicios a nosotras.  En ese hombre se reflejaba una profunda vida interior.  Su aspecto revelaba la grandeza del espíritu; la mortificación y el recogimiento caracterizaban a aquel sacerdote.  Sin embargo, a pesar de las grandes virtudes que aquel sacerdote poseía, experimenté enormes dificultades para revelarle mi alma en cuanto a las gracias, porque en cuanto a los pecados es siempre fácil, pero en lo que se refiere a las gracias, de verdad tengo que imponerme un gran esfuerzo y aun con esto no digo todo.

Tentaciones de Satanás durante las meditaciones.  Me invadió extrañamente el temor de que el sacerdote no me entendiera o no tuviera tiempo para que pudiera exponerle todo.  ¿Cómo le hablaré de todo esto?  Si fuese el Padre Bukowski, me resultaría más fácil, pero a este jesuita lo veo por primera vez.  En ese momento me vino a la mente el consejo del Padre Bukowski, quien me había dicho que cuando hiciera los ejercicios espirituales, debería tomar nota, aunque brevemente, de la luz que Dios me mandaría y por lo menos de eso darle cuenta, aunque brevemente.  Oh Dios mío, un día y medio me ha pasado tan fácilmente:  ahora esta empezando la lucha de vida o muerte.  Dentro de media hora debe haber la meditación y después tengo que ir a confesarme.  Satanás me hace creer que si las Superioras dijeron que mi vida es una ilusión, ¿para qué preguntar todavía y molestar al confesor?  Después de todo, la M. X te dijo que Jesús no tiene ese tipo de relaciones con almas tan miserables; lo mismo te dirá ese confesor.  ¿A qué hablar de esto?  Al fin y al cabo no son pecados, y la Madre X te dijo explícitamente que todos esos contactos con el Señor Jesús son un sueño, pura histeria, pues, ¿para qué hablar de eso a ese sacerdote?  Vas a hacer mejor si lo rechazas todo como una ilusión.  Mira, cuántas humillaciones sufriste y cuántas sufrirás todavía, además las hermanas saben que eres histérica.  ¡Oh Jesús!, grité con toda la fuerza de mi alma.  Justo en aquel momento el Padre salió para dar la conferencia.  Habló brevemente, como si tuviera prisa.  Terminada la conferencia se sentó en el confesionario.  Miré alrededor, ninguna hermana se acercaba.  Me levanté rápidamente de mi reclinatorio y en un momento estaba junto a la rejilla.  No hubo tiempo para ninguna reflexión.

En vez de hablar al Padre de mis dudas que me fueron infundidas respecto a Jesús, comencé a relatarle todas las tentaciones que he descrito arriba. Sin embargo el confesor se dio cuenta en seguida de mi situación y dijo: Hermana, usted no confía en Jesús, porque se comporta con usted con tanta benevolencia. Pues, hermana, este completamente tranquila. Jesús es su Maestro y su comunión con Jesús no es ni una histeria, ni un sueño, ni una ilusión. Sepa hermana, que está en el buen camino. Trate de ser fiel a estas gracias y no debe evitarlas. No es nada necesario que usted hable de estas gracias interiores a las Superioras, si no fuera por una orden clara de Jesús, y antes consulte al confesor. Pero si Jesús pide alguna cosa que está al exterior, entonces, tras consultar al confesor, usted debe cumplir lo que el Señor pide, aunque eso la cueste muchísimo. Y por otra parte, usted, hermana tiene que hablar de todo con el confesor. No hay absolutamente otro camino para usted. Ore, hermana, para obtener un director espiritual, porque en el caso contrario, usted desperdiciará estos grandes dones de Dios. Le repito otra vez esté tranquila, usted está en el buen camino. Ignore todo y siempre sea fiel al Señor Jesús, sin reparar en lo que digan de usted, hermana. Precisamente con tales almas miserables el Señor Jesús trata de esta manera y cuánto mas usted se humille, tanto mas Jesús se unirá a usted.

Cuando me alejé de la rejilla, una alegría inconcebible inundó mi alma hasta tal punto que me retiré a un lugar apartado en el jardín, para esconderme de las hermanas y permitir al corazón desbordarse plenamente hacia Dios. La presencia de Dios me penetró por completo y en un solo momento toda mi nada se sumergió en Dios y en aquel momento sentí, es decir distinguí las Tres Personas Divinas que habitaban en mí, y la paz que tenia en el alma era tan grande que me asombraba yo misma, de cómo había sido posible estar intranquila.

Propósito: Fidelidad a las inspiraciones interiores, aunque eso me costara no sé cuánto. No hacer nada por mi misma sin consultar antes al confesor.

Renovación de los votos. Desde la primera hora, cuando me desperté, en seguida mi alma se sumergió entera en Dios, en este océano de amor. Sentía que estaba toda sumergida entera en Él. Durante la Santa Misa mi amor hacia Él alcanzó una gran intensidad. Después de renovar los votos y de la Santa Comunión, de repente vi. al Señor Jesús que me dijo con benevolencia: Hija Mía, mira Mi Corazón misericordioso. Cuando me fijé en este Corazón Santísimo, salieron los mismos rayos que están en la imagen, como Sangre y Agua, y entendí lo grande que es la misericordia del Señor. Y Jesús volvió a decir muy amablemente: Hija Mía, habla a los sacerdotes de esta inconcebible misericordia Mía. Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, y las almas no quieren creer en Mi bondad. De repente Jesús desapareció. Sin embargo, todo el día mi espíritu estuvo sumergido en la sensible presencia de Dios, a pesar del ruido y de la conversación que suele haber después de los ejercicios espirituales. A mi eso no me molestó nada. Mi espíritu estaba en Dios, a pesar de que exteriormente yo tomaba parte en las conversaciones y hasta fui con una visita a Derdy.

Hoy empezamos la tercera probación. Nos reunimos las tres junto a la M. Margarita, porque las demás hermanas tenían la tercera probación en el noviciado. La Madre Margarita empezó con una plegaria y una explicación sobre lo que consiste la tercera probación, y recordó lo grande que es la gracia de los votos perpetuos. De repente me vino un gran llanto. En un solo momento, delante de los ojos de mi alma aparecieron todas las gracias de Dios y me vi. tan miserable e ingrata frente a Dios. Las hermanas empezaron a reprenderme ¿por qué se puso a llorar tanto? Pero la Madre Maestra me defendió y dijo que eso no la asombraba. Terminada la hora fui delante del Santísimo sacramento y como la miseria y la nada más grandes, le suplique por su misericordia y que se dignara sanar y purificar mi pobre alma.  De repente oí estas palabras:  Hija Mía, todas tus miserias han sido quemadas en el fuego de Mi amor, como una pajita arrojada en unas llamas enormes.  Y con esta humillación atraes a ti y a otras almas todo el mar de Mi misericordia.  Y contesté: Jesús, forma mi pobre corazón según Tu divina complacencia. 

Durante todo el periodo de la probación mi tarea fue la de ayudar a la hermana en el vestuario. Esta tarea me dio muchas ocasiones para ejercitarme en las virtudes. Más de una vez, iba tres veces [seguidas] a llevar ropa interior a ciertas hermanas y no era suficiente para satisfacerlas. Pero conocí también grandes virtudes de algunas hermanas, que pedían siempre traerles lo peor de todo el vestuario. Admiraba ese espíritu de humildad y de mortificación.

Durante el Adviento se despertó en mi alma un vivo deseo de Dios. Mi espíritu anhelaba a Dios con toda la fuerza de su ser. En aquel tiempo el Señor me dio mucha luz para que conociera sus atributos. El primer atributo que el Señor me dio a conocer, fue su Santidad.  Esta Santidad es tan grande que delante de Él tiemblan todas las Potencias y todas las Fuerzas.  Los espíritus puros encubren sus rostros y se sumergen en adoración permanente, y la única expresión de su adoración sin límites es Santo… La Santidad de Dios es derramada sobre la Iglesia de Dios y sobre cada alma que vive en ella pero no en grado igual.  Hay almas completamente divinizadas, pero hay también almas apenas vivas.

El segundo atributo que el Señor me dio a conocer, fue su Justicia.  Su Justicia es tan grande y penetrante que llega hasta el fondo de la esencia de las cosas y delante de Él todo se presenta en desnuda verdad, y nada podría continuar subsistiendo.

El tercer atributo fue el Amor y la Misericordia.  Y entendí que el mayor atributo es el Amor y la Misericordia.  El une la criatura al Creador.  El amor más grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarnación del Verbo, en su redención, y de esto entendí que éste es el más grande atributo de Dios.

Hoy limpiaba la habitación de una de las hermanas. A pesar de que trataba de limpiarla con máximo esmero, ella me seguía diciendo durante todo el tiempo: Aquí hay polvo, allí una manchita en el suelo. A cada señal suya yo pasaba y repasaba lo mismo, hasta diez veces, para tenerla contenta. No es el trabajo que cansa sino la habladuría y las exigencias desmedidas. No la satisfizo mi martirio de un día entero, sino que fue a la Maestra para quejarse. Le digo, Madre, ¡qué hermana tan desatenta!, no sabe apresurase. Al día siguiente fui a hacer el mismo trabajo sin una palabra de explicación. Cuando volvió a molestarme, pensé: Jesús, es posible ser un mártir silencioso; las fuerzas disminuyen no por el trabajo, sino por este martirio.

Comprendí que algunas personas tienen un don especial de atormentar a los demás. Los ejercitan a más no poder. Pobre aquella alma que cae bajo su mano. No cuenta nada, las mejores cosas son juzgadas al revés.

Vigila de la Noche Buena

Hoy me uní estrechamente a la Santísima Virgen, viví sus momentos íntimos.  Por la noche, antes de partir “oplatek”*, entré en la capilla, para intercambiarlo espiritualmente con las personas queridas y pedí a la Virgen las gracias para ellas.  Mi espíritu estaba sumergido completamente en Dios.  Durante la Santa Misa de Medianoche vi. al Niño Jesús en la Hostia; mi Espíritu se sumergió en Él.  Aunque era un Niñito, su Majestad penetró mi alma.  Me impresionó profundamente este misterio, este gran humillarse de Dios, este inconcebible anonadamiento Suyo.  Durante toda la fiesta de la Navidad lo tuve vivo en el alma.  Oh, nosotros nunca comprenderemos este gran humillarse de Dios; cuanto mas lo medito aquí la frase ha quedado interrumpida.

En Polonia antes de empezar la cena de la Nochebuena, todos los miembros de la familia y otras personas reunidas en torno a la mesa navideña, parten “oplatek” (leer – opuatek, que es un trozo de la hostia no consagrada) y se dan augurios para todo el año.  Es una tradición muy antigua y muy difundida.

Una mañana, después de la Santa Comunión, oí esta voz:  Deseo que Me acompañes cuando voy a los enfermos.   Contesté que estaba de acuerdo, pero un momento después reflexioné:  ¿Cómo voy a hacerlo? Dado que las hermanas del segundo coro no acompañan al Santísimo Sacramento, siempre van las Hermanas Directoras. Pensé que Jesús lo solucionaría.  Pocos minutos después, la Madre Rafaela mandó llamarme y me dijo:  Hermana, usted va a acompañar al Señor Jesús, cuando el sacerdote visite a los enfermos.  Y durante todo el tiempo de la probación, siempre iba con luz, acompañando a Jesús y como un oficial de Jesús procuraba siempre ceñirme con un pequeño cinturón de hierro, porque no estaría bien acompañar al Rey vestida como de costumbre.  Esa mortificación la ofrecía por los enfermos.

La Hora Santa.  Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor.  No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente ví. al pequeño Niño Jesús.  Y su Majestad me penetró y dije:  Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor.  Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez. Todos los sufrimientos y las dificultades las ofrecía a Jesús como una ofrenda floral para el día de nuestros desposorios perpetuos.  Nada me resultaba difícil al recordar que lo hacia por mi Esposo, como una prueba de mi amor hacia Él.

Mi silencio para Jesús.  Procuraba mantener un gran silencio por Jesús.  En medio del mayor ruido, Jesús siempre encontraba silencio en mi corazón, aunque a veces eso me costó mucho.  Pero por Jesús, ¿qué puede resultar grande por Aquel a quien amo con toda la fuerza de mi alma?

Hoy, Jesús me dijo:  Deseo que conozcas mas profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tu comprenderás esto cuando medites Mi Pasión.  Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su  salvación.  Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión.  Esta oración es la siguiente:

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío

En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi. Al Señor Jesús sufriendo la flagelación.  ¡Oh, que suplicio inimaginable!  Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación!  Oh pobres pecadores, ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto?  Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse.  Y vi. en la espalda algunos de sus huesos descarnados… Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.

En cierta ocasión Jesús me dió a conocer lo mucho que le agrada el alma que observa fielmente la regla. El alma obtiene mayor recompensa por ser fiel a la regla que por las penitencias y por grandes mortificaciones.  Pero si éstas son emprendidas fuera de la regla, aunque también reciben la recompensa, pero no superior a la de la regla.

Durante una adoración el Señor me pidió que me ofreciera a Él como victima por un sufrimiento que serviría de reparación en la causa de Dios y no solamente en general por los pecados del mundo, sino en particular por las faltas cometidas en esta casa.  Dije en seguida que sí, que estaba dispuesta.  No obstante, Jesús me dio a conocer lo que debía sufrir y en un solo momento se presentó y pasó delante de los ojos de mi alma todo el martirio.  Primero, mis intenciones no serian reconocidas, varias sospechas y desconfianzas, toda clase de humillaciones y contrariedades, no las enumero todas. Delante de los ojos de mi alma todo se presentó como una tempestad sombría, de la que un momento después iban a soltarse rayos, que estaban esperando solamente mi consentimiento.  Mi alma quedó espantada durante un momento.  De repente sonó la campanilla para el almuerzo. Salí de la capilla temblorosa e indecisa.  Sin embargo aquel sacrificio estaba continuamente delante de mi, porque ni había decidido aceptarlo ni tampoco había dicho no al Señor. Quería someterme a su voluntad.  Si Jesús Mismo me la asignaba, estaba preparada.  Pero Jesús me dio a conocer que era yo quien debía aceptar voluntariamente y con pleno conocimiento, porque si no, no tendría ningún significado.  Todo su valor consistía en mi acto voluntario frente a Él, pero al mismo tiempo el Señor me dio a conocer que eso estaba en mi poder.  Lo podía hacer, pero podía también no hacerlo.  En aquel momento contesté: Jesús, acepto todo, cualquier cosa que quieras mandarme; confío en Tu bondad.  En un instante sentí que con este acto rendí un gran honor a Dios.  Pero me armé de paciencia.  Al salir de la capilla, me enfrenté en seguida con la realidad.  No quiero describirlo con detalles, pero hubo tanto cuanto pude soportar, no hubiera podido soportar ni una gota más.

Una mañana, oí en el alma estas palabras:  Ve a la Madre General y dile que tal cosa, en tal casa no Me agrada.  No puedo decir qué cosa ni en que casa, pero a la Madre General se lo dije, aunque me costó muchísimo.

Una vez me cargué con una espantosa tentación que atormentaba a una de nuestras alumnas en la casa de Varsovia. Era la tentación del suicidio.  Sufrí durante siete días y después de siete días Jesús le concedió la gracia y entonces terminó mi sufrimiento.  Es un gran sufrimiento.  A menudo me cargo con tormentos de nuestras alumnas.  Jesús me lo permite, y los confesores también

Mi corazón es la morada estable de Jesús.  Además de Jesús nadie tiene acceso a él.  De Jesús recojo fuerzas para luchar contra todas las dificultades y contrariedades.  Deseo transformarme en Jesús para poder dedicarme perfectamente a las almas.  Sin Jesús no me acercaría a las almas, porque sé lo que soy yo por mi misma.  Absorbo a Dios en mí, para entregarlo a las almas.

Deseo cansarme, trabajar, anonadarme por nuestra obra de salvacion de las almas inmortales.  No importa si estos esfuerzos acortan mi vida, dado que ella ya no me pertenece, porque es la propiedad de la Congregación.  Por la fidelidad a la Congregación deseo ser util a toda la Iglesia.

195 Oh Jesús, hoy mi alma está como ensombrecida por el sufrimiento. Ni un solo rayo de luz. La tormenta arrecia y Jesús está dormido. Oh mi Maestro, no voy a despertarte, no voy a interrumpir Tu dulce sueño. Yo creo que Tú me estás fortificando, sin que yo lo sepa.

Hay horas enteras en las cuales Te adoro, oh Pan Vivo, entre una gran aridez del alma.  Oh Jesús, Amor Puro, no necesito consolaciones, me alimento de Tu voluntad, oh Soberano.  Tu voluntad es el fin de mi existencia.  Me parece que el mundo entero está a mi servicio y depende de mi.  Tu, oh Señor comprendes mi alma en todas sus aspiraciones. Jesús, cuando yo misma no puedo cantarte el himno del amor, admiro el canto de los serafines, tan amados por Ti.  Deseo, como hacen ellos, ahogarme en Ti.  A tal amor nada puede detenerlo, porque ninguna fuerza tiene poder sobre él.  El se parece a un relámpago que ilumina la oscuridad, pero no se queda en ella. Oh Maestro mío, Tú Mismo modela mi alma según Tu voluntad y Tus proyectos eternos.

Cierta persona se propuso como tarea ejercitarme de distintos modos en la virtud.  Un día me detuvo en el pasillo y empezó por decirme que no tenia por que llamarme la atención, no obstante me mandó estar de pie durante media hora enfrente de la pequeña capilla y esperar a la Madre Superiora, y cuando aquella regresara después del recreo, inculparme de diversas cosas, que ella me dijo para que me acusara de ellas.  Aunque en el alma no tenia la menor idea de eso, no obstante obedecí y esperé media hora a la Superiora.  Cada hermana que pasaba a mi lado, miraba sonriendo. Al haberme acusado frente a la Madre Superiora, me mandó al confesor, cuando me acerqué a la confesión, el sacerdote se dio cuenta en seguida de que eso era algo que no procedía de mi alma, y que yo no tenia la menor idea de aquellas cosas y se extrañó de que aquella persona hubiera podido decidirse a dar tales órdenes.

Oh  Iglesia de Dios, tú eres la mejor madre, sólo tu sabes educar y hacer crecer al alma.  Oh,   cuanto amor y cuanta veneración tengo para la Iglesia, la mejor de las madres.

Una vez el Señor me dijo: Hija Mía, tu confianza y tu amor impiden Mi justicia y no puedo castigar porque Me lo impides.  Oh. Cuanta fuerza tiene el alma llena de confianza.

Cuando pienso en los votos perpetuos y en quien es Aquel que desea unirse a mí, este pensamiento me induce a meditar sobre Él durante horas enteras.  ¿Cómo va a suceder esto?  Tú eres Dios y yo una criatura Tuya, Tú eres el Rey Inmortal y yo una mendiga y la miseria misma.  Pero ahora ya lo tengo todo claro en realidad, este abismo, Señor, lo llenarán Tu gracia y amor.  Este amor llenará el abismo que hay entre Tú, Jesús, y yo.

Oh Jesús, que profundamente herida queda un alma cuando trata siempre de ser sincera y la acusan de hipocresía, y la tratan con desconfianza.  Oh Jesús, Tu has sufrido esto también para dar una reparación a Tu Padre.

Deseo esconderme de manera que ninguna criatura conozca mi corazón, Oh Jesús, solo Tú conoces mi corazón y lo posees totalmente.  Nadie conoce nuestro secreto; con una mirada nos entendemos mutuamente.  Desde el momento en que nos hemos conocido, soy feliz. Tu grandeza me llena plenamente.  Oh Jesús, cuando estoy en el último lugar y el más bajo de las postulantes, incluso las más jóvenes, entonces me siento en el lugar apropiado para mí.  No sabía que en aquellos rinconcitos oscuros el Señor había colocado tanta felicidad.  Ahora entiendo que incluso en la cárcel, de un corazón puro puede prorrumpir una abundancia de amor por Ti. Señor.  Las cosas exteriores no tienen importancia para un amor puro, él penetra todo.  Ni las puertas de una cárcel, ni las puertas del cielo presentan alguna fuerza para él.  Él llega a Dios Mismo y nada es capaz de apagarlo.  Para él no existen barreras, es libre como un rey y tiene la entrada libre en todas partes.  La muerte misma tiene que bajar la cabeza frente a él…

Hoy ha venido a visitarme una hermana mía de sangre.  Cuando me ha contado sus intenciones, he temblado de miedo, ¿es posible esto?  Esta querida alma bella frente a Dios, no obstante unas grandes tinieblas habían bajado sobre ella y no sabia defenderse.  Todo lo veía en negro.  El buen Dios me la ha confiado, durante dos semanas puede trabajar sobre ella.  Sin embargo, cuantos sacrificios me ha costado, solamente Dios lo sabe.  Por ninguna otra alma he llevado al trono de Dios tantos sacrificios, sufrimientos y oraciones como por ella. Sentía que había forzado a Dios a concederle la gracia.  Cuando pienso en todo esto, veo un verdadero milagro.  Ahora veo cuanto poder tiene la plegaria de intercesión ante Dios.

Ahora, en esta Cuaresma, a menudo siento la Pasión del Señor en mi cuerpo; todo lo que sufrió Jesús, lo vivo profundamente en mi corazón, aunque por fuera mis sufrimientos no se delatan por nada, solamente el confesor sabe de ellos.

Una breve conversación con la Madre Maestra. Cuando le pregunte por algunos detalles para progresar en la vida interior, esta santa Madre me contesto a todo con gran claridad de argumentos. Me dijo: Si usted, hermana, continua cooperando así con la gracia de Dios, estará a un paso de una estrecha unión con Dios. Usted, comprende en que sentido lo digo. Que la fidelidad a la gracia del Señor sea su característica. No a todas las almas Dios las conduce por este camino.

Pascua de resurrección. Hoy durante la ceremonia pascual, vi. al Señor Jesús en un gran esplendor se acercó a mi y me dijo: Paz a ustedes, hijos Míos, y levantó la mano y nos bendijo. Las llagas de las manos y de los pies, y del costado no estaban borradas sino resplandecientes. Luego me miró con tanta benevolencia y amor, que mi alma se sumergió totalmente en Él, y me dijo: Has tomado gran parte en Mi Pasión, por eso te doy esta gran participación en Mi gloria y en Mi alegría. Toda la ceremonia pascual me pareció un minuto. Un extraño recogimiento envolvió mi alma y se mantuvo durante toda la fiesta. La amabilidad de Jesús es tan grande que es imposible expresarla.

Al día siguiente, después de la Santa Comunión oí la voz:  Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia.  Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía.  El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia – recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia.  Yo las sanaré y las fortificaré.

Hoy recé por un alma agonizante que estaba muriendo sin los santos sacramentos, aunque los deseaba ardientemente.  Pero ya era demasiado tarde.  Se trata de una pariente mía, la esposa de un tío paterno.  Era un alma querida de Dios.  En aquel momento no hubo distancia para nosotras.

Oh vosotros, pequeños, insignificantes sacrificios cotidianos, sois para mi como las flores del campo con las cuales cubro los pies del amado Jesús.  A veces, yo comparo estas pequeñeces con las virtudes heroicas, porque para su incesante continuidad exigen heroísmo.

Durante los sufrimientos no busco ayuda de las criaturas, sino que Dios es todo para mí, aunque a veces me parece que el Señor tampoco me escucha.  Me armo de paciencia y de silencio, como la paloma que no se queja ni muestra dolor cuando le quitan sus pequeños.  Deseo volar hacia el ardor mismo del sol y no quiero detenerme entre el humo y la neblina.  No me cansaré, porque me he apoyado en Ti ¡mi fuerza!

Ruego ardientemente al Señor que se digne reforzar mi fe para que en mi gris vida cotidiana no me guíe según las consideraciones humanas, sino según el espíritu.  Oh, como todo atrae al hombre hacia la tierra, pero una fe viva mantiene el alma en una espera mas alta y al amor propio le asigna el lugar que le corresponde, es decir, el último.

Una oscuridad terrible cae nuevamente sobre mi alma.  Me parece que estoy bajo la influencia de ilusiones.  Cuando fui a confesarme para obtener luz y serenidad, no las encontré.  El confesor me creó todavía mas dudas de las que tenía antes.  Me dijo:  No puedo entender qué poder obra en usted, hermana, tal vez Dios o tal vez el espíritu maligno. Al alejarme del confesionario, empecé a considerar sus palabras. Cuanto más las contemplaba, tanto mas mi alma se hundía en la oscuridad.  ¿Qué hacer, Jesús?  Cuando Jesús se acercaba a mí bondadosamente, yo tenía miedo.  ¿Eres verdaderamente Tú, Jesús?  Por un lado me atrae el amor, por el otro el miedo.  Que tormento, no sé describirlo.

Cuando fui a confesarme de nuevo, recibi la respuesta:  Yo no la entiendo a usted, hermana, es mejor que usted no se confiese conmigo.  Dios mio, yo tengo que hacerme tanta violencia antes de decir cualquier cosa sobre mi vida interior y he aquí la respuesta que obtengo ¡yo no la entiendo!

Cuando me alejé del confesionario fui asaltada por innumerables tormentos.  Fui delante del Santisimo sacramento y dije:  Jesús, sálvame.  Tu ves que soy debil.  Entonces escuche estas palabras:  Durante los ejercicios espirituales, antes de los votos perpetuos, te daré una ayuda.  Fortalecida por estas palabras, comencé a avanzar sin pedir consejo a nadie; sin embargo sentia tanta desconfianza hacia mi misma, que decidí acabar con esas dudas una vez por todas.  Asi pues, esperaba ansiosamente esos ejercicios espirituales que debian preceder los votos perpetuos; ya unos dias antes pedia incesamente al Señor la luz para el sacerdote que iba a confesarme, para que él decidiera de una vez, categóricamente, sí o no, y yo pensaba:  Estaré tranquila una vez por toda.s  Pero estaba preocupada si alguien quisiera escuchar todas esas cosas.  Sin embargo, decidi no pensar nada en eso, y tener toda la confianza en el Señor.  Me resonaban esas palabras:  “Durante los ejercicios espirituales.”

Todo ya está preparado.  Mañana por la mañana hemos de salir a Cracovia para los ejercicios espirituales.  Hoy entré en la capilla para agradecer a Dios las innumerables gracias que me había concedido durante esos cinco meses.  Mi corazon estaba profundamente conmovido frente a trantas gracias y la tutela de las Superioras.

Hija Mia, quedate tranquila, Me encargo de todos los asuntos.  Yo Mismo los resolveré con las Superioras y con el confesor.  Habla con el Padre Andrasz con la misma sencilles y confianza con la que hablas Conmigo.

Hoy 18 IV 1933 llegamos a Cracovia.  Qué alegria encontrarme nuevamente aquí, donde aprendi a dar los primeros pasos en la vida espiritual.  La querida Madre Maestra, siempre la misma, alegre y llena de amor al projimo.  Entré un momento en la capilla; la alegria inundó mi alma.  En un momento me acordé de todo un mar de gracias que había recibido aquí siendo novicia.

Y hoy empezamos a reunirnos todas para ir por una hora al noviciado.  La Madre Maestra M. Josefa nos dirigió algunas palabras y preparó el plan de los ejercicios espirituales.  Cuando nos decia esas pocas palabras, me vino delante de los ojos todo lo bueno que esa querida Madre había hecho por nosotras.  Senti en el alma un gran agradecimiento hacia ella.  La pena de estar en el noviciado por ultima vez, estrechó mi corazon.  Ya debo luchar con Jesús, trabajar con Jesús, sufrir con Jesús; en una palabra, vivir y morir con Jesús.  La Maestra ya no seguira mis pasos para instruirme, advertirme, amonestarme, alentarme o reprenderme.  Sola, siento un extraáo miedo.  Oh Jesús, da algun remedio.  Sí, tendré la Superiora, es verdad, pero desde ahora estaré mas sola.

Cracovia 21 IV 1933  A la mayor gloria de Dios. Ejercicios espirituales de ocho dias antes de los votos perpetuos

Hoy empiezo los ejercicios espirituales. Jesús, Maestro mio, guiame, dispon de mi según Tu voluntad, purifica mi amor para que sea digna de Ti, haz de mi lo que desea Tu misericordiosisimo Corazon. Jesús, en estos dias estaremos a solas, hasta el momento de nuestra union; mantenme, Jesús, en el recogimiento del espiritu.

Por la noche el Señor me dijo: Hija Mia, que nada te asuste ni te perturbe, mantén una profunda tranquilidad, todo está en Mis manos, te haré entender todo por la boca del Padre Andrasz.  Sé como una niña frente a él.

Un momento delante del Santisimo Sacramento.

Oh Señor y mi eterno Creador, ¿cómo podré agradecerte por esta gran gracia de que Te dignaste elegirme a mi, miserable, como Tu esposa y me unes a Ti con un vinculo eterno? Amabilisimo tesoro de mi corazon, Te ofrezco todos los actos de adoración y de de agradecimiento de las almas santas, de los coros angelicos y me uno especialmente a Tu Madre, Oh Maria, Madre mia, Te ruego humildemente, cubre mi alma con Tu manto virginal en este momento tan importante de mi vida, para que asi, me haga mas agradable a Tu Hijo y pueda glorificar dignamente la misericordia de Tu Hijo delante del mundo entero y durante toda la eternidad.

Hoy no pude entender la meditacion,. Mi espiritu estaba admirablemente sumergido en Dios. No pude forzarme a pensar en lo que el Padre decia durante los ejercicios espirituales. A menudo no está en mi poder pensar según determinados esquemas, mi espiritu esta con el Señor y tal es mi meditacion.

Algunas palabras de mi conferencia con la Madre Maestra Maria Josefa. Me aclaró muchas cosas y me tranquilizó respecto a la vida interior, [diciendo] que estoy en el buen camino. Le agradeci al Señor Jesús por esta gran gracia, ya que ella era la primera entre las Superioras que no me engendraba dudas en este aspecto. Oh, cuán infinitamente bueno es Dios.

Oh Hostia Viva, mi unica Fortaleza, Fuente de Amor y de Misericordia, abrazo al mundo entero, fortifica a las almas debiles. Oh, bendito sea el instante y el momento en que Jesús nos dejó su misericordiosisimo Corazon.

Sufrir sin quejarse, consolar a los demas y ahorar sus propios sufrimientos en el Sacratisimo Corazon de Jesús. Todos los momentos libres de los deberes los pasaré a los pies del Santisimo Sacramento. A los pies del Señor buscaré luz, consuelo y fuerza. Incesantemente mostraré el agradecimiento a Dios por la gran misericordia hacia mi, sin olvidarme jamas de los beneficios que me ofrecio y especialmente la gracia de la vocacion.

Me esconderé entre las hermanas como una violeta pequeña entre las azucenas.  Deseo florecer para mi Creador y Señor, olvidarme de mi misma, anonadarme completamente a favor de las almas inmortales es un deleita para mi.

Algunos de mis propositos. En lo que concierne a la confesion, elegiré lo que mas me humilla y cuesta.  A veces una pequeñez cuesta mas que algo mas grande.  Antes de cada confesion recordare la Pasion del Señor Jesús y con esto despertaré la contrición del corazon.  Si es posible, con la gracia de Dios, ejercitarse siempre en el dolor perfecto.  A esta contrición le dedicaré mas tiempo.  Antes de acercarme a la rejilla, entraré en el Corazon abierto y misericordiosisimo del Salvador.  Cuando me aleje de la rejilla, despertaré en mi alma una gran gratitud hacia la Santisima Trinidad por este extraordinario e inconcebible milagro de la misericordia que se produce en el alma; y cuanto mas miserable es mi alma, tanto mejor siento que el mar de la misericordia de Dios me absorbe y me da una enorme fuerza y fortaleza.

Las reglas que desobedezco con mas frecuencia:  a veces interrumpo el silencio, no obedezco el llamado de la campanilla, a veces me meto en los deberes de los demas; haré los maximos esfuerzos para corregirme. Evitar a las hermanas que murmuran y si no es posible evitarlas, por lo menos callar en presencia de ellas, dando a entender lo penoso que es para nosotras escuchar cosas similares. No hacer caso a las consideraciones humanas, sino que tener en cuenta mi propia conciencia, el  testimonio que me da.  Tener a Dios como testigo de todas las obras.  Comportarme ahora y resolver cada asunto mio de tal modo como quisiera solucionarly y comportarme en el momento de la muerto.  Por eso en cada asunto siempre tener presente a Dios. Evitar los supuestos permisos.  Relatar a las Superioras aun las cosas pequeñas, si es posible detalladamente. Fidelidad en las practicas de piedad; no pedir con facilidad excepciones de las practicas de piedad; callar, excepto durante el recreo; evitar bromas y palabras chistosas que hacen reir a los demas y rompen el silencio; valorar enormemente las mas pequeñas prescripciones; no dejarse llevar por el frenesi del trabajp; interrumpir un momento para mirar hacia el cielo; hablar poco con la gente, pero mucho con Dios; evitar la familiaridad; fijarse poco en quien está conmigo y quien está en contra; no compartir con otros lo que he tenido que soportar; evitar de comunicarse en voz alta durante el trabajo; en los sufrimientos conservar la serenidad y el equilibrio; en los momentos difíciles recurrir a las llagas de Jesús, en las llegas de Jesús buscar consuelo, alivio, luz y fuerza.

El las pruebas trataré de ver la amorosa mano de Dios. No hay nada tan constante como el sufrimiento; él siempre hace fielmente compañía al alma. Oh Jesús, en el amor hacia Ti no me dejaré superar por nadie.

Oh Jesús, escondido en el Santísimo sacramento, ves que hoy salgo del noviciado, haciendo los votos perpetuos.  Jesús, Tu conoces mi debilidad y mi pequeñez, por lo tanto desde hoy de modo mas particular paso a tu noviciado.  Sigo siendo novicia, pero novicia Tuya, Jesús, y Tu serás mi Maestro hasta el último día.  Todos los días vendré a Tus pies a tomar lecciones.  No emprenderé sola la mas pequeña cosa sin consultarte antes, como a mi Maestro, Oh Jesús, estoy tan contenta de que Tu Mismo me hayas atraído y recibido en tu noviciado, es decir en el Tabernáculo.  Pronunciando los votos perpetuos no me vuelvo en absoluto una religiosa perfecta no, no.  Sigo siendo una pequeña y débil novicia de Jesús y trataré de alcanzar la perfección como en los primeros días del noviciado, procurando tener la disposición del alma que tenia en el primer día, en que se abrió para mi la puerta del convento. 

Con la confianza y la sencillez de un niño pequeño, me entrego a Ti, Señor Jesús, mi Maestro; Te dejo una libertad absoluta de guiar mi alma.  Guíame por los caminos que Tu quieras; no voy a averiguarlos.  Te seguiré confiada.  Tu Corazón misericordioso lo puede todo.

La pequeña novicia de Jesús – Sor Faustina

Al comienzo de los ejercicios espirituales Jesús me dijo: En estos ejercicios espirituales, seré Yo Mismo quien dirija tu alma; quiero confirmarte en la tranquilidad y en el amor. Y así me transcurrieron los primeros días. Al cuarto día comenzaron a atormentarme grandes dudas de que ¿no me encontraba, acaso, en una falsa tranquilidad? De pronto oí estas palabras: Hija Mía, figúrate que eres la reina de toda la tierra y que tienes la posibilidad de disponer de todo según te parezca; tienes toda posibilidad de hacer el bien que te agrade y de repente, a tu puerta llama un niño muy pequeño, todo tembloroso, con lagrimas en los ojos, pero con gran confianza en tu bondad y te pide un pedazo de pan para no morir de hambre, ¿Cómo te comportarías con este niño? Contéstame, hija Mía. Y dije: Jesús, le daría todo lo que me pida, pero también mil veces más. Y el Señor me dijo: Así Me comporto Yo con tu alma. Durante estos ejercicios espirituales no solamente te daré la tranquilidad, sino también tal disposición de ánimo, que aunque quieras inquietarte, no podrás. Mi amor ha tomado posesión de tu alma y quiero que te fortifiques en él. Acerca tu oído a Mi Corazón y olvídate de todo, y considera Mi inconcebible misericordia. Mi amor te dará la fuerza y el ánimo que te es necesario en esta obra.

Oh Jesús, Hostia Viva, Tú eres mi madre, Tú eres todo para mi. Vendré a Ti, oh Jesús, con sencillez y con amor, con fe y con confianza. Compartiré todo Contigo, como un niño con la madre amada, los gozos y los sufrimientos, en una palabra todo.

Cuando pienso en que Dios se une a mí por medio de los votos o más bien yo a Él, nadie puede comprender lo que experimenta mi corazón. Ya ahora Dios me da a conocer toda la inmensidad de su amor con el que me ha amado ya antes de los siglos, mientras yo he comenzado a amarlo solamente en el tiempo. Su amor es grandísimo, puro y desinteresado y mi amor hacia Él es para conocerlo. Cuanto más lo conozco, tanto mas ardiente y fuertemente lo amo y mis acciones son más perfectas. Sin embargo cuando pienso que dentro de pocos días voy a hacerme una sola cosa con el Señor por medio del voto perpetuo, un gozo tan inconcebible inunda mi alma que no logro describirlo en absoluto. Desde la primera vez que conocí al Señor, la mirada de mi alma se ha hundido en Él por la eternidad. Cada vez que el Señor se acerca a mí, y se produce en mí un conocimiento mas profundo, crece en mi alma un amor más perfecto.

Antes de la confesión oí en el alma estas palabras: Hija Mía, dile todo y descubre tu alma delante de él como lo haces delante de Mi. No tengas miedo de nada; para tu tranquilidad pongo a ese sacerdote entre Yo y tu alma, y las palabras que te contestará son Mías. Descubre delante de él las cosas más secretas que tienes en el alma. Yo le daré luz para que conozca tu alma.

Al acercarme a la rejilla sentí en el alma una facilidad tan grande para hablar de todo, que mas tarde yo misma me extrañaba. Sus respuestas dieron a mi alma una tranquilidad muy profunda. Sus palabras fueron, son y quedaran para siempre unas columnas de fuego que iluminaron y seguirán iluminando mi alma en su aspiración a la máxima santidad. Las indicaciones que recibí del Padre Andrasz, las tengo apuntadas en otra pagina de este cuaderno.

Terminada la confesión, mi espíritu se sumergió en Dios y permanecí orando durante tres horas, y me parecieron unos pocos minutos.  Desde entonces no pongo obstáculos a la gracia que obra en mi alma.  Jesús sabia por que yo tenia miedo de tratar con Él, y no se ofendía en absoluto.  Desde el momento en que el Padre me aseguró que no se trataba de ningunas ilusiones, sino de la gracia de Dios, trato de ser fiel a Dios en todo.  Ahora veo que son pocos los sacerdotes que comprenden toda la profundidad de la acción de Dios en el alma.  Desde aquel momento tengo las alas desatadas para el vuelo y deseo volar hacia el ardor mismo del sol.  Mi vuelo no se detendrá hasta que no descanse en Él por la eternidad.  Si volamos muy alto, toda la oscuridad, la niebla y las nubes las tenemos debajo de los pies y toda la parte sensitiva de nuestro ser tiene que someterse al espíritu.

Jesús, deseo la salvación de las almas, almas inmortales. En el sacrificio desahogaré mi corazón, en el sacrificio que ni siquiera alguien sospecha; me anonadaré y quemaré inadvertidamente en el sagrado fuego del amor de Dios. La presencia de Dios es la ayuda para que mi sacrificio sea perfecto y puro.

Oh, qué equivocas son las apariencias y los juicios injustos. Oh, cuantas veces la virtud sufre la opresión solo porque es silenciosa. Convivir sinceramente con quienes molestan continuamente, eso requiere un gran espíritu de sacrificio. Uno siente que sangra, pero las heridas no se ven. Oh Jesús, cuantas cosas nos revelará solamente el ultimo día. ¡Que alegría! De nuestros esfuerzos no se pierde nada.

La Hora Santa. En esta hora de adoración conocí todo el abismo de mi miseria. Todo lo que hay de bueno en mi, es Tuyo, Señor, pero como soy tan miserable y pequeña, tengo el derecho de contar con Tu infinita misericordia.

El anochecer, Jesús, mañana por la mañana he de pronunciar los votos perpetuos. Pedí a todo el cielo y la tierra, y todo lo que existe llamé a agradecer a Dios por esta gran e inconcebible gracia. De repente oí estas palabras:  Hija Mía, tu corazón es el cielo para Mí.  Todavía un momento de oración y después hay que salir corriendo ya que nos echan de todas partes, porque arreglan todo para mañana; la capilla, el refectorio, la sala, y la cocina, y nosotras debemos acostarnos.  Pero de dormir ni hablar. La alegría quitó el sueño.  Pensaba ¿qué habrá en el cielo si ya aquí, en este destierro, Dios colma mi alma de tal modo?

La oración durante la Santa Misa en el día de los votos perpetuos.  Hoy dejo mi corazón en la patena donde esta colocado Tu Corazón, Jesús, y hoy me ofrezco junto a Ti, a Dios, Padre Tuyo y mío, como victima de amor y de adoración.  Padre de misericordia, mira la ofrenda de mi corazón, pero a través de la herida del Corazón de Jesús.

1933 año V. 1 día. La unión con Jesús en el día de los votos perpetuos.  Oh Jesús, Tu Corazón desde hoy es mi propiedad y mi corazón es Tu propiedad exclusiva.  El simple recuerdo de Tu Nombre, Jesús, es una delicia para mi corazón.  De verdad, no podría vivir ni un instante sin Ti, oh Jesús.  Hoy mi alma esta anegada en Ti, como en su único tesoro, Mi amor no conoce impedimentos en dar pruebas a su Dilecto.

Las palabras del Señor Jesús durante los votos perpetuos:  Esposa Mía, nuestros corazones están unidos por la eternidad.  Recuerda a quien te has consagrado… no es posible referir todo.

Mi petición hecha en el momento cuando me postré en cruz bajo el paño fúnebre.  Rogué al Señor que me concediera la gracia de no ofenderle nunca, con ningún pecado, ni el más pequeño, ni tampoco con una imperfección, voluntaria y conscientemente. Jesús, en Ti confío, Jesús, Te amo con todo el corazón. En los momentos más difíciles Tú eres mi Madre. Por amor hacia Ti, oh Jesús, yo muero hoy completamente para mi misma y empiezo a vivir para la mayor gloria de Tu santo Nombre.

El amor. Por amor, oh Santísima Trinidad, me ofrezco a Ti como victima de adoración, como holocausto de mi total anonadamiento y con este anonadamiento de mi misma, deseo la exaltación de tu Nombre, oh Señor. Como un pequeñito pimpollo de rosa me arrojo a Tus pies, oh Señor; que el perfume de esta flor sea conocido solamente por Ti. Tres peticiones en el día de los votos perpetuos, Jesús, yo sé que en el día de hoy no me negaras nada.

Primera petición.  Oh Jesús, mi amadísimo Esposo, Te ruego por el triunfo de la Iglesia, sobre todo en Rusia y en España, por la bendición para el Santo Padre Pío XI y todo el clero, por la gracia de conversión para los pecadores empedernidos; Te pido, oh Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.

Segunda petición.  Por una bendición para nuestra Congregación, por gran fervor en la Congregación.  Bendice, oh Jesús, a la Madre General y a la Madre Maestra, y a todo el noviciado, y a todas las Superioras, a mis queridísimos padres; concede, oh Jesús, Tu gracia a nuestras alumnas, fortalécelas firmemente con Tu gracia para que las que dejan nuestras casas, no Te ofendan mas con ningún pecado.  Oh Jesús, Te ruego por la patria, defiéndela de los ataque de los enemigos.

Tercera petición.  Oh Jesús, Te ruego por las almas que mas necesitan la oración.  Te ruego por los agonizantes, sé misericordioso con ellos.  Te ruego también, oh Jesús, por la liberación de todas las almas del purgatorio.

Oh, Jesús, Te recomiendo las personas siguientes:  mis confesores, las personas recomendadas a mis plegarias, ciertas persona, el Padre Andrasz, el Padre Czaputa y aquel sacerdote que conocí en Vilna, que ha de ser mi confesor, cierta alma… y cierto sacerdote, cierto religioso a quien – Tu lo sabes, Jesús – debo muchísimo, y todas las personas que son recomendadas a mi plegaria.  Oh Jesús, en este día Tú puedes hacer todo para aquellos por los cuales Te ruego.  Para mi Te ruego, Señor, transfórmame completamente en Ti, mantenme siempre en el santo fervor para Tu gloria, dame la gracia y la fuerza del espíritu para cumplir en todo Tu santa voluntad. Te agradezco, oh mi amadísimo Esposo, por la dignidad que me has ofrecido y especialmente por las insignias reales que desde hoy me adornan, y que ni siquiera los Ángeles tienen, que son; la cruz, la espada y la corona de espinas.  Pero sobre todo, oh Jesús mío, Te agradezco por Tu Corazón.  Él me basta por todo.

Oh Madre de Dios, Santísima Maria, Madre mía, Tu ahora eres mi Madre de modo más particular y esto porque Tu amado Hijo es mi Esposo, pues los dos somos Tus hijos.  Por consideración a Tu Hijo, debes amarme, Oh Maria, Madre mía amadísima, dirige mi vida interior de modo que sea agradable a Tu Hijo.

Oh Santo, Omnipotente Dios en este momento de la enorme gracia con la cual me unes a Ti para siempre, yo, pequeña nulidad, me arrojo a Tus pies con el mayor agradecimiento, como una pequeña, desconocida florecita y la fragancia de esta flor de amor subirá todos los días a Tu trono.

En los momentos de la lucha y los sufrimientos, de las tinieblas y las tempestades, de la añoranza y la tristeza, en los momentos de las pruebas difíciles, en los momentos en los cuales no seré comprendida por ninguna criatura y mas bien seré condenada y despreciada por todos, recordaré el día de los votos perpetuos, el día de una inconcebible gracia de Dios.  1933

JMJ.  Propósitos especiales de los ejercicios espirituales.  El amor al prójimo primero: ser servicial con las hermanas; segundo:  no hablar de los ausentes y defender el buen nombre del prójimo; tercero:  alegrarse de los éxitos del prójimo.

Oh Dios, cuanto deseo ser una niña pequeña. Tú eres mi Padre, Tú sabes lo pequeñita y débil que soy, pues Te ruego, tenme cerca de Ti en todos los momentos de mi vida y especialmente en la hora de la muerte.  Oh Jesús, yo sé que Tu bondad supera la bondad de la mas tierna de las madres.

Agradeceré al Señor Jesús por cada humillación, rogaré especialmente por la persona que me ha dado la oportunidad de humillarme. Me anonadaré a favor de las almas. No reparar en ningún sacrificio, tirándose bajo los pies de las hermanas como una pequeña alfombra, sobre la cual pueden no solo caminar, sino que pueden también limpiarse los pies. Mi lugar esta bajo los pies de las hermanas. Lo procuraré en la práctica de manera inadvertida para los ojos humanos, Basta que Dios lo vea. Han empezado ya los días grises, cotidianos. Han pasado los momentos solemnes de los votos perpetuos, pero en el alma ha quedado mucha gracia de Dios. Siento que soy toda de Dios, siento que soy su hija, siento que soy totalmente la propiedad de Dios. Lo noto incluso física y sensiblemente. Estoy completamente tranquila por todo, porque sé que el deber del Esposo es pensar en mí. Me he olvidado completamente de mi misma. Mi confianza está puesta sin límites en su misericordiosísimo Corazón. Estoy continuamente unida a Él. Veo como si Jesús no pudiera ser feliz sin mi y yo sin Él. Aunque entiendo bien que siendo Dios es feliz en Si mismo, y para ser feliz no necesita absolutamente ninguna criatura, no obstante su bondad lo fuerza a darse a las criaturas, y esto con una generosidad inconcebible.
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Oh Jesús mío, ahora procuraré el honor y la gloria de Tu Nombre, luchando hasta el día en que Tu Mismo me digas: Basta. A cada alma que me ha confiado, oh Jesús, procuraré ayudarla con la oración y el sacrificio, para que Tu gracia pueda obrar en ella. Oh gran Amante de las almas, oh Jesús mío, Te agradezco por esta gran confianza, ya que Te has dignado confiar estas almas a nuestro cuidado. Oh días grises de trabajo, para mi no son tan grises en absoluto, porque cada momento me trae nuevas gracias y la oportunidad de hacer el bien.
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25 IV 1933.  Permisos mensuales. Pasando, entrar en la capilla. En los momentos libres de los deberes, rezar. Tomar, dar, prestar alguna cosa pequeña. Almorzar y merendar. A veces no podré participar en el recreo. A veces tampoco podré participar en los ejercicios comunes. A veces no podré participar en las plegarias de la noche ni de la mañana. A veces continuar con mis ocupaciones un momento después de las nueve y otras veces hacer las practicas de piedad después de las nueve. Si tengo un momento libre, escribir o anotar algo. Hablar por teléfono. Salir de casa. Cuando estoy en la ciudad, entrar en una iglesia. Visitar a las hermanas enfermas. Entrar en las celdas de otras hermanas en caso de necesidad. A veces beber agua fuera del horario.

Pequeñas mortificaciones

            La coronilla a la Divina Misericordia con los brazos en cruz.

            Los sábados una parte del rosario con los brazos en cruz.

            A veces alguna plegaria postrándome en cruz.

            Los jueves la Hora Santa.

            Los viernes una mortificación mayor por los pecadores moribundos.

Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tu eres mi puerto, Tu eres mi paz, Tu eres mi única  salvación. Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas.  Tú eres   el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida. Tú eres todo para el alma solitaria.  Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada.  Tú conoces nuestras debilidades y como un buen medico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto. Las palabras del obispo que figuran en la ceremonia de los votos perpetuos de las hermanas: “Toma este cirio en tu mano, en señal de iluminación celestial y de amor ardiente.” Al entregar el anillo:  “Te desposo a Jesucristo, Hijo del Padre Altisimo, el Cual te guarde sin mancilla.  Recibe este anillo cono signo de eterna alianza que contraes con Cristo, Esposo de las vírgenes.  Que éste sea para ti el anillo de la fidelidad, el signo del Espiritu Santo para que te llames esposa de Cristo y si le sirves fielmente, seas coronada por la eternidad. Jesús, en Ti confio, confio en el mar de Tu misericordia, Tu eres la madre para mi. Este año 1933 es para mi particularmente solemne, porque en este año del Jubileo de la Pasion del Señor hice los votos perpetuos. Mi sacrificio lo he unido de modo singular al sacrificio de Jesús Crucificado para asi hacerme mas agradable a Dios. Todas mis tareas las hago con Jesús, por Jesús y en Jesús. Despues de los votos perpetuos, todavía me quedé en Cracovia todo mayo, porque mi destinacion oscilaba entre Rabka y Vilna. Cuando una vez la Madre General me preguntó: ¿Por qué usted, hermana, se queda tan silenciosa y no se prepara para ir a alguna parte? Contesté: Yo quiero sólo la voluntad de Dios. Donde usted, querida Madre, me mande, sin mi intervención, yo sabré que sera para mi la pura voluntad de Dios.

La Madre General me respondió:  Muy bien.  Al dia siguiente la Madre General me llamó y dijo:  Como deseaba tener la pura voluntad de Dios, pues usted hermana, va a Vilna.  Le agradeci y esperaba el dia en el que me dijeran de salir.  Sin embargo una alegria y un temor a la vez llenaron mi alma.  Sentia que alli Dios me preparaba grandes gracias, pero tambien grandes sufrimientos.  De todas maneras, hasta el 27 de mayo me quedé en Cracovia.  Como no tenia una tarea fija e iba solamente a ayudar en la huerta y como coincidió que trabajaba sola, durante todo el mes tuve la posibilidad de hacer los ejercicios espirituales según el sistema de los jesuitas.  En ellos recibí mucha luz de Dios.

Pasaron cuatro dias después de los votos perpetuos. Traté de hacer la Hora Santa. Era el primer jueves del mes. En cuanto entré en la capilla, la presencia de Dios me inundó. Sentia claramente que el Señor estaba a mi lado. Un momento después vi al Señor todo cubierto de llagas, y me dijo: Mira, con quien te has desposado. Yo comprendi el significado de esas palabras y contesté al Señor: Jesús, Te amo mas viendote tan herido y anonadado que como Te viera en Tu Majestad. Jesús preguntó: ¿Por qué? Contesté: Una gran Majestad me da miedo a mi, a esta pequeñita nulidad que soy, mientras que Tus llagas me atraen a Tu Corazon y me hablan de Tu gran amor hacia mi. Después de esta conversación se hizo el silencio. Miraba atentamente sus santas llagas y me sentia feliz sufriendo con Él. Sufriendo no sufria, porque me sentia feliz conociendo la profundidad de su amor y una hora me pasó como si fuera un minuto. No juzgar nunca a nadie, para los demas tener el ojo indulgente y para mi severo. Relacionar todo a Dios y en mis propios ojos sentirme lo que soy, es decir la mas grande miseria y la nulidad. En los sufrimientos estar paciente y tranquila, sabiendo que con el tiempo todo pasará. De los momentos que vivi durante los votos perpetuos, mejor no debo hablar de ellos. Estoy en Él y Él está en mi.  En el momento en que el obispo me puso el anillo, Dios penetró todo mi ser y como no sé expresarlo, dejo este momento en silencio.  Desde los votos perpetuos mis relaciones con dios se hicieron tan estrechas como nunca antes.  Siento que amo a Dios y siento tambien que Él me ama.  Mi alma, habiendo conocido a Dios, no sabria vivir sin Él.  Me es mas agradable una hora a los pies del altar, pasada en la mas grande aridez del espiritu, que cien años de deleites en el mundo.  Prefiero ser una muchacha de los mandados en el convento que una reina en el mundo. Esconderé a los ojos de la gente cualquier cosa buena que haga, para que sólo Dios sea mi recompensa; y como una pequeña violeta escondida entre la hierba no hiere el pie de la persona que la pisa, sino que emana perfume, y olvidandose completamente de si misma, trata de ser gentil con la persona por la que fue pisada. Aunque para la naturaleza esto es muy difícil, la gracia de Dios viene en ayuda. Te agradezco, oh Jesús, esta gran gracia de permitirme conocer todo el abismo de mi miseria; yo sé que soy un abismo de nulidad y si Tu santa gracia no me sostuviera, en un solo momento me volveria a la nada. Pues, con cada latido del corazon, Te agradezco, oh Dios, Tu gran misericordia conmigo. Mañana he de salir para Vilna. Hoy fui a confesarme con el Padre Andrasz, este sacerdote que tiene un profundo espiritu de Dios, el que me ha desatado las alas para el vuelo, hacia las mayores alturas. Me ha tranquilizado en todo y me hace creer en la Divina Providencia. Tú confia y avanza con valor. Después de esa confesion he sentido una misteriosa fuerza divina. El Padre ha insistido en que sea fiel a la gracia de Dios y dijo: Si continuas conservando la sencillez y la obediencia, no te sucederá nada malo. Confia en Dios, estás en el buen camino y en buenas manos estás, en las manos de Dios. Por la noche me quedé mas tiempo en la capilla. Hablaba con el Señor de cierta alma. Animada por su bondad, dije: Jesús, me has dado a este Padre que ha comprendido mis inspiraciones y vuelves a quitármelo. ¿ Qué voy a hacer en Vilna? No conozca a nadie, hasta el dialecto, de aquella gente es ajeno para mi. Y me dijo el Señor: No tengas miedo, no te dejaré sola. Mi alma se sumergio en la oracion de agradecimiento por todas las gracias que el Señor me concedió por medio del Padre Andrasz.

De súbito recordé aquella vision en la que había visto a un sacerdote entre el confesionario y el altar, confiando en conocerlo algun dia y volvieron bien claras las palabras que había escuchado: Él te ayudará a cumplir Mi voluntad en la tierra.

Hoy, 27 de mayo de 1933 voy a Vilna. Al salir delante de la case, eché una mirada a toda la huerta y a la casa; al dirigir la mirada al noviciado, de repente por mis mejillas rodaron las lagrimas. Recordé todos los beneficios y las gracias que el Señor me había concedido. De reprente e inesperadamente vi al Señor junto al florero, que me dijo: No llores, Yo estoy siempre contigo. La apresencia de Dios que me penetró mientras el Señor Jesús estaba hablando, duró todo el tiempo del viaje. Tenía el permiso de detenerme en Czestochowa. Por primera vez vi. a la Santísima Virgen cuando a las cinco de la madrugada fui para asistir al descubrimiento de la imagen. Estuve orando sin interrupción hasta las once y me parecía que acababa de llegar. La Madre Superiora del lugar  mandó una hermana para llamarme a desayunar y porque estaba preocupada de que yo no perdiera el tren. La Virgen me dijo muchas cosas. Le ofrecí mis votos perpetuos, sentía que yo era su niña y Ella mi Madre. No me rehusó nada de lo que yo le había pedido. Hoy ya estoy en Vilna. Pequeñas casitas, dispersas, forman el convento. Me parecen algo extrañas después de los grandes edificios de Józefów. Hay solamente dieciocho hermanas. La casita es pequeña, pero la armonía en esta Comunidad es grande. Todas las hermanas me recibieron muy cordialmente, lo que me dio mucho animo antes de afrontar las fatigas que me esperaban. La Hermana Justina  hasta había lavado el piso con motivo de mi llegada. Cuando fui a la Bendición, Jesús me iluminó sobre como comportarme con ciertas personas. Con todas mis fuerzas me abracé al Dulcísimo Corazón de Jesús al ver que exteriormente seria expuesta a distracciones debido a la tarea que iba a tener en la huerta y por la que tenia que mantener contactos con laicos.

Llegó la semana de la confesión y con alegría vi. a aquel sacerdote al que había conocido antes de venir a Vilna. Lo había conocido en una visión. En ese momento, oí en el alma estas palabras: He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra. Sin embargo yo no me hice conocer de él, tal y como lo deseaba el Señor. Y durante algún tiempo luché con la gracia. En cada confesión la gracia de Dios me penetraba misteriosamente, pero yo no le revelé mi alma y pensaba no confesarme con este sacerdote. Tras este propósito una inquietud terrible se adueñó de mi alma. Dios me reprochó enérgicamente. Cuando revelé toda mi alma a este sacerdote, Jesús derramó sobre mi alma todo un mar de gracias. Ahora comprendo lo que es la fidelidad a una simple gracia y cómo ella atrae toda una serie de otras gracias. Oh Jesús, mantenme a tu lado, mira lo débil que soy, por mi misma no avanzaré ni un paso, por eso Tu, oh Jesús, tienes que estar continuamente conmigo, como la madre cerca de su niño débil, y aun mas. Empezaron los días de trabajo, de lucha y de sufrimientos. Todo va con su ritmo de convento. Uno queda siempre novicio, tiene que aprender y conocer muchas cosas, porque si bien la regla es igual, cada casa tiene sus propias costumbres, por eso cada cambio es un pequeño noviciado.
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5 VIII 1933 fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Hoy recibí una gracia grande e inconcebible, puramente interior, por la cual agradeceré a Dios en esta vida y por la eternidad. Jesús me dijo que yo le agradaría mas meditando su dolorosa Pasión, y a través de esta meditación mucha luz fluye sobre mi alma. Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús. Cuando medito la Pasión de Jesús, se me aclaran muchas cosas que antes no llegaba a comprender. Yo quiero parecerme a Ti, oh Jesús, a Ti crucificado, maltratado, humillado. Oh Jesús, imprime en mi alma y en mi corazón Tu humildad. Te amo, Jesús, con locura. Te amo anonadado, como Te describe el profeta, que por los grandes sufrimientos no lograba ver en Ti el aspecto humano. En este estado Te amo, Jesús, con locura. Dios Eterno e Inmenso, ¿qué ha hecho de Ti el amor?

11 X 1933 – jueves.  Procuré hacer la Hora Santa, pero la empecé con gran dificultad.  Algún anhelo comenzó a desgarrar mi corazón.  Mi mente quedó ofuscada de manera que no lograba entender las formas simples de las plegarias.  Y así pasó una hora de oración o más bien de lucha.  Decidí orar otra hora, pero los sufrimientos interiores aumentaron.  Una gran  aridez y un gran disgusto.  Decidí orar durante la tercera hora.  En esa tercera hora de plegaria que decidí hacer arrodillada sin ningún apoyo, mi cuerpo empezó a reclamar un descanso.  Sin embargo yo no cedí nada.  Extendí las manos en forma de cruz y sin pronunciar una palabra, seguí así con un acto de voluntad.  Un momento después me quité el anillo del dedo y pedí a Jesús que mirara ese anillo que es el símbolo de nuestra unión eterna y ofrecí al Señor Jesús los sentimientos del día de los votos perpetuos.  Un momento después sentí  que una ola de amor empezaba a inundar mi corazón.  Un repentino recogimiento del espíritu, el silencio de los sentidos, la presencia de Dios penetra al alma.  Sé únicamente que estamos Jesús y yo.  Lo vi., bajo la misma apariencia que tenia cuando lo vi en el primer momento después de los votos perpetuos, cuando también hacia la Hora Santa.  Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos.  De repente el Señor me dijo:  La esposa debe asemejarse a su Esposo.  Entendí estas palabras en profundidad.  Aquí no hay lugar para ninguna duda.  Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad.  Mira lo que ha hecho Conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el numero tan grande de almas.  Tu corazón es un descanso para Mí, muchas veces guardo las gracias grandes para el fin de la plegaria.

Una vez, mientras hacia una novena al Espíritu Santo por mi confesor, el Señor me contestó:  Te lo di a conocer  antes de que las Superioras te enviaran aquí; como tú te comportarás con el confesor, así Yo Me comportaré contigo.  Si te escondes de él, aunque se trata de la más pequeña de Mis gracias, Yo también Me esconderé de ti y te quedarás sola.  Y yo hice según el deseo de Dios y una profunda paz reinó en mi alma.  Ahora entiendo cuánto Dios defiende a los confesores y cuánto se pone de parte de ellos.

Un consejo del Rev. Sopocko. Sin humildad no podemos agradar a Dios.  Ejercítate en el tercer grado de la humildad, es decir no solamente no recurras a explicaciones y justificaciones cuando te reprochen algo, sino que alégrate de la humillación. Si las cosas de las que me hablas, proceden verdaderamente de Dios, entonces prepara tu alma a grandes sufrimientos.  Encontrarás desaprobaciones y persecuciones.  Te van a mirar como a una histérica, una extravagante, pero Dios no escatimará su gracia.  Las verdaderas obras de Dios siempre enfrentan dificultades y se caracterizan por el sufrimiento.  Si Dios quiere realizar algo, tarde o temprano, lo realizará, lo realizará a pesar de las dificultades y tú, mientras tanto, ármate de gran paciencia.

Cuando el Rev. Sopocko fue a la Tierra Santa, confesaba a la Comunidad el Padre jesuita, Dabrowski.  Durante una confesión me preguntó si estaba consciente de la vida superior que había en mi alma y que era de un grado sumamente alto.  Contesté que estaba consciente de ello y de lo que sucedía en mi interior.  A esto el Padre me contestó:  No le está permitido, hermana, destruirlo en su alma ni puede modificar nada por sí misma.  No en todas las almas es evidente esta gran felicidad de la vida superior, en usted, hermana, es visible, porque es de un grado altísimo.  Tenga cuidado, hermana, de no malgastar estas grandísimas gracias de Dios, grande por su la frase interrumpida.

Antes, sin embargo, este Padre me había expuesto a muchas pruebas.  Y cuando le dije que el Señor quería de mí aquellas cosas, se burló de mí y me hizo venir a confesarme a las ocho de la noche.  Y cuando fui a las ocho, el hermano estaba cerrando ya la iglesia.  Y cuando le dije que informara al Padre que yo había venido y que había sido el Padre que me había dicho venir a esa hora, el buen frailecito fue y advirtió al Padre.  El Padre le ordenó decirme que a esa hora los Padres no confesaban.  Y volví a casa con nada y no me confesé más con él, pero hice por él una hora de adoración y ciertas mortificaciones, para impetrarle la luz de Dios para que pudiera entender las almas.  Pues, cuando el Rev. Sopocko salía y él lo sustituía, me vi. obligada a confesarme con él.  Sin embargo, si bien antes no quería reconocerlas, ahora me obliga a una gran fidelidad a estas inspiraciones interiores.  A veces Dios permite que sucedan esas cosas, pero sea adorado en todo.  Pero es necesaria, sin embargo, una gran gracia para no vacilar.

Ejercicios espirituales anuales 10 I 1934.  Oh Jesús mío, se acerca nuevamente el momento en que me quedaré Contigo a solas.  Oh Jesús, Te ruego con todo mi corazón, permíteme conocer lo que no Te agrada en mí y al mismo tiempo dame a conocer lo que tengo que hacer para agradarte más.  No me niegues esta gracia y quédate conmigo.  Yo sé que sin Ti, oh Señor, mis esfuerzos valen poco.  Oh, cuánto me alegro de Tu grandeza, oh Señor.  Cuanto más Te conozco, tanto mas ardientemente Te deseo y anhelo.

Jesús me concedió el conocimiento de mi misma.  En esta luz de Dios veo mi defecto principal, es la soberbia, su característica el cerrarme en mi misma, la falta de sencillez en las relaciones con la Madre Superiora.

La segunda iluminación, respecto al hablar.  A veces hablo demasiado.  Para un asunto que podría ser solucionado con dos o tres palabras, yo empleo demasiado tiempo.  Mientras tanto Jesús desea que ese tiempo yo lo emplee para pequeñas plegarias con indulgencias por las almas del Purgatorio.  Y me dice el Señor que cada palabra será pesada el Día del Juicio.

La tercera iluminación, respecto a nuestra regla.  Evito poco las ocasiones que llevan a infringir la regla y especialmente en lo que concierne al silencio.  Me comportaré como si la regla hubiera sido escrita solamente para mí y no es asunto mío ver cómo se comportan los demás, con tal que yo me comporte como Dios desea.

Propósito.  Cualquier cosa que Jesús desee de mi y que se refiera a cosas exteriores, ir en seguida a decirlo a las Superioras; en el trato con la Superiora procuraré ser abierta y sincera como un niño.

Jesús ama a las almas escondidas.  Una flor escondida es la que mas perfume tiene dentro de sí.  Buscar un retiro para el Corazón de Jesús en mi propio interior.  En los momentos difíciles y dolorosos Te entono, oh Creador, un himno de la confianza, porque el abismo de mi confianza hacia Ti, hacia Tu misericordia, es inconmensurable. Desde el momento en que empecé a amar el sufrimiento, este mismo dejó de ser sufrimiento para mí.  El sufrimiento es el alimento continuo de mi alma. No hablaré con cierta persona, porque sé que a Jesús esto no le agrada y ella no saca de eso ningún provecho.

A los pies del Señor, Oh Jesús escondido, Amor eterno, Vida nuestra, Divino Insensato que Te has olvidado de Ti Mismo y nos ves solamente a nosotros. Aún antes de crear el cielo y la tierra, nos llevabas en Tu Corazón. Oh Amor, oh abismo de Tu humillación, oh misterio de felicidad, ¿por qué es tan pequeño el numero de los que Te conocen? ¿Por qué no encuentras reciprocidad? Oh Amor Divino, ¿por qué ocultas Tu belleza? Oh Inconcebible e Infinito, cuanto más Te conozco Te comprendo menos; pero como no alcanzo a comprenderte, comprendo más Tu grandeza. No envidio el fuego a los serafines, porque en mi corazón tengo depositado un don mayor.  Ellos Te admiran en éxtasis, pero Tu Sangre se une a la mía. El amor, es el cielo que nos está dado ya aquí en la tierra. Oh, ¿por qué Te escondes detrás de la fe? El amor rasga el velo. No hay velo delante de los ojos de mi alma, porque Tu Mismo me has atraído desde la eternidad al seno de un amor misterioso. Oh indivisible Trinidad, único Dios, a Ti honor y gloria por todos los siglos.

Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz cómo demostrárselo en la práctica.  El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios.  Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aun las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios.  Y me dijo el Señor:  Niña Mía, mas que nada Me agradas a través del sufrimiento.  En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija Mía, no busques compasión de las criaturas.  Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla.  Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma.  Hija Mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón:  amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra.  Hija Mía, cuanto más amaras el sufrimiento, tanto mas puro será tu amor hacia Mí.

Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por el recogimiento interior y por mortificación exterior.  Durante tres horas llevé un cinturón [de hierro], orando incesantemente por los pecadores y para obtener misericordia para el mundo entero; y Jesús me dijo:  Hoy Mi mirada se posa con complacencia sobre esta casa.

Siento muy bien que mi misión no terminara con mi muerte, sino que empezará.  Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza.  Dios es Amor y Misericordia.

Una vez el Señor me dijo:  Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.  Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.  Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.

Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío. A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la mas miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios. De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios.
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Oh Jesús, ojala pudiera transformarme en una neblina delante de Ti para cubrir la tierra con el fin de que Tu santa mirada no vea los terribles crímenes. Oh Jesús, cuando miro el mundo y su indiferencia frente a Ti, siempre me vienen lágrimas a los ojos, pero cuando miro un alma consagrada que es tibia, entonces mi corazón sangra.

Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.  A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que  deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.  Al entrar en mi celda vi. un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz:  Toma este copón y llévalo al tabernáculo.   En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras:  Con el mismo amor con que te acercas a Mi, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces a ellas Me lo haces a Mi.  Después de un momento me di cuenta de que estaba sola.

Una vez, cuando se hacia la adoración por nuestra patria, un dolor estrechó mi alma y empecé a orar de modo siguiente:  Jesús Misericordiosísimo, Te pido por la intercesión de Tus Santos y, especialmente, por la intercesión de Tu Amadísima Madre, que Te crió desde la niñez, Te ruego bendigas a mi patria.  Jesús, no mires nuestros pecados, sino las lagrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren.  Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria.  En aquel instante vi. al Señor Jesús con los ojos llenos de lagrimas y me dijo:  Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.

Oh Jesús mío, cuando observo la vida de las almas, veo que muchas Te sirven con cierta desconfianza.  Y en ciertos momentos, especialmente cuando hay ocasión para demostrar el amor hacia Dios, justo entonces veo cómo estas almas huyen del campo de batalla.  Entonces me dijo Jesús:  ¿Tu también, hija Mía, quieres comportarte así?  Le contesté al Señor:  Oh no, Jesús mío, no me retiraré del campo de batalla, aunque el sudor de la muerte bañe mi frente, no dejaré caer de la mano la espada, hasta que no descanse a los pies de la Santísima Trinidad.  Para cualquier cosa que hago, no cuento con mis propias fuerzas, sino con la gracia de Dios.  Con la gracia de Dios el alma puede superar victoriosamente las más grandes dificultades.

Una vez, hablé con Jesús mucho tiempo de nuestras alumnas y animada por su bondad le pregunté si también entre nuestras alumnas tenia almas que eran un consuelo para su Corazón.  Y el Señor me contestó que las tenia, pero su amor es débil, por eso las confío a tu cuidado especial; ruega por ellas.

Oh Dios Inmenso, admiro Tu bondad.  Tú eres el Señor de las huestes celestiales  y Te humillas de ese modo hacia una miserable criatura.  Oh, con que ardor deseo amarte con cada latido de mi corazón.  No me basta toda la superficie de la tierra, el cielo es demasiado pequeño y el espacio celeste es nada.  Únicamente Tu solo me bastas, Dios Eterno.  Sólo Tú puedes llenar la profundidad de mi alma.

Los momentos más felices para mi son aquellos cuando me quedo a solas con mi Señor. En aquellos momentos conozco la grandeza de Dios y mi propia miseria. Una vez Jesús me dijo:  No te extrañes si a veces sospechan de ti injustamente.  Yo por amor a ti, fui el primero en beber este cáliz de sufrimientos injustos.Un día, cuando estaba muy conmovida por la eternidad y sus misterios, mi alma empezó a tener miedo y después de reflexionar un momento mas, empezaron a atormentarme varias dudas.  Entonces Jesús me dijo:  Niña Mía, no tengas miedo de la casa de tu Padre.  Deja a los sabios de este mundo las investigaciones inútiles.  Yo quiero verte siempre como una niña pequeña.  Pregúntale todo con sencillez a tu confesor y Yo te contestaré por su boca.

291 En cierta ocasión conocí a una persona que pensaba cometer un pecado grave. Pedí al Señor que me enviara los peores tormentos, para que aquella alma fuera preservada. De repente sentí en la cabeza el atroz dolor de la corona de espinas. Eso duró bastante tiempo, pero aquella persona permaneció en la gracia de Dios. Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad. Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en lo absoluto. Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra. Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos. La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino mas corto. Cuando un alma ama sinceramente a Dios, no debe tener nada en su vida espiritual. Que se someta a la influencia de la gracia y que no ponga límites a la unión con el Señor. Cuando Jesús me fascinó con su belleza y me atrajo a si, entonces vi. lo que no le agradaba en mi alma y decidí eliminarlo a toda costa y con la ayuda de la gracia lo eliminé en seguida. Esta generosidad le agrado al Señor y desde aquel momento Dios empezó a concederme gracias superiores. No hago ningunos razonamientos en la vida interior, no analizo nada por cuales caminos me lleva el Espíritu Divino; me basta saber que soy amada y que yo amo. El amor puro me permite conocer a Dios y comprender muchos misterios. El confesor es para mí un oráculo, su palabra es sacrosanta para mí, estoy hablando del director espiritual. Una vez el Señor me dijo: Compórtate como un mendigo que cuando recibe una limosna grande no la rehúsa, sino que mas bien agradece con mas cordialidad; y tu también, si te concedo unas gracias mas grandes, no las rehúses diciendo que eres indigna. Yo lo sé; pero tu mas bien alégrate y goza, y toma tantos  tesoros de Mi Corazón cuantos puedes llevar, ya que haciendo así Me agradas mas. Te diré algo más: no tomes estas gracias solamente para ti, sino también para el prójimo, es decir invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Oh cuanto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas. En ese momento Jesús me preguntó: Niña Mía, ¿cómo van tus ejercicios espirituales? Contesté: Jesús, Tu bien sabes como me van. Si, lo sé, pero quiero oírlo de tu boca y de tu corazón. Oh mi Maestro, cuando Tu me guías todo me va con facilidad y Te ruego, Señor, no Te alejes nunca de mi. Y me dijo Jesús: Sí, estaré siempre junto a ti si eres siempre una niña pequeña y no tengas miedo de nada; como he sido aquí tu principio, así seré también tu fin. No cuentes con ninguna criatura, ni siquiera en la cosa más pequeña, ya que esto no Me agrada. Yo quiero estar en tu alma solo. Fortificaré tu alma y te daré luz, y conocerás por la boca de Mi sustituto que Yo estoy en ti, y la inquietud se desvanecerá como una niebla ante los rayos del sol.
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Oh Bien Supremo, deseo amarte como hasta ahora nadie Te ha amado en la tierra. Deseo adorarte con cada momento de mi vida y unir estrechamente mi voluntad a Tu santa voluntad. Mi vida no es monótona ni gris, sino variada como un jardín de flores perfumadas, donde no sé que flor recoger primero; el lirio del sufrimiento o la rosa del amor del prójimo o la violeta de la humildad. No voy a enumerar estos tesoros que cada día tengo en abundancia. Es una gran cosa saber aprovechar el momento presente.
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Oh Jesús, Luz Suprema, haz que yo me conozca y penetra con Tu luz mi alma oscura, y llena de Ti el abismo de mi alma, ya que solamente Tu.
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Oh Jesús mío, Vida, Camino y Verdad, Te ruego, tenme cerca de Ti, como la madre estrecha al seno a su niño pequeño, ya que yo no soy solamente una niña incapaz, sino un cúmulo de miseria y de nulidad.
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Un secreto del alma. Vilna 1934.  Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

Durante la oración oí interiormente estas palabras:  Los dos rayos significan la Sangre y el Agua.  El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas.

Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzara la justa mano de Dios.  Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia.

Pide a Mi siervo fiel  que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas.

La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia.

Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma.  Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad.  También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad.

Mi Corazón se alegra de este titulo de misericordia.

Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios.  Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia.

Oh Amor Eterno, deseo que Te conozcan todas las almas que has creado. Desearía hacerme sacerdote, para hablar incesantemente de Tu misericordia a las almas pecadoras, hundidas en la desesperación. Desearía ser misionero y llevar la luz de la fe a los países salvajes para darte a conocer a las almas y morir en el martirio, sacrificada por ellas como Tu has muerto por mi y por ellas. Oh Jesús, sé perfectamente que puedo ser sacerdote, misionero y predicador, puedo morir en el martirio anonadándome totalmente y negándome a mi misma por el amor hacia Ti, Jesús, y hacia las almas inmortales. Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y solamente el amor da valor a nuestras acciones; y cuánto mas puro se hace nuestro amor, tanto menos tendrá por destruir en nosotros el fuego del sufrimiento, y el sufrimiento dejará de serlo para nosotros. Se convertirá en un gozo. Con la gracia de Dios he recibido ahora esta disposición del corazón, de que nunca estoy tan feliz como cuando sufro por Jesús, al que amo con cada latido del corazón. Una vez, cuando tenia un gran sufrimiento, dejé mi trabajo para correr a Jesús y pedirle que me ayudara. Después de una corta plegaria volvi al trabajo llena de entusiasmo y alegria. En ese momento una hermana me dijo: Sin duda, hermana, usted tiene hoy muchas consolaciones, dado que está tan radiante. Dios seguramente no le da ningun sufrimiento, sino exclusivamente consolaciones. Contesté: Usted, hermana, está equivocada, ya que justamente cuando sufro mucho, mi gozo es mayor, mientras que cuando sufro poco, tambien mi gozo es mas pequeño. Pero aquella alma me daba a entender que no me comprendia. Traté de explicarselo: Cuando sufrimos mucho, tenemos una gran oportunidad de demostrarle a Dios que lo amamos, mientras cuando sufrimos poco, tenemos poca posibilidad de demostrar a Dios nuestro amor y cuando no sufrimos nada, entonces nuestro amor no es grande ni puro. Con la gracia de Dios podemos llegal al punto en que el sufrimiento se transformará para nosotros en gozo, puesto que el amor sabe hacer tales cosas en las almas puras.
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Oh Jesús mío, mi única esperanza, Te agradezco este gran libro que has abierto delante de los ojos de mi alma. Este gran libro es Tu Pasión afrontada por amor hacia mí. De este libro he aprendido cómo amar a Dios y a las almas. En él están encerrados inagotables tesoros para nosotros. Oh Jesús, que pocas son las almas que Te entienden en Tu martirio de amor. Oh, que grande es el fuego del amor purísimo que arde en Tu Sacratísimo Corazón. Feliz el alma que ha entendido el amor del Corazón de Jesús. Mi mayor deseo es que las almas Te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad, que crean en Tu bondad y que alaben Tu infinita misericordia. He rogado a Dios que me conceda la gracia de que mi naturaleza sea fuerte y resistente a las influencias que a veces quieren distraerme del espíritu de la regla y de las pequeñas normas, ya que éstas son como pequeñas polillas que quieren destruir en nosotros la vida interior y sin duda la destruirán, si el alma es consciente de estas pequeñas transgresiones y a pesar de eso, las toma a la ligera como cosas de poco importancia. En una orden religiosa yo no veo nada de poca importancia. No me importa que a veces me expongo a disgustos e ironías, lo importante es que mi espíritu esté en buena armonía con el espíritu de las reglas, de los votos y de las normas religiosas.

Oh Jesús mío, deleite de mi corazón, Tu conoces mis deseos.  Quisiera esconderme a los ojos humanos, viviendo de modo como si no viviera.  Quiero vivir pura como una flor de campo; quiero que mi amor esté dirigido siempre hacia Ti, como la flor que gira siempre hacia el sol.  Deseo que el perfume y la frescura de la flor de mi corazón estén siempre guardados exclusivamente para Ti.  Quiero vivir bajo Tu mirada divina, ya que Tu solo me bastas.  Cuando estoy Contigo, oh Jesús, no tengo miedo de nada, porque nada puede dañarme.

Una vez, durante la Cuaresma, encima de nuestra capilla y de nuestra casa, vi. una gran claridad y una gran oscuridad. Vi la lucha de estas dos potencias…

1934.  Jueves Santo.  Jesús me dijo:  Deseo que te ofrezcas como victima por los pecadores y, especialmente, por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.

Dios y las almas. – Acto de ofrecimiento.

Ante el cielo y la tierra, ante todos los coros de los angeles, ante la Santísima Virgen Maria, ante todas las Potencias Celestes declaro a Dios, Uno y Trino, que hoy en unión con Jesucristo, Redentor de las almas, me ofrezco voluntariamente como victima por la conversión de los pecadores y especialmente por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.  Este ofrecimiento consiste en que tomo la total sumisión a la voluntad de dios, todos los sufrimientos, y los temores, y los miedos que llenan a los pecadores y en cambio les cedo todas las consolaciones que tengo en el alma, que provienen de mi comunión con Dios.  En una palabra, les ofrezco todo:  las Santas Misas, las Santas Comuniones, las penitencias, las mortificaciones, las plegarias.  No temo los golpes, los golpes de la Justicia de Dios, porque estoy unida a Jesús.  Oh Dios mío, con esto deseo compensarte por las almas que no confían en Tu bondad.  Contra toda [la esperanza] confío en el mar de Tu misericordia.  Oh Señor y Dios mío, mi destino… mi destino para la eternidad, no pronuncio este acto de ofrecimiento basándome en mis propias fuerzas, sino en el poder que deriva de los meritos de Jesucristo.  Este acto de ofrecimiento lo repetiré todos los días con la siguiente plegaria que Tu Mismo me enseñaste, oh Jesús:  Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

Sor M. Faustina del Santísimo Sacramento

Jueves Santo, durante la Santa Misa-. 29 d., 3 m., 1934 año 29 de marzo de 1934. Te doy una pequeña parte en la Redención del genero humano.  Tú eres el alivio en el momento de Mi Agonía.

Al haber recibido el permiso de mi confesor para hacer este acto de ofrecimiento, en poco tiempo conocí que este acto fue agradable a Dios, ya que empecé a sentir sus consecuencias. En un momento mi alma se hizo como una roca: árida, llena de tormentos y de inquietud. Varias blasfemias e imprecaciones retumbaban en mis oídos. La desconfianza y la desesperación se albergaron en mi corazón. He aquí la condición de los miserables que yo había tomado sobre mí. En un primer momento me asusté mucho de estos horrores, pero con la primera confesión fui tranquilizada. Una vez, cuando fui a confesarme fuera del convento, sucedió que mi confesor estaba celebrando la Santa Misa. Un momento después vi. sobre el altar al Niño Jesús que cariñosamente y con alegría extendía sus manitas hacia el, pero aquel sacerdote, un momento después, tomo este bello Niño en las manos y lo partió y lo comió vivo. En un primer momento sentí aversión a ese sacerdote por comportarse así con Jesús, pero en seguida fui iluminada al respecto y conocí que el sacerdote era muy agradable a Dios.

Una vez, cuando estaba en el taller de aquel pintor  que pintaba esa imagen, vi. que no era tan bella como es Jesús.  Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón.  Cuando salimos del taller del pintor, la Madre Superiora se quedó en la ciudad para solucionar diferentes asuntos, yo volví sola a casa.  En seguida fui a la capilla y lloré muchísimo.  ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres?  Como respuesta oí estas palabras:  No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia. 

En cierta ocasión, cuando por la tarde fui a la huerta, el Ángel Custodio me dijo:  Ruega por los agonizantes.  Comencé en seguida el rosario por los agonizantes junto con las jovencitas que ayudaban en la huerta.  Terminando el rosario rezamos varias invocaciones por los agonizantes.  Terminadas las plegarias, las alumnas se pusieron a hablar alegremente.  A pesar del ruido que hacían oí en el alma estas palabras:  Ruega por mí.  Como no lograba entender bien estas palabras, me alejé unos pasos de las alumnas, pensando en ¿quién podría ser aquel que me hacia rezar?  De repente oí estas palabras:  Soy Sor. Esa hermana estaba en Varsovia, mientras yo estaba entonces en Vilna.  Ruega por mí hasta que te diga cesar.  Estoy agonizando.  En seguida empecé a orar con fervor por ella al Corazón agonizante de Jesús y, sin descansar, rogué así desde las tres hasta las cinco de la tarde.  A las cinco oí esta palabra: Gracias. Entendí que ya había muerto.  No obstante, al día siguiente, durante la Santa Misa rogué con fervor por su alma.  Por la tarde llegó una tarjeta que decía que la hermana…. había fallecido a tal hora.  Me di cuenta de que era la misma hora en la que me dijo ruega por mi.

Oh Madre de Dios, Tu alma estuvo sumergida en el mar de amargura, mira a Tu niña y enséñale a sufrir y a amar en el sufrimiento. Fortalece mi alma, para que el dolor no la quebrante. Madre de la gracia, enséñame a vivir en Dios.

Una vez me visitó la Virgen Santísima.  Estaba triste con los ojos clavados en el suelo; me dio a entender que tenía algo que decirme, pero por otra parte me daba a conocer como si no quisiera decírmelo.  Al darme cuenta de ello, empecé a pedir a la Virgen que me lo dijera y que volviera la mirada hacia mí.  En un momento Maria me miró sonriendo cordialmente y dijo:  Vas a padecer ciertos sufrimientos a causa de una enfermedad y de los médicos, además padecerás muchos sufrimientos por esta imagen, pero no tengas miedo de nada.  Al día siguiente me puse enferma y sufrí mucho, tal y como me lo había dicho la Virgen, pero mi alma está preparada para los sufrimientos.  El sufrimiento es el compañero permanente de mi vida.

Oh Dios mío, mi única esperanza, en Ti he puesto toda mi confianza y sé que no me desilusionaré.

A veces, después de la Santa Comunión, siento la presencia de Dios de modo particular, sensible.  Siento que Dios está en mi corazón.  Y el hecho de sentir a Dios en el alma, no me impide en absoluto cumplir mis tareas; aún cuando realizo los más importantes asuntos que requieren atención, no pierdo la presencia de Dios en el alma y quedo estrechamente unida a Él.  Con Él voy al trabajo, con Él voy al recreo, con Él sufro, con Él gozo, vivo en Él y Él en mi.  No estoy nunca sola, ya que Él es mi compañero permanente.  Siento su presencia en cada momento.  Nuestra familiaridad es estrecha a causa de la unión de la sangre y de la vida.

9 VIII 1934. La adoración nocturna del jueves. Hice la adoración desde las once hasta las doce. Hice esta adoración por la conversión de los pecadores empedernidos y especialmente por los que perdieron la esperanza en la Divina Misericordia. Meditaba sobre lo mucho que Dios sufrió y lo grande que es el amor que nos mostró, y nosotros no creemos que Dios nos ama tanto.
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Oh Jesús, ¿Quién lo comprenderá? ¡Qué dolor para nuestro Salvador! Y ¿Cómo puede convencernos de su amor si [su] muerte no llega a convencernos? Invité a todo el cielo a que se uniera a mi para compensar al Señor la ingratitud de ciertas almas.

Jesus me enseñó cuánto le agrada la plegaria reparadora; me dijo:  La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones.  Después de la adoración, a medio camino hacia mi celda, fui cercada por una gran jauría de perros negros, enormes, que saltaban y aullaban con una intencion de desgarrarme en pedazos. Me di cuenta de que no eran perros sino demonios.  Uno de ellos dijo con rabia:  Como esta noche nos has llevado muchas almas, nosotros te desgarraremos en pedazos. Contesté: Si tal es la voluntad de Dios Misericordiosísimo, desgárrenme en pedazos, porque me lo he merecido justamente, siendo la mas miserable entre los pecadores y Dios es siempre santo, justo e infinitamente misericordioso.  A estas palabras, los demonios todos juntos contestaron:  Huyamos porque no está sola, sino que el Todopoderoso está con ella.  Y desaparecieron del camino como polvo, como rumor, mientras yo tranquila, terminando el Te Deum, iba a la celda contemplando la infinita e insondable misericordia Divina.

12 VIII 1934 Un desmayo repentino, sufrimiento preagónico. No era la muerte, es decir el pasaje a la verdadera vida, sino una muestra de los sufrimientos de la misma. La muerte es espantosa a pesar de darnos la vida eterna. De repente me sentí mal, la falta de respiración, la oscuridad delante de los ojos, la sensación del debilitamiento de los miembros este sofocamiento es atroz. Un instante de este sofocamiento es infinitamente largo… A pesar de la confianza, viene también un extraño miedo. Deseé recibir los últimos santos sacramentos. Sin embargo la Confesión resulta muy difícil a pesar del deseo de confesarme. Uno no sabe lo que dice; comienza a decir una cosa, deja la otra sin terminar. Oh, que Dios preserve a cada alma de aplazar la confesión a la última hora. Conocí el gran poder de las palabras del sacerdote que descienden sobre el alma del enfermo. Cuando pregunté al Padre espiritual si estaba preparada para presentarme delante de Dios y si podía estar tranquila, recibí la respuesta: Puedes estar completamente tranquila no solamente ahora, sino después de cada confesión semanal. La gracia de Dios que acompaña estas palabras del sacerdote es grande. El alma siente la fortaleza y el arrojo para la lucha. Oh Congregación, madre mía, ¡que dulce es vivir en ti, pero todavía mejor es morir! Recibidos los últimos Santos Sacramentos, se produjo una mejoría total. Me quedé sola, eso duró una media hora y el ataque se repitió, pero ya no tan fuerte, porque el tratamiento medico lo impidió.

Mis sufrimientos los uní a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por mí y por la conversión de las almas que no confiaban en la bondad de Dios.  De repente mi celda se llenó de figuras negras, llenas de furia y de odio hacia mí.  Una de ellas dijo:  Maldita tú y Aquel que está en ti, porque ya empiezas a atormentarnos en el infierno.  En cuanto pronuncié:  Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, en seguida esas figuras desaparecieron ruidosamente.

Al día siguiente me sentía muy débil, pero ya no experimentaba ningún sufrimiento.  Después de la Santa Comunión vi. Al Señor Jesús bajo la apariencia que ya había visto durante una de las adoraciones.  La mirada del Señor traspasó mi alma por completo y ni siquiera el más pequeño polvillo se escapó a su atención.  Y dije a Jesús:  Jesús, pensé que me ibas a llevar.  Y Jesús me contestó:  Aun no se ha cumplido plenamente Mi voluntad en ti; te quedaras todavía en la tierra, pero no mucho tiempo.  Me agrada mucho tu confianza, pero el amor ha de ser más ardiente. El amor puro da fuerza al alma en la agonía misma.  Cuando agonizaba en la cruz, no pensaba en Mí, sino en los pobres pecadores y rogaba al Padre por ellos.  Quiero que también tus últimos momentos sean completamente semejantes a los Míos en la cruz.  Hay un solo precio con el cual se compran las almas, y éste es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz. El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca.

Año 1934. El día de la Asunción de la Santísima Virgen no fui a la Santa Misa.  La doctora  no me lo permitió, pero oré con fervor en la celda.  Poco después vi. a la Virgen que era de una belleza indescriptible y que me dijo:  Hija mía, exijo de ti oración, oración y una vez más oración por el mundo, y especialmente por tu patria.  Durante nueve días recibe la Santa Comunión reparadora, únete estrechamente al sacrificio de la Santa Misa.  Durante estos nueve días estarás delante de Dios como una ofrenda, en todas partes, continuamente, en cada lugar y en cada momento, de día y de noche, cada vez que te despiertes, ruega interiormente.  Es posible orar interiormente sin cesar. 

Una vez Jesús me dijo: Mi mirada en esta imagen es igual a la mirada en la cruz. Una vez el confesor me preguntó cómo debía ser colocada la inscripción, ya que todo eso no cabía en la imagen. Contesté que rezaría y que daría la respuesta la semana siguiente.  Al alejarme del confesionario, y pasando cerca del Santísimo Sacramento, recibí el entendimiento interior de cómo debía ser la inscripción.  Jesús me recordó lo que me había dicho la primera vez, es decir, que estas tres* palabras debían ser puestas en evidencia.  Las palabras son éstas: Jesús, en Ti confío.  Entendí que Jesús deseaba que fuera colocada esa frase, pero además de estas palabras no daba otras órdenes precisas.

Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias.  Ese recipiente es esta imagen con la firma:  Jesús, en Ti confío.

Oh, Amor purísimo, reina totalmente en mi corazón y ayúdame a cumplir Tu santa voluntad del modo más fiel posible. Al final del retiro espiritual de tres días, me di cuenta que estaba andando por un camino escalabroso y tropezaba a cada instante, y veía que detrás de mi iba otra figura que me sostenía continuamente y yo no estaba contenta de esto y pedí a esa figura que se apartara de mi, porque yo quería andar sola. Sin embargo, esa figura a la que yo no lograba reconocer, no me dejó ni por un instante. Eso me impacientó, me volví hacia ella y la rechacé de mí. En aquel instante reconocí en esa figura a la Madre Superiora y en el mismo momento vi. que no era la Madre Superiora, sino el Señor Jesús que me miró profundamente y me dio a conocer lo mucho que le dolía cuando en las cosas más pequeñas yo no trataba de cumplir la voluntad de la Superiora que es Mi voluntad. Pedí vivamente perdón al Señor y esa advertencia la tomé muy a pecho.

Una vez me dijo el confesor que rogara según su intención, y comencé una novena a la Santísima Virgen.  Esa novena consistía en rezar nueve veces la Salve Regina.  Al final de la novena vi. a la Virgen con el Niño Jesús en los brazos y vi también a mi confesor que estaba arrodillado a sus pies y hablaba con Ella.  No entendía de que hablaba con la Virgen porque estaba ocupada en hablar con el Niño Jesús que había bajado de los brazos de la Santísima Madre y se acercó a mí.  No dejaba de admirar su belleza.  Oí algunas palabras que la Virgen le decía, pero no oí todo.  Las palabras son éstas:  Yo no soy no sólo la Reina del Cielo, sino también la Madre de la Misericordia y tu Madre.  En ese momento extendió la mano derecha en la que tenia el manto y cubrió con el al sacerdote.  En ese instante la visión desapareció.

Oh, qué grande es la gracia de tener al director espiritual.  Se progresa mas rápidamente en las virtudes, se conoce mas claramente la voluntad de Dios, se la cumple mas fielmente, se avanza en un camino cierto y seguro.  El director espiritual sabe evitar las rocas contra las cuales el alma podría estrellarse.  Dios me concedió esta gracia más bien tarde, pero gozo de ella mucho, viendo como Dios consiente los deseos del director espiritual.  Menciono un solo hecho de entre un millar que me sucede.  Como de costumbre, una noche pedí al Señor Jesús que me diera los puntos para la meditación del día siguiente.  Recibí la respuesta:  Medita sobre el profeta Jonás y sobre su misión.

Agradecí al Señor, pero dentro de mí empecé a pensar: Que meditación tan diferente de otras.  Sin embargo, con toda la fuerza del alma trataba de meditar y en aquel profeta me descubrí a mi, en el sentido de que yo también con frecuencia me excusaba delante de Dios diciendo que otra persona podría cumplir mejor su santa voluntad, sin entender que Dios lo puede todo, que tanto mas destaca todo su poder, cuanto mas mísero es el instrumento que utiliza.  Dios me lo explicó.  Por la tarde hubo confesion de la Comunidad.  Cuando presenté al director espiritual el temor que me envuelve a razon de esta mision a la que Dios me utiliza como un instrumento inhábil, el Padre espiritual me contestó que queramos o no queramos, debemos cumplir la voluntad de Dios y me dio el ejemplo del profeta Jonas.  Terminada la confesion, contemplaba como el confesor sabia que Dios me había mandado meditar sobre Jonás, ya que yo no le había hablado de eso.  Entonces oí estas palabras: El sacerdote, cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo a traves de él, sus deseos son Mios.  Veo como Jesús defiende a sus sustitutos.  Él Mismo interviene en su actuar.

Jueves.  Al empezar la Hora Santa, queria sumergirme en la agonia de Jesús en el Huerto de los Olivos.  De repente oí en el alma la voz:  Medita los misterios de la Encarnación.  Y de pronto, delante de mi aparecio el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma.  Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espiritu.

Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espiritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditacion sobre la infancia del espiritu. En la practica esta infancia debe manifestarse asi: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espiritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia. Veo cómo el Señor Jesús se inclina a los deseos del confesor, ya que en este periodo no se me aparece como maestro en la plenitud de fuerzas y de humanidad como adulto, sino que se me aparece como un niño pequeño. Este Dios infinito, se humilla hasta mí bajo la apariencia de un niñito pequeño. Pero la mirada de mi alma no se detiene en la superficie. Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito Señor de los señores, adorado  dia y noche por los espiritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purisimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido el perdon, oh espiritus puros, por haber osado compararme con ustedes. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tu, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocio. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mi absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad. Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunte: Jesús, ¿Por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño? Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor. Jesús me contesto que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataria conmigo como a un niño pequeño. Durante la Santa Misa en la que Jesús fue expuesto en el Santisimo Sacramento, antes de la Santa Comunión vi dos rayos que salian de la Hostia Santisima, tal y como estan pintados en la imagen; uno rojo y otro palido. Se reflejaban sobre cada una de las hermanas y sobre las alumnas, pero no sobre todas de modo igual. Sobre algunas estaban apenas esbozados. Era el dia en que terminabamos los ejercicios espirituales de las jovencitas.
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22 XI 1934  Una vez, el Padre espiritual  me ordenó reflexionar bien sobre mi, y analizar si no había en mi algun apego a alguna cosa o criatura o a mi misma, y si no había en mi una inclinación a hablar inútilmente, ya que todo eso impedia al Señor Jesús administrar libremente en mi alma. Dios está celoso de nuestros corazones y quiere que lo amemos exclusivamente a Él. Cuando comencé a reflexionar profundamente sobre mi, no noté estar apegada a alguna cosa, pero, como en todas mis cosas, tambien en ésta tenia miedo de mi misma y no me fiaba de mi misma. Cansada de este minucioso analisis, fui delante del Santisimo Sacramento y rogué a Jesús con toda la fuerza de mi alma: Jesús, Esposo mio, Tesoro de mi corazon,  Tú sabes que Te conozco solamente a Ti y que no conozco otro amor fuera de Ti, pero, Jesús, si tomara apego a cualquier cosa fuera de Ti, Te ruego y te suplico, Jesús, por el poder de Tu misericordia, hazme morir inmediatamente, porque prefiero morir mil veces, que engañarte una vez en la cosa mas pequeña. En aquel momento, Jesús se presentó subitamente delante de mi, no sé de dónde, resplandeciente de una belleza indecible, con una tunica blanca, con las manos levantadas, y me dijo estas palabras: Hija Mia, tu corazon es Mi descanso, es Mi complacencia. En él encuentro todo lo que un gran numero de almas Me niega. Dilo a Mi sustituto. Y repentinamente no vi nada mas, solamente todo un mar de consolaciones entró en mi alma. Ahora comprendo que nada puede ponerme barreras en el amor hacia Ti, Jesús, ni el sufrimiento, ni las contrariedades, ni el fuego, ni la espada, ni la muerte misma. Me siento mas fuerte que todo eso. Nada puede compararse con el amor. Veo que las cosas mas pequeñas, cumplidas por un alma que ama sinceramente a Dios, tienen un valor inestimable en los ojos de sus santos.
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11 V 1934. Una mañana, después de haber abierto la puerta para dejar salir a nauestra gente que traia el pan, entré un momento en la pequeña capilla, para hacer a Jesús una visita de un minuto y para renovar las intenciones del dia. Oh Jesús, hoy todos los sufrimientos, las mortificaciones, las plegarias, las ofrezco por el Santo Padre para que apruebe esta Fiesta de la Misericordia. Pero, Jesús, debo decirte todavía una palabra. Estoy muy sorprendida de que me ordenas hablar de esta Fiesta de la Misericordia, mientras esta Fiesta  según me dicen, ya existe, entonces ¿para qué he de hablar de ella?

Y Jesús me contestó:  ¿Quién, de entre la gente, sabe de ella?  Nadie.  Y hasta aquellos que han de proclamarla y enseñar a la gente esta misericordia, muchas veces ellos mismos no lo saben; por eso quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se la venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella.

Haz una novena según la intencion del Santo Padre, que debe constar de treinta y tres actos, es decir de repetir este mismo numero de veces la oracion a la misericordia que te he enseñado.

El sufrimiento es el tesoro mas grande que hay en la tierra, purifica al alma. En el sufrimiento conocemos quien es nuestro verdadero amigo. El amor verdadero se mide con el termómetro del sufrimiento.

Oh Jesús, Te doy gracias por las pequeñas cruces cotidianas, por las contrariedades con las que tropiezan mis propositos, por el peso de la vida comunitaria, por una mala interpretación de mis intenciones, por las humillaciones por parte de los demas, por el comportamiento aspero frente a nosotros, por las sospechas injustas, por la salud debil y por el agotamiento de las fuerzas, por repudiar yo mi propia voluntad, por el anonadamiento de mi propio yo, por la falta de reconocimiento en todo, por los impedimentos hechos a todos mis planes.

Te doy gracias, Jesús, por los sufrimientos interiores, por la aridez del espiritu, por los miedos, los temores y las dudas, por las tinieblas y la densa oscuridad interior, por las tentaciones y las distintas pruebas, por las angustias que son difíciles de expresar y especialmente por aquellas en las que nadie nos comprende, por la hora de la muerte, por el duro combate durante ella,m por toda la amargura.

Te agradezco, Jesús, que has bebido el caliz de la amargura antes de darmelo endulzado.  He aquí, he acercado los labios a este caliz de Tu santa voluntad; hagase de mi según Tu voluntad, que se haga de mi lo que Tu sabiduría establecio desde la eternidad.  Deseo beber hasta la ultima gotita el caliz de la predestinacion, no quiero analizar essta predestinacion; en la amargura mi gozo, en la desesperación, mi confianza.  En ti, oh Señor, todo lo que da Tu Corazon paternal es bueno; no pongo las conglobaciones por encima de las amarguras, ni las amarguras por encima de las consolaciones, sino que Te agradezco todo, oh Jesús.  Mi deleite consiste en contemplarte, oh Dios Inconcebible.  En estas existencias misteriosas está mi alma, es alli donde siento que estoy en mi casa.  Conozco bien la morada de mi Esposo.  Siento que en mi no hay ni una gota de sangre que no arda de amor hacia Ti.

Oh Belleza Eterna, quien Te conoce una vez solamente, no puede amar ninguna otra cosa.  Siento la vorágine insondable de mi alma y que nada la puede llenar, sino Dios Mismo.  Siento que me hundo en Él como un granito de arena en un océano sin fondo.

20 XII 1934  Una noche, al entrar yo en la celda, vi. al Señor Jesús expuesto en la custodia, como si estuviera a cielo abierto.  A los pies del Señor Jesús vi a mi confesor y detrás de él a un gran número de eclesiásticos de alto rango, con ropa que nunca había visto, salvo en visión.  Y detrás de ellos varias clases de eclesiásticos; más allá vi. una multitud tan grande de gente que no pude abarcarla con la vista.  Vi saliendo de la Hostia estos dos rayos que están en la imanten, que se unieron estrechamente, pero no se confundieron y pasaron a las manos de mi confesor, y después a las manos de los eclesiásticos y de sus manos pasaron a las manos de la gente, y volvieron a la Hostia… y en aquel momento me vi. entrando en la celda.

22 XII 1934.  Cuando me tocó en la semana de ir a confesarme, llegué cuando mi confesor estaba celebrando la Santa Misa. En la tercera parte de la Santa Misa vi al Niño Jesús, un poco más pequeño que de costumbre y con la diferencia de que tenía un delantalcito de color violeta, mientras habitualmente lo tenía blanco.

24 XII 1934.  La Vigilia de la Navidad.  Por la mañana durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios, mi espíritu se sumergió en Dios inconscientemente.  De repente escuché estas palabras: Tú eres una morada agradable para Mí, en ti descansa Mi Espíritu.

Después de estas palabras sentí la mirada del Señor dirigida al fondo de mi corazón y viendo mi miseria me humillé en espíritu y admiré la gran misericordia de Dios, y que este Altísimo Señor se acercaba a tal miseria.

Durante la Santa Comunión la alegría inundó mi alma, sentía que estaba unida estrechamente a la Divinidad; su omnipotencia absorbió todo mi ser, durante el día entero sentí la cercanía de Dios de modo particular, y aunque los deberes no me permitieron ir a la capilla ni por un momento durante todo el día, sin embargo no hubo ni un instante en que no estuviera unida a Dios, lo sentí dentro de mi de una manera mas sensible que cualquier otra vez.  Saludaba sin cesar a la Santísima Virgen, ensimismándome en su Espíritu, le rogaba enseñarme un verdadero amor a Dios.  De repente oí estas palabras:  Te revelaré el secreto de mi felicidad en la noche, durante la Santa Misa.

La cena fue antes de las seis; a pesar de la alegría y el ruido exterior que hay cuando se parte el “oplatek” y durante las felicitaciones mutuas, ni por un instante fui privada de la presencia de Dios.  Después de la cena nos apresuramos con el trabajo y a las nueve pude ir a la adoración a la capilla.  Había obtenido el permiso de no acostarme, sino esperar la Misa de Medianoche.  Me alegré muchísimo; desde las nueve hasta las doce tenias el tiempo libre.  De nueve a diez hice la adoración por mis padres y por toda mi familia; de diez a once hice la adoración por mi director espiritual; primero agradecí a Dios que se dignó darme aquí en la tierra esta gran ayuda visible tal y como me lo había prometido y por otro lado, pedí a Dios que le diera luz para que pudiera conocer mi alma y guiarme según a Dios le agradaba.  Desde las once hasta las doce rogué por la Santa Iglesia y por el clero, por los pecadores, por las misiones, por nuestras casas las indulgencias las ofrecí por las almas del purgatorio.

Las doce, 25 XII 1934.  Misa de Medianoche.  En cuanto empezó la Santa Misa, el recogimiento interior empezó a adueñarse de mí, el gozo inundó mi alma.  Durante el ofertorio vi. a Jesús en el altar, era de una belleza incomparable.  Durante todo el tiempo el Niñito miró a todos, extendiendo sus manitas.  Durante la elevación el Niñito no miraba hacia la capilla, sino hacia el cielo; después de la elevación volvió a mirarnos, pero muy poco tiempo, porque como siempre fue partido y comido por el sacerdote.  Pero el delantalcito ya lo tenía blanco.  Al día siguiente vi. lo mismo y al tercer día igual.  Es difícil expresar la alegría que tenia en el alma. Esta visión se repitió durante tres Santas Misas, igual como en las primeras.
Año 1934.

Primer jueves después de Navidad.  Olvidé completamente que hoy es jueves, por eso no hice la adoración.  Junto con otras hermanas fui al dormitorio a las nueve.  Extrañamente no lograba dormir. Me parecía que no había cumplido algo.  En la memoria hice un repaso de mis obligaciones y no pude recordar nada; eso duró hasta las diez.  A las diez vi el rostro martirizado de Jesús.  De Pronto Jesús me dijo estas palabras:  Te esperé para compartir contigo el sufrimiento, ya que ¿quien puede comprender Mis sufrimientos mejor que Mi esposa?  Pedí el perdón a Jesús por ser tibia.  Avergonzada, sin atreverme a mirar a Jesús, pero con el corazón contrito, pedí que Jesús se signara darme una espina de su corona.  Jesús contestó que me daría esa gracia, pero al día siguiente e inmediatamente la visión desapareció.

Por la mañana, durante la meditación sentí una espina dolorosa en la parte izquierda de la cabeza; el dolor duró el día entero, pensé continuamente como Jesús había logrado soportar el dolor de tantas espinas que hay en la corona. Uní mis sufrimientos a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por los pecadores. A las cuatro, al venir a la adoración, vi a una de nuestras alumnas ofendiendo terriblemente a Dios con los pecados impuros de pensamiento. Vi también a cierta persona por la cual pecaba. Un temor atravesó mi alma y pedí a Dios, por los dolores de Jesús, que se dignara sacarla de esa horrible miseria. Jesús me contestó que le concedería la gracia no por ella, sino por mi plegaria; entonces comprendí cuánto deberíamos rogar por los pecadores y especialmente por nuestras alumnas.
Nuestra vida es verdaderamente apostólica, no sé imaginarme a una religiosa que viva en nuestras

Casas, es decir en la Congregación nuestra, que no tenga el espíritu apostólico; el celo por la salvación de las almas debería arder en nuestros corazones.

Oh Dios mío, cómo es dulce sufrir por Ti, sufrir en los rincones mas secretos del corazón, muy ocultamente, arder como una victima sin ser vista por nadie, pura como el cristal, sin consolación alguna ni compasión. Mi espíritu arde con el amor activo, no pierdo tiempo en ninguna fantasía, tomo cada momento por separado, ya que esto está en mi poder; el pasado no me pertenece, el futuro no es mío, el tiempo presente trato de aprovecharlo con toda el alma.
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4 I 1935. Primer capitulo de la Madre Borgia.  Durante este capitulo la Madre resaltaba la vida de fe y la fidelidad en las cosas pequeñas.  En la mitad del capitulo oí estas palabras: Deseo que haya en ustedes mas fe en el momento actual. Qué gran alegría Me da la fidelidad de Mi esposa en las más pequeñas cosas!  De repente miré el crucifijo y vi que Jesús tenía la cabeza vuelta al refectorio y que sus labios no se movían. Cuando lo dije a la Madre Superiora, me contestó: Usted ve, hermana, como Jesús exige que nuestras vidas sean de fe. Cuando la Madre se fue a la capilla y yo me quedé para limpiar la habitación de pronto percibí estas palabras: Di a todas las hermanas que exijo que vivan con el espíritu de fe respecto a las Superioras en el momento actual. Pedí al confesor de liberarme de esta obligación. Cuando estaba hablando con cierta persona que debía pintar esta imagen, pero que por ciertas razones no la pintaba, durante la conversación con ella oí esta voz en el alma: Deseo que sea más obediente. Comprendí que los esfuerzos, aunque sean los mas grandes, pero no tienen el sello de la obediencia, no son agradables a Dios, estoy hablando de un alma consagrada.
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Oh Dios, que fácil es conocer Tu voluntad en el convento. Nosotras, almas consagradas, desde la mañana hasta la noche tenemos claramente indicada la voluntad de Dios y en los momentos de incertidumbre tenemos a las Superioras, a través de las cuales habla Dios.
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1934 – 1935. Víspera del Año Nuevo. Recibí el permiso de no acostarme, sino de orar en la capilla. Una de las hermanas me pidió ofrecer por ella una hora de adoración. Le contesté que sí y rogué por ella una hora entera. Durante la oración Dios me dio a conocer cuánto esta pequeña alma le era agradable. La segunda hora de la adoración la ofrecí por la conversión de los pecadores y, especialmente, estuve compensando a Dios por las ofensas del momento actual:  ¡cuánto Dios es ofendido!

La tercera hora la ofrecí según la intención de mi Padre espiritual, pedí con fervor la luz para él en un asunto particular. Por fin dieron las doce, la última hora del año; terminé en nombre de la Santísima Trinidad y también en nombre de la Santísima Trinidad empecé la primera hora del Año Nuevo.  Pedí a cada Persona la bendición y con gran confianza miré hacia el Año Nuevo, que seguramente no escatimaría sufrimientos.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el testamento de la Divina Misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está oculto el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús como testimonio de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, que contiene la vida eterna que [de] la infinita misericordia es donada en abundancia a nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu santo hacia nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el precio infinito de la misericordia, que compensará todas nuestras deudas y, especialmente, la de los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que encierra la fuente de agua viva que brota de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el fuego del amor purísimo que arde del seno del Padre Eterno, como del abismo de la infinita misericordia para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está guardado el remedio para todas nuestras debilidades, remedio que mana de la infinita misericordia, como de una fuente para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el vínculo de unión entre Dios y nosotros, gracias a la infinita misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que están encerrados todos los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en todos los sufrimientos y contrariedades de la vida.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y las tormentas interiores y exteriores.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en la vida y en la hora de la muerte.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los fracasos y el abismo de la desesperación.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las mentiras y las traiciones.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y la impiedad que sumergen la tierra.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre la nostalgia y el dolor, en el que nadie nos comprende.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las fatigas y la vida gris de todos los días.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza cuando nuestras ilusiones y nuestros esfuerzos se esfuman.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los golpes de los enemigos y los esfuerzos del infierno.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las dificultades excedan mis fuerzas y cuando mis esfuerzos resulten inútiles.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las tormentas agiten mi corazón y el espíritu aterrorizado comience a inclinarse hacia la desesperación.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi corazón comience a temblar y el sudor mortal nos bañe la frente.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando todo se conjure contra mí y la negra desesperación comience a introducirse en mi alma.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi vista se apague para todo lo que es terrenal y mi espíritu vea por primera vez los mundos desconocidos.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mis obligaciones estén por encima de mis fuerzas y el fracaso sea mi destino habitual.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando el cumplimiento de las virtudes me parezca difícil y mi naturaleza se rebele.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando los golpes de los enemigos sean dirigidos contra mí.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las fatigas y los esfuerzos sean condenados por la gente.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando Tu juicio resuene sobre mí, en aquel momento confiaré en el mar de Tu misericordia.

Oh Santísima Trinidad, confío en Tu infinita misericordia.  Dios es mi Padre, entonces yo, su niña, tengo todo el derecho sobre su Corazón Divino y cuanto más grandes son las tinieblas, tanto mas plena debe ser nuestra confianza.

No comprendo, cómo es posible no tener confianza en Aquel que lo puede todo; con Él todo y sin Él nada. Él, el Señor, no permitirá ni dejará que queden confundidos aquellos que han puesto en Él toda su confianza.
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10 I 1935. Jueves. Por la noche, durante la Bendición, comenzaron a atormentarme los pensamientos de este tipo: Todo lo que digo sobre esta gran misericordia de Dios ¿no es por casualidad una mentira o una ilusión?… y quería reflexionar sobre esto durante un momento; de repente oí una voz interior clara y fuerte: Todo lo que dices sobre Mi bondad es verdad y no hay expresiones suficientes para exaltar Mi bondad. Estas palabras fueron tan llenas de fuerza y tan claras que daría la vida por ellas, de que procedían del Señor. Las reconozco por una profunda serenidad que me acompañó en aquellos momentos y que quedó después. Esta serenidad me da una fortaleza y un poder tan grandes que nada son todas las dificultades y las contrariedades, y los sufrimientos, y la muerte misma. Esta luz me ha levantado un velo del misterio de que todos los esfuerzos que emprendo para que las almas conozcan la misericordia del Señor, son muy agradables a Dios y de eso viene a mi alma tanta alegría que no sé si en el paraíso puede haber mayor. ¡Oh, si las almas quisieran escuchar al menos un poco la voz de la conciencia y la voz, es decir la inspiración del Espíritu Santo! Digo: Al menos un poco, ya que si una vez nos dejamos influir por el Espíritu de Dios, Él Mismo completará lo que nos falte.

Año Nuevo 1935.  A Jesús le agrada participar en lo más pequeños detalles de nuestra vida y a veces cumple mis deseos secretos, aquellos que más de una vez le oculto a Él mismo, aunque sé que para Él no puede haber nada secreto. El día del Año Nuevo hay entre nosotras la costumbre de sacar por suerte el patrono particular para todo el año.  Por la mañana, durante la meditación, se despertó en mi uno de estos deseos secretos:  aquel que Jesús Eucarístico fuera mi patrono particular también para ese año, como anteriormente.  Sin embargo, ocultando a mi Dilecto ese deseo, hablé con Él de todo excepto de aquello que deseaba tenerlo como patrono.  Al venir al refectorio a desayunar, después de hacer la señal de la cruz, empezó el sorteo de los patronos.  Al acercarme a las estampitas con los nombres de los patronos, tomé una, sin reflexionar, sin leer en seguida; quise mortificarme algunos minutos.  De repente oí una voz en el alma:  Soy tu patrono, lee.  En aquel mismo momento miré la inscripción y leí:  “Patrono para el año 1935 la Santísima Eucaristía.”  Mi corazón se estremeció de alegría y me alejé secretamente del grupo de las hermanas y fui delante del Santísimo Sacramento, al menos por un breve instante y allí me desahogué de los sentimientos de mi corazón.  Sin embargo, Jesús me llamó dulcemente la atención de que estuviera en aquel momento junto con otras hermanas; fui inmediatamente, ateniéndome a la regla.

Oh Santa Trinidad, Único Dios, inconcebible en la grandeza de la misericordia hacia las criaturas y especialmente hacia los pobres pecadores.  Has revelado el abismo de Tu misericordia inconcebible, impenetrable para toda mente humana o angélica.  Nuestra nulidad y nuestra miseria se hunden en Tu grandeza.  Oh Bondad infinita, ¿Quién puede adorarte dignamente?  ¿hay algún alma que entienda tu amor?  Oh Jesús, tales almas existen, pero son pocas.

Un día, durante la meditación matutina, oí esta voz:  Yo Mismo soy tu guía, he sido, soy y seré; pero como Me pediste una ayuda visible, te la he dado.  Lo había elegido antes de que Me lo pidieras, porque esto lo requiere Mi causa.  Has de saber que las faltas que cometes contra él, hieren Mi Corazón; evita especialmente actuar a tu gusto, que en cada cosa mas pequeña haya un sello de la obediencia.

Con el corazón humillado y anonadado pedí el perdón al Señor Jesús por aquellas faltas.  Pedí el perdón también al Padre espiritual y decidí más bien no hacer nada que hacer mucho y mal.

Oh Jesús bueno, Te agradezco por esta gran gracia, es decir, de darme a conocer lo que soy por mi misma, miseria y pecado, nada más. Por mi misma puedo hacer una cosa solamente, es decir, ofenderte, oh Dios mío, porque la miseria por si misma no puede hacer nada mas sino ofenderte, oh Bondad infinita. Una vez me pidieron rezar por cierta alma. Decidí hacer en seguida una novena a la misericordia del Señor y a esa novena agregué una mortificación que consistía en llevar en ambas piernas una cadenita  durante la Santa Misa. Hacia tres días que me ejercitaba en esa mortificación, cuando fui a confesarme y dije al Padre espiritual que había comenzado aquella mortificación con el supuesto permiso. Pensaba que el Padre espiritual no tendría nada en contra, sin embargo oí algo contrario, es decir, que no hiciera nada sin permiso. Oh Jesús mío, otra vez el arbitrio, pero no me desaniman mis caídas, sé perfectamente que soy la miseria. A causa de mi salud no recibí el permiso y el Padre espiritual se sorprendió de cómo hubiera podido ejercitarme en mayores mortificaciones sin su permiso. Le pedí perdón por mi comportamiento arbitrario o mas bien por haberme guiado por permisos supuestos y pedí que cambiara esas mortificaciones por otras. El Padre espiritual me las cambio por una mortificación interior que consistió en meditar durante la Santa Misa ¿Por qué el Señor Jesús se bautizo? Esta meditación no era para mi ninguna mortificación, ya que hubo en ello una mortificación de la voluntad, visto que yo no hacia lo que me gustaba, sino lo que me había sido indicado y en eso consiste la mortificación interior.

Al alejarme del confesionario y empezar a hacer la penitencia, oí estas palabras:  He concedido la gracia al alma, la cual Me habías pedido para ella, pero no por tu mortificación que habías escogido tu misma, sino solamente por el acto de obediencia total frente a Mi suplente he dado la gracia a esta alma, por la que has intercedido ante Mi y por la que has mendigado la misericordia.  Has de saber que cuando aniquilas en ti tu propia voluntad, entonces la Mía reina en ti.

Oh Jesús mío, ten paciencia conmigo.  Estaré ya mas atenta en el futuro; no lo fundo en mi misma, sino en Tu gracia y en Tu bondad que es tan grande para mi, una miserable.

En cierta ocasión Jesús me hizo conocer que cuando le ruego por alguna intención que a veces me recomiendan, está siempre dispuesto a conceder sus gracias, pero las almas no siempre quieren aceptarlas.  Mi Corazón esta colmado de gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres pecadores.  Oh, si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor Padre, que para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo; como Rey de Misericordia deseo colmar las almas de gracias, pero no quieren aceptarlas.  Por lo menos tú ven a Mí lo más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren aceptar y con esto consolaras Mi Corazón.  Oh, qué grande es la indiferencia de las almas por tanta bondad, por tantas pruebas de amor.  Mi Corazón esta recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de las almas que viven en el mundo.  Tienen tiempo para todo, solamente no tienen tiempo para venir a Mi a tomar las gracias.

Entonces, Me dirijo a ustedes, almas elegidas, ¿tampoco ustedes entienden el amor de Mi Corazón?  Y aquí también se ha desilusionado Mi Corazón: no encuentro el abandono total en Mi amor.  Tantas reservas, tanta desconfianza, tanta precaución.  Para consolarte te diré que hay almas que viven en el mundo, que Me quieren sinceramente en sus corazones permanezco con delicia, pero son pocas.  También en los conventos hay almas que llena de alegría Mi Corazón.  En ellas están grabados Mis rasgos y por eso el Padre Celestial las mira con una complacencia especial.  Ellas serán la maravilla de los Ángeles y de los hombres.  Su número es muy pequeño, ellas constituyen una defensa ante la Justicia del Padre Celestial e imploran la Misericordia por el mundo.  El amor y el sacrificio de estas almas sostienen la existencia del mundo.  Lo que más dolorosamente hiere Mi Corazón es la infidelidad del alma elegida por mí especialmente; esas infidelidades son como espadas que traspasan Mi Corazón.

29 I 1935. En la mañana de este martes, durante la meditación vi. interiormente al Santo Padre celebrando la Santa Misa. Después del Pater Noster conversó con Jesús sobre el asunto que Jesús me había ordenado decirle. Aunque yo no lo dije al Santo Padre personalmente, sino que estos asuntos fueron tratados por otra persona, no obstante yo sé, por conocimiento interior, que en este momento el Santo Padre esta reflexionando sobre esta cuestión que en poco tiempo se cumplirá según el deseo de Jesús.

Antes de los ejercicios espirituales de ocho días fui a mi director espiritual y le pedí algunas mortificaciones para el tiempo de los ejercicios, pero no obtuve el permiso para todo lo que había pedido, sino solamente para algunas cosas.  Recibí el permiso para una hora de meditación de la Pasión del Señor Jesús y para cierta humillación.  Pero estaba un poco descontenta de no haber recibido la autorización para todo lo que había pedido.  Cuando regresamos a casa, entré un momento en la capilla; de repente escuché en el alma una voz:  Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor merito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí Me da una gran alegría.  Me extraña que no hayas renunciado todavía completamente a tu propia voluntad, pero Me alegro enormemente de que este cambio se produzca durante los ejercicios espirituales.

Este mismo día, mientras estaba en la iglesia esperando la confesión, vi los mismos rayos que salieron de la custodia y se extendieron por toda la iglesia.  Eso duró todo el tiempo del oficio; después de la bendición se proyectaron sobre ambos lados y volvieron a la custodia.  Eran claros y transparentes, como el cristal.  Pedí a Jesús que se dignara incendiar el fuego de su amor en todas las almas tibias.  Bajo estos rayos se calentaría el corazón aunque estuviera frío como un pedazo de hielo, aunque fuera duro como una roca, se volvería polvo. JMM. Vilna 4 II 1935

Ejercicios espirituales de ocho días

Oh Jesús, Rey de Misericordia, he aquí de nuevo el momento en que estoy contigo a solas.  Por eso Te suplico por todo el amor con el que arde Tu Corazón Divino, aniquila en mí completamente el amor propio y en cambio incendia mi corazón con el fuego de Tu amor purísimo.

Al anochecer, terminada la predica, oí estas palabras:  Yo estoy contigo.  Durante estos ejercicios espirituales consolidaré tu paz y tu ánimo, para que no desfallezcan tus fuerzas para el cumplimiento de Mis propósitos.  Por lo tanto durante estos ejercicios borraras absolutamente tu propia voluntad y se cumplirá en ti toda Mi voluntad.  Has de saber que esto te costara mucho, por eso escribe en una página en blanco estas palabras:  Desde hoy no existe en mí mi propia voluntad, y táchala.  En otra página escribe estas palabras:  Desde hoy cumplo la voluntad de Dios en todas partes, siempre, en todo.  No te asustes de nada, el amor te dará fuerzas y facilitara la realización.

En la meditación fundamental sobre el objetivo, es decir, sobre la elección del amor.  El alma tiene que amar, tiene la necesidad de amar; el alma tiene que volcar su amor, pero no en el barro, ni en el vacío, sino en dios.  Cuanto me alegro meditándolo, ya que siento claramente que en mi corazón esta solamente Él, únicamente Jesús Mismo; y amo a las criaturas tanto cuanto me ayudan a unirme a Dios.  Amo a todos los hombres porque veo en ellos la imagen de Dios. JMJ  Vilna 4 II 1935

Desde hoy no existe en mí   mi propia voluntad. En el momento en que me arrodillé para tachar mi propia voluntad, como me había mandado el Señor, oí en el alma esta voz:  Desde hoy no tengas miedo del juicio de Dios, ya que no serás juzgada.  JMJ   Vilna, 4 II 1935

Desde hoy cumplo la voluntad de Dios En todas partes, siempre, en todo JMJ  Vilna, 8 II 1935

Trabajo interior particular, es decir, examen de conciencia.  Sobre negarme a mi misma y mi propia voluntad.

I.  Negación de la razón, es decir, someterla a la razón de aquellos que aquí en la tierra sustituyen para mí a Dios

II.  Negación de la voluntad, es decir, cumplir la voluntad de Dios que se me revela a través de la voluntad de aquellos que aquí sustituyen para mi a Dios y que esta expresada en las reglas de nuestra Congregación.

III.  Negación del juicio, es decir, aceptar inmediatamente sin pensar, sin analizar, sin razonar cualquier orden que recibo de aquellos que sustituyen para mi a Dios.

IV.  Negación de la lengua.  No le daré la mas pequeña libertad; en un solo caso se la daré total, es decir en proclamar la gloria de Dios.  Siempre cuando recibo la Santa Comunión, pido que Jesús se digne reforzar y limpiar mi lengua, para que yo no hiera con ella al prójimo.  De ahí que tenga el máximo respeto para la regla que habla del silencio.

Oh Jesús mío, tengo confianza en que Tu gracia me ayudara a cumplir estos propósitos. A pesar de que los puntos mencionados arriba están incluidos en el voto de la obediencia, deseo ejercitarme en ello de modo más especial, ya que es la esencia de la vida consagrada. Oh Jesús Misericordioso, Te ruego ardientemente, ilumina mi intelecto para que pueda conocerte mejor a Ti que eres el Ser Infinito y para que pueda conocerme mejor a mí, que no soy más que la nada.

Sobre la confesión.  De la confesión deberíamos obtener dos beneficios:

1. nos confesamos para ser sanados

2. para ser educados; nuestras almas necesitan una continua educación, como el niño pequeño.

Oh Jesús mío, entiendo profundamente estas palabras y se por experiencia que un alma con sus propias fuerzas no llegara lejos, se cansara mucho sin hacer nada para la gloria de Dios; se desvía constantemente porque nuestra mente es oscura y no sabe distinguir su propia causa.  Llamare una atención especial a dos cosas:  primero, elegiré para la confesión lo que mas me humilla, aunque fuera algo muy pequeño, pero que me cuesta y por eso lo confesare; segundo, me ejercitare en la contrición; no solamente a ocasión de la confesión sino en cada examen de conciencia suscitar en mi la contrición perfecta y, especialmente, antes de ir a descansar.  Una palabras más:  el alma que desea sinceramente progresar en la perfección, debe seguir estrictamente los consejos del director espiritual.  Tanta santidad cuanta dependencia.

Una vez, mientras hablaba con el director de mi alma, en un relámpago más veloz que el de un rayo, vi interiormente su alma en gran sufrimiento, en tal tormento que son pocas las almas a las cuales Dios prueba con este fuego.  Este sufrimiento se debe a esta obra. Llegara un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto, parecerá ser completamente destruida, y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad.  Ella la obra será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo.  Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia.  Cuando venga este triunfo, nosotros estaremos ya en la nueva vida, en la que no hay sufrimientos, pero antes tu alma será saturada de amargura al ver la destrucción de tus esfuerzos.  Sin embargo esta destrucción es solo aparente, ya que Dios no cambia lo que ha establecido una vez.  Pero aunque la destrucción será aparente, el sufrimiento será real.  ¿Cuándo sucederá esto? no sé; ¿Cuánto tiempo durara? No sé.  Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía.  Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi Misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión.  Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno.

Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.

Mi Corazón sufre, continuaba Jesús, a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación conmigo en cierto modo hay desconfianza.  Oh, cuanto esto hiere mi Corazón.  Recuerden Mi Pasión, y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas.

No hago ningún movimiento, ningún gesto a mi gusto, porque estoy vinculada a la gracia; siempre estoy atenta a lo que es más agradable a Jesús. Durante una meditación sobre la obediencia oí estas palabras: En esta meditación, el sacerdote habla  de modo especial para ti, has de saber que Yo Me presto su boca. Trate de escuchar con la mayor atención y todo lo aplicaba a mi corazón, tal como en cada meditación. Cuando el sacerdote afirmo que el alma obediente se llena de la fuerza de Dios… Si, cuando eres obediente, te quito tu debilidad y te doy Mi fortaleza. Me sorprende mucho que las almas no quieran hacer este cambio Conmigo. Dije al Señor: Jesús, ilumina Tú mi alma, ya que de lo contrario también yo entenderé muy poco de estas palabras. Se que no vivo para mi, sino para un gran numero de almas. Se que las gracias a mi concedidas no son solamente para mi, sino para las almas. Oh Jesús, el abismo de Tu misericordia se ha volcado en mi alma que es el mismo de la miseria misma. Te agradezco, Jesús, por las gracias y los pedacitos de la cruz que me das para cada momento de la vida. Al comienzo de los ejercicios espirituales vi. al Señor Jesús clavado en la cruz en el techo de la capilla, mirando con gran amor a las hermanas, pero no a todas. había tres hermanas a las cuales dirigió una mirada severa. No sé, no sé por que razón, sé solamente que es una cosa terrible ver tal mirada que es una mirada del Juez severo. Aquella mirada no me correspondía, sin embargo me paralizo el miedo; cuando lo escribo, tiemblo toda. No me atreví a decir a Jesús ni una sola palabra, las fuerzas físicas me abandonaron y pensé que no resistiría hasta el fin de la predica. Al día siguiente volví a ver lo mismo que la primera vez y me atreví a decir estas palabras: Oh Jesús, que grande es Tu misericordia. Al tercer día se repitió otra vez la misma mirada sobre todas las hermanas con gran benevolencia, excepto esas tres hermanas. Entonces, me llene de atrevimiento que venia del amor hacia el prójimo y dije al Señor: Tu eres la Misericordia misma, como Tu Mismo me has dicho, pues Te ruego por el poder de Tu misericordia, vuelve Tu mirada bondadosa también a esas tres hermanas y si esto no es según Tu Sabiduría, Te ruego hacer un cambio: Que Tu mirada bondadosa hacia mi alma sea para ellas y que Tu mirada severa hacia sus almas sea para mi. De súbito Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, por tu amor sincero y generoso les concedo muchas gracias, aunque ellas no Me las piden, pero por la promesa que te he hecho. Y en aquel momento envolvió también a esas tres hermanas con una mirada misericordiosa. De gran gozo palpitó mi corazón al ver la bondad de Dios.
Cuando me quedé en la adoración entre las 9 y las 10, se quedaron también cuatro hermanas más. Al acercarme al altar y empezar a meditar la Pasión del Señor Jesús, un terrible dolor inundó mi alma a causa de la ingratitud de tan grande numero de almas que viven en el mundo, pero me dolía especialmente la ingratitud de las almas elegidas particularmente por Dios. No hay modo de expresarla ni de compararla. Al ver esta mas negra ingratitud sentí como si el corazón se me desgarrara, me abandonaron completamente las fuerzas físicas y caí con la cara al suelo sin reprimir un llanto irrefrenable. Cada vez que recordaba la gran misericordia de Dios y la ingratitud de las almas, el dolor traspasaba mi corazón y entendí cuanto eso hería el Corazón dulcísimo de Jesús. Con un corazón ardiente renové mi acto de ofrecimiento por los pecadores.

Con gozo y deseo he acercado los labios a la amargura del cáliz que tomo de la Santa Misa todos los días. La pequeña porción que Jesús me ha asignado para cada momento y la cual no cederé a nadie. Consolare incesantemente el dulcísimo Corazón Eucarístico, tocare cánticos de agradecimiento en las cuerdas de mi corazón, el sufrimiento es el tono mas armonioso. Estaré muy atenta para presentir ¿con que puedo alegrar Tu Corazón?
Siento que Dios me permitirá levantar el velo para que la tierra no dude de su bondad. Dios no esta sujeto a eclipses ni a cambios, queda por la eternidad Uno y [siempre] Él Mismo; a su voluntad nada puede oponerse. Siento en mí una fuerza sobrehumana, siento el arrojo y la fortaleza debidas a la gracia que vive en mí. Comprendo a las almas que sufren en contra de la esperanza, porque experimenté en mí este fuego. Sin embargo Dios no da sufrimientos por encima de las fuerzas. A menudo he vivido con la esperanza contra la esperanza, y he empujado mi esperanza hasta la total confianza en Dios. Que se haga conmigo lo que ha establecido desde la eternidad.

Seria muy impropio que una hermana religiosa buscara alivio en el sufrimie.
He aquí lo que ha hecho la gracia y la meditación del criminal más grande. El que muere tiene un gran amor. “Acuérdate de mi cuando estés en el paraíso.” El arrepentimiento sincero transforma inmediatamente a un alma. La vida espiritual debe practicarse con seriedad y con sinceridad.

El amor debe ser reciproco. Como el Señor Jesús HA bebido por mí toda la amargura, entonces yo, su esposa, para dar prueba de mi amor hacia Él, aceptare todas las amarguras.

Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios. Siempre que mire la cruz, perdonare sinceramente.

La unión con las almas la hemos recibido con el santo bautizo. La muerte refuerza el amor. Debo ser siempre de ayuda para los demás. Si soy una buena religiosa, seré útil no solamente a la Congregación sino también a toda la patria.

Dios ofrece las gracias de dos maneras: a través de las inspiraciones y las iluminaciones. Si pedimos una gracia, Dios la da, pero debemos querer aceptarla; pero para aceptarla es necesaria la abnegación. El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción. Es un acto de la voluntad, es un don, es decir, una donación; el intelecto, la voluntad, el corazón, debemos ejercitar estas tres facultades durante la oración. Resucitare en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él. Si no me separo de la cruz, entonces se manifestara en mí el Evangelio. Todas mis deficiencias las completa en mi Jesús, su gracia que obra sin cesar. La Santa Trinidad me ofrece su vida abundantemente con el don del Espíritu Santo. Las Tres personas divinas viven en mí. Si Dios ama, lo hace con todo su Ser, con todo el poder de su ser. Si Dios me ha amado así, ¿cómo debo corresponder a esto yo, su esposa?

Durante una predica Jesús me dijo: En el pequeño racimo elegido tú eres la uva dulce; deseo que el jugo que circula en ti se transmita a otras almas.

Durante la renovación vi. al Señor Jesús de lado de la epístola, con una túnica blanca y un cinturón de oro, y en la mano tenía una espada terrible. Eso duró hasta el momento en que las hermanas comenzaran a renovar los votos. Súbitamente vi. una claridad inconcebible, delante de esa claridad vi. una nube blanca en forma de balanza. En aquel momento se acerco el Señor Jesús y puso la espada sobre uno de los platillos y éste con todo aquel peso, bajó hasta la tierra y falto poco para que la tocara completamente. Justo entonces las hermanas terminaron de renovar los votos. De repente vi. a los ángeles que de cada una de las hermanas tomaron algo en un recipiente de oro, en forma como de un incensario. Cuando recogieron de todas las hermanas y pusieron el recipiente en el segundo platillo, éste prevaleció sobre el primero, en el cual había sido puesta la espada. En aquel momento, del incensario salio una llama que alcanzó la claridad. En seguida oí una voz desde la claridad: Reponed la espada en su lugar, la ofrenda es mayor. En aquel momento Jesús nos dio a todos una bendición y todo lo que yo veía desapareció. Las hermanas empezaron a recibir la Santa Comunión, mi alma fue inundada de un gozo tan grande que no logro describirlo.
15 II 1935. Viaje de uno días a la casa familiar para ver a mi madre moribunda. Al saber que mi madre estaba gravemente enferma y ya cerca de la muerte, y que me pidió venir porque deseaba verme una vez más antes de morir, en aquel momento se despertaron todos los sentimientos del corazón.  Como una niña que amaba sinceramente a su madre, deseaba ardientemente cumplir su deseo, pero deje a Dios la decisión y me abandone plenamente a su voluntad; sin reparar en el dolor del corazón, seguía la voluntad de Dios.  En la mañana del día de mi onomástico, 15 de febrero la Madre Superiora me entregó otra carta de mi familia y me dio el permiso de ir a la casa familiar para cumplir el deseo y la petición de la madre moribunda.  En seguida empecé a prepararme para el viaje y ya al anochecer salí de Vilna.  Toda la noche la ofrecí por la madre gravemente enferma para que Dios le concediera la gracia de que los sufrimientos que estaba pasando no perdieran nada de su merito.

Durante el viaje tuve una compañía muy agradable, ya que en el mismo compartimiento viajaban algunas señoras pertenecientes a una asociación religiosa mariana; sentí que una de ellas sufría mucho y que en su alma se desarrollaba una lucha encarnizada.  Comencé a rezar mentalmente por ella.  A las once las demás señoras pasaron al otro compartimiento para platicar, mientras nosotras nos quedamos solas.  Sentía que mi plegaria había provocado en ella una lucha aun mayor.  Yo no la consolaba sino que rezaba con más ardor.  Por fin, esa alma se dirigió a mí y me pidió que le dijera si ella tenía la obligación de cumplir cierta promesa hecha a Dios.  En aquel momento conocí dentro de mí qué promesa era y le contesté:  Usted está absolutamente obligada a cumplir esta promesa, porque de lo contrario será infeliz durante toda su vida.  Este pensamiento no la dejará en paz.  Sorprendida de esa respuesta reveló delante de mi toda su alma.

Era una maestra que antes de examinarse hizo a Dios la promesa de que si pasaba los exámenes se dedicaría al servicio de Dios, es decir, entraría en el convento.  Pero dijo: Después de aprobar muy bien los exámenes ahora me he dejado llevar por el torbellino del mundo y no quiero entrar en el convento, pero la conciencia no me deja en paz, y a pesar de las distracciones me siento siempre descontenta.

Tras una larga conversación esa persona fue completamente cambiada y dijo que inmediatamente emprendería gestiones para ser recibida en un convento.  Me pidió que rogara por ella; sentí que Dios no le escatimaría sus gracias.

Por la mañana llegué a Varsovia, y a las 8 de la noche ya estaba en casa.  Es difícil describir la alegría de los padres y de toda la familia. Mi madre mejoró un poco, pero el medico no daba ninguna esperanza para su restablecimiento completo.  Después de saludarnos, nos arrodillamos todos para agradecer a Dios por la gracia de podernos ver todos una vez mas en la vida.

Al ver como rezaba mi padre me avergoncé mucho, porque yo después de tantos años en el convento, no sabia rezar con tanta sinceridad y tanto ardor.  No dejo de agradecer a Dios por los padres que tengo.
Oh, como ha cambiado todo en estos 10 años, todo es desconocido: el jardín era tan pequeño y ahora es irreconocible, los hermanos y las hermanas eran todavía pequeños y ahora no los puedo reconocer, todos grandes y me sorprendí de no haberles encontrado tales como eran cuando nos habíamos separado.

Stasio me acompañaba a la iglesia todos los días.  Sentía que aquella querida alma era muy agradable a Dios.  El ultimo día, cuando ya no había nadie en la iglesia, fui con él delante del Santísimo Sacramento y rezamos juntos el Te Deum.  Tras un instante de silencio ofrecí esta querida alma al dulcísimo Corazón de Jesús.  ¡Cuánto pude rezar en esta iglesia!  Recordé todas las gracias que en este lugar había recibido y que en aquel tiempo no comprendía y a menudo abusaba de ellas; y me sorprendí yo misma de cómo había podido ser tan ciega.  Mientras reflexionaba y lamentaba mi ceguera, de súbito vi. Al Señor Jesús resplandeciente de una belleza inexpresable que me dijo con benevolencia:  Oh elegida Mía, te colmaré con gracias aun mayores para que seas testigo de Mi infinita misericordia por toda la eternidad.

Aquellos días en casa me pasaron entre mucha compañía porque todos quisieron verme y decirme algunas palabras.  Muchas veces conté hasta 25 personas.  Les interesaron mis relatos sobre la vida de los santos.  Me imaginaba que nuestra casa era una verdadera casa de Dios, porque cada noche se hablaba en ella solo de Dios.  Cuando, cansada de relatar y deseosa de la soledad y del silencio, me aparté por la noche al jardín para poder hablar con Dios a solas, ni siquiera conseguí esto, ya que vinieron en seguida los hermanos y las hermanas y me llevaron a casa y tuve que seguir hablando, todos los ojos clavados  en mi.  Pero logré encontrar el modo de tomar aliento, pedí a los hermanos que cantasen para mi, porque tenían bellas voces y además uno tacaba el violín y otro la mandolina, y así en ese tiempo pude dedicarme a la oración interior sin evitar su compañía.  Me costó mucho el tener que besar a los niños.  Venias las vecinas con niños y pedían que los tomara al menos un momento en brazos y les diera un beso.  Consideraban eso como un gran favor y para mi era una ocasión para ejercitarme en la virtud, porque mas de uno estaba bastante sucio, pero para vencerme y no mostrar aversión, a aquellos niños sucios les daba dos besos.  Una vecina trajo a su niño enfermo de los ojos, los cuales estaban llenos de pus y me dijo:  Hermana, tómalo en brazos un momento.  La naturaleza sentía aversión, pero sin reparar en nada, tomé en brazos y besé dos veces los purulentos ojos del niño y pedí a Dios por la mejoría.  Tuve muchas ocasiones para ejercitarme en la virtud.  Escuché a todos que decían sus quejas y advertí que no había corazones alegres, porque no había corazones que amaran sinceramente a Dios, y no me sorprendía nada.  Me afligí mucho de que no pudiera ver a mis dos hermanas.  Sentí interiormente en que gran peligro se encontraban sus almas.  El dolor estrechó mi corazón solo al pensar en ellas.  Una vez, al sentirme muy cerca de Dios, pedí ardientemente al Señor la gracia para ellas y el Señor me contestó:  Les concedo no solamente las gracias necesarias, sino también las gracias particulares.  Comprendí que el Señor las llamaría a una más estrecha unión Consigo.  Me alegro enormemente de que en nuestra familia reine el amor tan grande.

Cuando me despedí de mis padres y les pedí su bendición, sentí el poder de la gracia de Dios que fluyó sobre mi alma. Mi padre, mi madre y mi madrina, entre lágrimas, me bendijeron y felicitaron la máxima fidelidad a la gracia de Dios, y pidieron que no olvidara nunca las numerosas gracias que Dios me había concedido llamándome a la vida consagrada. Pidieron mis oraciones. A pesar de que lloraban todos, yo no derramé ni una sola lagrimita; traté de ser valiente y los consolé a todos como pude, recordándoles el cielo y que allí no habría mas separaciones. Stasio me acompaño al automóvil; le dije cuanto Dios ama a las almas puras; le aseguré de que Dios estaba contento con él. Mientras le hablaba de la bondad de Dios y de cómo Dios piensa en nosotros, se puso a llorar como un niño pequeño y yo no me sorprendí porque es un alma pura, pues conoce a Dios fácilmente. Cuando subí al automóvil, desahogué el corazón y también me puse a llorar de alegría como una niña, porque Dios concedía tantas gracias a nuestra familia y me sumergí en una oración de agradecimiento. Por la noche estaba ya en Varsovia. Primero saludé al Dueño de casa y después saludé a toda la Comunidad. Cuando, antes de ir a descansar, fui a decir buenas noches al Señor y le pedí perdón por haber hablado tan poco con Él durante mi estancia en casa, oí en el alma una voz: Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme. La Madre Superiora me dijo que al día siguiente iríamos a Józefinek  las dos y que yo tendría la oportunidad de hablar con la Madre General.  Me alegré muchísimo de eso. La Madre General como siempre, la misma, llena de bondad, serenidad y espíritu de Dios; hablé con ella mucho tiempo. Asistimos a un oficio de la tarde. Cantaron la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor Jesús estaba expuesto en la custodia, un momento después vi. al pequeño Señor Jesús que salio de la Hostia y Él Mismo descansó en mis brazos. Eso duró un breve momento, una enorme alegría inundó mi alma. El Niño Jesús tenía el mismo aspecto que cuando entré en la pequeña capilla junto con la Madre Superiora, anteriormente mi Maestra, Maria Josefina. Al día siguiente estaba ya en mi querida Vilna. Oh, como me sentía feliz de haber vuelto a nuestro convento. Me parecía como si entrara otra vez, no dejaba de alegrarme del silencio y de la calma gracias a las cuales el alma se sumerge en Dios tan fácilmente, todos le ayudan en esto y nadie estorba.

La Cuaresma

Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas. Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas. El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares. Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey. Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños. Jesús lo soportaba silenciosamente. ¿Quién puede entender, su dolor? Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra. Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús. Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento. Competían en insultar al Señor. Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre? La provoca el pecado. Se encontraron el Amor y el pecado. Cuando, junto con una hermana, estábamos en un templo durante la Santa Misa, sentí la grandeza y la Majestad de Dios; sentía que aquel templo estaba impregnado de Dios. Su Majestad me envolvió; a pesar de darme miedo me llenaba de calma y alegría; conocí que nada podía oponerse a su voluntad. Oh, si todas las almas [supieran] quién vive en nuestros templos, no habría tantos insultos y tantas faltas de respeto en aquellos lugares santos.
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Oh Amor eterno e inconcebible, Te pido una gracia, ilumina mi mente con la luz de lo alto, permíteme conocer y apreciar todas las cosas según su valor. Al conocer la verdad, mi alma se llena de máxima alegría.
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21 III 1935. Muchas veces durante la Santa Misa veo al Señor en mi alma, siento su presencia que me invade por completo. Siento su mirada divina, hablo mucho con Él sin decir una sola palabra. Conozco lo que desea su Corazón Divino y siempre hago lo que Él prefiere. Amo hasta la locura y siento que soy amada por Dios. En los momentos cuando me encuentro con Dios en la profundidad de mis entrañas, me siento tan feliz que no sé expresarlo. Estos momentos son cortos, porque el alma no los soportaría mas, debería producirse la separación del cuerpo. Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante su poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo. Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimento de mis deberes. Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo.

Este jueves sentí esta gracia al final de las oraciones; duró excepcionalmente mucho tiempo, es decir, toda la Santa Misa, pensaba que moriría de gozo.  En esos momentos conozco mejor a Dios y sus atributos, y también me conozco mejor a mi y mi miseria, y me sorprende que Dios se humille tanto hacia un alma tan miserable como la mía.  Después de la Santa Misa me sentía sumergida totalmente en Dios y tenia presente cada mirada suya a la profundidad de mi corazón.

Hacia el medio día entré un momento en la capilla y otra vez el poder de la gracia golpeo mi corazón. Mientras permanecía en recogimiento, Satanás tomó un tiesto de flores y con rabia lo tiró al suelo con toda su fuerza. vi. toda su furia y su envidia. No había nadie en la capilla, así que me levanté y recogí el tiesto roto y replanté la flor, y quise ponerla rápidamente en su lugar antes de que alguien viniera a la capilla. Sin embargo no lo logré, porque entraron en seguida la Madre Superiora y la hermana sacristana  y algunas otras hermanas. La Madre Superiora se sorprendió de que hubiera tocado algo en el pequeño altar y  que el tiesto hubiera caído; la sacristana mostró su descontento; yo traté de no excusarme ni justificarme. Pero, al anochecer me sentía muy agotada y no pude hacer la Hora Santa, y pedí a la Madre Superiora el permiso de acostarme mas temprano. Una vez acostada, me dormí en seguida; no obstante cerca de las once, Satanás sacudió mi cama. Me desperté inmediatamente y comencé a rezar con calma a mi Ángel Custodio. De súbito vi. las almas que estaban expiando en el purgatorio; su aspecto era como una sombra y entre ellas vi. muchos demonios; uno de ellos trató de molestarme arrojándose en forma de gato sobre mi cama y mis pies, y era tan pesado como si [pesara] algunos pud*.

Todo aquel tiempo rezaba el rosario; de madrugada aquellas figuras se fueron y pude dormirme.  Por la mañana, cuando fui a la capilla, oí en el alma la voz:  Estás unida a Mí y no tengas miedo de nada, pero has de saber, niña Mía, que Satanás te odia; él odia muchas almas, pero arde de un odio particular hacia ti, porque arrancaste a muchas almas de su poder. (* pud – es una antigua medida de peso rusa equivalente a 40 libras)

Jueves Santo, 18 IV  Por la mañana escuché estas palabras:  Desde hoy hasta la Resurrección no sentirás Mi presencia, pero tu alma se llenara de gran añoranza, y en seguida un gran deseo inundo mi alma; sentía la separación del amado Jesús y al acercarse el momento de la Santa Comunión, vi. en el cáliz, en cada Hostia el Rostro doliente de Jesús.  A partir de aquel momento sentí en mi corazón una añoranza aun mayor.
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Viernes Santo. A las tres de la tarde, cuando entré en la capilla, oí estas palabras: Deseo que esta imagen sea venerada en publico. Luego vi al Señor Jesús que agonizaba en la cruz entre terribles tormentos y del Corazón de Jesús salieron estos dos rayos que están en la imagen.
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Sábado. Durante las vísperas vi. al Señor Jesús resplandeciente como el sol, con una túnica clara, y me dijo: Que se alegre tu corazón. Y me inundó una gran alegría y me traspasó totalmente la presencia de Dios que es un tesoro inexplicable para el alma. Cuando esta imagen  fue expuesta, vi. un vivo movimiento de la mano de Jesús que trazó una gran señal de la cruz. Por la noche del mismo día, al acostarme, vi. que la imagen estaba pasando sobre una ciudad y aquella ciudad estaba cubierta de redes y de trampas. Jesús, al pasar cortó todas las redes y por fin trazó una gran señal de la santa cruz y desapareció. Y yo me vi. rodeaba de muchas figuras malignas que ardían de gran odio hacia mí. De sus bocas salían diferentes amenazas, pero ninguna me tocó. Después de un momento esa visión desapareció, pero no pude dormirme durante mucho tiempo.
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26 IV. El viernes, cuando estaba en Ostra Brama durante las solemnidades en las cuales fue expuesta esta imagen, estuve presente en la homilía que dijo mi confesor [166]; la homilía fue sobre la Divina Misericordia, fue la primera de las que exigía el Señor Jesús desde hacia mucho tiempo. Cuando empezó a hablar de esta gran misericordia del Señor, la imagen tomó un aspecto vivo y los rayos penetraron en los corazones de las personas reunidas, pero no en grado igual, unos recibieron más y otros menos. Una gran alegría inundo mi alma viendo la gracia de Dios.

Entonces oí estas palabras:  Tú eres testigo de Mi misericordia, por los siglos estarás delante de Mi trono como un vivo testigo de Mi misericordia.

Terminada la homilía, no esperé el final del oficio, por que tenia prisa para volver a casa. Al dar yo algunos pasos, me cerraron el camino toda una multitud de demonios que me amenazaron con terribles tormentos, y se dejaron oír las voces: Nos has quitado todo por lo que habíamos trabajado tantos años. Cuando les pregunté: ¿De donde llegan en tal multitud? Estas figuras malignas me contestaron: De los corazones humanos, no nos molestes. Viendo su tremendo odio hacia mi, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo: No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin su permiso Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma. Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego.
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Oh Jesús, desearía fatigarme y cansarme, y sufrir durante toda la vida por este único momento en que vi. Tu gloria, Señor, y los beneficios de las almas.
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Domingo, 28 IV 1935 El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio, y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi. al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi. una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable  a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios. 
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29 IV 1935 En víspera de exponer la imagen fui con nuestra Madre Superiora a ver a nuestro confesor. Cuando en la conversación fue abordado el tema de esta imagen, el confesor pidió que una de las hermanas ayudara a trenzar guirnaldas. La Madre Superiora dijo que Sor Faustina ayudaría. Eso me alegró muchísimo. Cuando regresamos a casa me dediqué en seguida a preparar los ramos verdes y con ayuda de una de las alumnas los transportamos. Ayudó también una persona que trabaja cerca de la iglesia. A las siete de la tarde estaba ya todo listo, la imagen estaba ya colgada; sin embargo algunas señoras notaron que yo iba y venia por allí, ya que seguramente mas estorbaba que ayudaba, pues al día siguiente preguntaron a las hermanas ¿qué cosa era aquella bella imagen y qué significado tenia? Ustedes, hermanas, lo sabrán seguramente, porque ayer una de las hermanas la adornaba. Las hermanas muy sorprendidas porque no sabían nada, todas quisieron verla y en seguida sospecharon de mí. Decían: Sor Faustina lo sabrá seguramente todo.

Cuando empezaron a preguntarme, callaba, porque no pude decir la verdad.  Mi silencio incitó su curiosidad; redoblé mi vigilancia para no mentir ni decir la verdad, porque no tenía permiso.  Entonces empezaron a mostrarme su descontento y reprocharme abiertamente:  ¿Cómo  es posible que la gente de fuera lo sepa y nosotras no?  Empezaron diferentes juicios sobre mí.  Sufrí mucho durante tres días, pero una extraña fuerza entró en mi alma.  Me alegré de poder sufrir para Dios y para las almas que habían obtenido su misericordia en esos días.  Al ver tantas almas que habían obtenido la misericordia de Dios en esos días, considero nada las fatigas y el sufrimiento aunque sean las mas grandes y aunque duren hasta el fin del mundo, porque ellos tienen limite mientras las almas que se han convertido [son salvadas] de los tormentos que nunca tienen fin.  Experimentaba un gran gozo viendo a otros que volvía a la fuente de la felicidad, al seno de la Divina Misericordia.

Viendo la dedicación y el empeño del Padre Sopocko en este asunto, admiraba en él su paciencia y su humildad; todo esto costó no sólo mucho empeño y varios disgustos, sino también mucho dinero, y todo lo subvencionó el Padre Sopocko. Veo que la Providencia Divina lo había preparado a cumplir esta obra de la misericordia antes de que yo lo pidiera a Dios. Oh, que misteriosos son Tus caminos, Dios, y felices las almas que siguen la voz de la gracia de Dios.
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Oh alma mía, adora al Señor por todo y glorifica su misericordia, porque su bondad no tiene limites. Todo pasará, pero su misericordia no tiene límites ni fin; si bien la maldad llegue a llenar su medida, en la misericordia no hay medida.

Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres la tierra veo el abismo de Tu misericordia, porque castigándonos aquí en la tierra, nos liberas del castigo eterno.  Alégrense, todas las criaturas, porque están mas cerca de Dios en su infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su madre. 

Oh Dios, que eres la Piedad misma para los más grandes pecadores arrepentidos sinceramente; cuanto más grande es el pecador, tanto mayor es el derecho que tiene a la Divina Misericordia.

En un momento, 12 V 1935. Por la noche, apenas me acosté, me dormí, pero si me dormí rápidamente, más rápidamente todavía fui despertada.  Vino a mí un Niño pequeño y me despertó.  Este Niño podía tener cerca de un año y me sorprendí de que hablara muy bien, ya que los niños de esta edad no hablan nada o hablan de manera poco comprensible.  Era indeciblemente bello, parecido al Niño Jesús y me dijo estas palabras:  Mira al cielo.  Y cuando miré al cielo, vi. las estrellas brillantes y la luna.  Ese Niño me preguntó:  ¿Ves la luna y las estrellas?  Contesté que las veía y Él me replicó con estas palabras:  Aquellas estrellas son las almas de los cristianos fieles y la luna son las almas consagradas.  Ves la gran diferencia de luz que hay entre la luna y las estrellas, igual de grande es en el cielo la diferencia entre el alma de un religioso y la de un cristiano fiel.  Y continúo que la verdadera grandeza está en amar a Dios y en la humildad. Entonces vi. cierta alma que esta separándose del cuerpo en terribles tormentos. Oh Jesús, cuando lo escribo tiemblo toda, viendo las atrocidades que atestiguan contra ella… Vi, como de un abismo barroso salían almas de niños pequeños y más grandes, de unos nueve años. Estas almas eran repugnantes y asquerosas, semejantes a los monstruos mas espantosos, a los cadáveres en descomposición, pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra el alma a la que yo veía agonizando; y el alma a la que veía en agonía era un alma que en el mundo había recibido muchos honores y aplausos, cuyo fin es el vacío y el pecado. Por fin salio una mujer que en una especie de delantal llevaba lagrimas y que atestiguo mucho contra él.
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Oh hora terrible, en la que se nos presentaran todas nuestras obras en su completa desnudez y miseria; ni una de ellas se pierde, nos acompañaran fielmente hasta el juicio de Dios. No tengo palabras ni términos de comparación para expresar cosas tan terribles y aunque me parece que esta alma no esta condenada, no obstante sus tormentos no difieren en nada de los tormentos infernales, con la única diferencia de que un día terminarán. Un momento después vi. nuevamente a ese mismo Niño que me había despertado, y que era de una belleza esplendida, y me repitió estas palabras: La verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad. Pregunté a ese Niño: ¿Cómo sabes que la verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad?, estas cosas las pueden saber solamente los teólogos, mientras Tu ni siquiera has estudiado el catecismo y ¿cómo lo sabes? Y Él me contestó: Lo sé y sé todo, y en aquel momento desapareció. Pero yo no me dormí en absoluto, mi mente estaba cansada de lo que empecé a meditar sobre lo que había visto. Oh, almas humanas, conocen la verdad muy tarde.
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Oh, abismo de la Divina Misericordia, derrámate lo antes posible sobre el mundo entero, según lo que Tu Mismo has dicho.

Mayo de 1935.  En un momento, cuando me di cuenta de los grandes designios de Dios respecto a mi, me asuste de su grandeza y me sentí completamente incapaz de cumplirlos y empecé a evitar interiormente las conversaciones con Él, y sustituía ese tiempo con la oración oral.  Lo hacia de humildad, pero pronto conocí que no era una verdadera humildad, sino una gran tentación de Satanás.  Una vez, cuando en lugar de la oración interior comencé a leer un libro espiritual, oí en el alma estas palabras, explicitas y fuertes:  Preparas al mundo para Mi última venida.  Estas palabras me conmovieron profundamente y aunque fingía  como si no las hubiera oído, no obstante las comprendí bien y no tenia ninguna duda al respecto.  Una vez, cansada de esta lucha de amor con dios y de excusarme constantemente de ser incapaz de cumplir esta obra, quise salir de la capilla, pero alguna fuerza me detuvo, me sentía inmovilizada.  Entonces oí estas palabras:  Piensas salir de la capilla, pero no saldrás de Mí, porque estoy en todas partes; tú sola no podrás hacer nada para ti misma, pero Conmigo puedes todo.

Durante la semana, cuando fui a mi confesor y descubrí el estado de mi alma y especialmente que evito la conversación interior con Dios, recibí la respuesta que no debía evitar la conversación interior con Dios, sino que tenia que escuchar las palabras que me decía. Actué según las indicaciones del confesor y en el primer encuentro con el Señor, caí a los pies de Jesús y con el corazón destrozado pedí perdón por todo. Luego Jesús me levantó del suelo y me sentó a su lado, y me permitió poner la cabeza sobre su pecho para que pudiera comprender y percibir mejor los deseos de su dulcísimo Corazón. Luego Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, no tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo; cualquier adversario te puede hacer daño solamente si Yo se lo permito. Tú eres Mi morada y Mi estable descanso, por ti detengo la mano castigadora, por ti bendigo la tierra. En el mismo instante siento algún fuego en mi corazón, siento que voy a perder los sentidos, no se que pasa alrededor de mi, siento que me traspasa la mirada del Señor, conozco bien su grandeza y mi miseria, un extraño sufrimiento penetra mi alma y un gozo que no logro comparar con nada, me siento inerte en los brazos de Dios, siento que estoy con Él y me disuelvo como una gota de agua en el océano. No se expresar lo que experimento; después de tal plegaria interior siento fuerza y fortaleza para cumplir las mas difíciles virtudes, siento aversión a todas las cosas que el mundo aprecia, con toda mi alma deseo la soledad y el silencio.
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V mayo de 1935. Durante el oficio de cuarenta horas vi. el rostro del Señor Jesús en la Santa Hostia que estaba expuesta en la custodia; Jesús miraba amablemente a todos. A menudo veo al Niño Jesús durante la Santa Misa. Es sumamente bello, en cuanto a la edad, parece que va a cumplir un año. Una vez, al ver el mismo Niño en nuestra capilla durante la Santa Misa, me invadió un fortísimo deseo y ansia irresistible de acercarme al altar y de tomar al Niño Jesús. En el mismo instante el Niño Jesús se puso junto a mi al borde del reclinatorio y con las dos manitas se agarró a mi brazo, encantador y alegre, su mirada llena de profundidad y penetrante. Pero cuando el sacerdote partió la Hostia, Jesús estaba en el altar y fue partido y consumido por aquel sacerdote.

Después de la Santa Comunión vi. al idéntico Jesús en mi corazón y durante todo el día lo sentí física, realmente en mi corazón.  Un recogimiento muy profundo se apodero de mí inconscientemente y no dije a nadie ni una palabra, evitaba en lo posible la presencia de la gente, contestaba siempre a las preguntas relacionadas con mis tareas, fuera de eso ni una palabra.

9 VI 1935. La venida del Espíritu Santo. Al anochecer, cuando pasaba por la huerta, oí estas palabras: Junto con tus compañeras imploraras la misericordia por ustedes y por el mundo. Comprendí que no estaré en la Congregación en la que estoy actualmente. Veo claramente que la voluntad de Dios respecto a mi es otra; sin embargo, me excuso constantemente delante de Dios de que yo soy incapaz de cumplir esta obra. Jesús, es que Tu sabes perfectamente lo que soy, y me puse a enumerar delante del Señor mis insuficiencias y me escondía detrás de ellas para que aceptara mis excusas de que era incapaz de cumplir sus proyectos. Luego oí estas palabras: No tengas miedo, Yo Mismo completare lo que te falta. Estas palabras me penetraron hasta el fondo y conocí aun más mi miseria, conocí que la Palabra del Señor es viva y penetra hasta el fondo. Entendí que Dios exigía de mí un modo de vida más perfecto, sin embargo me excusaba continuamente con mi incapacidad.
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29 VI 1935. Cuando hablaba con el director de mi alma sobre diferentes cuestiones que el Señor exigía de mi, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar. No obstante oí las palabras de que en la mayoría de los casos Dios escogía justamente a tales almas para realizar sus proyectos. Pero este sacerdote era guiado por el Espíritu de Dios, penetro el secreto de mi alma y los mas escondidos secretos que había entre mi y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo mismo no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que lo dijera. El secreto era éste que Dios exigía que hubiera una congregación que proclamara la Divina Misericordia y la implorase para el mundo. Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido tales inspiraciones, contesté que no había tenido órdenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él; me defendía inútilmente diciendo que no tenía una orden precisa, ya que al final de la conversación vi. al Señor Jesús en el umbral, con el mismo aspecto como esta pintado en la imagen, que me dijo: Deseo que haya tal Congregación. Eso duró un momento. Pero no hablé de eso en seguida, tenia prisa de volver a casa y repetía continuamente al Señor: Yo soy incapaz de cumplir Tus proyectos, oh Dios. Pero, lo curioso es que Jesús, sin reparar en esta invocación mía me dio luz y me hizo conocer cuanto le agradaba esta obra y no tomó en consideración mi debilidad, sino que me dio a conocer cuantas dificultades tenia que superar. Y yo, su pobre criatura, no sabía decir otra cosa sino que era incapaz, oh Dios.
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30 VI 1935. Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi. al señor Jesús de una belleza inexpresable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta al mundo. A través de la oración intermediaras entre la tierra y el cielo. Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión. Jesús desapareció y vi. un gran resplandor. Luego oí estas palabras: Te impartimos nuestra bendición, y en aquel momento de ese resplandor salio un rayo claro y traspaso mi corazón, un extraño fuego se incendio en mi alma, pensaba que moriría de gozo y de felicidad; sentí la separación del espíritu con respecto al cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos.

Temblando de felicidad en los brazos del Creador, sentía que Él Mismo me sostenía para que pudiera soportar la gran felicidad y mirar su Majestad.  Ahora sé que si Él Mismo no me hubiera fortalecido antes con la gracia, mi alma no habría sobrevenido la muerte.  La Santa Misa terminó no sé cuando, porque no era en mi poder notar lo que sucedía en la capilla.  Sin embargo, al volver en mi, sentía la fortaleza y el valor para cumplir la voluntad de Dios, nada me parecía difícil y si antes me excusaba delante del Señor, ahora sentía el animo y la fuerza del Señor que estaban en mi y le dije al Señor:  Estoy preparada para cada señal de Tu voluntad.  Dentro de mí experimenté todo lo que iba a pasar en el futuro.

Oh Creador y Señor mío, aquí tienes todo mi ser. Dispón de mí según Tu divina complacencia y según Tus designios eternos y Tu misericordia insondable. Que cada alma conozca cuan bueno es el Señor; que ninguna alma tenga miedo de tratar con el Señor, y que no se excuse de ser indigna y que nunca aplace para después las invitaciones de Dios, ya que esto no agrada a Dios. No hay alma mas miserable que yo, como verdaderamente me considero, y estoy sorprendida de que la Majestad Divina se humille tanto. Oh eternidad, me parece que eres demasiado corta para glorificar la infinita misericordia del Señor. Una vez, cuando la imagen estaba expuesta en el altar, durante la procesión de Corpus Cristi, cuando el sacerdote expuso el Santísimo Sacramento y el coro empezó a cantar, los rayos de la imagen traspasaron la Santa Hostia y se difundieron sobre el mundo entero. Entonces oí estas palabras: A través de ti, como a través de esta Hostia, los rayos de la misericordia pasaran al mundo. Después de estas palabras un gran gozo penetró en mi alma. En una ocasión, cuando mi confesor  celebraba la Santa Misa, como siempre vi. al Niño Jesús en el altar desde el momento del ofertorio. Pero un momento antes de la elevación el sacerdote desapareció y se quedó Jesús y cuando llegó el momento de la elevación Jesús tomó en sus manitas la Hostia y el Cáliz y los levanto juntos y miró hacia el cielo y un momento después vi. otra vez a mi confesor y pregunté al Niño Jesús donde estaba el sacerdote mientras no lo veía. Y Jesús me contestó: En Mi Corazón. Sin embargo no pude comprender nada más de aquellas palabras de Jesús.
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443Una vez oí estas palabras: Deseo que vivas según Mi voluntad en los más secretos rincones de tu alma. Comencé a meditar estas palabras que llegaron hasta lo más profundo de mi corazón. Aquel día había confesión de la Comunidad. Cuando fui a confesarme, después de acusarme de los pecados, el sacerdote me repitió las palabras que antes me había dicho el Señor. El sacerdote me dijo estas palabras profundas: Hay tres grados en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El primero: es cuando el alma cumple todo lo que está notoriamente comprendido en los reglamentos y en estatutos de la observancia exterior. El segundo grado consiste en que el alma sigue las inspiraciones interiores y las cumple. El tercer grado es aquel en que el alma, entregándose a la voluntad de Dios, le deja la libertad de disponer de ella, y Dios hace con ella lo que le agrada, porque es un instrumento dócil en sus manos. Y me dijo ese sacerdote que yo estaba en el segundo grado del cumplimiento de la voluntad de Dios, y que no tenia todavía el  tercer grado del cumplimiento de la voluntad de Dios; no obstante debía empeñarme para cumplir ese tercer grado de la divina voluntad. Esas palabras penetraron mi alma por completo. Veo claramente que muchas veces Dios da a conocer al sacerdote lo que pasa en el fondo de mi alma; eso no me sorprende nada, mas bien agradezco al Señor que tiene a estos elegidos.
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445 Jueves, Adoración nocturna. Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi. Al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación.  Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas.  El corazón dejaba de latir al ver esos tormentos.  Luego el Señor me dijo estas palabras:  Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo.  Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, son los pecados impuros.  Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación.  Entonces Jesús me dijo:  Mira y ve el género humano en el estado actual.  En un momento vi cosas terribles:  Los verdugos se alejaron de Jesús, y otros hombres se acercaron para flagelar los cuales tomaron los látigos y azotaban al Señor sin piedad.  Eran sacerdotes, religiosos y religiosas y máximos dignatarios de la Iglesia, lo que me sorprendió mucho, eran laicos de diversa edad y condición, todos descargaban su ira en el inocente Jesús.  Al verlo mi corazón se hundió en una especie de agonía; y mientras los verdugos lo flagelaban, Jesús callaba y miraba a lo lejos, pero cuando lo flagelaban aquellas almas que he mencionado arriba, Jesús cerró los ojos y un gemido silencioso pero terriblemente doloroso salió de su Corazón.  Y el Señor me dio a conocer detalladamente el peso de la maldad de aquellas almas ingratas:  Ves, he aquí un suplicio mayor que Mi muerte.  Entonces mis labios callaron y empecé a sentir  en mi la agonía y sentía que nadie me consolaría ni me sacaría de ese estado sino aquel que a eso me había llevado.  Entonces el Señor me dijo:  Veo el dolor sincero de tu corazón que ha dado un inmenso alivio a Mi Corazón, mira y consuélate. Entonces vi. a Jesús clavado en la cruz. Después de estar Jesús colgado en ella un momento, vi. toda una multitud de almas crucificadas como Jesús. Vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas. La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz detrás de si y estaban descontentas. Entonces Jesús me dijo: Ves, esas almas que se parecen a Mi en el sufrimiento y en desprecio, también se parecerán a Mi en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mi en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria. La mayor parte de las almas crucificadas pertenecían al estado eclesiástico; vi también almas crucificadas que conozco y eso me dio mucha alegría.  De repente Jesús me dijo:  En la meditación de mañana reflexionaras sobre lo que has visto hoy.  Y en seguida el Señor Jesús desapareció. Viernes. Estaba enferma y no pude ir a la Santa Misa. A las siete de la mañana vi a mi confesor celebrando la Santa Misa durante la cual veía al Niño Jesús. Al final de la Santa Misa la visión desapareció y me vi, como antes, en la celda. Me llenó una alegría inexpresable de que aunque no pude asistir a la Santa Misa en nuestra capilla, la escuché de una iglesia muy lejana. Jesús puede solucionar todo.
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30 de julio de 1935. Dio de San Ignacio. Recé fervorosamente a este Santo reprochándole ¿Cómo podía mirarme y no venia en ayuda en las cuestiones tan importantes como lo es el cumplimiento de la voluntad de Dios? Le decía a este Santo: Oh nuestro Patrono, que has sido inflamado por el fuego del amor y del celo por la mayor gloria de Dios, te ruego humildemente, ayúdame a cumplir los designios de Dios. Fue durante la Santa Misa. Entonces al lado izquierdo del altar vi a San Ignacio con un gran libro en la mano, diciéndome estas palabras: Hija mía, no soy indiferente a tu causa. Esta regla se puede aplicar también a esta Congregación: indicando el libro con la mano desapareció. Me alegré muchísimo viendo cuanto los santos piensan en nosotros y lo estrecha que es la unión con ellos. Oh bondad de Dios, que bello es el mundo interior porque ya aquí en la tierra nos relacionamos con los santos. Durante el día entero sentí la cercanía de este querido Patrono mío.
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5 de agosto de 1935: Fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Me preparé para esta fiesta con mayor fervor que en los años anteriores. En la mañana de ese día experimenté la lucha interior al pensar que debía abandonar esta congregación que goza de la protección especial de Maria. En esta lucha transcurrió la meditación, la primera Santa Misa, durante la segunda Santa Misa rezaba a la Santísima Madre, diciéndole que me es difícil separarme de la Congregación que esta bajo Tu protección especial, oh Maria. Entonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras: Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios. El alma mas querida para mi es aquella que cumple fielmente la voluntad de Dios. Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos. Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás.
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Adoración nocturna. Me sentía muy sufriente y me parecía que no podría ir a la adoración, sin embargo reuní toda la fuerza de mi voluntad y a pesar de haberme caído en la celda, no reparaba en lo que me dolía teniendo delante de los ojos la Pasión de Jesús.  Al venir a la capilla entendí interiormente lo grande que es la recompensa que Dios nos prepara, no solamente por las buenas obras, sino también por el sincero deseo de cumplirlas.  Qué gracia más grande de Dios es ésta. Oh, que dulce es trabajar por Dios y para las almas.  No quiero descansar en el combate, sino que lucharé hasta el último soplo de vida por la gloria de mi Rey y Señor.  No rendiré la espada hasta que me llame delante de su trono; no temo los golpes porque Dios es mi escudo.  El enemigo debe tener miedo de nosotros y no nosotros del enemigo.  Satanás vence solamente a los soberbios y a los cobardes, porque los humildes tienen la fortaleza.  Nada confunde ni asusta a un alma humilde.  He dirigido mi vuelo hacia el ardor mismo del sol y nada logrará bajármelo.  El amor no se deja encarcelar, es libre como una reina, el amor llega hasta Dios. Una vez, después de la Santa Comunión, oí estas palabras: Tú eres nuestra morada. En aquel momento sentí en el alma la presencia de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, me sentía el templo de Dios, sentía que era hija del Padre; no se explicar todo, pero el espíritu lo entiende bien. Oh bondad infinita, cuánto Te humillas hasta una miserable criatura. Si las almas quisieran vivir en el recogimiento, Dios les hablaría en seguida, ya que la distracción sofoca la voz de Dios. Una vez el Señor me dijo: ¿Por qué tienes miedo y tiemblas cuando estás unida a Mí? No Me agrada el alma que se deja llevar por inútiles temores. ¿Quién se atreve a tocarte cuando estás Conmigo? El alma mas querida para Mi es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide. En cierta ocasión el Señor me dijo: Hija Mía, toma las gracias que la gente desprecia; toma cuantas puedas llevar. En aquel instante mi alma fue inundada del amor de Dios. Siento que estoy unida al Señor tan estrechamente que no cuento palabra con las cuales podría expresar bien esta unión; siento que todo lo que Dios tiene, todos los bienes y los tesoros, son míos, aunque me ocupo poco de ellos, ya que me basta solamente Él. En Él veo todo, fuera de Él, nada.

No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios.  Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él, aquí existe mi relación mas intima con Él, aquí vivo con Él segura, aquí no llega la mirada humana.  La Santísima Virgen me anima a relacionarme así con Él.

Ahora ya no me da amargura cuando padezco un sufrimiento, ni tampoco las grandes consolaciones me exaltan; se han adueñado de mi la paz y el equilibrio del espíritu que proviene del conocimiento de la verdad.

¿Qué me importa vivir rodeada de corazones enemigos, si tengo la plenitud de la felicidad en mi alma?  O también, ¿a qué me ayudará la bondad de otros corazones, si no tengo a Dios en mi interior?  Teniendo a Dios en mi interior ¿Quién puede perjudicarme de algún modo? JMJ Vilna, 12 VIII 1935

Ejercicios espirituales de tres días. Al anochecer del día anterior a los ejercicios espirituales, durante la asignación nocturna de los puntos de la meditación, oí estas palabras:  Durante estos ejercicios espirituales te hablaré por boca de este sacerdote para asegurarte y fortalecerte sobre la veracidad de Mis palabras con las cuales hablo en el fondo de tu alma.  Aunque estos ejercicios espirituales los hacen todas las hermanas, no obstante tengo una atención especial por ti para fortalecerte y hacerte impávida frente a todas las contrariedades que te esperan; por eso escucha atentamente sus palabras y medítalas en el fondo de tu alma.

Oh, cómo quedé sorprendida, dado que todo lo que el Padre decía sobre la unión con dios y sobre los impedimentos en esta estrecha unión, yo lo experimentaba exactamente en el alma y lo oía de Jesús que hablaba en el fondo de ella. La perfección consiste en esta estrecha unión con Dios. En la meditación de las diez, el sacerdote habló de la misericordia de Dios y de la bondad de Dios para con nosotros. Dijo que cuando examinamos la historia de la humanidad, a cada paso vemos esta gran bondad de Dios. Todos los atributos de Dios, tales como la omnipotencia, y la sabiduría contribuyen a revelarnos este máximo atributo, es decir, la bondad de Dios. La bondad divina es el mayor atributo de Dios. Sin embargo, muchas almas que tienden a la perfección, no conocen esta gran bondad de Dios. Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la bondad de Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho y se refería exactamente a la Fiesta de la Misericordia. Ahora de verdad he comprendido claramente lo que el Señor me prometió y no tengo ninguna duda, la Palabra de Dios es clara y explicita. Durante toda la meditación vi al Señor Jesús sobre el altar, con una túnica blanca, teniendo en la mano mi cuaderno en el que estoy escribiendo estas cosas. Durante toda la meditación Jesús hojeaba las páginas del cuaderno y callaba, pero mi corazón no lograba soportar el ardor que se había incendiado en mi alma. A pesar de los esfuerzos de la voluntad para dominarme y para no dejar conocer a los que me rodeaban lo que pasaba en mi alma, al final de la meditación sentí que no dependía de mí en absoluto. De repente Jesús me dijo: No has escrito en este cuaderno todo sobre Mi bondad hacia los hombres; deseo que no omitas nada; deseo que tu corazón esté basado en una completa tranquilidad.
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Oh Jesús, mi corazón deja de latir cuando contemplo todo lo que haces por mí. Te admiro, Señor, por humillarte tanto hasta mi alma miserable. Qué métodos inexplicables usas para convencerme. Por primera vez en mi vida tengo los ejercicios espirituales de este tipo: cada palabra del sacerdote la entiendo de modo singular y claro, ya que todo esto lo viví antes en mi alma. Ahora veo que Jesús no deja en incertidumbre a un alma que lo ama sinceramente. Jesús desea que un alma que se relaciona con Él estrechamente, esté plenamente tranquila, a pesar de los sufrimientos y las contrariedades. Ahora comprendo bien que lo que une mas estrechamente el alma a Dios es negarse a si mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios. Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte. Jesús me dijo que si tengo alguna duda respecto a esta Fiesta o a la fundación de esta Congregación, o respecto a cualquier cosa de que te hablé en el fondo de tu alma, te contestaré en seguida por la boca de este sacerdote. Durante una meditación sobre la humildad me volvió la vieja duda de que un alma tan miserable como la mía, no cumpliría la tarea que el Señor exigía. En el mismo momento en que yo analizaba esa duda, el sacerdote que predicaba los ejercicios espirituales, interrumpió el tema de la predica y dijo justamente lo que yo tenia en duda, es decir, que Dios elige generalmente a las almas mas débiles y mas simples como instrumentos para realizar sus obras mas grandes, y ésta es una verdad incontestable. Veamos a quiénes eligió como Apóstoles, o veamos la historia de la Iglesia, qué obras tan grandes realizaron las almas que eran las menos aptas para hacerlo, porque justamente en esa forma las obras de Dios se revelan como tales. Cuando mi duda cedió completamente, el sacerdote volvió al tema sobre la humildad. Jesús, como siempre durante cada predica, estaba en el altar y no me decía nada, sino que con su mirada penetraba amablemente mi pobre alma queyano tenia ninguna excusa. Jesús, Vida mía, siento bien que me estas transformando en Ti, en lo secreto del alma donde los sentidos perciben muy poco. Oh Salvador mío, escóndeme entera en lo profundo de Tu corazón y protégeme con Tus rayos de todo lo que me aleja de Ti, Te suplico, oh Jesús, que estos dos rayos que salieron de Tu Misericordiosísimo corazón, alimenten continuamente mi alma. El momento de la confesión. El confesor me pregunto si en aquel momento estaba Jesús y si lo veía.  Si, está y lo veo.  Me ordenó preguntar por ciertas personas, Jesús no me contestó nada, pero lo miró.  Pero terminada la confesión, mientras hacia la penitencia, Jesús, me dijo estas palabras:  Ve y consuélalo de Mi parte.  Sin entender el significado de estas palabras, en seguida repetí lo que Jesús me había ordenado. Durante todo el tiempo de los ejercicios espirituales estuve sin cesar en contacto con Jesús y me uní a Él con toda la fuerza de mi corazón. El día de la renovación de los votos. Al comienzo de la Santa Misa como siempre vi a Jesús que nos bendijo y entró en el tabernáculo. Luego vi a la Santísima Virgen con una túnica blanca, un manto, azul, y la cabeza descubierta, que desde el altar se me acercó, me tocó con sus manos, me cubrió con su manto, y me dijo: Ofrece estos votos por Polonia. Reza por ella. 15 VIII.
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En la noche del mismo día sentí en el alma una gran nostalgia de Dios; no lo veo con los ojos del cuerpo como antes, sino que lo siento y no comprendo; eso me produce un anhelo y un tormento indescriptibles. Me muero del deseo de poseerlo para sumergirme en Él por la eternidad. Mi espíritu tiene a Él con todas las fuerzas, no hay nada en el mundo que pueda consolarme.

Oh Amor Eterno, ahora entiendo en qué estrechas relaciones de intimidad estaba mi corazón Contigo.  ¿Qué podrá satisfacerme en el cielo o en la tierra fuera de Ti?, oh Dios mío, en Quien se ahogó mi alma.

Una noche, cuando desde mi celda miré al cielo y vi un esplendido firmamento sembrado de estrellas y la luna, de repente entró en mi alma el fuego de amor inconcebible hacia mi Creador, y sin saber soportar el deseo que había crecido en mi alma hacia Él, me caí de cara al suelo humillándome en el polvo. Lo adoré por todas sus obras y cuando mi corazón no pudo soportar lo que en él pasaba, irrumpí en llanto. Entonces me tocó el Ángel Custodio y me dijo estas palabras: El Señor me hace decirte que te levantes del suelo. Lo hice inmediatamente, pero mi alma no tuvo consuelo. El anhelo de Dios me invadió aun más. Un día en que estaba en la adoración, y mi espíritu como si estuviera en agonía añorándolo a Él y no lograba retener las lágrimas, vi a un espíritu de gran belleza, que me dijo estas palabras: No llores, dice el Señor. Un momento después pregunté: ¿Quién eres? Y él me contestó: Soy uno de los siete espíritus que día y noche están delante del trono de Dios y lo adoran sin cesar. Sin embargo este espíritu no alivio mi añoranza, sino que suscitó en mí un anhelo más grande de Dios. Este espíritu es muy bello y su belleza se debe a una estrecha unión con Dios. Este espíritu no me deja ni por un momento, me acompaña en todas partes. Al día siguiente, durante la Santa Misa, antes de la elevación, aquel espíritu empezó a cantar estas palabras: Santo, Santo, Santo. Su voz era como miles de voces, imposible describirlo. De repente mi espíritu fue unido a Dios, en un momento vi la grandeza y la santidad inconcebibles de Dios y al mismo tiempo conocí la nulidad que soy de por mi. Conocí mas claramente que en cualquier otro momento del pasado, las Tres Personas Divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sin embargo su esencia es Una, como también la igualdad y la Majestad. Mi alma se relaciona con las Tres Personas, pero no logro explicarlo con palabras, pero el alma lo comprende bien. Cualquiera que esté unido con una de estas Tres Personas, por este mismo hecho está unido con toda la Santísima Trinidad, porque su unidad es indivisible. Esa visión, es decir, ese conocimiento inundó mi alma de una felicidad inimaginable, por ser dios tan grande. Lo que he descrito arriba, no lo vi con los ojos, como anteriormente, sino dentro de mí, de modo puramente espiritual e independiente de los sentidos. Eso duró hasta el fin de la Santa Misa.

Ahora, esto me sucede a menudo y no solamente en la capilla, sino también durante el trabajo y cuando menos lo espero.

Cuando nuestro confesor estaba ausente, yo me confesaba con el arzobispo. Al descubrirle mi alma, recibí esta respuesta: Hija mía, ármate de mucha paciencia, si estas cosas vienen de Dios, tarde o temprano, se realizaran y te digo estar completamente tranquila. Yo, hija mía, te entiendo bien en estas cosas; y ahora, en cuanto al abandono de la Congregación y la idea de fundar otra, ni siquiera pienses en esto, ya que seria una grave tentación interior. Terminada la confesión, le dije a Jesús: ¿Por qué me mandas hacer estas cosas y no me das la posibilidad de cumplirlas? De repente, después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús en la misma capilla en la que me había confesado, con el mismo aspecto con el que está pintado en esta imagen; el Señor me dijo: No estés triste, le haré comprender las cosas que exijo de ti. Cuando salíamos, el arzobispo estaba muy ocupado pero nos dijo volver y esperar un momento. Cuando entramos otra vez en la capilla, oí en el alma estas palabras: Dile lo que has visto en esta capilla. En aquel momento entró el arzobispo y preguntó si no teníamos nada que decirle. Sin embargo, aunque tenía la orden de hablar, no pude porque estaba en compañía de una de las hermanas. Todavía una palabra sobre la confesión: Impetrar la misericordia para el mundo, es una idea grande y bella, ruegue mucho, hermana, por la misericordia para los pecadores, pero hágalo en su propio convento.
El día siguiente, viernes 13 XI 1935. Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios.  Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salía rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra.  Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia.  Pero mi suplica era nada comparada con la ira de Dios.  En aquel momento vi a la Santísima Trinidad.  La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria.  En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios.  Oh, que grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad.  No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es.  Me puse a rogar  a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mi.

Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados.  Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces.  Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero.  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.

A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior:  Cuantas veces entres en la capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer.  Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras:  Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente:  primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás las siguientes palabras:  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.  Para terminar, dirás tres veces estas palabras:  Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

El silencio es una espada en la lucha espiritual;  un alma platicadora no alcanzará la santidad.  Esta espada del silencio cortará todo lo que quiera pegarse al alma.  Somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sensibles, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos. El alma silenciosa es fuerte; ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio. El alma silenciosa es capaz de la mas profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo.  En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos.

Oh Jesús mío, Tu sabes, solamente Tú sabes bien que mi corazón no conoce otro amor fuera de Ti.  Todo mi amor virginal es anegado en ti, oh Jesús, por la eternidad.  Siento bien que Tu Sangre divina circula en mi corazón; no hay duda alguna que con Tu preciosísima Sangre ha entrado en mi corazón Tu purísimo Amor.  Siento que moras en mí con el Padre y el Espíritu Santo o más bien siento que yo vivo en Ti, oh Dios inimaginable.  Siento que me disuelvo en Ti como una gota en el océano.  Siento que estas fuera de mí y en mis entrañas, siento que estas en todo lo que me rodea, en todo lo que me sucede.  Oh Dios mío, Te he conocido dentro de mi corazón y Te he amado por encima de cualquier cosa que exista en la tierra o en el cielo.  Nuestros corazones se entienden mutuamente, pero ningún hombre lo comprenderá.

La segunda confesión con el arzobispo.  Has de saber, hija mía, que si ésta es la voluntad de Dios, tarde o temprano, se realizara, porque la voluntad de Dios tiene que cumplirse.  Ama a Dios en tu corazón, ten… la frase queda interrumpida.

29 IX Fiesta de San Miguel Arcángel.  He quedado unida íntimamente a Dios.  Su presencia me penetra profundamente y me llena de serenidad, de alegría y de asombro.  Después de esos momentos de plegaria estoy llena de fuerza, de una valentía misteriosa para afrontar sufrimientos y la lucha; nada me espanta, aunque el mundo entero esté en contra de mí; todas las contrariedades tocan la superficie, pero no tienen acceso a mi interior, porque allí mora Dios que me da fuerza, que me colma.  Contra su escabel se estrellan todas las emboscadas del enemigo.  En estos momentos de la unión Dios me sostiene con su poder; me da su poder, y me capacita para amarlo.  El alma nunca lo alcanza con sus propios esfuerzos.  Al comienzo de esta gracia interior, me llenaba el miedo y empecé a guiarme, es decir dejarme llevar por el temor, pero poco después el Señor me dio a conocer cuanto eso le desagradaba.  Pero también esto lo decidió Él Mismo, mi tranquilidad.

Casi cada solemnidad en la santa Iglesia me da un conocimiento mas profundo de Dios y una gracia especial, por eso me preparo a cada solemnidad y me uno estrechamente al espíritu de la Iglesia.  Qué alegría ser una hija fiel de la Iglesia.  Oh, cuanto amo a la santa Iglesia y a todos quienes viven en ella.  Los miro como miembros vivos de cristo que es su Cabeza.  Me inflamo de amor con los que aman, sufro con los que sufren, el dolor me consume mirando a los tibios y a los ingratos; entonces procuro un amor tan grande hacia Dios que compense por aquellos que no lo aman, que alimentan a su Salvador con negra ingratitud.

Oh Dios mío, estoy consciente de mi misión en la santa Iglesia.  Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo.  Me uno estrechamente a Jesús y me presento como victima que implora por el mundo.  Dios no me rehusará nada cuando le suplico con la voz de Su Hijo.  Mi sacrificio es nada por si mismo, pero cuando lo uno al sacrificio de Jesús, se hace omnipotente y tiene la fuerza para aplacar la ira divina.  Dios nos ama en Su Hijo, la dolorosa Pasión del Hijo de Dios es un continuo aplacamiento de la ira de Dios.

Oh Dios, cuanto deseo que las almas Te conozcan, que sepan que las Te conozcan, que sepan que las creaste por Tu amor inconcebible; oh Creador y Señor, siento que descorreré las cortinas del cielo para que la tierra no dude de Tu bondad.

Haz de mi, oh Jesús, una victima agradable y pura delante del Rostro de Tu Padre.  Oh Jesús, transfórmame miserable y pecadora, en Ti, ya que Tú puedes todo y entrégame a Tu Padre Eterno.  Deseo transformarme en la hostia expiatoria delante de Ti, pero en una hostia no consagrada delante de los hombres; deseo que la fragancia de mi sacrificio sea conocida sólo por Ti, Oh Dios Eterno, arde en mi el fuego inextinguible de la suplica por Tu misericordia; siento y comprendo que ésta es mi tarea, aquí y en la eternidad.  Tú Mismo me has ordenado hablar de esta gran misericordia Tuya y de Tu bondad.

En cierta ocasión comprendí, cuánto le desagrada a Dios la acción, aunque sea la más laudable, sin el sello de la intención pura; tales acciones incitan a Dios más bien al castigo que a la recompensa. Que en nuestra vida las haya lo menos posible, mientras en la vida religiosa no deberían existir en absoluto. Con igual disposición recibo la alegría y el sufrimiento, la alabanza y la humillación; recuerdo que la una y la otra son pasajeras. ¿Qué me importa lo que digan de mí? Ya hace mucho he renunciado de todo lo que concierne a mi persona. Mi nombre es hostia, es decir, victima, pero no en la palabra sino en la acción, en el anonadamiento de mi misma, en asemejarme a Ti en la cruz, oh Buen Jesús y Maestro mío.
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Oh Jesús, cuando vienes a mi en la Santa Comunión, Tu que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento. Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él. Cuando me duermo, le ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Él sin decir una palabra. Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día mas, que una vez mas va a repetirse en mi el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez mas delante de mis ojos va a repetirse su dolorosa Pasión. Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas. Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes. En los sufrimientos del alma o del cuerpo trato de callar porque entonces mi espíritu adquiere fortaleza que viene de la Pasión de Jesús. Delante de mis ojos tengo siempre su Rostro doloroso, insultado y desfigurado, su Corazón divino, traspasado por nuestros pecados y especialmente por la ingratitud de las almas elegidas. Doble advertencia para que me preparase a los sufrimientos que me esperaban [en] Varsovia; la primera advertencia fue interior, a través de una voz, escuchada, la segunda fue durante la Santa Misa. Antes de la elevación vi a Jesús crucificado que me dijo: Prepárate a los sufrimientos. Agradecí al Señor esta gracia de haberme advertido y le dije al Señor que seguramente no sufriré más que Tu, Salvador mío. No obstante me lo tomé a pecho e iba fortaleciéndome con la plegaria y con pequeños sufrimientos para poder soportar mayores cuando llegasen.
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19 X 1935 Salida de Vilna a Cracovia para los ejercicios espirituales de ocho días. El viernes por la noche durante el rosario cuando pensaba en el viaje del día siguiente y en la importancia de la cuestión que iba a presentar al Padre Andrasz, me invadió el miedo viendo claramente mi miseria y mi inaptitud frente a la grandeza de la obra de Dios.  Aplastada por ese sufrimiento, me sometí a la voluntad de Dios.  En aquel instante vi a Jesús junto a mi reclinatorio, con una túnica clara, y me dijo estas palabras:  ¿Por qué tienes miedo de cumplir Mi voluntad?  ¿Crees que no te ayudaré como hasta ahora?  Repite cada exigencia Mía delante de aquellos que Me sustituyen en la tierra y haz solamente lo que te manden.  En aquel momento una [gran] fuerza entró en mi alma. A la mañana siguiente vi. al Ángel Custodio que me acompañó en el viaje hasta Varsovia. Cuando entramos al convento desapareció. Cuando pasábamos junto a una pequeña capillita para saludar a las Superioras, en un momento me envolvió la presencia de Dios y el Señor me llenó del fuego de su amor. En tales momentos siempre conozco mejor la grandeza de su Majestad.

Al subirnos al tren de Varsovia a Cracovia, vi nuevamente a mi Ángel Custodio junto a mí, que rezaba contemplando a Dios, y mi pensamiento lo siguió, y cuando entramos en la puerta del convento desapareció.

Al entrar en la capilla, la Majestad de Dios me envolvió otra vez, me sentía sumergida totalmente en dios, toda sumergida en Él y penetrada, viendo cuánto el Padre Celestial nos ama. Oh, qué gran felicidad llena mi alma por el conocimiento de Dios, de la vida de Dios. Deseo compartir esta felicidad con todos los hombres, no puedo encerrar esta felicidad en mi corazón solamente, porque sus rayos me queman y hacen estallar mi pecho y mis entrañas. Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios. Oh sacerdotes, ayúdenme en esto, usen las palabras mas convincentes sobre su misericordia, porque toda expresión es muy débil para expresar lo misericordioso que es.  JMJ  Cracovia 20 X 1935
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Oh Dios Eterno, Bondad misma, inconcebible en Tu misericordia por ninguna mente humana ni angélica, ayúdame, una niña débil, a cumplir Tu santa voluntad, tal y como me la das a conocer.  No deseo otra cosa que cumplir los deseos de Dios.  He aquí, Señor, mi alma y mi cuerpo, mi mente y mi voluntad, mi corazón y todo mi amor y dispón de mí según Tus eternos designios.
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Después de la Santa Comunión mi alma fue inundada nuevamente por el amor de Dios. Gozo de su grandeza; aquí veo claramente su voluntad la cual debo cumplir y a la vez veo mi debilidad y mi miseria, veo que sin su ayuda no puedo hacer nada. En el segundo día de los ejercicios espirituales. Antes de ir al locutorio del Padre Andrasz, sentí el miedo debido a que, después de todo, el secreto existe solamente en el confesionario; fue un temor infundado.  La madre Superiora me tranquilizó con una sola palabra.  Pero cuando entré en la capilla, oí en el alma estas palabras:  Deseo que para con Mí suplente seas tan sincera y simple como una niña, así como eres Conmigo; de lo contrario te abandonaré y no Me relacionaré contigo. De veras, Dios me concedió esta gran gracia de la confianza absoluta y, terminada la conversación, Dios me concedió la gracia de una profunda serenidad y de luz respecto a estas cosas.
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Oh Jesús, Luz eterna, ilumina mi mente, fortalece mi voluntad e incendia mi corazón. Quédate conmigo como me has prometido, porque sin Ti no soy nada. Tú sabes, oh Jesús mío, lo débil que soy seguro que no tengo que decírtelo, ya que tú eres quien sabe mejor lo miserable que soy. En Ti toda mi fuerza. El día de la confesión. Desde la primera hora empecé a sentir la lucha interior tan fuerte como nunca antes.  El abandono total de parte de Dios; sentí toda la debilidad que soy, me agobiaban los pensamientos:  ¿Por qué debería abandonar este convento donde me quieren las hermanas y las Superioras?, la vida es tan tranquila; ligada por los votos perpetuos, cumplo mis deberes con facilidad; ¿por qué escuchar la voz de la conciencia? ¿por qué seguir fielmente la inspiración?  ¿quién sabe de quién proviene?  ¿no es mejor comportarme como todas las hermanas?  Quizá pueda sofocar las palabras del Señor, sin hacerles caso.  Quizá Dios no me pida hacer cuentas de ellas en el día del juicio.  ¿A dónde me llevará esta voz interior?  Si la sigo, me esperan terribles tribulaciones, sufrimientos y contrariedades; tengo miedo del futuro y en el día de hoy estoy agonizando.

Ese sufrimiento duró el día entero con igual tensión.  Al anochecer, al acercarme a la confesión, a pesar de haberme preparado antes, no pude confesarme en absoluto; recibí la absolución, me alejé sin saber lo que pasaba conmigo.  Al acostarme, el sufrimiento creció al máximo grado, o mejor dicho se transformó en un fuego que como un relámpago penetró todas las facultades del alma, hasta la medula de los huesos, hasta la más secreta célula del corazón.  En ese sufrimiento no lograba hacer nada:  Que se haga Tu voluntad, Señor; pero en algunos momentos ni siquiera pude pensar en eso; de verdad, me ahogaba un miedo mortal y me tocaba el fuego infernal.  En la madrugada reinó el silencio y los sufrimientos desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, pero sentía un agotamiento tan tremendo que no pude hacer el mas pequeño movimiento; poco a poco me volvía las fuerzas mientras hablaba con la Madre Superiora, pero solamente Dios sabe cómo me sentí durante todo el día.

Oh Verdad eterna, Palabra encarnada que has cumplido la voluntad de Tu Padre de manera mas fiel, hoy me vuelvo mártir de Tus inspiraciones por no poder realizarlas, visto que carezco de mi propia voluntad; a pesar de conocer claramente Tu santa voluntad  dentro de mi, me someto en todo a la voluntad de las Superioras y del confesor; yo la cumpliré en la medida en que Tu me lo permitas por medio de Tu representante. Oh Jesús mío, antepongo la voz de la Iglesia a la voz con la cual Tú me hablas. Después de la Santa Comunión. Vi a Jesús, como siempre, diciéndome estas palabras:  Apoya tu cabeza en Mi brazo y descansa y toma fuerza.  Yo estoy siempre contigo.  Dile al amigo de Mi Corazón, dile, que Me sirvo de tan débiles criaturas para realizar Mis obras.  Después mi espíritu fue fortalecido con una extraña fuerza.  Dile que le permití conocer tu debilidad en la confesión, lo que eres por ti misma. Cada lucha mantenida con valentía me trae alegría y paz, luz y experiencia, animo para el futuro, honor y gloria a Dios y a mí la recompensa final. Hoy es la fiesta de cristo Rey Durante la Santa Misa rogué con fervor que Jesús sea el Rey de todos los corazones, que la gracia de Dios resplandezca en cada alma. Entonces vi a Jesús, tal y como está pintado en esta imagen, diciéndome estas palabras: Hija Mía, Me rindes la mayor gloria cumpliendo fielmente Mis deseos.
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Oh, qué grande es Tu belleza, Jesús, Esposo mío, Flor viva, vivificante, en la que está encerrado el rocío que da la vida al alma sedienta. En Ti se sumergió mi alma. Tu solamente eres el objeto de mis aspiraciones y de mis deseos, úneme lo mas estrecho posible a Ti y al Padre y al Espíritu Santo para que viva y muera en Ti. Sólo el amor tiene importancia, es él que eleva nuestras más pequeñas acciones hasta la infinidad.
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Oh Jesús mío, de verdad, yo no sabría vivir sin Ti, mi espíritu se ha fundido con el Tuyo. Nadie lo comprenderá bien, primero hay que vivir de Ti para conocerte en los demás.
Cracovia 25 X 1935 Propósitos después de los ejercicios espirituales.

No hacer nada sin el permiso del confesor y la aceptación de las Superioras en todo y especialmente en las inspiraciones y las exigencias del Señor. Todos los momentos libres los pasaré con el Huésped Divino dentro de mí; procuraré mantener el silencio interior y exterior para que Jesús descanse en mi corazón. Mi descanso mas grato será en servir y ser disponible a las hermanas. Olvidarme de mi misma y  pensar en agradar a las hermanas. No me justificaré ni excusaré de ningún reproche que me hagan, permitiré juzgarme por cualquiera y  en cualquier modo. Tengo a un solo Confidente a quien revelo todo y lo es Jesús en la Eucaristía y en substitución de Él, el confesor. En todos los sufrimientos del alma o del cuerpo, en las tinieblas o en el abandono me callaré como una paloma sin quejarme.  Me anonadaré en cada momento como una victima postrándome a sus pies para impetrar misericordia por las pobres almas.

Toda mi nulidad se ahoga en el mar de Tu misericordia; con la confianza del niño me arrojo entre Tus brazos, Padre de Misericordia, para compensarte de la desconfianza de tantas almas que tienen miedo de confiar en Ti. Oh, qué pequeño es el numero de almas que Te conocen verdaderamente. Oh, cómo deseo que la Fiesta de la Misericordia sea conocida por las almas. La misericordia es la corona de Tus obras; Tú dispones todo con el cariño de la madre más tierna. JMJ  Cracovia 27 X 1935.  Padre Andrasz – consejo espiritual.

No hacer nada sin el consentimiento de las Superioras.  Esta cuestión hay que reflexionarla bien y rezar mucho.  En estas cosas hay que ser muy prudente, ya que usted, hermana, tiene aquí la voluntad de Dios segura y evidente, porque está unida a esta orden por los votos, perpetuos además; pues no debe haber dudas, y lo que tiene dentro de si, son apenas relámpagos de la creación de algo.  Dios puede hacer algún cambio, pero estas cosas suceden muy raramente.  Hasta que usted no reciba un conocimiento más evidente, no tenga prisa.  Las obras de Dios van lentamente; si son de Dios, los conocerá claramente y si no, se esfumarán y usted obedeciendo no se extraviará.  Pero debe hablar de todo sinceramente con el confesor y escucharlo ciegamente.

Ahora no le queda, hermana, otra cosa que aceptar el sufrimiento hasta que esto se aclare, es decir, hasta la solución de este problema.  Su disposición respecto a estas cosas es buena y siga así, llena de sencillez y de espíritu de obediencia es una buena señal.  Si usted, hermana, sigue en esta disposición, Dios no le permitirá extraviarse; en la medida en que es posible, mantenerse alejada de estas cosas y si, a pesar de eso, suceden, tomarlas con tranquilidad, no tener miedo de nada.  Está en las buenas manos de Dios tan bueno.  En todo lo que me ha dicho, no veo ninguna ilusión ni contradicción a la fe:  éstas son las cosas buenas de por si y hasta seria bueno que hubiera un grupo de almas que pidieran a Dios por el mundo, porque todos necesitamos oraciones.  Tiene un buen director espiritual y aténgase a él y esté tranquila.  Sea fiel a la voluntad de Dios y cúmplala.  En cuanto a las tareas, haga lo que manden, tal y como lo manden aunque fuera una cosa mas humillante y penosa.  Elija siempre el último lugar y entonces le dirán: Siéntate mas arriba.  En el alma y en el comportamiento debe considerarse la ultima de toda la casa y de toda la Congregación.  En todo y siempre la máxima fidelidad a Dios.

Deseo, Jesús mío, sufrir y arder con el fuego del amor en todos los acontecimientos de la vida.  Pertenezco a Ti entera, deseo abismarme en Ti, oh Jesús, deseo perderme en Tu divina belleza.  Tú me persigues, Señor, con Tu amor, como un rayo del sol penetras dentro de mí y transformas la oscuridad de mi alma en Tu claridad.  Siento bien que vivo en Ti como una chispa pequeñita absorbida por un ardor increíble, en que Tú ardes, oh Trinidad impenetrable.  No existe un gozo mayor que el amor de Dios.  Ya aquí en la tierra podemos gustar la vida de los habitantes del cielo por medio de una estrecha unidad con Dios, misteriosa y a veces inconcebible para nosotros.  Se puede obtener la misma gracia con la simple fidelidad del alma.

Cuando se apodera de mi el sentido de desgana y de monotonía en cuanto a mis deberes, entonces me recuerdo de que estoy en la casa del Señor donde no hay nada pequeño, donde de la pequeña acción mía, llevada acabo con la intención dirigida al cielo, puede depender la gloria de la Iglesia y el progreso de mas de un alma, pues no hay nada pequeño en el convento. Entre las contrariedades que estoy experimentando, recuerdo que el tiempo de la lucha no ha terminado, me armo de paciencia y de este modo venzo a mi adversario.
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No busco con curiosidad la perfección en ninguna parte, sino que penetro en el espíritu de Jesús y contemplo sus acciones que tengo relatadas en el evangelio y aunque viviera mil años, no agotaría lo que en él esta contenido. Cuando mis intenciones no son aceptadas y mas bien condenadas, no me sorprendo mucho, ya que sé que solamente Dios penetra mi corazón. La verdad no se pierde y el corazón herido se tranquilizara con el tiempo y mi espíritu se fortalece en las contrariedades. No siempre escucho lo que me dice el corazón, sino que pido a Dios luz; cuando siento que he recuperado el equilibrio, entonces hablo más. El día de la renovación de los votos. La presencia de Dios inundó mi alma. Durante la Santa Misa vi a Jesús que me dijo estas palabras: Tú eres para Mí un gran gozo, tu amor y tu humildad hacen que dejo los tronos del cielo y Me uno a ti. El amor allana el abismo que hay entre Mi grandeza y tu nulidad. El amor inunda mi alma, estoy sumergida en el océano del amor, siento que me desmayo y me pierdo completamente en Él.
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Oh Jesús, haz a mi corazón semejante al Tuyo, o más bien transfórmalo en Tu propio Corazón para que pueda sentir las necesidades de otros corazones y, especialmente, de los que sufren y están tristes. Que los rayos de la misericordia descansen en mi corazón. Una vez, al anochecer, cuando paseaba por la huerta rezando el rosario, llegué hasta el cementerio, entreabrí la puerta y me puse a rezar un momento y les pregunté a ellas dentro de mí: ¿Seguramente serán muy felices? De repente oí estas palabras: Somos felices en la medida en que hemos cumplido la voluntad de Dios… y después, el silencio como antes. Me ensimismé y pensé mucho tiempo cómo yo cumplo la voluntad de Dios y cómo aprovecho el tiempo que Dios me concede. Ese mismo día, cuando fui a descansar, durante la noche me vino a visitar un alma pequeña que golpeando en la mesilla de noche, me despertó y pidió oración. Quise preguntarle quien era, pero mortifiqué mi curiosidad y uní esa pequeña mortificación a la oración y la ofrecí por ella. Una vez, cuando fui a visitar a una hermana enferma que tenia ya ochenta y cuatro años y se distinguía por muchas virtudes, le pregunté: ¿Seguramente ya estará usted, hermana, preparada a presentarse delante del Señor? Me contestó que durante toda la vida venia preparándose para esta ultima hora y añadió que la edad no dispensa de la lucha. En víspera del día de los difuntos, cuanto al atardecer fui al cementerio que estaba cerrado, pero entreabrí un poco la puerta y dije: Si desean, queridas almas, alguna cosa, la haré con gusto, dentro de lo que me permite la regla. Entonces oí estas palabras: Cumple la voluntad de Dios. Nosotras somos felices en la medida en que hemos cumplido la voluntad de Dios. Por la noche aquellas almas vinieron y me pidieron orar; recé mucho por ellas. Mientras la procesión volvía del cementerio, vi una multitud de almas que junto con nosotras iban a la capilla, rezaban junto con nosotras. Recé mucho porque tenia el permiso de las Superioras En la noche volvió a visitarme un alma que ya había visto anteriormente, pero esa alma no me pidió oraciones, sino que me reprochó que antes yo era muy vanidosa y soberbia, y ahora intercedes tanto por otros teniendo aun algunos defectos. Contesté que había sido muy soberbia y vanidosa, pero que ya me confesé e hice penitencia por mi estupidez y confío en la bondad de mi Dios, y si ahora caigo, es más bien involuntariamente y nunca con premeditación, aunque sea en la cosa más pequeña. Sin embargo aquella alma empezó a hacerme reproches: ¿Por qué no quieres reconocer mi grandeza? Todos me reconocen por mis grandes obras, ¿por qué solamente tú no me das gloria? Entonces vi que en aquella figura estaba Satanás y dije: A Dios Mismo es debido la gloria, ¡lárgate, Satanás! Y de inmediato esa alma cayó en un abismo horrible, inconcebible, indescriptible; y dije a aquella miserable alma que yo se lo diría a toda la Iglesia. El sábado volvimos ya de Cracovia a Vilna. En el camino pasamos por Czestochowa. Cuando recé delante de la imagen milagrosa, sentí que eran agradables la frase interrumpida.

El anochecer, Jesús, mañana por la mañana he de pronunciar los votos perpetuos. Pedí a todo el cielo y la tierra, y todo lo que existe llamé a agradecer a Dios por esta gran e inconcebible gracia. De repente oí estas palabras:  Hija Mía, tu corazón es el cielo para Mí.  Todavía un momento de oración y después hay que salir corriendo ya que nos echan de todas partes, porque arreglan todo para mañana; la capilla, el refectorio, la sala, y la cocina, y nosotras debemos acostarnos.  Pero de dormir ni hablar. La alegría quitó el sueño.  Pensaba ¿qué habrá en el cielo si ya aquí, en este destierro, Dios colma mi alma de tal modo?

La oración durante la Santa Misa en el día de los votos perpetuos.  Hoy dejo mi corazón en la patena donde esta colocado Tu Corazón, Jesús, y hoy me ofrezco junto a Ti, a Dios, Padre Tuyo y mío, como victima de amor y de adoración.  Padre de misericordia, mira la ofrenda de mi corazón, pero a través de la herida del Corazón de Jesús.

1933 año V. 1 día. La unión con Jesús en el día de los votos perpetuos.  Oh Jesús, Tu Corazón desde hoy es mi propiedad y mi corazón es Tu propiedad exclusiva.  El simple recuerdo de Tu Nombre, Jesús, es una delicia para mi corazón.  De verdad, no podría vivir ni un instante sin Ti, oh Jesús.  Hoy mi alma esta anegada en Ti, como en su único tesoro, Mi amor no conoce impedimentos en dar pruebas a su Dilecto.

Las palabras del Señor Jesús durante los votos perpetuos:  Esposa Mía, nuestros corazones están unidos por la eternidad.  Recuerda a quien te has consagrado… no es posible referir todo.

Mi petición hecha en el momento cuando me postré en cruz bajo el paño fúnebre.  Rogué al Señor que me concediera la gracia de no ofenderle nunca, con ningún pecado, ni el más pequeño, ni tampoco con una imperfección, voluntaria y conscientemente. Jesús, en Ti confío, Jesús, Te amo con todo el corazón. En los momentos más difíciles Tú eres mi Madre. Por amor hacia Ti, oh Jesús, yo muero hoy completamente para mi misma y empiezo a vivir para la mayor gloria de Tu santo Nombre.

El amor. Por amor, oh Santísima Trinidad, me ofrezco a Ti como victima de adoración, como holocausto de mi total anonadamiento y con este anonadamiento de mi misma, deseo la exaltación de tu Nombre, oh Señor. Como un pequeñito pimpollo de rosa me arrojo a Tus pies, oh Señor; que el perfume de esta flor sea conocido solamente por Ti. Tres peticiones en el día de los votos perpetuos, Jesús, yo sé que en el día de hoy no me negaras nada.

Primera petición.  Oh Jesús, mi amadísimo Esposo, Te ruego por el triunfo de la Iglesia, sobre todo en Rusia y en España, por la bendición para el Santo Padre Pío XI y todo el clero, por la gracia de conversión para los pecadores empedernidos; Te pido, oh Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.

Segunda petición.  Por una bendición para nuestra Congregación, por gran fervor en la Congregación.  Bendice, oh Jesús, a la Madre General y a la Madre Maestra, y a todo el noviciado, y a todas las Superioras, a mis queridísimos padres; concede, oh Jesús, Tu gracia a nuestras alumnas, fortalécelas firmemente con Tu gracia para que las que dejan nuestras casas, no Te ofendan mas con ningún pecado.  Oh Jesús, Te ruego por la patria, defiéndela de los ataque de los enemigos.

Tercera petición.  Oh Jesús, Te ruego por las almas que mas necesitan la oración.  Te ruego por los agonizantes, sé misericordioso con ellos.  Te ruego también, oh Jesús, por la liberación de todas las almas del purgatorio.

Oh, Jesús, Te recomiendo las personas siguientes:  mis confesores, las personas recomendadas a mis plegarias, ciertas persona, el Padre Andrasz, el Padre Czaputa y aquel sacerdote que conocí en Vilna, que ha de ser mi confesor, cierta alma… y cierto sacerdote, cierto religioso a quien – Tu lo sabes, Jesús – debo muchísimo, y todas las personas que son recomendadas a mi plegaria.  Oh Jesús, en este día Tú puedes hacer todo para aquellos por los cuales Te ruego.  Para mi Te ruego, Señor, transfórmame completamente en Ti, mantenme siempre en el santo fervor para Tu gloria, dame la gracia y la fuerza del espíritu para cumplir en todo Tu santa voluntad. Te agradezco, oh mi amadísimo Esposo, por la dignidad que me has ofrecido y especialmente por las insignias reales que desde hoy me adornan, y que ni siquiera los Ángeles tienen, que son; la cruz, la espada y la corona de espinas.  Pero sobre todo, oh Jesús mío, Te agradezco por Tu Corazón.  Él me basta por todo.

Oh Madre de Dios, Santísima Maria, Madre mía, Tu ahora eres mi Madre de modo más particular y esto porque Tu amado Hijo es mi Esposo, pues los dos somos Tus hijos.  Por consideración a Tu Hijo, debes amarme, Oh Maria, Madre mía amadísima, dirige mi vida interior de modo que sea agradable a Tu Hijo.

Oh Santo, Omnipotente Dios en este momento de la enorme gracia con la cual me unes a Ti para siempre, yo, pequeña nulidad, me arrojo a Tus pies con el mayor agradecimiento, como una pequeña, desconocida florecita y la fragancia de esta flor de amor subirá todos los días a Tu trono.

En los momentos de la lucha y los sufrimientos, de las tinieblas y las tempestades, de la añoranza y la tristeza, en los momentos de las pruebas difíciles, en los momentos en los cuales no seré comprendida por ninguna criatura y mas bien seré condenada y despreciada por todos, recordaré el día de los votos perpetuos, el día de una inconcebible gracia de Dios.  1933

JMJ.  Propósitos especiales de los ejercicios espirituales.  El amor al prójimo primero: ser servicial con las hermanas; segundo:  no hablar de los ausentes y defender el buen nombre del prójimo; tercero:  alegrarse de los éxitos del prójimo.

Oh Dios, cuanto deseo ser una niña pequeña. Tú eres mi Padre, Tú sabes lo pequeñita y débil que soy, pues Te ruego, tenme cerca de Ti en todos los momentos de mi vida y especialmente en la hora de la muerte.  Oh Jesús, yo sé que Tu bondad supera la bondad de la mas tierna de las madres.

Agradeceré al Señor Jesús por cada humillación, rogaré especialmente por la persona que me ha dado la oportunidad de humillarme. Me anonadaré a favor de las almas. No reparar en ningún sacrificio, tirándose bajo los pies de las hermanas como una pequeña alfombra, sobre la cual pueden no solo caminar, sino que pueden también limpiarse los pies. Mi lugar esta bajo los pies de las hermanas. Lo procuraré en la práctica de manera inadvertida para los ojos humanos, Basta que Dios lo vea. Han empezado ya los días grises, cotidianos. Han pasado los momentos solemnes de los votos perpetuos, pero en el alma ha quedado mucha gracia de Dios. Siento que soy toda de Dios, siento que soy su hija, siento que soy totalmente la propiedad de Dios. Lo noto incluso física y sensiblemente. Estoy completamente tranquila por todo, porque sé que el deber del Esposo es pensar en mí. Me he olvidado completamente de mi misma. Mi confianza está puesta sin límites en su misericordiosísimo Corazón. Estoy continuamente unida a Él. Veo como si Jesús no pudiera ser feliz sin mi y yo sin Él. Aunque entiendo bien que siendo Dios es feliz en Si mismo, y para ser feliz no necesita absolutamente ninguna criatura, no obstante su bondad lo fuerza a darse a las criaturas, y esto con una generosidad inconcebible.
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Oh Jesús mío, ahora procuraré el honor y la gloria de Tu Nombre, luchando hasta el día en que Tu Mismo me digas: Basta. A cada alma que me ha confiado, oh Jesús, procuraré ayudarla con la oración y el sacrificio, para que Tu gracia pueda obrar en ella. Oh gran Amante de las almas, oh Jesús mío, Te agradezco por esta gran confianza, ya que Te has dignado confiar estas almas a nuestro cuidado. Oh días grises de trabajo, para mi no son tan grises en absoluto, porque cada momento me trae nuevas gracias y la oportunidad de hacer el bien.
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25 IV 1933.  Permisos mensuales. Pasando, entrar en la capilla. En los momentos libres de los deberes, rezar. Tomar, dar, prestar alguna cosa pequeña. Almorzar y merendar. A veces no podré participar en el recreo. A veces tampoco podré participar en los ejercicios comunes. A veces no podré participar en las plegarias de la noche ni de la mañana. A veces continuar con mis ocupaciones un momento después de las nueve y otras veces hacer las practicas de piedad después de las nueve. Si tengo un momento libre, escribir o anotar algo. Hablar por teléfono. Salir de casa. Cuando estoy en la ciudad, entrar en una iglesia. Visitar a las hermanas enfermas. Entrar en las celdas de otras hermanas en caso de necesidad. A veces beber agua fuera del horario.

Pequeñas mortificaciones

            La coronilla a la Divina Misericordia con los brazos en cruz.

            Los sábados una parte del rosario con los brazos en cruz.

            A veces alguna plegaria postrándome en cruz.

            Los jueves la Hora Santa.

            Los viernes una mortificación mayor por los pecadores moribundos.

Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tu eres mi puerto, Tu eres mi paz, Tu eres mi única  salvación. Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas.  Tú eres   el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida. Tú eres todo para el alma solitaria.  Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada.  Tú conoces nuestras debilidades y como un buen medico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto. Las palabras del obispo que figuran en la ceremonia de los votos perpetuos de las hermanas: “Toma este cirio en tu mano, en señal de iluminación celestial y de amor ardiente.” Al entregar el anillo:  “Te desposo a Jesucristo, Hijo del Padre Altisimo, el Cual te guarde sin mancilla.  Recibe este anillo cono signo de eterna alianza que contraes con Cristo, Esposo de las vírgenes.  Que éste sea para ti el anillo de la fidelidad, el signo del Espiritu Santo para que te llames esposa de Cristo y si le sirves fielmente, seas coronada por la eternidad. Jesús, en Ti confio, confio en el mar de Tu misericordia, Tu eres la madre para mi. Este año 1933 es para mi particularmente solemne, porque en este año del Jubileo de la Pasion del Señor hice los votos perpetuos. Mi sacrificio lo he unido de modo singular al sacrificio de Jesús Crucificado para asi hacerme mas agradable a Dios. Todas mis tareas las hago con Jesús, por Jesús y en Jesús. Despues de los votos perpetuos, todavía me quedé en Cracovia todo mayo, porque mi destinacion oscilaba entre Rabka y Vilna. Cuando una vez la Madre General me preguntó: ¿Por qué usted, hermana, se queda tan silenciosa y no se prepara para ir a alguna parte? Contesté: Yo quiero sólo la voluntad de Dios. Donde usted, querida Madre, me mande, sin mi intervención, yo sabré que sera para mi la pura voluntad de Dios.

La Madre General me respondió:  Muy bien.  Al dia siguiente la Madre General me llamó y dijo:  Como deseaba tener la pura voluntad de Dios, pues usted hermana, va a Vilna.  Le agradeci y esperaba el dia en el que me dijeran de salir.  Sin embargo una alegria y un temor a la vez llenaron mi alma.  Sentia que alli Dios me preparaba grandes gracias, pero tambien grandes sufrimientos.  De todas maneras, hasta el 27 de mayo me quedé en Cracovia.  Como no tenia una tarea fija e iba solamente a ayudar en la huerta y como coincidió que trabajaba sola, durante todo el mes tuve la posibilidad de hacer los ejercicios espirituales según el sistema de los jesuitas.  En ellos recibí mucha luz de Dios.

Pasaron cuatro dias después de los votos perpetuos. Traté de hacer la Hora Santa. Era el primer jueves del mes. En cuanto entré en la capilla, la presencia de Dios me inundó. Sentia claramente que el Señor estaba a mi lado. Un momento después vi al Señor todo cubierto de llagas, y me dijo: Mira, con quien te has desposado. Yo comprendi el significado de esas palabras y contesté al Señor: Jesús, Te amo mas viendote tan herido y anonadado que como Te viera en Tu Majestad. Jesús preguntó: ¿Por qué? Contesté: Una gran Majestad me da miedo a mi, a esta pequeñita nulidad que soy, mientras que Tus llagas me atraen a Tu Corazon y me hablan de Tu gran amor hacia mi. Después de esta conversación se hizo el silencio. Miraba atentamente sus santas llagas y me sentia feliz sufriendo con Él. Sufriendo no sufria, porque me sentia feliz conociendo la profundidad de su amor y una hora me pasó como si fuera un minuto. No juzgar nunca a nadie, para los demas tener el ojo indulgente y para mi severo. Relacionar todo a Dios y en mis propios ojos sentirme lo que soy, es decir la mas grande miseria y la nulidad. En los sufrimientos estar paciente y tranquila, sabiendo que con el tiempo todo pasará. De los momentos que vivi durante los votos perpetuos, mejor no debo hablar de ellos. Estoy en Él y Él está en mi.  En el momento en que el obispo me puso el anillo, Dios penetró todo mi ser y como no sé expresarlo, dejo este momento en silencio.  Desde los votos perpetuos mis relaciones con dios se hicieron tan estrechas como nunca antes.  Siento que amo a Dios y siento tambien que Él me ama.  Mi alma, habiendo conocido a Dios, no sabria vivir sin Él.  Me es mas agradable una hora a los pies del altar, pasada en la mas grande aridez del espiritu, que cien años de deleites en el mundo.  Prefiero ser una muchacha de los mandados en el convento que una reina en el mundo. Esconderé a los ojos de la gente cualquier cosa buena que haga, para que sólo Dios sea mi recompensa; y como una pequeña violeta escondida entre la hierba no hiere el pie de la persona que la pisa, sino que emana perfume, y olvidandose completamente de si misma, trata de ser gentil con la persona por la que fue pisada. Aunque para la naturaleza esto es muy difícil, la gracia de Dios viene en ayuda. Te agradezco, oh Jesús, esta gran gracia de permitirme conocer todo el abismo de mi miseria; yo sé que soy un abismo de nulidad y si Tu santa gracia no me sostuviera, en un solo momento me volveria a la nada. Pues, con cada latido del corazon, Te agradezco, oh Dios, Tu gran misericordia conmigo. Mañana he de salir para Vilna. Hoy fui a confesarme con el Padre Andrasz, este sacerdote que tiene un profundo espiritu de Dios, el que me ha desatado las alas para el vuelo, hacia las mayores alturas. Me ha tranquilizado en todo y me hace creer en la Divina Providencia. Tú confia y avanza con valor. Después de esa confesion he sentido una misteriosa fuerza divina. El Padre ha insistido en que sea fiel a la gracia de Dios y dijo: Si continuas conservando la sencillez y la obediencia, no te sucederá nada malo. Confia en Dios, estás en el buen camino y en buenas manos estás, en las manos de Dios. Por la noche me quedé mas tiempo en la capilla. Hablaba con el Señor de cierta alma. Animada por su bondad, dije: Jesús, me has dado a este Padre que ha comprendido mis inspiraciones y vuelves a quitármelo. ¿ Qué voy a hacer en Vilna? No conozca a nadie, hasta el dialecto, de aquella gente es ajeno para mi. Y me dijo el Señor: No tengas miedo, no te dejaré sola. Mi alma se sumergio en la oracion de agradecimiento por todas las gracias que el Señor me concedió por medio del Padre Andrasz.

De súbito recordé aquella vision en la que había visto a un sacerdote entre el confesionario y el altar, confiando en conocerlo algun dia y volvieron bien claras las palabras que había escuchado: Él te ayudará a cumplir Mi voluntad en la tierra.

Hoy, 27 de mayo de 1933 voy a Vilna. Al salir delante de la case, eché una mirada a toda la huerta y a la casa; al dirigir la mirada al noviciado, de repente por mis mejillas rodaron las lagrimas. Recordé todos los beneficios y las gracias que el Señor me había concedido. De reprente e inesperadamente vi al Señor junto al florero, que me dijo: No llores, Yo estoy siempre contigo. La apresencia de Dios que me penetró mientras el Señor Jesús estaba hablando, duró todo el tiempo del viaje. Tenía el permiso de detenerme en Czestochowa. Por primera vez vi. a la Santísima Virgen cuando a las cinco de la madrugada fui para asistir al descubrimiento de la imagen. Estuve orando sin interrupción hasta las once y me parecía que acababa de llegar. La Madre Superiora del lugar  mandó una hermana para llamarme a desayunar y porque estaba preocupada de que yo no perdiera el tren. La Virgen me dijo muchas cosas. Le ofrecí mis votos perpetuos, sentía que yo era su niña y Ella mi Madre. No me rehusó nada de lo que yo le había pedido. Hoy ya estoy en Vilna. Pequeñas casitas, dispersas, forman el convento. Me parecen algo extrañas después de los grandes edificios de Józefów. Hay solamente dieciocho hermanas. La casita es pequeña, pero la armonía en esta Comunidad es grande. Todas las hermanas me recibieron muy cordialmente, lo que me dio mucho animo antes de afrontar las fatigas que me esperaban. La Hermana Justina  hasta había lavado el piso con motivo de mi llegada. Cuando fui a la Bendición, Jesús me iluminó sobre como comportarme con ciertas personas. Con todas mis fuerzas me abracé al Dulcísimo Corazón de Jesús al ver que exteriormente seria expuesta a distracciones debido a la tarea que iba a tener en la huerta y por la que tenia que mantener contactos con laicos.

Llegó la semana de la confesión y con alegría vi. a aquel sacerdote al que había conocido antes de venir a Vilna. Lo había conocido en una visión. En ese momento, oí en el alma estas palabras: He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra. Sin embargo yo no me hice conocer de él, tal y como lo deseaba el Señor. Y durante algún tiempo luché con la gracia. En cada confesión la gracia de Dios me penetraba misteriosamente, pero yo no le revelé mi alma y pensaba no confesarme con este sacerdote. Tras este propósito una inquietud terrible se adueñó de mi alma. Dios me reprochó enérgicamente. Cuando revelé toda mi alma a este sacerdote, Jesús derramó sobre mi alma todo un mar de gracias. Ahora comprendo lo que es la fidelidad a una simple gracia y cómo ella atrae toda una serie de otras gracias. Oh Jesús, mantenme a tu lado, mira lo débil que soy, por mi misma no avanzaré ni un paso, por eso Tu, oh Jesús, tienes que estar continuamente conmigo, como la madre cerca de su niño débil, y aun mas. Empezaron los días de trabajo, de lucha y de sufrimientos. Todo va con su ritmo de convento. Uno queda siempre novicio, tiene que aprender y conocer muchas cosas, porque si bien la regla es igual, cada casa tiene sus propias costumbres, por eso cada cambio es un pequeño noviciado.
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5 VIII 1933 fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Hoy recibí una gracia grande e inconcebible, puramente interior, por la cual agradeceré a Dios en esta vida y por la eternidad. Jesús me dijo que yo le agradaría mas meditando su dolorosa Pasión, y a través de esta meditación mucha luz fluye sobre mi alma. Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús. Cuando medito la Pasión de Jesús, se me aclaran muchas cosas que antes no llegaba a comprender. Yo quiero parecerme a Ti, oh Jesús, a Ti crucificado, maltratado, humillado. Oh Jesús, imprime en mi alma y en mi corazón Tu humildad. Te amo, Jesús, con locura. Te amo anonadado, como Te describe el profeta, que por los grandes sufrimientos no lograba ver en Ti el aspecto humano. En este estado Te amo, Jesús, con locura. Dios Eterno e Inmenso, ¿qué ha hecho de Ti el amor?

11 X 1933 – jueves.  Procuré hacer la Hora Santa, pero la empecé con gran dificultad.  Algún anhelo comenzó a desgarrar mi corazón.  Mi mente quedó ofuscada de manera que no lograba entender las formas simples de las plegarias.  Y así pasó una hora de oración o más bien de lucha.  Decidí orar otra hora, pero los sufrimientos interiores aumentaron.  Una gran  aridez y un gran disgusto.  Decidí orar durante la tercera hora.  En esa tercera hora de plegaria que decidí hacer arrodillada sin ningún apoyo, mi cuerpo empezó a reclamar un descanso.  Sin embargo yo no cedí nada.  Extendí las manos en forma de cruz y sin pronunciar una palabra, seguí así con un acto de voluntad.  Un momento después me quité el anillo del dedo y pedí a Jesús que mirara ese anillo que es el símbolo de nuestra unión eterna y ofrecí al Señor Jesús los sentimientos del día de los votos perpetuos.  Un momento después sentí  que una ola de amor empezaba a inundar mi corazón.  Un repentino recogimiento del espíritu, el silencio de los sentidos, la presencia de Dios penetra al alma.  Sé únicamente que estamos Jesús y yo.  Lo vi., bajo la misma apariencia que tenia cuando lo vi en el primer momento después de los votos perpetuos, cuando también hacia la Hora Santa.  Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos.  De repente el Señor me dijo:  La esposa debe asemejarse a su Esposo.  Entendí estas palabras en profundidad.  Aquí no hay lugar para ninguna duda.  Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad.  Mira lo que ha hecho Conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el numero tan grande de almas.  Tu corazón es un descanso para Mí, muchas veces guardo las gracias grandes para el fin de la plegaria.

Una vez, mientras hacia una novena al Espíritu Santo por mi confesor, el Señor me contestó:  Te lo di a conocer  antes de que las Superioras te enviaran aquí; como tú te comportarás con el confesor, así Yo Me comportaré contigo.  Si te escondes de él, aunque se trata de la más pequeña de Mis gracias, Yo también Me esconderé de ti y te quedarás sola.  Y yo hice según el deseo de Dios y una profunda paz reinó en mi alma.  Ahora entiendo cuánto Dios defiende a los confesores y cuánto se pone de parte de ellos.

Un consejo del Rev. Sopocko. Sin humildad no podemos agradar a Dios.  Ejercítate en el tercer grado de la humildad, es decir no solamente no recurras a explicaciones y justificaciones cuando te reprochen algo, sino que alégrate de la humillación. Si las cosas de las que me hablas, proceden verdaderamente de Dios, entonces prepara tu alma a grandes sufrimientos.  Encontrarás desaprobaciones y persecuciones.  Te van a mirar como a una histérica, una extravagante, pero Dios no escatimará su gracia.  Las verdaderas obras de Dios siempre enfrentan dificultades y se caracterizan por el sufrimiento.  Si Dios quiere realizar algo, tarde o temprano, lo realizará, lo realizará a pesar de las dificultades y tú, mientras tanto, ármate de gran paciencia.

Cuando el Rev. Sopocko fue a la Tierra Santa, confesaba a la Comunidad el Padre jesuita, Dabrowski.  Durante una confesión me preguntó si estaba consciente de la vida superior que había en mi alma y que era de un grado sumamente alto.  Contesté que estaba consciente de ello y de lo que sucedía en mi interior.  A esto el Padre me contestó:  No le está permitido, hermana, destruirlo en su alma ni puede modificar nada por sí misma.  No en todas las almas es evidente esta gran felicidad de la vida superior, en usted, hermana, es visible, porque es de un grado altísimo.  Tenga cuidado, hermana, de no malgastar estas grandísimas gracias de Dios, grande por su la frase interrumpida.

Antes, sin embargo, este Padre me había expuesto a muchas pruebas.  Y cuando le dije que el Señor quería de mí aquellas cosas, se burló de mí y me hizo venir a confesarme a las ocho de la noche.  Y cuando fui a las ocho, el hermano estaba cerrando ya la iglesia.  Y cuando le dije que informara al Padre que yo había venido y que había sido el Padre que me había dicho venir a esa hora, el buen frailecito fue y advirtió al Padre.  El Padre le ordenó decirme que a esa hora los Padres no confesaban.  Y volví a casa con nada y no me confesé más con él, pero hice por él una hora de adoración y ciertas mortificaciones, para impetrarle la luz de Dios para que pudiera entender las almas.  Pues, cuando el Rev. Sopocko salía y él lo sustituía, me vi. obligada a confesarme con él.  Sin embargo, si bien antes no quería reconocerlas, ahora me obliga a una gran fidelidad a estas inspiraciones interiores.  A veces Dios permite que sucedan esas cosas, pero sea adorado en todo.  Pero es necesaria, sin embargo, una gran gracia para no vacilar.

Ejercicios espirituales anuales 10 I 1934.  Oh Jesús mío, se acerca nuevamente el momento en que me quedaré Contigo a solas.  Oh Jesús, Te ruego con todo mi corazón, permíteme conocer lo que no Te agrada en mí y al mismo tiempo dame a conocer lo que tengo que hacer para agradarte más.  No me niegues esta gracia y quédate conmigo.  Yo sé que sin Ti, oh Señor, mis esfuerzos valen poco.  Oh, cuánto me alegro de Tu grandeza, oh Señor.  Cuanto más Te conozco, tanto mas ardientemente Te deseo y anhelo.

Jesús me concedió el conocimiento de mi misma.  En esta luz de Dios veo mi defecto principal, es la soberbia, su característica el cerrarme en mi misma, la falta de sencillez en las relaciones con la Madre Superiora.

La segunda iluminación, respecto al hablar.  A veces hablo demasiado.  Para un asunto que podría ser solucionado con dos o tres palabras, yo empleo demasiado tiempo.  Mientras tanto Jesús desea que ese tiempo yo lo emplee para pequeñas plegarias con indulgencias por las almas del Purgatorio.  Y me dice el Señor que cada palabra será pesada el Día del Juicio.

La tercera iluminación, respecto a nuestra regla.  Evito poco las ocasiones que llevan a infringir la regla y especialmente en lo que concierne al silencio.  Me comportaré como si la regla hubiera sido escrita solamente para mí y no es asunto mío ver cómo se comportan los demás, con tal que yo me comporte como Dios desea.

Propósito.  Cualquier cosa que Jesús desee de mi y que se refiera a cosas exteriores, ir en seguida a decirlo a las Superioras; en el trato con la Superiora procuraré ser abierta y sincera como un niño.

Jesús ama a las almas escondidas.  Una flor escondida es la que mas perfume tiene dentro de sí.  Buscar un retiro para el Corazón de Jesús en mi propio interior.  En los momentos difíciles y dolorosos Te entono, oh Creador, un himno de la confianza, porque el abismo de mi confianza hacia Ti, hacia Tu misericordia, es inconmensurable. Desde el momento en que empecé a amar el sufrimiento, este mismo dejó de ser sufrimiento para mí.  El sufrimiento es el alimento continuo de mi alma. No hablaré con cierta persona, porque sé que a Jesús esto no le agrada y ella no saca de eso ningún provecho.

A los pies del Señor, Oh Jesús escondido, Amor eterno, Vida nuestra, Divino Insensato que Te has olvidado de Ti Mismo y nos ves solamente a nosotros. Aún antes de crear el cielo y la tierra, nos llevabas en Tu Corazón. Oh Amor, oh abismo de Tu humillación, oh misterio de felicidad, ¿por qué es tan pequeño el numero de los que Te conocen? ¿Por qué no encuentras reciprocidad? Oh Amor Divino, ¿por qué ocultas Tu belleza? Oh Inconcebible e Infinito, cuanto más Te conozco Te comprendo menos; pero como no alcanzo a comprenderte, comprendo más Tu grandeza. No envidio el fuego a los serafines, porque en mi corazón tengo depositado un don mayor.  Ellos Te admiran en éxtasis, pero Tu Sangre se une a la mía. El amor, es el cielo que nos está dado ya aquí en la tierra. Oh, ¿por qué Te escondes detrás de la fe? El amor rasga el velo. No hay velo delante de los ojos de mi alma, porque Tu Mismo me has atraído desde la eternidad al seno de un amor misterioso. Oh indivisible Trinidad, único Dios, a Ti honor y gloria por todos los siglos.

Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz cómo demostrárselo en la práctica.  El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios.  Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aun las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios.  Y me dijo el Señor:  Niña Mía, mas que nada Me agradas a través del sufrimiento.  En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija Mía, no busques compasión de las criaturas.  Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla.  Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma.  Hija Mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón:  amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra.  Hija Mía, cuanto más amaras el sufrimiento, tanto mas puro será tu amor hacia Mí.

Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por el recogimiento interior y por mortificación exterior.  Durante tres horas llevé un cinturón [de hierro], orando incesantemente por los pecadores y para obtener misericordia para el mundo entero; y Jesús me dijo:  Hoy Mi mirada se posa con complacencia sobre esta casa.

Siento muy bien que mi misión no terminara con mi muerte, sino que empezará.  Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza.  Dios es Amor y Misericordia.

Una vez el Señor me dijo:  Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.  Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.  Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.

Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío. A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la mas miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios. De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios.
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Oh Jesús, ojala pudiera transformarme en una neblina delante de Ti para cubrir la tierra con el fin de que Tu santa mirada no vea los terribles crímenes. Oh Jesús, cuando miro el mundo y su indiferencia frente a Ti, siempre me vienen lágrimas a los ojos, pero cuando miro un alma consagrada que es tibia, entonces mi corazón sangra.

Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.  A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que  deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.  Al entrar en mi celda vi. un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz:  Toma este copón y llévalo al tabernáculo.   En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras:  Con el mismo amor con que te acercas a Mi, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces a ellas Me lo haces a Mi.  Después de un momento me di cuenta de que estaba sola.

Una vez, cuando se hacia la adoración por nuestra patria, un dolor estrechó mi alma y empecé a orar de modo siguiente:  Jesús Misericordiosísimo, Te pido por la intercesión de Tus Santos y, especialmente, por la intercesión de Tu Amadísima Madre, que Te crió desde la niñez, Te ruego bendigas a mi patria.  Jesús, no mires nuestros pecados, sino las lagrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren.  Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria.  En aquel instante vi. al Señor Jesús con los ojos llenos de lagrimas y me dijo:  Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.

Oh Jesús mío, cuando observo la vida de las almas, veo que muchas Te sirven con cierta desconfianza.  Y en ciertos momentos, especialmente cuando hay ocasión para demostrar el amor hacia Dios, justo entonces veo cómo estas almas huyen del campo de batalla.  Entonces me dijo Jesús:  ¿Tu también, hija Mía, quieres comportarte así?  Le contesté al Señor:  Oh no, Jesús mío, no me retiraré del campo de batalla, aunque el sudor de la muerte bañe mi frente, no dejaré caer de la mano la espada, hasta que no descanse a los pies de la Santísima Trinidad.  Para cualquier cosa que hago, no cuento con mis propias fuerzas, sino con la gracia de Dios.  Con la gracia de Dios el alma puede superar victoriosamente las más grandes dificultades.

Una vez, hablé con Jesús mucho tiempo de nuestras alumnas y animada por su bondad le pregunté si también entre nuestras alumnas tenia almas que eran un consuelo para su Corazón.  Y el Señor me contestó que las tenia, pero su amor es débil, por eso las confío a tu cuidado especial; ruega por ellas.

Oh Dios Inmenso, admiro Tu bondad.  Tú eres el Señor de las huestes celestiales  y Te humillas de ese modo hacia una miserable criatura.  Oh, con que ardor deseo amarte con cada latido de mi corazón.  No me basta toda la superficie de la tierra, el cielo es demasiado pequeño y el espacio celeste es nada.  Únicamente Tu solo me bastas, Dios Eterno.  Sólo Tú puedes llenar la profundidad de mi alma.

Los momentos más felices para mi son aquellos cuando me quedo a solas con mi Señor. En aquellos momentos conozco la grandeza de Dios y mi propia miseria. Una vez Jesús me dijo:  No te extrañes si a veces sospechan de ti injustamente.  Yo por amor a ti, fui el primero en beber este cáliz de sufrimientos injustos.Un día, cuando estaba muy conmovida por la eternidad y sus misterios, mi alma empezó a tener miedo y después de reflexionar un momento mas, empezaron a atormentarme varias dudas.  Entonces Jesús me dijo:  Niña Mía, no tengas miedo de la casa de tu Padre.  Deja a los sabios de este mundo las investigaciones inútiles.  Yo quiero verte siempre como una niña pequeña.  Pregúntale todo con sencillez a tu confesor y Yo te contestaré por su boca.

291 En cierta ocasión conocí a una persona que pensaba cometer un pecado grave. Pedí al Señor que me enviara los peores tormentos, para que aquella alma fuera preservada. De repente sentí en la cabeza el atroz dolor de la corona de espinas. Eso duró bastante tiempo, pero aquella persona permaneció en la gracia de Dios. Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad. Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en lo absoluto. Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra. Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos. La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino mas corto. Cuando un alma ama sinceramente a Dios, no debe tener nada en su vida espiritual. Que se someta a la influencia de la gracia y que no ponga límites a la unión con el Señor. Cuando Jesús me fascinó con su belleza y me atrajo a si, entonces vi. lo que no le agradaba en mi alma y decidí eliminarlo a toda costa y con la ayuda de la gracia lo eliminé en seguida. Esta generosidad le agrado al Señor y desde aquel momento Dios empezó a concederme gracias superiores. No hago ningunos razonamientos en la vida interior, no analizo nada por cuales caminos me lleva el Espíritu Divino; me basta saber que soy amada y que yo amo. El amor puro me permite conocer a Dios y comprender muchos misterios. El confesor es para mí un oráculo, su palabra es sacrosanta para mí, estoy hablando del director espiritual. Una vez el Señor me dijo: Compórtate como un mendigo que cuando recibe una limosna grande no la rehúsa, sino que mas bien agradece con mas cordialidad; y tu también, si te concedo unas gracias mas grandes, no las rehúses diciendo que eres indigna. Yo lo sé; pero tu mas bien alégrate y goza, y toma tantos  tesoros de Mi Corazón cuantos puedes llevar, ya que haciendo así Me agradas mas. Te diré algo más: no tomes estas gracias solamente para ti, sino también para el prójimo, es decir invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Oh cuanto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas. En ese momento Jesús me preguntó: Niña Mía, ¿cómo van tus ejercicios espirituales? Contesté: Jesús, Tu bien sabes como me van. Si, lo sé, pero quiero oírlo de tu boca y de tu corazón. Oh mi Maestro, cuando Tu me guías todo me va con facilidad y Te ruego, Señor, no Te alejes nunca de mi. Y me dijo Jesús: Sí, estaré siempre junto a ti si eres siempre una niña pequeña y no tengas miedo de nada; como he sido aquí tu principio, así seré también tu fin. No cuentes con ninguna criatura, ni siquiera en la cosa más pequeña, ya que esto no Me agrada. Yo quiero estar en tu alma solo. Fortificaré tu alma y te daré luz, y conocerás por la boca de Mi sustituto que Yo estoy en ti, y la inquietud se desvanecerá como una niebla ante los rayos del sol.
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Oh Bien Supremo, deseo amarte como hasta ahora nadie Te ha amado en la tierra. Deseo adorarte con cada momento de mi vida y unir estrechamente mi voluntad a Tu santa voluntad. Mi vida no es monótona ni gris, sino variada como un jardín de flores perfumadas, donde no sé que flor recoger primero; el lirio del sufrimiento o la rosa del amor del prójimo o la violeta de la humildad. No voy a enumerar estos tesoros que cada día tengo en abundancia. Es una gran cosa saber aprovechar el momento presente.
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Oh Jesús, Luz Suprema, haz que yo me conozca y penetra con Tu luz mi alma oscura, y llena de Ti el abismo de mi alma, ya que solamente Tu.
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Oh Jesús mío, Vida, Camino y Verdad, Te ruego, tenme cerca de Ti, como la madre estrecha al seno a su niño pequeño, ya que yo no soy solamente una niña incapaz, sino un cúmulo de miseria y de nulidad.
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Un secreto del alma. Vilna 1934.  Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

Durante la oración oí interiormente estas palabras:  Los dos rayos significan la Sangre y el Agua.  El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas.

Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzara la justa mano de Dios.  Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia.

Pide a Mi siervo fiel  que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas.

La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia.

Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma.  Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad.  También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad.

Mi Corazón se alegra de este titulo de misericordia.

Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios.  Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia.

Oh Amor Eterno, deseo que Te conozcan todas las almas que has creado. Desearía hacerme sacerdote, para hablar incesantemente de Tu misericordia a las almas pecadoras, hundidas en la desesperación. Desearía ser misionero y llevar la luz de la fe a los países salvajes para darte a conocer a las almas y morir en el martirio, sacrificada por ellas como Tu has muerto por mi y por ellas. Oh Jesús, sé perfectamente que puedo ser sacerdote, misionero y predicador, puedo morir en el martirio anonadándome totalmente y negándome a mi misma por el amor hacia Ti, Jesús, y hacia las almas inmortales. Un gran amor sabe transformar las cosas pequeñas en cosas grandes y solamente el amor da valor a nuestras acciones; y cuánto mas puro se hace nuestro amor, tanto menos tendrá por destruir en nosotros el fuego del sufrimiento, y el sufrimiento dejará de serlo para nosotros. Se convertirá en un gozo. Con la gracia de Dios he recibido ahora esta disposición del corazón, de que nunca estoy tan feliz como cuando sufro por Jesús, al que amo con cada latido del corazón. Una vez, cuando tenia un gran sufrimiento, dejé mi trabajo para correr a Jesús y pedirle que me ayudara. Después de una corta plegaria volvi al trabajo llena de entusiasmo y alegria. En ese momento una hermana me dijo: Sin duda, hermana, usted tiene hoy muchas consolaciones, dado que está tan radiante. Dios seguramente no le da ningun sufrimiento, sino exclusivamente consolaciones. Contesté: Usted, hermana, está equivocada, ya que justamente cuando sufro mucho, mi gozo es mayor, mientras que cuando sufro poco, tambien mi gozo es mas pequeño. Pero aquella alma me daba a entender que no me comprendia. Traté de explicarselo: Cuando sufrimos mucho, tenemos una gran oportunidad de demostrarle a Dios que lo amamos, mientras cuando sufrimos poco, tenemos poca posibilidad de demostrar a Dios nuestro amor y cuando no sufrimos nada, entonces nuestro amor no es grande ni puro. Con la gracia de Dios podemos llegal al punto en que el sufrimiento se transformará para nosotros en gozo, puesto que el amor sabe hacer tales cosas en las almas puras.
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Oh Jesús mío, mi única esperanza, Te agradezco este gran libro que has abierto delante de los ojos de mi alma. Este gran libro es Tu Pasión afrontada por amor hacia mí. De este libro he aprendido cómo amar a Dios y a las almas. En él están encerrados inagotables tesoros para nosotros. Oh Jesús, que pocas son las almas que Te entienden en Tu martirio de amor. Oh, que grande es el fuego del amor purísimo que arde en Tu Sacratísimo Corazón. Feliz el alma que ha entendido el amor del Corazón de Jesús. Mi mayor deseo es que las almas Te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad, que crean en Tu bondad y que alaben Tu infinita misericordia. He rogado a Dios que me conceda la gracia de que mi naturaleza sea fuerte y resistente a las influencias que a veces quieren distraerme del espíritu de la regla y de las pequeñas normas, ya que éstas son como pequeñas polillas que quieren destruir en nosotros la vida interior y sin duda la destruirán, si el alma es consciente de estas pequeñas transgresiones y a pesar de eso, las toma a la ligera como cosas de poco importancia. En una orden religiosa yo no veo nada de poca importancia. No me importa que a veces me expongo a disgustos e ironías, lo importante es que mi espíritu esté en buena armonía con el espíritu de las reglas, de los votos y de las normas religiosas.

Oh Jesús mío, deleite de mi corazón, Tu conoces mis deseos.  Quisiera esconderme a los ojos humanos, viviendo de modo como si no viviera.  Quiero vivir pura como una flor de campo; quiero que mi amor esté dirigido siempre hacia Ti, como la flor que gira siempre hacia el sol.  Deseo que el perfume y la frescura de la flor de mi corazón estén siempre guardados exclusivamente para Ti.  Quiero vivir bajo Tu mirada divina, ya que Tu solo me bastas.  Cuando estoy Contigo, oh Jesús, no tengo miedo de nada, porque nada puede dañarme.

Una vez, durante la Cuaresma, encima de nuestra capilla y de nuestra casa, vi. una gran claridad y una gran oscuridad. Vi la lucha de estas dos potencias…

1934.  Jueves Santo.  Jesús me dijo:  Deseo que te ofrezcas como victima por los pecadores y, especialmente, por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.

Dios y las almas. – Acto de ofrecimiento.

Ante el cielo y la tierra, ante todos los coros de los angeles, ante la Santísima Virgen Maria, ante todas las Potencias Celestes declaro a Dios, Uno y Trino, que hoy en unión con Jesucristo, Redentor de las almas, me ofrezco voluntariamente como victima por la conversión de los pecadores y especialmente por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.  Este ofrecimiento consiste en que tomo la total sumisión a la voluntad de dios, todos los sufrimientos, y los temores, y los miedos que llenan a los pecadores y en cambio les cedo todas las consolaciones que tengo en el alma, que provienen de mi comunión con Dios.  En una palabra, les ofrezco todo:  las Santas Misas, las Santas Comuniones, las penitencias, las mortificaciones, las plegarias.  No temo los golpes, los golpes de la Justicia de Dios, porque estoy unida a Jesús.  Oh Dios mío, con esto deseo compensarte por las almas que no confían en Tu bondad.  Contra toda [la esperanza] confío en el mar de Tu misericordia.  Oh Señor y Dios mío, mi destino… mi destino para la eternidad, no pronuncio este acto de ofrecimiento basándome en mis propias fuerzas, sino en el poder que deriva de los meritos de Jesucristo.  Este acto de ofrecimiento lo repetiré todos los días con la siguiente plegaria que Tu Mismo me enseñaste, oh Jesús:  Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

Sor M. Faustina del Santísimo Sacramento

Jueves Santo, durante la Santa Misa-. 29 d., 3 m., 1934 año 29 de marzo de 1934. Te doy una pequeña parte en la Redención del genero humano.  Tú eres el alivio en el momento de Mi Agonía.

Al haber recibido el permiso de mi confesor para hacer este acto de ofrecimiento, en poco tiempo conocí que este acto fue agradable a Dios, ya que empecé a sentir sus consecuencias. En un momento mi alma se hizo como una roca: árida, llena de tormentos y de inquietud. Varias blasfemias e imprecaciones retumbaban en mis oídos. La desconfianza y la desesperación se albergaron en mi corazón. He aquí la condición de los miserables que yo había tomado sobre mí. En un primer momento me asusté mucho de estos horrores, pero con la primera confesión fui tranquilizada. Una vez, cuando fui a confesarme fuera del convento, sucedió que mi confesor estaba celebrando la Santa Misa. Un momento después vi. sobre el altar al Niño Jesús que cariñosamente y con alegría extendía sus manitas hacia el, pero aquel sacerdote, un momento después, tomo este bello Niño en las manos y lo partió y lo comió vivo. En un primer momento sentí aversión a ese sacerdote por comportarse así con Jesús, pero en seguida fui iluminada al respecto y conocí que el sacerdote era muy agradable a Dios.

Una vez, cuando estaba en el taller de aquel pintor  que pintaba esa imagen, vi. que no era tan bella como es Jesús.  Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón.  Cuando salimos del taller del pintor, la Madre Superiora se quedó en la ciudad para solucionar diferentes asuntos, yo volví sola a casa.  En seguida fui a la capilla y lloré muchísimo.  ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres?  Como respuesta oí estas palabras:  No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia. 

En cierta ocasión, cuando por la tarde fui a la huerta, el Ángel Custodio me dijo:  Ruega por los agonizantes.  Comencé en seguida el rosario por los agonizantes junto con las jovencitas que ayudaban en la huerta.  Terminando el rosario rezamos varias invocaciones por los agonizantes.  Terminadas las plegarias, las alumnas se pusieron a hablar alegremente.  A pesar del ruido que hacían oí en el alma estas palabras:  Ruega por mí.  Como no lograba entender bien estas palabras, me alejé unos pasos de las alumnas, pensando en ¿quién podría ser aquel que me hacia rezar?  De repente oí estas palabras:  Soy Sor. Esa hermana estaba en Varsovia, mientras yo estaba entonces en Vilna.  Ruega por mí hasta que te diga cesar.  Estoy agonizando.  En seguida empecé a orar con fervor por ella al Corazón agonizante de Jesús y, sin descansar, rogué así desde las tres hasta las cinco de la tarde.  A las cinco oí esta palabra: Gracias. Entendí que ya había muerto.  No obstante, al día siguiente, durante la Santa Misa rogué con fervor por su alma.  Por la tarde llegó una tarjeta que decía que la hermana…. había fallecido a tal hora.  Me di cuenta de que era la misma hora en la que me dijo ruega por mi.

Oh Madre de Dios, Tu alma estuvo sumergida en el mar de amargura, mira a Tu niña y enséñale a sufrir y a amar en el sufrimiento. Fortalece mi alma, para que el dolor no la quebrante. Madre de la gracia, enséñame a vivir en Dios.

Una vez me visitó la Virgen Santísima.  Estaba triste con los ojos clavados en el suelo; me dio a entender que tenía algo que decirme, pero por otra parte me daba a conocer como si no quisiera decírmelo.  Al darme cuenta de ello, empecé a pedir a la Virgen que me lo dijera y que volviera la mirada hacia mí.  En un momento Maria me miró sonriendo cordialmente y dijo:  Vas a padecer ciertos sufrimientos a causa de una enfermedad y de los médicos, además padecerás muchos sufrimientos por esta imagen, pero no tengas miedo de nada.  Al día siguiente me puse enferma y sufrí mucho, tal y como me lo había dicho la Virgen, pero mi alma está preparada para los sufrimientos.  El sufrimiento es el compañero permanente de mi vida.

Oh Dios mío, mi única esperanza, en Ti he puesto toda mi confianza y sé que no me desilusionaré.

A veces, después de la Santa Comunión, siento la presencia de Dios de modo particular, sensible.  Siento que Dios está en mi corazón.  Y el hecho de sentir a Dios en el alma, no me impide en absoluto cumplir mis tareas; aún cuando realizo los más importantes asuntos que requieren atención, no pierdo la presencia de Dios en el alma y quedo estrechamente unida a Él.  Con Él voy al trabajo, con Él voy al recreo, con Él sufro, con Él gozo, vivo en Él y Él en mi.  No estoy nunca sola, ya que Él es mi compañero permanente.  Siento su presencia en cada momento.  Nuestra familiaridad es estrecha a causa de la unión de la sangre y de la vida.

9 VIII 1934. La adoración nocturna del jueves. Hice la adoración desde las once hasta las doce. Hice esta adoración por la conversión de los pecadores empedernidos y especialmente por los que perdieron la esperanza en la Divina Misericordia. Meditaba sobre lo mucho que Dios sufrió y lo grande que es el amor que nos mostró, y nosotros no creemos que Dios nos ama tanto.
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Oh Jesús, ¿Quién lo comprenderá? ¡Qué dolor para nuestro Salvador! Y ¿Cómo puede convencernos de su amor si [su] muerte no llega a convencernos? Invité a todo el cielo a que se uniera a mi para compensar al Señor la ingratitud de ciertas almas.

Jesus me enseñó cuánto le agrada la plegaria reparadora; me dijo:  La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones.  Después de la adoración, a medio camino hacia mi celda, fui cercada por una gran jauría de perros negros, enormes, que saltaban y aullaban con una intencion de desgarrarme en pedazos. Me di cuenta de que no eran perros sino demonios.  Uno de ellos dijo con rabia:  Como esta noche nos has llevado muchas almas, nosotros te desgarraremos en pedazos. Contesté: Si tal es la voluntad de Dios Misericordiosísimo, desgárrenme en pedazos, porque me lo he merecido justamente, siendo la mas miserable entre los pecadores y Dios es siempre santo, justo e infinitamente misericordioso.  A estas palabras, los demonios todos juntos contestaron:  Huyamos porque no está sola, sino que el Todopoderoso está con ella.  Y desaparecieron del camino como polvo, como rumor, mientras yo tranquila, terminando el Te Deum, iba a la celda contemplando la infinita e insondable misericordia Divina.

12 VIII 1934 Un desmayo repentino, sufrimiento preagónico. No era la muerte, es decir el pasaje a la verdadera vida, sino una muestra de los sufrimientos de la misma. La muerte es espantosa a pesar de darnos la vida eterna. De repente me sentí mal, la falta de respiración, la oscuridad delante de los ojos, la sensación del debilitamiento de los miembros este sofocamiento es atroz. Un instante de este sofocamiento es infinitamente largo… A pesar de la confianza, viene también un extraño miedo. Deseé recibir los últimos santos sacramentos. Sin embargo la Confesión resulta muy difícil a pesar del deseo de confesarme. Uno no sabe lo que dice; comienza a decir una cosa, deja la otra sin terminar. Oh, que Dios preserve a cada alma de aplazar la confesión a la última hora. Conocí el gran poder de las palabras del sacerdote que descienden sobre el alma del enfermo. Cuando pregunté al Padre espiritual si estaba preparada para presentarme delante de Dios y si podía estar tranquila, recibí la respuesta: Puedes estar completamente tranquila no solamente ahora, sino después de cada confesión semanal. La gracia de Dios que acompaña estas palabras del sacerdote es grande. El alma siente la fortaleza y el arrojo para la lucha. Oh Congregación, madre mía, ¡que dulce es vivir en ti, pero todavía mejor es morir! Recibidos los últimos Santos Sacramentos, se produjo una mejoría total. Me quedé sola, eso duró una media hora y el ataque se repitió, pero ya no tan fuerte, porque el tratamiento medico lo impidió.

Mis sufrimientos los uní a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por mí y por la conversión de las almas que no confiaban en la bondad de Dios.  De repente mi celda se llenó de figuras negras, llenas de furia y de odio hacia mí.  Una de ellas dijo:  Maldita tú y Aquel que está en ti, porque ya empiezas a atormentarnos en el infierno.  En cuanto pronuncié:  Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, en seguida esas figuras desaparecieron ruidosamente.

Al día siguiente me sentía muy débil, pero ya no experimentaba ningún sufrimiento.  Después de la Santa Comunión vi. Al Señor Jesús bajo la apariencia que ya había visto durante una de las adoraciones.  La mirada del Señor traspasó mi alma por completo y ni siquiera el más pequeño polvillo se escapó a su atención.  Y dije a Jesús:  Jesús, pensé que me ibas a llevar.  Y Jesús me contestó:  Aun no se ha cumplido plenamente Mi voluntad en ti; te quedaras todavía en la tierra, pero no mucho tiempo.  Me agrada mucho tu confianza, pero el amor ha de ser más ardiente. El amor puro da fuerza al alma en la agonía misma.  Cuando agonizaba en la cruz, no pensaba en Mí, sino en los pobres pecadores y rogaba al Padre por ellos.  Quiero que también tus últimos momentos sean completamente semejantes a los Míos en la cruz.  Hay un solo precio con el cual se compran las almas, y éste es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz. El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca.

Año 1934. El día de la Asunción de la Santísima Virgen no fui a la Santa Misa.  La doctora  no me lo permitió, pero oré con fervor en la celda.  Poco después vi. a la Virgen que era de una belleza indescriptible y que me dijo:  Hija mía, exijo de ti oración, oración y una vez más oración por el mundo, y especialmente por tu patria.  Durante nueve días recibe la Santa Comunión reparadora, únete estrechamente al sacrificio de la Santa Misa.  Durante estos nueve días estarás delante de Dios como una ofrenda, en todas partes, continuamente, en cada lugar y en cada momento, de día y de noche, cada vez que te despiertes, ruega interiormente.  Es posible orar interiormente sin cesar. 

Una vez Jesús me dijo: Mi mirada en esta imagen es igual a la mirada en la cruz. Una vez el confesor me preguntó cómo debía ser colocada la inscripción, ya que todo eso no cabía en la imagen. Contesté que rezaría y que daría la respuesta la semana siguiente.  Al alejarme del confesionario, y pasando cerca del Santísimo Sacramento, recibí el entendimiento interior de cómo debía ser la inscripción.  Jesús me recordó lo que me había dicho la primera vez, es decir, que estas tres* palabras debían ser puestas en evidencia.  Las palabras son éstas: Jesús, en Ti confío.  Entendí que Jesús deseaba que fuera colocada esa frase, pero además de estas palabras no daba otras órdenes precisas.

Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias.  Ese recipiente es esta imagen con la firma:  Jesús, en Ti confío.

Oh, Amor purísimo, reina totalmente en mi corazón y ayúdame a cumplir Tu santa voluntad del modo más fiel posible. Al final del retiro espiritual de tres días, me di cuenta que estaba andando por un camino escalabroso y tropezaba a cada instante, y veía que detrás de mi iba otra figura que me sostenía continuamente y yo no estaba contenta de esto y pedí a esa figura que se apartara de mi, porque yo quería andar sola. Sin embargo, esa figura a la que yo no lograba reconocer, no me dejó ni por un instante. Eso me impacientó, me volví hacia ella y la rechacé de mí. En aquel instante reconocí en esa figura a la Madre Superiora y en el mismo momento vi. que no era la Madre Superiora, sino el Señor Jesús que me miró profundamente y me dio a conocer lo mucho que le dolía cuando en las cosas más pequeñas yo no trataba de cumplir la voluntad de la Superiora que es Mi voluntad. Pedí vivamente perdón al Señor y esa advertencia la tomé muy a pecho.

Una vez me dijo el confesor que rogara según su intención, y comencé una novena a la Santísima Virgen.  Esa novena consistía en rezar nueve veces la Salve Regina.  Al final de la novena vi. a la Virgen con el Niño Jesús en los brazos y vi también a mi confesor que estaba arrodillado a sus pies y hablaba con Ella.  No entendía de que hablaba con la Virgen porque estaba ocupada en hablar con el Niño Jesús que había bajado de los brazos de la Santísima Madre y se acercó a mí.  No dejaba de admirar su belleza.  Oí algunas palabras que la Virgen le decía, pero no oí todo.  Las palabras son éstas:  Yo no soy no sólo la Reina del Cielo, sino también la Madre de la Misericordia y tu Madre.  En ese momento extendió la mano derecha en la que tenia el manto y cubrió con el al sacerdote.  En ese instante la visión desapareció.

Oh, qué grande es la gracia de tener al director espiritual.  Se progresa mas rápidamente en las virtudes, se conoce mas claramente la voluntad de Dios, se la cumple mas fielmente, se avanza en un camino cierto y seguro.  El director espiritual sabe evitar las rocas contra las cuales el alma podría estrellarse.  Dios me concedió esta gracia más bien tarde, pero gozo de ella mucho, viendo como Dios consiente los deseos del director espiritual.  Menciono un solo hecho de entre un millar que me sucede.  Como de costumbre, una noche pedí al Señor Jesús que me diera los puntos para la meditación del día siguiente.  Recibí la respuesta:  Medita sobre el profeta Jonás y sobre su misión.

Agradecí al Señor, pero dentro de mí empecé a pensar: Que meditación tan diferente de otras.  Sin embargo, con toda la fuerza del alma trataba de meditar y en aquel profeta me descubrí a mi, en el sentido de que yo también con frecuencia me excusaba delante de Dios diciendo que otra persona podría cumplir mejor su santa voluntad, sin entender que Dios lo puede todo, que tanto mas destaca todo su poder, cuanto mas mísero es el instrumento que utiliza.  Dios me lo explicó.  Por la tarde hubo confesion de la Comunidad.  Cuando presenté al director espiritual el temor que me envuelve a razon de esta mision a la que Dios me utiliza como un instrumento inhábil, el Padre espiritual me contestó que queramos o no queramos, debemos cumplir la voluntad de Dios y me dio el ejemplo del profeta Jonas.  Terminada la confesion, contemplaba como el confesor sabia que Dios me había mandado meditar sobre Jonás, ya que yo no le había hablado de eso.  Entonces oí estas palabras: El sacerdote, cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo a traves de él, sus deseos son Mios.  Veo como Jesús defiende a sus sustitutos.  Él Mismo interviene en su actuar.

Jueves.  Al empezar la Hora Santa, queria sumergirme en la agonia de Jesús en el Huerto de los Olivos.  De repente oí en el alma la voz:  Medita los misterios de la Encarnación.  Y de pronto, delante de mi aparecio el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma.  Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espiritu.

Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espiritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditacion sobre la infancia del espiritu. En la practica esta infancia debe manifestarse asi: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espiritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia. Veo cómo el Señor Jesús se inclina a los deseos del confesor, ya que en este periodo no se me aparece como maestro en la plenitud de fuerzas y de humanidad como adulto, sino que se me aparece como un niño pequeño. Este Dios infinito, se humilla hasta mí bajo la apariencia de un niñito pequeño. Pero la mirada de mi alma no se detiene en la superficie. Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito Señor de los señores, adorado  dia y noche por los espiritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purisimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido el perdon, oh espiritus puros, por haber osado compararme con ustedes. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tu, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocio. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mi absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad. Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunte: Jesús, ¿Por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño? Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor. Jesús me contesto que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataria conmigo como a un niño pequeño. Durante la Santa Misa en la que Jesús fue expuesto en el Santisimo Sacramento, antes de la Santa Comunión vi dos rayos que salian de la Hostia Santisima, tal y como estan pintados en la imagen; uno rojo y otro palido. Se reflejaban sobre cada una de las hermanas y sobre las alumnas, pero no sobre todas de modo igual. Sobre algunas estaban apenas esbozados. Era el dia en que terminabamos los ejercicios espirituales de las jovencitas.
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22 XI 1934  Una vez, el Padre espiritual  me ordenó reflexionar bien sobre mi, y analizar si no había en mi algun apego a alguna cosa o criatura o a mi misma, y si no había en mi una inclinación a hablar inútilmente, ya que todo eso impedia al Señor Jesús administrar libremente en mi alma. Dios está celoso de nuestros corazones y quiere que lo amemos exclusivamente a Él. Cuando comencé a reflexionar profundamente sobre mi, no noté estar apegada a alguna cosa, pero, como en todas mis cosas, tambien en ésta tenia miedo de mi misma y no me fiaba de mi misma. Cansada de este minucioso analisis, fui delante del Santisimo Sacramento y rogué a Jesús con toda la fuerza de mi alma: Jesús, Esposo mio, Tesoro de mi corazon,  Tú sabes que Te conozco solamente a Ti y que no conozco otro amor fuera de Ti, pero, Jesús, si tomara apego a cualquier cosa fuera de Ti, Te ruego y te suplico, Jesús, por el poder de Tu misericordia, hazme morir inmediatamente, porque prefiero morir mil veces, que engañarte una vez en la cosa mas pequeña. En aquel momento, Jesús se presentó subitamente delante de mi, no sé de dónde, resplandeciente de una belleza indecible, con una tunica blanca, con las manos levantadas, y me dijo estas palabras: Hija Mia, tu corazon es Mi descanso, es Mi complacencia. En él encuentro todo lo que un gran numero de almas Me niega. Dilo a Mi sustituto. Y repentinamente no vi nada mas, solamente todo un mar de consolaciones entró en mi alma. Ahora comprendo que nada puede ponerme barreras en el amor hacia Ti, Jesús, ni el sufrimiento, ni las contrariedades, ni el fuego, ni la espada, ni la muerte misma. Me siento mas fuerte que todo eso. Nada puede compararse con el amor. Veo que las cosas mas pequeñas, cumplidas por un alma que ama sinceramente a Dios, tienen un valor inestimable en los ojos de sus santos.
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11 V 1934. Una mañana, después de haber abierto la puerta para dejar salir a nauestra gente que traia el pan, entré un momento en la pequeña capilla, para hacer a Jesús una visita de un minuto y para renovar las intenciones del dia. Oh Jesús, hoy todos los sufrimientos, las mortificaciones, las plegarias, las ofrezco por el Santo Padre para que apruebe esta Fiesta de la Misericordia. Pero, Jesús, debo decirte todavía una palabra. Estoy muy sorprendida de que me ordenas hablar de esta Fiesta de la Misericordia, mientras esta Fiesta  según me dicen, ya existe, entonces ¿para qué he de hablar de ella?

Y Jesús me contestó:  ¿Quién, de entre la gente, sabe de ella?  Nadie.  Y hasta aquellos que han de proclamarla y enseñar a la gente esta misericordia, muchas veces ellos mismos no lo saben; por eso quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se la venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella.

Haz una novena según la intencion del Santo Padre, que debe constar de treinta y tres actos, es decir de repetir este mismo numero de veces la oracion a la misericordia que te he enseñado.

El sufrimiento es el tesoro mas grande que hay en la tierra, purifica al alma. En el sufrimiento conocemos quien es nuestro verdadero amigo. El amor verdadero se mide con el termómetro del sufrimiento.

Oh Jesús, Te doy gracias por las pequeñas cruces cotidianas, por las contrariedades con las que tropiezan mis propositos, por el peso de la vida comunitaria, por una mala interpretación de mis intenciones, por las humillaciones por parte de los demas, por el comportamiento aspero frente a nosotros, por las sospechas injustas, por la salud debil y por el agotamiento de las fuerzas, por repudiar yo mi propia voluntad, por el anonadamiento de mi propio yo, por la falta de reconocimiento en todo, por los impedimentos hechos a todos mis planes.

Te doy gracias, Jesús, por los sufrimientos interiores, por la aridez del espiritu, por los miedos, los temores y las dudas, por las tinieblas y la densa oscuridad interior, por las tentaciones y las distintas pruebas, por las angustias que son difíciles de expresar y especialmente por aquellas en las que nadie nos comprende, por la hora de la muerte, por el duro combate durante ella,m por toda la amargura.

Te agradezco, Jesús, que has bebido el caliz de la amargura antes de darmelo endulzado.  He aquí, he acercado los labios a este caliz de Tu santa voluntad; hagase de mi según Tu voluntad, que se haga de mi lo que Tu sabiduría establecio desde la eternidad.  Deseo beber hasta la ultima gotita el caliz de la predestinacion, no quiero analizar essta predestinacion; en la amargura mi gozo, en la desesperación, mi confianza.  En ti, oh Señor, todo lo que da Tu Corazon paternal es bueno; no pongo las conglobaciones por encima de las amarguras, ni las amarguras por encima de las consolaciones, sino que Te agradezco todo, oh Jesús.  Mi deleite consiste en contemplarte, oh Dios Inconcebible.  En estas existencias misteriosas está mi alma, es alli donde siento que estoy en mi casa.  Conozco bien la morada de mi Esposo.  Siento que en mi no hay ni una gota de sangre que no arda de amor hacia Ti.

Oh Belleza Eterna, quien Te conoce una vez solamente, no puede amar ninguna otra cosa.  Siento la vorágine insondable de mi alma y que nada la puede llenar, sino Dios Mismo.  Siento que me hundo en Él como un granito de arena en un océano sin fondo.

20 XII 1934  Una noche, al entrar yo en la celda, vi. al Señor Jesús expuesto en la custodia, como si estuviera a cielo abierto.  A los pies del Señor Jesús vi a mi confesor y detrás de él a un gran número de eclesiásticos de alto rango, con ropa que nunca había visto, salvo en visión.  Y detrás de ellos varias clases de eclesiásticos; más allá vi. una multitud tan grande de gente que no pude abarcarla con la vista.  Vi saliendo de la Hostia estos dos rayos que están en la imanten, que se unieron estrechamente, pero no se confundieron y pasaron a las manos de mi confesor, y después a las manos de los eclesiásticos y de sus manos pasaron a las manos de la gente, y volvieron a la Hostia… y en aquel momento me vi. entrando en la celda.

22 XII 1934.  Cuando me tocó en la semana de ir a confesarme, llegué cuando mi confesor estaba celebrando la Santa Misa. En la tercera parte de la Santa Misa vi al Niño Jesús, un poco más pequeño que de costumbre y con la diferencia de que tenía un delantalcito de color violeta, mientras habitualmente lo tenía blanco.

24 XII 1934.  La Vigilia de la Navidad.  Por la mañana durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios, mi espíritu se sumergió en Dios inconscientemente.  De repente escuché estas palabras: Tú eres una morada agradable para Mí, en ti descansa Mi Espíritu.

Después de estas palabras sentí la mirada del Señor dirigida al fondo de mi corazón y viendo mi miseria me humillé en espíritu y admiré la gran misericordia de Dios, y que este Altísimo Señor se acercaba a tal miseria.

Durante la Santa Comunión la alegría inundó mi alma, sentía que estaba unida estrechamente a la Divinidad; su omnipotencia absorbió todo mi ser, durante el día entero sentí la cercanía de Dios de modo particular, y aunque los deberes no me permitieron ir a la capilla ni por un momento durante todo el día, sin embargo no hubo ni un instante en que no estuviera unida a Dios, lo sentí dentro de mi de una manera mas sensible que cualquier otra vez.  Saludaba sin cesar a la Santísima Virgen, ensimismándome en su Espíritu, le rogaba enseñarme un verdadero amor a Dios.  De repente oí estas palabras:  Te revelaré el secreto de mi felicidad en la noche, durante la Santa Misa.

La cena fue antes de las seis; a pesar de la alegría y el ruido exterior que hay cuando se parte el “oplatek” y durante las felicitaciones mutuas, ni por un instante fui privada de la presencia de Dios.  Después de la cena nos apresuramos con el trabajo y a las nueve pude ir a la adoración a la capilla.  Había obtenido el permiso de no acostarme, sino esperar la Misa de Medianoche.  Me alegré muchísimo; desde las nueve hasta las doce tenias el tiempo libre.  De nueve a diez hice la adoración por mis padres y por toda mi familia; de diez a once hice la adoración por mi director espiritual; primero agradecí a Dios que se dignó darme aquí en la tierra esta gran ayuda visible tal y como me lo había prometido y por otro lado, pedí a Dios que le diera luz para que pudiera conocer mi alma y guiarme según a Dios le agradaba.  Desde las once hasta las doce rogué por la Santa Iglesia y por el clero, por los pecadores, por las misiones, por nuestras casas las indulgencias las ofrecí por las almas del purgatorio.

Las doce, 25 XII 1934.  Misa de Medianoche.  En cuanto empezó la Santa Misa, el recogimiento interior empezó a adueñarse de mí, el gozo inundó mi alma.  Durante el ofertorio vi. a Jesús en el altar, era de una belleza incomparable.  Durante todo el tiempo el Niñito miró a todos, extendiendo sus manitas.  Durante la elevación el Niñito no miraba hacia la capilla, sino hacia el cielo; después de la elevación volvió a mirarnos, pero muy poco tiempo, porque como siempre fue partido y comido por el sacerdote.  Pero el delantalcito ya lo tenía blanco.  Al día siguiente vi. lo mismo y al tercer día igual.  Es difícil expresar la alegría que tenia en el alma. Esta visión se repitió durante tres Santas Misas, igual como en las primeras.
Año 1934.

Primer jueves después de Navidad.  Olvidé completamente que hoy es jueves, por eso no hice la adoración.  Junto con otras hermanas fui al dormitorio a las nueve.  Extrañamente no lograba dormir. Me parecía que no había cumplido algo.  En la memoria hice un repaso de mis obligaciones y no pude recordar nada; eso duró hasta las diez.  A las diez vi el rostro martirizado de Jesús.  De Pronto Jesús me dijo estas palabras:  Te esperé para compartir contigo el sufrimiento, ya que ¿quien puede comprender Mis sufrimientos mejor que Mi esposa?  Pedí el perdón a Jesús por ser tibia.  Avergonzada, sin atreverme a mirar a Jesús, pero con el corazón contrito, pedí que Jesús se signara darme una espina de su corona.  Jesús contestó que me daría esa gracia, pero al día siguiente e inmediatamente la visión desapareció.

Por la mañana, durante la meditación sentí una espina dolorosa en la parte izquierda de la cabeza; el dolor duró el día entero, pensé continuamente como Jesús había logrado soportar el dolor de tantas espinas que hay en la corona. Uní mis sufrimientos a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por los pecadores. A las cuatro, al venir a la adoración, vi a una de nuestras alumnas ofendiendo terriblemente a Dios con los pecados impuros de pensamiento. Vi también a cierta persona por la cual pecaba. Un temor atravesó mi alma y pedí a Dios, por los dolores de Jesús, que se dignara sacarla de esa horrible miseria. Jesús me contestó que le concedería la gracia no por ella, sino por mi plegaria; entonces comprendí cuánto deberíamos rogar por los pecadores y especialmente por nuestras alumnas.
Nuestra vida es verdaderamente apostólica, no sé imaginarme a una religiosa que viva en nuestras

Casas, es decir en la Congregación nuestra, que no tenga el espíritu apostólico; el celo por la salvación de las almas debería arder en nuestros corazones.

Oh Dios mío, cómo es dulce sufrir por Ti, sufrir en los rincones mas secretos del corazón, muy ocultamente, arder como una victima sin ser vista por nadie, pura como el cristal, sin consolación alguna ni compasión. Mi espíritu arde con el amor activo, no pierdo tiempo en ninguna fantasía, tomo cada momento por separado, ya que esto está en mi poder; el pasado no me pertenece, el futuro no es mío, el tiempo presente trato de aprovecharlo con toda el alma.
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4 I 1935. Primer capitulo de la Madre Borgia.  Durante este capitulo la Madre resaltaba la vida de fe y la fidelidad en las cosas pequeñas.  En la mitad del capitulo oí estas palabras: Deseo que haya en ustedes mas fe en el momento actual. Qué gran alegría Me da la fidelidad de Mi esposa en las más pequeñas cosas!  De repente miré el crucifijo y vi que Jesús tenía la cabeza vuelta al refectorio y que sus labios no se movían. Cuando lo dije a la Madre Superiora, me contestó: Usted ve, hermana, como Jesús exige que nuestras vidas sean de fe. Cuando la Madre se fue a la capilla y yo me quedé para limpiar la habitación de pronto percibí estas palabras: Di a todas las hermanas que exijo que vivan con el espíritu de fe respecto a las Superioras en el momento actual. Pedí al confesor de liberarme de esta obligación. Cuando estaba hablando con cierta persona que debía pintar esta imagen, pero que por ciertas razones no la pintaba, durante la conversación con ella oí esta voz en el alma: Deseo que sea más obediente. Comprendí que los esfuerzos, aunque sean los mas grandes, pero no tienen el sello de la obediencia, no son agradables a Dios, estoy hablando de un alma consagrada.
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Oh Dios, que fácil es conocer Tu voluntad en el convento. Nosotras, almas consagradas, desde la mañana hasta la noche tenemos claramente indicada la voluntad de Dios y en los momentos de incertidumbre tenemos a las Superioras, a través de las cuales habla Dios.
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1934 – 1935. Víspera del Año Nuevo. Recibí el permiso de no acostarme, sino de orar en la capilla. Una de las hermanas me pidió ofrecer por ella una hora de adoración. Le contesté que sí y rogué por ella una hora entera. Durante la oración Dios me dio a conocer cuánto esta pequeña alma le era agradable. La segunda hora de la adoración la ofrecí por la conversión de los pecadores y, especialmente, estuve compensando a Dios por las ofensas del momento actual:  ¡cuánto Dios es ofendido!

La tercera hora la ofrecí según la intención de mi Padre espiritual, pedí con fervor la luz para él en un asunto particular. Por fin dieron las doce, la última hora del año; terminé en nombre de la Santísima Trinidad y también en nombre de la Santísima Trinidad empecé la primera hora del Año Nuevo.  Pedí a cada Persona la bendición y con gran confianza miré hacia el Año Nuevo, que seguramente no escatimaría sufrimientos.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el testamento de la Divina Misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está oculto el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús como testimonio de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, que contiene la vida eterna que [de] la infinita misericordia es donada en abundancia a nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu santo hacia nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el precio infinito de la misericordia, que compensará todas nuestras deudas y, especialmente, la de los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que encierra la fuente de agua viva que brota de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el fuego del amor purísimo que arde del seno del Padre Eterno, como del abismo de la infinita misericordia para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está guardado el remedio para todas nuestras debilidades, remedio que mana de la infinita misericordia, como de una fuente para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el vínculo de unión entre Dios y nosotros, gracias a la infinita misericordia para nosotros y, especialmente para los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, en la que están encerrados todos los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en todos los sufrimientos y contrariedades de la vida.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y las tormentas interiores y exteriores.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en la vida y en la hora de la muerte.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los fracasos y el abismo de la desesperación.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las mentiras y las traiciones.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y la impiedad que sumergen la tierra.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre la nostalgia y el dolor, en el que nadie nos comprende.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las fatigas y la vida gris de todos los días.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza cuando nuestras ilusiones y nuestros esfuerzos se esfuman.

Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los golpes de los enemigos y los esfuerzos del infierno.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las dificultades excedan mis fuerzas y cuando mis esfuerzos resulten inútiles.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las tormentas agiten mi corazón y el espíritu aterrorizado comience a inclinarse hacia la desesperación.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi corazón comience a temblar y el sudor mortal nos bañe la frente.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando todo se conjure contra mí y la negra desesperación comience a introducirse en mi alma.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi vista se apague para todo lo que es terrenal y mi espíritu vea por primera vez los mundos desconocidos.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mis obligaciones estén por encima de mis fuerzas y el fracaso sea mi destino habitual.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando el cumplimiento de las virtudes me parezca difícil y mi naturaleza se rebele.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando los golpes de los enemigos sean dirigidos contra mí.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las fatigas y los esfuerzos sean condenados por la gente.

Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando Tu juicio resuene sobre mí, en aquel momento confiaré en el mar de Tu misericordia.

Oh Santísima Trinidad, confío en Tu infinita misericordia.  Dios es mi Padre, entonces yo, su niña, tengo todo el derecho sobre su Corazón Divino y cuanto más grandes son las tinieblas, tanto mas plena debe ser nuestra confianza.

No comprendo, cómo es posible no tener confianza en Aquel que lo puede todo; con Él todo y sin Él nada. Él, el Señor, no permitirá ni dejará que queden confundidos aquellos que han puesto en Él toda su confianza.
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10 I 1935. Jueves. Por la noche, durante la Bendición, comenzaron a atormentarme los pensamientos de este tipo: Todo lo que digo sobre esta gran misericordia de Dios ¿no es por casualidad una mentira o una ilusión?… y quería reflexionar sobre esto durante un momento; de repente oí una voz interior clara y fuerte: Todo lo que dices sobre Mi bondad es verdad y no hay expresiones suficientes para exaltar Mi bondad. Estas palabras fueron tan llenas de fuerza y tan claras que daría la vida por ellas, de que procedían del Señor. Las reconozco por una profunda serenidad que me acompañó en aquellos momentos y que quedó después. Esta serenidad me da una fortaleza y un poder tan grandes que nada son todas las dificultades y las contrariedades, y los sufrimientos, y la muerte misma. Esta luz me ha levantado un velo del misterio de que todos los esfuerzos que emprendo para que las almas conozcan la misericordia del Señor, son muy agradables a Dios y de eso viene a mi alma tanta alegría que no sé si en el paraíso puede haber mayor. ¡Oh, si las almas quisieran escuchar al menos un poco la voz de la conciencia y la voz, es decir la inspiración del Espíritu Santo! Digo: Al menos un poco, ya que si una vez nos dejamos influir por el Espíritu de Dios, Él Mismo completará lo que nos falte.

Año Nuevo 1935.  A Jesús le agrada participar en lo más pequeños detalles de nuestra vida y a veces cumple mis deseos secretos, aquellos que más de una vez le oculto a Él mismo, aunque sé que para Él no puede haber nada secreto. El día del Año Nuevo hay entre nosotras la costumbre de sacar por suerte el patrono particular para todo el año.  Por la mañana, durante la meditación, se despertó en mi uno de estos deseos secretos:  aquel que Jesús Eucarístico fuera mi patrono particular también para ese año, como anteriormente.  Sin embargo, ocultando a mi Dilecto ese deseo, hablé con Él de todo excepto de aquello que deseaba tenerlo como patrono.  Al venir al refectorio a desayunar, después de hacer la señal de la cruz, empezó el sorteo de los patronos.  Al acercarme a las estampitas con los nombres de los patronos, tomé una, sin reflexionar, sin leer en seguida; quise mortificarme algunos minutos.  De repente oí una voz en el alma:  Soy tu patrono, lee.  En aquel mismo momento miré la inscripción y leí:  “Patrono para el año 1935 la Santísima Eucaristía.”  Mi corazón se estremeció de alegría y me alejé secretamente del grupo de las hermanas y fui delante del Santísimo Sacramento, al menos por un breve instante y allí me desahogué de los sentimientos de mi corazón.  Sin embargo, Jesús me llamó dulcemente la atención de que estuviera en aquel momento junto con otras hermanas; fui inmediatamente, ateniéndome a la regla.

Oh Santa Trinidad, Único Dios, inconcebible en la grandeza de la misericordia hacia las criaturas y especialmente hacia los pobres pecadores.  Has revelado el abismo de Tu misericordia inconcebible, impenetrable para toda mente humana o angélica.  Nuestra nulidad y nuestra miseria se hunden en Tu grandeza.  Oh Bondad infinita, ¿Quién puede adorarte dignamente?  ¿hay algún alma que entienda tu amor?  Oh Jesús, tales almas existen, pero son pocas.

Un día, durante la meditación matutina, oí esta voz:  Yo Mismo soy tu guía, he sido, soy y seré; pero como Me pediste una ayuda visible, te la he dado.  Lo había elegido antes de que Me lo pidieras, porque esto lo requiere Mi causa.  Has de saber que las faltas que cometes contra él, hieren Mi Corazón; evita especialmente actuar a tu gusto, que en cada cosa mas pequeña haya un sello de la obediencia.

Con el corazón humillado y anonadado pedí el perdón al Señor Jesús por aquellas faltas.  Pedí el perdón también al Padre espiritual y decidí más bien no hacer nada que hacer mucho y mal.

Oh Jesús bueno, Te agradezco por esta gran gracia, es decir, de darme a conocer lo que soy por mi misma, miseria y pecado, nada más. Por mi misma puedo hacer una cosa solamente, es decir, ofenderte, oh Dios mío, porque la miseria por si misma no puede hacer nada mas sino ofenderte, oh Bondad infinita. Una vez me pidieron rezar por cierta alma. Decidí hacer en seguida una novena a la misericordia del Señor y a esa novena agregué una mortificación que consistía en llevar en ambas piernas una cadenita  durante la Santa Misa. Hacia tres días que me ejercitaba en esa mortificación, cuando fui a confesarme y dije al Padre espiritual que había comenzado aquella mortificación con el supuesto permiso. Pensaba que el Padre espiritual no tendría nada en contra, sin embargo oí algo contrario, es decir, que no hiciera nada sin permiso. Oh Jesús mío, otra vez el arbitrio, pero no me desaniman mis caídas, sé perfectamente que soy la miseria. A causa de mi salud no recibí el permiso y el Padre espiritual se sorprendió de cómo hubiera podido ejercitarme en mayores mortificaciones sin su permiso. Le pedí perdón por mi comportamiento arbitrario o mas bien por haberme guiado por permisos supuestos y pedí que cambiara esas mortificaciones por otras. El Padre espiritual me las cambio por una mortificación interior que consistió en meditar durante la Santa Misa ¿Por qué el Señor Jesús se bautizo? Esta meditación no era para mi ninguna mortificación, ya que hubo en ello una mortificación de la voluntad, visto que yo no hacia lo que me gustaba, sino lo que me había sido indicado y en eso consiste la mortificación interior.

Al alejarme del confesionario y empezar a hacer la penitencia, oí estas palabras:  He concedido la gracia al alma, la cual Me habías pedido para ella, pero no por tu mortificación que habías escogido tu misma, sino solamente por el acto de obediencia total frente a Mi suplente he dado la gracia a esta alma, por la que has intercedido ante Mi y por la que has mendigado la misericordia.  Has de saber que cuando aniquilas en ti tu propia voluntad, entonces la Mía reina en ti.

Oh Jesús mío, ten paciencia conmigo.  Estaré ya mas atenta en el futuro; no lo fundo en mi misma, sino en Tu gracia y en Tu bondad que es tan grande para mi, una miserable.

En cierta ocasión Jesús me hizo conocer que cuando le ruego por alguna intención que a veces me recomiendan, está siempre dispuesto a conceder sus gracias, pero las almas no siempre quieren aceptarlas.  Mi Corazón esta colmado de gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres pecadores.  Oh, si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor Padre, que para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo; como Rey de Misericordia deseo colmar las almas de gracias, pero no quieren aceptarlas.  Por lo menos tú ven a Mí lo más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren aceptar y con esto consolaras Mi Corazón.  Oh, qué grande es la indiferencia de las almas por tanta bondad, por tantas pruebas de amor.  Mi Corazón esta recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de las almas que viven en el mundo.  Tienen tiempo para todo, solamente no tienen tiempo para venir a Mi a tomar las gracias.

Entonces, Me dirijo a ustedes, almas elegidas, ¿tampoco ustedes entienden el amor de Mi Corazón?  Y aquí también se ha desilusionado Mi Corazón: no encuentro el abandono total en Mi amor.  Tantas reservas, tanta desconfianza, tanta precaución.  Para consolarte te diré que hay almas que viven en el mundo, que Me quieren sinceramente en sus corazones permanezco con delicia, pero son pocas.  También en los conventos hay almas que llena de alegría Mi Corazón.  En ellas están grabados Mis rasgos y por eso el Padre Celestial las mira con una complacencia especial.  Ellas serán la maravilla de los Ángeles y de los hombres.  Su número es muy pequeño, ellas constituyen una defensa ante la Justicia del Padre Celestial e imploran la Misericordia por el mundo.  El amor y el sacrificio de estas almas sostienen la existencia del mundo.  Lo que más dolorosamente hiere Mi Corazón es la infidelidad del alma elegida por mí especialmente; esas infidelidades son como espadas que traspasan Mi Corazón.

29 I 1935. En la mañana de este martes, durante la meditación vi. interiormente al Santo Padre celebrando la Santa Misa. Después del Pater Noster conversó con Jesús sobre el asunto que Jesús me había ordenado decirle. Aunque yo no lo dije al Santo Padre personalmente, sino que estos asuntos fueron tratados por otra persona, no obstante yo sé, por conocimiento interior, que en este momento el Santo Padre esta reflexionando sobre esta cuestión que en poco tiempo se cumplirá según el deseo de Jesús.

Antes de los ejercicios espirituales de ocho días fui a mi director espiritual y le pedí algunas mortificaciones para el tiempo de los ejercicios, pero no obtuve el permiso para todo lo que había pedido, sino solamente para algunas cosas.  Recibí el permiso para una hora de meditación de la Pasión del Señor Jesús y para cierta humillación.  Pero estaba un poco descontenta de no haber recibido la autorización para todo lo que había pedido.  Cuando regresamos a casa, entré un momento en la capilla; de repente escuché en el alma una voz:  Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor merito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí Me da una gran alegría.  Me extraña que no hayas renunciado todavía completamente a tu propia voluntad, pero Me alegro enormemente de que este cambio se produzca durante los ejercicios espirituales.

Este mismo día, mientras estaba en la iglesia esperando la confesión, vi los mismos rayos que salieron de la custodia y se extendieron por toda la iglesia.  Eso duró todo el tiempo del oficio; después de la bendición se proyectaron sobre ambos lados y volvieron a la custodia.  Eran claros y transparentes, como el cristal.  Pedí a Jesús que se dignara incendiar el fuego de su amor en todas las almas tibias.  Bajo estos rayos se calentaría el corazón aunque estuviera frío como un pedazo de hielo, aunque fuera duro como una roca, se volvería polvo. JMM. Vilna 4 II 1935

Ejercicios espirituales de ocho días

Oh Jesús, Rey de Misericordia, he aquí de nuevo el momento en que estoy contigo a solas.  Por eso Te suplico por todo el amor con el que arde Tu Corazón Divino, aniquila en mí completamente el amor propio y en cambio incendia mi corazón con el fuego de Tu amor purísimo.

Al anochecer, terminada la predica, oí estas palabras:  Yo estoy contigo.  Durante estos ejercicios espirituales consolidaré tu paz y tu ánimo, para que no desfallezcan tus fuerzas para el cumplimiento de Mis propósitos.  Por lo tanto durante estos ejercicios borraras absolutamente tu propia voluntad y se cumplirá en ti toda Mi voluntad.  Has de saber que esto te costara mucho, por eso escribe en una página en blanco estas palabras:  Desde hoy no existe en mí mi propia voluntad, y táchala.  En otra página escribe estas palabras:  Desde hoy cumplo la voluntad de Dios en todas partes, siempre, en todo.  No te asustes de nada, el amor te dará fuerzas y facilitara la realización.

En la meditación fundamental sobre el objetivo, es decir, sobre la elección del amor.  El alma tiene que amar, tiene la necesidad de amar; el alma tiene que volcar su amor, pero no en el barro, ni en el vacío, sino en dios.  Cuanto me alegro meditándolo, ya que siento claramente que en mi corazón esta solamente Él, únicamente Jesús Mismo; y amo a las criaturas tanto cuanto me ayudan a unirme a Dios.  Amo a todos los hombres porque veo en ellos la imagen de Dios. JMJ  Vilna 4 II 1935

Desde hoy no existe en mí   mi propia voluntad. En el momento en que me arrodillé para tachar mi propia voluntad, como me había mandado el Señor, oí en el alma esta voz:  Desde hoy no tengas miedo del juicio de Dios, ya que no serás juzgada.  JMJ   Vilna, 4 II 1935

Desde hoy cumplo la voluntad de Dios En todas partes, siempre, en todo JMJ  Vilna, 8 II 1935

Trabajo interior particular, es decir, examen de conciencia.  Sobre negarme a mi misma y mi propia voluntad.

I.  Negación de la razón, es decir, someterla a la razón de aquellos que aquí en la tierra sustituyen para mí a Dios

II.  Negación de la voluntad, es decir, cumplir la voluntad de Dios que se me revela a través de la voluntad de aquellos que aquí sustituyen para mi a Dios y que esta expresada en las reglas de nuestra Congregación.

III.  Negación del juicio, es decir, aceptar inmediatamente sin pensar, sin analizar, sin razonar cualquier orden que recibo de aquellos que sustituyen para mi a Dios.

IV.  Negación de la lengua.  No le daré la mas pequeña libertad; en un solo caso se la daré total, es decir en proclamar la gloria de Dios.  Siempre cuando recibo la Santa Comunión, pido que Jesús se digne reforzar y limpiar mi lengua, para que yo no hiera con ella al prójimo.  De ahí que tenga el máximo respeto para la regla que habla del silencio.

Oh Jesús mío, tengo confianza en que Tu gracia me ayudara a cumplir estos propósitos. A pesar de que los puntos mencionados arriba están incluidos en el voto de la obediencia, deseo ejercitarme en ello de modo más especial, ya que es la esencia de la vida consagrada. Oh Jesús Misericordioso, Te ruego ardientemente, ilumina mi intelecto para que pueda conocerte mejor a Ti que eres el Ser Infinito y para que pueda conocerme mejor a mí, que no soy más que la nada.

Sobre la confesión.  De la confesión deberíamos obtener dos beneficios:

1. nos confesamos para ser sanados

2. para ser educados; nuestras almas necesitan una continua educación, como el niño pequeño.

Oh Jesús mío, entiendo profundamente estas palabras y se por experiencia que un alma con sus propias fuerzas no llegara lejos, se cansara mucho sin hacer nada para la gloria de Dios; se desvía constantemente porque nuestra mente es oscura y no sabe distinguir su propia causa.  Llamare una atención especial a dos cosas:  primero, elegiré para la confesión lo que mas me humilla, aunque fuera algo muy pequeño, pero que me cuesta y por eso lo confesare; segundo, me ejercitare en la contrición; no solamente a ocasión de la confesión sino en cada examen de conciencia suscitar en mi la contrición perfecta y, especialmente, antes de ir a descansar.  Una palabras más:  el alma que desea sinceramente progresar en la perfección, debe seguir estrictamente los consejos del director espiritual.  Tanta santidad cuanta dependencia.

Una vez, mientras hablaba con el director de mi alma, en un relámpago más veloz que el de un rayo, vi interiormente su alma en gran sufrimiento, en tal tormento que son pocas las almas a las cuales Dios prueba con este fuego.  Este sufrimiento se debe a esta obra. Llegara un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto, parecerá ser completamente destruida, y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad.  Ella la obra será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo.  Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia.  Cuando venga este triunfo, nosotros estaremos ya en la nueva vida, en la que no hay sufrimientos, pero antes tu alma será saturada de amargura al ver la destrucción de tus esfuerzos.  Sin embargo esta destrucción es solo aparente, ya que Dios no cambia lo que ha establecido una vez.  Pero aunque la destrucción será aparente, el sufrimiento será real.  ¿Cuándo sucederá esto? no sé; ¿Cuánto tiempo durara? No sé.  Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía.  Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi Misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión.  Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno.

Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.

Mi Corazón sufre, continuaba Jesús, a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación conmigo en cierto modo hay desconfianza.  Oh, cuanto esto hiere mi Corazón.  Recuerden Mi Pasión, y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas.

No hago ningún movimiento, ningún gesto a mi gusto, porque estoy vinculada a la gracia; siempre estoy atenta a lo que es más agradable a Jesús. Durante una meditación sobre la obediencia oí estas palabras: En esta meditación, el sacerdote habla  de modo especial para ti, has de saber que Yo Me presto su boca. Trate de escuchar con la mayor atención y todo lo aplicaba a mi corazón, tal como en cada meditación. Cuando el sacerdote afirmo que el alma obediente se llena de la fuerza de Dios… Si, cuando eres obediente, te quito tu debilidad y te doy Mi fortaleza. Me sorprende mucho que las almas no quieran hacer este cambio Conmigo. Dije al Señor: Jesús, ilumina Tú mi alma, ya que de lo contrario también yo entenderé muy poco de estas palabras. Se que no vivo para mi, sino para un gran numero de almas. Se que las gracias a mi concedidas no son solamente para mi, sino para las almas. Oh Jesús, el abismo de Tu misericordia se ha volcado en mi alma que es el mismo de la miseria misma. Te agradezco, Jesús, por las gracias y los pedacitos de la cruz que me das para cada momento de la vida. Al comienzo de los ejercicios espirituales vi. al Señor Jesús clavado en la cruz en el techo de la capilla, mirando con gran amor a las hermanas, pero no a todas. había tres hermanas a las cuales dirigió una mirada severa. No sé, no sé por que razón, sé solamente que es una cosa terrible ver tal mirada que es una mirada del Juez severo. Aquella mirada no me correspondía, sin embargo me paralizo el miedo; cuando lo escribo, tiemblo toda. No me atreví a decir a Jesús ni una sola palabra, las fuerzas físicas me abandonaron y pensé que no resistiría hasta el fin de la predica. Al día siguiente volví a ver lo mismo que la primera vez y me atreví a decir estas palabras: Oh Jesús, que grande es Tu misericordia. Al tercer día se repitió otra vez la misma mirada sobre todas las hermanas con gran benevolencia, excepto esas tres hermanas. Entonces, me llene de atrevimiento que venia del amor hacia el prójimo y dije al Señor: Tu eres la Misericordia misma, como Tu Mismo me has dicho, pues Te ruego por el poder de Tu misericordia, vuelve Tu mirada bondadosa también a esas tres hermanas y si esto no es según Tu Sabiduría, Te ruego hacer un cambio: Que Tu mirada bondadosa hacia mi alma sea para ellas y que Tu mirada severa hacia sus almas sea para mi. De súbito Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, por tu amor sincero y generoso les concedo muchas gracias, aunque ellas no Me las piden, pero por la promesa que te he hecho. Y en aquel momento envolvió también a esas tres hermanas con una mirada misericordiosa. De gran gozo palpitó mi corazón al ver la bondad de Dios.
Cuando me quedé en la adoración entre las 9 y las 10, se quedaron también cuatro hermanas más. Al acercarme al altar y empezar a meditar la Pasión del Señor Jesús, un terrible dolor inundó mi alma a causa de la ingratitud de tan grande numero de almas que viven en el mundo, pero me dolía especialmente la ingratitud de las almas elegidas particularmente por Dios. No hay modo de expresarla ni de compararla. Al ver esta mas negra ingratitud sentí como si el corazón se me desgarrara, me abandonaron completamente las fuerzas físicas y caí con la cara al suelo sin reprimir un llanto irrefrenable. Cada vez que recordaba la gran misericordia de Dios y la ingratitud de las almas, el dolor traspasaba mi corazón y entendí cuanto eso hería el Corazón dulcísimo de Jesús. Con un corazón ardiente renové mi acto de ofrecimiento por los pecadores.

Con gozo y deseo he acercado los labios a la amargura del cáliz que tomo de la Santa Misa todos los días. La pequeña porción que Jesús me ha asignado para cada momento y la cual no cederé a nadie. Consolare incesantemente el dulcísimo Corazón Eucarístico, tocare cánticos de agradecimiento en las cuerdas de mi corazón, el sufrimiento es el tono mas armonioso. Estaré muy atenta para presentir ¿con que puedo alegrar Tu Corazón?
Siento que Dios me permitirá levantar el velo para que la tierra no dude de su bondad. Dios no esta sujeto a eclipses ni a cambios, queda por la eternidad Uno y [siempre] Él Mismo; a su voluntad nada puede oponerse. Siento en mí una fuerza sobrehumana, siento el arrojo y la fortaleza debidas a la gracia que vive en mí. Comprendo a las almas que sufren en contra de la esperanza, porque experimenté en mí este fuego. Sin embargo Dios no da sufrimientos por encima de las fuerzas. A menudo he vivido con la esperanza contra la esperanza, y he empujado mi esperanza hasta la total confianza en Dios. Que se haga conmigo lo que ha establecido desde la eternidad.

Seria muy impropio que una hermana religiosa buscara alivio en el sufrimie.
He aquí lo que ha hecho la gracia y la meditación del criminal más grande. El que muere tiene un gran amor. “Acuérdate de mi cuando estés en el paraíso.” El arrepentimiento sincero transforma inmediatamente a un alma. La vida espiritual debe practicarse con seriedad y con sinceridad.

El amor debe ser reciproco. Como el Señor Jesús HA bebido por mí toda la amargura, entonces yo, su esposa, para dar prueba de mi amor hacia Él, aceptare todas las amarguras.

Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios. Siempre que mire la cruz, perdonare sinceramente.

La unión con las almas la hemos recibido con el santo bautizo. La muerte refuerza el amor. Debo ser siempre de ayuda para los demás. Si soy una buena religiosa, seré útil no solamente a la Congregación sino también a toda la patria.

Dios ofrece las gracias de dos maneras: a través de las inspiraciones y las iluminaciones. Si pedimos una gracia, Dios la da, pero debemos querer aceptarla; pero para aceptarla es necesaria la abnegación. El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción. Es un acto de la voluntad, es un don, es decir, una donación; el intelecto, la voluntad, el corazón, debemos ejercitar estas tres facultades durante la oración. Resucitare en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él. Si no me separo de la cruz, entonces se manifestara en mí el Evangelio. Todas mis deficiencias las completa en mi Jesús, su gracia que obra sin cesar. La Santa Trinidad me ofrece su vida abundantemente con el don del Espíritu Santo. Las Tres personas divinas viven en mí. Si Dios ama, lo hace con todo su Ser, con todo el poder de su ser. Si Dios me ha amado así, ¿cómo debo corresponder a esto yo, su esposa?

Durante una predica Jesús me dijo: En el pequeño racimo elegido tú eres la uva dulce; deseo que el jugo que circula en ti se transmita a otras almas.

Durante la renovación vi. al Señor Jesús de lado de la epístola, con una túnica blanca y un cinturón de oro, y en la mano tenía una espada terrible. Eso duró hasta el momento en que las hermanas comenzaran a renovar los votos. Súbitamente vi. una claridad inconcebible, delante de esa claridad vi. una nube blanca en forma de balanza. En aquel momento se acerco el Señor Jesús y puso la espada sobre uno de los platillos y éste con todo aquel peso, bajó hasta la tierra y falto poco para que la tocara completamente. Justo entonces las hermanas terminaron de renovar los votos. De repente vi. a los ángeles que de cada una de las hermanas tomaron algo en un recipiente de oro, en forma como de un incensario. Cuando recogieron de todas las hermanas y pusieron el recipiente en el segundo platillo, éste prevaleció sobre el primero, en el cual había sido puesta la espada. En aquel momento, del incensario salio una llama que alcanzó la claridad. En seguida oí una voz desde la claridad: Reponed la espada en su lugar, la ofrenda es mayor. En aquel momento Jesús nos dio a todos una bendición y todo lo que yo veía desapareció. Las hermanas empezaron a recibir la Santa Comunión, mi alma fue inundada de un gozo tan grande que no logro describirlo.
15 II 1935. Viaje de uno días a la casa familiar para ver a mi madre moribunda. Al saber que mi madre estaba gravemente enferma y ya cerca de la muerte, y que me pidió venir porque deseaba verme una vez más antes de morir, en aquel momento se despertaron todos los sentimientos del corazón.  Como una niña que amaba sinceramente a su madre, deseaba ardientemente cumplir su deseo, pero deje a Dios la decisión y me abandone plenamente a su voluntad; sin reparar en el dolor del corazón, seguía la voluntad de Dios.  En la mañana del día de mi onomástico, 15 de febrero la Madre Superiora me entregó otra carta de mi familia y me dio el permiso de ir a la casa familiar para cumplir el deseo y la petición de la madre moribunda.  En seguida empecé a prepararme para el viaje y ya al anochecer salí de Vilna.  Toda la noche la ofrecí por la madre gravemente enferma para que Dios le concediera la gracia de que los sufrimientos que estaba pasando no perdieran nada de su merito.

Durante el viaje tuve una compañía muy agradable, ya que en el mismo compartimiento viajaban algunas señoras pertenecientes a una asociación religiosa mariana; sentí que una de ellas sufría mucho y que en su alma se desarrollaba una lucha encarnizada.  Comencé a rezar mentalmente por ella.  A las once las demás señoras pasaron al otro compartimiento para platicar, mientras nosotras nos quedamos solas.  Sentía que mi plegaria había provocado en ella una lucha aun mayor.  Yo no la consolaba sino que rezaba con más ardor.  Por fin, esa alma se dirigió a mí y me pidió que le dijera si ella tenía la obligación de cumplir cierta promesa hecha a Dios.  En aquel momento conocí dentro de mí qué promesa era y le contesté:  Usted está absolutamente obligada a cumplir esta promesa, porque de lo contrario será infeliz durante toda su vida.  Este pensamiento no la dejará en paz.  Sorprendida de esa respuesta reveló delante de mi toda su alma.

Era una maestra que antes de examinarse hizo a Dios la promesa de que si pasaba los exámenes se dedicaría al servicio de Dios, es decir, entraría en el convento.  Pero dijo: Después de aprobar muy bien los exámenes ahora me he dejado llevar por el torbellino del mundo y no quiero entrar en el convento, pero la conciencia no me deja en paz, y a pesar de las distracciones me siento siempre descontenta.

Tras una larga conversación esa persona fue completamente cambiada y dijo que inmediatamente emprendería gestiones para ser recibida en un convento.  Me pidió que rogara por ella; sentí que Dios no le escatimaría sus gracias.

Por la mañana llegué a Varsovia, y a las 8 de la noche ya estaba en casa.  Es difícil describir la alegría de los padres y de toda la familia. Mi madre mejoró un poco, pero el medico no daba ninguna esperanza para su restablecimiento completo.  Después de saludarnos, nos arrodillamos todos para agradecer a Dios por la gracia de podernos ver todos una vez mas en la vida.

Al ver como rezaba mi padre me avergoncé mucho, porque yo después de tantos años en el convento, no sabia rezar con tanta sinceridad y tanto ardor.  No dejo de agradecer a Dios por los padres que tengo.
Oh, como ha cambiado todo en estos 10 años, todo es desconocido: el jardín era tan pequeño y ahora es irreconocible, los hermanos y las hermanas eran todavía pequeños y ahora no los puedo reconocer, todos grandes y me sorprendí de no haberles encontrado tales como eran cuando nos habíamos separado.

Stasio me acompañaba a la iglesia todos los días.  Sentía que aquella querida alma era muy agradable a Dios.  El ultimo día, cuando ya no había nadie en la iglesia, fui con él delante del Santísimo Sacramento y rezamos juntos el Te Deum.  Tras un instante de silencio ofrecí esta querida alma al dulcísimo Corazón de Jesús.  ¡Cuánto pude rezar en esta iglesia!  Recordé todas las gracias que en este lugar había recibido y que en aquel tiempo no comprendía y a menudo abusaba de ellas; y me sorprendí yo misma de cómo había podido ser tan ciega.  Mientras reflexionaba y lamentaba mi ceguera, de súbito vi. Al Señor Jesús resplandeciente de una belleza inexpresable que me dijo con benevolencia:  Oh elegida Mía, te colmaré con gracias aun mayores para que seas testigo de Mi infinita misericordia por toda la eternidad.

Aquellos días en casa me pasaron entre mucha compañía porque todos quisieron verme y decirme algunas palabras.  Muchas veces conté hasta 25 personas.  Les interesaron mis relatos sobre la vida de los santos.  Me imaginaba que nuestra casa era una verdadera casa de Dios, porque cada noche se hablaba en ella solo de Dios.  Cuando, cansada de relatar y deseosa de la soledad y del silencio, me aparté por la noche al jardín para poder hablar con Dios a solas, ni siquiera conseguí esto, ya que vinieron en seguida los hermanos y las hermanas y me llevaron a casa y tuve que seguir hablando, todos los ojos clavados  en mi.  Pero logré encontrar el modo de tomar aliento, pedí a los hermanos que cantasen para mi, porque tenían bellas voces y además uno tacaba el violín y otro la mandolina, y así en ese tiempo pude dedicarme a la oración interior sin evitar su compañía.  Me costó mucho el tener que besar a los niños.  Venias las vecinas con niños y pedían que los tomara al menos un momento en brazos y les diera un beso.  Consideraban eso como un gran favor y para mi era una ocasión para ejercitarme en la virtud, porque mas de uno estaba bastante sucio, pero para vencerme y no mostrar aversión, a aquellos niños sucios les daba dos besos.  Una vecina trajo a su niño enfermo de los ojos, los cuales estaban llenos de pus y me dijo:  Hermana, tómalo en brazos un momento.  La naturaleza sentía aversión, pero sin reparar en nada, tomé en brazos y besé dos veces los purulentos ojos del niño y pedí a Dios por la mejoría.  Tuve muchas ocasiones para ejercitarme en la virtud.  Escuché a todos que decían sus quejas y advertí que no había corazones alegres, porque no había corazones que amaran sinceramente a Dios, y no me sorprendía nada.  Me afligí mucho de que no pudiera ver a mis dos hermanas.  Sentí interiormente en que gran peligro se encontraban sus almas.  El dolor estrechó mi corazón solo al pensar en ellas.  Una vez, al sentirme muy cerca de Dios, pedí ardientemente al Señor la gracia para ellas y el Señor me contestó:  Les concedo no solamente las gracias necesarias, sino también las gracias particulares.  Comprendí que el Señor las llamaría a una más estrecha unión Consigo.  Me alegro enormemente de que en nuestra familia reine el amor tan grande.

Cuando me despedí de mis padres y les pedí su bendición, sentí el poder de la gracia de Dios que fluyó sobre mi alma. Mi padre, mi madre y mi madrina, entre lágrimas, me bendijeron y felicitaron la máxima fidelidad a la gracia de Dios, y pidieron que no olvidara nunca las numerosas gracias que Dios me había concedido llamándome a la vida consagrada. Pidieron mis oraciones. A pesar de que lloraban todos, yo no derramé ni una sola lagrimita; traté de ser valiente y los consolé a todos como pude, recordándoles el cielo y que allí no habría mas separaciones. Stasio me acompaño al automóvil; le dije cuanto Dios ama a las almas puras; le aseguré de que Dios estaba contento con él. Mientras le hablaba de la bondad de Dios y de cómo Dios piensa en nosotros, se puso a llorar como un niño pequeño y yo no me sorprendí porque es un alma pura, pues conoce a Dios fácilmente. Cuando subí al automóvil, desahogué el corazón y también me puse a llorar de alegría como una niña, porque Dios concedía tantas gracias a nuestra familia y me sumergí en una oración de agradecimiento. Por la noche estaba ya en Varsovia. Primero saludé al Dueño de casa y después saludé a toda la Comunidad. Cuando, antes de ir a descansar, fui a decir buenas noches al Señor y le pedí perdón por haber hablado tan poco con Él durante mi estancia en casa, oí en el alma una voz: Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme. La Madre Superiora me dijo que al día siguiente iríamos a Józefinek  las dos y que yo tendría la oportunidad de hablar con la Madre General.  Me alegré muchísimo de eso. La Madre General como siempre, la misma, llena de bondad, serenidad y espíritu de Dios; hablé con ella mucho tiempo. Asistimos a un oficio de la tarde. Cantaron la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor Jesús estaba expuesto en la custodia, un momento después vi. al pequeño Señor Jesús que salio de la Hostia y Él Mismo descansó en mis brazos. Eso duró un breve momento, una enorme alegría inundó mi alma. El Niño Jesús tenía el mismo aspecto que cuando entré en la pequeña capilla junto con la Madre Superiora, anteriormente mi Maestra, Maria Josefina. Al día siguiente estaba ya en mi querida Vilna. Oh, como me sentía feliz de haber vuelto a nuestro convento. Me parecía como si entrara otra vez, no dejaba de alegrarme del silencio y de la calma gracias a las cuales el alma se sumerge en Dios tan fácilmente, todos le ayudan en esto y nadie estorba.

La Cuaresma

Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas. Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas. El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares. Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey. Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños. Jesús lo soportaba silenciosamente. ¿Quién puede entender, su dolor? Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra. Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús. Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento. Competían en insultar al Señor. Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre? La provoca el pecado. Se encontraron el Amor y el pecado. Cuando, junto con una hermana, estábamos en un templo durante la Santa Misa, sentí la grandeza y la Majestad de Dios; sentía que aquel templo estaba impregnado de Dios. Su Majestad me envolvió; a pesar de darme miedo me llenaba de calma y alegría; conocí que nada podía oponerse a su voluntad. Oh, si todas las almas [supieran] quién vive en nuestros templos, no habría tantos insultos y tantas faltas de respeto en aquellos lugares santos.
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Oh Amor eterno e inconcebible, Te pido una gracia, ilumina mi mente con la luz de lo alto, permíteme conocer y apreciar todas las cosas según su valor. Al conocer la verdad, mi alma se llena de máxima alegría.
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21 III 1935. Muchas veces durante la Santa Misa veo al Señor en mi alma, siento su presencia que me invade por completo. Siento su mirada divina, hablo mucho con Él sin decir una sola palabra. Conozco lo que desea su Corazón Divino y siempre hago lo que Él prefiere. Amo hasta la locura y siento que soy amada por Dios. En los momentos cuando me encuentro con Dios en la profundidad de mis entrañas, me siento tan feliz que no sé expresarlo. Estos momentos son cortos, porque el alma no los soportaría mas, debería producirse la separación del cuerpo. Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante su poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo. Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimento de mis deberes. Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo.

Este jueves sentí esta gracia al final de las oraciones; duró excepcionalmente mucho tiempo, es decir, toda la Santa Misa, pensaba que moriría de gozo.  En esos momentos conozco mejor a Dios y sus atributos, y también me conozco mejor a mi y mi miseria, y me sorprende que Dios se humille tanto hacia un alma tan miserable como la mía.  Después de la Santa Misa me sentía sumergida totalmente en Dios y tenia presente cada mirada suya a la profundidad de mi corazón.

Hacia el medio día entré un momento en la capilla y otra vez el poder de la gracia golpeo mi corazón. Mientras permanecía en recogimiento, Satanás tomó un tiesto de flores y con rabia lo tiró al suelo con toda su fuerza. vi. toda su furia y su envidia. No había nadie en la capilla, así que me levanté y recogí el tiesto roto y replanté la flor, y quise ponerla rápidamente en su lugar antes de que alguien viniera a la capilla. Sin embargo no lo logré, porque entraron en seguida la Madre Superiora y la hermana sacristana  y algunas otras hermanas. La Madre Superiora se sorprendió de que hubiera tocado algo en el pequeño altar y  que el tiesto hubiera caído; la sacristana mostró su descontento; yo traté de no excusarme ni justificarme. Pero, al anochecer me sentía muy agotada y no pude hacer la Hora Santa, y pedí a la Madre Superiora el permiso de acostarme mas temprano. Una vez acostada, me dormí en seguida; no obstante cerca de las once, Satanás sacudió mi cama. Me desperté inmediatamente y comencé a rezar con calma a mi Ángel Custodio. De súbito vi. las almas que estaban expiando en el purgatorio; su aspecto era como una sombra y entre ellas vi. muchos demonios; uno de ellos trató de molestarme arrojándose en forma de gato sobre mi cama y mis pies, y era tan pesado como si [pesara] algunos pud*.

Todo aquel tiempo rezaba el rosario; de madrugada aquellas figuras se fueron y pude dormirme.  Por la mañana, cuando fui a la capilla, oí en el alma la voz:  Estás unida a Mí y no tengas miedo de nada, pero has de saber, niña Mía, que Satanás te odia; él odia muchas almas, pero arde de un odio particular hacia ti, porque arrancaste a muchas almas de su poder. (* pud – es una antigua medida de peso rusa equivalente a 40 libras)

Jueves Santo, 18 IV  Por la mañana escuché estas palabras:  Desde hoy hasta la Resurrección no sentirás Mi presencia, pero tu alma se llenara de gran añoranza, y en seguida un gran deseo inundo mi alma; sentía la separación del amado Jesús y al acercarse el momento de la Santa Comunión, vi. en el cáliz, en cada Hostia el Rostro doliente de Jesús.  A partir de aquel momento sentí en mi corazón una añoranza aun mayor.
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Viernes Santo. A las tres de la tarde, cuando entré en la capilla, oí estas palabras: Deseo que esta imagen sea venerada en publico. Luego vi al Señor Jesús que agonizaba en la cruz entre terribles tormentos y del Corazón de Jesús salieron estos dos rayos que están en la imagen.
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Sábado. Durante las vísperas vi. al Señor Jesús resplandeciente como el sol, con una túnica clara, y me dijo: Que se alegre tu corazón. Y me inundó una gran alegría y me traspasó totalmente la presencia de Dios que es un tesoro inexplicable para el alma. Cuando esta imagen  fue expuesta, vi. un vivo movimiento de la mano de Jesús que trazó una gran señal de la cruz. Por la noche del mismo día, al acostarme, vi. que la imagen estaba pasando sobre una ciudad y aquella ciudad estaba cubierta de redes y de trampas. Jesús, al pasar cortó todas las redes y por fin trazó una gran señal de la santa cruz y desapareció. Y yo me vi. rodeaba de muchas figuras malignas que ardían de gran odio hacia mí. De sus bocas salían diferentes amenazas, pero ninguna me tocó. Después de un momento esa visión desapareció, pero no pude dormirme durante mucho tiempo.
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26 IV. El viernes, cuando estaba en Ostra Brama durante las solemnidades en las cuales fue expuesta esta imagen, estuve presente en la homilía que dijo mi confesor [166]; la homilía fue sobre la Divina Misericordia, fue la primera de las que exigía el Señor Jesús desde hacia mucho tiempo. Cuando empezó a hablar de esta gran misericordia del Señor, la imagen tomó un aspecto vivo y los rayos penetraron en los corazones de las personas reunidas, pero no en grado igual, unos recibieron más y otros menos. Una gran alegría inundo mi alma viendo la gracia de Dios.

Entonces oí estas palabras:  Tú eres testigo de Mi misericordia, por los siglos estarás delante de Mi trono como un vivo testigo de Mi misericordia.

Terminada la homilía, no esperé el final del oficio, por que tenia prisa para volver a casa. Al dar yo algunos pasos, me cerraron el camino toda una multitud de demonios que me amenazaron con terribles tormentos, y se dejaron oír las voces: Nos has quitado todo por lo que habíamos trabajado tantos años. Cuando les pregunté: ¿De donde llegan en tal multitud? Estas figuras malignas me contestaron: De los corazones humanos, no nos molestes. Viendo su tremendo odio hacia mi, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo: No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin su permiso Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma. Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego.
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Oh Jesús, desearía fatigarme y cansarme, y sufrir durante toda la vida por este único momento en que vi. Tu gloria, Señor, y los beneficios de las almas.
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Domingo, 28 IV 1935 El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio, y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi. al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi. una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable  a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios. 
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29 IV 1935 En víspera de exponer la imagen fui con nuestra Madre Superiora a ver a nuestro confesor. Cuando en la conversación fue abordado el tema de esta imagen, el confesor pidió que una de las hermanas ayudara a trenzar guirnaldas. La Madre Superiora dijo que Sor Faustina ayudaría. Eso me alegró muchísimo. Cuando regresamos a casa me dediqué en seguida a preparar los ramos verdes y con ayuda de una de las alumnas los transportamos. Ayudó también una persona que trabaja cerca de la iglesia. A las siete de la tarde estaba ya todo listo, la imagen estaba ya colgada; sin embargo algunas señoras notaron que yo iba y venia por allí, ya que seguramente mas estorbaba que ayudaba, pues al día siguiente preguntaron a las hermanas ¿qué cosa era aquella bella imagen y qué significado tenia? Ustedes, hermanas, lo sabrán seguramente, porque ayer una de las hermanas la adornaba. Las hermanas muy sorprendidas porque no sabían nada, todas quisieron verla y en seguida sospecharon de mí. Decían: Sor Faustina lo sabrá seguramente todo.

Cuando empezaron a preguntarme, callaba, porque no pude decir la verdad.  Mi silencio incitó su curiosidad; redoblé mi vigilancia para no mentir ni decir la verdad, porque no tenía permiso.  Entonces empezaron a mostrarme su descontento y reprocharme abiertamente:  ¿Cómo  es posible que la gente de fuera lo sepa y nosotras no?  Empezaron diferentes juicios sobre mí.  Sufrí mucho durante tres días, pero una extraña fuerza entró en mi alma.  Me alegré de poder sufrir para Dios y para las almas que habían obtenido su misericordia en esos días.  Al ver tantas almas que habían obtenido la misericordia de Dios en esos días, considero nada las fatigas y el sufrimiento aunque sean las mas grandes y aunque duren hasta el fin del mundo, porque ellos tienen limite mientras las almas que se han convertido [son salvadas] de los tormentos que nunca tienen fin.  Experimentaba un gran gozo viendo a otros que volvía a la fuente de la felicidad, al seno de la Divina Misericordia.

Viendo la dedicación y el empeño del Padre Sopocko en este asunto, admiraba en él su paciencia y su humildad; todo esto costó no sólo mucho empeño y varios disgustos, sino también mucho dinero, y todo lo subvencionó el Padre Sopocko. Veo que la Providencia Divina lo había preparado a cumplir esta obra de la misericordia antes de que yo lo pidiera a Dios. Oh, que misteriosos son Tus caminos, Dios, y felices las almas que siguen la voz de la gracia de Dios.
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Oh alma mía, adora al Señor por todo y glorifica su misericordia, porque su bondad no tiene limites. Todo pasará, pero su misericordia no tiene límites ni fin; si bien la maldad llegue a llenar su medida, en la misericordia no hay medida.

Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres la tierra veo el abismo de Tu misericordia, porque castigándonos aquí en la tierra, nos liberas del castigo eterno.  Alégrense, todas las criaturas, porque están mas cerca de Dios en su infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su madre. 

Oh Dios, que eres la Piedad misma para los más grandes pecadores arrepentidos sinceramente; cuanto más grande es el pecador, tanto mayor es el derecho que tiene a la Divina Misericordia.

En un momento, 12 V 1935. Por la noche, apenas me acosté, me dormí, pero si me dormí rápidamente, más rápidamente todavía fui despertada.  Vino a mí un Niño pequeño y me despertó.  Este Niño podía tener cerca de un año y me sorprendí de que hablara muy bien, ya que los niños de esta edad no hablan nada o hablan de manera poco comprensible.  Era indeciblemente bello, parecido al Niño Jesús y me dijo estas palabras:  Mira al cielo.  Y cuando miré al cielo, vi. las estrellas brillantes y la luna.  Ese Niño me preguntó:  ¿Ves la luna y las estrellas?  Contesté que las veía y Él me replicó con estas palabras:  Aquellas estrellas son las almas de los cristianos fieles y la luna son las almas consagradas.  Ves la gran diferencia de luz que hay entre la luna y las estrellas, igual de grande es en el cielo la diferencia entre el alma de un religioso y la de un cristiano fiel.  Y continúo que la verdadera grandeza está en amar a Dios y en la humildad. Entonces vi. cierta alma que esta separándose del cuerpo en terribles tormentos. Oh Jesús, cuando lo escribo tiemblo toda, viendo las atrocidades que atestiguan contra ella… Vi, como de un abismo barroso salían almas de niños pequeños y más grandes, de unos nueve años. Estas almas eran repugnantes y asquerosas, semejantes a los monstruos mas espantosos, a los cadáveres en descomposición, pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra el alma a la que yo veía agonizando; y el alma a la que veía en agonía era un alma que en el mundo había recibido muchos honores y aplausos, cuyo fin es el vacío y el pecado. Por fin salio una mujer que en una especie de delantal llevaba lagrimas y que atestiguo mucho contra él.
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Oh hora terrible, en la que se nos presentaran todas nuestras obras en su completa desnudez y miseria; ni una de ellas se pierde, nos acompañaran fielmente hasta el juicio de Dios. No tengo palabras ni términos de comparación para expresar cosas tan terribles y aunque me parece que esta alma no esta condenada, no obstante sus tormentos no difieren en nada de los tormentos infernales, con la única diferencia de que un día terminarán. Un momento después vi. nuevamente a ese mismo Niño que me había despertado, y que era de una belleza esplendida, y me repitió estas palabras: La verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad. Pregunté a ese Niño: ¿Cómo sabes que la verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad?, estas cosas las pueden saber solamente los teólogos, mientras Tu ni siquiera has estudiado el catecismo y ¿cómo lo sabes? Y Él me contestó: Lo sé y sé todo, y en aquel momento desapareció. Pero yo no me dormí en absoluto, mi mente estaba cansada de lo que empecé a meditar sobre lo que había visto. Oh, almas humanas, conocen la verdad muy tarde.
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Oh, abismo de la Divina Misericordia, derrámate lo antes posible sobre el mundo entero, según lo que Tu Mismo has dicho.

Mayo de 1935.  En un momento, cuando me di cuenta de los grandes designios de Dios respecto a mi, me asuste de su grandeza y me sentí completamente incapaz de cumplirlos y empecé a evitar interiormente las conversaciones con Él, y sustituía ese tiempo con la oración oral.  Lo hacia de humildad, pero pronto conocí que no era una verdadera humildad, sino una gran tentación de Satanás.  Una vez, cuando en lugar de la oración interior comencé a leer un libro espiritual, oí en el alma estas palabras, explicitas y fuertes:  Preparas al mundo para Mi última venida.  Estas palabras me conmovieron profundamente y aunque fingía  como si no las hubiera oído, no obstante las comprendí bien y no tenia ninguna duda al respecto.  Una vez, cansada de esta lucha de amor con dios y de excusarme constantemente de ser incapaz de cumplir esta obra, quise salir de la capilla, pero alguna fuerza me detuvo, me sentía inmovilizada.  Entonces oí estas palabras:  Piensas salir de la capilla, pero no saldrás de Mí, porque estoy en todas partes; tú sola no podrás hacer nada para ti misma, pero Conmigo puedes todo.

Durante la semana, cuando fui a mi confesor y descubrí el estado de mi alma y especialmente que evito la conversación interior con Dios, recibí la respuesta que no debía evitar la conversación interior con Dios, sino que tenia que escuchar las palabras que me decía. Actué según las indicaciones del confesor y en el primer encuentro con el Señor, caí a los pies de Jesús y con el corazón destrozado pedí perdón por todo. Luego Jesús me levantó del suelo y me sentó a su lado, y me permitió poner la cabeza sobre su pecho para que pudiera comprender y percibir mejor los deseos de su dulcísimo Corazón. Luego Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, no tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo; cualquier adversario te puede hacer daño solamente si Yo se lo permito. Tú eres Mi morada y Mi estable descanso, por ti detengo la mano castigadora, por ti bendigo la tierra. En el mismo instante siento algún fuego en mi corazón, siento que voy a perder los sentidos, no se que pasa alrededor de mi, siento que me traspasa la mirada del Señor, conozco bien su grandeza y mi miseria, un extraño sufrimiento penetra mi alma y un gozo que no logro comparar con nada, me siento inerte en los brazos de Dios, siento que estoy con Él y me disuelvo como una gota de agua en el océano. No se expresar lo que experimento; después de tal plegaria interior siento fuerza y fortaleza para cumplir las mas difíciles virtudes, siento aversión a todas las cosas que el mundo aprecia, con toda mi alma deseo la soledad y el silencio.
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V mayo de 1935. Durante el oficio de cuarenta horas vi. el rostro del Señor Jesús en la Santa Hostia que estaba expuesta en la custodia; Jesús miraba amablemente a todos. A menudo veo al Niño Jesús durante la Santa Misa. Es sumamente bello, en cuanto a la edad, parece que va a cumplir un año. Una vez, al ver el mismo Niño en nuestra capilla durante la Santa Misa, me invadió un fortísimo deseo y ansia irresistible de acercarme al altar y de tomar al Niño Jesús. En el mismo instante el Niño Jesús se puso junto a mi al borde del reclinatorio y con las dos manitas se agarró a mi brazo, encantador y alegre, su mirada llena de profundidad y penetrante. Pero cuando el sacerdote partió la Hostia, Jesús estaba en el altar y fue partido y consumido por aquel sacerdote.

Después de la Santa Comunión vi. al idéntico Jesús en mi corazón y durante todo el día lo sentí física, realmente en mi corazón.  Un recogimiento muy profundo se apodero de mí inconscientemente y no dije a nadie ni una palabra, evitaba en lo posible la presencia de la gente, contestaba siempre a las preguntas relacionadas con mis tareas, fuera de eso ni una palabra.

9 VI 1935. La venida del Espíritu Santo. Al anochecer, cuando pasaba por la huerta, oí estas palabras: Junto con tus compañeras imploraras la misericordia por ustedes y por el mundo. Comprendí que no estaré en la Congregación en la que estoy actualmente. Veo claramente que la voluntad de Dios respecto a mi es otra; sin embargo, me excuso constantemente delante de Dios de que yo soy incapaz de cumplir esta obra. Jesús, es que Tu sabes perfectamente lo que soy, y me puse a enumerar delante del Señor mis insuficiencias y me escondía detrás de ellas para que aceptara mis excusas de que era incapaz de cumplir sus proyectos. Luego oí estas palabras: No tengas miedo, Yo Mismo completare lo que te falta. Estas palabras me penetraron hasta el fondo y conocí aun más mi miseria, conocí que la Palabra del Señor es viva y penetra hasta el fondo. Entendí que Dios exigía de mí un modo de vida más perfecto, sin embargo me excusaba continuamente con mi incapacidad.
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29 VI 1935. Cuando hablaba con el director de mi alma sobre diferentes cuestiones que el Señor exigía de mi, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar. No obstante oí las palabras de que en la mayoría de los casos Dios escogía justamente a tales almas para realizar sus proyectos. Pero este sacerdote era guiado por el Espíritu de Dios, penetro el secreto de mi alma y los mas escondidos secretos que había entre mi y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo mismo no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que lo dijera. El secreto era éste que Dios exigía que hubiera una congregación que proclamara la Divina Misericordia y la implorase para el mundo. Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido tales inspiraciones, contesté que no había tenido órdenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él; me defendía inútilmente diciendo que no tenía una orden precisa, ya que al final de la conversación vi. al Señor Jesús en el umbral, con el mismo aspecto como esta pintado en la imagen, que me dijo: Deseo que haya tal Congregación. Eso duró un momento. Pero no hablé de eso en seguida, tenia prisa de volver a casa y repetía continuamente al Señor: Yo soy incapaz de cumplir Tus proyectos, oh Dios. Pero, lo curioso es que Jesús, sin reparar en esta invocación mía me dio luz y me hizo conocer cuanto le agradaba esta obra y no tomó en consideración mi debilidad, sino que me dio a conocer cuantas dificultades tenia que superar. Y yo, su pobre criatura, no sabía decir otra cosa sino que era incapaz, oh Dios.
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30 VI 1935. Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi. al señor Jesús de una belleza inexpresable. Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras. Mi Espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta al mundo. A través de la oración intermediaras entre la tierra y el cielo. Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión. Jesús desapareció y vi. un gran resplandor. Luego oí estas palabras: Te impartimos nuestra bendición, y en aquel momento de ese resplandor salio un rayo claro y traspaso mi corazón, un extraño fuego se incendio en mi alma, pensaba que moriría de gozo y de felicidad; sentí la separación del espíritu con respecto al cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos.

Temblando de felicidad en los brazos del Creador, sentía que Él Mismo me sostenía para que pudiera soportar la gran felicidad y mirar su Majestad.  Ahora sé que si Él Mismo no me hubiera fortalecido antes con la gracia, mi alma no habría sobrevenido la muerte.  La Santa Misa terminó no sé cuando, porque no era en mi poder notar lo que sucedía en la capilla.  Sin embargo, al volver en mi, sentía la fortaleza y el valor para cumplir la voluntad de Dios, nada me parecía difícil y si antes me excusaba delante del Señor, ahora sentía el animo y la fuerza del Señor que estaban en mi y le dije al Señor:  Estoy preparada para cada señal de Tu voluntad.  Dentro de mí experimenté todo lo que iba a pasar en el futuro.

Oh Creador y Señor mío, aquí tienes todo mi ser. Dispón de mí según Tu divina complacencia y según Tus designios eternos y Tu misericordia insondable. Que cada alma conozca cuan bueno es el Señor; que ninguna alma tenga miedo de tratar con el Señor, y que no se excuse de ser indigna y que nunca aplace para después las invitaciones de Dios, ya que esto no agrada a Dios. No hay alma mas miserable que yo, como verdaderamente me considero, y estoy sorprendida de que la Majestad Divina se humille tanto. Oh eternidad, me parece que eres demasiado corta para glorificar la infinita misericordia del Señor. Una vez, cuando la imagen estaba expuesta en el altar, durante la procesión de Corpus Cristi, cuando el sacerdote expuso el Santísimo Sacramento y el coro empezó a cantar, los rayos de la imagen traspasaron la Santa Hostia y se difundieron sobre el mundo entero. Entonces oí estas palabras: A través de ti, como a través de esta Hostia, los rayos de la misericordia pasaran al mundo. Después de estas palabras un gran gozo penetró en mi alma. En una ocasión, cuando mi confesor  celebraba la Santa Misa, como siempre vi. al Niño Jesús en el altar desde el momento del ofertorio. Pero un momento antes de la elevación el sacerdote desapareció y se quedó Jesús y cuando llegó el momento de la elevación Jesús tomó en sus manitas la Hostia y el Cáliz y los levanto juntos y miró hacia el cielo y un momento después vi. otra vez a mi confesor y pregunté al Niño Jesús donde estaba el sacerdote mientras no lo veía. Y Jesús me contestó: En Mi Corazón. Sin embargo no pude comprender nada más de aquellas palabras de Jesús.
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443Una vez oí estas palabras: Deseo que vivas según Mi voluntad en los más secretos rincones de tu alma. Comencé a meditar estas palabras que llegaron hasta lo más profundo de mi corazón. Aquel día había confesión de la Comunidad. Cuando fui a confesarme, después de acusarme de los pecados, el sacerdote me repitió las palabras que antes me había dicho el Señor. El sacerdote me dijo estas palabras profundas: Hay tres grados en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El primero: es cuando el alma cumple todo lo que está notoriamente comprendido en los reglamentos y en estatutos de la observancia exterior. El segundo grado consiste en que el alma sigue las inspiraciones interiores y las cumple. El tercer grado es aquel en que el alma, entregándose a la voluntad de Dios, le deja la libertad de disponer de ella, y Dios hace con ella lo que le agrada, porque es un instrumento dócil en sus manos. Y me dijo ese sacerdote que yo estaba en el segundo grado del cumplimiento de la voluntad de Dios, y que no tenia todavía el  tercer grado del cumplimiento de la voluntad de Dios; no obstante debía empeñarme para cumplir ese tercer grado de la divina voluntad. Esas palabras penetraron mi alma por completo. Veo claramente que muchas veces Dios da a conocer al sacerdote lo que pasa en el fondo de mi alma; eso no me sorprende nada, mas bien agradezco al Señor que tiene a estos elegidos.
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445 Jueves, Adoración nocturna. Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi. Al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación.  Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas.  El corazón dejaba de latir al ver esos tormentos.  Luego el Señor me dijo estas palabras:  Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo.  Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, son los pecados impuros.  Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación.  Entonces Jesús me dijo:  Mira y ve el género humano en el estado actual.  En un momento vi cosas terribles:  Los verdugos se alejaron de Jesús, y otros hombres se acercaron para flagelar los cuales tomaron los látigos y azotaban al Señor sin piedad.  Eran sacerdotes, religiosos y religiosas y máximos dignatarios de la Iglesia, lo que me sorprendió mucho, eran laicos de diversa edad y condición, todos descargaban su ira en el inocente Jesús.  Al verlo mi corazón se hundió en una especie de agonía; y mientras los verdugos lo flagelaban, Jesús callaba y miraba a lo lejos, pero cuando lo flagelaban aquellas almas que he mencionado arriba, Jesús cerró los ojos y un gemido silencioso pero terriblemente doloroso salió de su Corazón.  Y el Señor me dio a conocer detalladamente el peso de la maldad de aquellas almas ingratas:  Ves, he aquí un suplicio mayor que Mi muerte.  Entonces mis labios callaron y empecé a sentir  en mi la agonía y sentía que nadie me consolaría ni me sacaría de ese estado sino aquel que a eso me había llevado.  Entonces el Señor me dijo:  Veo el dolor sincero de tu corazón que ha dado un inmenso alivio a Mi Corazón, mira y consuélate. Entonces vi. a Jesús clavado en la cruz. Después de estar Jesús colgado en ella un momento, vi. toda una multitud de almas crucificadas como Jesús. Vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas. La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz detrás de si y estaban descontentas. Entonces Jesús me dijo: Ves, esas almas que se parecen a Mi en el sufrimiento y en desprecio, también se parecerán a Mi en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mi en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria. La mayor parte de las almas crucificadas pertenecían al estado eclesiástico; vi también almas crucificadas que conozco y eso me dio mucha alegría.  De repente Jesús me dijo:  En la meditación de mañana reflexionaras sobre lo que has visto hoy.  Y en seguida el Señor Jesús desapareció. Viernes. Estaba enferma y no pude ir a la Santa Misa. A las siete de la mañana vi a mi confesor celebrando la Santa Misa durante la cual veía al Niño Jesús. Al final de la Santa Misa la visión desapareció y me vi, como antes, en la celda. Me llenó una alegría inexpresable de que aunque no pude asistir a la Santa Misa en nuestra capilla, la escuché de una iglesia muy lejana. Jesús puede solucionar todo.
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30 de julio de 1935. Dio de San Ignacio. Recé fervorosamente a este Santo reprochándole ¿Cómo podía mirarme y no venia en ayuda en las cuestiones tan importantes como lo es el cumplimiento de la voluntad de Dios? Le decía a este Santo: Oh nuestro Patrono, que has sido inflamado por el fuego del amor y del celo por la mayor gloria de Dios, te ruego humildemente, ayúdame a cumplir los designios de Dios. Fue durante la Santa Misa. Entonces al lado izquierdo del altar vi a San Ignacio con un gran libro en la mano, diciéndome estas palabras: Hija mía, no soy indiferente a tu causa. Esta regla se puede aplicar también a esta Congregación: indicando el libro con la mano desapareció. Me alegré muchísimo viendo cuanto los santos piensan en nosotros y lo estrecha que es la unión con ellos. Oh bondad de Dios, que bello es el mundo interior porque ya aquí en la tierra nos relacionamos con los santos. Durante el día entero sentí la cercanía de este querido Patrono mío.
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5 de agosto de 1935: Fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Me preparé para esta fiesta con mayor fervor que en los años anteriores. En la mañana de ese día experimenté la lucha interior al pensar que debía abandonar esta congregación que goza de la protección especial de Maria. En esta lucha transcurrió la meditación, la primera Santa Misa, durante la segunda Santa Misa rezaba a la Santísima Madre, diciéndole que me es difícil separarme de la Congregación que esta bajo Tu protección especial, oh Maria. Entonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras: Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios. El alma mas querida para mi es aquella que cumple fielmente la voluntad de Dios. Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos. Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás.
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Adoración nocturna. Me sentía muy sufriente y me parecía que no podría ir a la adoración, sin embargo reuní toda la fuerza de mi voluntad y a pesar de haberme caído en la celda, no reparaba en lo que me dolía teniendo delante de los ojos la Pasión de Jesús.  Al venir a la capilla entendí interiormente lo grande que es la recompensa que Dios nos prepara, no solamente por las buenas obras, sino también por el sincero deseo de cumplirlas.  Qué gracia más grande de Dios es ésta. Oh, que dulce es trabajar por Dios y para las almas.  No quiero descansar en el combate, sino que lucharé hasta el último soplo de vida por la gloria de mi Rey y Señor.  No rendiré la espada hasta que me llame delante de su trono; no temo los golpes porque Dios es mi escudo.  El enemigo debe tener miedo de nosotros y no nosotros del enemigo.  Satanás vence solamente a los soberbios y a los cobardes, porque los humildes tienen la fortaleza.  Nada confunde ni asusta a un alma humilde.  He dirigido mi vuelo hacia el ardor mismo del sol y nada logrará bajármelo.  El amor no se deja encarcelar, es libre como una reina, el amor llega hasta Dios. Una vez, después de la Santa Comunión, oí estas palabras: Tú eres nuestra morada. En aquel momento sentí en el alma la presencia de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, me sentía el templo de Dios, sentía que era hija del Padre; no se explicar todo, pero el espíritu lo entiende bien. Oh bondad infinita, cuánto Te humillas hasta una miserable criatura. Si las almas quisieran vivir en el recogimiento, Dios les hablaría en seguida, ya que la distracción sofoca la voz de Dios. Una vez el Señor me dijo: ¿Por qué tienes miedo y tiemblas cuando estás unida a Mí? No Me agrada el alma que se deja llevar por inútiles temores. ¿Quién se atreve a tocarte cuando estás Conmigo? El alma mas querida para Mi es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide. En cierta ocasión el Señor me dijo: Hija Mía, toma las gracias que la gente desprecia; toma cuantas puedas llevar. En aquel instante mi alma fue inundada del amor de Dios. Siento que estoy unida al Señor tan estrechamente que no cuento palabra con las cuales podría expresar bien esta unión; siento que todo lo que Dios tiene, todos los bienes y los tesoros, son míos, aunque me ocupo poco de ellos, ya que me basta solamente Él. En Él veo todo, fuera de Él, nada.

No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios.  Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él, aquí existe mi relación mas intima con Él, aquí vivo con Él segura, aquí no llega la mirada humana.  La Santísima Virgen me anima a relacionarme así con Él.

Ahora ya no me da amargura cuando padezco un sufrimiento, ni tampoco las grandes consolaciones me exaltan; se han adueñado de mi la paz y el equilibrio del espíritu que proviene del conocimiento de la verdad.

¿Qué me importa vivir rodeada de corazones enemigos, si tengo la plenitud de la felicidad en mi alma?  O también, ¿a qué me ayudará la bondad de otros corazones, si no tengo a Dios en mi interior?  Teniendo a Dios en mi interior ¿Quién puede perjudicarme de algún modo? JMJ Vilna, 12 VIII 1935

Ejercicios espirituales de tres días. Al anochecer del día anterior a los ejercicios espirituales, durante la asignación nocturna de los puntos de la meditación, oí estas palabras:  Durante estos ejercicios espirituales te hablaré por boca de este sacerdote para asegurarte y fortalecerte sobre la veracidad de Mis palabras con las cuales hablo en el fondo de tu alma.  Aunque estos ejercicios espirituales los hacen todas las hermanas, no obstante tengo una atención especial por ti para fortalecerte y hacerte impávida frente a todas las contrariedades que te esperan; por eso escucha atentamente sus palabras y medítalas en el fondo de tu alma.

Oh, cómo quedé sorprendida, dado que todo lo que el Padre decía sobre la unión con dios y sobre los impedimentos en esta estrecha unión, yo lo experimentaba exactamente en el alma y lo oía de Jesús que hablaba en el fondo de ella. La perfección consiste en esta estrecha unión con Dios. En la meditación de las diez, el sacerdote habló de la misericordia de Dios y de la bondad de Dios para con nosotros. Dijo que cuando examinamos la historia de la humanidad, a cada paso vemos esta gran bondad de Dios. Todos los atributos de Dios, tales como la omnipotencia, y la sabiduría contribuyen a revelarnos este máximo atributo, es decir, la bondad de Dios. La bondad divina es el mayor atributo de Dios. Sin embargo, muchas almas que tienden a la perfección, no conocen esta gran bondad de Dios. Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la bondad de Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho y se refería exactamente a la Fiesta de la Misericordia. Ahora de verdad he comprendido claramente lo que el Señor me prometió y no tengo ninguna duda, la Palabra de Dios es clara y explicita. Durante toda la meditación vi al Señor Jesús sobre el altar, con una túnica blanca, teniendo en la mano mi cuaderno en el que estoy escribiendo estas cosas. Durante toda la meditación Jesús hojeaba las páginas del cuaderno y callaba, pero mi corazón no lograba soportar el ardor que se había incendiado en mi alma. A pesar de los esfuerzos de la voluntad para dominarme y para no dejar conocer a los que me rodeaban lo que pasaba en mi alma, al final de la meditación sentí que no dependía de mí en absoluto. De repente Jesús me dijo: No has escrito en este cuaderno todo sobre Mi bondad hacia los hombres; deseo que no omitas nada; deseo que tu corazón esté basado en una completa tranquilidad.
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Oh Jesús, mi corazón deja de latir cuando contemplo todo lo que haces por mí. Te admiro, Señor, por humillarte tanto hasta mi alma miserable. Qué métodos inexplicables usas para convencerme. Por primera vez en mi vida tengo los ejercicios espirituales de este tipo: cada palabra del sacerdote la entiendo de modo singular y claro, ya que todo esto lo viví antes en mi alma. Ahora veo que Jesús no deja en incertidumbre a un alma que lo ama sinceramente. Jesús desea que un alma que se relaciona con Él estrechamente, esté plenamente tranquila, a pesar de los sufrimientos y las contrariedades. Ahora comprendo bien que lo que une mas estrechamente el alma a Dios es negarse a si mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios. Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte. Jesús me dijo que si tengo alguna duda respecto a esta Fiesta o a la fundación de esta Congregación, o respecto a cualquier cosa de que te hablé en el fondo de tu alma, te contestaré en seguida por la boca de este sacerdote. Durante una meditación sobre la humildad me volvió la vieja duda de que un alma tan miserable como la mía, no cumpliría la tarea que el Señor exigía. En el mismo momento en que yo analizaba esa duda, el sacerdote que predicaba los ejercicios espirituales, interrumpió el tema de la predica y dijo justamente lo que yo tenia en duda, es decir, que Dios elige generalmente a las almas mas débiles y mas simples como instrumentos para realizar sus obras mas grandes, y ésta es una verdad incontestable. Veamos a quiénes eligió como Apóstoles, o veamos la historia de la Iglesia, qué obras tan grandes realizaron las almas que eran las menos aptas para hacerlo, porque justamente en esa forma las obras de Dios se revelan como tales. Cuando mi duda cedió completamente, el sacerdote volvió al tema sobre la humildad. Jesús, como siempre durante cada predica, estaba en el altar y no me decía nada, sino que con su mirada penetraba amablemente mi pobre alma queyano tenia ninguna excusa. Jesús, Vida mía, siento bien que me estas transformando en Ti, en lo secreto del alma donde los sentidos perciben muy poco. Oh Salvador mío, escóndeme entera en lo profundo de Tu corazón y protégeme con Tus rayos de todo lo que me aleja de Ti, Te suplico, oh Jesús, que estos dos rayos que salieron de Tu Misericordiosísimo corazón, alimenten continuamente mi alma. El momento de la confesión. El confesor me pregunto si en aquel momento estaba Jesús y si lo veía.  Si, está y lo veo.  Me ordenó preguntar por ciertas personas, Jesús no me contestó nada, pero lo miró.  Pero terminada la confesión, mientras hacia la penitencia, Jesús, me dijo estas palabras:  Ve y consuélalo de Mi parte.  Sin entender el significado de estas palabras, en seguida repetí lo que Jesús me había ordenado. Durante todo el tiempo de los ejercicios espirituales estuve sin cesar en contacto con Jesús y me uní a Él con toda la fuerza de mi corazón. El día de la renovación de los votos. Al comienzo de la Santa Misa como siempre vi a Jesús que nos bendijo y entró en el tabernáculo. Luego vi a la Santísima Virgen con una túnica blanca, un manto, azul, y la cabeza descubierta, que desde el altar se me acercó, me tocó con sus manos, me cubrió con su manto, y me dijo: Ofrece estos votos por Polonia. Reza por ella. 15 VIII.
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En la noche del mismo día sentí en el alma una gran nostalgia de Dios; no lo veo con los ojos del cuerpo como antes, sino que lo siento y no comprendo; eso me produce un anhelo y un tormento indescriptibles. Me muero del deseo de poseerlo para sumergirme en Él por la eternidad. Mi espíritu tiene a Él con todas las fuerzas, no hay nada en el mundo que pueda consolarme.

Oh Amor Eterno, ahora entiendo en qué estrechas relaciones de intimidad estaba mi corazón Contigo.  ¿Qué podrá satisfacerme en el cielo o en la tierra fuera de Ti?, oh Dios mío, en Quien se ahogó mi alma.

Una noche, cuando desde mi celda miré al cielo y vi un esplendido firmamento sembrado de estrellas y la luna, de repente entró en mi alma el fuego de amor inconcebible hacia mi Creador, y sin saber soportar el deseo que había crecido en mi alma hacia Él, me caí de cara al suelo humillándome en el polvo. Lo adoré por todas sus obras y cuando mi corazón no pudo soportar lo que en él pasaba, irrumpí en llanto. Entonces me tocó el Ángel Custodio y me dijo estas palabras: El Señor me hace decirte que te levantes del suelo. Lo hice inmediatamente, pero mi alma no tuvo consuelo. El anhelo de Dios me invadió aun más. Un día en que estaba en la adoración, y mi espíritu como si estuviera en agonía añorándolo a Él y no lograba retener las lágrimas, vi a un espíritu de gran belleza, que me dijo estas palabras: No llores, dice el Señor. Un momento después pregunté: ¿Quién eres? Y él me contestó: Soy uno de los siete espíritus que día y noche están delante del trono de Dios y lo adoran sin cesar. Sin embargo este espíritu no alivio mi añoranza, sino que suscitó en mí un anhelo más grande de Dios. Este espíritu es muy bello y su belleza se debe a una estrecha unión con Dios. Este espíritu no me deja ni por un momento, me acompaña en todas partes. Al día siguiente, durante la Santa Misa, antes de la elevación, aquel espíritu empezó a cantar estas palabras: Santo, Santo, Santo. Su voz era como miles de voces, imposible describirlo. De repente mi espíritu fue unido a Dios, en un momento vi la grandeza y la santidad inconcebibles de Dios y al mismo tiempo conocí la nulidad que soy de por mi. Conocí mas claramente que en cualquier otro momento del pasado, las Tres Personas Divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sin embargo su esencia es Una, como también la igualdad y la Majestad. Mi alma se relaciona con las Tres Personas, pero no logro explicarlo con palabras, pero el alma lo comprende bien. Cualquiera que esté unido con una de estas Tres Personas, por este mismo hecho está unido con toda la Santísima Trinidad, porque su unidad es indivisible. Esa visión, es decir, ese conocimiento inundó mi alma de una felicidad inimaginable, por ser dios tan grande. Lo que he descrito arriba, no lo vi con los ojos, como anteriormente, sino dentro de mí, de modo puramente espiritual e independiente de los sentidos. Eso duró hasta el fin de la Santa Misa.

Ahora, esto me sucede a menudo y no solamente en la capilla, sino también durante el trabajo y cuando menos lo espero.

Cuando nuestro confesor estaba ausente, yo me confesaba con el arzobispo. Al descubrirle mi alma, recibí esta respuesta: Hija mía, ármate de mucha paciencia, si estas cosas vienen de Dios, tarde o temprano, se realizaran y te digo estar completamente tranquila. Yo, hija mía, te entiendo bien en estas cosas; y ahora, en cuanto al abandono de la Congregación y la idea de fundar otra, ni siquiera pienses en esto, ya que seria una grave tentación interior. Terminada la confesión, le dije a Jesús: ¿Por qué me mandas hacer estas cosas y no me das la posibilidad de cumplirlas? De repente, después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús en la misma capilla en la que me había confesado, con el mismo aspecto con el que está pintado en esta imagen; el Señor me dijo: No estés triste, le haré comprender las cosas que exijo de ti. Cuando salíamos, el arzobispo estaba muy ocupado pero nos dijo volver y esperar un momento. Cuando entramos otra vez en la capilla, oí en el alma estas palabras: Dile lo que has visto en esta capilla. En aquel momento entró el arzobispo y preguntó si no teníamos nada que decirle. Sin embargo, aunque tenía la orden de hablar, no pude porque estaba en compañía de una de las hermanas. Todavía una palabra sobre la confesión: Impetrar la misericordia para el mundo, es una idea grande y bella, ruegue mucho, hermana, por la misericordia para los pecadores, pero hágalo en su propio convento.
El día siguiente, viernes 13 XI 1935. Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios.  Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salía rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra.  Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia.  Pero mi suplica era nada comparada con la ira de Dios.  En aquel momento vi a la Santísima Trinidad.  La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria.  En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios.  Oh, que grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad.  No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es.  Me puse a rogar  a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mi.

Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados.  Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces.  Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero.  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.

A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior:  Cuantas veces entres en la capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer.  Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras:  Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente:  primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás las siguientes palabras:  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.  Para terminar, dirás tres veces estas palabras:  Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

El silencio es una espada en la lucha espiritual;  un alma platicadora no alcanzará la santidad.  Esta espada del silencio cortará todo lo que quiera pegarse al alma.  Somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sensibles, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos. El alma silenciosa es fuerte; ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio. El alma silenciosa es capaz de la mas profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo.  En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos.

Oh Jesús mío, Tu sabes, solamente Tú sabes bien que mi corazón no conoce otro amor fuera de Ti.  Todo mi amor virginal es anegado en ti, oh Jesús, por la eternidad.  Siento bien que Tu Sangre divina circula en mi corazón; no hay duda alguna que con Tu preciosísima Sangre ha entrado en mi corazón Tu purísimo Amor.  Siento que moras en mí con el Padre y el Espíritu Santo o más bien siento que yo vivo en Ti, oh Dios inimaginable.  Siento que me disuelvo en Ti como una gota en el océano.  Siento que estas fuera de mí y en mis entrañas, siento que estas en todo lo que me rodea, en todo lo que me sucede.  Oh Dios mío, Te he conocido dentro de mi corazón y Te he amado por encima de cualquier cosa que exista en la tierra o en el cielo.  Nuestros corazones se entienden mutuamente, pero ningún hombre lo comprenderá.

La segunda confesión con el arzobispo.  Has de saber, hija mía, que si ésta es la voluntad de Dios, tarde o temprano, se realizara, porque la voluntad de Dios tiene que cumplirse.  Ama a Dios en tu corazón, ten… la frase queda interrumpida.

29 IX Fiesta de San Miguel Arcángel.  He quedado unida íntimamente a Dios.  Su presencia me penetra profundamente y me llena de serenidad, de alegría y de asombro.  Después de esos momentos de plegaria estoy llena de fuerza, de una valentía misteriosa para afrontar sufrimientos y la lucha; nada me espanta, aunque el mundo entero esté en contra de mí; todas las contrariedades tocan la superficie, pero no tienen acceso a mi interior, porque allí mora Dios que me da fuerza, que me colma.  Contra su escabel se estrellan todas las emboscadas del enemigo.  En estos momentos de la unión Dios me sostiene con su poder; me da su poder, y me capacita para amarlo.  El alma nunca lo alcanza con sus propios esfuerzos.  Al comienzo de esta gracia interior, me llenaba el miedo y empecé a guiarme, es decir dejarme llevar por el temor, pero poco después el Señor me dio a conocer cuanto eso le desagradaba.  Pero también esto lo decidió Él Mismo, mi tranquilidad.

Casi cada solemnidad en la santa Iglesia me da un conocimiento mas profundo de Dios y una gracia especial, por eso me preparo a cada solemnidad y me uno estrechamente al espíritu de la Iglesia.  Qué alegría ser una hija fiel de la Iglesia.  Oh, cuanto amo a la santa Iglesia y a todos quienes viven en ella.  Los miro como miembros vivos de cristo que es su Cabeza.  Me inflamo de amor con los que aman, sufro con los que sufren, el dolor me consume mirando a los tibios y a los ingratos; entonces procuro un amor tan grande hacia Dios que compense por aquellos que no lo aman, que alimentan a su Salvador con negra ingratitud.

Oh Dios mío, estoy consciente de mi misión en la santa Iglesia.  Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo.  Me uno estrechamente a Jesús y me presento como victima que implora por el mundo.  Dios no me rehusará nada cuando le suplico con la voz de Su Hijo.  Mi sacrificio es nada por si mismo, pero cuando lo uno al sacrificio de Jesús, se hace omnipotente y tiene la fuerza para aplacar la ira divina.  Dios nos ama en Su Hijo, la dolorosa Pasión del Hijo de Dios es un continuo aplacamiento de la ira de Dios.

Oh Dios, cuanto deseo que las almas Te conozcan, que sepan que las Te conozcan, que sepan que las creaste por Tu amor inconcebible; oh Creador y Señor, siento que descorreré las cortinas del cielo para que la tierra no dude de Tu bondad.

Haz de mi, oh Jesús, una victima agradable y pura delante del Rostro de Tu Padre.  Oh Jesús, transfórmame miserable y pecadora, en Ti, ya que Tú puedes todo y entrégame a Tu Padre Eterno.  Deseo transformarme en la hostia expiatoria delante de Ti, pero en una hostia no consagrada delante de los hombres; deseo que la fragancia de mi sacrificio sea conocida sólo por Ti, Oh Dios Eterno, arde en mi el fuego inextinguible de la suplica por Tu misericordia; siento y comprendo que ésta es mi tarea, aquí y en la eternidad.  Tú Mismo me has ordenado hablar de esta gran misericordia Tuya y de Tu bondad.

En cierta ocasión comprendí, cuánto le desagrada a Dios la acción, aunque sea la más laudable, sin el sello de la intención pura; tales acciones incitan a Dios más bien al castigo que a la recompensa. Que en nuestra vida las haya lo menos posible, mientras en la vida religiosa no deberían existir en absoluto. Con igual disposición recibo la alegría y el sufrimiento, la alabanza y la humillación; recuerdo que la una y la otra son pasajeras. ¿Qué me importa lo que digan de mí? Ya hace mucho he renunciado de todo lo que concierne a mi persona. Mi nombre es hostia, es decir, victima, pero no en la palabra sino en la acción, en el anonadamiento de mi misma, en asemejarme a Ti en la cruz, oh Buen Jesús y Maestro mío.
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Oh Jesús, cuando vienes a mi en la Santa Comunión, Tu que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento. Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él. Cuando me duermo, le ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Él sin decir una palabra. Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día mas, que una vez mas va a repetirse en mi el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez mas delante de mis ojos va a repetirse su dolorosa Pasión. Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas. Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes. En los sufrimientos del alma o del cuerpo trato de callar porque entonces mi espíritu adquiere fortaleza que viene de la Pasión de Jesús. Delante de mis ojos tengo siempre su Rostro doloroso, insultado y desfigurado, su Corazón divino, traspasado por nuestros pecados y especialmente por la ingratitud de las almas elegidas. Doble advertencia para que me preparase a los sufrimientos que me esperaban [en] Varsovia; la primera advertencia fue interior, a través de una voz, escuchada, la segunda fue durante la Santa Misa. Antes de la elevación vi a Jesús crucificado que me dijo: Prepárate a los sufrimientos. Agradecí al Señor esta gracia de haberme advertido y le dije al Señor que seguramente no sufriré más que Tu, Salvador mío. No obstante me lo tomé a pecho e iba fortaleciéndome con la plegaria y con pequeños sufrimientos para poder soportar mayores cuando llegasen.
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19 X 1935 Salida de Vilna a Cracovia para los ejercicios espirituales de ocho días. El viernes por la noche durante el rosario cuando pensaba en el viaje del día siguiente y en la importancia de la cuestión que iba a presentar al Padre Andrasz, me invadió el miedo viendo claramente mi miseria y mi inaptitud frente a la grandeza de la obra de Dios.  Aplastada por ese sufrimiento, me sometí a la voluntad de Dios.  En aquel instante vi a Jesús junto a mi reclinatorio, con una túnica clara, y me dijo estas palabras:  ¿Por qué tienes miedo de cumplir Mi voluntad?  ¿Crees que no te ayudaré como hasta ahora?  Repite cada exigencia Mía delante de aquellos que Me sustituyen en la tierra y haz solamente lo que te manden.  En aquel momento una [gran] fuerza entró en mi alma. A la mañana siguiente vi. al Ángel Custodio que me acompañó en el viaje hasta Varsovia. Cuando entramos al convento desapareció. Cuando pasábamos junto a una pequeña capillita para saludar a las Superioras, en un momento me envolvió la presencia de Dios y el Señor me llenó del fuego de su amor. En tales momentos siempre conozco mejor la grandeza de su Majestad.

Al subirnos al tren de Varsovia a Cracovia, vi nuevamente a mi Ángel Custodio junto a mí, que rezaba contemplando a Dios, y mi pensamiento lo siguió, y cuando entramos en la puerta del convento desapareció.

Al entrar en la capilla, la Majestad de Dios me envolvió otra vez, me sentía sumergida totalmente en dios, toda sumergida en Él y penetrada, viendo cuánto el Padre Celestial nos ama. Oh, qué gran felicidad llena mi alma por el conocimiento de Dios, de la vida de Dios. Deseo compartir esta felicidad con todos los hombres, no puedo encerrar esta felicidad en mi corazón solamente, porque sus rayos me queman y hacen estallar mi pecho y mis entrañas. Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios. Oh sacerdotes, ayúdenme en esto, usen las palabras mas convincentes sobre su misericordia, porque toda expresión es muy débil para expresar lo misericordioso que es.  JMJ  Cracovia 20 X 1935
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Ejercicios espirituales de ocho días
Oh Dios Eterno, Bondad misma, inconcebible en Tu misericordia por ninguna mente humana ni angélica, ayúdame, una niña débil, a cumplir Tu santa voluntad, tal y como me la das a conocer.  No deseo otra cosa que cumplir los deseos de Dios.  He aquí, Señor, mi alma y mi cuerpo, mi mente y mi voluntad, mi corazón y todo mi amor y dispón de mí según Tus eternos designios.
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Después de la Santa Comunión mi alma fue inundada nuevamente por el amor de Dios. Gozo de su grandeza; aquí veo claramente su voluntad la cual debo cumplir y a la vez veo mi debilidad y mi miseria, veo que sin su ayuda no puedo hacer nada. En el segundo día de los ejercicios espirituales. Antes de ir al locutorio del Padre Andrasz, sentí el miedo debido a que, después de todo, el secreto existe solamente en el confesionario; fue un temor infundado.  La madre Superiora me tranquilizó con una sola palabra.  Pero cuando entré en la capilla, oí en el alma estas palabras:  Deseo que para con Mí suplente seas tan sincera y simple como una niña, así como eres Conmigo; de lo contrario te abandonaré y no Me relacionaré contigo. De veras, Dios me concedió esta gran gracia de la confianza absoluta y, terminada la conversación, Dios me concedió la gracia de una profunda serenidad y de luz respecto a estas cosas.
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Oh Jesús, Luz eterna, ilumina mi mente, fortalece mi voluntad e incendia mi corazón. Quédate conmigo como me has prometido, porque sin Ti no soy nada. Tú sabes, oh Jesús mío, lo débil que soy seguro que no tengo que decírtelo, ya que tú eres quien sabe mejor lo miserable que soy. En Ti toda mi fuerza. El día de la confesión. Desde la primera hora empecé a sentir la lucha interior tan fuerte como nunca antes.  El abandono total de parte de Dios; sentí toda la debilidad que soy, me agobiaban los pensamientos:  ¿Por qué debería abandonar este convento donde me quieren las hermanas y las Superioras?, la vida es tan tranquila; ligada por los votos perpetuos, cumplo mis deberes con facilidad; ¿por qué escuchar la voz de la conciencia? ¿por qué seguir fielmente la inspiración?  ¿quién sabe de quién proviene?  ¿no es mejor comportarme como todas las hermanas?  Quizá pueda sofocar las palabras del Señor, sin hacerles caso.  Quizá Dios no me pida hacer cuentas de ellas en el día del juicio.  ¿A dónde me llevará esta voz interior?  Si la sigo, me esperan terribles tribulaciones, sufrimientos y contrariedades; tengo miedo del futuro y en el día de hoy estoy agonizando.

Ese sufrimiento duró el día entero con igual tensión.  Al anochecer, al acercarme a la confesión, a pesar de haberme preparado antes, no pude confesarme en absoluto; recibí la absolución, me alejé sin saber lo que pasaba conmigo.  Al acostarme, el sufrimiento creció al máximo grado, o mejor dicho se transformó en un fuego que como un relámpago penetró todas las facultades del alma, hasta la medula de los huesos, hasta la más secreta célula del corazón.  En ese sufrimiento no lograba hacer nada:  Que se haga Tu voluntad, Señor; pero en algunos momentos ni siquiera pude pensar en eso; de verdad, me ahogaba un miedo mortal y me tocaba el fuego infernal.  En la madrugada reinó el silencio y los sufrimientos desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, pero sentía un agotamiento tan tremendo que no pude hacer el mas pequeño movimiento; poco a poco me volvía las fuerzas mientras hablaba con la Madre Superiora, pero solamente Dios sabe cómo me sentí durante todo el día.

Oh Verdad eterna, Palabra encarnada que has cumplido la voluntad de Tu Padre de manera mas fiel, hoy me vuelvo mártir de Tus inspiraciones por no poder realizarlas, visto que carezco de mi propia voluntad; a pesar de conocer claramente Tu santa voluntad  dentro de mi, me someto en todo a la voluntad de las Superioras y del confesor; yo la cumpliré en la medida en que Tu me lo permitas por medio de Tu representante. Oh Jesús mío, antepongo la voz de la Iglesia a la voz con la cual Tú me hablas. Después de la Santa Comunión. Vi a Jesús, como siempre, diciéndome estas palabras:  Apoya tu cabeza en Mi brazo y descansa y toma fuerza.  Yo estoy siempre contigo.  Dile al amigo de Mi Corazón, dile, que Me sirvo de tan débiles criaturas para realizar Mis obras.  Después mi espíritu fue fortalecido con una extraña fuerza.  Dile que le permití conocer tu debilidad en la confesión, lo que eres por ti misma. Cada lucha mantenida con valentía me trae alegría y paz, luz y experiencia, animo para el futuro, honor y gloria a Dios y a mí la recompensa final. Hoy es la fiesta de cristo Rey Durante la Santa Misa rogué con fervor que Jesús sea el Rey de todos los corazones, que la gracia de Dios resplandezca en cada alma. Entonces vi a Jesús, tal y como está pintado en esta imagen, diciéndome estas palabras: Hija Mía, Me rindes la mayor gloria cumpliendo fielmente Mis deseos.
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Oh, qué grande es Tu belleza, Jesús, Esposo mío, Flor viva, vivificante, en la que está encerrado el rocío que da la vida al alma sedienta. En Ti se sumergió mi alma. Tu solamente eres el objeto de mis aspiraciones y de mis deseos, úneme lo mas estrecho posible a Ti y al Padre y al Espíritu Santo para que viva y muera en Ti. Sólo el amor tiene importancia, es él que eleva nuestras más pequeñas acciones hasta la infinidad.
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Oh Jesús mío, de verdad, yo no sabría vivir sin Ti, mi espíritu se ha fundido con el Tuyo. Nadie lo comprenderá bien, primero hay que vivir de Ti para conocerte en los demás.
Cracovia 25 X 1935 Propósitos después de los ejercicios espirituales.

No hacer nada sin el permiso del confesor y la aceptación de las Superioras en todo y especialmente en las inspiraciones y las exigencias del Señor. Todos los momentos libres los pasaré con el Huésped Divino dentro de mí; procuraré mantener el silencio interior y exterior para que Jesús descanse en mi corazón. Mi descanso mas grato será en servir y ser disponible a las hermanas. Olvidarme de mi misma y  pensar en agradar a las hermanas. No me justificaré ni excusaré de ningún reproche que me hagan, permitiré juzgarme por cualquiera y  en cualquier modo. Tengo a un solo Confidente a quien revelo todo y lo es Jesús en la Eucaristía y en substitución de Él, el confesor. En todos los sufrimientos del alma o del cuerpo, en las tinieblas o en el abandono me callaré como una paloma sin quejarme.  Me anonadaré en cada momento como una victima postrándome a sus pies para impetrar misericordia por las pobres almas.

Toda mi nulidad se ahoga en el mar de Tu misericordia; con la confianza del niño me arrojo entre Tus brazos, Padre de Misericordia, para compensarte de la desconfianza de tantas almas que tienen miedo de confiar en Ti. Oh, qué pequeño es el numero de almas que Te conocen verdaderamente. Oh, cómo deseo que la Fiesta de la Misericordia sea conocida por las almas. La misericordia es la corona de Tus obras; Tú dispones todo con el cariño de la madre más tierna. JMJ  Cracovia 27 X 1935.  Padre Andrasz – consejo espiritual.

No hacer nada sin el consentimiento de las Superioras.  Esta cuestión hay que reflexionarla bien y rezar mucho.  En estas cosas hay que ser muy prudente, ya que usted, hermana, tiene aquí la voluntad de Dios segura y evidente, porque está unida a esta orden por los votos, perpetuos además; pues no debe haber dudas, y lo que tiene dentro de si, son apenas relámpagos de la creación de algo.  Dios puede hacer algún cambio, pero estas cosas suceden muy raramente.  Hasta que usted no reciba un conocimiento más evidente, no tenga prisa.  Las obras de Dios van lentamente; si son de Dios, los conocerá claramente y si no, se esfumarán y usted obedeciendo no se extraviará.  Pero debe hablar de todo sinceramente con el confesor y escucharlo ciegamente.

Ahora no le queda, hermana, otra cosa que aceptar el sufrimiento hasta que esto se aclare, es decir, hasta la solución de este problema.  Su disposición respecto a estas cosas es buena y siga así, llena de sencillez y de espíritu de obediencia es una buena señal.  Si usted, hermana, sigue en esta disposición, Dios no le permitirá extraviarse; en la medida en que es posible, mantenerse alejada de estas cosas y si, a pesar de eso, suceden, tomarlas con tranquilidad, no tener miedo de nada.  Está en las buenas manos de Dios tan bueno.  En todo lo que me ha dicho, no veo ninguna ilusión ni contradicción a la fe:  éstas son las cosas buenas de por si y hasta seria bueno que hubiera un grupo de almas que pidieran a Dios por el mundo, porque todos necesitamos oraciones.  Tiene un buen director espiritual y aténgase a él y esté tranquila.  Sea fiel a la voluntad de Dios y cúmplala.  En cuanto a las tareas, haga lo que manden, tal y como lo manden aunque fuera una cosa mas humillante y penosa.  Elija siempre el último lugar y entonces le dirán: Siéntate mas arriba.  En el alma y en el comportamiento debe considerarse la ultima de toda la casa y de toda la Congregación.  En todo y siempre la máxima fidelidad a Dios.

Deseo, Jesús mío, sufrir y arder con el fuego del amor en todos los acontecimientos de la vida.  Pertenezco a Ti entera, deseo abismarme en Ti, oh Jesús, deseo perderme en Tu divina belleza.  Tú me persigues, Señor, con Tu amor, como un rayo del sol penetras dentro de mí y transformas la oscuridad de mi alma en Tu claridad.  Siento bien que vivo en Ti como una chispa pequeñita absorbida por un ardor increíble, en que Tú ardes, oh Trinidad impenetrable.  No existe un gozo mayor que el amor de Dios.  Ya aquí en la tierra podemos gustar la vida de los habitantes del cielo por medio de una estrecha unidad con Dios, misteriosa y a veces inconcebible para nosotros.  Se puede obtener la misma gracia con la simple fidelidad del alma.

Cuando se apodera de mi el sentido de desgana y de monotonía en cuanto a mis deberes, entonces me recuerdo de que estoy en la casa del Señor donde no hay nada pequeño, donde de la pequeña acción mía, llevada acabo con la intención dirigida al cielo, puede depender la gloria de la Iglesia y el progreso de mas de un alma, pues no hay nada pequeño en el convento.
Entre las contrariedades que estoy experimentando, recuerdo que el tiempo de la lucha no ha terminado, me armo de paciencia y de este modo venzo a mi adversario.
No busco con curiosidad la perfección en ninguna parte, sino que penetro en el espíritu de Jesús y contemplo sus acciones que tengo relatadas en el evangelio y aunque viviera mil años, no agotaría lo que en él esta contenido. Cuando mis intenciones no son aceptadas y [mas bien] condenadas, no me sorprendo mucho, ya que sé que solamente Dios penetra mi corazón. La verdad no se pierde y el corazón herido se tranquilizara con el tiempo y mi espíritu se fortalece en las contrariedades. No siempre escucho lo que me dice el corazón, sino que pido a Dios luz; cuando siento que he recuperado el equilibrio, entonces hablo más. El día de la renovación de los votos. La presencia de Dios inundó mi alma. Durante la Santa Misa vi. a Jesús que me dijo estas palabras: Tú eres para Mí un gran gozo, tu amor y tu humildad hacen que dejo los tronos del cielo y Me uno a ti. El amor allana el abismo que hay entre Mi grandeza y tu nulidad. El amor inunda mi alma, estoy sumergida en el océano del amor, siento que me desmayo y me pierdo completamente en Él.
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Oh Jesús, haz a mi corazón semejante al Tuyo, o más bien transfórmalo en Tu propio Corazón para que pueda sentir las necesidades de otros corazones y, especialmente, de los que sufren y están tristes. Que los rayos de la misericordia descansen en mi corazón. Una vez, al anochecer, cuando paseaba por la huerta rezando el rosario, llegué hasta el cementerio, entreabrí la puerta y me puse a rezar un momento y les pregunté a ellas dentro de mí: ¿Seguramente serán muy felices? De repente oí estas palabras: Somos felices en la medida en que hemos cumplido la voluntad de Dios… y después, el silencio como antes. Me ensimismé y pensé mucho tiempo cómo yo cumplo la voluntad de Dios y cómo aprovecho el tiempo que Dios me concede. Ese mismo día, cuando fui a descansar, durante la noche me vino a visitar un alma pequeña que golpeando en la mesilla de noche, me despertó y pidió oración. Quise preguntarle quien era, pero mortifiqué mi curiosidad y uní esa pequeña mortificación a la oración y la ofrecí por ella. Una vez, cuando fui a visitar a una hermana enferma que tenia ya ochenta y cuatro años y se distinguía por muchas virtudes, le pregunté: ¿Seguramente ya estará usted, hermana, preparada a presentarse delante del Señor? Me contestó que durante toda la vida venia preparándose para esta ultima hora y añadió que la edad no dispensa de la lucha. En víspera del día de los difuntos, cuanto al atardecer fui al cementerio que estaba cerrado, pero entreabrí un poco la puerta y dije: Si desean, queridas almas, alguna cosa, la haré con gusto, dentro de lo que me permite la regla. Entonces oí estas palabras: Cumple la voluntad de Dios. Nosotras somos felices en la medida en que hemos cumplido la voluntad de Dios. Por la noche aquellas almas vinieron y me pidieron orar; recé mucho por ellas. Mientras la procesión volvía del cementerio, vi una multitud de almas que junto con nosotras iban a la capilla, rezaban junto con nosotras. Recé mucho porque tenia el permiso de las Superioras En la noche volvió a visitarme un alma que ya había visto anteriormente, pero esa alma no me pidió oraciones, sino que me reprochó que antes yo era muy vanidosa y soberbia, y ahora intercedes tanto por otros teniendo aun algunos defectos. Contesté que había sido muy soberbia y vanidosa, pero que ya me confesé e hice penitencia por mi estupidez y confío en la bondad de mi Dios, y si ahora caigo, es más bien involuntariamente y nunca con premeditación, aunque sea en la cosa más pequeña. Sin embargo aquella alma empezó a hacerme reproches: ¿Por qué no quieres reconocer mi grandeza? Todos me reconocen por mis grandes obras, ¿por qué solamente tú no me das gloria? Entonces vi que en aquella figura estaba Satanás y dije: A Dios Mismo es debido la gloria, ¡lárgate, Satanás! Y de inmediato esa alma cayó en un abismo horrible, inconcebible, indescriptible; y dije a aquella miserable alma que yo se lo diría a toda la Iglesia. El sábado volvimos ya de Cracovia a Vilna. En el camino pasamos por Czestochowa. Cuando recé delante de la imagen milagrosa, sentí que eran agradables la frase interrumpida.

Cantaré por la eternidad la misericordia del Señor

La Divina Misericordia en mi Alma

DIARIO

Sor María Faustina

JMJ Cantaré eternamente la misericordia del Señor Delante de todo el pueblo, Ya que éste es el mayor atributo de Dios Y para nosotros un milagro continuo. Brotas de la Divina Trinidad, Pero de un único seno amoroso; La misericordia del Señor aparecerá en el alma En toda su plenitud, cuando caiga el velo. De la fuente de Tu misericordia, oh Señor, Fluyen toda felicidad y toda vida; Y así, todas las criaturas y todas las cosas Cantad con éxtasis el himno de la misericordia. Las entrañas de la Divina Misericordia abiertas Para nosotros, Por la vida de Jesús extendido en la cruz; No deberías dudar ni desesperar, oh pecador, Sino confiar en la misericordia, Porque tú también puedes ser santo. Dos manantiales brotaron en forma de rayos, Del Corazón de Jesús, No para los ángeles, ni querubines, ni serafines, Sino para salvar al hombre pecador. JMJ

Oh voluntad de Dios Sé mi amor. Oh Jesús mío, Tu sabes que por mi misma no hubiera escrito ni una sola letra y si escribo es por una clara orden de la santa obediencia.

Dios y las almas

Sor Faustina del Santísimo Sacramento

Oh Jesús, Dios oculto,  Mi corazón Te siente, Aunque Te cubren los velos,  Tú sabes que Te amo. Vilna, 24 XI 1935  JMJ     

Segundo Cuaderno

Dios sea Adorado

Oh Santísima Trinidad, en la que esta encerrada la vida interior de dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, oh gozo eterno, inconcebible abismo de amor que Te derramas sobre todas las criaturas y las haces felices, honor y gloria a Tu nombre por los siglos de los siglos.  Amen.

Cuando conozco Tu grandeza y Tu belleza, oh Dios mío, me alegro indeciblemente por ser tan grande el señor a quien sirvo.  Con amor y alegría cumplo su santa voluntad y cuanto más lo conozco, tanto mas ardientemente deseo amarlo.  Me quema el deseo de amarlo cada vez más.

El 14 Este jueves, mientras hacíamos la adoración nocturna, al principio no pude rezar, una aridez se adueñó de mí; no pude contemplar la dolorosa Pasión de Jesús, pero me postré en cruz y ofrecí la dolorosa Pasión del Señor Jesús al Padre Celestial como satisfacción por los pecados del mundo entero.  Al levantarme del suelo después de aquella plegaria y al volver a mi reclinatorio, de repente vi a Jesús junto a él.  El Señor Jesús con el mismo aspecto que tenia durante la flagelación, en la mano tenia la túnica blanca con la que me vistió y un cinturón con el que me ciñó y me cubrió con un manto rojo igual al que le cubría a Él en la Pasión, y un velo del mismo color y me dijo: Tu y tus compañeras tendrán un habito igual; Mi vida desde el nacimiento hasta la muerte en la cruz será su regla.  Contémplame y vive según esto; deseo que penetres mas profundamente en Mi espíritu y tengas presente que soy manso y humilde de Corazón.

Una vez sentí en el alma un apremio para que me pusiera a la obra y cumpliera todo lo que Dios exigía de mí. Entré un momento en la capilla, oí esta voz en el alma: ¿Por qué tienes miedo? Piensas que Me faltará la omnipotencia para ayudarte? Y en aquel momento sentí en el alma una extraña fuerza y me parecieron nada todas las contrariedades que me habrían podido suceder en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

El viernes, durante la Santa Misa, siendo mi alma inundada por la felicidad de Dios, oí en el alma estas palabras:  Mi misericordia pasó a las almas a través del Corazón Divino – humano de Jesús, como un rayo de sol a través del cristal.  Sentí en el alma y comprendí que cada acercamiento a Dios nos fue dado por Jesús, en Él y por Él.

El día en que terminó la novena en Ostra Brama, al anochecer, cantadas las letanías, uno de los sacerdotes trajo el Santísimo sacramento en la custodia; cuando lo puso en el altar, en seguida vi al pequeño Niño Jesús que tendía las manitas hacia su Madre que en aquel momento tenia un aspecto vivo.  Mientras la Virgen me hablaba, Jesús tendía las manitas hacia el pueblo reunido.  La Virgen Santísima me dijo aceptar todas las exigencias de Dios como una niña pequeña sin averiguar nada, lo contrario no agrada a Dios.  En el mismo instante el Niño Jesús desapareció y la Virgen perdió el aspecto vivo y la imagen quedo como era antes, pero mi alma fue colmada de gozo y de gran alegría y dije al Señor:  Haz de mi lo que Te agrade, estoy dispuesta a todo, pero Tu, oh Señor, no Te alejas de mi ni por un momento.

JMJ  En honor de la Santísima Trinidad. Pedí a la Madre Superiora el ayuno de cuarenta días, tomando una vez al día una rebanada de pan y un vaso de agua; sin embargo la Madre Superiora no me dio permiso para cuarenta días, sino para siete días, de acuerdo con la opinión del confesor.  “No puedo exonerarla del todo de las tareas, debido a que otras hermanas podrían notar algo; hermana, yo le doy permiso de dedicarse, en la medida en que pueda, a la plegaria y de tomar apuntes de algunas cosas, pero me será mas difícil arreglar lo del ayuno, de verdad, aquí no logro inventar nada.”  Y dijo: Retírese, hermana, quizá me ilumine alguna luz.  En la mañana del domingo comprendí interiormente que cuando la Madre Superiora me había destinado a la puerta a la hora de comer, pensó en darme la oportunidad de ayunar.  Por la mañana no fui a desayunar, pero poco después fui a la Madre Superiora y pregunté:  Si estoy en la puerta será fácil no llamar la atención con mi persona.  Y la Madre Superiora me contestó:  Cuando la destinaba pensaba en esto.  En aquel momento comprendí que el mismo pensamiento yo lo había sentido dentro de mí.

24 XI 1935.  Domingo, primer día.  Fui inmediatamente delante del Santísimo Sacramento y me ofrecí con Jesús que esta en el Santísimo Sacramento, al Padre Eterno.  Entonces oí en el alma estas palabras:  Tu intención y la de tus compañeras es unirse a Mi lo mas estrechamente posible a través del amor, reconciliaras la tierra con el cielo, mitigaras la justa cólera de Dios e impetrarás la misericordia por el mundo.  Confío a tu cuidado dos perlas preciosas para Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas vendrá de tu anonadamiento.  Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, las fatigas y todos los sufrimientos, los unirás a la oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y entonces tendrán valor ante Mi Padre.

Después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús que me dijo estas palabras:  Hoy, penetra en el espíritu de Mi pobreza y organiza todo de tal modo que los más pobres no tengan nada que envidiarte.  No en los grandes palacios ni en las esplendidas instalaciones, sino en el corazón puro y humilde Me complazco.

Al quedarme sola empecé a reflexionar sobre el espíritu de pobreza. Veo claramente que Jesús no poseía nada siendo el Dueño del todas las cosas. El pesebre prestado; camina por la vida haciendo el bien a todos sin tener donde apoyar la cabeza. Y en la cruz veo el colmo de su pobreza, ya que ni siquiera tiene puesta una vestidura. Oh Jesús, a través del solemne voto de pobreza deseo asemejarme a Ti; la pobreza será mi madre.  No poseer nada exteriormente ni disponer de nada como de mi propiedad, ni tampoco desear algo interiormente. Y en el Santísimo Sacramento ¡que grande es Tu pobreza! ¿Hubo alguna vez un alma tan abandonada como Tu, Jesús, en la cruz?

La castidad, este voto se entiende por si mismo, prohíbe todo lo que esta prohibido por el sexto y el noveno mandamientos de Dios, naturalmente; obras, pensamientos, palabras, sentimientos, y entiendo que el voto solemne difiere del voto simple, lo entiendo en toda la extensión. Cuando lo estaba contemplando, escuché en el alma estas palabras: Tu eres Mi esposa para la eternidad, tu pureza debe ser mayor que la de los angeles, porque con ningun angel tengo relacion de tan estrecha intimidad como contigo. La más pequeña acción de Mi esposa tiene un valor infinito, el alma pura tiene una potencia incalculable delante de Dios.

La obediencia. He venido para cumplir la voluntad de Mi Padre. He sido obediente a los padres, obediente a los verdugos, soy obediente a los sacerdotes. Comprendo, Oh Jesús, el espíritu de la obediencia y en que consiste; no se refiere solamente a la ejecución exterior, sino que abarca también la mente, la voluntad y el juicio. Obedeciendo a las Superioras, obedecemos a Dios. No tiene importancia si es un ángel o un hombre que me mande en nombre de Dios, tengo que ser obediente siempre. No voy a escribir mucho sobre los votos porque ellos son claros por si mismos y se basan en lo concreto; aquí procuro mas bien dar una idea de esta Congregación.

Resumen general. Nunca habrá casas fastuosas, sino una modesta capilla y junto a ella una pequeña Comunidad, un pequeño grupito de almas que estará compuesto a lo mas por diez almas; además de ellas habrá dos almas que atenderán distintas  necesidades de la Comunidad por fuera del claustro, y prestarán varios servicios en la iglesia.  No llevaran hábitos, sino que vestirán como laicas.  Tendrán los votos pero simples y estarán estrictamente sometidas a la Superiora, quien estará detrás de la reja.  Tendrán parte de todos los bienes espirituales de toda la Comunidad, pero no podrán ser nunca más de dos, preferiblemente una.  Cada casa será independiente de las demás, pero si, todas estarán muy estrechamente unidas por la regla y por los votos, y por el espíritu.  Sin embargo, en casos excepcionales, se podrá enviar una hermana de una casa a otra; también es posible, al fundar una casa, tomar algunas religiosas, si es necesario.  Cada casa estará sujeta al ordinario del lugar.

Cada religiosa vivirá en una celda individual, pero será conservada la vida comunitaria, se reunirán todas para la oración, la comida y el recreo.  Cada religiosa, después de emitir la profesión  nunca más vera el mundo, ni siguiera por la reja que será tapada con un paño oscuro, y también los coloquios serán estrictamente limitados.  Será como una persona muerta a la que el mundo no comprende y la que no comprende al mundo.  Ha de presentarse entre el cielo y la tierra, e implorar incesantemente a Dios su misericordia para el mundo, y la fortaleza para los sacerdotes, para que sus palabras no resuenen en vano, y para que ellos mismos logren mantenerse en esta inconcebible dignidad, tan expuestos, sin ninguna mancha…. A pesar de ser pocas estas almas, serán heroicas.  No habrá lugar para las almas cobardes ni débiles.

Entre ellas no se dividirán en ningunos coros ni en ningunas Madres, ni mamitas, ni reverendas, ni reverendísimas, sino que todas serán iguales entre ellas, aunque hubiera una gran diferencia en su origen. Sabemos quien era Jesús y como se humilló y con quienes se relacionaban Llevaran un habito como el que Él llevaba durante la Pasión, pero no solamente la vestidura,  sino que tienen que imprimir en si las señales con las cuales Él fue distinguido y éstas son: el sufrimiento y el desprecio. Cada una tenderá a negarse a si misma en grado máximo y a amar la humildad, y la que más se distinga en esta virtud, será idónea a presidir a las demás.

Como Dios nos ha hecho las compañeras de su misericordia, o más bien, incluso las dispensadoras, nuestro amor debe ser grande para cada alma, comenzando por los elegidos y terminando en el alma que no conoce a Dios todavía. Con la oración y la mortificación llegaremos hasta los países más salvajes, abriendo el camino a los misioneros. Recordaremos que, como el soldado en el frente no puede resistir mucho tiempo sin el respaldo de la retaguardia que no toma parte directamente en la batalla, pero le provee de todo lo que necesite. Para el misionero lo es la plegaria. Cada una debe distinguirse por el espíritu del apostolado.

Por la noche, mientras escribía, oí en la celda esta voz: No salgas de esta Congregación, ten piedad de ti misma, te esperan grandes sufrimientos. Cuando mire hacia allí de donde salía la voz, no vi. nada y continué escribiendo. De repente oí un ruido y estas palabras: Cuando salgas, te destruiremos. No nos atormentes. Cuando miré vi. muchos monstruos feos; cuando hice con el pensamiento la señal de la cruz, se disiparon todos inmediatamente. Que horriblemente feo es Satanás; pobres las almas que tienen que vivir en su compañía, verlo solamente es mas repugnante que todos los tormentos del infierno.

Un momento después oí en el alma esta voz: No tengas miedo de nada, no te sucederá nada sin Mi voluntad. Después de estas palabras del Señor una fuerza misteriosa entró en mi alma; me alegro grandemente de la bondad de Dios.

El postulantazo. La edad para ser recibida. Puede ser recibida cada persona desde los quince hasta los treinta años. En primer lugar hay que reparar en el espíritu que inspira a la persona dada y en su carácter, si tiene la fuerte voluntad y el valor para seguir las huellas de Jesús, y esto con gozo y alegría, porque Dios ama a un donador alegre; tiene que despreciar al mundo y a si misma. La falta de la dote nunca será un impedimento para ser aceptada; también todas las formalidades deben ser claras, no aceptar los casos complicados.

Sin embargo no pueden ser recibidas las personas melancólicas, inclinadas a la tristeza, con enfermedades contagiosas, caracteres ambiguos, recelosos, inadaptables a la vida religiosa.  Hay que tener mucho cuidado con la elección de los miembros porque basta una persona no adaptada para provocar confusión en todo el convento.

La duración del postulantado. El postulantado será de un año.  Durante ese periodo la persona dada debe analizar si este tipo de vida le gusta y si es apta o no para ella; y también la Maestra debe observar atentamente si la persona dada es apta o no lo es para este tipo de vida. Después de un ano, si resulta que tiene una buena voluntad y un sincero deseo de servir a Dios, hay que recibirla en el noviciado.

El noviciado ha de durar un año continuo.  A la novicia hay que instruirla sobre las virtudes referentes a los votos y sobre su importancia.  La Maestra debe poner todo el empeño en darles una formación sólida.  Debe ejercitarlas en la humildad ya que solamente el corazón humilde observa los votos con facilidad y experimenta grandes gozos que fluyen de Dios a un alma fiel.

No serán cargadas con trabajos de responsabilidad para que puedan dedicarse libremente a su propio perfeccionamiento.  Son obligadas rigurosamente a observar las reglas y las normas al igual que las postulantes.

Después de un año de noviciado, si la novicia se ha mostrado fiel, puede ser admitida a pronunciar los votos por un ano; éstos deben repetirse durante tres anos; entonces pueden asignársele ya los deberes de responsabilidad; no obstante pertenecerá al noviciado y una vez por semana tiene que asistir a las conferencias junto con las otras novicias, y los últimos seis meses los pasaran todas en el noviciado para prepararse bien a la profesión solemne.

En lo que se refiere a la alimentación, no comeremos carne; las comidas serán tales que ni aun los pobres tendrán nada que envidiarnos.  Sin embargo los días festivos pueden diferir un poco de los días regulares.  Comerán tres veces al día, observaran rigurosamente los ayunos en el espíritu primitivo y especialmente los dos grandes.  Los alimentos serán iguales para todas las hermanas, excluyendo cualquier excepción para que la vida comunitaria sea observada en toda su integridad, tanto en las comidas, como en el vestir o el arreglo de la celda; pero si una de las hermanas se pone enferma, debe gozar de todos los favores.

En cuanto a la oración.  La meditación de una hora, la Santa Misa y la Santa Comunión, dos exámenes de conciencia, el oficio, el rosario, la lectura espiritual, una hora de oración durante la noche.  En cuanto al orden del día según las horas, se podrá hacerlo mejor cuando comencemos a vivir según este sistema.

De repente oí en el alma estas palabras:  Hija Mía, te aseguro un ingreso fijo del cual vivirás.  Tu empeño debe ser la total confianza en Mi bondad, el Mío, darte todo lo que necesites.  Me hago dependiente de tu confianza; si tu confianza es grande Mi generosidad no conocerá límites.

Sobre el trabajo.  Siendo personas pobres, ellas mismas, ejecutaran todos los trabajos que haya en el convento.  Cada una debe estar contenta si le toca un trabajo humillante o contrario a su naturaleza ya que le será de ayuda para su formación interior.  La Superiora cambiara a menudo los deberes de las hermanas y así las ayudara a separarse completamente de esos pequeños detalles a los que las mujeres sienten un gran apego.  De verdad, a veces me da risa cuando veo con mis ojos que algunas almas han dejado cosas verdaderamente grandes y toman apego a los trapitos, es decir a la nadería.  Cada una de las hermanas estará un mes en la cocina, no excluyendo ni siquiera a la Superiora.  Que todas prueben cada fatiga que haya en el convento, que todas tengan siempre la intención pura en todo porque a Dios no le agrada en absoluto la confusión.

Que ellas mismas se acusen de las desobediencias exteriores  y pidan a la Superiora la penitencia; que la hagan en el espíritu de humildad.  Que se amen unas a otras con el amor superior, con el amor puro, viendo en cada hermana la imagen de Dios.  La característica singular de esta pequeña Comunidad lo es el amor, así que no estrechen sus corazones, sino que abracen al mundo entero, ofreciendo misericordia a cada alma a través de la oración, según su vocación.  Si somos misericordiosas en este espíritu, también nosotros mismas alcanzaremos la misericordia.

Cada una debería tener un gran amor hacia la Iglesia. Como una buena hija que ama a su madre y reza por ella, así cada alma cristiana debe rezar por la Iglesia que para ella es madre. ¿Y qué decir de nosotras, las religiosas, que nos hemos comprometido particularmente a rezar por la Iglesia? Pues, qué grande es nuestro apostolado aunque tan escondido. Estas pequeñas cosas de cada día serán depositadas a los pies de Jesús como una ofrenda de imploración por el mundo; pero para  que la ofrenda sea agradable a Dios, tiene que ser pura; para que la ofrenda sea pura, el corazón tiene que liberarse de todos los apegos naturales y dirigir todos los sentimientos hacia el Creador, amando en Él a todas las criaturas, según su santa voluntad. Y si cada una se comporta así, en el espíritu de fervor, le proporcionará alegría a la Iglesia.

Además de los votos veo una regla importantísima; aunque todas son importantes, ésta la pongo en el primer lugar y es el silencio. De verdad, si esta regla fuera observada rigurosamente, yo estaría tranquila por las demás. Las mujeres tienen una gran inclinación a hablar. De verdad, el Espíritu Santo no habla a un alma distraída y charlatana, sino que, por medio de sus silenciosas inspiraciones, habla a un alma recogida, a un alma silenciosa. Si se observara rigurosamente el silencio, no habría murmuraciones, amarguras, maledicencias, chismes, no seria tan maltratado el amor del prójimo, en una palabra, muchas faltas se evitarían. Los labios callados son el oro puro y dan testimonio de la santidad interior.

Pero en seguida quiero hablar de otra regla, es decir del hablar. Callar cuando se debe halar, es una imperfección y a veces hasta un pecado. Así, que todas tomen parte en el recreo, y que la Superiora no exima a las hermanas del recreo, si no es por alguna razón muy importante. Los recreos deben ser alegres en el espíritu de Dios. Los recreos nos dan la oportunidad de conocernos mejor; que cada una exprese su opinión con sencillez para edificar a las demás y no en el espíritu de alguna superioridad ni, Dios nos libre, para reñir. Eso no correspondería con la perfección ni con el espíritu de nuestra vocación que debe distinguirse por el amor. Dos veces al día habrá recreos de media hora. Pero si alguna hermana interrumpe el silencio tiene la obligación de acusarse en seguida ante la Superiora y pedir la penitencia que la Superiora, por esa falta, aplique una penitencia pública y si no fuera así, ella misma respondería ante el Señor.

Sobre la clausura. En los lugares delimitados de la clausura no podrá entrar nadie sin una autorización especial del ordinario y esto en casos excepcionales, es decir, la administración de los sacramentos a los enfermos, o la asistencia y la preparación para la muerte, o en ocasión de los ritos fúnebres. Puede suceder también la absoluta necesidad de dejar entrar a la clausura a un obrero para hacer alguna reparación en el convento, pero antes debe haber un permiso especial. La puerta que conduce a la clausura debe estar siempre cerrada y de la llave dispondrá solamente la Superiora.

Sobre el acceso al locutorio. Ninguna hermana irá al locutorio sin un permiso especial de la Superiora y la Superiora no debe conceder fácilmente los permisos para ir con frecuencia al locutorio. Las que han muerto para el mundo, no deben volver a él ni siquiera a través del coloquio. Pero si la Superiora considera oportuno que alguna hermana vaya al locutorio, debe atenerse a las siguientes indicaciones: acompañe ella misma a aquella hermana y si no puede, designe a una suplente, y ésta está obligada a la discreción, no repetirá lo que habrá oído en el locutorio, pero informará de todo a la Superiora. Los coloquios deben ser breves, a menos que el respeto a la persona la detiene un poco, pero nunca descorrerá la cortina, a no ser en casos excepcionales, como puede ser por un insistente pedido del padre o de la madre.

Sobre las cartas. Cada hermana puede escribir cartas selladas al ordinario de quien depende la casa; fuera de eso, pedirán permiso por cada carta y la entregaran abierta a la Superiora, y la Superiora debe guiarse por el espíritu de amor y por prudencia. Tiene el derecho de despachar o de retenerla, según lo que será para la mayor gloria de Dios, pero desearía mucho que de esos escritos haya lo menos posible: ayudemos a las almas con la plegaria y la mortificación y no con cartas.

Sobre la confesión. El ordinario designara a los confesores para la Comunidad, tanto al ordinario como al extraordinario. El confesor ordinario será uno y escuchara las confesiones de toda la Comunidad una vez por semana. El confesor extraordinario vendrá cada tres meses y cada hermana tiene la obligación de presentarse a él aunque no tenga la intención de hacer una verdadera confesión. Ni el confesor ordinario ni el extraordinario permanecerá en su cargo mas de tres años; al final del trienio habrá una votación secreta y según ella la Superiora presentara el pedido de las hermanas al ordinario; de todas maneras, el confesor puede ser designado para el segundo y también para el tercer trienio. Las religiosas se confesaran junto a la reja cerrada; también las conferencias serán pronunciadas para la Comunidad a través de la reja cubierta con la cortina oscura. Las hermanas no hablaran nunca entre si de la confesión ni de los confesores, mas bien rueguen por ellos para que Dios los ilumine en dirigir sus almas.

Sobre la Santa Comunión. Las hermanas no deben hablar de cuáles de ellas se acercan a la Santa Comunión con menos frecuencia y cuáles más a menudo. Se abstengan de dar juicios en esta materia a la que no tienen derecho; cualquier juicio respecto a esto pertenece exclusivamente al confesor. La Superiora puede preguntar a una hermana dada, pero no para conocer la razón por la cual no se acerca a la Santa Comunión, sino mas bien, para facilitarle la confesión. Que las Superioras no se atrevan a entrar en el ámbito de las conciencias de las hermanas. A veces, la Superiora puede disponer que la Comunidad ofrezca la Comunión por cierta intención. Cada una debe aspirar a la máxima pureza del alma para poder recibir diariamente al Huésped Divino.

Una vez, al entrar en la capilla, vi. los muros de una casa como abandonad, las ventanas estaban sin cristales, las puertas no terminadas sin hojas, sólo tenían los marcos. De repente oí en el alma estas palabras: Aquí debe estar aquel convento. A decir verdad, no me agradó mucho que había de estar en aquellas ruinas.

Jueves. Me sentía muy apremiada para dar comienzo a la obra lo antes posible, según el deseo del Señor. Cuando fui a confesarme, antepuse una opinión mía a la opinión del confesor. En un primer momento no me di cuenta de ello, pero mientras rezaba la Hora Santa, vi. al Señor Jesús  con el aspecto que tiene en la imagen y me dijo que comunicara al confesor y a las Superioras todo lo que me decía y exigía. Y haz solamente aquello para lo que recibirás permiso. Y me dió a conocer Jesús, lo mucho que le desagrada el alma arbitraria; en aquella alma me reconocí a mi misma. Advertí en mí la sombra de arbitrariedad, me deshice en polvo delante de su Majestad y con el corazón despedazado, le pedí perdón. Pero Jesús no me permitió permanecer mucho tiempo en tal disposición, sino que su divina mirada llenó mi alma con un gozo tan grande que no encuentro palabras para expresarlo. Y me dio a conocer Jesús que debía preguntarle y consultarle más. De verdad, qué dulce es la mirada de mi Señor. Su mirada penetra mi alma hacia los lugares mas secretos, mi espíritu se entiendo con Dios sin pronunciar ni una sola palabra; siento que Él vive en mi y yo en Él.

Una vez vi. aquella imagen en una pequeña capillita y en un momento vi. que de aquella pequeña capillita se hizo un templo grande y bello, y en aquel templo vi. a la Santísima Virgen con el Niño en los brazos. Luego el Niño Jesús desapareció de los brazos de la Virgen y vi una imagen viva de Jesús crucificado. La Virgen me dijo que me comportara como Ella: a pesar de los gozos, siempre mirara fijamente la cruz y me dijo también que las gracias que Dios me concedía no eran solamente para mí sino también para otras almas.

El Niño Jesús que veo durante la Santa Misa no es siempre igual, a veces muy alegre, a veces no mira nada hacia la capilla. Ahora, la mayoría de las veces está alegre cuando nuestro confesor  celebra la Santa Misa. Me sorprendí mucho al ver cuánto lo amaba el pequeño Niño Jesús. A veces lo veo con un delantalcito  de color.

Antes de venir a Vilna y antes de conocer a este confesor, una vez había visto una iglesia no muy grande y junto a ella esta Comunidad. El convento tenía doce celdas, cada religiosa iba a tener su celda particular. Vi al sacerdote que ayudaba a arreglar el convento y a quien conocí unos años mas tarde, pero ya lo había conocido en visión. Vi su gran abnegación en arreglar todo en aquel convento y le ayudaba otro sacerdote que no he conocido hasta el momento. Vi las rejas de hierro tapadas con un paño oscuro. A aquella iglesia las hermanas no iban.

El día de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Durante la Santa Misa oí el susurro de ropas y vi a la Santísima Virgen en un misterioso, bello resplandor. Tenía una túnica blanca con una faja azul y me dijo: Me das una gran alegría adorando a la Santísima Trinidad por las gracias y los privilegios que me ha concedido, y desapareció enseguida.

Sobre las penitencias y las mortificaciones. En el primer lugar están las mortificaciones interiores, pero además practicaremos las mortificaciones exteriores, definidas exactamente para que las practiquen todas.  Estas son:  tres días por semana observaremos el ayuno estricto.  Estos días son:  viernes, sábado y miércoles.  Cada viernes, durante el tiempo necesario para rezar el salmo 50, se someterán a la disciplina, todas en la misma hora en sus propias celdas.  La hora indicada, las tres de la tarde, por los pecadores agonizantes.  Durante dos grandes ayunos, como los días del trimestre, las vigilias, la comida consistirá en:  una vez al día un trozo de pan y un poco de agua.

Que cada una trate de practicar estas mortificaciones que están prescritas  para todas, pero si alguna hermana desea algo mas, pida el permiso a la Superiora.  Una mortificación general mas:  ninguna hermana puede entrar en la celda de otra sin un permiso especial de la Superiora, pero la Superiora debe a veces entrar inadvertidamente en las celdas de las hermanas, no para espiar, sino en el espíritu de amor y responsabilidad que tiene antes Dios; ninguna cerrará nada con llave, la regla será la llave general para todas.

Un día, después de la Santa Comunión vi repentinamente al Niño Jesús que estaba junto a mi reclinatorio y al que se agarraba con las dos manitas. Aunque era un Niño pequeño, no obstante, me penetró el temor y el miedo, viendo en Él a mi Juez, Señor y Creador ante cuya santidad tiemblan los ángeles, y por otra parte, mi alma fue inundada del amor inconcebible y me pareció que moría bajo su influjo. Ahora veo que Jesús refuerza primero mi alma y la hace capaz para relacionarme con Él, porque de otro modo no podría soportar lo que estoy experimentando en este momento.

El comportamiento de las hermanas para con la Superiora. Que todas las hermanas respeten a la Superiora como al Señor Jesús Mismo, tal y como lo mencione hablando del voto de la obediencia.  Que se porten con confianza infantil, sin murmurar nunca ni criticar sus órdenes porque eso desagrada mucho a Dios.  Que cada una se guíe por el espíritu de fe para con las Superioras, que pida con sencillez todo lo que necesite.  Dios nos guarde, y que nunca se repita ni ocurra que alguna de ustedes sea el motivo de tristeza o de lágrimas de la Superiora.  Que cada una sepa que, como el cuarto mandamiento obliga a los hijos a respetar a los padres, lo mismo se refiere a la religiosa para con la Superiora.  No es buena la religiosa que se permite y se atreve juzgar a la Superiora.  Que sean sinceras con la Superiora y le hablen de todo y de sus necesidades con la sencillez de una niña. Las hermanas se dirigirán a su Superiora de este modo: le ruego, Hermana Superiora.  Nunca le besaran la mano, pero cada vez que la encuentren en el pasillo, como también cuando vayan a la celda de la Superiora, dirán:  Alabado sea Jesucristo, inclinando un poco la cabeza. Las hermanas entre si dirán:  le ruego, hermana agregando el nombre.  Respecto a la Superiora deben guiarse por el espíritu de la fe y no con sentimentalismo ni con adulaciones, cosas indignas de una religiosa que la humillarían mucho.  Una religiosa debe ser libre como una reina y lo será si vive con el espíritu de la fe.  Debemos escuchar y respetar a la Superiora no por ser buena, santa, prudente, no, no por todo esto, sino solamente porque para nosotros ocupa el lugar de Dios y escuchándola obedecemos a Dios mismo.

El comportamiento de la Superiora para con las hermanas. La Superiora debe distinguirse por la humildad y el amor hacia cada hermana, sin excepción alguna.  Que no se deje guiar por simpatía o por antipatía, sino por el espíritu de Cristo.  Debe saber que Dios le pedirá cuenta de cada hermana.  Que no diga sermones a las hermanas, sino que dé el ejemplo de una profunda humildad y el de negarse a si misma, ésta será la enseñanza mas eficaz para las que dependen de ella.  Que sea resuelta, pero nunca brusca; que tenga paciencia si la cansan con las mismas preguntas, aunque tenga que repetir cien veces la misma cosa, pero siempre con la misma calma.  Que trate de presentir todas las necesidades de las hermanas sin esperar que le pidan ésta u otra cosa, porque son diversas las naturalezas de las almas.  Si ve que alguna hermana está triste o doliente, trate de ayudarle de cualquier manera y de consolarla; que ruegue mucho y pida luz para saber  cómo comportarse con cada una de ellas porque cada alma es un mundo diferente.  Dios tiene distintos modos para tratar con las almas que, a veces, para nosotros, son incomprensibles e inconcebibles, por eso la Superiora debe ser prudente para no impedir la actuación de Dios en ningún alma.  Que nunca amoneste a las hermanas cuando está nerviosa, además los reproches deben siempre ir acompañados por palabras de estimulo.  Hay que dar a conocer al alma su error para que lo reconozca, pero no se la debe desalentar.  La Superiora debe distinguirse por el amor activo a las hermanas, debe encargarse de todas las penas para aliviar a las hermanas; que no exija ningunos servicios de las hermanas, que las respete como a las esposas de Jesús y que esté dispuesta a servirles tanto de día como de noche; debe mas bien pedir que ordenar.  Que tenga el corazón abierto a los sufrimientos de las hermanas y que ella misma estudie y contemple fijamente el libro abierto, es decir, a Jesús Crucificado.  Que siempre pida con fervor la luz y, especialmente, cuando tenga que arreglar algo de importancia con alguna hermana.  Que se cuide de entrar en el ámbito de sus conciencias, porque en este campo es el sacerdote que tiene la gracia; pero sucede que algún alma sienta la necesidad de desahogarse ante la Superiora, entonces la Superiora puede recibir las confidencias de un alma, pero no se olvide del secreto, porque nada disgusta mas a un alma que cuando se diga a otros lo que ella dijo en confianza, es decir en secreto.  Las mujeres tienen siempre la cabeza débil respecto a esto; pocas veces se encuentra a una mujer con la mente de hombre.  Procure una profunda unión a Dios y Dios gobernará a  través de ella.  La Virgen Santísima será la Superiora de este convento y nosotras seremos sus hijas fieles.

15 XII 1935.  Hoy desde muy temprano una fuerza misteriosa me empuja a obrar, no me deja en paz ni un momento; un ardor misterioso se ha encendido en mi corazón empujándome a obrar, no logro dominarlo; es un martirio silencioso conocido solamente a Dios, pero que haga de mi lo que a Él le agrade; mi corazón está dispuesto a todo.  Oh Jesús, mi queridísimo Maestro, no te alejas de mí ni por un momento.  Oh Jesús, Tu sabes bien lo débil que soy por mi, por eso sé que mi debilidad Te obliga a estar siempre conmigo.

Una vez vi al Señor Jesús con una túnica clara; eso fue en el invernadero.  Escribe lo que te diré:  Mi deleite es unirme a ti, espero con gran ansia y añoro este momento en que habitaré sacramentalmente en tu convento.  Mi espíritu descansara en aquel convento, bendeciré especialmente las inmediaciones donde estará el convento.  Por amor hacia ustedes alejaré todos los castigos que la justicia de Mi Padre administra merecidamente.  Hija Mía, he inclinado Mi Corazón hacia tus suplicas:  tu tarea y empeño aquí en la tierra es implorar la misericordia para el mundo entero.  No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita.  Te nombro dispensadora de Mi misericordia.  Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la iglesia y no en el convento dentro de la clausura.  Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella.

Oh Jesús mío, Verdad eterna, no tengo miedo de nada, de ningunas dificultades, de ningunos sufrimientos, temo solamente una cosa, es decir, ofenderte. Oh Jesús, preferiría no existir que entristecerte. Oh Jesús, Tu sabes que mi amor no conoce a nadie, solamente a Ti, en ti se ahogó mi alma.

Oh, qué grande debe ser el fervor de cada alma de este convento, si Dios desea morar con nosotras. Que cada una tenga presente que si no somos nosotras, almas religiosas, las que intercedan con Dios, entonces ¿quién lo hará? Que cada una arda como una victima pura de amor delante de la Majestad de Dios; pero para ser agradable a Dios, debe unirse estrechamente a Jesús; solamente con Él y por Él podemos agradar a Dios.

21 XII 1935. Una vez el confesor  dijo que fuera a ver aquella casa, si era la misma que yo había visto en visión. Cuando fui con mi confesor a ver la casa, o más bien las ruinas, con un solo vistazo reconocí que todo era igual a lo que había visto en visión. Cuando toqué las tablas que estaban clavadas formando algo como una puerta, en el mismo instante, una fuerza como un relámpago penetró mi alma dándome la certeza inquebrantable. Me alejé rápido de aquel lugar con el alma llena de alegría; me parecía que alguna fuerza me clavaba en aquel lugar. Me alegré mucho de ver una conformidad absoluta de esas cosas con las que había visto en la visión. Cuando el confesor hablaba del arreglo de las celdas y de otras cosas, encontré todo idéntico a lo que me había dicho Jesús. Me alegro grandemente de que Dios obre por él, pero no me sorprendo nada de que Dios le dé tanta luz, ya que en el corazón puro y humilde mora Dios que es la Luz Misma y todos los sufrimientos y todas las contrariedades existen para que se manifieste la santidad del alma. Al regresar a casa, entré en seguida en nuestra capilla para descansar un momento, de repente oí en el alma estas palabras: No tengas miedo de nada, Yo estoy contigo, estos asuntos están en Mis manos y los realizaré según Mi misericordia, y nada puede oponerse a Mi voluntad.  Año 1935, Vigilia de Navidad

Desde la primera hora mi espíritu estaba sumergido en Dios, su presencia me traspasó por completo.  Al anochecer, antes de cenar, entré un momento en la capilla para, a los pies de Jesús, compartir el “oplatek” con los que están lejos, a quienes Jesús ama mucho y a quienes yo agradezco mucho.  Mientras estaba compartiendo el “oplatek” en espíritu con cierta persona, oí en el alma estas palabras:  Su corazón es para Mí el paraíso en la tierra.  Cuando Salí de la capilla, en un solo momento me envolvió la omnipotencia de Dios.  Entendí cuánto Dios nos ama; oh, si las almas pudieran darse cuenta y comprenderlo aunque sólo en parte.

El día de Navidad. La Misa de Medianoche.  Durante la Santa Misa vi nuevamente al pequeño Niño Jesús, extraordinariamente bello que con alegría tendía las manitas hacia mí.   Después de la Santa Comunión oí estas palabras:  Yo siempre permanezco en tu corazón, no solamente en el momento en que Me recibes en la Santa Comunión, pero siempre.  Viví estas fiestas en una gran alegría.

Oh Santa Trinidad, Dios eterno, mi espíritu se sumerge en Tu belleza; para Ti los siglos no son nada. Tú eres siempre el Mismo. Oh, qué grande es Tu Majestad. Oh Jesús, ¿cuál es el motivo por el que escondes Tu Majestad, has abandonado el trono del cielo y estás con nosotros? El Señor me contestó: Hija Mía, el amor Me ha traído y el amor Me detiene. Oh hija Mía, si tú supieras qué gran mérito y recompensa tiene un solo acto de amor puro hacia Mi, morirías de gozo. Lo digo para que te unas a Mi constantemente a través del amor, porque éste es el fin de la vida de tu alma; este acto consiste en el acto de voluntad; has de saber que el alma pura es humilde; cuanto te humillas y te anonadas ante Mi Majestad, entonces te persigo con Mis gracias, hago uso de la omnipotencia para enaltecerte.

Una vez, cuando el confesor me dio por penitencia rezar un Gloria, eso me tomó mucho tiempo, mas de una vez empezaba y no llegaba a terminar, porque mi espíritu se unía a Dios y no lograba estar presente en mi misma. En efecto, a veces, a pesar de mi voluntad, me envuelve la omnipotencia de Dios y estoy sumergida entera en Él por el amor y entonces no sé lo que pasa alrededor de mi. Cuando dije al confesor que esta breve oración me ocupaba a veces muchísimo tiempo y que a veces no lograba rezarla, el confesor me mandó rezarla en seguida en el confesionario. Sin embargo mi espíritu se sumergía en Dios y no lograba pensar lo que quería a pesar de hacer esfuerzos. Entonces el confesor me dijo: Recítela conmigo.  Repetí cada palabra, pero mientras repetía cada palabra, mi espíritu se sumergía en la persona que nombraba.

Una vez, Jesús me dijo de cierto sacerdote que esos anos serian un adorno de su vida sacerdotal. Los días de los sufrimientos parecen siempre mas largos, pero también ellos pasaran aunque lo hagan despacio, de manera que a veces nos parece que más bien van para atrás. Pero su fin es cercano y después un gozo eterno e inexpresable. La eternidad, ¿Quién puede concebir y comprender al menos esta palabra que proviene de Ti, oh Dios inconcebible, es decir, la eternidad?

Sé que las gracias que Dios me concede, a veces son exclusivamente para ciertas almas. Este conocimiento me llena de un gran gozo; siempre me alegro del bien de otras almas como si lo poseyera yo misma.

Una vez el Señor me dijo: Me hieren más las pequeñas imperfecciones de las almas elegidas que los pecados de las almas que viven en el mundo. Me entristecí mucho por el hecho de que Jesús padece sufrimientos a causa de las almas elegidas, y Jesús me dijo: Estas pequeñas imperfecciones, no es todo; te revelaré el secreto de Mi Corazón, lo que sufro por parte de las almas elegidas: la ingratitud por tantas gracias es el alimento continuo de Mi Corazón por parte del alma elegida. Su amor es tibio, Mi Corazón no puede soportarlo; estas almas Me obligan a rechazarlas de Mí. Otras no tienen confianza en Mi bondad y nunca quieren sentir la dulce intimidad en su corazón, pero Me buscan por allí, lejos y no Me encuentran. Esta falta de confianza en Mi bondad es lo que mas Me hiere. Si Mi muerte no las ha convencido de Mi amor, ¿qué es lo que las convencerá? Muchas veces un alma Me hiere mortalmente y en tal caso nadie Me consolará.  Hacen uso de Mis gracias para ofenderme. Hay almas que desprecian Mis gracias y todas las pruebas de Mi amor; no quieren oír Mi llamada, sino que van al abismo infernal. Esta pérdida de las almas Me sumerge en la tristeza mortal. En tales casos, a pesar de ser Dios, no puedo ayudar nada al alma, porque ella Me desprecia; disponiendo de la voluntad libre puede despreciarme o amarme. Tú, dispensadora de Mi misericordia, habla al mundo entero de Mi bondad y con esto consolarás Mi Corazón.

Muchas mas cosas te diré cuando hables Conmigo en lo profundo de tu corazón; allí nadie puede impedir Mi actuar, es allí donde descanso como en un jardín cerrado.

El interior de mi alma es como un mundo grande y magnifico en el que vivimos Dios y yo. Fuera de Dios nadie más tiene acceso a él. Al comienzo de mi vida con Dios  me llenaba el temor y la ceguedad. Su resplandor me cegó y pensaba que Él no estaba en mi corazón, sin embargo eran los momentos cuando Dios trabajaba en mi alma y el amor se hacia cada vez mas puro y mas fuerte; y el Señor llevo mi voluntad a la mas estrecha unión son su santa voluntad. Nadie puede entender lo que estoy viviendo en este magnifico palacio de mi alma donde estoy continuamente con mi Amadísimo. Ninguna cosa exterior perturban mis relaciones con dios; aunque usara las palabras más fuertes, no expresaría ni una sombra de cómo mi alma está embriagada de felicidad y de amor inexpresable, tan grande y tan puro como la fuente de la que brota, es decir, Dios mismo. El alma es totalmente embebida de Dios, lo siento físicamente y el cuerpo participa en este gozo; aunque sucede que las inspiraciones de Dios son diversas en la misma alma, sin embargo provienen de la misma fuente.

En una ocasión vi a Jesús sediento y a punto de desfallecer, y me dijo: Tengo sed. Cuando le di agua al Señor, la tomó, pero no la bebió y desapareció inmediatamente; estaba vestido como durante la Pasión.

Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mucho mayor que si leyeras muchos libros. Oh, si las almas quisieran escuchar Mi voz cuando les hablo en el fondo de sus corazones, en poco tiempo llegarían a la cumbre de la santidad.

8 I 1936. Cuando fui a ver al arzobispo y le dije que el Señor exigía de mi que rogara impetrando la Divina Misericordia para el mundo, y que surgiera una Congregación que implorase la Divina Misericordia para el mundo, le rogué que me diera la autorización para todo esto que Jesús quería de mi, el arzobispo me contestó con estas palabras: En cuanto a las plegarias, hermana, le doy permiso e incluso la animo a rogar lo máximo posible por el mundo e impetrar por él la Divina Misericordia, porque todos necesitamos la misericordia y seguramente tampoco el confesor le impide, hermana, rogar según esta intención. Y en cuanto a la Congregación, pues, espere un poco, hermana, que las cosas se pongan un poco mas favorables; esta obra en si es buena, pero no se debe tener prisa; si tal es la voluntad de Dios, tarde o temprano, se realizará. ¿Por qué no?, después de todo existen tantas otras Congregaciones, pues también ésta surgirá, si Dios lo quiere. Esté completamente tranquila. Jesús puede todo; procure una estrecha unión con dios y esté de buen ánimo. Estas palabras me llenaron de gran alegría.

Al alejarme del arzobispo, oí en el alma estas palabras: Para confirmar tu espíritu hablo por medio de Mis suplentes de acuerdo a lo que exijo de ti. Pero debes saber que no siempre será así; te contradecirán en muchas cosas y a través de esto se manifestará Mi gracia y que esta obra es Mía, pero tu no tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo. Has de saber también, hija Mía, que todas las criaturas, sepan o no sepan, quieran o no quieran, siempre cumplen Mi voluntad.

Una vez, vi de repente al Señor Jesús en una gran Majestad y me dijo estas palabras: Hija Mía, si quieres, en este momento creo un mundo nuevo más bello que éste y pasarás en él el resto de tus días. Contesté: No quiero ningún mundo, yo Te deseo a Ti, oh Jesús, deseo amarte con el amor con que Tú me amas; Te ruego una cosa: Haz mi corazón capaz de amarte.  Me sorprende mucho, Jesús mío, que hagas tal pregunta, porque en realidad ¿qué haría yo con estos mundos aunque me los des por millares? ¿Qué provecho tendría? Tu sabes bien, Jesús, que mi corazón muere de nostalgia por Ti; todo lo que está fuera de Ti, para mi no es nada. En aquel momento no vi nada mas, pero una fuerza envolvió mi alma y un extraño fuego se incendio en mi corazón, y entré en una especia de agonía por Él; entonces oí estas palabras: A ningún alma Me uno tan estrechamente y de este modo como a ti y esto por la profunda humildad y el amor ardiente que tienes por Mi.

Una vez oí en mi interior estas palabras: Percibo cada latido de tu corazón; has de saber, hija Mía, que una mirada tuya hacia alguien Me heriría mas que muchos pecados cometidos por otra alma.

El amor expulsa el temor del alma. Desde que amé a Dios con todo mí ser, con toda la fuerza de mi corazón, desde entonces cedió el temor y aunque me digan no sé qué de su justicia, no le tengo miedo en absoluto, porque lo conocí bien: Dios es el Amor y su Espíritu es la paz. Y ahora veo que mis obras que surgieron del amor son más perfectas que las obras que cumplí por temor. He puesto mi confianza en Dios y no tengo miedo de nada, me he entregado totalmente a su santa voluntad; que haga de mi lo que quiera y yo, de todas maneras, Lo amaré siempre.

Cuando recibo la Santa Comunión, pido y suplico al Salvador que sane mi lengua para que nunca ofenda el amor del prójimo.

Oh Jesús, Tu sabes cuán ardiente es mi deseo de esconderme para que nadie me conozca, excepto Tu dulcísimo Corazón. Deseo ser una violeta pequeñita escondida entre las hierbas, desconocida en un magnifico jardín cerrado, donde crecen esplendidas rosas, y lirios. La bella rosa y el maravilloso lirio se dejan ver desde lejos, pero para ver la violeta pequeña hay que encorvarse mucho, sólo su perfume permite descubrirla. Oh, cuanto me alegro de poder esconderme así. Oh mi Esposo divino, para Ti son la flor de mi corazón y el perfume del amor puro. Mi alma se ha ahogado en Ti, Dios eterno, desde el momento en que Tu Mismo me has atraído hacia Ti; oh Jesús mío, cuanto más Te conozco, tanto mas ardientemente Te deseo. Conocí en el Corazón de Jesús, que para las almas elegidas en el cielo mismo hay otro cielo al que no todos tienen acceso sino solamente las almas elegidas. Una felicidad inconcebible en la que será sumergida el alma. Oh Dios mío, es que no logro describirlo ni siquiera en una mínima parte. Las almas están penetradas por su divinidad, pasan de claridad en claridad, luz inmutable, pero nunca monótona, siempre nueva, y que no cambia nunca. Oh Santa Trinidad, déjate conocer a las almas.

Oh Jesús mío, no hay nada mejor para un alma que las humillaciones. En el desprecio está el secreto de la felicidad; cuando el alma llega a conocer que es una nulidad, la miseria personificada y que todo lo que tiene de bueno en si misma, es exclusivamente don de Dios, cuando el alma ve que todo lo que tiene en si le ha sido dado gratuitamente y que de si tiene solamente la miseria, esto la mantiene continuamente humilde delante de la Majestad de Dios y Dios, viendo tal disposición del alma, la persigue con sus gracias. Cuando el alma se hunde en el abismo de su miseria, Dios hace uso de su omnipotencia para enaltecerla. Si hay en la tierra un alma verdaderamente feliz, ésta es solamente un alma verdaderamente humilde. Al principio el amor propio sufre mucho a causa de eso, pero si el alma enfrenta valerosamente repetidos combates, Dios le concede mucha luz en la que ella ve lo miserable y engañoso que es todo. En su corazón esta solamente Dios; un alma humilde no confía a si misma, sino que pone su confianza en Dios. Dios defiende al alma humilde y Él Mismo se introduce en las cosas de ella y entonces el alma permanece en máxima felicidad que nadie puede comprender.

Una noche vino a mi una de las hermanas difuntas que ya antes había venido a verme algunas veces; la primera vez la vi en un estado de gran sufrimiento, después los sufrimientos eran cada vez menores y aquella noche, la vi resplandeciente de felicidad y me dijo que ya estaba en el paraíso; y me dijo que Dios probó esta casa con aquella tribulación porque la Madre General había dudado, no prestando fe a lo que yo había dicho de esta alma. Pero ahora, como signo de que sólo ahora está en el cielo, Dios bendecirá esta casa. Luego se acercó a mí y me abrazó cordialmente y dijo: Tengo que irme ya. Comprendí lo estrecha que es la unión entre estas tres etapas de la vida de las almas, es decir, la tierra, el purgatorio, el cielo.

Noté muchas veces que Dios somete a pruebas a algunas personas porque, según me dice, no le agrada la incredulidad. Una vez, al ver que Dios sometio a prueba a un arzobispo que estaba mal dispuesto y no creia en esta causa… me dio lastima y pedi a Dios por él y el Señor le dio alivio. A Dios le desagrada mucho la desconfianza y por eso algunas almas pierden muchas gracias. La desconfianza  de un alma hiere su dulcisimo Corazón que está lleno de bondad y de amor inconcebible hacia nosotros; porque es grande la diferencia entre el deber del sacerdote que a veces no debe creer, pero para convencerse mas profundamente de la veracidad de los dones o de las gracias en cierta alma, y cuando lo hace para guiar mejor a un alma y empujarla hacia una mas profunda unión con dios; será grande e incalculable su recompensa por ello. Pero menospreciar y desconfiar de las gracias de Dios en un alma por no poder penetrarlas ni entenderlas, esto no agrada al Señor. Siento mucho por las almas que se encuentran con sacerdotes inexpertos.

Una vez un sacerdote  me pidio que rogara según su intencion; prometi rogar y pedi una mortificacion. Cuando recibi el permiso para  cierta mortificacion, sentí en el alma el deseo de ceder en aquel dia a aquel sacerdote todas las gracias que la bondad de Dios me había destinado y pedi a Jesús que se dignara destinarme todos los sufrimientos y todas las tribulaciones exteriores e interiores que aquel sacerdote iba a soportar aquel dia. Dios aceptó en parte este deseo mio y en seguida, sin saber de dónde, empezaron a surgir distintas dificultades y contrariedades hasta tal punto que una de las hermanas dijo en voz alta estas palabras: El Señor Jesús debe tener algun plan en que todos ejerciten a Sor Faustina. Los hechos referidos eran tan sin fundamento que algunas hermanas los afirmaban y otras los negaban, mientras yo, en silencio, me ofrecia por aquel sacerdote. Pero eso no fue todo; tuve sufrimientos interiores. Primero me dominó y una aversión hacia las hermanas, luego comenzó a atormentarme una extrana inseguridad, no logré concentrarme para rezar, varias cuestiones pasaban por mi cabeza causandome preocupaciones. Cuando cansada entré en la capilla, un extrano dolor estrechó mi alma y empecé a llorar silenciosamente; entonces oí en el alma esta voz: Hija Mia, ¿Por qué lloras? Si tu misma te has ofrecido a este sufrimiento; debes saber que lo que tú has recibido por aquella alma es una parte muy pequena. El sufre todavía mas. Y le pregunté al Señor: ¿Por qué Te comportas con él de este modo? El senor me contestó que por la triple corona que le era destinada: la de la virginidad, del sacerdocio y del martirio. En aquel momento una gran alegria dominó mi alma al ver una gran gloria que él recibiria en el cielo. Entonces recé el Te Deum por esta singular gracia de Dios, es decir, por haber conocido que Dios se comporta asi con aquellos a los cuales desea tener cerca de Él. Pues, nada son todos los sufrimientos en comparación con lo que nos espera en el cielo.

Un dia, después de nuestra Santa Misa, a vi de repente a mi confesor celebrando la Santa Misa en la iglesia de San Miguel delante de la imagen de Nuestra Senora. Estaba en el ofertorio de la Santa Misa y vi al pequeño Nino Jesús que se estrechaba a él como si estuviera huyendo de algo, en él buscando refugio. Pero al llegar el momento de la Santa Comunión, desapareció como siempre. De repente vi a la Santisima Virgen que lo cubrió con su manto y dijo: Ánimo, Hijo mio; valor, Hijo mio. Y dijo algo mas que yo no alcancé oir.

Oh, qué ardiente es mi deseo de que cada alma glorifique Tu misericordia. Feliz el alma que invoca la misericordia del Señor; experimentará lo que ha dicho el Señor, es decir, que la defenderá como su gloria, ¿y quién se atrava a luchar contra Dios? Que toda alma exalta la misericordia del Señor  con la confianza en su misericordia, durante toda su vida y especialmente en la hora de la muerte. Alma querida, no tengas miedo de nada, quienquiera que seas; y cuanto mas grande es el pecador, tanto mayor derecho tiene a Tu misericordia, Señor. Oh bondad inconcebible, Dios es el primero en humillarse hacia el pecador. Oh Jesús, deseo glorificar Tu misericordia para miles de almas. Yo sé bien, oh Jesús, que debo hablar a las almas de Tu bondad, de Tu inconcebible misericordia.

En cierta ocasión una persona me pidio rogar por ella; cuando me encontre con el Señor, le dije estas palabras: Jesús, yo amo particularmente las almas a las que amas Tú. Y Jesús me contestó con estas palabras: Y Yo concedo gracias particulares a las almas por las cuales tú intercedes delante de Mi.

Jesus me defiende de manera misteriorsa, de verdad, es una gran gracia de Dios que experimento desde hace mucho tiempo.

Una vez, cuando una de las hermanas se enfermó y estaba a punto de morir, se reunió toda la Comunidad  y estaba tambien presente un sacerdote que le dio a la enferma la absolución; subitamente vi una multitud de espiritus de las tinieblas. En aquel momento, olvidandome que estaba en compania de las hermans, tomé el aspersorio y los rocié con agua bendita y desaparecieron en seguida. Pero cuando las hermanas vinieron al refectorio, la Madre Superiora me llamó la atención a que no habria debido rociar a la enferma en presencia del sacerdote al que correspondia tal funcion. Acepté la admonición con espiritu de penitencia, pero el agua bendita da un gran alivio a los moribundos.

Oh Jesús mio, Tu ves lo debil aque soy por mi misma, por eso dirige Tu Mismo todas mis cosas. Sabes, oh Jesús, que sin Ti no me acerco a ningun problema, pero Contigo afrontaré las cosas mas difíciles.

29 I 1936. Por la noche, estando yo en mi celda, vi repentinamente una gran claridad y en lo alto de esta claridad una enorme cruz gris oscura y de inmediato fui atraida cerca de esta cruz; pero mirandola fijamente no comprendia nada y rezaba para conocer lo que significaba. De pronto vi a Jesús y la cruz desaparecio. El Señor Jesús estaba sentado entre una gran luz, los pies y las piernas hasta las rodillas se hundian en esta luz de modo que no los veia. Jesús se inclinó a mi y me miró amablemente y me habló sobre la voluntad del Padre Celestial. Me dijo que el alma mas perfecta y santa es aquella que cumple la voluntad de su Padre, pero son pocas estas almas. Con un amor singular mira al alma que vive según su voluntad; y Jesús me dijo que yo complo la voluntad de Dios de modo perfecto, es decir, perfectamente y por eso Me uno a ti y Me relaciono contigo de una manera tan particular y tan estrecha. Dios envuelve con un amor inconcebible al alma que  vive según su voluntad. Comprendi cuanto Dios nos ama, cuán sencillo es aunque incomprensible, que facil es tratar con Él aunque su Majestad es tan grande. Con nadie me relaciono tan fácilmente y con tanta soltura como con Él; ni siquiera la madre natural con su hijo que la ama sinceramente se entienden tanto como mi alma con Dios. Mientras estaba en esta unión con el Señor, vi dos personas y no estaba escondido delante de mi su interior; triste el estado de estas almas, pero confio en que tambien ellas glorificarán la misericordia del Señor.

En el mismo momento vi tambien a cierta persona  y en parte el estado de su alma y grandes pruebas que Dios enviaba a esta alma; esos sufrimientos tenian relacion con su mente y en una forma tan aguda que me dio lastima y dije al Señor: ¿Por qué la tratas asi? Y el Señor me contestó: Por su triple corona. Y el Señor me dio a conocer qué gloria mas inefable le espera al alma que es  semejante a Jesús doliente aquí en la tierra; tal alma sera semejante a Jesús en su gloria. El Padre Celestial honrará y estimará nuestras almas en cuanto vea en nosotros la semejanza a Su Hijo. Comprendi que esta semejanza con Jesús nos es dada aquí en la tierra. Veo almas puras e inocentes a las cuales Dios administra su justicia y estas almas son las victimas que sostienen el mundo y completan lo que ha faltado a la Pasion de Jesús; son pocas estas almas. Me alegro enormemente de que Dios me haya permitido conocer a tales almas.

Oh Santa Trinidad, Dios eterno, Te agradezco por haberme permitido conocer la grandeza y la diferencia entre los grados de la gloria que dividen a las almas. Oh, qué grande es la diferencia entre un solo grado de mas profundo conocimiento de Dios. Oh, si las almas pudiesen saberlo. Oh Dios mio, si pudiera conquistar uno mas, soportaria con gusto todos los tormentos que habian padecido todos los martires juntos.  De verdad, todos estos tormentos me parecen nada en comparación con la gloria que nos espera por toda la eternidad. Oh Señor, sumerge mi alma en el océano de Tu divinidad y concedeme la gracia de conocerte, porque cuanto mejor Te conozco, tanto mas ardientemente Te deseo, y mi amor hacia Ti se fortalece. Siento en mi alma un abismo insondable que solamente Dios llena; me deshago en Él como una gota en el océano; el Señor bajó hacia mi miseria como un rayo de sol hacia la tierra infértil y rocosa y, sin embargo, bajo el poder de sus rayos, mi alma se cubrio de verde, de flores y de frutas y se convirtió en un bello jardin para su descanso.

Oh Jesús mio, a pesar de Tus gracias, siento y veo toda mi miseria. Comienzo el dia luchando y lo termino luchando; en cuanto aparto una dificultad, en su lugar surgen diez por superar, pero no me aflijo por ello, porque sé muy bien que éste es el tiempo de la lucha y no de la paz. Cuando la lucha se hace tan dura que supera mis fuerzas, me arrojo como una nina en los brazos del Padre Celestial y tengo confianza que no pereceré. Oh Jesús mio, soy tan propensa al mal y eso me obliga a vigilarme continuamente, pero nada me desalienta, confio en la gracia de Dios, que abunda donde la miseria es la mas grande.

Entre las mas grandes dificultades y contrariedades no pierdo la paz interior ni el equilibrio en lo exterior y esto desanima a los adversarios. Entre las contrariedades la paciencia refuerza al alma.

2 de febrero 1936. Por la manana, al despertarme al sonido de la campanilla, me entró un sueno tan grande que no logrando despertarme del todo, di un salto al agua fria y dos minutos después el sueno se me quitó. Al venir a la meditación se agolpó en mi cabeza toda una confusion de pensamientos necios y luché durante toda la meditación. Lo mismo ocurrio durante las plegarias, pero cuando comenzó la Santa Misa, en mi alma reinó una extrana calma y alegria. En ese momento vi a la Santisima Virgen con el Nino Jesús y al Santo Anciano que estaba detrás de Nuestra Senora. La Santisima Virgen me dijo: Aqui tienes el tesoro mas precioso. Y me dio al Nino Jesús. Cuando tomé al Nino Jesús en brazos, la Virgen y San José desaparecieron; me quedé sola con el Ninito Jesús: Le dije:

Sé que eres mi Señor y Creador, a pesar de ser tan pequeño. Jesús tendio sus bracitos y me miraba sonriendo, mi espiritu estaba lleno de un gozo incomparable. De reente Jesús desaparecio y la Santa Misa llegó al momento de acercarse a la Santa Comunión. Fui en seguida con otras hermanas a tomar la Santa Comunión con el alma llena de su presencia. Después de la Santa comunión oí en el alma estas palabras: Yo soy en tu corazón el mismo al que tuviste en tus brazos. Entonces rogué al senor por cierta alma para que le concediera la gracia en la lucha y le quitara esa prueba. Se hará según pides, pero su merito no disminuirá. Una alegria reinó en mi alma por ser Dios tan bueno y tan misericordioso; Dios concede todo lo que pedimos con confianza.

Despues de cada conversación con el Señor mi alma es singularmente fortalecida, una profunda calma reina en mi alma y me hace tan valiente que no temo nada en el mundo; tengo un solo temor, el de entristecer a Jesús.

Oh Jesús mio, Te ruego por la bondad de Tu dulcisimo Corazón, que se calme Tu ira y muestranos Tu misericordia. Que Tus heridas sean nuestro escudo ante la justicia de Tu Padre. Te conoci, oh Dios, como una Fuente de Misericordia con que se anima y alimenta cada alma. Oh, qué grande es la misericordia del Señor, por encima de todos sus atributos; la misericordia es el mayor atributo de Dios, todo lo que me rodea, me habla de ello. La misericordia es la vida de las almas, su compasión es inagotable. Oh Señor, miranos y tratanos según Tu piedad infinita, según Tu gran misericordia.

Una vez tenia dudas de si lo que me había sucedido, no hubiese ofendido gravemente a Jesús. Como no lograba darme cuenta de ello, decidi no acercarme a la Santa Comunión antes de confesarme, aunque en seguida hice un acto de contrición, porque tengo la costumbre de que después de la menor falta, me ejercito en la contrición. En los dias en que no me acercaba a la Santa Comunión  no sentia la presencia de Dios, sufria indeciblemente a cause de esto, pero lo soportaba como el castigo por el pecado. Sin embargo durante la confesion recibi una amonestación, que podia acercarme a la Santa Comunión, ya que lo que me había sucedido no era un impedimento para recibir la Santa Comunión. Después de la confesion recibi la Santa Comunión, y vi a Jesús que me dijo estas palabras: Has de saber, hija Mia, que no uniendote a Mi en la Santa Comunión Me ha desagradado mas que cometiendo aquella pequena falta.

Un dia vi una pequena capilla y dentro de ella seis hermanas que estaban recibiendo la Santa Comunión, administrada por nuestro confesor vestido con un sobrepelliz y una estola. En aquella capilla no había ni adornos ni reclinatorios; después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús como aparece en la imagen. Jesús estaba caminando y yo llamé: ¿Señor, cómo puedes pasar y no decirme nada? Yo no haré nada sin Ti, tienes que quedarte conmigo y bendecirme a mi y a esta Comunidad y a mi patria. Jesús hizo la senal de la cruz y dijo: No tengas miedo de nada. Yo estoy siempre contigo. Los dos ultimos dias angtes de la Cuaresma, junto con las alumnas, tuvimos una hora de adoración reparadora. Durante ambas horas vi al Señor Jesús con el aspecto que tuvo después de la flagelación; el dolor que estrechó mi alma era tan grande que tenia la sensación de experimentar todos estos tormentos en mi propio cuerpo y en mi propia alma.

1 III 1936. Ese dia durante la Santa Misa me envolvio una extrana fuerza y un impulso para que me pusiera a realizar los deseos de Dios. Me vino una comprensión tan clara de las cosas que el senor exigia de mi que, verdaderamente, si dijera, o sea, me justificara  diciendo que no comprendia algo de lo que el Señor exigia de mi, mentiria. Porque el Señor me da a conocer su voluntad explicita y claramente y en estas cosas no tengo ni una sombre de duda. Y comprendi que seria la ingratid mas grande diferir mas esta cuestion que el Señor quiere realizar para su gloria y para el provecho de un gran numero de almas y se sirve de mi como de un miserable instrumento por el cual ha de realizar sus eternos planes de misericordia. De verdad, seria muy ingrata mi alma si se opusiera mas tiempo a la voluntad de Dios. Ya nada me detiene en esto: ni la persecución, ni el sufrimiento, ni el escarnio, ni las amenazas, ni las suplicas, ni el hambre, ni el frio, ni las lisonjas, ni las amistades, ni las contrariedades, ni los amigos, ni los enemigos, ni las cosas que estoy viviendo ahora, ni las cosas que vendran, ni el odio del infierno nada me impedira cumplir la voluntad de Dios. Ya nada me detiene en esto; ni la persecución, ni el sufrimiento, ni el escarnio, ni las amenazas, ni las suplicas, ni el hambre, ni el frio, ni las lisonjas ni las amistades, ni las contrariedades, ni los amigos, ni los enemigos, ni las cosas que estoy viviendo ahora, ni las cosas que vendran, ni el odio del infierno nada me impedira cumplir la voluntad de Dios. No me apoyo en mis propias fuerzas, sino en su omnipotencia, porque si me ha dado la gracia de conocer su santa voluntad, asimismo me concedera la gracia de poder cumplirla. No puedo