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Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec. En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice Warckie, se le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajando de empleada doméstica en casas de familias acomodadas de Aleksandrów, Łódź y Ostrówek, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular intensa vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió:Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a sor Faustina por secretaria y apóstolde su misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo sugran mensaje. En el Antiguo Testamento —le dijo— enviaba alos profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a todala humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588).

La misión de Santa Faustina consiste en 3 tareas: cercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio —dijo el Señor Jesús a sor María Faustina— tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas,por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

Sor María Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión. Entre los años 1965-67 en Cracovia fue llevado a cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992. El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Łagiewniki.

Homilía del Santo Padre 

INTRODUCCION

1. Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, conocida actualmente en el mundo entero, ha sido incluida por los teólogos entre los destacados místicos de la Iglesia.

Nació como la tercera hija entre diez hermanos de una pobre y piadosa familia campesina de la aldea de Glogowiec.  En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Swinice Warckie, se le impuso el nombre de Elena.  Desde pequeña se destacó por la piedad, el amor a la oración, la laboriosidad y la obediencia, y por una gran sensibilidad ante la pobreza humana.  Su educación escolar no duró ni siquiera tres años:  al cumplir 14 años abandonó la casa familiar para trabajar de sirviente en Aleksandrów y Lodz, y mantenerse a sí misma y ayudar a sus padres.

Ya desde los 7 años Elena sintió en su alma el llamado a la vida religiosa (dos años antes de recibir la Primera Comunión), pero sus padres no le dieron el permiso para que entrara en el convento.  Ante la negativa, la niña intentó apagar dentro de sí el llamado de Dios; sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente y las palabras de reproche”  Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?” empezó a buscar ser aceptada en algún convento.  Pero donde llamaba la despedían.  Finalmente, el 1 de agosto de 1925, pasó el umbral de la clausura de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en la calle Zytnia, en Varsovia.  En su Diario confesó:  “Me pareció que entré en la vida del paraíso.  De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias”.

Unas semanas después sintió una fuerte tentación de trasladarse a otro convento donde pudiera tener más tiempo para rezar.  Entonces, el Señor Jesús, enseñándole su faz desgarrada y martirizada, dijo: “Tú Me causarás un dolor semejante, si sales de esta Congregación.  Te he llamado aquí y no a otro lugar, y te tengo preparadas muchas gracias”.

En la Congregación recibió el nombre de Sor María Faustina.  El noviciado lo pasó en Cracovia, donde en presencia del obispo St. Respond hizo los primeros votos y cinco años después los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia.  Trabajó en distintas casas de la Congregación.  Pasó los períodos más largos en Cracovia, Plock y Vilna trabajando como cocinera, jardinera, y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su extraordinaria y rica vida mística.  Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y piadosa, pero a la vez natural, alegre, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo.

Toda su vida se concentraba en caminar con constancia a la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas.  “Jesús mío – confesó en el Diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ninguna alma Te amó hasta ahora” .

El Diario revela la profundidad de su vida espiritual.  Una lectura atente de estos escritos permite conocer un alto grado de unión de su alma con Dios, permite conocer hasta qué punto Dios se entregó a su alma y evidencia también sus esfuerzos y combates en el camino hacia la perfección cristiana.  El Señor la colmó de muchas gracias extraordinarias:  los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de leer en las almas humanas, y de desposorios místicos.  Colmada de tantas gracias, escribió:  “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios.  Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”.

El austero modo de vida y los agotadores ayunos que practicaba desde antes de entrar en el convento, debilitaron tanto su organismo que siendo postulante, fue enviada al balneario de Skolimów, cerca de Varsovia, para recuperar la salud.  Tras el primer año de noviciado, le vinieron experiencias místicas sumamente dolorosas; las de la llamada noche oscura, y luego, sufrimientos espirituales y morales relacionados con la realización de su misión que le fue encomendada por el Señor.  Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó también diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar las almas de aquellos.  En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores, la llamada noche pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo:  se desarrolló la tuberculosis que atacó los pulmones y el sistema digestivo.  A causa de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en Cracovia, por varios meses.

Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, falleció en olor de santidad, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los que 13 fueron en el convento.  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad en Cracovia – Lagiewniki, y luego, durante el proceso informativo en 1966, trasladado a la capilla.

A esta sencilla monja, sin grandes estudios, pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor Jesús le confió una gran misión:  el mensaje de la misericordia dirigido a todo el mundo.  “Te envío – dijo – a toda la humanidad con Mi misericordia.  No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón Misericordioso  (Diario, 1588).  Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura, para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia“ .

2. La misión de Sor Faustina consiste, en resumen, en recordar una verdad de la fe, conocida desde siempre, pero olvidada, sobre el amor misericordioso de Dios al hombre y en transmitir nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, cuya práctica ha de llevar a la renovación religiosa en el espíritu de confianza y misericordia cristianas.

El Diario que Sor Faustina escribió durante los últimos 4 años de su vida por un claro mandato del Señor Jesús, es una forma de memorial, en el que la autora registraba, al corriente y en retrospectiva, sobre todo los “encuentros” de su alma con Dios.  Para sacar de estos apuntes la esencia de su misión, fue necesario un análisis científico.  El mismo fue hecho por el conocido y destacado teólogo, Padre profesor Ignacy Rózycki.  Su extenso análisis fue resumido en la disertación titulada “La Divina Misericordia.  Líneas fundamentales de la devoción a la Divina Misericordia.”  A la luz de este trabajo resulta que todas las publicaciones anteriores a él, dedicadas a la devoción a la Divina Misericordia transmitida por Sor Faustina, contienen solamente algunos elementos de esta devoción, acentuando a veces cuestiones sin importancia para ella.  Por ejemplo, destacan la letanía o la novena, haciendo caso omiso a la Hora de la Misericordia.  El mismo Padre Rózycki hace referencia a ese aspecto diciendo:  “Antes de conocer las formas concretas de la devoción a la Divina Misericordia, cabe decir que no figuran entre ellas las conocidas y populares novenas ni letanías.”

La base para distinguir éstas y no otras oraciones o prácticas religiosas como nuevas  formas de culto a la Divina Misericordia, lo son las concretas promesas que el Señor Jesús prometió cumplir bajo la condición de confiar en la bondad de Dios y practicar misericordia para con el prójimo.  El Padre Rózycki distingue cinco formas de la devoción a la Divina Misericordia.

a.  La imagen de Jesús Misericordioso.   El esbozo de la imagen le fue revelado a Sor Faustina en la visión del 22 de febrero de 1931 en su celda del convento de Plock.  “Al anochecer, estando yo en mi celda – escribe en el Diario – ví  al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos:  uno rojo y otro pálido.  Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma:  Jesús, en Ti  confío.  Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia “.

El contenido de la imagen se relaciona, pues, muy estrechamente con la liturgia de ese domingo.  Ese día la Iglesia lee el Evangelio según San Juan sobre la aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29).  Así, la imagen presenta al Salvador resucitado que trae la paz a la humanidad por medio del perdón de los pecados, a precio de su Pasión y muerte en la cruz.  Los rayos de la Sangre y del Agua que brotan del Corazón (invisible en la imagen) traspasado por la lanza y las señales de los clavos, evocan los acontecimientos del Viernes Santo (Jn 19, 17-18, 33-37).  Así pues, la imagen de Jesús Misericordioso une en sí estos dos actos evangélicos que hablan con la mayor claridad del amor de Dios al hombre.

Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos.  El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó:  “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las alma.  Bienaventurado quien viva a la sombra  de ellos”.   Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía.  Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios con el hombre contraída en la Sangre de Cristo.

A la imagen de Jesús Misericordioso se le da con frecuencia el nombre de imagen de la Divina Misericordia.  Es justo porque la Misericordia de Dios hacia el hombre se reveló con la mayor plenitud en el misterio pascual de Cristo.

La imagen no presenta solamente la Misericordia de Dios, sino que también es una señal que ha de recordar el deber cristiano de confiar en Dios y amar activamente al prójimo.  En la parte de abajo – según la voluntad de Cristo – figura la firma:  “Jesús, en Ti  confío“.  “Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

Así comprendido el culto a la imagen, a saber, la actitud cristiana de confianza y misericordia, vinculó el Señor Jesús promesas especiales de: la salvación eterna, grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz, y todas las demás gracias que le fueren pedidas con confianza.  “Por medio de esta imagen colmare a las almas con muchas gracias.  Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella”.

b.  La Fiesta de la Misericordia.   De entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia reveladas por Sor Faustina, ésta es la que tiene mayor importancia.  El Señor Jesús habló por primera vez del establecimiento de esta Fiesta en Plock en 1931, cuando comunicó a Sor Faustina su deseo de que pintara la imagen:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”.

La elección del primer domingo después de la Pascua de Resurrección para la Fiesta de la Misericordia, tiene su profundo sentido teológico e indica una estrecha relación entre el misterio pascual de redención y el misterio de la Divina Misericordia.  Esta relación se ve subrayada aun mas por la novena de coronillas a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta y que empieza el Viernes Santo.

La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la misericordia, sino también el tiempo en que Dios colma de gracias a todas las personas.  “Deseo – dijo el Señor Jesús – que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadore.  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia morirán para siempre”.

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma.  “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.  “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia.  Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata”.

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión.  “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” .

c.  La coronilla a la Divina Misericordia.  El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 en Vilna, como una oración para aplacar la ira divina.

Las personas que rezan esta coronilla ofrecen a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de sus pecados, los pecados de sus familiares y los del mundo entero.  Al unirse al sacrificio de Jesús, apelan a este amor con el que Dios Padre ama a Su Hijo y El a todas las personas.

En esta oración piden también “misericordia para nosotros y el mundo entero” haciendo, de este modo, un acto de misericordia.  Agregando a ello una actitud de confianza y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada oración buena (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles pueden esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo que se refieren especialmente a la hora de la muerte:  la gracia de la conversión y una muerte serena.  Gozaran de estas gracias no solo las personas que recen esta coronilla, sino también los moribundos por cuya intención la recen otras personas.   “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante – dijo el Señor Jesús – se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”.  La promesa general es la siguiente:  ”Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan, si lo que me pidan esté conforme con Mi voluntad”.  Todo lo que es contrario a la voluntad de Dios no es bueno para el hombre, particularmente para su felicidad eterna.

“Por el rezo de esta coronilla – dijo Jesús en otra ocasión – Me acercas la humanidad.  A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá  de vida y especialmente a la hora de la muerte”.

d. La Hora de la Misericordia. En octubre de 1937, en unas circunstancias pocoaclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma”.

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia.   ”En esa hora – dijo a Sor Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crujir, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

El Padre Rózycki habla de tres condiciones para que sean escuchadas las oraciones de esa hora:

1. La oración ha de ser dirigida a Jesús.

2. Ha de ser rezada a las tres de la tarde.

3. Ha de apelar a los valores y meritos de la Pasión del Señor.

“En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre la justicia”.

e. La propagación de la devoción a la Divina Misericordia.   Entre las formas de devoción a la Divina Misericordia, el Padre Rózycki distingue además la propagación de la devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo.  “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso“.

La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.  El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El”  y hagan obras de misericordia:  a  través de sus actos, sus palabras y su oración.  “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte”.  Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso.  Un ejemplo de tal apostolado lo dio Sor Faustina durante toda su vida.

f.  El culto a la Divina Misericordia tiene como fin renovar la vida religiosa en la Iglesia en el espíritu de confianza cristiana y misericordia.  En este contexto hay que leer la idea de “la nueva Congregación” que encontramos en las páginas del Diario.  En la mente de la propia Sor Faustina este deseo de Cristo maduró poco a poco, teniendo cierta evolución:  de la orden estrictamente contemplativa al movimiento formado también por Congregaciones activas, masculinas y femeninas, así como por un amplio círculo de laicos en el mundo.  Esta gran comunidad multinacional de personas constituye una sola familia unida por Dios en el misterio de su misericordia, por el deseo de reflejar este atributo de Dios en sus propios corazones y en sus obras y de reflejar su gloria en todas las almas.  Es una comunidad de personas de diferentes estados y vocaciones que viven en el espíritu evangélico de confianza y misericordia, profesan y propagan con sus vidas y sus palabras el inabarcable misterio de la Divina Misericordia e imploran la Divina Misericordia para el mundo entero.

La misión de Sor Faustina tiene su profunda justificación en la Sagrada Escritura y en algunos documentos de la Iglesia.  Corresponde plenamente a la encíclica Dives in misericordia del Santo Padre Juan Pablo II.

¡Para mayor gloria de la Divina Misericordia! Cracovia – Lagiewniki. Sor Ma. Elzbieta Siepak De la Congregación de las Hermanas De la Madre de Dios de la Misericordia

CUADRO CRONOLOGICO DE LA VIDA DE  SANTA MARIA FAUSTINA KOWALSKA DE LA CONGREGACION DE LAS HERMANAS DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA

25 de agosto de 1905 – Sor Faustina nace en la aldea de Glgowiec (actualmente la provincia De Konin).

27 de agosto de 1905 -  Es bautizada en la parroquia de San Casimiro en Swinice  Warckie (diócesis de Wloclawek), y recibe el nombre de Elena.

1912 – Por primera vez oye en su alma la voz que la llama a la vida  perfecta.

1914 – Recibe la Primera Comunión. Septiembre de 1917 -  Comienza la educación en la escuela primaria.

1919 - Empieza a trabajar en casa de los amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki.                           

30 de octubre de 1921 - Recibe el Sacramento de la Confirmación administrado por el obispo Vicente Tymieniecki en Aleksandrów Lódzki.

1922 -  Vuelve a la casa familiar para pedir a los padres el permiso de  rentrar en un convento, recibe la negativa.

Otoño de  1922 -  Elena va a Lódz.  Durante un año trabaja en la tienda de Marcjanna  Sadowska, en la calle Abramowskiego 29 (2 II 1923 1 VII 1924)

Julio de  1924 -  Sale a Varsovia con la intención de entrar en un convento.  Se presenta  en la casa de la Congregación de la Madre de Dios de recibirla, pero antes le encomienda reunir una pequeña dote.

1 de agosto de 1925 – Después de un año de trabajo como sirvienta, Elena Kowalska vuelve a presentarse a la Superiora del convento en la calle Zytnia.  Es admitida al postulantado.

23 de enero de 1926 – Va a la casa del noviciado en Cracovia.

30 de abril de 1926 -  Recibe el hábito y el nombre de Sor María Faustina.

Marzo – abril de 1927 – Pasa por el periodo de oscuridad espiritual, que durará un año y medio.

16 de abril de 1928 - El Viernes Santo el ardor del amor divino penetra a la novicia sufriente que olvida los sufrimientos experimentados, conoce con más claridad lo mucho que Cristo sufrió por ella.

30 de abril de 1928 -  Al terminar el noviciado y después del retiro espiritual de 8 días, hace los primeros votos (temporales).

10 de octubre de 1928 - El Capítulo General que se celebra en la Congregación elige como Superiora General a la Madre Micaela Moraczewaska que va a ser la Superiora de Sor Faustina durante toda la vida. Será también su ayuda y consuelo en los momentos difíciles.

31 de octubre de 1928 -   Sale a casa de la Congregación en Varsovia, en la calleZytnia, para trabajar en la cocina.

21 de febrero -  Viaja a Vilna para sustituir a una hermana que tiene su tercera

11 de junio de 1929    probación. 

Junio de 1929  - Es mandada a la recién fundada casa de la Congregación en la calle Hetmanska, en Varsovia.

7 de julio de 1929  - Una breve estancia en Kiekrz, cerca de Poznan, para sustituir en la cocina a una hermana enferma.

Octubre de 1929 - Sor Faustina está en la casa varsoviana de la Congregación, en la Calle Zytnia.

Mayo – junio de 1930 - Viene a la casa de la Congregación en Plock.  Trabaja en la  panadería,   en la cocina y en la tienda adjunta a la panadería.

22 de febrero de 1931 - Tiene una visión del Señor que le encomienda pintar una imagen  según el modelo que ella ve.

Noviembre de 1932 - Sor Faustina viene a Varsovia para su tercera probación (de Cinco meses), a la que las hermanas de la Congregación se someten antes de hacer los votos perpetuos.  Antes de la probación tiene el retiro espiritual en Walendów.

18 de abril de 1933 - Sale a Cracovia para celebrar el retiro espiritual de 8 días, antes de los votos perpetuos.

1 de mayo de 1933 - Hace los votos perpetuos (el obispo Estanislao Rospond preside la ceremonia).

25 de mayo de 1933  - Viaja a Vilna.

2 de enero de 1934  - Por primera vez visita al pintor E. Kazimirowski que ha de pintar la imagen de la Divina Misericordia.

29 de marzo de 1934 -Se ofrece por los pecadores y especialmente por aquellas almas que han perdido confianza en la Misericordia de Dios.

Junio de 1934 - Queda terminada la imagen de la Divina Misericordia.  Sor Faustina llora porque el Señor Jesús no es tan bello como ha sido en la visión.

12 de agosto de 1934  - Un fuerte desfallecimiento de Sor Faustina.  El Padre Miguel Sopocko le administra el sacramento de los enfermos.

13 de agosto de 1934 - El mejoramiento del estado de salud de Sor Faustina.

26 de octubre de 1934  - Cuando Sor Faustina, junto con las alumnas, regresa del jardín para cenar (a las seis menos diez), ve al Señor Jesús encima de la capilla en Vilna tal y como lo vio en Plock, es decir con los rayos pálido y rojo.  Los rayos envuelven la capilla de la Congregación, la enfermería de las alumnas y después se extienden sobre el mundo entero.

15 de febrero de 1935  – Recibe la noticia de una grave enfermedad de su madre, y va a la casa  familiar en Glogowiec.  En el camino de regreso a Vilna, se detiene en Varsovia para ver a la Madre General, Micaela Moraczewska, y a su antiguo maestra, Sor María Josefa Brzoza.

19 de octubre de 1935 Sale a Cracovia para participar en el retiro espiritual de 8 días.

8 de enero de 1936 - Hace una visita al arzobispo Romuald Jalbrzykowski, Metropolitano de Vilna y le comunica que el Señor Jesús exige la Fundación de una Congregación nueva.

21 de marzo de 1936 - Sale de Vilna y viene a Varsovia.  

25 de marzo de 1936 - Es trasladada a la casa de la Congregación en Walendów.

Abril de 1936 -  Es trasladada a la casa en la localidad de Derdy (a 2 Km. De Walendów).

11 de mayo de 1936  - Sale de Derdy y va a Cracovia para estar allí hasta su muerte.

14 de septiembre de 1936   -  Un encuentro con el arzobispo Jalbrzykowski, quien, estando de  paso Cracovia, visita la casa de la  Congregación.

19 de septiembre de 1936 -  Un examen en el sanatorio de Pradnik (hoy, el hospital Juan  Pablo II.

9 de diciembre de 1936 - La estancia en el hospital de Pradnik.  - 27 de marzo de 1937

29 de julio  – La estancia en el balneario de Rabka. – 10 de agosto de 1937

21 de abril de 1938  - El empeoramiento del estado de salud y el retorno de Sor Faustina

Agosto de 1938 - La última carta a la Superiora General en la que Sor Faustina pide perdón por las desobediencias de toda la vida y la que termina con las palabras:  “Hasta la vista en el cielo.”

25 de agosto de 1938 -  Sor Faustina recibe el sacramento de los enfermos.

2 de septiembre de 1938 - Al visitar a Sor Faustina en el hospital, el Padre Sopocko la encuentra  en éxtasis.

7 de septiembre de 1938 - El regreso del hospital al convento.

5 de octubre de 1938 - A las once menos cuarto de la noche, Sor María Faustina Kowalska, tras largos sufrimientos soportados con gran paciencia, ha ido a encontrarse con el Señor para recibir la  recompensa.

7 de octubre de 1938  -  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad, situado al fondo del jardín de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

21 de octubre de 1965 - En la arquidiócesis de Cracovia es iniciado el proceso Informativo  sobre la beatificación de Sor Faustina.

25 de noviembre de 1966  - El traslado de los restos mortales de Sor Faustina del Cementerio a la capilla de las Hermanas de la Madre de Dios de  la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

20 de septiembre de 1967 - Una solemne sesión presidida por el cardenal Karol Wojtyla pone el punto final al proceso informativo diocesano.  Las actas del proceso son enviadas a Roma.

31 de enero de 1968 - Con decreto de la Congregación para la Causa de los Santos se abre el proceso de beatificación de la Sierva de Dios Sor Faustina.

19 de junio de 1981  - La Sagrada Congregación de la Causa de los Santos, después de completar la investigación de todos los escritos de la Sierva de Dios Sor Faustina, emite un documento declarando que  ”nada se interpone para continuar” con su causa.

7 de marzo de 1992 - En presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de   los Santos promulga el decreto de las Virtudes Heroicas mediante  el cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes de manera heroica.  Como resultado, ella recibe el título de “Venerable” Sierva de Dios y se abre el camino para verificar el milagro atribuido a su intercesión.

21 de diciembre de 1992  - El Santo Padre publica la aceptación del milagro como concedido por la intercesión de Sor Faustina y anuncia la fecha   para su solemne beatificación.

18 de abril de 1993 - Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma  el  primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

30 de abril de 2000 - Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, en la Fiesta de la Misericordia.

Ricardo Romero – Mar del Plata – Argentina
mensajeromariano@hotmail.com

 

 

 

 

 

Primer Cuaderno

El 22 de febrero de 1931, durante su estancia en Plock, Sor Faustina recibió la orden de Jesús de pintar su imagen según el modelo que le fue mostrado. Intentó cumplir esta orden, pero sin conocer las técnicas pictóricas, no pudo realizar la obra.  Sin embargo no renunció a la idea de pintar la imagen.  Volvió a ella buscando la ayuda de las hermanas y de los confesores (Archivo de la Postulación de Sor Faustina – Recuerdo). 

En 1933, cuando Sor Faustina llegó a Vilna, su confesor, el Padre Sopocko propuso al pintor Eugenio Kazimirowski pintar la imagen según las indicaciones de Sor Faustina.  Hasta 1988 el apellido del artista venia citado erróneamente como Kazimirowski. La imagen fue terminada en junio de 1934 y colocada en el pasillo del convento de las Hermanas Bernardas junto a la iglesia de San Miguel en Vilna, donde el Padre Sopocko era rector.

En 1935, durante las celebraciones con motivo de la clausura del Año de Jubileo de la Redención del Mundo, la imagen de la Divina Misericordia fue trasladada a Ostra Brama, y ubicada en lo alto de un ventanal, para que se viera desde lejos, y estuvo allí desde el 16 hasta el 28 de abril de 1935.  El 4 de abril de 1937, con la autorización del metropolitano de Vilna, arzobispo Mons. Romualdo Jalbrzykowski, la imagen fue bendecida y colgada en la iglesia de San Miguel de Vilna. 

En 1941 por iniciativa del mismo arzobispo fue convocada una comisión de expertos para evaluar la imagen.  La comisión declaró que la imagen de la Divina Misericordia pintada por Eugenio Kazimirowski representaba importantes valores religiosos y artísticos.

En 1942, por encargo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, el artista Estanislao Batowski pintó en Lvov otra imagen de la Divina Misericordia que fue colocada en la capilla de la Congregación en Varsovia, en la calle Zytnia 3/9.  Durante la insurrección de Varsovia la capilla y con ella la imagen fueron consumidas por el fuego.  Como la imagen pintada por Batowski gustó mucho, la Superiora General de la Congregación encomendó al artista pintar otra para la capilla de Cracovia.

Mientras tanto a la casa cracoviana de la Congregación se dirigió el pintor Adolfo Hyla con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra.  La Superiora, Madre Irene Krzyzanowska y el Padre José Andrasz (director espiritual del alma de Sor Faustina de Cracovia) le dieron una estampa de la Divina Misericordia (reproducción de la copia de la imagen de Kazimirowski) así como una descripción de la visión de Sor Faustina.  El trabajo iniciado en noviembre de 1942 fue terminado en marzo de 1943.  El 7 de marzo de 1943 la imagen de Jesús Misericordioso de autoría de A. Hyla fue bendecida con solemnidad en la capilla por el Padre J. Andrasz.

El 6 de octubre de 1943 llegó también el cuadro de Batowski.  Surgió, entonces, un problema:  ¿cuál de las dos imágenes había de quedar en la capilla?  El asunto fue solucionado por el cardenal Adan Sapieha durante su inesperada visita.  Al ver las dos imágenes dijo:  Dado que el señor Hyla ha pintado el cuadro como voto, que quede en la capilla de las hermanas.

Resultó, sin embargo, que la imagen de A. Hyla no cabía en el altar donde se la colocaba para celebrar oficios a la Divina Misericordia.  Entonces la Superiora de la casa, Madre Irene Krzyzanowska pidió a este mismo artista otra imagen de Jesús Misericordioso, de tamaño y forma adecuados al nicho del altar lateral.  El primer domingo después de Pascua, 16 de abril de 1944, celebrado por primera vez en esta capilla de la Divina Misericordia, el Padre J. Andrasz bendijo la nueva imagen del pincel de A. Hyla que presentaba a Jesús Misericordioso con una pradera y un matorral al fondo.  En 1954 A. Hyla repintó el lienzo eliminando la pradera y el matorral, haciendo el fondo oscuro y pintando el suelo bajo los pies de Jesús.

La imagen de la Divina Misericordia del pincel de A. Hyla de la capilla de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia de Cracovia – Lagiewniki pronto se hizo famosa por las gracias allí otorgadas y sus reproducciones se divulgaron por el mundo entero.  Así se cumplió el deseo del Señor Jesús expresado a Sor Faustina ya en la primera visión de la imagen en Plock:  Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y en el mundo entero.

Durante su estancia en Vilna Sor Faustina recibió de su confesor la recomendación de poner por escrito sus vivencias interiores.  Preguntado por la Congregación ¿por qué Sor Faustina escribió el Diario?, su confesor, Padre Miguel Sopocko contestó:  “En aquel entonces yo era profesor del seminario y en la facultad de Teología de la Universidad  ‘Stefan Batory’ de Vilna.  No tenia tiempo para escuchar sus largas confidencias en el confesionario, le recomendé de escribirlas en un cuaderno y dármelas a leer de vez en cuando.  Así nació el Diario” (Carta del Padre Sopocko del 6 de marzo de 1972).

Además de la orden del confesor, en muchas paginas del Diario Sor Faustina menciona una orden clara de escribir el Diario, hecha por Jesús Mismo.

Con la expresión “las vanidades de la vida” comprendía la vida común de la gente del mundo en el que se presta poca atención a las inspiraciones interiores de la gracia.

El baile tuvo lugar en el parque “Venecia” de Lódz cerca de la catedral de San Estanislao Kostka.  En el baile estuvo también la amiga de Elena, Lucina Strzelecka, luego Sor Julia, ursulina S.J.K. (Recuerdos de las hermanas Ursulinas S.J.K. de 1991). No se logró establecer qué aldea fue. Era la iglesia de Santiago Apóstol que se encuentra en Varsovia, en la calle Grójecka Plaza Narutowicza, barrio de Ochota. Se trata del Padre Santiago Dabrowski (nacido el 18 de agosto de 1862), párroco de la parroquia Santiago Apóstol en Varsovia y luego decano en el decanato suburbano de Varsovia.  Falleció durante la II Guerra Mundial.

“Mi marido”, recuerda Aldona Lipsyc, “había pedido al párroco de la parroquia de San Santiago Apóstol del barrio de Ochota de encontrar una persona que me ayudara en la casa.  El canónigo Santiago Dabrowski había sido anteriormente párroco en Klembów y era amigo de mi marido.  Lo bautizó, nos casó y bautizó a todos nuestros hijos.  El canónigo nos mandó, en verano de 1924, a Elena Kowalska con una hojita en la que decía que no la conocía, y nos deseaba que tuviéramos suerte.”

Aldona Lipszyc vivía entonces en Ostrówek, municipio de Klembów, distrito de Radzymin.  Nacida el 14 de abril de 1896 en Tblisi, hija de Serafín Jastrzebski y Maria Lemke.  En los años 1965 – 1966 fue una de los testigos en el proceso informativo de Sor Faustina. No se logró establecer en qué conventos pidió ser recibida. Por fin Elena Kowalska se presentó en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Varsovia, calle Zytnia 3/9, la cual, en este lugar, define como “nuestra puerta”. Recibió a Elena la Madre Micaela Moraczewska, en aquel entonces Superiora de la casa de Varsovia en la calle Zytnia 3/9.

Micaela Moraczewska, Olga Moraczewska, nacida en 1873, obtuvo una sólida instrucción, dominaba varios idiomas, se graduó en el conservatorio de música.  Había entrado en la Congregación siendo ya una persona plenamente madura.  Después de los votos perpetuos fue nombrada Superiora de la casa de Varsovia.  Desempeñó este cargo hasta 1928.  Luego sustituyó a la Madre Leonarda Cielecka en la función de Superiora General.  Cuando ocupaba este cargo fueron aprobadas las Constituciones de la Congregación.  Fundó nuevas casas en Varsovia (en el barrio de Grochów), en Rabka, en Lvov y una filial de la casa de Plock en el pueblo de Biala (a 10 kms. De Plock).  Falleció en Cracovia, el 15 de noviembre de 1966 y fue sepultada en el cementerio del convento.

Elena Kowalska trabajó un año mas en casa de Aldona Lipszyc y luego, sin volver a la casa familiar entró en la Congregación. Fue en junio de 1925.  La fiesta de Corpus Cristi cayó el 18 de junio y la octava duró hasta el 25 de junio. Elena Kowalska, obedeciendo la voluntad de las Superioras, volvió a presentarse en la Congregación un año después, es decir, el 1 de agosto de 1925 y aquel día fue recibida definitivamente. Con la Madre Micaela Moraczewska. En Varsovia, en la calle Zytnia, la capilla se encontraba en una casa aparte, no muy alejada de aquella donde vivían las hermanas.  Por eso había sido hecha otra en el primer piso de la casa ocupada por las hermanas donde se guardaba el Santísimo Sacramento y donde, de vez en cuando, se celebraban Misas.  Las hermanas la llamaban familiarmente “la capillita” o el “Pequeño Señor Jesús”.

Según la costumbre de la Congregación, después de las 9 de la noche era obligatorio el silencio canónico.  En aquella hora las hermanas iban a descansar en recogimiento.  Naturalmente no estaba prohibido rezar en silencio sus oraciones privadas.  Probablemente Elena consideraba una transgresión a esta costumbre orar tendida en el piso, lo que podía distraer a otras hermanas.

En aquella época, en la casa de la Congregación en la calle Zytnia, actuaban como confesores ordinarios (que confesaban cada semana): el Padre Pedro Loeve y el Padre Bronislao Kulesza.  El confesor extraordinario era el Padre Aloisio Bukowski, S. J.  Es difícil establecer con cuál de ellos se confesó aquel día la joven aspirante.

El Padre Pedro Loeve, nacido el 18 de noviembre de 1875, fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1898.  Era profesor del seminario de Varsovia, notario y luego viceoficial del tribunal Arzobispal de Varsovia.  Falleció el 19 de septiembre de 1951.

El Padre Bronislao Kulesza, nacido el 11 de junio de 1885, fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1908.  Era prefecto en muchas escuelas.  Falleció el 5 de mayo de 1975.

El Padre Aloisio Bukowski, S. J., nacido el 29 de agosto de 1873, fue ordenado sacerdote en Peplin el 25 de marzo de 1897.  Tras dos años de trabajo pastoral en la diócesis ingresó en la Compañía de Jesús.  Fue profesor de teología dogmática en el seminario de Widnawa y después en la Universidad de Varsovia.  Falleció el 7 de julio de 1941.

Debido a las vivencias espirituales, el trabajo espiritual demasiado intenso y el cambio del estilo de vida, en Elena Kowalska se produjo un agotamiento general que inquietó a las Superioras y la joven postulante fue enviada a Skolimów cerca de Varsovia.

Las crónicas de la casa de Varsovia en la calle Zytnia fueron quemadas durante la guerra, por lo tanto es difícil establecer con cuáles hermanas la joven postulante salió a Skolimów.

Por “superioras” se debe entender: la Superiora General y la Maestra de postulantes, porque ellas decidieron admitir a Elena Kowalska a la toma de hábito y enviarla al noviciado en Cracovia.

La Superiora General era en aquel entonces la Madre Leonarda, Estefanía Cielecka.  Nació el 24 de diciembre de 1850 en Paplin (la tierra de Siedlce).  Provenía de una familia de propietarios rurales, recibió una instrucción superior, dominaba varios idiomas.  Entró en la Congregación el 1 de octubre de 1885, hizo los votos perpetuos en 1893 en Varsovia.  En 1908 fue nombrada Superiora en Derdy cerca de Varsovia.  Desde 1912 tuvo el cargo de Superiora en Varsovia y desde 1918 en Walendów.  Cuando las casas de la Congregación en Polonia se hicieron autónomas (hasta entonces dependían de la casa general en Francia), en el primer capitulo, celebrado en 1922 en Varsovia, fue elegida primera Superiora General de la Congregación en Polonia.  Desempeñó este cargo durante 6 años, es decir, hasta 1928 y después fue asistente de la Superiora General.  Falleció el 1 de noviembre de 1933.

La Maestra de postulantes era entonces la Madre Juana Olga Bartkiewicz, nacida el 31 de julio de 1858.  Entró en la Congregación el 10 de diciembre de 1877, hizo los votos perpetuos en Laval, Francia, en 1885.  Durante la época en que la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia dependía de la casa general en Francia, la Madre Juana fue Vicaria General para las casas de Polonia.  Era una persona enérgica, exigente, a veces despótica.  Manifestaba mucho cariño a las religiosas jóvenes, pero al mismo tiempo las dirigía con una mano dura, lo que provocaba una atmósfera de temor.  Terminado el periodo de Vicaria General, durante algún tiempo fue Maestra del noviciado y de la tercera probación.  Por esta razón, en toda su vida se sintió autorizada para hacer observaciones a las hermanas jóvenes.  Falleció el 1 de julio de 1940 en Varsovia.

Terminada “la probación” (el postulantazo), la candidata hace ocho días de ejercicios espirituales.  Durante la toma de hábito recibe el hábito y el nombre, e inicia el noviciado.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia el noviciado dura dos años.  El primer año, llamado “canónico” está dedicado a profundizar la vida interior y conocer la espiritualidad de la Congregación.  Durante aquella etapa la novicia no puede frecuentar ninguna escuela, dedicarse a los estudios ni a las tareas que la absorban excesivamente.  En el segundo año del noviciado, las novicias además de dedicarse a sus ejercicios religiosos, pueden estudiar o trabajar bajo la dirección de las hermanas profesas.  Si la prueba resulta satisfactoria, tanto para la Congregación como para la novicia, esta última tras dos años de noviciado hace los votos temporales por un año, para renovarlos después cada año durante 5 años consecutivos.  Sólo después de este periodo puede ser admitida a hacer los votos perpetuos.

El Padre M. Sopocko recomendó a Sor Faustina no escribir en el Diario los nombres de las hermanas.  Elena Kowalska vino a Cracovia el 23 de enero de 1926 para terminar allí el postulantado.  El mismo día murió en Cracovia Sor Enriqueta Losinska, nacida el 20 de enero de 1897, entró en la Congregación en 1920, trabajó de zapatera.

La Maestra del noviciado era entonces la Madre Margarita Ana Gimbutt, nacida el 10 de octubre de 1857, entró en la Congregación en 1893.  Era Maestra del Noviciado, luego Superiora en la casa de Vilna, y más tarde todavía Instructora de la tercera probación.  Se distinguió por el espíritu de abnegación y mortificación.  Humilde, amable, absorta en la oración, era un ejemplo para otras hermanas.  Falleció el 8 de mayo de 1942.

El Padre Estanislao Respond, nacido el 30 de septiembre de 1877 en Liszki cerca de Cracovia, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1901.  Desempeñó el cargo de prefecto y después rector en el seminario de Cracovia.  El 12 de junio de 1927 fue consagrado obispo.  Durante muchos años fue Vicario General de la arquidiócesis de Cracovia.  Lo unían cordiales lazos a la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.  Falleció el 4 de febrero de 1958 y fue sepultado en su pueblo natal de Liszki.

Fue el día de la toma de hábito, el 30 de abril de 1926.  Recuerda este momento Sor Clemenza Buczek que durante la ceremonia ponía el hábito religioso a las candidatas: “En mayo de 1926 me fue encomendado asistir a la toma de hábito de Elenita Kowalska.  Cuando la candidata recibió el habito delante del altar, le dije:  Elenita, démonos prisa para poner el hábito.  Elenita se desmayó.  Fui corriendo a buscar colonia para reanimarla. Después la bromeaba diciendo que había sido porque le daba lástima dejar el mundo.  Sólo después de su muerte me enteré de que la causa del desmayo no fue el pesar por el mundo sino otra cosa.”

En aquel entonces la Maestra era Sor Maria Josefa Estefanía Brzoza, nacida en 1889, entró en la Congregación en 1909, hizo los votos perpetuos el 15 de mayo de 1917.  Desempeñaba el cargo de Maestra de las jovencitas en el instituto de Cracovia.  En 1925 fue enviada a Laval en Francia para observar de cerca la formación de las novicias y para compenetrarse del espíritu de la Congregación.  Tras volver de Laval, el 20 de junio d 1926 tomó la dirección del noviciado y la mantuvo hasta el 30 de octubre de 1934.  Era una Maestra ejemplar y una gran conocedora de las almas.  Exigente, pero a la vez llena de cariño materno y de cordialidad para cada novicia.  En 1934 el capitulo general la nombró Consejera General y al mismo tiempo fue elegida Superiora de la casa general en Varsovia.  Cinco años más tarde, el 9 de noviembre de 1939, murió de cáncer.

Confesaba a las novicias el Padre Teodoro Czaputa.  Nacido en 1884, fue ordenado sacerdote el 7 de julio de 1907.  Tras graduarse en la facultad de Teología en la Universidad Jagellona fue nombrado rector del seminario menor y juez prosinodal.  Desde noviembre de 1925 fue confesor del noviciado de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia.  Desempeñó esta función casi hasta su muerte (2 III 1945), gozando de gran confianza entre las novicias.

Fue Sor Plácida Antonio Putyra.  Nacida en 1903 entró en la Congregación en 1924.  Falleció el 7 de octubre de 1985.

En la Congregación, las Superioras pueden dar ordenes “en nombre de la santa obediencia” a las hermanas profesas (las hermanas que han hecho los votos perpetuos).  De hecho la Maestra no tuvo tal derecho; tampoco Sor Faustina, siendo novicia o sea antes de pronunciar los votos, tenía la obligación de escuchar la orden.  Si la Maestra usó estas palabras fue porque contaba con la buena voluntad y la piedad de la novicia y quiso ayudarla a liberarse de su estado de ánimo desagradable.

Los ejercicios espirituales obligatorios en la Congregación: la meditación de media hora por la mañana, una parte del rosario, el Vía Crucis, el rezo del Pequeño Oficio a la Inmaculada Concepción.

Sor Maestra, al igual que otras Superioras religiosas tiene el poder de eximir una novicia de las prácticas de piedad obligatorias o cambiarlas por otras.

En 1927 el Viernes Santo cayó el 15 de abril. Sor Faustina pronunció la profesión temporal el 30 de abril de 1928. De otras declaraciones de Sor Faustina se puede deducir que eso sucedió en Varsovia. La entonces Superiora de la casa de Varsovia, Madre Rafaela Catalina Buczynska, nació el 23 de diciembre de 1879, entró en la Congregación el 18 de octubre de 1900, falleció el 23 de diciembre de 1956.  Era una Superiora eminente.  Se distinguió por sus juicios claros y sanos sobre personas y cosas y por muy buen sentido práctico.  Le importaba mucho el desarrollo exterior e interior de la Congregación.  En sus relaciones con las hermanas era cordial, espontánea y perspicaz.  Sabía valorar a cada hermana y aprovechar sus virtudes para el bien común.

El “cilicio” es “un instrumento de penitencia” en forma de cinturón tejido de cerda punzante. De la descripción que sigue se deriva que se trata de la capilla en la casa de la congregación en Varsovia, en la calle Zytnia.  La capilla se encontraba en un edificio aparte, no muy alejado de la casa donde vivían las hermanas.  Se entraba por el patio.  En aquella época la capilla servia exclusivamente a las hermanas y a las alumnas del instituto.  Los laicos apenas tenían acceso a ella.

“Alumnas”: la Congregación dirigía institutos de educación para muchachas moralmente descuidadas y difíciles.  Familiarmente se las solía llamar “alumnas” o “niñas”.  Estaban divididas en grupos (clases) dirigidos por hermanas educadoras, llamadas “Madre de la clase”.

En aquel tiempo eran confesores en la casa de Varsovia, en la calle Zytnia los Padres:  Bronislao Kulesza y Francisco Roslaniec, mientras el Padre Aloisio Bukowski, S. J. era el confesor extraordinario.

El padre Miguel Sopocko, nacido el 1 de noviembre de 1888 en Nowosady en la región de Vilna, fue ordenado sacerdote en 1914, en Vilna; desde 1928 fue profesor en la facultad Teológica de la Universidad “Stefan Batory” en Vilna, y después de la guerra, en el seminario de Bialystok; desde el 1 de enero de 1933 hasta el 1 de enero de 1942 fue confesor ordinario de las hermanas de la Congregación.  Falleció el 15 de febrero de 1975 en Bialystok.  El Padre Sopocko es candidato a los altares.  El proceso informativo para su beatificación se desarrolla actualmente en la diócesis de Bialystok.

Antes de venir a Vilna, Sor Faustina dos veces vio interiormente a su futuro director espiritual.  Una vez fue en Varsovia durante la tercera probación, y la segunda vez en Cracovia.

En aquel entonces Sor Faustina no padecía todavía la tuberculosis que después dominó todo su organismo, sin embargo estaba muy débil y agotada.

En aquel tiempo Sor Faustina trabajaba en la cocina de las alumnas donde se preparaban comidas para mas de 200 personas. Como los médicos no le habían diagnosticado enfermedades orgánicas, otras hermanas pensaban que fingía estar enferma por no tener ganas de trabajar y preferir rezar.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, después de hacer los ejercicios espirituales de ocho y de tres días todas las hermanas renuevan los votos rezando juntas la formula de los votos y terminándola con las palabras:  “Dios mío, concédeme la gracia de observarlos con mas fidelidad que hasta ahora.” “Józefinek”, así fue llamada la nueva casa de la Congregación en Varsovia, en el barrio de Grochów, calle Hetmanski, que era administrada entonces por la Superiora de la casa general en Varsovia, en la calle Zytnia.

En aquellos tiempos eran confesores en Plock: Mons. Adolfo Modzelewski (1862-1942), prelado del Capitulo Catedral de Plock.  Tras de graduarse en los seminarios de Plock y Roma y recibir el orden sacerdotal (24 IV 1887) fue profesor en el seminario de Petersburgo y luego de Plock.  El 27 de febrero de 1941, junto con otros sacerdotes fue deportado al campo de concentración de Dzialdowo y allí asesinado por el invasor alemán.

El prelado Luís Wilkonski (1866 – 1940), canónigo, penitenciario de la catedral de Plock.  Ingresó en el seminario siendo maestro de escuela.  Recibió el orden sacerdotal el 5 de julio de 1891.  Fue vicario de la catedral de Plock, luego Padre espiritual en el seminario de Plock y desde 1909 penitenciario de la catedral de Plock y capellán de obispo de Plock.  El 28 de febrero de 1940 fue internado con los obispos en Slupno donde murió el 2 de junio del mismo año.  Durante muchos años fue confesor “ocasional” de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Plock.

El Padre Venceslao Jezusek, nacido en 1896, fue ordenado sacerdote en 1920.  Entre los años 1923 a 1972 fue profesor del derecho canónico en el seminario de Plock, desempeñó también el cargo del canciller de la Curia Diocesana de Plock y durante la guerra el del Vicario General de la diócesis de Plock.  Falleció el 5 de diciembre de 1982.

Actualmente es imposible establecer con cuál de estos sacerdotes se confesó Sor Faustina. La Superiora de la casa de Plock era entonces la Madre Rosa Juana Klobukowska, nacida en 1882.  Entró en el convento en 1902.  Fue Superiora en varias casas de la Congregación.  En los años 1934 -1945 fue asistente de la Superiora General y desde 1946 hasta 1952 Superiora General.  Falleció el 18 de noviembre de 1974.

El Padre José Andrasz, S.J. nacido el 16 de octubre de 1891 en Wielopole cerca de Nowy Sacz, entró en la Compañía de Jesús el 22 de septiembre de 1906 y fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1919.  Casi toda la vida sacerdotal del Padre Andrasz estuvo unida a la editorial del Apostolado de la Oración.  Era su autor, director y redactor jefe de la revista mensual “El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús” (1930 – 1938).  Falleció el 1 de febrero de 1963.

Es imposible establecer en qué confesor piensa Sor Faustina.  En este fragmento del Diario recuerda sus vivencias anteriores sin mencionar la fecha ni el lugar; se refiere solamente a una declaración del confesor sobre los designios de Dios con respecto a ella. El confesor ordinario del noviciado era entonces el Padre Teodoro Czaputa. Es una referencia al suceso de que habla San Lucas 8, 44-48.

La “tercera probación” es un periodo preparatorio antes de pronunciar la profesión perpetua.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia ese periodo dura cinco meses.  Faustina hizo la tercera probación en 1932/33 en Varsovia, bajo la dirección de la Madre Margarita Gimbutt.

“Kalwaria” – “Calvario”, así se solía llamar en Vilna las estaciones del Vía Crucis que se encontraban en los cerros cubiertos de bosques.  Las distancias entre las estaciones se solían llamar “drózki” – “caminitos”, de allí “el paseo de los caminitos”.  De la casa de la Congregación en Antokol (Vilna) se podía llegar al “Calvario” en un barco.

En aquel tiempo salió de Vilna para su tercera probación Sor Petronila que trabajaba en la cocina.  Sor Faustina fue a sustituirla. La Superiora en Vilna era entonces la Madre Irene Maria Krzyzanowska, nacida el 25 de noviembre de 1889.  Entró en la Congregación el 7 de diciembre de 1916.  Fue educadora en un instituto para las muchachas, colaboradora de la Maestra de las novicias, Superiora de distintas casas y asistente de la Superiora General.  Falleció el 3 de diciembre de 1971 en Wroclaw.

La hermana que iba a acompañar a Sor Faustina era probablemente Justina Golofit.  Los lazos de amistad unían a las dos religiosas desde el noviciado, y seguramente por esta razón la Madre Irene, para agradar a Sor Faustina, le asignó como compañera de viaje a su amiga del noviciado.

Sor Justina Mariana Golfit, nacida el 5 de julio de 1908, entró en la Congregación en agosto de 1927.  Después de los votos trabajó en la cocina en Varsovia, Vilna, Radom.  Fue una de los testigos en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 28 de abril de 1989.

Las hermanas que trabajaban en la cocina alternaban cada semana en los distintos trabajos. Probablemente era ya el comienzo de la tuberculosis, pero los médicos no la reconocieron.

La Madre Rafaela Buczynksa. Biala, una localidad cerca de Plock donde la Congregación compró las casitas de una antigua finca e hizo allí una casa de descanso para las hermanas y las alumnas de la casa de Plock.  Las habitaciones de las hermanas se encontraban en una pequeña casa solariega, rodeada de un jardín.  Se entraba por un pórtico.

En los institutos dirigidos por la Congregación y destinados a las muchachas y mujeres abandonadas moralmente, se encontraban con frecuencia personas rebeldes y hostiles a la religión y a los santos sacramentos.  Se necesitaba a veces mucho tiempo y una gracia especial de Dios para que en sus posturas se diera un cambio.

Las palabras “Aunque me mataras, yo confiaré en Ti”, son una referencia a las conocidas palabras de Job 13, 15.

Muy posiblemente el Padre Miguel Sopocko. Eran las alumnas del instituto de Vilna:  Imelda, Edzia, Ignacia, Margarita y Enviga Owar (ver Archivo de la Postulación de Sor Faustina, Carta de J. Owar).  Las cuatro primeras ya fallecieron.  J. Owar fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.

Un acta correspondiente sobre esta visión de Sor Faustina fue hecha en Vilna el 28 de noviembre de 1934 y firmada por Sor Faustina, Sor Taida, que escribió las declaraciones de Sor Faustina, y la alumna Imelda. La autenticidad de las declaraciones fue confirmada por la Madre Irene Krzyzanowska, Superiora de la casa.

La imagen de la Divina Misericordia, pintada por Eugenio Kazimirowski, por primera vez fue expuesta al publico gracias a las gestiones del Padre M. Sopocko, durante el triduo antes de las celebraciones con motivo de la clausura del Jubileo de la Redención del Mundo, entre los días 26 y 28 de abril de 1935.  Fue ubicada en lo alto, en un ventanal de Ostra Brama de modo que se la veía desde lejos.  La ceremonia coincidió con el primer domingo después de Pascua que según Sor Faustina debía ser la Fiesta de la Misericordia, tal y como pidió Jesús.  El Padre M. Sopocko dijo entonces un sermón sobre la Divina Misericordia.

El catecismo de los votos religiosos.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia las Maestras de las novicias se servían de la pequeña obra del Padre Pedro Cotel, S.J. titulada “Catecismo de los votos”.  Con base en él las Maestras elaboraban su propio manual para la enseñanza de los votos religiosos, en forma de preguntas y respuestas, y cada hermana tomaba apuntes en su cuaderno que debía aprender de memoria.

Después de la palabra “salía” la frase queda interrumpida y la frase siguiente habla ya de otra cosa.  Sabemos que Sor Faustina escribía su Diario en secreto.  Posiblemente en aquel momento alguien la habrá interrumpido y después ya no continuó la idea iniciada.  

Pudieron ser la Madre Micaela Moraczewska, Superiora General de la Congregación, o Sor Maria Josefa Brzoza, Maestra del noviciado. Se trata probablemente de las adversidades relacionadas con el cumplimiento de los deberes cotidianos y la falta de comprensión por parte de las personas que la rodeaban.

En la Congregación las hermanas no disponen de habitaciones individuales, sino que varias ocupan una sola sala.  El lugar de cada hermana está separado por un biombo fijo.  La parte de la sala así separada, en la Congregación se llama “celda”.

Con la palabra “descuidarme” Sor Faustina quiso definir su consciente huida de las inspiraciones interiores y hasta una distracción intencional.  Pero de estos “descuidos” sabia sólo ella.  No se notaban por fuera.

“En otro lugar”, en otra página del Diario. Durante largo tiempo Sor Faustina no apuntaba sus vivencias, los estados de su espíritu ni las gracias recibidas.  Sólo por una expresa recomendación del confesor, Padre M. Sopocko, comenzó a describir sus vivencias actuales y también las anteriores que recordaba.  Después de algún tiempo quemó sus apuntes.

El Padre M. Sopocko lo relata así:  “Cuando fui por un par de semanas a la Tierra Santa, ella, bajo la sugerencia de un supuesto ángel, quemó el Diario.  Como penitencia le ordené escribir de nuevo lo que había destruido.  Mientras tanto venían otras vivencias que ella apuntaba entrelazándolas con los recuerdos del cuaderno quemado.  Por esta razón su Diario carece del orden cronológico.”

“Los votos perpetuos”, en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia se hacen tras cinco años de profesión temporal.  La Superiora General después de escuchar la opinión de su consejo, admite a la profesa a hacer los votos perpetuos o la despide.

Por el Padre J. Andrasz, S. J. (durante los ejercicios espirituales del 20 al 30 de abril de 1933) que la comprendió y le dio consejos oportunos.

Muy probablemente que Sor Faustina se refiere aquí al Padre M. Sopocko. Pintar la imagen de Cristo con la firma “Jesús, en Ti confío”, exponerla al culto publico, divulgar la coronilla de la Divina Misericordia.  Todos estos “deseos del Señor” fueron cumplidos gracias a las gestiones del Padre M. Sopocko. El director espiritual, Padre M. Sopocko. Probablemente la Madre Margarita Gimbutt.

Sor Faustina era entonces postulante y trabajaba en la cocina con Sor Marciana Oswiecinek que le había recomendado limpiar y lavar los platos después del almuerzo.  Sor Marciana salió.  Elena, la futura Sor Faustina, se puso a trabajar, pero como las hermanas seguían llegando y a cada momento alguna pedía la comida u otra cosa, el trabajo que le había sido encomendado quedó sin ser hecho.  Al volver a la cocina Sor Marciana, al ver los platos sin lavar, le ordenó como penitencia sentarse sobre la mesa y quedar allí, mientras ella misma se puso a trabajar.

Sor Marcia, Julia Oswiecimek, nacida en 1897, entró en la Congregación en 1919.  Durante largos años trabajó de cocinera.  Falleció el 20 de abril de 1979.

Sor Marciana no podía dar una orden “bajo obediencia”.  Según se deriva de sus recuerdos, dijo a Elena, que no había hecho el trabajo encomendado, que se sentara en la mesa y la mirara a ella hacer aquel trabajo.  Elena, sorprendida por este tipo de penitencia, tardaba en cumplirla.  Entonces, Sor Marciana la preguntó: ¿Es tan obediente la pequeña Elena?  Sor Faustina comprendió esa pregunta como una orden “en virtud de la obediencia”.

En algunas casas de la Congregación y entre otras también en la de Varsovia, en la calle Zytnia 3/9, las hermanas hacían guardia nocturna para impedir que entraran ladrones.  Las hermanas que estaban de guardia rondaban la casa, iluminaban el patio, miraban por las ventanas para evitar un eventual robo.

La Congregación de las Franciscanas de la Familia de Maria fue fundada en 1857 por el arzobispo Segismundo Felinski.  La casa general de esta Congregación se encuentra en Varsovia, en la calle Zelazna y es vecina a la casa general de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.

En 1929, Sor Faustina estuvo algún tiempo en la casa de la Congregación en Kiekrz, cerca de la ciudad de Poznan.

Sustituía, probablemente, a Sor Modesta Rzeczkowska que en aquel tiempo estaba enferma y tuvo que ir a Varsovia para someterse a un tratamiento.

Al comienzo de cada mes todas las hermanas dedican un día a la renovación del espíritu, es decir, a los ejercicios espirituales mensuales.  Aquel día no hay recreo, las hermanas observan el silencio y un mayor recogimiento, hacen una hora de meditación, el Vía Crucis, y también el examen de conciencia, que incluye el trabajo interior de todo el mes y además durante media hora meditan sobre la muerte.

Un día al mes, establecido por la Maestra, cada novicia lo vivía como “día de la cruzada”.  Aquel día debía procurar un mayor recogimiento y unión a Jesús Eucarístico, pedía también a la Maestra una mortificación adicional y ofrecía a Jesús todo su trabajo, plegarias y sufrimientos en compensación por los pecadores.  Algunas hermanas continuaban esta práctica después de terminar el noviciado.

La Maestra de la tercera probación era entonces la Madre Margarita Gimbutt. Walendów, una localidad cercana de Varsovia (parroquia de Nadarzyn).  Las hermanas tenían allí un instituto para la educación de muchachas.  En 1936, a pedido del Ministerio de Justicia, la Congregación abrió en Walendów un pabellón para muchachas y mujeres sentenciadas por los tribunales por primera vez.

Sor Faustina estuvo en Walendów con ocasión de los ejercicios espirituales y también desde el 25 de marzo hasta abril de 1936.

La Madre Micaela Moraczewska. Los ejercicios espirituales fueron predicados por el Padre Edmundo Elter, S. J.  Nacido el 14 de noviembre de 1887, entró en la orden de los jesuitas el 15 de julio de 1905.  Sacerdote de vasta erudición, estudió en la Universidad de Varsovia y luego en Roma y Paris.  En 1926 fue nombrado profesor de ética en la Universidad Gregoriana de Roma.  En 1932 volvió a Varsovia dedicándose a dirigir los ejercicios espirituales.  En los años 1945 a 1948 administró la provincia Polonia Mayor – Mazovia de los jesuitas.  Después volvió a la Universidad Gregoriana.  Falleció en Roma, el 27 de agosto de 1955.

Derdy, una localidad perteneciente a la parroquia de Nadarzyn, cerca de Walendów.  La princesa Czetwertynska regaló a la Congregación un terreno con bosque y dependencias, con el fin de instalar allí un instituto para huérfanos marginados.  Hasta 1947 la casa estaba bajo la administración de la Superiora de Walendów, después se convirtió en un instituto autónomo de la Congregación.

A la tercera probación de Sor Faustina asistieron:  Sor Buenaventura Edelman Glowacka (1902 – 1936), Sor Florentina Pajak (1905 – 1950), Sor Enriqueta Skolimowska (1900 – 1974), Sor Renata Jodlowska (1903 – 1962).

“Vestuario”, almacén de ropa de las hermanas y también taller de costura de la ropa para las religiosas.  Las hermanas que trabajaban en el vestuario lavaban, reparaban y llevaban a otras hermanas la ropa limpia, y cuidaban también que no faltara ropa en el almacén.

En aquellos tiempos las Hermanas de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia se dividían en dos coros, es decir, las Hermanas Directoras y las coadjutoras (ayudantes).  De la pertenencia al coro decidía la dirección de la Congregación tomando en cuenta el nivel intelectual, la edad y los talentos de la candidata.

Las Hermanas Directoras dirigían la Congregación y los institutos de educación de jóvenes, mientras que las hermanas coadjutoras servían de ayuda, especialmente en los trabajos físicos.

“El cinturón de hierro”, especie de cinturón semejante a una red punzante de alambre.  Era uno de los instrumentos de penitencia.

La Madre Micaela Moraczewska. En la casa de la Congregación en la calle Zytnia de Varsovia confesaban:  el Padre Aloisio Bukowski, S. J., confesor extraordinario, el Padre Pedro Loeve, confesor ordinario; el Padre Francisco Roslaniec, confesor ordinario; el Padre Bronislao Kulesza, confesor ordinario. Enfrente de la pequeña capilla, al otro lado del pasillo, había una sala donde se celebraban las reuniones de las hermanas. “El recreo”: tiempo dedicado para el descanso de las hermanas después del trabajo. La Superiora de la casa de Varsovia era entonces la Madre Rafaela Buczynska.

La hermana menor de Elena, Wanda Kowalska, nacida en 1920.  Según las palabras de Josefa Kowalska, hermana mayor de sor Faustina, poco antes de la segunda Guerra Mundial, Wanda entró en la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Corazón de Jesús Agonizante.  Durante la guerra fue deportada por los alemanes a los territorios del Reich.  Después de la liberación no volvió a Polonia, se casó con un inglés y se fue con él a Inglaterra.

La Madre Margarita Gimbutt. Probablemente uno de los confesores ordinarios en Varsovia.

Los supuestos permisos consisten en que un religioso hace algo sin que el Superior lo sepa, pero tiene la certeza de que el Superior le hubiera dado su permiso.

Las hermanas terminaban la tercera probación en la casa del noviciado. Sor Faustina tenía miedo de que sus vivencias pudieran ser ilusiones, tanto más que lo sospechaban algunos confesores, así como las Superioras.

“Los votos perpetuos”, son los últimos votos religiosos con los cuales la profesa promete a Dios para siempre la castidad, la pobreza y la obediencia.  Sólo la Sede Apostólica tiene el poder de dispensar de estos votos.

El paño funeral, un gran trozo de tela negra con una cruz blanca en el centro que se usaba para cubrir el féretro.  Según el ritual de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, antes de hacer los votos perpetuos, es decir, antes de leer la fórmula de la profesión, las hermanas se postraban en cruz delante del altar y se las cubría con este paño fúnebre en señal de que habían muerto para el mundo.  Al mismo tiempo las hermanas que presenciaban la ceremonia, rezaban en voz alta el Salmo 129 (De Profundis), y las campanas tocaban como durante un entierro.  El celebrante, generalmente un obispo, rociaba con agua bendita a las hermanas postradas en cruz debajo del paño y después decía:  “Levántense las que están muertas al mundo, y Jesucristo las iluminará.”

El Padre M. Sopocko. En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia había la costumbre de que cada mes las hermanas pedían a la Superiora el permiso de hacer pequeñas mortificaciones y de rezar otras plegarias que las de uso en la Congregación, pedían también la dispensa de observar algunas normas a las cuales, por el momento, no podían someterse y muchas otras cosas según las necesidades de cada hermana.

El obispo Estanislao Rospond que en aquella época presidía la ceremonia de la toma de hábito y la de los votos en la Congregación de las Hermanas de la Madre de dios de la Misericordia.

La Madre Micaela Moraczewska. La Superiora en Czestochowa era entonces la Madre Serafina Salomea Kukulska, nacida el 30 de noviembre de 1873.  Entró en la Congregación el 18 de julio de 1894.  Fue educadora y luego Superiora en Cracovia, Czestochowa y Walendów.  Falleció el 10 de junio de 1964.

La fiesta de la Madre de Dios de la Misericordia que se celebra el 5 de agosto es la fiesta patronal de la Congregación.

El Padre Casimiro Dabrowski, S. J., nacido el 8 de febrero de 1890, fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1920 y después de seis años de trabajo en la diócesis, el 30 de julio de 1926, entró en la Compañía de Jesús, donde fue misionero, conferenciante y confesor.  Falleció el 16 de abril de 1976.

Es decir, pintar la imagen de la Divina Misericordia, instituir la Fiesta de la Divina Misericordia.

La madre Irene Krzyzanowska. “Director”, director espiritual, el Padre M. Sopocko.

Se trata de la imagen pintada en Vilna por Eugenio Kazimirowski.

“Siervo fiel”, es decir, el Padre M. Sopocko.

Sucedió en la iglesia de San Miguel, donde el Padre Sopocko era rector y donde celebraba las Santas Misas.

Posiblemente era Sor Filomena Andrejko que falleció el 13 de julio de 1934 a las 4. 45 por la tarde.  Desde hacia cuatro años estaba gravemente enferma de asma del corazón.  Su agonía duró 14 horas.  Sor Filomena Victoria Andrejko, nacida el 25 de mayo de 1878, entró en la Congregación el 25 de noviembre de 1894, trabajó como educadora, sacristana, ecónomo de la casa de la Congregación en Varsovia.

En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia había la costumbre de que todas las hermanas sanas, cada jueves, de nueve a diez de la noche, hacían la adoración reparadora, “la Hora Santa”.  En los jueves que precedían el primer viernes del mes, la adoración duraba toda la noche, pero las hermanas hacían turnos de una hora.

La doctora Elena Maciejewska (1888 – 1965) era entonces medico de las hermanas de la casa de Vilna.

La meditación sobre las verdades divinas, terminada con un propósito practico.  En la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia las hermanas hacen diariamente media hora de meditación.  Por la noche preparan los llamados puntos, es decir, temas para la meditación de la mañana siguiente.

La propagación del culto a la Divina Misericordia.

“Nuestra gente”, es decir, las personas que todos los días traían pan al convento.

En Cracovia, en la calle Smolenska, está la iglesia de la Divina Misericordia, construida en los años 1626 – 1629, consagrada el 25 de octubre de 1665.  Su fiesta patronal se celebra el 14 de septiembre, el día de la Exaltación de la Santa Cruz.

“El capitulo”, así se llamaba la reunión de las hermanas durante la cual la Superiora de la casa daba una conferencia ascética, hacia observaciones sobre la observancia de las normas religiosas y las hermanas se acusaban de sus transgresiones en la observancia de la regla.

“La Madre”, es decir, Superiora de la casa.  En aquel tiempo, en Vilna era Superiora Sor Borgia Enviga Tichy.  Nacida el 25 de enero de 1887, entró en la Congregación en 1913.  Fue enfermera y Superiora en Vilna y Walendów.  Falleció el 26 de abril de 1970 en Wroclaw.  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.

“La bendición”, un breve oficio con la bendición con el Santísimo Sacramento.

Una de las costumbres vigentes en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia – en el dorso de las estampitas o en trozos de papel se escriben nombres de Divinas personas y de distintos santos y el día del Año Nuevo, durante el desayuno, cada hermana saca uno recibiendo, de este modo, a su patrono para el año que empieza.

Llevar “la cadenita” como el cinturón era una de las practicas de penitencia.

De la carta del Padre M. Sopocko a Sor Faustina, de noviembre de 1937, se deriva, que él habló de la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia con el nuncio apostólico en Polonia, arzobispo Felipe Cortesi y esperaba que el nuncio presentara el asunto al Santo Padre.

En el manuscrito de Sor Faustina este propósito está escrito en una hoja aparte.

Esta visión se refiere a la historia del culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina.  La Notificación de la Congregación del Santo Oficio del 6 de marzo de 1959 (Acta Apostolicae Sedis LI [1959] p.271) prohibía la difusión del culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina.  Como consecuencia, de las iglesias fueron retiradas las imágenes de la Divina Misericordia pintadas según la visión de Sor Faustina y los sacerdotes dejaron de predicar sobre esta forma de culto a la Divina Misericordia.  El mismo Padre M. Sopocko fue amonestado severamente por la Sede Apostólica y tuvo también otros disgustos.

También la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tenía prohibido difundir el culto y en consecuencia dejó de distribuir las estampitas, la coronilla y otras oraciones de Sor Faustina.  Parecía que la misión de Sor Faustina iba a ser completamente aniquilada.


Hasta el momento de publicar la Notificación, en la casa cracoviana de la Divina Misericordia había sido objeto de gran veneración y estaba toda cubierta de agradecimientos por las gracias obtenidas.  Cada tercer domingo del mes se celebraba una Misa Solemne y los sacerdotes predicaban sobre la Divina Misericordia, mientras que el primer domingo después de Pascua se celebraba como la Fiesta de la Divina Misericordia.  En 1951, el cardenal Adán Sapieha concedió la indulgencia plenaria por el periodo de siete años a los asistentes a los oficios que se celebraban el día de la Fiesta.

Ante la prohibición de la Sede Apostólica las hermanas se dirigieron al arzobispo Eugenio Baziak, entonces Ordinario de Cracovia, para preguntar qué hacer con la imagen de la Divina Misericordia que se encontraba en el altar lateral de la capilla de las hermanas recibiendo la veneración por parte de los fieles, y también qué actitud tomar ante los actos celebrados hasta entonces.  En respuesta el arzobispo E. Baziak recomendó dejar la imagen en su lugar, no prohibir a los fieles de pedir las gracias necesarias delante de la imagen, ni tampoco eliminar los actos que hasta entonces se celebraban en honor de la Divina Misericordia.  De este modo el culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina resistió la prueba del tiempo en un pequeño centro de la Congregación en la calle Wronia (actualmente de Sor Faustina) 3/9, en Cracovia, donde yacen los restos mortales de Sor Faustina.

Y algo más importante: el 30 de junio de 1978 la Sede Apostólica levantó la prohibición de la Notificación del Santo Oficio de 1959.  La Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe hizo pública la Notificación (AAS LXX [1978] p. 3501) firmada el 15 de abril de 1978 por el prefecto de la misma, cardenal Franjo Súper y el secretario, arzobispo Jerome Hamer, O.P. del siguiente contenido:  “De varias partes, especialmente de Polonia, también por vía oficial, se venia preguntando si se debe mantener vigentes las prohibiciones de la Notificación de la Congregación del Santo Oficio, publicadas en el ‘Acta Apostolicae Sedis’ en 1959, p. 271, referentes al culto a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina Kowalska.  La Sagrada Congregación, al tomar en cuenta los muchos documentos originales, desconocidos en 1959, consideradas las circunstancias fundamentalmente cambiadas y al tomar en cuenta las opiniones de muchos Ordinarios polacos, declara que las prohibiciones contenidas en la Notificación citada anteriormente, dejan de ser válidas.”

El 12 de julio de 1979, en respuesta al Superior General de la Congregación de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen Maria, que en nombre del Superior de la provincia estadounidense de San Estanislao Kostka de la misma Congregación, había pedido una autorizada explicación del contenido de la Notificación de 1978 que levantaba la prohibición de la divulgación del culto en las formas propuestas por Sor Faustina Kowalska, el prefecto de la Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe, cardenal Franjo Súper hizo constar: “Respecto al asunto (tratado en la carta del Padre General) me agrada hacerle saber que con la Notificación publicada el 30 de junio de 1978 (AAS LXX [1978] p. 350), madurada a la luz de la documentación original escogida, también por la esmerada intervención informativa del entonces arzobispo de Cracovia, cardenal Farol Wojtyla la Santa Sede ha determinado abrogar la prohibición contenida en la anterior Notificación de 1959 (AAS, 1959, p. 271), por lo cual se estima que no existe mas, por parte de esta Sagrada Congregación, ningún impedimento a la difusión de la devoción a la Divina Misericordia en las autenticas formas propuestas por la religiosa ya mencionada” (Faustina Kowalska).

Actualmente el culto se divulga con un nuevo ímpetu, suscita también un creciente interés por parte de los teólogos.  Parece que se está cumpliendo lo que predijo Sor Faustina.

De la descripción de una visión Sor Faustina pasó en este momento a citar las palabras que oía dentro de sí, sin marcarlo con la puntuación adecuada.

Los ejercicios espirituales en Vilna ( 4 – 12 de febrero de 1935) fueron dirigidos por el Padre Pablo Macewicz, S. J.  Durante la Santa Misa al final del retiro espiritual las hermanas recibieron la Santa Comunión bajo las dos especies.

Con la palabra “sí”, sin ningún signo grafico, Sor Faustina empieza a citar las palabras de Jesús que oyó dentro de sí.

“La renovación”, así se llama en la Congregación la renovación de los votos religiosos.  Las Constituciones de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia ordenaban que dos veces al año, es decir, después de los ejercicios espirituales de ocho y de tres días, cada hermana renovara los votos de castidad, pobreza y obediencia.

“El dueño de casa”, Jesús escondido en la Eucaristía.

La Madre María Josefa Brzoza, Maestra de Sor Faustina en el noviciado y después Superiora en Varsovia.

Se trata de la imagen de la Divina Misericordia pintada por Eugenio Kazimirowski.  La imagen fue expuesta en publico en Ostra Brama al final de las celebraciones del Jubileo de la Redención del Mundo, en los días 16-28 de abril de 1935.

En el manuscrito aparece una palabra polaca anticuada que significa “atajar el paso”.

En el manuscrito viene la expresión “oficio de cuarenta días”.  Sor Faustina se equivocó, ya que se trata del oficio de cuarenta horas que consiste en exponer al Señor Jesús en la custodia durante 40 horas para la veneración pública.  Este oficio tiene carácter expiatorio, de reparación.  En las casas de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia este oficio se solía celebrar antes de la fiesta de San José, el 19 de marzo o antes del día de Protección de San José, el miércoles después del segundo domingo después de Pascua.

Sor Faustina creía que debía salir de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia y fundar una Congregación nueva cuyo fin seria difundir la devoción a la Divina Misericordia e implorar misericordia para el mundo.

El Padre M. Sopocko.  Don Sopocko resalta en sus recuerdos que sin poder escuchar largas confidencias de Sor Faustina en el confesionario le recomendó apuntar todas las vivencias interiores en el Diario.  Mientras tanto los asuntos que requerían ser tratados verbalmente, Sor Faustina los presentaba en la habitación del confesor.

Este deseo de Jesús maduró poco a poco en la mente de Sor Faustina, teniendo cierta evolución: de la orden estrictamente contemplativa (que al principio quiso fundar y para la cual escribió el resumen de la regla) al movimiento formado también por Congregaciones activas, así como por seglares (ver Diario, 1155-1158).

La tarea de fundar una nueva Congregación en la vida de Sor Faustina misma hay que mirarla por la óptica de las experiencias de la noche pasiva del espíritu, lo que indica el análisis estructural de las descripciones de sus vivencias que contienen los mismos elementos de los cuales habla San Juan de la Cruz en “La noche oscura”.  A través de estas experiencias Dios la elevó a las cumbres de la mística, mostrando con ella un ejemplo del cumplimiento perfecto de las tareas y del espíritu de la nueva Congregación.

Después de la muerte de Sor Faustina la idea de la nueva Congregación fue interpretada y llevada a la práctica de varios modos.

Algunos incluyen a sus viejas estructuras las tareas y el espíritu de la nueva Congregación, convergente con la idea de renovación del Concilio Vaticano II.  Cuenta entre ellos la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia que, siendo heredero de la misión de Sor Faustina, ha incluido a sus tareas la de divulgar la Divina Misericordia e impetrarla para el mundo entero, así como ha enriquecido su espiritualidad de la “misericordia” con nuevas formas de culto y con la profundidad teológica que ofrece el Diario.

Otros fundan nuevas comunidades que se proponen realizar esta idea.  Cuenta entre ellos la Congregación de las Hermanas de Jesús Misericordioso.  Las primeras candidatas (J. Osinska e I. Naborowska) hicieron los votos privados ante el Padre Sopocko durante la II Guerra Mundial, en Vilna.  Cuando vinieron a Polonia se establecieron en Myslibórz.  El 25 de agosto de 1947 la nueva Congregación empezó la vida comunitaria.  Existe también el Instituto laico de la Divina Misericordia, fundado por los Padres Sopocko y L. Nowak, S. J.  Además, en Polonia y allende sus fronteras existen otras comunidades comprometidas en la realización de la idea de la nueva Congregación y un gran movimiento de seglares que actúan en grupos o individualmente.

En su encíclica Dives in misericordia, el Santo Padre Juan Pablo II planteó ante toda la Iglesia en la etapa actual de su historia las tareas definidas por Jesús para “la nueva Congregación”.

En 1935 el Corpus Cristi cayó el 20 de junio.  La imagen de la Divina Misericordia, del pincel de Eugenio Kazimirowski, fue colocada en uno de los altares que se construyen para la procesión de Corpus Cristi.

El Padre M. Sopocko.

Fue la confesión de hermanas de la casa de la Congregación en Vilna.  Confesaba el Padre Sopocko.

Los ejercicios espirituales de tres días (12-16 VIII 1935) fueron dirigidos por el Padre Emilio Zyczkowski, S. J. (1899 – 1945) director del colegio de jesuitas y luego Superior de la provincia Polonia Mayor – Mazovia de los mismos.

El Padre M. Sopocko.

El Padre M. Sopocko.

El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

La coronilla a la Divina Misericordia.  Por gestiones del Padre M. Sopocko fue impresa al dorso de la estampita de la Divina Misericordia (reproducción de la copia de la imagen de E. Kazimirowski), en Cracovia.

El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

La fiesta de San Miguel Arcángel se celebra el 29 de septiembre.

El Padre M. Sopocko sin estar seguro de las inspiraciones de Sor Faustina relacionadas a la fundación de la nueva Congregación, quiso someter esta cuestión al examen de otro sacerdote, por lo tanto le recomendó presentar todos los mandatos interiores a su confesor de Cracovia, Padre J. Andrasz, S. J.

Hasta 1969 la fiesta de Cristo Rey se celebraba el ultimo domingo de octubre.  En 1935 cayó el 27 de octubre.

La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tiene en Cracovia su propio cementerio que se encuentra al fondo del jardín que rodea el convento.  En ese cementerio están enterradas todas las hermanas y alumnas fallecidas en Cracovia.  En el mismo cementerio fue sepultada también Sor Faustina y descansó allí hasta el momento de la exhumación, es decir, hasta el 25 de noviembre de 1966.

Era Sor Vitalina Bárbara Maslowska, nacida el 4 de diciembre de 1852, falleció el 6 de enero de 1939.

Durante las conversaciones individuales mensuales con la Superiora, las hermanas pedían permiso de poder rezar, en el tiempo libre, sus propias oraciones, fuera de la regla y las costumbres de la Congregación.

Segundo Cuaderno

189 A Sor Faustina le ordenó escribir el Diario su confesor, Padre M. Sopocko.  Sor Faustina consideraba su mandato tan importante como las ordenes en nombre del voto de obediencia (ver Diario, 894).  En las posteriores paginas del Diario encontramos palabras que dan prueba de que la orden de escribir le fue dada también por Jesús Mismo.

190 En la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia no se agrega al nombre religioso otro nombre, pero las hermanas lo pueden hacer no oficialmente.  Y así Sor Faustina agregó a su nombre el “del Santísimo Sacramento”.

191 En aquel entonces, en la Congregación se practicaban adoraciones nocturnas antes del primer viernes del mes.  En este caso se trata de otra adoración.  Las Superioras podían dar permiso para hacer una adoración y en ciertas circunstancias incluso ordenar hacerla.

192  Se trata del 15 de noviembre, porque el 16 del mismo cae la fiesta de la Virgen de Ostra Brama.

193  La Superiora de la casa en Vilna era entonces Sor Borgia Tichy.

194  El confesor de las hermanas era entonces el Padre M. Sopocko.

195 En el refectorio había una tablilla en la que la Superiora de la casa ponía las tarjetas con nombres de las hermanas a las que correspondían distintas tareas.  En este caso se trataba de estar de guardia en la puerta durante las comidas de la Comunidad.

196  La disposición de los capítulos se basa sobre las Constituciones de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, editadas en 1930.

197  Según las viejas Constituciones de la Congregación el titulo de “Madre” correspondía a las miembros de la dirección general y a todas las Superioras de la casas.  Para crear un ambiente más familiar en los institutos de educación dirigidas por la Congregación, las alumnas daban el titulo de “Madre” también a sus Maestras.

198 El oficio (Liturgia de las Horas): oración litúrgica de la Iglesia compuesta por salmos y lecturas.

199 La clausura es la parte del convento donde no pueden pasar las personas de fuera.

200 Sor Faustina tuvo la visión de la casa destinada para la sede de la nueva Congregación.  Era una casa completamente destruida en la calle Santa Ana 12, en Vilna.  El confesor de Sor Faustina, Padre M. Sopocko la restauró de sus propios fondos, con la intención de destinarla a la nueva Congregación.  Sin embargo, la guerra impidió la realización de estos planes.

201   La imagen de la Divina Misericordia con la firma “Jesús, en Ti confío”.

202  El Padre M. Sopocko.

203  Sor Faustina usa una palabra que tiene varios significados en polaco.  Puede ser una pequeña capa, un delantal sobre la falda y también una camisita de niño.  Aquí Sor Faustina la utiliza en este último sentido.

204  ”Se someterán a la disciplina”, se flagelarán.

205  Es difícil decir en qué ayunos pensaba Sor Faustina.  Probablemente se refería al Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo.

206 Llamados popularmente “días secos”.  Eran tres días en cada trimestre (miércoles, viernes y sábado) con el ayuno obligatorio.

207  En aquel tiempo, era obligatorio ayunar en las vigilias de las siguientes festividades:  Pentecostés, Asunción de la Santísima Virgen Maria y Todos los Santos.

208 La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, al igual que algunas otras Congregaciones, ha elegido a la Virgen Santísima como Superiora general de la Congregación confiándole todos los problemas temporales y eternos.  El acto en que participaron las Superioras de todas las casas tuvo lugar el 5 de agosto de 1937 en la casa general de Varsovia, calle Zytnia 3/9.  Luego fue repetido en todas las casas de la Congregación el 15 de agosto de 1937.

209  ”Invernadero”, invernáculo.

210  El Padre M. Sopocko.

211  Ver nota [200].

212  El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

213 Posiblemente se trata del arzobispo R. Jalbrzykowski y sus reservas respecto a la idea de Sor Faustina de fundar la nueva Congregación.

214 Probablemente el Padre M. Sopocko.  En sus recuerdos sobre Sor Faustina escribe lo siguiente:  “Mis dificultades llegaron al punto culminante en enero de 1936.  No hablé de ellas a nadie hasta el día crítico cuando pedí la oración a Sor Faustina.  Con gran sorpresa mía, aquel día todas las dificultades reventaron como una pompa de jabón, mientras Sor Faustina me confesó que se había encargado de mis sufrimientos y aquel día los padeció tantos como nunca en su vida.”

215 “Te Deum laudamus”, “Te alabamos, Señor” es un himno de agradecimiento.

216 El Padre M. Sopocko.

217 Se trata probablemente de Sor Verónica Marciana Rapisz, nacida el 18 de marzo de 1853.  Entró en la Congregación el 16 de diciembre de 1881.  Toda su vida religiosa trabajó en la huerta.  Falleció el 28 de enero de 1936 en Vilna.

218 “Toda la Comunidad”, en este caso las hermanas de la casa en Vilna.

219 La Superiora de la casa en Vilna era entonces Sor Borgia Tichy.

220  Lo mas probable es que era el Padre M. Sopocko.  Dan prueba de ello las palabras sobre “la triple corona: de la que ya se habló anteriormente (Diario, 596) en relación a su persona.

221 “El abuelito santo” así llama Sor Faustina a San José de acuerdo con cierta tradición cristiana según la cual San José era anciano cuando nació Jesús.

222  Probablemente se trata del Padre M. Sopocko.

223  A aquella visión de Sor Faustina el Padre M. Sopocko hace referencia en su carta del 31 de marzo de 1972.

224 Al igual que en otras casas de la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia también en Vilna había un instituto para jovencitas.  A veces las alumnas adoraban a Jesús junto a las hermanas en reparación por sus pecados y los de los demás.

225  Es de suponer que trata aquí de la fundación de la nueva Congregación.

226  La Madre Borgia Tichy.

227  Ver Diario, 506.

228  La Madre Borgia Tichy.

229  La Madre Micaela Moraczewska.

230  El oficio vespertino con la bendición con el Santísimo Sacramento.

231 Probablemente era Sor Antonia Grejweul que en sus recuerdos sobre Sor Faustina escribió lo siguiente:  “Después de la confesión estaba inquieta y tenia dudas de si el Señor Jesús me había perdonado.  Llorando pedí a Sor Faustina que rogara por mi.  A la mañana siguiente me dijo:  Usted está en la gracia del Señor Jesús, porque me contestó en seguida que no estaba disgustado por sus culpas, pero si le duele la falta de confianza en su perdón.  Rezaré para pedirle perdón por usted.”

gueda Grejwel, nacida el 13 de septiembre de 1877, entró en la Congregación el 29 de junio de 1909 en Vilna donde permaneció hasta 1945 cuando la casa fue cerrada.  Durante la II Guerra Mundial, y precisamente en 1939, junto con otras hermanas, fue detenida en la prisión de Lukiszki en Vilna, pero siendo letona, algún tiempo después fue puesta en libertad.  Tras la evacuación de las hermanas de Vilna fue destinada a la casa de la Congregación en Biala, cerca de Plock, donde murió el 22 de enero de 1960.

232 Por equivocación al final de la frase Sor Faustina repitió el verbo “veía”.

233 Probablemente era Sor Regina que había conocido a Sor Faustina en el noviciado.  Sor Regina (Valeria Jaworska), nacida el 28 de noviembre de 1905, entró en la Congregación en 1926.  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 27 de abril de 1984.

234 La casa de Walendów se encontraba en una situación económica muy difícil.

235 En aquella época confesaba a las hermanas en Walendów el Padre Césalo Maliszewski (1880 – 1957), párroco de Nadarzyn.  No se sabe si Sor Faustina se confesaba con él.

236  El Padre José Andrasz, S. J.

237  Es decir, salía de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia para fundar una Congregación nueva, apremiada por las inspiraciones interiores.

238  La Madre Micaela Moraczewska.

239 “Anteriormente”, es decir, antes de los votos perpetuos en 1933 en Cracovia (ver Diario, 52).

240 La carta del Padre M. Sopocki, escrita en Vilna que data del 10 de julio de 1936.

241  Se trata probablemente del folleto del Padre M. Sopocko titulado “La Divina Misericordia”, editado en 1936, en Vilna.

242 En la cubierta estaba la imagen en color de Jesús Misericordioso, copia del cuadro de Eugenio Kazimirowski.

243 En el manuscrito, después de la palabra “conmovió” Sor Faustina agregó por error las palabras (me el momento).

244 El medico del Sanatorio de Pradnik, doctor Adán Silberg, judío convertido al catolicismo, nació en 1896.  En los años 1937 – 1939 (hasta el estallido de la II Guerra Mundial) fue director de los Institutos Sanitarios Urbanos en Cracovia y precisamente en el hospital de Pradnik, llamado comúnmente “sanatorio” (actualmente es el Hospital Urbano Especializado que lleva en nombre de Juan Pablo II).  Son poco seguras las informaciones que se tiene sobre la suerte del doctor desde el comienzo de la guerra.

245 La Superiora de Sor Faustina en la casa cracoviana de la Congregación era la Madre Irene Krzyzanowska.

246 El medico del “sanatorio” en Pradnik diagnosticó la tuberculosis de los pulmones y para que la enferma no contagiara a otras hermanas recomendó separarla.  Sor Faustina fue instalada en una habitación destinada para los enfermos graves, en la llamada enfermería.

247 En este caso – puntos (ideas principales) para la meditación dictadas por el Padre Ladislao Wojton, S. J. que en los días 20 – 29 de octubre de 1936 dirigió los ejercicios espirituales antes de los votos de las hermanas.

248 “Betania” aquí significa el lugar de descanso.  En la Betania evangélica Jesús tenia amigos a los que iba a visitar con gusto para descansar (comparar Jn 12, 1-11).

249 La renovación de los votos después de los ejercicios espirituales tuvo lugar el viernes, 30 X 1936.

250 En el cementerio, al fondo del jardín del convento.

251 La Madre Micaela Moraczewska.

252 Ver Diario, 46.

253 Sor Faustina hizo los votos temporales (llamados por ella “anuales”) el 30 de abril de 1928.

254 Es de suponer que el Padre M. Sopocko examinaba los asuntos referentes a la propagación del culto a la Divina Misericordia, la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.

255  En la carta que data del 21 de noviembre de 1936, el Padre M. Sopocko informó a Sor Faustina sobre la divulgación del culto a la Divina Misericordia y sobre los asuntos relacionados a la fundación de la nueva Congregación.

256 Parece que Sor Faustina se equivocó al hablar de su edad, puesto que según sus propias palabras (Diario, 15) recibió esta gracia en 1925 durante la octave de Corpus Cristo.  Dado que nació en 1905, entonces en 1925 tenia 20 y no 18 años (ver Diario, 16 y nota [14]).

257 Sor faustina repitió, por error, la palabra “alma”, después de la palabra “felicidad”.

258 Es decir la adoración de pocos minutos de Jesús en el Santísimo Sacramento.

259  El doctor Adán Silberg.

260 Sor Davida (Antonia Cedro, nacida el 17 de septiembre de 1898) de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús.  Las hermanas de esta Congregación trabajaron en el hospital de Pradnik.

261 Sor Faustina usó una palabra polaca que puede ser traducida también como “fundamento”.

262 Fue el primer descanso en la terraza del hospital.

263 Sor Felicia Juana Zakowiecka, nacida en 1900, entró en la Congregación en 1926.  Fue ecónomo en las casas de Vilna y Cracovia y luego Superiora en la casa de la Congregación en Rabka y más tarde en Derdy.  Encontró a Sor Faustina en Vilna y Cracovia (1936- 1938).  Fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció en la casa de la Congregación en Wroclaw, el 7 de noviembre de 1975.

264  La Casa cracoviana de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia (en el barrio de Lagiewniki) se encontraba a unos 10 kms de Pradnik donde estaba internada Sor Faustina.  Con el transporte de entonces, se necesitaba mucho tiempo y esfuerzo para llegar al hospital.  Esto explica las pocos frecuentes visitas a Sor Faustina.

265 Se trata de los sufrimientos y humillaciones que soportó el Padre M. Sopocko con relación a sus gestiones por la divulgación del culto a la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.  Sor Faustina tuvo una visión interior de esos sufrimientos y escribió de ella al Padre Sopocko (mencionó este hecho el mismo Padre Sopocko en la carta del 6 de marzo de 1972).

266 Sor Crisóstomo Maria Korczak, nacida en 1892, entró en la Congregación en 1921.  Trabajó como educadora y luego como enfermera.  Encontró a Sor Faustina en Vilna y después en Cracovia poco antes de su muerte.  En el proceso informativo fue testigo de oficio.

267   El doctor A. Silberg.

268 Sor Cayetana Maria Bartkowiak, nacida el 19 de enero de 1911, entró en la Congregación en 1933.  Con Sor Faustina estuvo en las casas de Varsovia y Cracovia.  Fue testigo en el proceso informativo.

269 Ver nota [221].

270  La habitación aislada en el hospital de Pradnik.

271 Después de las fiestas de Navidad Sor Damiana Ziólek acompañó a Sor Faustina al hospital de Pradnik.  He aquí su relato:  “En la noche cerca de la puerta de nuestro convento fue abandonado un recién nacido.  A la mañana siguiente Sor Francisca encontró el niñito, se ocupó de él, lo lavó, le dio a comer y se puso a buscar a alguien que lo adoptara.  Se enteró de ello una de nuestras vecinas que no tenía hijos y deseaba tomar uno para criar.  A propuesta de la Congregación aceptó al niño y expresó el deseo de registrarlo a su nombre.  Aprovechando la calesa que acompañaba a Sor Faustina a Pradnik, fue con el niño a la parroquia de Podgórze para bautizarlo e inscribir en los registros parroquiales.  A esa persona se refiere Sor Faustina en el Diario.”  Sor Damiana Sofía Ziólek, nacida el 18 de octubre de 1911, entró en la Congregación en 1927.  Con Sor Faustina se relacionó en 1932 en Plock y luego en Cracovia.  Fue testigo en el proceso informativo.  Falleció el 12 de junio de 1990.

272  La iglesia parroquial de San José en Cracovia, barrio de Podgórze.

273  Sor Damiana Ziólek.

274  El arzobispo Romualdo Jalbrzykowski.

275  Posiblemente el folleto de que se habla en la nota [241].

276 Posiblemente el arzobispo R. Jalbrzykowski, el Padre M. Sopocko y el Padre J. Andrasz, S. J.

277 Sor Faustina recuerda aquí el día 2 de enero de 1934 cuando fue por primera vez al taller del pintor Eugenio Kazimirowski para hablar de la imagen de la Divina Misericordia.

278 La Superiora de las Siervas de Dios del Sagrado Corazón en el hospital de Pradnik era Sor Sebastiana Elena Wasik.

279 Para fundar la Congregación cuyo fin era propagar la confianza en la Divina Misericordia e invocarla por el mundo.

280  Sor Faustina estaba internada en el primer pabellón de tuberculosos que estaba a unos 70 pasos de la capilla.

281  Comparar San Lucas 2, 34-35.

282 “Un recado confidencial”, una pequeña carta sin sobre con bordes pegados.

283 Posiblemente el arzobispo R. Jalbrzykowski, el Padre M. Sopocko y el Padre J. Andrasz, S. J.

284  Se celebró en Manila, Filipinas, del 3 al 7 de febrero de 1937.

285  El director espiritual de Sor Faustina era entonces el Padre J. Andrasz, S. J.  Es de suponer, pues, que a él fue dirigida la carta para pedir permiso para ciertas prácticas de penitencia.

286  ”La Pasión”, aquí, un oficio que se celebra en Cuaresma durante el cual se cantan las “Penas amargas”, himnos paralitúrgicos polacos particularmente conmovedores que se cantan por todo el pueblo alternativamente como salmos para meditar y celebrar la Pasión del Señor.

287  A base de estas invocaciones el Padre M. Sopocko compuso las letanías a la Divina Misericordia, corrigiendo algunas y agregando mas de diez nuevas.

288  El onomástico religioso de Sor Faustina era el 15 de febrero.

288  La idea de los últimos tiempos y de la proximidad del terrible día de la justicia vuelve a mencionarse en las dos revelaciones siguientes: (42) del 17 de febrero de 1937 y la (43) del 28 de febrero de 1937.  Jesús se refiere en ellas a la última tabla de salvación para la humanidad.  El 17 de febrero, clavado en la cruz, dijo:  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia, morirán para siempre.

Las mismas ideas, pero expresadas en otra secuencia, se encuentran en la revelación (43):  Deseo que Mi Misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la ultima tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi Misericordia.  Mi corazón se regocija de esta Fiesta.

Estas dos citas tienen tres ideas: de la última tabla de salvación, de la Fiesta y del refugio en la Misericordia.  Sin embargo, existe entre ellas una diferencia grande y notable en lo que se refiere a esta última tabla: ¿qué es?  En la primera revelación se lee que es la Fiesta de la Misericordia.  Esta discordancia impone tres interrogantes: 1) ¿Permite una teología correcta que la Fiesta de la Misericordia sea para las almas su ultima tabla de salvación? 2) ¿Es posible un acuerdo entre las dos revelaciones? 3) ¿Cuál de las dos revelaciones reproduce, sin deformarlas, las palabras de Jesús?

Si se atribuye a las palabras su sentido propio, no se puede afirmar, ni en una teología correcta, ni con buen sentido, que la Fiesta de la Misericordia, con las grandes promesas, es la última tabla de salvación para las almas.  Lo seria en el caso de que las almas no tuvieran ningún otro medio para salvarse; lo seria, si la celebración de la Fiesta fuera necesaria para salvarse.  Ahora bien, en primer lugar, esta afirmación de lo escrito en la (42) revelación contradice la estructura de la devoción que ofrece, a todas las almas, otro medio extraordinario de salvación, a saber, la recitación, con fe y con firmeza de la coronilla a la Divina Misericordia.  En segundo lugar, el tenor mismo de la presente relación no atribuye la cualidad de tabla de salvación (es decir el hecho de ser necesaria a la salvación) a la Fiesta, sino a la adoración de la Misericordia; esta afirmación contradice, por consiguiente, lo restante de la revelación.  Y este culto, de acuerdo con la buena teología y según las revelaciones concernientes a la devoción, se hace sobre todo fuera de la Fiesta, cada día de nuestra vida.  Porque, según las revelaciones, consiste esencialmente en la confianza en la Misericordia de Dios, y es un género de vida cristiana, más bien que una devoción.  En tercer lugar, muchas almas se han salvado y han alcanzado una santidad heroica sin haber celebrado la Fiesta de la Misericordia.

La Fiesta de la Misericordia, por lo tanto, debe verse en este contexto como una ocasión que sirve como un atractivo poderoso para que los pecadores se aprovechen de las promesas que Jesús les extiende en esta celebración que los motiva a confiar en que Él les responderá.  El mostrar esa confianza mediante el cumplimiento con las condiciones de Jesús para recibir ese día el perdón total de los pecados y penas, como un verdadero “segundo bautismo”, será para algunas almas la oportunidad de reconciliarse con Dios.  Esto permitirá que Él las presente «resplandecientes a si mismo; sin que tengan mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sean santas e inmaculadas» (Efesios 5, 27), y así serán salvadas “para toda la eternidad.”

289 El Padre M. Sopocko, siendo director espiritual de Sor Faustina, le recomendó subrayar cuidadosamente en su Diario todo lo que, según ella, provenía de Dios, y especialmente todo lo que se refería a instituir la Fiesta de la Divina Misericordia y fundar la nueva Congregación.

290 En la capilla del sanatorio donde se guardaba el Santísimo Sacramento.

291  El doctor Adán Silberg.

292  El 15 de febrero de `1937 falleció en Plock Sor Cornelio Sofía Trzaska.  Nació en 1888, en 1905 entró en la Congregación donde trabajó de zapatera.

293 El Padre Buenaventura Madeja de la orden de los Padres Escolapios vivía entonces en Cracovia en la calle Pijarska.  Nacido en 1906, fue ordenado sacerdote en 1932.  Fue Superior de la casa, Consejero General, Provincial.  En los años 1965 – 1966 fue juez en el proceso informativo de Sor Faustina.  Falleció el 13 de septiembre de 1980.

294  Durante la Cuaresma, en la capilla del sanatorio se cantaban las “Penas amargas”.

295 En el lenguaje sacerdotal la palabra “cosecha” significa la Cuaresma como tiempo de ejercicios espirituales y confesión de los fieles.

296 Sor Faustina escribió sobre esta cuestión en la carta del 10 de junio de 1938 a sus hermanas Natalia y Wanda.

297 Haciendo los ejercicios espirituales de un día (el día de recogimiento mensual), Sor Faustina escuchó predicaciones del Padre Buenaventura Madeja para el personal del sanatorio.

Tercer Cuaderno

298 JMJ – Jesús, María, José.

299 La palabra en plural “confesores” parece indicar que Sor Faustina recibió la recomendación de escribir el Diario no solamente del Padre M. Sopocko, sino también del Padre J. Andrasz, S. J.

300 El director espiritual de Sor Faustina en Vilna, Padre M. Sopocko recuerda que ella tenia dones extraordinarios como: visiones, iluminaciones, oía voces interiores.  Aquí sabemos de uno de estos dones, el de conocer interiormente las vivencias de las personas que tenían relaciones con ella.

301  A fundar la nueva Congregación.

302  A “la Pasión”, para cantar las “Penas amargas”.

303 Durante los primeros votos las Hermanas de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia recibían el velo negro, una pequeña cruz, el rosario y el cinturón.  Sor Faustina hace referencia a esta pequeña cruz.

304 Se trata de instituir la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de Pascua.

305 En aquella época, tenían acceso a la capilla de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia solamente las hermanas y las alumnas del instituto.  Sólo durante la ocupación alemana (durante la II Guerra Mundial) fue abierta a todos los fieles.

306 “La oscuridad”:  lugar (altar o capilla) donde se conservaba el Santísimo Sacramento el Jueves Santo.

307 Radio Polaca transmitía las celebraciones del Jueves Santo.

308  El Padre J. Andrasz.

309 Probablemente el Padre Teodoro Czaputa que siendo capellán de la casa de Cracovia, predicaba en la capilla de la Congregación todos los domingos.

310 La Maestra del noviciado era entonces Sor Calixto Elena Piekarczyk, nacida el 30 de marzo de 1900.  Entró en la Congregación en 1920.  Asumió el cargo de Maestra de novicias el 10 de diciembre de 1934, después de Sor M. J. Brzoza y lo tuvo hasta el 8 de septiembre de 1945.  Falleció el 11 de septiembre de 1947.

311  ”Causa”, “asunto”, “obra”: con estas palabras Sor Faustina llama en el Diario su misión de divulgar el culto a la Divina Misericordia, por ejemplo, a través de instituir la nueva Fiesta y fundar la nueva Congregación.

312  Se trata del articulo sobre la Divina Misericordia publicado por el Padre M. Sopocko en el semanario de Vilna “Tygodnik Katolicki – Nasz Przyjaciel” (”Semanario Católico – Nuestro Amigo”), 1937, número 14.

313 En el manuscrito:  “antes que”.

314  En la casa cracoviana de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, todas las semanas el capellán daba conferencias sobre temas ascéticos, llamadas comúnmente “clases de catecismo”.

315 Ver Diario, 40 – a partir de las palabras “Al levantarnos de los reclinatorios…..”

316 Todos los años, las Hermanas de la Congregación de la Madre de dios de la Misericordia hacen los ejercicios espirituales de tres días, además del recogimiento de ocho días.

317 En la casa cracoviana de la Congregación se celebraban entonces (20 – 29 IV 1937) los ejercicios espirituales de ocho días antes de los votos y la toma de hábitos por las hermanas.  Dirigió esos ejercicios espirituales el Padre José Plaza, S. J. (1884 – 1950), el entonces Superior de la casa provincial de los jesuitas en Cracovia (Maly Rynek).

318  Se trata de una de las predicaciones del Padre J. Plaza, S. J.

319 Es difícil relacionar esta frase del Diario con algunas discusiones concretas en el Vaticano sobre la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia.  El cardenal Eugenio Pacelli era entonces Secretario de Estado en la Sede Apostólica.

320 La Superiora General, Madre Micaela Moraczewska se encontraba entonces en Cracovia con motivo de los votos de las hermanas y por visitar la casa.

321 Los confesores ordinarios de las Hermanas de la Congregación en Cracovia eran entonces los Padres Golab y Czaputa.  No se sabe al cuál de los dos se refiere Sor Faustina.

322  El Padre J. Andrasz.

323 Se trata de la procesión de Corpus Cristi que salía de la iglesia parroquial de Borek Falecki y terminaba en el ultimo altar que se encontraba en el jardín de la Congregación.  El Santísimo Sacramento se quedaba entonces en la capilla de las hermanas.

324 La procesión en la octava de Corpus Cristi.  En la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia se celebraba en el jardín del convento.

325 La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el viernes después de la octava de Corpus Cristi.

326   Comparar:  Diario 435-438; 559; 563; 573; 1155-1158, y otras.

327 Este lugar donde jugaban las alumnas del instituto, se solía llamar “cuadrado” debido a la forma que tenia.

328 Sor Yolanda Alejandra Wozniak, educadora en el instituto de la Congregación en Vilna.  En aquel tiempo, julio 1937, estaba en un curso para educadoras en Cracovia.  Nacida en 1909, entró en la Congregación en 1929.  Trabajó como educadora en varios institutos de la Congregación y luego, fue Superiora en Radom, Czestochowa y Cracovia.  Falleció el 14 de junio de 1988.

329 Los patronos de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia eran:  Nuestra Señora de la Misericordia (5 de agosto).  San Ignacio de Loyola (31 de julio); San José (19 de marzo, San Miguel Arcángel (29 de septiembre), Santa Maria Magdalena (22 de julio), Santa Teresa de Jesús (15 de octubre), San Antonio de Papua (13 de junio).

330 La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia tiene en la localidad de Rabka una pequeña casa de descanso, llamado “Loretto”.

331 “Acuérdate….” , oración a San José, anteriormente rezada en la Congregación diariamente.

332 La novena fue publicada con ciertos cambios en 1937, en el librito titulado “Cristo, Rey de Misericordia” (por J. Cebuski, Cracovia).  La portada llevaba una imagen en color de Cristo Misericordioso con los rayos y la firma: “Jesús, en Tí confío”.  Además de la novena, el librito contenía las letanías y la coronilla.

La Superiora de la casa, Madre Irene Krzyzanowska, envió los libritos a las casas de la Congregación.

333 En el manuscrito “se cicatrizan”.

Cuarto Cuaderno

334] Ver Diario, 585.

335] Fue el acto de la elección de Nuestra Señora de la Misericordia como superiora General de la Congregación.

336] Para poder imprimir textos sobre temas religiosos es necesario disponer de la autorización (imprimatur) de una entidad eclesiástica correspondiente.  El Padre M. Sopocko obtuvo la autorización para imprimir las mencionadas oraciones.

337] Sor Faustina por equivocación escribió 5 VIII en lugar de 5 IX.

338] La portera, debido al carácter de sus deberes, durante la gran parte del día estaba fuera de la comunidad de las hermanas.  Por esta razón, Sor Faustina llama “desierto” a la puerta.

339 El Padre M. Sopocko.

340 Sor Faustina tenía dos hermanos, Estanislao y Miecislao.  De lo que se dice a continuación del Diario nos enteramos de que la visitó Estanislao.

341 “Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús”:  revista mensual que se editaba desde 1872 por los jesuitas en Cracovia.

342. Probablemente para hablar de las cuestiones relacionadas con imprimir los libritos con la novena, la coronilla y las letanías a la Divina Misericordia.

343. Posiblemente J. Cybulski, propietario de una gran tienda de los artículos religiosos.

344. Las letanías a la Divina Misericordia (ver Diario, 949).

345. La coronilla a la divina Misericordia (ver Diario, 475-476).

346. La autorización de las autoridades eclesiásticas para poder imprimir.

347. La copia de la imagen de Eugenio Kazimirowski, del pincel de Lucia Balzukiewiczówna de Vilna, solicitada por los Padres Redentoristas.  La copia se encontró, después, en Cracovia.

348. La Madre Irene Krzyzanowska.

349. La imagen del pincel de Eugenio Kazimirowski.

350. Al instituto de educación, cuyas alumnas se solían llamar familiarmente “niñas”.

351. El Padre José Andrasz.

Quinto Cuaderno

352. “Brazaletes” – instrumento de penitencia en forma de una estrecha cadenita de espinas.

353. Cinturón de hierro.

354. Las hermanas solían apuntar victorias y derrotas en el adelantado espiritual sobre si mismas.

355. Al final de los ejercicios espirituales Sor Faustina fue a la iglesia de los jesuitas para confesarse con el Padre J. Andrasz; lo que se puede suponer del Diario es que fortaleció su espíritu.

356. La ceremonia de la toma de hábito y de los votos religiosos.

357. El Padre M. Sopocko.

358. Se trata de la Madre Irene Krzyzanowska que era Superiora de Sor Faustina durante su estancia en Cracovia (desde el 12 de mayo de 1936 hasta su muerte el 5 de octubre de 1938).  Las hermanas la llamaban familiarmente “Madrecita”.

359. El librito con la novena, la coronilla y las letanías a la Divina Misericordia.

360. Sor Doménica Josefa Szymanska, nacida el 28 de noviembre de 1875, entró en la Congregación en 1897.  Durante 30 años trabajó en la casa cracoviana de la Congregación como zapatera.  Falleció el 15 de noviembre de 1937.

361. La enfermera era Sor Crisóstomo Korczak.

362. Ver nota 314.

363. El Padre M. Sopocko emprendía gestiones relacionadas con la divulgación del culto a la Divina Misericordia, la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia y la fundación de la nueva Congregación.

364. Cristo llama a Satanás “padre de la mentira”; ver Jn 8, 44.

365. Es una cita del “Martirologio Romano” que era leído en el refectorio después de la oración y antes de la comida.

366 La frase queda interrumpida tras la palabra “que”.  Es de suponer que alguien interrumpió a Sor Faustina que después no volvió más a esa frase.

367. En el sacramento de la penitencia.

368. La hermana enfermera, Sor Crisóstomo Korczak.

369. Sobre instituir la Fiesta de la Divina Misericordia.

370. La Madre Irene Krzyzanowska fue testigo en el proceso informativo de Sor Faustina.  No se conocen, sin embargo, ningunas declaraciones de Sor Maria Josefa Brzoza (murió en 1939).

371. Con el Padre Teodoro Czaputa.

372. Sobre el Padre M. Sopocko.

373. En el manuscrito:  “antes que”.

374. En el manuscrito:  “fracasaron”.

375. La palabra “para” fue escrita por equivocación.

376. En el manuscrito:  “en mi interior”.

377. Es decir confesores, directores espirituales, Superiores.

378. Durante la enfermedad Sor Faustina hacia bordados para adornar los manteles de los altares.

379. El Padre M. Sopocko.

380. Según era costumbre, por los agonizantes en la Congregación se rezaba la plegaria “Oh benignísimo Jesús….”  Y el Salmo 129, “De Profundis”.

381. El Padre Jose Andrasz, S. J.

382. La Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia no tiene todavía una santa canonizada.

383 El Padre J. Andrasz, S. J.

384. El Padre M. Sopocko.

385. Las Superioras de Sor Faustina a lo largo de su vida eran:  Madre Margarita gimbutt, el comienzo del noviciado y la tercera probación antes de los votos perpetuos; Madre Rafaela Buczynska en Cracovia y Varsovia; Madre Rosa Klobukowska en Plock; Madre Javiera Olszamowska en Kiekrz; Madre Borgia Tichy en Vilna; Madre Serafina Kikulska en Walendów.

386. La Madre Micaela Moraczewska.

387. La Madre Maria Josefa Brzoza, Maestra de Sor Faustina en el noviciado.

388. El Padre Jose Andrasz, S. J.

Sexto Cuaderno

389 Ver 2 Co 12, 1-6

390. Ver 1 Co 2,9.

391. Ver Sal  68, 21.

392. El Padre T. Czaputa era confesor del noviciado.  Se confesaban con él tambien algunas hermanas profesas.  El director espiritual de Sor Faustina era entonces el Padre J. Andrasz, S. J.  Sor Faustina hace aquí una clara diferencia entre el confesor y su director espiritual.

393. Sor Tarcisia Casimira Piotrowicz, nacida en 1891, entró en la Congregación en 1912.  Durante cierto tiempo fue enfermera en la casa cracoviana de la Congregación.  Falleció el 2 de diciembre de 1978.

394. Probablemente se trata de Sor Amelia Socha, muy amiga de Sor Faustina.

395. El Padre Jose Andrasz.

396. La frase queda interrumpida despues de las palabras “Al volver….”.

397. En el manuscrito Sor Faustina dejó media página en blanco.  Tal vez tenia la intencion de continuar la poesia.

398. Según la costumbre de la Congregación, primero se confesaban las novicias y luego las hermanas profesas.  Por eso la Superiora recomendó a Sor Faustina pedir a la Maestra del noviciado el permiso de confesarse antes de las novicias.

399. La Maestra del noviciado era Sor Calixta Piekarczyk.

400. En el manuscrito la frase es:  “Conoci cuanto se necesita, falta, (31) el espiritu, la letra sola no hace crecer el amor.”

401. Probablemente era viernes, 25 de marzo de 1938.  Frecuentemente, los viernes, Sor Faustina sentia dolores en los lugares de las heridas de Jesús (ver Diario 759, 942, 1010, 1055, 1196, 1247, 1468, 1627).

402. En la Congregación no hay costumbre de que las hermanas guarden en sus celdas alimentos o bebidas.

403. Se trata del “Mensajero del Corazón de Jesús”.

404. La capilla de las hermanas en Cracovia se comunica con la casa de modo que por el pasillo del primer piso de la casa se entra directamente en el coro de la capilla.  Encontrandose en el coro, Sor Faustina participaba en la Misa, sin embargo no tuvo fuerzas suficientes para bajar y tomar parte en la Procesion de los Ramos.

405. El Padre Andrés Zukowicz, S. J. (1886 – 1962), gran propagador de la idea del Apostolado de la Oracion y redactor del “Mensajero del Corazón de Jesús”.  En los años 1933 – 1957 secretario del provincial de los jesuitas.  Amigo de la Congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.

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Ricardo Romero – Mar del Plata – Argentina
mensajeromariano@hotmail.com

Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec. En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice Warckie, se le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajando de empleada doméstica en casas de familias acomodadas de Aleksandrów, Łódź y Ostrówek, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular intensa vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. Oh Jesús mío —escribió— cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió:Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a sor Faustina por secretaria y apóstolde su misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo sugran mensaje. En el Antiguo Testamento —le dijo— enviaba alos profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a todala humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588).

La misión de Santa Faustina consiste en 3 tareas:

– Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

– Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

– La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio —dijo el Señor Jesús a sor María Faustina— tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas,por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

Sor María Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión. Entre los años 1965-67 en Cracovia fue llevado a cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992. El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Łagiewniki.

Homilía del Santo Padre 

INTRODUCCION

1. Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, conocida actualmente en el mundo entero, ha sido incluida por los teólogos entre los destacados místicos de la Iglesia.

Nació como la tercera hija entre diez hermanos de una pobre y piadosa familia campesina de la aldea de Glogowiec.  En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Swinice Warckie, se le impuso el nombre de Elena.  Desde pequeña se destacó por la piedad, el amor a la oración, la laboriosidad y la obediencia, y por una gran sensibilidad ante la pobreza humana.  Su educación escolar no duró ni siquiera tres años:  al cumplir 14 años abandonó la casa familiar para trabajar de sirviente en Aleksandrów y Lodz, y mantenerse a sí misma y ayudar a sus padres.

Ya desde los 7 años Elena sintió en su alma el llamado a la vida religiosa (dos años antes de recibir la Primera Comunión), pero sus padres no le dieron el permiso para que entrara en el convento.  Ante la negativa, la niña intentó apagar dentro de sí el llamado de Dios; sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente y las palabras de reproche”  Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?” empezó a buscar ser aceptada en algún convento.  Pero donde llamaba la despedían.  Finalmente, el 1 de agosto de 1925, pasó el umbral de la clausura de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, en la calle Zytnia, en Varsovia.  En su Diario confesó:  “Me pareció que entré en la vida del paraíso.  De mi corazón brotó una sola oración, la de acción de gracias”.

Unas semanas después sintió una fuerte tentación de trasladarse a otro convento donde pudiera tener más tiempo para rezar.  Entonces, el Señor Jesús, enseñándole su faz desgarrada y martirizada, dijo: “Tú Me causarás un dolor semejante, si sales de esta Congregación.  Te he llamado aquí y no a otro lugar, y te tengo preparadas muchas gracias”.

En la Congregación recibió el nombre de Sor María Faustina.  El noviciado lo pasó en Cracovia, donde en presencia del obispo St. Respond hizo los primeros votos y cinco años después los votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia.  Trabajó en distintas casas de la Congregación.  Pasó los períodos más largos en Cracovia, Plock y Vilna trabajando como cocinera, jardinera, y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su extraordinaria y rica vida mística.  Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y piadosa, pero a la vez natural, alegre, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo.

Toda su vida se concentraba en caminar con constancia a la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas.  “Jesús mío – confesó en el Diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ninguna alma Te amó hasta ahora” .

El Diario revela la profundidad de su vida espiritual.  Una lectura atente de estos escritos permite conocer un alto grado de unión de su alma con Dios, permite conocer hasta qué punto Dios se entregó a su alma y evidencia también sus esfuerzos y combates en el camino hacia la perfección cristiana.  El Señor la colmó de muchas gracias extraordinarias:  los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de leer en las almas humanas, y de desposorios místicos.  Colmada de tantas gracias, escribió:  “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios.  Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios”.

El austero modo de vida y los agotadores ayunos que practicaba desde antes de entrar en el convento, debilitaron tanto su organismo que siendo postulante, fue enviada al balneario de Skolimów, cerca de Varsovia, para recuperar la salud.  Tras el primer año de noviciado, le vinieron experiencias místicas sumamente dolorosas; las de la llamada noche oscura, y luego, sufrimientos espirituales y morales relacionados con la realización de su misión que le fue encomendada por el Señor.  Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó también diversos sufrimientos para, a través de ellos, salvar las almas de aquellos.  En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores, la llamada noche pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo:  se desarrolló la tuberculosis que atacó los pulmones y el sistema digestivo.  A causa de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en Cracovia, por varios meses.

Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, falleció en olor de santidad, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los que 13 fueron en el convento.  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad en Cracovia – Lagiewniki, y luego, durante el proceso informativo en 1966, trasladado a la capilla.

A esta sencilla monja, sin grandes estudios, pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor Jesús le confió una gran misión:  el mensaje de la misericordia dirigido a todo el mundo.  “Te envío – dijo – a toda la humanidad con Mi misericordia.  No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón Misericordioso  (Diario, 1588).  Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura, para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia“ .

2. La misión de Sor Faustina consiste, en resumen, en recordar una verdad de la fe, conocida desde siempre, pero olvidada, sobre el amor misericordioso de Dios al hombre y en transmitir nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, cuya práctica ha de llevar a la renovación religiosa en el espíritu de confianza y misericordia cristianas.

El Diario que Sor Faustina escribió durante los últimos 4 años de su vida por un claro mandato del Señor Jesús, es una forma de memorial, en el que la autora registraba, al corriente y en retrospectiva, sobre todo los “encuentros” de su alma con Dios.  Para sacar de estos apuntes la esencia de su misión, fue necesario un análisis científico.  El mismo fue hecho por el conocido y destacado teólogo, Padre profesor Ignacy Rózycki.  Su extenso análisis fue resumido en la disertación titulada “La Divina Misericordia.  Líneas fundamentales de la devoción a la Divina Misericordia.”  A la luz de este trabajo resulta que todas las publicaciones anteriores a él, dedicadas a la devoción a la Divina Misericordia transmitida por Sor Faustina, contienen solamente algunos elementos de esta devoción, acentuando a veces cuestiones sin importancia para ella.  Por ejemplo, destacan la letanía o la novena, haciendo caso omiso a la Hora de la Misericordia.  El mismo Padre Rózycki hace referencia a ese aspecto diciendo:  “Antes de conocer las formas concretas de la devoción a la Divina Misericordia, cabe decir que no figuran entre ellas las conocidas y populares novenas ni letanías.”

La base para distinguir éstas y no otras oraciones o prácticas religiosas como nuevas  formas de culto a la Divina Misericordia, lo son las concretas promesas que el Señor Jesús prometió cumplir bajo la condición de confiar en la bondad de Dios y practicar misericordia para con el prójimo.  El Padre Rózycki distingue cinco formas de la devoción a la Divina Misericordia.

a.  La imagen de Jesús Misericordioso.   El esbozo de la imagen le fue revelado a Sor Faustina en la visión del 22 de febrero de 1931 en su celda del convento de Plock.  “Al anochecer, estando yo en mi celda – escribe en el Diario – ví  al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos:  uno rojo y otro pálido.  Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma:  Jesús, en Ti  confío.  Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia “.

El contenido de la imagen se relaciona, pues, muy estrechamente con la liturgia de ese domingo.  Ese día la Iglesia lee el Evangelio según San Juan sobre la aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29).  Así, la imagen presenta al Salvador resucitado que trae la paz a la humanidad por medio del perdón de los pecados, a precio de su Pasión y muerte en la cruz.  Los rayos de la Sangre y del Agua que brotan del Corazón (invisible en la imagen) traspasado por la lanza y las señales de los clavos, evocan los acontecimientos del Viernes Santo (Jn 19, 17-18, 33-37).  Así pues, la imagen de Jesús Misericordioso une en sí estos dos actos evangélicos que hablan con la mayor claridad del amor de Dios al hombre.

Los elementos más característicos de esta imagen de Cristo son los rayos.  El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó:  “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las alma.  Bienaventurado quien viva a la sombra  de ellos”.   Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía.  Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios con el hombre contraída en la Sangre de Cristo.

A la imagen de Jesús Misericordioso se le da con frecuencia el nombre de imagen de la Divina Misericordia.  Es justo porque la Misericordia de Dios hacia el hombre se reveló con la mayor plenitud en el misterio pascual de Cristo.

La imagen no presenta solamente la Misericordia de Dios, sino que también es una señal que ha de recordar el deber cristiano de confiar en Dios y amar activamente al prójimo.  En la parte de abajo – según la voluntad de Cristo – figura la firma:  “Jesús, en Ti  confío“.  “Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

Así comprendido el culto a la imagen, a saber, la actitud cristiana de confianza y misericordia, vinculó el Señor Jesús promesas especiales de: la salvación eterna, grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz, y todas las demás gracias que le fueren pedidas con confianza.  “Por medio de esta imagen colmare a las almas con muchas gracias.  Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella”.

b.  La Fiesta de la Misericordia.   De entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia reveladas por Sor Faustina, ésta es la que tiene mayor importancia.  El Señor Jesús habló por primera vez del establecimiento de esta Fiesta en Plock en 1931, cuando comunicó a Sor Faustina su deseo de que pintara la imagen:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”.

La elección del primer domingo después de la Pascua de Resurrección para la Fiesta de la Misericordia, tiene su profundo sentido teológico e indica una estrecha relación entre el misterio pascual de redención y el misterio de la Divina Misericordia.  Esta relación se ve subrayada aun mas por la novena de coronillas a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta y que empieza el Viernes Santo.

La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la misericordia, sino también el tiempo en que Dios colma de gracias a todas las personas.  “Deseo – dijo el Señor Jesús – que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadore.  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi Misericordia morirán para siempre”.

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma.  “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas”.  “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia.  Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata”.

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión.  “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” .

c.  La coronilla a la Divina Misericordia.  El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 en Vilna, como una oración para aplacar la ira divina.

Las personas que rezan esta coronilla ofrecen a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de sus pecados, los pecados de sus familiares y los del mundo entero.  Al unirse al sacrificio de Jesús, apelan a este amor con el que Dios Padre ama a Su Hijo y El a todas las personas.

En esta oración piden también “misericordia para nosotros y el mundo entero” haciendo, de este modo, un acto de misericordia.  Agregando a ello una actitud de confianza y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada oración buena (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles pueden esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo que se refieren especialmente a la hora de la muerte:  la gracia de la conversión y una muerte serena.  Gozaran de estas gracias no solo las personas que recen esta coronilla, sino también los moribundos por cuya intención la recen otras personas.   “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante – dijo el Señor Jesús – se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”.  La promesa general es la siguiente:  ”Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan, si lo que me pidan esté conforme con Mi voluntad”.  Todo lo que es contrario a la voluntad de Dios no es bueno para el hombre, particularmente para su felicidad eterna.

“Por el rezo de esta coronilla – dijo Jesús en otra ocasión – Me acercas la humanidad.  A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá  de vida y especialmente a la hora de la muerte”.

d. La Hora de la Misericordia. En octubre de 1937, en unas circunstancias pocoaclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma”.

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia.   ”En esa hora – dijo a Sor Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crujir, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

El Padre Rózycki habla de tres condiciones para que sean escuchadas las oraciones de esa hora:

1. La oración ha de ser dirigida a Jesús.

2. Ha de ser rezada a las tres de la tarde.

3. Ha de apelar a los valores y meritos de la Pasión del Señor.

“En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre la justicia”.

e. La propagación de la devoción a la Divina Misericordia.   Entre las formas de devoción a la Divina Misericordia, el Padre Rózycki distingue además la propagación de la devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo.  “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso“.

La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.  El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El”  y hagan obras de misericordia:  a  través de sus actos, sus palabras y su oración.  “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte”.  Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso.  Un ejemplo de tal apostolado lo dio Sor Faustina durante toda su vida.

f.  El culto a la Divina Misericordia tiene como fin renovar la vida religiosa en la Iglesia en el espíritu de confianza cristiana y misericordia.  En este contexto hay que leer la idea de “la nueva Congregación” que encontramos en las páginas del Diario.  En la mente de la propia Sor Faustina este deseo de Cristo maduró poco a poco, teniendo cierta evolución:  de la orden estrictamente contemplativa al movimiento formado también por Congregaciones activas, masculinas y femeninas, así como por un amplio círculo de laicos en el mundo.  Esta gran comunidad multinacional de personas constituye una sola familia unida por Dios en el misterio de su misericordia, por el deseo de reflejar este atributo de Dios en sus propios corazones y en sus obras y de reflejar su gloria en todas las almas.  Es una comunidad de personas de diferentes estados y vocaciones que viven en el espíritu evangélico de confianza y misericordia, profesan y propagan con sus vidas y sus palabras el inabarcable misterio de la Divina Misericordia e imploran la Divina Misericordia para el mundo entero.

La misión de Sor Faustina tiene su profunda justificación en la Sagrada Escritura y en algunos documentos de la Iglesia.  Corresponde plenamente a la encíclica Dives in misericordia del Santo Padre Juan Pablo II.

¡Para mayor gloria de la Divina Misericordia! Cracovia – Lagiewniki. Sor Ma. Elzbieta Siepak De la Congregación de las Hermanas De la Madre de Dios de la Misericordia

CUADRO CRONOLOGICO DE LA VIDA DE  SANTA MARIA FAUSTINA KOWALSKA DE LA CONGREGACION DE LAS HERMANAS DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA

25 de agosto de 1905 – Sor Faustina nace en la aldea de Glgowiec (actualmente la provincia De Konin).

27 de agosto de 1905 -  Es bautizada en la parroquia de San Casimiro en Swinice  Warckie (diócesis de Wloclawek), y recibe el nombre de Elena.

1912 – Por primera vez oye en su alma la voz que la llama a la vida  perfecta.

1914 – Recibe la Primera Comunión. Septiembre de 1917 -  Comienza la educación en la escuela primaria.

1919 - Empieza a trabajar en casa de los amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki.                           

30 de octubre de 1921 - Recibe el Sacramento de la Confirmación administrado por el obispo Vicente Tymieniecki en Aleksandrów Lódzki.

1922 -  Vuelve a la casa familiar para pedir a los padres el permiso de  rentrar en un convento, recibe la negativa.

Otoño de  1922 -  Elena va a Lódz.  Durante un año trabaja en la tienda de Marcjanna  Sadowska, en la calle Abramowskiego 29 (2 II 1923 1 VII 1924)

Julio de  1924 -  Sale a Varsovia con la intención de entrar en un convento.  Se presenta  en la casa de la Congregación de la Madre de Dios de recibirla, pero antes le encomienda reunir una pequeña dote.

1 de agosto de 1925 – Después de un año de trabajo como sirvienta, Elena Kowalska vuelve a presentarse a la Superiora del convento en la calle Zytnia.  Es admitida al postulantado.

23 de enero de 1926 – Va a la casa del noviciado en Cracovia.

30 de abril de 1926 -  Recibe el hábito y el nombre de Sor María Faustina.

Marzo – abril de 1927 – Pasa por el periodo de oscuridad espiritual, que durará un año y medio.

16 de abril de 1928 - El Viernes Santo el ardor del amor divino penetra a la novicia sufriente que olvida los sufrimientos experimentados, conoce con más claridad lo mucho que Cristo sufrió por ella.

30 de abril de 1928 -  Al terminar el noviciado y después del retiro espiritual de 8 días, hace los primeros votos (temporales).

10 de octubre de 1928 - El Capítulo General que se celebra en la Congregación elige como Superiora General a la Madre Micaela Moraczewaska que va a ser la Superiora de Sor Faustina durante toda la vida. Será también su ayuda y consuelo en los momentos difíciles.

31 de octubre de 1928 -   Sale a casa de la Congregación en Varsovia, en la calleZytnia, para trabajar en la cocina.

21 de febrero -  Viaja a Vilna para sustituir a una hermana que tiene su tercera

11 de junio de 1929    probación. 

Junio de 1929  - Es mandada a la recién fundada casa de la Congregación en la calle Hetmanska, en Varsovia.

7 de julio de 1929  - Una breve estancia en Kiekrz, cerca de Poznan, para sustituir en la cocina a una hermana enferma.

Octubre de 1929 - Sor Faustina está en la casa varsoviana de la Congregación, en la Calle Zytnia.

Mayo – junio de 1930 - Viene a la casa de la Congregación en Plock.  Trabaja en la  panadería,   en la cocina y en la tienda adjunta a la panadería.

22 de febrero de 1931 - Tiene una visión del Señor que le encomienda pintar una imagen  según el modelo que ella ve.

Noviembre de 1932 - Sor Faustina viene a Varsovia para su tercera probación (de Cinco meses), a la que las hermanas de la Congregación se someten antes de hacer los votos perpetuos.  Antes de la probación tiene el retiro espiritual en Walendów.

18 de abril de 1933 - Sale a Cracovia para celebrar el retiro espiritual de 8 días, antes de los votos perpetuos.

1 de mayo de 1933 - Hace los votos perpetuos (el obispo Estanislao Rospond preside la ceremonia).

25 de mayo de 1933  - Viaja a Vilna.

2 de enero de 1934  - Por primera vez visita al pintor E. Kazimirowski que ha de pintar la imagen de la Divina Misericordia.

29 de marzo de 1934 -Se ofrece por los pecadores y especialmente por aquellas almas que han perdido confianza en la Misericordia de Dios.

Junio de 1934 - Queda terminada la imagen de la Divina Misericordia.  Sor Faustina llora porque el Señor Jesús no es tan bello como ha sido en la visión.

12 de agosto de 1934  - Un fuerte desfallecimiento de Sor Faustina.  El Padre Miguel Sopocko le administra el sacramento de los enfermos.

13 de agosto de 1934 - El mejoramiento del estado de salud de Sor Faustina.

26 de octubre de 1934  - Cuando Sor Faustina, junto con las alumnas, regresa del jardín para cenar (a las seis menos diez), ve al Señor Jesús encima de la capilla en Vilna tal y como lo vio en Plock, es decir con los rayos pálido y rojo.  Los rayos envuelven la capilla de la Congregación, la enfermería de las alumnas y después se extienden sobre el mundo entero.

15 de febrero de 1935  – Recibe la noticia de una grave enfermedad de su madre, y va a la casa  familiar en Glogowiec.  En el camino de regreso a Vilna, se detiene en Varsovia para ver a la Madre General, Micaela Moraczewska, y a su antiguo maestra, Sor María Josefa Brzoza.

19 de octubre de 1935 Sale a Cracovia para participar en el retiro espiritual de 8 días.

8 de enero de 1936 - Hace una visita al arzobispo Romuald Jalbrzykowski, Metropolitano de Vilna y le comunica que el Señor Jesús exige la Fundación de una Congregación nueva.

21 de marzo de 1936 - Sale de Vilna y viene a Varsovia.  

25 de marzo de 1936 - Es trasladada a la casa de la Congregación en Walendów.

Abril de 1936 -  Es trasladada a la casa en la localidad de Derdy (a 2 Km. De Walendów).

11 de mayo de 1936  - Sale de Derdy y va a Cracovia para estar allí hasta su muerte.

14 de septiembre de 1936   -  Un encuentro con el arzobispo Jalbrzykowski, quien, estando de  paso Cracovia, visita la casa de la  Congregación.

19 de septiembre de 1936 -  Un examen en el sanatorio de Pradnik (hoy, el hospital Juan  Pablo II.

9 de diciembre de 1936 - La estancia en el hospital de Pradnik.  - 27 de marzo de 1937

29 de julio  – La estancia en el balneario de Rabka. – 10 de agosto de 1937

21 de abril de 1938  - El empeoramiento del estado de salud y el retorno de Sor Faustina

Agosto de 1938 - La última carta a la Superiora General en la que Sor Faustina pide perdón por las desobediencias de toda la vida y la que termina con las palabras:  “Hasta la vista en el cielo.”

25 de agosto de 1938 -  Sor Faustina recibe el sacramento de los enfermos.

2 de septiembre de 1938 - Al visitar a Sor Faustina en el hospital, el Padre Sopocko la encuentra  en éxtasis.

7 de septiembre de 1938 - El regreso del hospital al convento.

5 de octubre de 1938 - A las once menos cuarto de la noche, Sor María Faustina Kowalska, tras largos sufrimientos soportados con gran paciencia, ha ido a encontrarse con el Señor para recibir la  recompensa.

7 de octubre de 1938  -  Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad, situado al fondo del jardín de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

21 de octubre de 1965 - En la arquidiócesis de Cracovia es iniciado el proceso Informativo  sobre la beatificación de Sor Faustina.

25 de noviembre de 1966  - El traslado de los restos mortales de Sor Faustina del Cementerio a la capilla de las Hermanas de la Madre de Dios de  la Misericordia en Cracovia – Lagiewniki.

20 de septiembre de 1967 - Una solemne sesión presidida por el cardenal Karol Wojtyla pone el punto final al proceso informativo diocesano.  Las actas del proceso son enviadas a Roma.

31 de enero de 1968 - Con decreto de la Congregación para la Causa de los Santos se abre el proceso de beatificación de la Sierva de Dios Sor Faustina.

19 de junio de 1981  - La Sagrada Congregación de la Causa de los Santos, después de completar la investigación de todos los escritos de la Sierva de Dios Sor Faustina, emite un documento declarando que  ”nada se interpone para continuar” con su causa.

7 de marzo de 1992 - En presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de   los Santos promulga el decreto de las Virtudes Heroicas mediante  el cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes de manera heroica.  Como resultado, ella recibe el título de “Venerable” Sierva de Dios y se abre el camino para verificar el milagro atribuido a su intercesión.

21 de diciembre de 1992  - El Santo Padre publica la aceptación del milagro como concedido por la intercesión de Sor Faustina y anuncia la fecha   para su solemne beatificación.

18 de abril de 1993 - Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma  el  primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

30 de abril de 2000 - Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, en la Fiesta de la Misericordia.

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La Divina Misericordia en mi Alma

DIARIO

Sor Faustina

Oh Amor Eterno, mandas pintar Tu Santa Imagen  y nos revelas la fuente inconcebible de la misericordia.  Bendices a quien se acerca a Tus rayos, y el alma negra se convierte en nieve. Oh dulce Jesús, aquí has establecido el trono de Tu misericordia para dar alegría y ayudar al pecador, de Tu Corazón abierto, como de un manantial puro, fluye el consuelo para el alma y el corazón contrito. que el honor y la gloria para esta imagen no dejen de fluir de las almas de los hombres, que cada corazón glorifique la Divina Misericordia ahora y por los siglos de los siglos y en cada hora. Oh, Dios mío. Cuando miro hacia el futuro, me atemorizo, pero ¿por qué sumergirse en el futuro? Para mi solamente el momento actual es de gran valor, ya que quizá el futuro nunca llegue a mi alma. El tiempo que ha pasado no está en mi poder. Cambiar, corregir o agregar, no pudo hacerlo ningún sabio ni profeta, así que debo confiar a Dios lo que pertenece al pasado. Oh momento actual, tú me perteneces por completo, deseo aprovecharte cuanto pueda, y aunque soy débil y pequeña, me concedes la gracia de tu omnipotencia. Por eso, confiando en Tu misericordia, camino por la vida como un niño pequeño y cada día te ofrezco mi corazón Inflamado del amor por Tu mayor gloria. 

3 Dios y las almas Oh, Rey de Misericordia, guía mi alma. Sor M. Faustina del Santísimo Sacramento. Vilna, 28 VII 1934

Oh Jesús mío, por la confianza en Ti Trenzo miles de coronas y sé que todas florecerán y sé que florecerán cuando las Ilumine el Sol Divino. Oh gran y Divino Sacramento que ocultas a mi Dios Jesús acompáñame en cada momento,  y ningún temor invadirá mi corazón. Vilna, 28 VII 1934 JMJ Primer cuaderno. Dios y las almas

Seas adorada, oh Santísima Trinidad, ahora y siempre, Seas alabada en todas Tus   Obras y en todas Tus criaturas.  Que la grandeza de Tu misericordia, oh Dios, sea admirada y glorificada.

Debo tomar nota de los encuentros de mi alma Contigo, oh Dios, en los momentos particulares de Tus visitas.  Debo escribir de Ti, oh Inconcebible en la misericordia hacia mi pobre alma.  Tu santa voluntad es la vida de mi alma.  He recibido este mandato de quien Te sustituye para mi, oh Dios, aquí en la tierra y que me enseña Tu santa voluntad:  Jesús Tu ves que difícil es para mí escribir, y que no sé describir claramente lo que siento en el alma.  Oh Dios, ¿puede la pluma describir cosas para las cuales, a veces, no hay palabras?  Pero me mandas escribir, oh Dios, esto me basta. Varsovia, 1 VIII 1925

Ingreso al Convento

Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada.  A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta.  Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia.  No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.

El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar  en un convento; una categórica negativa de los padres.  Después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida  sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque  mi alma en nada encontraba satisfacción.  Las continuas llamadas de la gracia  eran para mi un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con  distracciones.  Evitaba a Dios dentro de mi y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas.  Pero la gracia divina venció en mi alma.

Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile.  Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores.  En el momento en que empecé a bailar, de repente  vi  a Jesús junto a mí.  A Jesús martirizado, despojado de

Sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras:   ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañaras?   En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo.  Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza.  Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka.  Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral.  Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante.

Entonces oí esas palabras: Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un  convento.  Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia.

Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo:  ¿Qué hacer?  ¿A dónde dirigirme, si no conocía a nadie?  Y dije a la Madre de Dios: María, dirígeme, guíame.  Inmediatamente oí en el alma estas palabras: que saliera de la ciudad a una aldea donde pasaría una noche tranquila.  Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho. Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de  Dios.  Las Santas Misas seguían una tras otra.  Durante una oí estas palabras:  Ve a hablar con este sacerdote  y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante.   Terminada la Santa Misa  fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar.

Al principio el sacerdote se sorprendió, pero me recomendó confiar mucho en que Dios lo arreglaría. Entretanto yo te mandaré dijo a casa de una señora piadosa, donde tendrás alojamiento hasta que entres en un convento.  Cuando me presenté en su casa, la señora me recibió con gran amabilidad. Empecé a buscar un convento, pero donde llamaba me despedían.  El dolor traspasó mi corazón y dije al Señor: Ayúdame, no me dejes sola.  Por fin llamé a nuestra puerta.

Cuando salió a mi encuentro la Madre Superiora, la actual Madre General Micaela, tras una breve conversación, me ordenó ir al Dueño de la casa y preguntarle si me recibía.  En seguida comprendí que debía preguntar al Señor Jesús. Muy feliz fui a la capilla y pregunté a Jesús:  Dueño de esta casa, ¿me recibes?  Una De las hermanas de esta casa me ha dicho que Te lo pregunte. En seguida oí esta voz:   Te recibo, estás en Mi Corazón.    Cuando regresé de la capilla, la Madre Superiora, primero me preguntó:  “Pues bien, ¿te ha recibido el  Señor?”  Contesté que sí. ”Si el Señor te ha recibido, yo también te recibo.”

Tal fue mi ingreso.  Sin embargo, por varias razones, mas de un año tuve que estar en el mundo, en casa de esta piadosa señora, pero no volví ya a mi casa. En aquella época tuve que luchar contra muchas dificultades, sin embargo Dios no me escatimaba en su gracia.  Mi añoranza de Dios se hacia cada vez más grande. Esta señora, aunque muy piadosa, no comprendía la felicidad que da la vida Consagrada y en su bondad, empezó a proyectarme otros planes de vida, pero yo Sentía que tenía un corazón tan grande que nada podía llenarlo.

Entonces, me dirigí a Dios con toda mi alma sedienta de El.  Eso fue durante la Octava de Corpus Cristi.   Dios llenó mi alma con la luz interior para que lo conociera más profundamente como el bien y la belleza supremos.  Comprendí cuánto  Dios me amaba.  Es eterno Su amor hacia mí.  Eso fue durante las vísperas. Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios el voto de castidad perpetua.  A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo.  En aquel momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús.

Por fin, llegó el momento cuando se abrió para mí la puerta del convento. Eso fue el primero de agosto, al anochecer, en vísperas de la fiesta de la Madre de Dios de los Ángeles. Me sentía sumamente feliz, me pareció que entre en la vida del paraíso. De mi corazón broto una sola oración, la de acción de gracias.

Sin embargo, tres semanas después vi que aquí había muy poco tiempo para la oración y que muchas otras cosas me empujaban interiormente a entrar en un convento de regla más estricta. Esta idea se clavó en mi alma, pero no había en ella la voluntad de Dios. No obstante, la idea, es decir la tentación, se hacia cada vez mas fuerte hasta que un día decidí hablar con la Madre Superiora y salir decididamente. Pero Dios guió las circunstancias de tal modo que no pude hablar con la Madre Superiora. Antes de acostarme, entré en una pequeña capilla y pedí a Jesús la luz en esta cuestión, pero no recibí nada en el alma, solo me lleno una extraña inquietud que no llegaba a comprender. A pesar de todo decidí que a la mañana siguiente, después de la Santa Misa, le comunicaría a la Madre Superiora de mi decisión.

Volví a la celda, las hermanas estaban ya acostadas y la luz apagada. No sabia que Hacer conmigo. Me tiré al suelo y empecé a rezar con fervor para conocer la voluntad de Dios. En todas partes había un silencio como en el tabernáculo. Todas las hermanas como las hostias blancas, descansan encerradas en el cáliz de Jesús, y solamente desde mi celda Dios oye el gemido de mi alma. No sabia que después de las nueve, sin autorización no estaba permitido rezar en las celdas. Después de un momento, en mi celda se hizo luz y en la cortina vi. el rostro muy dolorido del Señor Jesús. Había llagas abiertas en todo el rostro y dos grandes lágrimas caían en la sobrecama. Sin saber lo que todo eso significaba, pregunte a Jesús: Jesús, ¿Quién te ha causado tanto dolor? Y Jesús contestó: Tú Me vas a herir dolorosamente si sales de este convento. Te llamé aquí y no a otro lugar y te tengo preparadas muchas gracias. Pedí perdón al Señor Jesús e inmediatamente cambié la decisión que había tomado.

Al día siguiente fue día de confesión.   Conté todo lo que había ocurrido en mi alma, y el confesor me contestó que había en ello una clara voluntad de Dios que debía quedarme en esta Congregación y que ni siquiera podía pensar en otro convento.  A partir de aquel momento me siento siempre feliz y contenta.

19 Poco después me enferme. La querida Madre Superiora me mando de vacaciones junto con otras dos hermanas a Skolimów, muy cerquita de Varsovia. En aquel tiempo le pregunté a Jesús: ¿Por quien debo rezar todavía? Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quien debía rezar.

Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo.  En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes.  Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas.  Las llamas que las quemaban, a mi no me tocaban.  Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento.  Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento?  Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios, Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio, Las almas llaman a Maria “La Estrella del Mar”.  Ella les trae alivio.  Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir.  Salimos de esa cárcel de sufrimiento.   Oí una voz interior que me dijo:  Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige.   A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes.

20 Fin del postulantazo 29 IV 1926. Las Superioras me mandaron al noviciado a Cracovia. Una alegría inimaginable reinaba en mi alma. Cuando llegamos al noviciado, la hermana … estaba muriendo. Unos días después vino la hermana… y me mandó ir a la Madre Maestra y decirle que su confesor, Padre Rospond celebrara en su intención una Santa Misa y tres jaculatorias. Al principio consentí, pero al día siguiente pensé que no iría a la Madre Maestra, porque no entendía bien si había sido un sueño o  realidad. Y no fue. La noche siguiente se repitió lo mismo pero más claramente, no lo dudaba. No obstante a la mañana siguiente decidí no decirlo a la Maestra. Se lo diría sólo cuando la viera durante el día. Un momento después la encontré en el pasillo [a aquella hermana fallecida], me reprochaba [que] no había ido en seguida y mi alma se llenó de gran inquietud. Entonces fui inmediatamente a hablar con la Madre Maestra y le conté todo lo que había sucedido. La Madre dijo que ella lo arreglaría. En seguida la paz volvió a mi alma y tres días después aquella hermana vino y me dijo: “Dios se lo pague.”

21 Durante la toma de hábito Dios me dio a conocer lo mucho que iba a sufrir. Vi claramente a que me estaba comprometiendo. Fue un minuto de ese sufrimiento. Dios volvió a colmar mi alma con muchos consuelos.

22 Al final del primer año de noviciado, en mi alma empezó a oscurecer. No sentía ningún consuelo en la oración, la meditación venia con gran esfuerzo, el miedo empezó a apoderarse de mí. Penetré más profundamente en mi interior y lo único que vi. fue una gran miseria. Vi también claramente la gran santidad de Dios, no me atrevía a levantar los ojos hacia El, pero me postré como polvo a sus pies y mendigué su misericordia. Pasaron casi seis meses y el estado de mi alma no cambió nada. Nuestra querida Madre Maestra me daba ánimo en esos momentos difíciles. Sin embargo este sufrimiento aumentaba cada vez más y más. Se acercaba el segundo año del noviciado. Cuando pensaba que debía hacer los votos, mi alma se estremecía. No entendía lo que leía, no podía meditar. Me parecía que mi oración no agradaba a Dios. Cuando me acercaba a los santos sacramentos me parecía que ofendía aun más a Dios. Sin embargo el confesor no me permitió omitir ni una sola Santa Comunión. Dios actuaba en mi alma de modo singular. No entendía absolutamente nada de lo que me decía el confesor. Las sencillas verdades de la fe se hacían incomprensibles, mi alma sufría sin poder encontrar satisfacción en alguna parte. Hubo un momento en que me vino una fuerte idea de que era rechazada por Dios. Esta terrible idea atravesó mi alma por completo. En este sufrimiento mi alma empezó a agonizar. Quería morir pero no podía. Me vino la idea de ¿a qué pretender las virtudes? ¿Para qué mortificarme si todo es desagradable a Dios? Al decirlo a la Madre Maestra, recibí la siguiente respuesta: Debe saber, hermana, que Dios la destina para una gran santidad. Es una señal que Dios la quiere tener en el cielo, muy cerca de sí mismo. Hermana, confié mucho en el Señor Jesús.

Esta terrible idea de ser rechazados por Dios, es un tormento que en realidad sufren los condenados.  Recurría a las heridas de Jesús, repetía las palabras de confianza, sin embargo esas palabras se hacían un tormento aún más grande.   Me presenté delante del Santísimo Sacramento y empecé a decir a Jesús: Jesús, Tu has dicho que antes una madre olvide a su niño recién nacido que Dios olvide a su criatura, y aunque ella olvide, Yo, Dios, no olvidaré a Mi criatura.  Oyes, Jesús, ¿Cómo gime mi alma?  Dígnate oír los gemidos dolorosos de Tu niña.  En Ti confío, oh Dios, porque el cielo y la tierra pasarán, pero Tu Palabra perdura eternamente.  No obstante, no encontré alivio ni por un instante.

23 Un día, al despertarme, mientras me ponía en la presencia de Dios, empezó a invadirme la desesperación. La oscuridad total del alma. Luché cuanto pude hasta el medio día. En las horas de la tarde empezaron a apoderarse de mí los temores verdaderamente mortales, las fuerzas físicas empezaron a abandonarme. Entré apresuradamente en la celda y me puse de rodillas delante del crucifijo y empecé a implorar la misericordia. Sin embargo, Jesús no oyó mis llamamientos. Me sentí despojada completamente de las fuerzas físicas, caí al suelo, la desesperación se apoderó de toda mi alma, sufrí realmente las penas infernales, que no difieren en nada de las del infierno. En tal estado permanecí durante tres cuartos de hora. Quise ir a la Maestra pero no tuve fuerzas. Quise llamar, la voz me faltó, pero, felizmente, en la celda entró una de las hermanas. Al verme en el estado tan extraño, en seguida aviso a la Maestra. La Madre vino en seguida. Al entrar en la celda dijo estas palabras: En nombre de la santa obediencia, levántese del suelo. Inmediatamente alguna fuerza me levantó del suelo y me puse de pie junto a la querida Maestra. En una conversación cordial me explicó que era una prueba de Dios, Hermana, tenga una gran confianza, Dios es siempre Padre aunque somete a pruebas. Volví a mis deberes como si me hubiera levantado de la tumba. Los sentidos impregnados de lo que mi alma había experimentado. Durante el oficio vespertino mi alma empezó a agonizar en una terrible oscuridad; sentí que estaba bajo el poder de Dios Justo y que era objeto de su desdén. En esos terribles momentos dije a Dios: Jesús que en el Evangelio Te comparas a la más tierna de las madres, confío en Tus palabras, porque Tú eres la Verdad y la Vida. Jesús confío en Ti contra toda esperanza, contra todo sentimiento que esta dentro de mí y es contrario a la esperanza. Haz conmigo lo que quieras, no me alejare de Ti, porque Tú eres la fuente de mi vida.  Lo terrible que es este tormento del alma, solamente lo  puede entender quien experimentó momentos semejantes.

24 Durante la noche me visitó la Madre de Dios con el Niño Jesús en los brazos. La alegría llenó mi alma y dije: María, Madre mía, ¿sabes cuánto sufro? Y la Madre de Dios me contestó: Yo sé cuánto sufres, pero no tengas miedo, porque yo comparto contigo tu sufrimiento y siempre lo compartiré. Sonrió cordialmente y desapareció. En seguida mi alma se llenó de fuerza y de gran valor. Sin embargo eso duró apenas un día. Como si el infierno se hubiera conjurado contra mí. Un gran odio empezó a irrumpir [en] mi alma, el odio hacia todo lo santo y divino. Me parecía que esos tormentos del alma iban a formar parte de mi existencia por siempre. Me dirigí al Santísimo Sacramento y dije a Jesús: Jesús, Amado de mi alma, ¿no ves que mi alma está muriendo anhelándote? ¿Cómo puedes ocultarte tanto a un corazón que Te ama con tanta sinceridad? Perdóname, Jesús, que se haga en mi Tu voluntad. Voy a sufrir en silencio como una paloma, sin quejarme. No permitiré a mi corazón ni un solo gemido.

25 Final del noviciado. El sufrimiento no disminuyó nada. El debilitamiento físico, exención de todos los ejercicios espirituales, es decir, la sustitución de los mismos por jaculatorias. El Viernes Santo, Jesús lleva mi corazón al ardor mismo del amor. Eso fue durante la adoración vespertina. De inmediata me penetró la presencia de Dios. Me olvidé de todo. Jesús me hizo conocer cuanto ha sufrido por mí. Eso duró muy poco tiempo. Una añoranza tremenda. El deseo de amar a Dios.

26 Los primeros votos. Un ardiente deseo de anonadarme por Dios mediante el amor activo, pero inadvertido incluso para las hermanas más cercanas. Después de los votos, la oscuridad reinó en mi alma todavía durante casi seis meses.  Durante la oración Jesús penetró toda mi alma.  La oscuridad cedió.  En el alma  oí esas palabras: Tú eres Mi alegría, tú eres el deleite de Mi Corazón.   A partir de aquel momento sentí en el corazón, es decir dentro de mí, a la Santísima Trinidad.  De modo sensible, me sentía inundada por la luz divina.  Desde aquel momento mi alma está en la comunión con Dios, como el niño con su querido padre.

En algún momento Jesús me dijo: Ve a la Madre Superiora y dile que te permita llevar el cilicio durante siete días, y durante la noche te levantarás una vez y vendrás a la capilla.   Contesté que sí, pero tuve cierta dificultad en hablar con la Superiora.  Por la noche Jesús me preguntó: ¿Hasta cuando lo vas a aplazar?    Decidí decirlo a la Madre Superiora durante el primer encuentro.  Al día siguiente, antes del medio día, vi. que la Madre Superiora iba al refectorio y como la cocina, el refectorio y la habitación de Sor Luisa están casi contiguas, entonces invite a la Madre Superiora a la habitación de Sor Luisa y le comunique lo que el Señor Jesús solicitaba.    La Madre Superiora me contestó: No le permito llevar ningún cilicio.  En absoluto.  Si el Señor Jesús le da la fuerza de un gigante, yo le permitiré estas mortificaciones.  Me disculpé con la Madre por haberle ocupado el tiempo y salí de la habitación.  Entonces vi. al Señor Jesús en la puerta de la cocina y dije al Señor:  Me mandas ir a pedir estas mortificaciones y la Madre Superiora no quiere permitírmelas.  Entonces Jesús me dijo:  Estuve aquí durante la conversación con la Superiora y sé todo.   No exijo tus mortificaciones, sino la obediencia.  Con ella Me das una gran gloria y adquieres méritos para ti.

Al saber una de las Madres, de mi relación tan estrecha con el Señor Jesús, dijo que era una ilusa. Me dijo: Jesús mantiene esas relaciones con los santos y no con las almas pecadoras como la suya, hermana. Desde aquel momento era como si yo desconfiara de Jesús. Durante una conversación matutina dije a Jesús: Jesús, ¿no eres Tu una ilusión? Jesús me contesto: Mi amor no desilusiona a nadie.

Una vez, estaba yo reflexionando sobre la Santísima Trinidad, sobre la esencia divina. Quería penetrar y conocer necesariamente, quién era este Dios… En un instante mi espíritu fue llevado como al otro mundo, vi un resplandor inaccesible y en él como tres fuentes de claridad que no llegaba a comprender. De este resplandor salían palabras en formas de rayos y rodeaban el cielo y la tierra. No entendí nada de ello, me entristecí mucho. De repente del mar del resplandor inaccesible, salió nuestro amado Salvador de una belleza inconcebible, con las llagas resplandecientes. Y de aquel resplandor se oyó la voz: Quién es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana. Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributos. Tras un instante, Jesús trazó con la mano la señal de la cruz y desapareció.

Una vez vi. una multitud de gente en nuestra capilla y delante de ella, y en la calle por no caber dentro. La capilla estaba adornaba para una solemnidad. Cerca del altar había muchos eclesiásticos, además de nuestras hermanas y las de muchas otras Congregaciones. Todos estaban esperando a la persona que debía ocupar lugar en el alter. De repente oí una voz de que era yo quien iba a ocupar lugar en el altar. Pero en cuanto Salí de la habitación, es decir del pasillo, para cruzar el patio e ir a la capilla siguiendo la voz que me llamaba, todas las p4rsonas empezaron a tirar contra mí lo que podían: lodo, piedras, arena, escobas. Al primer momento vacilé si avanzar o no, pero la voz me llamaba aun con más fuerza y a pesar de todo comencé a avanzar con valor. Cuando crucé el umbral de la capilla, las Superioras, las hermanas y las alumnas e incluso los Padres empezaron a golpearme con lo que podían, así que, queriendo o no, tuve que subir rápido al lugar destinado en el altar.

En cuanto ocupé el lugar destinado, la misma gente y las alumnas, y las hermanas, y las Superioras, y los Padres, todos empezaron a alargar las manos y a pedir gracias.  Yo no les guardaba resentimiento por haber arrojado contra mí todas esas cosas, y al contrario tenía un amor especial a las personas que me obligaron a subir con más prisa al lugar del destino.  En aquel momento una felicidad inconcebible inundó mi alma y oí esas palabras: Haz lo que quieras, distribuye gracias como quieras, a quien quieras y cuando quieras.  La visión desapareció enseguida.

Una vez oí estas palabras: Ve a la Superiora y pide que te permita hacer todos los días una hora de adoración durante 9 días; en esta adoración intenta unir tu oración con Mi Madre. Reza con todo corazón en unión con María, también trata de hacer el Vía Crucis en este tiempo. Recibí el permiso, pero no para una hora entera, sino para el tiempo que me permitían los deberes.

Debía hacer aquella noven por intención de mi patria. En el séptimo día de la novena vi a la Madre de Dios entre el cielo y la tierra, con una túnica clara. Rezaba con las manos junto al pecho, mirando hacia el cielo. De su corazón salían rayos de fuego, algunos se dirigían al cielo y otros cubrían nuestra tierra.

Cuando conté algunas de estas cosas al confesor, me dijo que podían venir verdaderamente de Dios, pero también podían ser ilusiones. Como se trasladaba a menudo, no tenía a un confesor permanente, además tenía una dificultad increíble en explicar estas cosas. Rezaba con ardor que Dios me diera esta enorme gracia de tener al director espiritual. La recibí solo después de los votos perpetuos, cuando fui a Vilna. Es el Padre Sopocko. Dios me permitió conocerlo primero interiormente, antes de venir a Vilna.

Oh, si hubiera tenido al director espiritual desde el principio, no hubiera malgastado tantas gracias de Dios. El confesor puede ayudar mucho al alma, pero también puede destruir mucho. Oh, como los confesores deben prestar atención a la actuación de la gracia de Dios en las almas de sus penitentes. Es una cuestión de gran importancia. De las gracias que hay en el alma se puede conocer su estrecha relación con Dios.

Una vez fui llamada al juicio de Dios. Me presenté delante del Señor, a solas. Jesús se veía como durante la Pasión. Después de un momento, estas heridas desaparecieron y quedaron sólo cinco: en las manos, en los pies y en el costado. Inmediatamente vi. todo el estado de mi alma tal y como Dios la ve. Vi claramente todo lo que no agrada a Dios. No sabía que hay que rendir cuentas ante el Señor, incluso de las faltas más pequeñas. ¡Que momento! ¿Quién podrá describirlo? Presentarse delante del tres veces Santo, Jesús me preguntó: ¿Quién eres? Contesté: Soy Tu sierva, Señor. Tienes la deuda de un día de fuego en el Purgatorio. Quise arrojarme inmediatamente a las llamas del fuego del Purgatorio, pero Jesús me detuvo y dijo: ¿Qué prefieres, sufrir ahora durante un día o durante un breve tiempo en la tierra? Contesté: Jesús, quiero sufrir en el Purgatorio y quiero sufrir en la tierra los más grandes tormentos aunque sea hasta el fin del mundo. Jesús dijo: Es suficiente una cosa. Bajarás a la tierra y sufrirás mucho, pero durante poco tiempo y cumplirás Mi voluntad y Mis deseos. Un fiel siervo Mío te ayudará a cumplirla. Ahora, pon la cabeza sobre Mi pecho, sobre Mi Corazón y de él toma fuerza y fortaleza para todos los sufrimientos, porque no encontrarás alivio ni ayuda ni consuelo en ninguna otra parte.  Debes saber, que vas a sufrir mucho, mucho, pero que esto no te asuste.  Yo estoy contigo.

Poco después de ese suceso me enfermé. Las dolencias físicas fueron para mí una escuela de paciencia. Sólo Jesús sabe cuantos esfuerzos de voluntad tuve que hacer para cumplir los deberes.

38 Jesús, cuando quiere purificar un alma, utiliza los instrumentos que Él quiere. Mi alma se siente completamente abandonada por las criaturas. A veces la intención más pura es interpretada mal por las hermanas. Este sufrimiento es muy doloroso, pero Dios lo admite y hay que aceptarlo, ya que a través de ellos nos hacemos más semejantes a Jesús. Durante mucho tiempo no pude comprender una cosa, a saber, ¿por qué Jesús me mando informar de todo a las Superioras? Y las Superioras no creían en mis palabras, manifestándome compasión como si estuviera bajo la influencia de la ilusión o la imaginación.

Debido a que temía que estaba en ilusión, decidí evitar a Dios dentro de mí, temiendo las ilusiones. Sin embargo la gracia de Dios me perseguía a cada paso.  Y cuando menos lo esperaba, Dios me hablaba.

Un día Jesús me dijo que iba a castigar una ciudad, que es la mas bonita de nuestra patria. El castigo iba a ser igual a aquel con el cual Dios castigó a Sodoma y Gomorra. Vi la gran ira de Dios y un escalofrió traspasó mi corazón. Rogué en silencio. Un momento después Jesús me dijo: Niña Mía, durante el sacrificio, únete estrechamente Conmigo y ofrece al Padre Celestial Mi Sangre y Mis Llagas como propiciación de los pecados de esta ciudad. Repítelo ininterrumpidamente durante toda la Santa Misa. Hazlo durante siete días. Al séptimo día vi. a Jesús en una nube clara y me puse a pedir que Jesús mirara aquella ciudad y todo nuestro país. Jesús miró con bondad. Al ver la benevolencia de Jesús empecé a rogarle por la bendición. De repente Jesús dijo: Por ti bendigo al país entero. Y con la mano hizo una gran señal de la cruz encima de nuestra patria. Al ver la bondad de Dios, una gran alegría llenó mi alma.

El año 1929. Una vez durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios de un modo muy particular, a pesar de que me defendía de Dios y le daba la espalda. A veces rehuía de Dios porque no quería ser victima del espíritu maligno, dado que más de una vez me habían dicho que lo era. Esta incertidumbre duró mucho tiempo. Durante la Santa Misa, antes de la Santa Comunión, tuvo lugar la renovación de los votos. Al levantarnos de los reclinatorios empezamos a repetir la formula de los votos y de repente, el Señor Jesús se puso a mi lado, vestido con una túnica blanca, ceñido con un cinturón de oro y me dijo: Te concedo el amor eterno para que tu pureza sea intacta y para confirmar que nunca experimentaras tentaciones impuras. Jesús se quitó el cinturón de oro y ciñó con él mis caderas. Desde entonces no experimento ningunas turbaciones contrarias a la virtud, ni en el corazón ni en la mente. Después comprendí que era una de las gracias más grandes que la Santísima Virgen Maria obtuvo para mí, ya que durante muchos años le había suplicado recibirla. A partir de aquel momento tengo mayor devoción a la Madre de Dios. Ella me ha enseñado a amar interiormente a Dios y cómo cumplir su santa voluntad en todo. Maria, Tu eres la alegría, porque por medio de Ti, Dios descendió a la tierra y a mi corazón.

Una vez vi. a un siervo de Dios en el peligro del pecado grave que iba a ser cometido un momento después. Empecé a pedir a Dios que me cargara con todos los tormentos del infierno, todos los sufrimientos que quisiera, pero que liberase a ese sacerdote y lo alejara del peligro de cometer el pecado. Jesús escuchó mi súplica y en un momento sentí en la cabeza la corona de espinas. Las espinas de la corona penetraron hasta mi cerebro. Esto duró tres horas. El siervo de Dios fue liberado de aquel pecado y Dios fortaleció su alma con una gracia especial.

En un momento, el día de la Navidad, siento que me envuelve la omnipotencia, la presencia de Dios. Otra vez evito dentro de mí el encuentro con el Señor. Pedí a la Madre Superiora el permiso de ir a “Józefinek”, [para] visitar a las hermanas. La Madre Superiora nos dió el permiso y una vez terminado el almuerzo, empezamos a prepararnos. Las hermanas ya me estaban esperando en la puerta. Fui corriendo a la celda a buscar la capita, en el umbral vi. al Señor Jesús quien me dijo estas palabras: Ve, pero Yo Me tomo tu corazón. De pronto sentí que no tenía corazón el pecho. Como las hermanas me llamaron la atención de que debía darme prisa porque ya era tarde, en seguida me fui con ellas. Pero un gran descontento empezó a molestarme. Una añoranza penetró mi alma, sin embargo, nadie, excepto Dios, sabía lo que había pasado en mi alma.

Tras pasar apenas un momento en “Józefinek”, dije a las hermanas:  Volvamos a casa.  Las hermanas pidieron un pequeño descanso, sin embargo mi espíritu no llegaba a calmarse.  Les expliqué que teníamos que volver a casa antes de que oscureciera y había un buen trecho de camino por hacer, y regresamos a casa en seguida.  Cuando la Madre Superiora nos encontró en el pasillo, me preguntó:   ¿No han salido todavía o ya están de vuelta?  Contesté que ya habíamos regresado porque no quería volver de noche.  Me quité la capita e inmediatamente fui a la capilla.  En cuanto entré, Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que no has vuelto para estar en casa antes del anochecer, sino porque te he quitado el corazón.  Aunque me costó mucho, fui  a ver a la Madre Superiora y le expliqué sinceramente el motivo por el cual había vuelto tan pronto y pedí perdón al Señor por todo lo que no le agrada. En aquel momento Jesús inundó mi alma de gran alegría.  Entendí que no hay satisfacción fuera de Dios.

Una vez vi a dos hermanas que iban a entrar en el infierno. Un dolor inexpresable me rasgó el alma; pedí a Dios por ellas, y Jesús me dijo: Ve a decir a la Madre Superiora que estas dos hermanas están en ocasión de cometer un pecado grave. Al día siguiente se lo dije a la Superiora. Una de ellas ya se había arrepentido y se encontraba en estado de fervor y la otra aun estaba en un gran combate.

Un día Jesús me dijo: Abandonaré esta casa porque hay cosas que no Me gustan en ella. Y la Hostia del tabernáculo y descansó en mis manos y yo con alegría La coloqué en el tabernáculo. Eso se repitió otra vez y yo hice con Ella lo mismo, sin embargo eso se repitió la tercera vez y la Hostia se transformó en el Señor Jesús vivo, y Jesús me dijo: No Me quedaré aquí más tiempo. De repente, en mi alma se despertó un inmenso amor a Jesús y dije: Yo no Te dejaré ir de esta casa Jesús. Y Jesús desapareció nuevamente y la Hostia descansó en mis manos. Otra vez La puse en el cáliz y La encerré en el tabernáculo. Y Jesús se quedó con nosotras. Durante tres días trate de hacer la adoración reparadora.

Una vez me dijo Jesús: Dile a La Madre General que en esta casa sucede tal cosa que no Me gusta y que Me ofende mucho. No le dije inmediatamente, pero la inquietud que Dios me infundió no me permitió esperar mas y no tardé nada en escribir a la Madre General y la paz entró en mi alma.

A menudo sentí la Pasión del Señor Jesús en mi cuerpo; aunque esto fue invisible, me alegro de eso, porque Jesús quiere que sea así. Eso duró muy poco tiempo. Estos sufrimientos incendiaban mi alma con un fuego de amor hacia Dios y hacia las almas inmortales. El amor soportará todo, el amor continuará después de la muerte, el amor no teme nada…

1931, 22 de febrero. Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero.

Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

Cuando le dije al confesor recibí como respuesta que eso se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo deber ser la Fiesta de la Misericordia.

Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas. Jesús se quejó conmigo con estas palabras:  La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas.  Aún mas Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí.  Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas.  ¡Ay de las almas que abusen de ella!

Cuando dije a la Madre Superiora lo que Dios me pedía, me contestó que Jesús debía explicarlo más claramente a través de alguna señal. Cuando pedí al Señor Jesús alguna señal como prueba de que verdaderamente Él era Dios y Señor mío y de que de Él venían estas peticiones, entonces dentro de mí oí esta voz: Lo haré conocer a las Superioras a través de las gracias que concederé por medio de esta imagen.

Cuando quise liberarme de estas inspiraciones, Dios me dijo que en el día del juicio exigiría de mí un gran número de almas. Una vez, cansadísima por las múltiples dificultades que tenia por el hecho de que Jesús me hablaba y exigía que fuese pintada la imagen, decidí firmemente, antes de los votos perpetuos, pedir al Padre Andrasz que me dispensara de estas inspiraciones interiores y de la obligación de pintar la imagen.  Al escuchar la confesión, el Padre Andrasz me dio la siguiente respuesta: No la dispenso de nada, hermana y no le está permitido sustraerse a estas inspiraciones interiores, sino que debe decir todo al confesor, eso es necesario, absolutamente necesario, porque de lo contrario se desviará a pesar de estas grandes gracias del Señor.  De momento usted se confiesa conmigo, pero ha de saber que debe tener un confesor permanente, es decir un director espiritual.  Jesús exigía que la imagen llevase, como firma, y no como inscripción estas palabras:  “Jesús, en Ti confío”.

Me afligí muchísimo. Pensaba poder liberarme de todo y había pasado todo lo Contrario:  una orden clara de seguir las demandas de Jesús.  Y otra vez el tormento de no tener al confesor permanente.  Si durante algún tiempo me confieso con alguno, no puedo descubrir mi alma delante de él en cuanto a las gracias; es la causa de un dolor inexpresable. Le pido a Jesús que conceda estas gracias a otra persona, porque yo no sé aprovecharlas y solamente las malgasto.  Jesús, ten compasión de mi, no me encomiendes cosas tan grandes, ves que soy un puñado de polvo inútil.  Sin embargo, la bondad de Jesús no tiene límites, me prometió una ayuda visible en la tierra y la recibí poco después en Vilna.  En el Padre Sopocko reconocí esa ayuda de Dios.  Le había conocido en una visión interior. Antes de llegar a Vilna.  Un día lo vi. en nuestra capilla entre el altar y el confesionario.  De repente en mi alma oí una voz:  He aquí la ayuda visible para ti  en la tierra. Él te ayudará cumplir Mi voluntad en la tierra. Un día cansada de esas incertidumbres, pregunte a Jesús: Jesús, ¿eres Tú mi Dios o eres un fantasma?  Las Superioras me dicen que existen ilusiones y toda Clase de fantasmas.  Si eres mi Señor, Te pido, bendíceme.  De repente, Jesús hizo Una gran señal de la cruz encima de mi, y yo me santigüé.  Cuando pedí perdón a Jesús por haberle hecho esa pregunta, Jesús contesto que con esta pregunta no le Causé ningún disgusto y el Señor me dijo que mi confianza la agradaba mucho.

1933. Consejos espirituales que me dio el Padre Andrasz, S.J. primero: Hermana, usted no debe evitar estas inspiraciones interiores, sino que debe decir siempre todo al confesor.  Si usted reconoce que estas inspiraciones Interiores atañen, es decir son provechosas para su alma o para otras almas, sígalas y no las descuide, sino que consúltelas siempre con su confesor. Segundo:  Si estas inspiraciones no concuerdan con la fe y con el espíritu de la Iglesia, se deben rechazar inmediatamente, porque vienen del espíritu maligno. Tercero:  Si estas inspiraciones no se refieren a las almas en general, ni a su bien en particular, no se preocupe mucho por ellas, hermana, y no les haga caso en absoluto. No obstante, no decida por sí sola en esta materia, en este sentido o en otro, porque puede desviarse a pesar de estas grandes gracias del Señor.  Humildad, humildad y  Siempre humildad porque por nosotros mismos no podemos hacer nada. Todo esto es solamente la gracia de Dios. Me dice que Dios exige mucha confianza de las almas, pues sea la primera en Mostrar esa confianza.  Una palabra más:  Acepte todo esto con serenidad. Las palabras de uno de los confesores:  Hermana, Dios está preparándole muchas gracias especiales, pero procure que su vida sea pura como las lagrimas delante del Señor sin hacer caso a lo que puedan pensar de usted.  Que le baste Dios, Solo Él. Al final del noviciado el confesor  me dijo estas palabras:  Camine por la vida haciendo el bien para que yo pueda escribir en las páginas de su vida:  Vivió Haciendo el bien; que Dios realice esto en usted, hermana. En otra oportunidad el confesor me dijo: Pórtese delante del Señor como la viuda del Evangelio que puso en la alcancía una monedita de poco valor; pero para Dios, ésta pesó mas que las grandes ofrendas de los demás. El otro día recibí esta enseñanza:  Procure que quien trate con usted, se aleje feliz. Difunda a su alrededor la fragancia de la felicidad porque de Dios ha recibido mucho y por eso sea generosa con los demás.  Que todos puedan alejarse de usted felices aunque hayan apenas rozado el borde de su túnica.  Recuerde bien las palabras que le estoy diciendo ahora. Otra vez me dijo estas palabras:  Permita que el Señor empuje la barca de su vida a la profundidad insondable de la vida interior. Algunas palabras del coloquio con la Madre Maestra al final del noviciado: Que su alma, hermana, se distinga particularmente por la sencillez y la humildad.  Camine por la vida como una niña, siempre confiada, siempre llena de sencillez y humildad, contenta de todo, feliz de todo.  Allí donde otras almas se asusten usted, hermana, pasa tranquilamente gracias a la sencillez y la humildad.  Recuerde para toda la vida que como las aguas descienden de las montañas a los valles, las gracias del Señor descienden sólo sobre las almas humildes.

Oh Dios mió, entiendo bien que exiges de mi la infancia espiritual, porque me la Pides continuamente a través de Tus representantes. Los sufrimientos y contrariedades al inicio de la vida religiosa me habían asustado, me habían quitado el valor.  Por eso rogaba continuamente que Jesús me hiciera más fuerte y me concediera el vigor de su Santo Espíritu para poder cumplir en todo su santa voluntad ya que desde el comienzo conocía y conozco mi debilidad.  Sé bien lo que soy por mi misma, porque Jesús descubrió a los ojos de mi alma todo el abismo de mi miseria y por lo tanto me doy cuenta perfectamente que todo lo que hay de bueno en mi alma es sólo su santa gracia.  El conocimiento de mi miseria me permite conocer al mismo tiempo el abismo de Tu misericordia.  En mi vida interior, con un ojo miro hacia el abismo de miseria y de bajeza que soy yo, y con el otro hacia el abismo de Tu misericordia, oh Dios.

Oh, mi Jesús, Tu eres la vida de mi vida, Tu sabes bien que lo único que deseo es la gloria de Tu nombre y que las almas conozcan Tu bondad. ¿Por qué las almas Te evitan, oh Jesús?, no lo entiendo. Oh si pudiera dividir mi corazón en partículas mínimas y ofrecerte, oh Jesús, cada partícula como un corazón entero para compensarte, aunque parcialmente, por los corazones que no Te aman. Te amo, Jesús, con cada gota de mi sangre y la derramaría voluntariamente por Ti para darte la prueba de mi amor sincero. Oh Dios, cuanto más Te conozco tanto menos Te puedo entender, pero esa incapacidad de comprenderte me permite conocer lo grande que eres, oh Dios. Y esa incapacidad de comprenderte incendia mi corazón hacia Ti como una nueva llama, oh Señor. Desde el momento en que permitiste, oh Jesús, sumergir la mirada de mi alma en Ti, descanso y no deseo nada más. He encontrado mi destino en el momento en que mi alma se sumergió en Ti, en el único objeto de mi amor. Todo es nada en comparación Contigo. Los sufrimientos, las contrariedades, las humillaciones, los fracasos, las sospechas que enfrento, son espinas que incendian mi amor hacia Ti, Jesús.

Locos e irrealizables son mis anhelos.  Deseo ocultarte que estoy sufriendo.  No quiero ser recompensada jamás por mis esfuerzos y mis buenas obras.  Oh Jesús, Tu Mismo eres mi recompensa.  Tu me bastas, oh Tesoro de mi corazón.  Deseo compartir los sufrimientos del prójimo, esconder mis sufrimientos en mi corazón no solo ante el prójimo, sino también ante Ti, oh Jesús.

El sufrimiento es una gran gracia.  A través del sufrimiento el alma se hace semejante al Salvador, el amor se cristaliza en el sufrimiento.  Cuanto más grande es el sufrimiento, tanto mas puro se hace el amor.

Una noche vino a visitarme una de nuestras hermanas que había muerto hacia dos meses antes. Era una de las hermanas del primer coro. La vi en un estado terrible. Toda en llamas, la cara dolorosamente torcida. La visión duró un breve instante y desapareció. Un escalofrió traspasó mi alma y aunque no sabia donde sufría, en el purgatorio o en el infierno, no obstante redoblé mis plegarias por ella. La noche siguiente vino de nuevo, pero la vi. en un estado aun más espantoso, entre llamas mas terribles, en su cara se notaba la desesperación. Me sorprendí mucho que después de las plegarias que había ofrecido por ella la vi. en un estado más espantoso y pregunté: ¿No te han ayudado nada mis rezos? Me contestó que no le ayudaron nada mis rezos y que no le iban a ayudar. Pregunté: ¿Y las oraciones que toda la Congregación ofreció por ti, tampoco te han ayudado? Me contestó que nada. Aquellas oraciones fueron en provecho de otras almas. Y le dije: Si mis plegarias no te ayudan nada, hermana, te ruego que no vengas a verme. Y desapareció inmediatamente. Sin embargo yo no dejé de rezar. Después de algún tiempo volvió a visitarme de noche, pero en un estado distinto. No estaba entre llamas como antes y su rostro era radiante, los ojos brillaban de alegría y me dijo que yo tenia el amor verdadero al prójimo, que muchas almas se aprovecharon de mis plegarias y me animó a no dejar de interceder por las almas que sufrían en el purgatorio y me dijo que ella no iba a permanecer ya por mucho tiempo en el purgatorio. ¡Los juicios de Dios son verdaderamente misteriosos!

1933. Una vez oí en mi alma esta voz: Haz una novena por la patria. La novena consistirá en las letanías de todos los santos. Pide el permiso al confesor. Durante la confesión siguiente obtuve el permiso y a la noche empecé en seguida la novena. Terminando las letanías vi. una gran claridad y en ella a Dios Padre. Entre la luz y la tierra vi a Jesús clavado en la cruz de tal forma que Dios, deseando mirar hacia la tierra, tenia que mirar a través de las heridas de Jesús.  Y entendí que Dios bendecía la tierra en consideración a Jesús.

Jesús, te agradezco por esta gran gracia, es decir por el confesor que Tu Mismo te Dignaste elegirme y que me hiciste ver primero en una visión, antes de conocerlo personalmente.  Cuando había ido a confesarme con el Padre Andrasz, pensaba que iba a ser liberada de estas inspiraciones interiores.  El Padre me contesto que no podía liberarme de ellas, y dijo: Ruegue hermana para obtener un director espiritual.

Después de una breve y ferviente plegaria vi. de nuevo al Padre Sopocko en nuestra capilla, entre el confesionario y el altar.  En aquel tiempo me encontraba en Cracovia. Fueron estas dos visiones que me fortalecieron en el espíritu, tanto mas  que lo encontré tal cual lo había visto en las visiones, tanto en Varsovia durante la tercera probación, como en Cracovia.  Te agradezco, Jesús, por esta gran gracia.

Ahora tiemblo cuando oigo, a veces, a un alma diciendo que no tiene confesor, es decir director espiritual, porque sé que graves daños tuve yo cuando no tenía esta ayuda.  Sin el director espiritual es fácil desviarse del camino.

¡Oh vida gris y monótona, cuantos tesoros encierras! Ninguna hora se parece a la otra, pues la tristeza y la monotonía desaparecen cuando miro todo con los ojos de la fe. La gracia que hay para mí en esta hora no se repetirá en la hora siguiente. Me será dada en la hora siguiente, pero no será ya la misma. El tiempo pasa y no vuelve nunca. Lo que contiene en si, no cambiaria jamás; lo sella con el sello para la eternidad.

El Padre Sopocko debe ser muy amado por el Señor. Lo digo porque pude comprobar cuanto Dios se preocupa por él en ciertos momentos; al ver esto estoy enormemente contenta de que el Señor tenga tales elegidos. 1928. Excursión a Kalwaria.

Había venido a Vilna por dos meses para sustituir a una hermana que había ido a la tercera probación, pero permanecí algo más de dos meses. Un día la Madre Superiora, deseando complacerme, me dio el permiso de ir, en compañía de otra hermana, a Kalwaria para hacer el llamado “paseo de los caminitos”.Me alegré mucho. Debíamos ir en barco, a pesar de que estaba tan cerca, pero tal fue el deseo de la Madre Superiora. Por la noche me dijo Jesús: Yo deseo que te quedes en casa. Contesté: Jesús, ya todo esta preparado, debemos salir por la mañana, ¿Qué voy a hacer ahora? Y el Señor me contestó: Esta excursión causara daño a tu alma. Contesté a Jesús: Tú puedes siempre remediarlo, dispón las circunstancias de tal forma que se haga Tu voluntad. En ese momento se oyó la campanilla para el descanso. Con una mirada saludé a Jesús y fui a la celda.

Por la mañana hacía un día hermoso, mi compañera se alegraba [pensando] que tendríamos una gran satisfacción, que podríamos visitar todo, pero yo estaba seguro de que no saldríamos, aunque hasta el momento no había ningún obstáculo que nos lo impidiera. Primero debíamos recibir la Santa Comunión y salir en seguida después del agradecimiento.  De repente, durante la Santa Comunión, la esplendida mañana que hacia, cambió completamente.  Sin saber de donde, vinieron las nubes y cubrieron todo el cielo, y empezó una lluvia torrencial.  Todos se extrañaban, ya que en un día tan bello ¿Quién podía esperar la lluvia, y que cambiara así en tan poco tiempo?

La Madre Superiora me dice: Cuanto siento que ustedes, hermanas, no pueden ir. Contesté: Querida Madre, no importa que no podamos ir, la voluntad de Dios es que nos quedemos en casa. Sin embargo nadie sabía que era un claro deseo de Jesús que me quedara en casa. Pasé todo el día en el recogimiento y la meditación; agradecí al Señor por haberme hecho quedar en casa. En aquel día Dios me concedió muchas consolaciones celestiales.

Un día en el noviciado, cuando la Madre Maestra me había destinado a la cocina de las niñas, me afligí mucho por no estar en condiciones de cargar con las ollas que eran enormes. Lo mas difícil para mi era escurrir las papas, a veces caía la mitad de ellas. Cuando lo dije a la Madre Maestra me contestó que poco a poco me acostumbraría y adquiriría práctica. No obstante esta dificultad no desaparecía ya que mis fuerzas iban disminuyendo cada día y debido a la falta de fuerzas me apartaba cuando venia el momento de escurrir las papas. Las hermanas se dieron cuenta de que evitaba ese trabajo y se extrañaban muchísimo; no sabían que no podía ayudarles a pesar de empeñarme con todo fervor y sin ningún cuidado para mi misma. Al mediodía, durante el examen de conciencia me quejé al Señor por la falta de fuerzas. De repente oí en el alma estas palabras: A partir de hoy te resultará muy fácil. Aumentaré tus fuerzas. Por la noche, cuando vino el momento de escurrir las papas corrí la primera, confiada en las palabras del Señor. Cogí la olla con facilidad y las escurrí bastante bien. Pero cuando quité la tapadera para hacer salir el vapor, en vez de papas vi en la olla ramilletes de rosas rojas, tan bellas que es difícil describirlas. Jamás había visto semejantes. Me quedé sorprendida sin entender su significado, pero en aquel momento oí una voz en mi alma: Tu pesado trabajo lo transformo en ramilletes de las flores más bellas y su perfume sube hasta Mi trono. Desde ese momento trate de escurrir las papas no solamente durante la semana  asignada a mí en la cocina sino que trataba de sustituir en este trabajo a otras hermanas durante su turno. Pero no solamente en este trabajo, sino en cada trabajo pesado trataba de ser la primera en ayudar, porque había experimentado cuanto eso agradaba a Dios.

¡Oh tesoro inagotable de la pureza de la intención que haces perfectas y tan agradables a Dios todas nuestras acciones!

Oh Jesús, Tú sabes que débil soy, por eso quédate siempre conmigo, guía mis acciones, todo mi ser.  Tú, mi mejor Maestro.  De verdad, oh Jesús, me invade el miedo cuando veo mi miseria, pero a la vez me tranquilizo viendo Tu misericordia insondable que es más grande que mi miseria desde toda una eternidad.  Y esta disposición de ánimo me reviste de Tu poder.  Oh gozo que se deriva del conocimiento de mi misma, Oh verdad inmutable.  Eterna es Tu firmeza.

Cuando, poco tiempo después de mis primeros votos, me enfermé y a pesar del Cordial y cariñoso cuidado de las Superioras, a pesar de los tratamientos médicos, no estaba ni mejor ni peor, entonces empezaron a llegarme voces de que fingía.  Y así comenzó mi sufrimiento, se duplicó y duro un tiempo bastante largo.  Un día me quejé ante Jesús que yo era una carga para las hermanas.  Me contestó Jesús:  No vives para ti, sino para las almas.   Otras almas se beneficiarán de tus sufrimientos.  Tus prolongados sufrimientos les darán luz y fuerza para aceptar mi Voluntad.

El sufrimiento mas grande para mi era la impresión de que mis oraciones y mis buenas obras no agradaban al Señor.  No me atrevía a mirar hacia el cielo.  Eso me producía un sufrimiento tan grande que cuando estaba en la capilla para los ejercicios espirituales comunitarios, terminados aquellos, la Madre Superiora  me llamaba y me decía: Pida, hermana, a Dios, gracia y consolación, porque yo misma veo y me lo dicen otras hermanas, que al sólo verla, hermana, usted suscita compasión.  De verdad, no sé qué hacer con usted.  Le ordeno no afligirse por nada.  Sin embargo, todos esos coloquios con la Madre Superiora no me dieron alivio, ni me aclararon nada.  Una oscuridad aún más densa me ocultaba a Dios.  Busqué ayuda en el confesionario, pero tampoco allí la encontré.  Un sacerdote virtuoso quiso ayudarme, pero yo estaba tan preocupada que ni siquiera supe explicar mis tormentos y eso me causó sufrimientos aún mayores.  Una tristeza mortal se apoderó  de mi alma hasta tal punto que no lograba ocultarla y se manifestaba también exteriormente.  Perdí la esperanza.  La noche cada vez más oscura.  El sacerdote con quien me confesaba me dijo:  Yo veo en usted, hermana, unas gracias particulares y estoy completamente tranquilo por usted.  ¿Por qué, pues, se atormenta tanto?  Pero, en aquel entonces, yo no lo entendía, pues me extrañaba enormemente cuando por penitencia me hacia rezar el Te Deum o el Magnificat, o a veces, al atardecer, debía correr rápidamente por el jardín o reírme ruidosamente diez veces al día.  Esas penitencias me asombraban mucho, pero a pesar de ellas ese sacerdote no me ayudó mucho.  El Señor quería, quizá, que yo lo alabase con el sufrimiento.  El sacerdote me consolaba diciendo que encontrándome en ese estado agradaba más a Dios que si estuviera inundada de las más grandes consolaciones.  Qué gracia tan grande de Dios, hermana, que usted en el actual estado de tormentos espirituales en que se encuentra, no ofenda a Dios, sino que trata de ejercitarse en las virtudes.  Yo observo su alma, veo en ella grandes planes de Dios y gracias especiales, y viendo esto en usted, hermana, doy gracias al Señor.  Sin embargo y a pesar de todo mi alma se encontraba en suplicios y tormentos inexpresables.  Imitaba al ciego que se fía de su guía y agarra con fuerza su mano y ni por un momento me alejaba de la obediencia que era mi tabla de salvación en la prueba de fuego.

Jesús, Verdad Eterna, fortalece mis fuerzas débiles. Tú, oh Señor, lo puedes todo. Se que sin Ti mis esfuerzos no valen nada. Oh Jesús, no Te ocultes ante mí, porque no puedo vivir sin Ti. Escucha el llamado de mi alma; no se ha agotado, Señor, Tu misericordia pues ten piedad de mi miseria. Tu misericordia supera la inteligencia de los ángeles y de los hombres juntos, y aunque me parece que no me escuchas, no obstante he depositado mi confianza en el mar de Tu misericordia y sé que mi esperanza no será defraudada.

Solo Jesús sabe cuán pesado y difícil es cumplir con sus deberes cuando el alma se encuentra en ese estado de tormentos interiores, las fuerzas físicas están debilitadas y la mente ofuscada. En el silencio de mi corazón me repetía: Oh Cristo, para Ti las delicias y el honor y la gloria, y para mi el sufrimiento. No retrasare ni un solo paso para seguirte, aunque las espinas hieran mis pies.

Cuando me enviaron para un tratamiento a la casa de Plock, tuve la suerte de adornar con flores la capilla. Eso fue en Biala. La Hermana Tecla no siempre tenía tiempo, pues a menudo yo sola adornaba la capilla. Un DIA recogí las más bellas rosas para adornar la habitación de cierta persona. Al acercarme al pórtico, vi. al Señor Jesús que estaba de pie en ese pórtico y me preguntó amablemente: Hija Mía, ¿a quien llevas estas flores? Mi silencio fue la respuesta al Señor, porque en aquel momento me di cuenta de que tenía un sutil apego a esa persona de lo que antes no me daba cuenta. Jesús desapareció en seguida. En el mismo instante tiré las flores al suelo y fui delante del Santísimo sacramento con el corazón lleno de agradecimiento por la gracia de haberme conocido a mi misma.

Oh Sol Divino, en Tus rayos el alma ve aun los mas pequeños granitos de polvo que no Te agradan.

Jesús, Verdad Eterna, Vida nuestra, Te suplico e imploro Tu misericordia para los pobres pecadores. Oh Sacratísimo Corazón, Fuente de Misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana. Te pido luz para los pobres pecadores. Oh Jesús, recuerda Tu amarga Pasión y no permitas que se pierdan almas redimidas con tan Preciosa, Santísima Sangre Tuya. Oh Jesús, cuando considero el alto precio de Tu Sangre, me regocijo en su inmensidad porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores. Aunque el pecado es un abismo de maldad e ingratitud, el precio pagado por nosotros jamás podrá ser igualado. Por lo tanto, haz que cada alma confié en la Pasión del Señor y que ponga su esperanza en su misericordia. Dios no le negara su misericordia a nadie. El cielo y la tierra podrán cambiar, pero jamás se agotara la misericordia de Dios. ¡Oh, que alegría arde en mi corazón, cuando contemplo Tu bondad inconcebible, oh Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a Tus pies para que glorifiquen Tu misericordia por los siglos de los siglos.

Oh mi Jesús, a pesar de la noche oscura en torno mío y de las nubes sombrías que me cubren el horizonte, se que el sol no se apaga.  Oh Señor, aunque no Te puedo comprender ni entiendo Tu actuación, confió, sin embargo en Tu misericordia.  Si es Tu voluntad, Señor, que yo viva siempre en tal oscuridad, seas bendito.  Te pido una sola cosa, no dejes que Te ofenda de ningún modo.  Oh Jesús mío, solo Tú conoces las añoranzas y los sufrimientos de mi corazón.  Me alegro de poder sufrir aunque sea un poco por Ti.  Cuando siento que el sufrimiento supera mis fuerzas, entonces me refugio en el Señor en el Santísimo Sacramento y un profundo silencio es mi oración al Señor.

Confesión de una de nuestras alumnas. Desde el momento cuando una fuerza misteriosa empezó a apremiarme a que solicitara aquella Fiesta y a que fuera pintada la imagen, no puedo lograr la paz. Algo me satura por completo y, sin embargo, me invade el temor de si solo es una ilusión. Estas dudas siempre venían de fuera, porque en el fondo de mi alma sentía que era el Señor quien traspasaba mi alma. El confesor con quien me confesaba entonces me decía que existían casos de ilusiones, y yo sentía que aquel confesor parecía tener miedo de confesarme. Era para mí un tormento. Al haberme dado cuenta de que tenía poco apoyo por parte de los hombres, me refugie aun más en el Señor Jesús, en el mejor Maestro. En algún momento, cuando me invadió la duda de si la voz que oía era del Señor, me dirigí a Jesús en un coloquio interior, sin pronunciar una palabra. De repente alguna fuerza penetro mi alma, dije: Si Tu eres verdaderamente mi Dios que estas en comunión conmigo y me hablas, Te pido, Señor, que esa alumna  se confiese hoy mismo y esa señal me fortalecerá. En ese mismo instante aquella muchacha pidió la confesión.

La Madre de la clase, sorprendida de su cambio repentino, no tardó en buscar a un sacerdote y esa persona se confeso muy arrepentida. De inmediato oí en mi alma la siguiente voz: ¿Me crees ahora? Otra vez una fuerza extraña llenó mi alma, me reforzó y me fortaleció hasta tal punto que yo misma me asombré de haber podido dudar por un momento. Sin embargo estas dudas siempre venían de fuera y eso me llevó a encerrarme aun más en mi misma. Al sentir durante la confesión la incertidumbre del confesor, no descubro mi alma a fondo sino que solamente me acuso de mis pecados. Si el sacerdote mismo no tiene serenidad, no la da a otras almas.

Oh sacerdotes, cirios encendidos que alumbran las almas, que su claridad no oscurezca jamás.  Comprendí que no era la voluntad de Dios que descubriera entonces el fondo de mi alma.  Dios me concedió esta gracia mas tarde.

Jesús mió, guía mi mente, toma posesión absoluta de todo mi ser, enciérrame en el fondo de Tu Corazón y protégeme del asalto del enemigo. En Ti toda mi esperanza. Habla a través de mi boca cuando yo, miseria absoluta, este con los poderosos y los sabios para que reconozcan que esta causa es Tuya y de Ti proviene.

Tinieblas y tentaciones.

Mi mente estaba extrañamente obscurecida, ninguna verdad me parecía clara. Cuando me hablaban de Dios, mi corazón era como una roca. No lograba sacar del corazón ni un solo sentimiento de amor hacia Él. Cuando con un acto de voluntad trataba de permanecer junto a Dios, experimentaba grandes tormentos y me parecía que con ello causaba una ira mayor de Dios. No podía absolutamente meditar tal y como meditaba anteriormente. Sentía un gran vacío en mi alma y no conseguía llenarlo con nada. Empecé a sentir el hambre y el anhelo de Dios, pero veía toda mi impotencia. Trataba de leer despacio, frase por frase y meditar del mismo modo, pero fue en vano. No comprendía nada de lo que leía. Delante de los ojos de mi alma estaba constantemente todo el abismo de mi miseria. Cuando iba a la capilla por algunos ejercicios espirituales, siempre experimentaba aun más tormentos y tentaciones. A veces, durante toda la Santa Misa luchaba con los pensamientos blasfemos que trataban de salir de mis labios. Sentía aversión por los santos sacramentos. Me parecía que no sacaba ninguno de los beneficios que los santos sacramentos ofrecen. Me acercaba [a ellos] solamente por obediencia al confesor y esa ciega obediencia era para mi el único camino que debía seguir y mi tabla de salvación. Cuando el sacerdote me explico que ésas eran las pruebas enviadas por Dios y que, “con el estado en que te encuentras no sólo no ofendes a Dios, sino que le agradas mucho,  es una señal que Dios te ama inmensamente y que confía en ti, porque te visita con estas pruebas.” No obstante esas palabras no me consolaron, me parecía que no se referían en nada a mí. Una cosa me extrañaba. A veces cuando sufría enormemente, en el momento de acercarme a la confesión, de repente todos estos terribles tormentos cesaban; pero cuando me alejaba de la rejilla, todos esos tormentos volvían a golpearme [con] mayor furia. Entonces me postraba delante del Santísimo sacramento y repetía esas palabras: Aunque me mates, yo confiaré en Ti. Me parecía que agonizaba en aquellos dolores. El pensamiento que más me atormentaba era que yo era rechazada por Dios. Luego venían otros pensamientos: ¿Para que empeñarme en las virtudes y en buenas obras? ¿Para que mortificarme y anonadarme? ¿Para que hacer votos? ¿Para que rezar? ¿Para que sacrificarme e inmolarme? ¿Para que ofrecerme como victima en cada paso? ¿Para que, si ya soy rechazada por Dios? ¿Para que estos esfuerzos? Y aquí solamente Dios sabe lo que ocurría en mi corazón.

Terriblemente atormentada por estos sufrimientos entré en la capilla y de la profundidad de mi alma dije estas palabras: Haz conmigo, Jesús, lo que Te plazca. Yo Te adoraré en todas partes. Y que se haga en mi Tu voluntad, oh Señor y Dios mío, y yo glorificaré Tu infinita misericordia. Después de este acto de sumisión cesaron estos terribles tormentos. De repente vi. a Jesús que me dijo: Yo estoy siempre en tu corazón. Un gozo inconcebible inundó mi alma y llenó de gran amor de Dios que inflamó mi pobre corazón. Veo que Dios nunca permite [sufrimientos] por encima de lo que podemos soportar. Oh, no temo nada; si manda al alma grandes tribulaciones, la sostiene con una gracia aun mayor, aunque no la notamos para nada. Un solo acto de confianza en tal momento da más gloria a Dios que muchas horas pasadas en el gozo de consolaciones durante la oración. Ahora veo que si Dios quiere mantener a un alma en la oscuridad, no la iluminará ningún libro ni confesor.

Oh Maria, Madre y Señora mía. Te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi vida y mi muerte y todo lo que vendrá después de ella. Pongo todo en tus manos, oh mi Madre. Cubre mi alma con tu manto virginal y concédeme la gracia de la pureza de corazón, alma y cuerpo. Con tu poder defiéndeme de todo enemigo, especialmente de aquellos que esconden su malicia bajo una máscara de virtud. Oh Espléndida Azucena, Tu eres mi espejo, oh mi Madre.

Jesús, Divino prisionero del amor, cuando considero Tu amor y como Te has anonadado por mi, mis sentidos desfallecen. Encubres Tu Majestad inconcebible y Te humillas rebajándote a mi, un ser miserable. Oh Rey de la Gloria, aunque ocultas Tu hermosura, el ojo de mi alma desgarra el velo. Veo a los coros de ángeles que te honran incisamente y a todas las potencias celestiales que Te alaban sin cesar y que Te dicen continuamente: Santo, Santo, Santo.

Oh ¿Quién comprenderá Tu amor y Tu misericordia insondable hacia nosotros? Oh prisionero del amor, encierro mi pobre corazón en este tabernáculo para adorarte sin cesar día y noche.  No se de ninguna objeción a esta adoración, y aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón esta siempre Contigo.  Nada puede impedir mi amor hacia Ti.  No existe ningún obstáculo para mí.  Oh Jesús Te consolare por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios.  Oh Jesús, deseo arder como victima pura y anonadada delante del trono de Tu escondite.  Te ruego incesantemente por los pecadores agonizantes.

Oh Santa Trinidad, Dios Uno e Indivisible, bendito seas por este gran regalo y testamento de misericordia. Oh Jesús mío, para compensarte por los blasfemos, callaré cuando me reprendan injustamente, para satisfacerte aunque sea en una pequeña parte. En mi alma Te estoy cantando continuamente un himno y nadie lo puede sospechar ni entender. El canto de mi alma lo conoces sólo Tú, oh Creador y Señor mío.

No me dejare arrebatar por el trabajo hasta el punto de olvidarme a Dios. Pasare todos los momentos libres a los pies del Maestro oculto en el Santísimo Sacramento. Él me enseña desde los años más tiernos.

Escribe esto: Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombre este signo en el cielo.

Se apagara toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra.  Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminaran la tierra.  Eso sucederá poco tiempo antes del ultimo día.

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de Misericordia para nosotros,  en Ti confío. Vilna, 2 VIII 1934

El viernes, después de la Santa Comunión fui trasladada en espíritu delante del trono de Dios. Delante del trono de Dios vi. las Potencias Celestiales que adoran a Dios sin cesar. Más allá del trono vi. una claridad inaccesible a las criaturas; allí entra solamente el Verbo Encarnado como Intercesor. Cuando Jesús entro en esa claridad, oí estas palabras: Escribe en seguida lo que vas a oír: Soy el Señor en Mi Esencia y no conozco mandatos ni necesidades. Si llamo a las criaturas a la vida, esto es el abismo de Mi misericordia. En aquel mismo momento me vi. en nuestra capilla, como antes en mi reclinatorio. La Santa Misa terminó. Ya tenía escritas estas palabras.

Cuando vi. cuanto mi confesor debía sufrir a causa de la obra que Dios realizaba a través de el, me espanté durante un momento y dije al Señor Jesús, después de todo esta obra es Tuya, pues ¿por qué Te portas con él de tal modo que parece que se la dificultas, mientras exiges que la lleve adelante? Escribe que día y noche Mi mirada descansa sobre él y permito estas contrariedades para multiplicar sus meritos.  Yo no recompenso por el resultado positivo sino por la paciencia y el trabajo emprendido por Mí. Vilna, 26 X 1934, Viernes

Cuando iba con las alumnas de la huerta a cenar, eran las seis menos diez, vi. al Señor Jesús encima de nuestra capilla bajo la misma apariencia que tenía cuando lo había visto por primera vez. Tal y como está pintado en esta imagen. Esos dos rayos que salían del Corazón de Jesús, envolvieron nuestra capilla y la enfermería y después toda la ciudad y se extendieron sobre el mundo entero. Eso duro quizás unos cuatro minutos y desapareció. Una de las jovencitas que estaba junto a mí, un poco detrás de las otras, también vio esos rayos, pero no vio a Jesús ni vio de donde esos rayos salían. Quedo muy impresionada y lo contó a otras muchachas. Las muchachas empezaron a reírse de ella, diciendo que fue una alucinación o tal vez la luz de un aeroplano, pero ella se obstinaba fuertemente en su opinión y decía que nunca en su vida había visto tales rayos. Cuando las jovencitas le reprochaban que a lo mejor era un reflector, ella contesto que conocía la luz del reflector. Rayos como aquellos nunca los había visto. Después de la cena esa muchacha se dirigió a mí y me dijo que esos rayos la habían impresionado tanto que no conseguía calmarse; habría hablado continuamente de ello, sin embargo no vio al Señor Jesús. Y me recordaba esos rayos sin cesar poniéndome así en cierta dificultad, dado que no le podía decir que había visto al Señor Jesús. Oré por esa querida alma pidiendo que el Señor le concediera las gracias que ella tanto necesitaba. Mi corazón se alegró porque Jesús Mismo se hace conocer en su obra. Aunque por ese motivo tuve grandes disgustos, no obstante por Jesús se puede soportar todo.

Cuando fui a la adoración, sentí la cercanía de Dios. Después de un momento vi. a Jesús y a Maria. Esta visión llenó mi alma de alegría y le pregunté al Señor: ¿Cuál es tu voluntad, Jesús, en esta cuestión en la que el confesor me ordena preguntar? Jesús me contestó: Es Mi voluntad que esté aquí y que no se dispense a sí mismo. Y pregunté a Jesús si estaba bien la inscripción: “Cristo, rey de Misericordia”, Jesús me contestó: Soy Rey de Misericordia, y no dijo “Cristo”. Deseo que esta imagen sea expuesta en público el primer domingo después de Pascua de Resurrección. Ese domingo es la Fiesta de la Misericordia. A través del Verbo Encarnado doy a conocer el abismo de Mi misericordia.

Sucedió que, tal y como el Señor había pedido, el primer acto de veneración a esta imagen por parte del publico tuvo lugar el primer domingo después de Pascua. Durante tres días la imagen estuvo expuesta en publico, y recibió la veneración publica porque había sido colocada en Ostra Brama, en un ventanal, en lo alto, por eso se la veía desde muy lejos. Durante esos tres días en Ostra Brama fue celebrada con solemnidad la clausura del Jubileo de la Redención del Mundo, el 19 centenario de la Pasión del salvador. Ahora veo que la obra de la Redención esta ligada a la obra de la misericordia que reclama el Señor.

Un día vi. interiormente lo mucho que iba a sufrir mi confesor. Los amigos lo abandonarán y todos se opondrán a usted y las fuerzas físicas disminuirán. Lo vi. como un racimo de uva elegido por el Señor y arrojado bajo la prensa de los sufrimientos, su alma. Padre, en algunos momentos estaré llena de dudas respecto a mi y a esta obra. Y vi como si Dios Mismo le fuera contrario, y pregunté al Señor ¿por qué se portaba así con el?, como si le dificultara lo que le encomendaba. Y el Señor dijo: Me porto así con el para dar testimonio de que esta obra es Mía. Dile que  no tenga miedo de nada, Mi mirada esta puesta en él, día y noche. En su corona habrá tantas coronas cuantas almas se salvaran a través de esta obra. Yo no premio por el éxito en el trabajo sino por el sufrimiento.

Jesús mío, Tu solo sabes cuantas persecuciones sufro, y solamente porque Te soy completamente fiel a Ti y a Tus órdenes.  Tú eres mi fuerza; apóyame para que siempre cumpla con fidelidad todo lo que exiges de mí.  Yo, por mi misma, no puedo hacer nada, pero si Tú me apoyas, todas las dificultades son nada para mí.  Oh Señor, veo que desde el primer momento en que mi alma recibió la capacidad de conocerte, mi vida es una lucha continua y cada vez mas violenta.  Cada mañana durante la meditación me preparo para la lucha de todo el día, y la Santa Comunión es mi garantía de que venceré, y así sucede.  Temo el día en que no tenga la Santa Comunión,.  Este Pan de los fuertes me da toda la fuerza para continuar esta obra y tengo el valor de cumplir todo lo que exige el Señor.  El valor y la fortaleza que están en mi no son míos sino de quien habita en mi, la Eucaristía.  Jesús mío, ¡que grandes son las incomprensiones! A veces, si no tuviera la Eucaristía, no tendría la fuerza para seguir el camino que me has indicado.

La humillación es mi alimento cotidiano. Comprendo que la esposa acepta todo lo que atañe a su Esposo, por eso la vestimenta del desprecio que lo ha cubierto a Él debe cubrirme a mí también. En los momentos en que sufro mucho, trato de callarme, porque desconfío de la lengua que en esos momentos es propensa a hablar de si misma, en lugar de servirme para alabar a Dios por todos los beneficios y dones que me han sido proporcionados. Cuando recibo a Jesús en la Santa Comunión, le ruego con fervor que se digne sanar mi lengua para que no ofrenda con ella ni a Dios ni al prójimo. Deseo que mi lengua alabe a Dios sin cesar. Grandes culpas se cometen con la lengua. Un alma no llegara a la santidad si no tiene cuidado con su lengua.

Resumen del Catecismo de los votos religiosos.

P. ¿Qué es un voto?

R.  El voto es una promesa hecha a Dios voluntariamente de realizar actos cada vez más perfectos.

P.   ¿Obliga el voto en la materia prescrita por los mandamientos?

R.   Si.  Realizar un acto en la materia prescrita por los mandamientos tiene doble valor y dobles meritos, mientras que descuidarlo es un delito doble y una maldad, porque si se quebranta un voto, entonces al pecado contra el mandamiento se agrega el pecado de sacrilegio.

P.    ¿Por que los votos religiosos tienen tan alto valor?

R.    Porque constituyen el fundamento de la vida religiosa, aprobada por la Iglesia, en la que los miembros unidos en una Comunidad religiosa, se comprometen a tender incesantemente a la perfección por medio de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, según la regla de la Congregación.

P.     ¿Qué significa tender hacia la perfección?

R.     Tender hacia la perfección significa que el estado religioso, por si solo, no exige la perfección ya adquirida, sino que obliga, bajo la pena de pecado, a un trabajo diario para alcanzarla.  Por lo tanto, un religioso que no quiere perfeccionarse, descuida la principal obligación de su estado.

P.  ¿Qué son los votos religiosos (solemnes)?

R.  Los votos religiosos (solemnes) son tan absolutos que sólo el Santo Padre puede dispensar de ellos y solamente en casos excepcionales.

P.  ¿Qué son los votos simples?

R.  Son los votos menos absolutos, de los votos perpetuos y anuales que dispensa la Santa Sede.

P. ¿Qué diferencia hay entre el voto y la virtud?

R.  El voto abarca solamente lo que es mandado por la regla, bajo la pena de pecado, mientras que la virtud se eleva más alto y facilita cumplir el voto, y en caso contrario, al quebrantar el voto se falta a la virtud y la daña.

P.  ¿A qué comprometen los votos religiosos?

R.  Los votos religiosos obligan a pretender alcanzar las virtudes y a la sumisión total a los Superiores y a la regla, con lo cual el religioso entrega su persona a favor de la Congregación, renunciando a todos los derechos sobre ella y sobre sus actividades que dedica al servicio de Dios.

El voto de Pobreza

El voto de pobreza es una renuncia voluntaria al derecho de propiedad o de su uso, para agradar a Dios.

P.  ¿A qué objetos se refiere el voto de pobreza?

R.  A todos los bienes y objetos pertenecientes a la Congregación.  A lo que uno ha entregado, objetos o dinero, como han sido aceptados, ya no tiene derecho.  Todas las limosnas o donaciones, que uno recibiría a titulo de agradecimiento u otro, pertenecen a la Congregación.  Todo ingreso por trabajo o incluso rentas, no pueden ser usadas sin violar el voto.

P.  ¿Cuándo se infringe o viola el voto según el séptimo mandamiento?

R.  Se infringe cuando sin permiso se toma para si o para alguien una cosa perteneciente a la casa; cuando sin permiso se guarda alguna cosa con la finalidad de apropiarse de ella; cuando sin autorización se vende o cambia alguna cosa perteneciente a la Congregación; cuando se usa una cosa con otra finalidad a la encomendada por el Superior; cuando se da o se recibe de alguien cualquier cosa sin permiso; cuando se destruye o estropea algo por negligencia; cuando al trasladarse de una casa a otra se lleva algo sin permiso.  En caso de infringir el voto de pobreza el religioso debe igualmente la restitución a la Congregación.

La virtud de la pobreza

Es una virtud evangélica que compromete al corazón a separarse de los bienes temporales a lo cual el religioso esta obligado estrictamente en virtud de su profesión.

P.?Cuando se peca contra la virtud de la pobreza?

R.  Cuando se desean cosas contrarias a esta virtud: cuando se toma apego a alguna cosa, cuando usa cosas superfluas.

P.  ¿Cuántos y cuáles son los grados de pobreza?

R.  En la practica de la profesión hay cuatro grados de pobreza: no disponer de nada sin depender de los Superiores (estricta materia del voto); evitar la opulencia, conformarse con lo indispensable (constituye la virtud); tender de buena gana a las cosas mas míseras y esto con la satisfacción interior; como la celda, la ropa, la comida, etcétera; estar contento de la escasez. El voto de castidad

P.  ¿A qué obliga este voto?

R.  A renunciar al matrimonio y a evitar todo lo que está prohibido por el sexto y el noveno mandamientos.

P.  ¿La falta contra la virtud es una violación del voto?

R.  Cualquier falta contra la virtud es a la vez una violación del voto, porque en esto no hay tal diferencia entre el voto y la virtud como en la pobreza y en la obediencia.

P.  ¿Todo pensamiento malo es pecado?

R.  No todo pensamiento malo es pecado, pero llega a serlo solamente cuando a la reflexión de la mente se una la conformidad de la voluntad y el consentimiento.

P.  ¿Además de los pecados contra la castidad hay algo mas que perjudica la virtud?

R.  La virtud se ve perjudicada por la falta de control de los sentidos de la imaginación, y de los sentimientos, la familiaridad y las amistades sentimentales.

P.  ¿Cuáles son los métodos para conservar la virtud?

R.  Combatir las tentaciones interiores con la presencia de Dios y además luchar sin temor.  En cuanto a las tentaciones exteriores, evitando las ocasiones.  En total hay siete métodos principales.  El primero, la guarda de los sentidos, y luego evitar las ocasiones, evitar el ocio, alejar prontamente las tentaciones, evitar cualquier amistad y especialmente las particulares, cultivar el espíritu de mortificación, revelar las tentaciones al confesor.

Además hay cinco medios para conservar la virtud:  la humildad, el espíritu de oración, la observancia de la modestia, la fidelidad a la regla, una devoción sincera a la Santísima Virgen Maria.

El voto de la obediencia

El voto de la obediencia es superior a los dos primeros, ya que en realidad es el que constituye el holocausto, y es el más necesario porque forma y mantiene en vida toda la estructura religiosa.

P.  ¿A qué obliga el voto de obediencia?

R.  Con el voto de obediencia el religioso promete a Dios obedecer a sus legítimos superiores en todo lo que le manden en virtud de la regla.  El voto de obediencia hace al religioso dependiente de su Superior en virtud de la regla durante toda su vida y en todos los asuntos.  El religioso comete un pecado grave contra el voto cada vez que no obedece una orden recibida en virtud de la obediencia o de la regla.

La virtud de la obediencia

La virtud de la obediencia va mas allá del voto, abarca la regla, los decretos, e incluso los consejos de los Superiores.

P.  ¿es necesaria al religioso la virtud de la obediencia?

R.  La virtud de la obediencia es tan necesaria al religioso que aunque obrase bien [pero] en contra de la obediencia, (sus actos) se convertirían en malos o sin merito.

P.  ¿Se puede pecar gravemente contra la virtud de la obediencia?

R.  Se peca gravemente si se desprecia la autoridad o la orden del Superior; si de la desobediencia resulta un daño espiritual o temporal para la Congregación.

P.  ¿Qué faltas ponen en peligro el voto?

R.  Los prejuicios y antipatías hacia el Superior, murmuraciones y críticas, la holgazanería y la negligencia.

Los grados de obediencia

Ejecución solicita y total.  La obediencia de la voluntad, cuando la voluntad impulsa al intelecto a someterse a la opinión del Superior.  San Ignacio da, además, tres métodos que facilitan la obediencia:  siempre ver a Dios en el Superior, cualquiera que sea; justificar interiormente la orden o la opinión del Superior; aceptar cada orden como si fuera de Dios, sin discutir y sin reflexionar.  El medio general – la humildad.  No hay nada difícil para una persona humilde.

Oh Señor mió, incendia mi amor hacia Ti, para que entre tormentas, sufrimientos y pruebas, no desfallezca mi espíritu. Tú ves que débil soy yo. El amor lo puede todo.

Un conocimiento más profundo de Dios y el terror del alma. Al principio Dios se hace conocer como santidad, justicia, bondad, es decir misericordia. El alma no conoce todo esto a la vez, sino singularmente en relámpagos, es decir en los acercamientos de Dios. Eso no dura mucho tiempo, porque no podría soportar esta luz. Durante la oración el alma recibe un relámpago de esta luz, que le imposibilita orar al alma como hasta entonces. Puede esforzarse cuanto quiera, y esforzarse a orar como antes, todo en vano, se hace absolutamente imposible continuar rezando como se rezaba antes de recibir esta luz. La luz que toco al alma, es viva en ella y nada la puede extinguir ni obscurecer. Este relámpago de conocimiento de Dios arrastra su alma e incendia el amor hacia Él. Pero a la vez este mismo relámpago permite al alma conocer lo que es y ella ve todo su interior en una luz superior y se levanta horrorizada y asustada. Sin embargo no permanece en aquel espanto, sino que empieza a purificarse y humillarse, postrarse ante el Señor, y estas luces se hacen más fuertes y más frecuentes; cuanto más cristalina se hace el alma, tanto mas penetrantes son estas luces. Sin embargo si el alma ha respondido fiel y resueltamente a estas primeras gracias, Dios la llena con sus consuelos y se entrega a ella de modo sensible. Entonces el alma entra casi en relación de intimidad con Dios y se alegra enormemente; piensa que ya ha alcanzado el grado designado de perfección, ya que los errores y los defectos están dormidos en ella y piensa que ya no los tiene. Nada le parece difícil, esta preparada para todo. Empieza a sumergirse en Dios y a disfrutar de las delicias de Dios. Es llevada por la gracia y no se da cuenta en absoluto de que puede llegar el momento de la prueba y de la lucha. Y en realidad este estado no dura mucho tiempo. Llegaran otros momentos, pero debo mencionar que el alma responde con mas fidelidad a la gracia de Dios si tiene un confesor experimentado a quien confía todo.

Pruebas enviadas por Dios a un alma particularmente amada. Tentaciones y oscuridades: Satanás. El amor del alma no es todavía como Dios lo desea.  De repente el alma pierde la presencia de Dios.  Se manifiestan en ella distintas faltas y errores con los cuales tiene que llevar a cabo una lucha encarnizada.  Todos los errores levantan la cabeza, pero su vigilancia es grande.  En el lugar de la anterior presencia de Dios ha entrado la aspereza y la sequía espiritual, no encuentra satisfacción en los ejercicios espirituales, no puede rezar, ni como antes, ni como oraba ahora.  Lucha por todas partes y no encuentra satisfacción.  Dios se le ha escondido y ella no encuentra satisfacción en las criaturas, y ninguna criatura sabe consolarla.   El alma desea a Dios apasionadamente, pero ve su propia miseria, empieza a sentir la justicia de Dios.  Ve como si hubiera perdido todos los dones de Dios, su mente esta como nublada, la oscuridad envuelve toda su alma, empieza un tormento inconcebible.  El alma ha intentado presentar su estado al confesor, pero no ha sido comprendida.  Se hunde en una inquietud aun mayor.  Satanás comienza su obra.

La fe queda expuesta al fuego, la lucha es dura, el alma hace esfuerzos, persevera junto a Dios con un acto de voluntad. Con el permiso de Dios, Satanás sigue mas adelante, la esperanza y el amor están puestos a prueba. Estas tentaciones son terribles, Dios sostiene al alma ocultamente. Ella no lo sabe, ya que de otra forma no podría resistir. Y Dios sabe lo que puede mandar al alma. El alma es tentada de incredulidad respecto a las verdades reveladas, a la falta de sinceridad frente al confesor. Satanás le dice: Mira, nadie te comprenderá ¿para que hablar de todo esto? En sus oídos suenan las palabras de las cueles ella queda aterrorizada y le parece que las pronuncia contra Dios. Ve lo que no le gustaría ver. Oye lo que no quiere oír, y es terrible no tener en tales momentos al confesor experto. Ella soporta solo todo el peso; pero dentro de lo que está en su poder, debe buscar a un confesor bien informado, porque puede quebrarse bajo este peso, y ocurre con frecuencia que esta al borde del abismo. Todas estas pruebas son duras y difíciles. Dios no las da a un alma que anteriormente no haya sido admitida a una comunión mas profunda con Él, y no haya disfrutado de las dulzuras del Señor, y también Dios tiene en eso sus fines insondables para nosotros. Muchas veces Dios prepara de modo semejante al alma a los designios futuros y a grandes obras. Y quiere probarla como oro puro, pero éste no es todavía el fin de la prueba. Existe todavía la prueba de las pruebas, esto es [sentir] el rechazo total por parte de Dios. La aprueba de las pruebas, el abandono absoluto – la desesperación.

Cuando el alma sale victoriosa de las pruebas anteriores, aunque quizás tropezando, pero sigue luchando y con profunda humildad clama al Señor: Sálvame porque perezco. Y esta todavía en condiciones de luchar.

Ahora una terrible oscuridad envuelve al alma.  El alma ve dentro de si solamente pecados.  Lo que siente es terrible.  Se ve completamente abandonada de Dios, siente como si fuera objeto de su odio y se encuentra al borde de la desesperación.  Se defiende como puede, intenta despertar la confianza, pero la oración es para ella un tormento todavía mayor, le parece que empuja a Dios a una mayor ira.  Esta colocada en un altísimo pico que se encuentra sobre un precipicio.

El alma anhela fervientemente a Dios, pero se siente rechazada.  Todos los tormentos y suplicios del mundo son nada en comparación con la sensación en la que se encuentra sumergida, es decir, el rechazo por parte de Dios.  Nadie la puede aliviar.  Ve que se encuentra sola, no tiene a nadie en su defensa.  Levanta los ojos al cielo, pero sabe que no es para ella, todo esta perdido para ella.  De una oscuridad cae en una oscuridad aun mayor, le parece que ha perdido a Dios para siempre, a ese Dios que tanto amaba.  Este pensamiento le produce un tormento indescriptible.  Sin embargo no se conforma con eso, intenta mirar al cielo, pero en vano; eso le causa un tormento todavía mayor.

Nadie puede iluminar tal alma si Dios quiere mantenerla en las tinieblas. Este rechazo por parte de Dios ella lo siente muy vivamente, de modo terrorífico. De su corazón brotan gemidos dolorosos, tan dolorosos que ningún sacerdote los puede comprender si no lo ha pasado el mismo. En esto el alma padece todavía sufrimientos por parte del espíritu maligno. Satanás se burla de ella: Ves, ¿seguirás siendo fiel? He aquí la recompensa, estas en nuestro poder. Pero Satanás tiene tanto poder sobre aquella alma cuanto Dios permite: Dios sabe cuánto podemos resistir. ¿Y qué has ganado por haberte mortificado? ¿Y qué has conseguido siendo fiel a la regla? ¿A qué todos estos esfuerzos? Estás rechazada por Dios. La palabra “rechazada” se convierte en fuego que penetra cada nervio hasta la medula de los huesos. Traspasa todo su ser por completo. Viene el momento supremo de la prueba. El alma ya no busca ayuda en ninguna parte, se encierra en si misma y pierde de vista todo y es como si aceptara este tormento de rechazo. Es un momento que no sé definir. Es la agonía del alma. Cuando ese momento empezó a acercarse a mí por primera vez, fui liberada de él en virtud de la santa obediencia. La Maestra de novicias al verme se asustó y me mandó a confesarme; pero el confesor no me entendió, no experimenté siquiera una sombra de alivia. Oh Jesús, danos sacerdotes con experiencia.

Cuando dije que experimentaba en mi alma tormentos del infierno, me contestó que él estaba tranquilo por mi alma, porque veía en mi alma una gran gracia de Dios.  Sin embargo yo no comprendí nada de eso y ni un pequeño rayo de luz penetro en mi alma.

Ahora ya empiezo a sentir la falta de las fuerzas fisicas y ya no llego a cumplir las Tareas.  Ya no puedo ocultar los sufrimientos: aunque no digo ni una palabra de lo que sufro, no obstante el dolor que se refleja en mi rostro, me delata y la Superiora ha dicho que las hermanas vienen a ella y le dicen que cuando me ven en la capilla, sienten compasión por mi, tan espantoso es el aspecto que tengo.  Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el alma no es capaz de ocultar este sufrimiento.

Jesus, solo Tu sabes como el alma gime en estos tormentos, sumergida en la oscuridad, y con todo eso tiene hambre y sed de Dios, como los labios quemados tienen sed del agua. Muere y aridece; muere de una muerte sin morir, es decir no puede morir. Sus esfuerzos son nada; esta bajo una mano poderosa. Ahora su alma pasa bajo el poder del Justo. Cesan todas las tentaciones externas, calla todo lo que la rodea, como un moribundo, pierde la percepción de lo que tiene alrededor, toda su alma esta recogida bajo el poder del justo y tres veces santo Dios. Rechazada por la eternidad. Este es el momento supremo y solamente Dios puede someter un alma a tal prueba, porque sólo Él sabe que el alma es capaz de soportarla. Cuando el alma ha sido compenetrada totalmente por este fuego infernal, cae en la desesperación. Mi alma experimentó este momento cuando estaba sola en la celda. Cuando el alma comenzo a hundirse en la desesperación, senti que esstaba llegando mi agonia, entonces cogi un pequeño crucifijo y lo estreché fuertemente en la mano; senti que mi cuerpo iba a separarse del alma y aunque deseaba ir a las Superioras, no tenia ya las fuerzas fisicas, pronuncie las ultimas palabras, confio en Tu misericordia, y me parecio que había impulsado a Dios a una ira aun mayor, y me hundi en la desesperacin, y solamente de vez en cuando de mi alma irrumpia un gemido doloroso, un gemido sin consuelo. El alma en la agonia. Y me parecia que ya me quedaria en ese estado, porque no habria salido de él con mis propias fuerzas. Cada recuerdo de Dios es un mar indescriptible de tormentos, y sin embargo hay algo en el alma que anhela fervientemente a Dios, pero a ella le parece que es solamente para que sufra mas. El recuerdo del amor con el que Dios la rodeaba antes, es para ella un tormento nuevo. Su mirada la traspasa por completo y todo ha sido quemado por ella en su alma.

Despues de un largo momento, al entrar en la celda una de las hermanas me encontró casi muerta. Se asustó y fue a la Maestra que en virtud de la santa obediencia me ordenó levantarme del suelo y en seguida senti las fuerzas fisicas, y me levanté del suelo temblando toda. La Maestra se dio cuenta inmediatamente del estado de mi alma, me habló de la inconcebible misericordia de Dios y dijo: No se preocupe por nada, hermana, se lo ordeno en virtud de la santa obediencia. Y continuó: Ahora veo que Dios la llama a una gran santidad, el Señor la desea tener cerca de sí, permitiendo estas cosas, tan pronto. Sea fiel a Dios, hermana, porque esto es una señal de que la quiere tener en lo alto del cielo. Pero yo no entendí nada de estas palabras.

Al entrar en la capilla, senti como si todo se hubiera alejado de mi alma; como si yo hubiera salido recientemente de la mano de Dios, senti que mi alma era intangible, que yo eera una niña pequeña. De repente vi interiormente al Señor quien me dijo:  No tengas miedo, hija Mia, Yo estoy contigo.   En aquel mismo momento desaparecieron todas las tinieblas y los tormentos, los sentidos fueron inundados de una alegría inconcebible, las facultades del alma coladas de luz.

Quiero decir también que, aunque mi alma ya estaba bajo los rayos de su amor, no obstante, las huellas del suplicio soportado quedaron en mi cuerpo dos días más. El rostro pálido como de una muerta y los ojos inyectados de sangre. Solo Jesús sabe lo que sufrí.  Comparado con la realidad, es pálido lo que he escrito.  No sé expresarlo, me parece que he vuelto del mas allá.  Siento aversión a todo lo que esta creado.  Me abrazo al Corazón de Dios, como el niño recién nacido al pecho de su madre.  Miro todo con ojos distintos.  Estoy consciente de lo que el Señor ha hecho en mi alma con una palabra; de esto vivo.  El recuerdo del martirio sufrido me da escalofríos.  No hubiera creído que es posible sufrir tanto si yo mismo no lo hubiera pasado.  Es un sufrimiento totalmente espiritual.

Sin embargo, en todos estos sufrimientos y combates no abandoné la Santa Comunión.  Cuando me pareció que no debía recibirla, entonces iba a ver a la Maestra y le decía que no podía ir a la Santa Comunión, que me parecía que no debía recibirla.  Sin embargo ella no me permitía abandonar la Santa Comunión; y yo iba a recibirla, y me daba cuenta de que solo la obediencia me había salvado. La Maestra misma me dijo después que “estas experiencias habían pasado pronto solamente porque usted, hermana, fue obediente.  [Fue por] el poder de la obediencia que usted pasó tan valientemente [la prueba].”  Es verdad que el Señor mismo me liberó de este suplicio, pero la fidelidad a la obediencia le agradó.

Aunque estas cosas son espantosas, no obstante ningún alma debería asustarse demasiado, porque Dios nunca da por encima de lo que podemos soportar.  Y por otra parte, quizás nunca nos dé a nosotros suplicios semejantes, y lo escribo porque si el

Señor quiere llevar un alma a través de tales sufrimientos, que no tenga miedo, sino que sea fiel a Dios en todo lo que depende de ella. Dios no hará daño al alma, porque es el Amor Mismo y por este amor inconcebible la llamó a la existencia. Pero cuando yo me encontraba angustiada, no lo comprendía.

Oh Dios mío, he conocido que no soy de esta tierra, el Señor me lo ha inculcado en mi alma, en alto grado.  Estoy presente más en el cielo que en la tierra, aunque no descuido en nada mis deberes.

En esos momentos no tenía al director espiritual y no conocía ninguna dirección.  Rogaba al Señor, pero no me daba ningún director.  Jesús Mismo es mi Maestro desde la niñez hasta ahora.  Me ha conducido a través de todas las selvas y todos los peligros; veo claramente que solamente Dios pudo llevarme por un peligro tan grande sin ningún daño ni perjuicio y mi alma quedó intacta y vencía siempre todas las dificultades que eran inimaginables.  Salía.  Sin embargo el Señor me dio el director, pero más tarde.

Después de esos sufrimientos el alma se encuentra en gran pureza de espíritu y en una gran cercanía con Dios, aunque tengo que decir que durante los tormentos espirituales, ella está cerca de Dios, pero está ciega.  La mirada de su alma está envuelta en tinieblas y Dios está mas cerca de esta alma sufriente, pero todo el secreto está precisamente en que ella no lo sabe.  No sólo afirma que dios la ha abandonado, sino que dice ser el objeto de su odio.  ¡Qué enfermedad tan grave de la vista del alma que deslumbrada por la luz de Dios, afirma que Él está ausente, mientras es tan fuerte que la ciega!  Sin embargo, conocí después que Dios está más cerca de ella en aquellos momentos que en cualquier otra circunstancia, ya que con la ayuda normal de la gracia no podría superar las pruebas.  La omnipotencia de Dios y una gracia extraordinaria operan aquí, porque al no ser así, sucumbiría bajo el primer golpe.

Oh Divino Maestro, esto es solamente Tú obra en mi alma.  Tú, oh Señor, no temes poner al alma al borde de un abismo terrible, donde ella se asusta y tiene miedo y Tú vuelves a llamarla.  Estos son Tus misterios inconcebibles.

Cuando en estos tormentos del alma trataba de acusarme en la confesión de los detalles mas pequeños, aquel sacerdote se extrañó de que no cometía faltas mas graves y me dijo las siguientes palabras:  Si en estos tormentos, hermana, usted es tan fiel a Dios, esto ya me da prueba de que Dios la sostiene con su gracia particular y si usted no lo entiende, no se preocupe.  Es extraño, sin embargo, que en estas cosas los confesores no pudieran ni comprenderme, ni tranquilizarme, hasta el encuentro con el Padre Andrasz y luego con el Padre Sopocko.

Algunas palabras sobre la confesión y los confesores.  Recordaré solamente lo que experimenté y viví en mi propia alma.  Hay tres cosas por las cuales el alma no saca provecho de la confesión en aquellos momentos excepcionales. La primera es que el confesor conoce poco los caminos extraordinarios y muestra asombro si un alma le revela los grandes misterios que Dios realiza en el alma.  Este asombro suyo pone en alarma a un alma sutil, y advierte que el confesor está indeciso en expresar su opinión; y si el alma nota esto, no se tranquiliza, sino que tiene aun mas dudas después de la confesión de cuantas tenia antes de ella, porque siente que el confesor la tranquiliza, [pero] él mismo no está seguro.  O bien, lo que me ha ocurrido a mí, que el confesor, sin poder penetrar algunos misterios del alma, le rehúsa la confesión, muestra un cierto temor al acercarse esa alma a la rejilla.  ¡Cómo puede un alma en tal estado, adquirir tranquilidad en el confesionario, visto que es tan sensible a cada palabra del confesor!.  Según mi parecer, en estos momentos de visitas especiales de Dios en el alma, si el sacerdote no la entiende, debería referirla a un confesor con experiencia y conocimiento, o él mismo adquirir luces para dar al alma lo que ella necesita, y no rehusarle simplemente la confesión, porque de este modo la expone a un gran peligro y mas de un alma puede abandonar el camino, en el cual Dios quería tenerla de modo particular.  Es una cosa de gran importancia, porque yo misma lo experimenté, esto es que ya empezaba a vacilar a pesar de estos singulares dones de Dios; aunque Dios Mismo me tranquilizaba, no obstante deseaba siempre tener el sello de la Iglesia.

La segunda cosa es que el confesor no permite expresarse sinceramente, manifiesta la impaciencia.  El alma entonces se calla y no dice todo y por lo tanto no saca provecho, cuando sucede que el confesor empieza a someter al alma a pruebas, y sin conocerla, en vez de ayudarle, le hace daño.  Y eso porque ella sabe que el confesor no la conoce, dado que no le ha permitido revelarse completamente en cuanto a las gracias, ni tampoco en cuanto a la miseria.  Pues la prueba no es apropiada.  Tuve algunas pruebas de las cuales me reí.  Expresaré mejor esto con las palabras de que el confesor es el médico del alma, y, ¿cómo el médico, sin conocer la enfermedad, puede dar una medicina apropiada?  Nunca.  Porque no tendrá ningún efecto deseado, o le recetará demasiado fuerte y agravará la enfermedad y a veces, Dios no lo quiera, puede provocar la muerte, porque [es] demasiado fuerte.  Lo digo por experiencia, que en algunos casos fue Dios Mismo que me sostenía.

La tercera cosa es que, a veces el confesor da poca importancia a las cosas pequeñas.  En la vida espiritual no hay nada pequeño.  A veces, una cosa aparentemente pequeña descubre algo de gran importancia, y para el confesor es un haz de luz para conocer al alma.  Muchos matices espirituales se esconden en cosas pequeñas. No se levantará jamás un magnifico edificio si tiramos los ladrillos pequeños.  De ciertas almas Dios exige una gran pureza, pues les envía un conocimiento mas profundo de la miseria.  Iluminadas con la luz que viene de lo alto, conocen mejor lo que agrada a Dios y lo que no le agrada.  El pecado es según el conocimiento y la luz del alma, lo mismo también las imperfecciones, aunque ella sabe que lo que se refiere estrictamente al sacramento es el pecado.  Pero estas pequeñas cosas tienen una gran importancia en la aspiración hacia la santidad y el confesor no las puede menospreciar.  La paciencia y la benevolencia del confesor abren el camino a los más profundos secretos del alma.  El alma casi inconscientemente revela la profundidad abismal y se siente más fuerte y más resistente, ahora lucha con más valor, hace más esfuerzos, porque sabe que debe rendir cuenta de ello.

Recordaré una cosa más respecto al confesor. En ocasiones tiene que experimentar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que poner a prueba, tiene que ejercitar, tiene que conocer si está tratando con la paja o con el hierro, o con el oro puro. Cada una de estas tres almas necesita ejercitarse de un modo diferente. El confesor debe necesariamente formarse una opinión clara de cada una, para saber lo que puede soportar en determinados momentos, circunstancias y casos. En cuanto a mí, después de muchas experiencias, cuando me di cuenta de no ser comprendida, no revelaba mi alma y no turbaba mi tranquilidad. Pero esto sucedió solo, desde el momento en que todas estas gracias estaban bajo el juicio del confesor con discernimiento, instruido y con experiencia. Ahora se como comportarme en ciertos casos.

Y deseo nuevamente decir tres palabras al alma que desea decididamente tender hacia la santidad y obtener frutos, es decir, provechos de la confesión. La primera, total sinceridad y apertura.  El más santo y más sabio confesor no puede infundir por la fuerza en el alma lo que él desea si el alma no es sincera y abierta.  El alma insincera, cerrada se expone a un gran peligro en la vida espiritual y el Señor Jesús Mismo no se ofrece a tal alma de modo superior, porque sabe que ella no sacaría ningún provecho de estas gracias particulares. La segunda palabra, la humildad. El alma no saca el debido provecho del sacramento de la confesión si no es humilde.  La soberbia mantiene al alma en la oscuridad.  Ella no sabe y no quiere penetrar exactamente en lo profundo de su miseria, se enmascara y evita todo lo que la debería sanar. La tercera palabra es la obediencia.  El alma desobediente no conseguirá ninguna victoria, aunque el Señor Jesús Mismo la confiese directamente.  El más experto confesor no ayudará nada a tal alma.  El alma desobediente se expone a gran peligro y no progresará nada en la perfección y no se defenderá en la vida espiritual.  Dios colma generosamente con gracias al alma, pero al alma obediente.

Oh, ¡qué gratos son los himnos que fluyen de un alma víctima!  Todo el cielo queda admirado por tal alma, especialmente si es probada por Dios.  Ella dirige hacia Él sus nostálgicos lamentos.  Su belleza es grande, porque fluye de Dios.  Camina por la selva de la vida herida por el amor divino.  Toca la tierra con un solo pie.

El alma, al salir de aquellos tormentos, es profundamente humilde. La pureza de su alma es grande.  Sin reflexionar, en cierto modo, ella sabe mejor lo que conviene hacer en un momento determinado y lo que conviene abandonar.  Siente el más delicado toque de la gracia y es muy fiel a Dios.

Ella reconoce a Dios desde lejos y goza de Dios incesantemente.  En muy poco tiempo descubre a Dios en las almas de otras personas y en general en su alrededor.  Al alma es purificada por Dios Mismo.  Dios, como puro Espíritu, introduce al alma en la vida puramente espiritual.  Dios Mismo primero preparó y purificó a esta alma, es decir la hizo capaz para una estrecha convivencia con Él.  De modo espiritual ella esta en la comunión con el Señor en un descanso de amor.  Habla con el Señor sin uso de los sentidos.  Dios llena al alma con su luz.  Su mente, iluminada, ve claramente y distingue los grados en esta vida espiritual.  Ve como se unía a Dios de un modo imperfecto, cuando participaban los sentidos y la espiritualidad estaba unida a los sentidos, aunque de una manera ya superior y especial, no obstante imperfecta.  Existe la unión con el Señor superior y más perfecta, es decir la intelectual.  Aquí el alma se ve más protegida de las ilusiones, su espiritualidad es más profunda y más pura.  En una vida donde intervienen los sentidos, uno está más expuesto a las ilusiones.  Debería ser mayor la prudencia de ella misma del alma y de los confesores.  Hay momentos, en los cuales Dios introduce al alma en el estado puramente espiritual.  Los sentidos se apagan y están como muertos.   El alma está unida a Dios de manera mas intima posible, está sumergida en la divinidad, su conocimiento es total y perfecto, no parcial, como antes, sino general y completo.  Se deleita en ello.  Pero quiero hablar todavía de los momentos de la prueba.  En tales momentos es necesario que los confesores tengan paciencia con esa alma.  Pero la mayor paciencia la debe tener el alma consigo misma.

Oh Jesús mió, Tú sabes lo que experimenta mi alma al recordar aquellos tormentos.  Más de una vez me he extrañado de que los Ángeles y los santos queden silenciosos cuando un alma soporta semejantes sufrimientos.  Sin embargo ellos nos aman muy especialmente en tales momentos.  Más de una vez mi alma gritó hacia Dios, como un niño pequeño grita con todas sus fuerzas cuando la madre tapa su rostro y él no la puede reconocer.  Oh Jesús mío, por esas pruebas de amor, sea gloria y honor a Ti.  Tu misericordia es grande e inconcebible.  Oh Señor, todos Tus proyectos respecto a mi alma están llenos de Tu misericordia.

Recordaré aquí que los que conviven con tal persona no deben agregar sufrimientos exteriores, ya que de verdad cuando el alma tiene el cáliz lleno hasta el borde, a veces justamente esta gota que nosotros agregamos a su cáliz, será aquella que sobra y rebosara el cáliz de la amargura.  ¿Y quien responde por aquella alma?  Guardémonos de agregar sufrimientos a los demás, porque eso no agrada al Señor.  Si las hermanas o las Superioras supieran o sospecharan que el alma dada está soportando esas pruebas y a pesar de eso, por su parte le agregaran sufrimientos, pecarían mortalmente y Dios Mismo pediría por esta alma.  No hablo aquí de los casos que por [su] naturaleza son pecados, sino que hablo de algo que en otro momento sería pecado.  Tengamos cuidado de tener a aquellas almas sobre nuestra conciencia.  Es un gran defecto de la vida religiosa y de la vida en general que, al ver a un alma en sufrimiento, siempre se tiene ganas de agregarle aun más.  No hablo de todos, pero sí existen.  Nos permitimos hacer juicios de todo tipo y hablamos allí donde muchas veces no deberíamos repetirlo.

La lengua es un órgano pequeño, pero hace cosas grandes.  Una religiosa que no es callada, nunca llegará a la santidad, es decir no será santa.  No se haga ilusiones; a no ser que el Espíritu de Dios hable por ella, en tal caso no debe callar.  Pero para poder oír la voz de Dios, hay que tener la serenidad en el alma y observar el silencio, no un silencio triste, sino un silencio en el alma, es decir al recogimiento en Dios.  Se pueden decir muchas cosas sin interrumpir el silencio  y, al contrario, se puede hablar poco y romper continuamente el silencio.  Oh, que daños irreparables causa no guardar el silencio. Se hace muchos daños al prójimo, pero sobre todo a su propia alma.

Según mi opinión y mi experiencia, la regla del silencio debería estar en el primer lugar.  Dios no se da a una alma parlanchina, que como un zángano en la colmena zumba mucho, pero no produce miel.  El alma hablantina está vacía en su interior.  No hay en ella ni virtudes fundamentales, ni intimidad con Dios.  Ni hablar de una vida mas profunda, ni de una paz dulce, ni del silencio en el que mora Dios.  El alma sin gustar la dulzura del silencio interior, es un espíritu inquieto y perturba este silencio en los demás.  Vi a muchas almas en los abismos infernales por no haber observado el silencio.  Ellas mismas me lo dijeron cuando las pregunté cuál había sido la causa de su ruina.  Eran almas consagradas.  Oh Dios mío, qué dolor al pensar que podrían estar no solamente en el paraíso, sino hasta ser santas.  Oh Jesús, Misericordia, tiemblo al pensar que debo rendir cuenta de la lengua, en la lengua está la vida, pero también la muerte, a veces con la lengua matamos, cometemos un verdadero asesinato ¿Y podemos considerar esto como una cosa pequeña?  De verdad, no entiendo estas conciencias.  Conocí a una persona que, al enterarse por otra de cierta cosa que se decía de ella… se enfermó gravemente, perdió allí mucha sangre y muchas lágrimas y luego vino una triste consecuencia, no causada por la espada sino por la lengua.  Oh mi Jesús

He pasado al tema del silencio, pero no quiero hablar de esto, sino de la vida del alma con Dios y de su respuesta a la gracia.  Cuando el alma ha sido purificada y el Señor está en relación de intimidad con ella, ahora se concentra toda la fuerza del alma en tender hacia Dios.  Pero ella de por sí no puede nada.  Aquí solamente Dios arregla todo, el alma lo sabe y está consciente de ello.  Ella vive todavía en el destierro y comprende bien que [puede] haber todavía días nublados y lluviosos, pero ella debe mirar todo esto con la actitud distinta a la mantenida hasta ahora.  No se refugia en una paz engañosa, sino que se dispone a la lucha.  Ella sabe que es de la estirpe guerrera.  Ahora se da cuenta mejor de todo.

Una serie de gracias que Dios derrama sobre el alma después de aquellas pruebas de fuego.  Goza de una estrecha unión con Dios. Tiene muchas visiones sensibles y espirituales, oye muchas palabras sobrenaturales y a veces órdenes precisas; pero a pesar de estas gracias, no se basta a sí misma.  Tanto menos precisamente, porque Dios la visita con estas gracias, debido a que está expuesta a varios peligros y puede fácilmente caer en la ilusión.  Debería pedir a Dios un guía espiritual, pero no solamente pedir un guía, sino que solicitar y buscar a un director que entienda las cosas como el caudillo que tiene que conocer los caminos por los cuales conduce a la batalla.  A un alma que está unida a Dios, es necesario prepararla para grandes y encarnizados combates.

Después de estas purificaciones y pruebas, Dios trata con el alma de modo especial, pero el alma no siempre colabora con estas gracias.  No porque ella misma de por si no quiera colaborar, sino que enfrenta tan grandes dificultades interiores y exteriores que, de verdad, hace falta un milagro para que esa alma se mantenga a estas alturas.  Aquí necesita obligatoriamente al director.  A menudo llenaban mi alma de dudas y algunas veces [mi alma] se asustaba de por sí, al pensar que después de todo yo era una ignorante, no entendía muchas cosas y menos todavía las cosas espirituales.  No obstante, cuando las dudas aumentaban, buscaba luz en un confesor o en las Superioras.  Pero no obtenía lo que deseaba.

Cuando me descubrí ante las Superioras, una de ellas conoció mi alma y el camino por el cual Dios quería conducirme.  Siguiendo sus indicaciones, empecé a avanzar rápidamente en el camino de la perfección.  Sin embargo eso no duró mucho tiempo.  Al descubrir mi alma mas a fondo, no recibí lo que deseaba y a la Superiora estas gracias le parecieron inverosímiles, así que ya no pude obtener nada de ella.  Me decía que no era posible que Dios conviviera tan íntimamente con una criatura.  Yo temo por usted, hermana, si acaso no sea alguna ilusión. Tomé consejo de un sacerdote. Pero el confesor no me entendió y dijo:  Es mejor que usted, hermana, hable de estas cosas con las Superioras.  Y así andaba de las Superioras al confesor, del confesor a la Superioras, pero sin encontrar la paz.  Estas gracias de Dios empezaron a ser para mí un gran sufrimiento. Más de una vez dije directamente al Señor: Jesús, tengo miedo de Ti, ¿no eres acaso algún fantasma?  Jesús siempre me tranquilizaba, pero yo siempre desconfiaba.  Una cosa extraña, cuanto mas yo desconfiaba, tanto Jesús me daba mas pruebas de que Él era el autor de estas cosas.

Al darme cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras, decidí no hablar mas de esas cosas puramente interiores.  Por fuera procuraba, como una buena religiosa, hablar de todo con las Superioras, pero de la necesidad del alma hablaría solamente en el confesionario.  Por muchas y muy justas razones entendí que la mujer no es llamada para discernir tales misterios. Me expuse a muchos sufrimientos inútiles.  Durante mucho tiempo fue considerada como poseída por el espíritu maligno y me miraban con lastima y la Superiora tomo precauciones respecto a mi.  Llegaba a mis oídos que las hermanas me miraban como si yo fuera así.  Y oscurecía el horizonte en alrededor.  Empecé a evitar estas gracias de Dios, pero si ello no estaba en mi poder.  De repente me invadió un recogimiento tan grande, que en contra de la voluntad me sumergí en dios y el Señor me tenía a su lado. En los primeros momentos mi alma siempre esta un poco asustada, pero después una paz y una fuerza extrañas llenan mi alma.

Hasta aquí se pudo soportar todo.  Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aun más.  Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado.  Y se puso a compadecerme.  Me dice:  Oigo hablar que usted, hermana, es una exaltada, que tiene algunas visiones.  Pobre hermana, defiéndase de ello.  (59)  Fue sincera aquella alma y lo que había oído me lo dijo con sinceridad.  Pero tuve que oír cosas semejantes todos los días.  Solamente Dios sabe cuánto eso me atormentaba.  

Sin embargo decidí soportar todo en silencio y no dar explicaciones a las preguntas que me hacían.  A algunas les irritaba mi silencio, especialmente a las más curiosas.  Otras, las de pensamiento más profundo, decían que seguramente Sor Faustina estaría muy cerca de Dios, visto que tenia la fuerza de soportar tantos sufrimientos.  Y veía delante de mi como dos grupos de jueces.  Trate de conseguir el silencio interior y exterior.  No decía nada referente a mi persona, aunque era interrogada por algunas hermanas directamente.  Mi boca calló.  Sufría como una paloma, sin quejarme.  Sin embargo algunas hermanas encontraban casi un placer en inquietarme de cualquier modo.  Les irritaba mi paciencia, sin embargo Dios me daba tanta fuerza interior, que lo soportaba con calma.

Me di cuenta de que en aquellos momentos no tendría la ayuda de nadie y empecé a rezar, y a pedir al Señor un confesor.  Anhelaba que algún confesor me dijera esta única palabra:  Quédate tranquila, estas en un buen camino, o bien rechaza todo eso, porque no viene de Dios. Sin embargo no encontraba a un sacerdote tan decidido que me dijera estas palabras claras en nombre del Señor.  Pues, continuaba en la incertidumbre.  Oh Jesús, si es Tu voluntad que viva en tal incertidumbre, sea bendito Tu Nombre.  Te ruego, Señor, Tú Mismo guía mi alma y quédate conmigo, porque sola soy nada.

Pues ya soy juzgada por todos lados, ya no queda nade de lo que hay en mi que se haya escapado al juicio de las hermanas; pero, en cierto sentido, ya se agoto todo y empezaron a dejarme en paz.  Mi alma atormentada descansó un poco, pero conocí que en aquellas persecuciones el Señor estuvo muy cerca de mí.  Eso duro un brevísimo instante.  Estalló nuevamente una violente tempestad.  Ahora las sospechas anteriores se hicieron seguras para ellas, y hay que escuchar nuevamente las mismas canciones.  Así lo dispone el Señor.  Pero lo extraño es que, incluso por fuera, empezaran para mi distintas adversidades.  Esto provocó distintos sufrimientos, conocidos solamente por Dios.  Sin embargo trataba como podía, hacer todo con la intención más pura posible.  Veo que soy vigilada en todas partes como un ladrón:  en la capilla, cuando hago mis deberes, en la celda.  Ahora sé que además de la presencia de Dios tengo siempre la presencia humana; de verdad, mas de una vez esta presencia humana me molestó mucho.  Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para lavarme.  De verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces.  A veces me daba risa saber que no dejaban en paz ni siquiera la cama.  Una hermana me dijo, ella misma, que cada noche me miraba en la celda, para ver como me comportaba en ella. Sin embargo los Superiores son siempre los Superiores.  Y si bien me humillaban personalmente y mas de una vez me llenaron de dudas, no obstante siempre me permitieron lo que exigía el Señor, aunque no tal y como yo pedía, pero si de otro modo satisficieron las demandas del Señor y me permitieron esas penitencias y mortificaciones.

Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría.  Me dijo:  Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte.  Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza.  Al volver a la celda, me caí de cara al suelo delante de la cruz y miré a Jesús sin poder pronunciar ni una sola palabra.  Y sin embargo ocultaba a los demás y disimulaba como si no hubiera pasado nada entre nosotras.  Satanás siempre aprovecha tales momentos, comenzaron a venirme los pensamientos de desánimo: He aquí tu premio por la fidelidad y la sinceridad.  ¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida?  Oh Jesús, Jesús, ya no aguanto mas.  Otra vez caí al suelo bajo aquel peso y comencé a sudar y el miedo empezó a dominarme.  No tengo en quien apoyarme interiormente.  De repente oí en mi alma la voz:  No tengas miedo, Yo estoy contigo,  y una luz extraña iluminó mi mente y comprendí que no debía someterme a tales tristezas y una fuerza me llenó, y salí de la celda con un nuevo ánimo para enfrentar los sufrimientos.

Sin embargo empecé a descuidarme un poco. No hacia caso a estas inspiraciones interiores, trataba de distraerme. Pero a pesar del ruido y de las distracciones, veía lo que pasaba en mi alma. La Palabra divina es muy elocuente y nada puede sofocarla. Empecé a evitar el encuentro del Señor en mi propia alma, porque no quería ser victima de la ilusión. Sin embargo el Señor en cierto modo me persiguió con sus done y, de verdad, experimentaba, por turno, sufrimientos y alegrías. No menciono aquí diferentes visiones y gracias que en aquel tiempo Dios me concedió, porque las tengo apuntadas en otro lugar, pero diré que aquellos distintos sufrimientos ya llegaron al colmo y me decidí acabar con estas dudas antes de los votos perpetuos. Durante todo el tiempo de la probación rogué por la luz de un sacerdote, a quien debía revelar mi alma hasta lo más profundo. Y rogué a Dios que Él mismo me ayudara en esto y me diera la gracia de contar las cosas mas secretas que había entre mi y el Señor, y que me predispusiera a que yo considerara cualquier cosa que aquel sacerdote decidiera como decidida por Jesús Mismo. No importa cual será el juicio sobre mi, yo deseo solamente la verdad y una respuesta decidida a ciertas preguntas. Me he encomendado a Dios completamente y mi alma desea la verdad. No puedo seguir viviendo en dudas; aunque en el alma tenia una certeza tan grande de que esas cosas procedían de Dios que ofrecería mi vida por ellas, sin embargo por encima de todo eso puse la opinión del confesor y decidí comportarme de acuerdo con lo que él consideraría justo y según sus indicaciones. Veo aquel momento como el que decidirá de cómo debo comportarme durante toda la vida. Sé que de él aquel momento dependerá todo. No tiene importancia si lo que me dirá será de acuerdo con mis inspiraciones o todo lo contrario, eso ya no me importa. Yo deseo conocer la verdad y seguirla.

Oh Jesús, Tú puedes ayudarme. Y a partir de aquel momento empecé. Escondo todas las gracias en el alma y espero a quien el Señor me mandará. Sin dudar en nada en mi corazon, rogue al Señor que Él Mismo se dignara ayudarme en estos momentos y el ánimo entró en mi alma.

Debo mencionar todavía que hay algunos confesores que ayudan al alma y son, según puede parecer, Padres espirituales, pero hasta cuando todo va bien; y cuando el alma tiene mayores necesidades, entonces son indecisos y no pueden, o más bien no quieren entender al alma. Procuran liberarse de ella lo antes posible, pero si el alma es humilde siempre saca alguna pequeña ventaja. A veces, Dios Mismo envía un rayo de luz a lo profundo del alma, por su humildad y su fe. A veces, el confesor dice lo que no pensaba decir en absoluto y él mismo no se da cuenta de ello. Oh, que el alma crea que son las palabras del Señor Mismo; aunque tenemos que creer que cada palabra en el confesionario es de Dios, pero lo de he mencionado mas arriba, es algo que viene directamente de Dios. Y el alma siente que el sacerdote no depende de sí mismo sino que dice lo que no quisiera pronunciar. Pues, de este modo Dios recompensa la fe. Lo experimenté muchas veces en mi misma. Me sucedió una vez al confesarme con un cierto sacerdote, muy docto y muy estimado. Siempre me era severo y contrario en esas cosas, pero una vez me dijo: Debes saber, hermana, que si Dios quiere que hagas eso, pues no debes oponerte. A veces, Dios quiere ser alabado de este modo. Quédate tranquila, si Dios ha empezado, terminará, pero te digo: La fidelidad a Dios y la humildad, y una vez mas la humildad. Recuerda lo que te he dicho hoy. Me alegré y pensé que tal vez aquel sacerdote me hubiera entendido. Pero las circunstancias fueron tales que no me confesé nunca más con él.

Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron [a caer] truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabia de que se trataba.  Pero poco después entendí que se trataba de lo que no dependía de mí.  Me dijo: Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta.  El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien.  Reconocí que tenia plenamente razón, porque yo soy miserable, sin embargo confió en la misericordia de Dios.  Cuando me encontré con el Señor, me humillé y dije: Jesús, según dicen, ¿Tú no tratas con las personas miserables?  Quédate tranquila, hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia.   Entendí que la Madre quiso solamente humillarme.

Oh Jesús mío, me has sometido a muchas pruebas en mi corta vida, entendí muchas cosas, incluidas tales que estoy sorprendida.  Oh, que bueno es someterse en todo a Dios y permitir a Dios obrar en el alma con toda la plenitud. En la tercera probación el Señor me dio a entender que me ofreciera a Él para que pudiera hacer conmigo lo que le agradaba. Debo estar siempre delante de Él como victima. En un primer momento me asuste, sintiéndome infinitamente miserable y conociéndome bien, contesté al Señor una vez más: Soy la miseria misma, ¿Cómo puedo ser rehén? Hoy no lo entiendes. Mañana te lo daré a conocer durante la adoración. El corazón y el alma me temblaban. Estas palabras se imprimieron tan profundamente en mi alma. La Palabra de Dios es viva. Cuando vine a la adoración, sentí en el alma que entre en el tempo de Dios viviente, cuya Majestad es grande e inconcebible. Y el Señor me dio a conocer lo que son frente a Él incluso los espíritus más puros. Aunque por fuera no veía nada, la presencia de Dios me envolvió por completo. En aquel momento mi mente fue iluminada de modo singular. Delante de los ojos de mi alma pasó una visión, como aquella que el Señor Jesús tuvo en el Huerto de los Olivos. Primero los sufrimientos físicos y todas las circunstancias que los aumentan; los sufrimientos espirituales en toda su extensión y los de los cuales nadie sabrá. En aquella visión entra todo: sospechas injustas, pérdida del propio buen nombre. He descrito eso de modo resumido, pero el conocimiento de eso fue tan claro que lo que viví después no difería en nada de lo que conocí en aquel momento. Mi nombre debe ser “victima”. Cuando la visión terminó, un sudor frió fluyó por mi frente.

Jesús me dio a conocer que aunque no lo aceptara, no obstante podría salvarme y Él no disminuiría las gracias que me había concedido y seguiría en la misma intimidad conmigo, esto es que aunque no aceptara este sacrificio, la generosidad de Dios no disminuiría. Y el Señor me dio a conocer que todo el misterio dependía de mí, de mi consentimiento voluntario a ese sacrificio con toda la conciencia de mi mente. En este acto voluntario y consciente está todo el poder y valor delante de su Majestad. Aunque no me sucediera nada de aquello a lo que me había ofrecido, delante del Señor es como si ya todo hubiera sucedido. En aquel momento entendí que entraba en unión con la Majestad inconcebible. Sentí que Dios esperaba mi palabra, mi consentimiento. De repente mi alma se sumergió en el Señor y dije: Haz conmigo lo que Te agrade, me someto a Tu voluntad. Desde hoy Tu santa voluntad es mi alimento. Seré fiel a Tus demandas, con la ayuda de Tu gracia. Haz conmigo lo que Te agrade. Te suplico, Señor, quédate conmigo en cada momento de mi vida.

Súbitamente, cuando acepté este sacrificio con la voluntad y el corazón, la presencia de Dios me traspaso totalmente. Mi alma fue sumergida en Dios e inundada de una felicidad tan grande que no alcanzo a describirla ni siquiera parcialmente. Sentía que su Majestad me envolvía. Fui fusionada con dios de modo singular. Vi una gran complacencia de Dios hacia mí e igualmente mi espíritu se sumergió en Él. Consciente de haberme unido con Dios, siento que soy amada de modo particular, y recíprocamente, amo con toda la fuerza de mi alma. Un gran misterio se produjo durante aquella adoración, un misterio entre yo y el Señor; y me parecía que iba a morir de amor bajo su mirada. Aunque hablé mucho con el Señor pero sin una palabra. Y el Señor dijo: Eres un deleite para Mi Corazón, desde hoy cada acción tuya, la más pequeña, encuentra la complacencia en Mis ojos, cualquier cosa que hagas. En aquel momento me sentí reconsagrada. La envoltura del cuerpo es la misma, pero el alma es otra, en ella mora Dios con toda su predilección. No un sentimiento, sino una realidad consciente a la que nada me puede ofuscar. Un gran misterio se entrelazó entre Dios y yo. El ánimo y la fuerza quedaron en mi alma. Al salir de la adoración, con serenidad miré a los ojos de todo lo que antes tanto temía.

Cuando salí al pasillo, en seguida tuve un gran sufrimiento y humillación por parte de cierta persona. Lo acepté sometiéndome a la voluntad superior y me estreché profundamente al Sacratísimo Corazón de Jesús, el Señor, dando a conocer que estaba dispuesto a aquello a lo que me había ofrecido. El sufrimiento broto como de debajo de la tierra, la misma Madre Margarita se extrañó. A las otras se les perdonan muchas cosas, porque de verdad, no vale la pena hacerles caso, pero a mi no se me perdona nada, cada palabra es analizada, cada paso controlado. Una de las hermanas me dijo: Prepárese, hermana, a aceptar una pequeña cruz que la espera de parte de la Madre Superiora, ¡cuánto lo siento por usted! Y yo en mi alma estoy contenta de eso y desde hace mucho tiempo estoy preparada para ello. Al ver mi valor, se sorprendió. Ahora veo que el alma de por sí no puede mucho, pero con Dios puede todo. He aquí lo que puede la gracia de dios. Son pocas las almas que siempre están atentas a la inspiración de Dios, pero aun menos numerosas son las almas que siguen fielmente la inspiración de Dios. Sin embargo, el alma fiel a Dios no puede confirmar por sí sola sus inspiraciones, tiene que someterlas al control de un sacerdote muy culto y experimentado, y hasta no tener certeza, debe mantener una actitud de incredulidad. Que no se fíe por sí sola de estas inspiraciones y de todas las gracias superiores, porque puede exponerse a muchos daños.

Aunque el alma distingue en seguida las inspiraciones falsas de las que proceden de Dios, no obstante debe ser prudente, porque hay muchas cosas dudosas.  A dios le gusta y se alegra cuando el alma no se fía de Él Mismo por Él Mismo; porque lo ama, es prudente y pregunta y obra en ella es verdaderamente Dios. Y al asegurarse por un confesor instruido, esté tranquila y se entregue a Dios según sus indicaciones, es decir según las indicaciones del confesor.

El amor puro es capaz de grandes empresas y no lo destruyen ni las dificultades ni las contrariedades, si el amor es fuerte a pesar de grandes dificultades, también es perseverante en la vida cotidiana, gris, monótona. Sabe que para agradar a Dios, una cosa es necesaria, es decir hacer las cosas mas pequeñas con gran amor, amor y siempre amor. El amor puro no se equivoca, tiene singularmente mucha luz y no hará nada que no agrade a Dios.  Es ingenioso en hacer lo que es más agradable a Dios y no hay nadie que lo iguale; es feliz cuando puede anonadarse y arder como un sacrificio puro.  Cuanto más se entrega, tanto mas es feliz.  Además, nadie sabe presentir los peligros desde tan lejos como él; sabe quitar la máscara y sabe con quién trata.

Pero mis tormentos están llegando a su fin. El Señor me da la ayuda prometida, la veo en dos sacerdotes es decir en los Padres Andrasz y Sopocko. Durante los ejercicios espirituales antes de los votos perpetuos, por primera vez fui tranquilizada profundamente y después fui guiada en la misma dirección por el Padre Sopocko. En esto se cumplió la promesa del Señor.

Cuando fui tranquilizada e instruida sobre cómo avanzar por estos caminos de Dios, mi espíritu se regocijó en el Señor y me parecía que no caminaba, sino que corría; me fueron desatadas las alas para el vuelo y empecé a volar hacia el ardor mismo del sol y no bajaré hasta descansar en Aquel, en el cual mi alma se sumergió para la eternidad. Y me entregué completamente a la influencia de la gracia. Son grandiosos los descensos divinos hacia mi alma. No me retiro, ni me excuso, sino que me ahogo en Él, como en mi único tesoro. Soy una sola cosa con el Señor, en cierto modo desaparece el abismo entre nosotros, el Creador y la criatura. Durante unos días mi alma estaba en casi continuo éxtasis. La presencia de Dios no me abandonaba ni por un momento. Y mi alma permanecía en una continua unión amorosa con el Señor. Sin embargo eso no me impedía cumplir mis deberes. Sentía que era transformada en el amor, ardía toda, pero sin daño. Me sumergía continuamente en Dios, Dios me atraía hacia Sí con tanta fuerza y fortaleza, que en algunos momentos no me daba cuenta de estar en la tierra. Durante mucho tiempo había reprimido la gracia de Dios y la había temido, ahora Dios Mismo, por medio del Padre Andrasz eliminó todas las dificultades. Mi espíritu fue dirigido hacia el sol y floreció en sus rayos para Él Mismo, ya no entien aquí interrumpe y en un párrafo nuevo empieza una idea nueva.

Malgasté muchas gracias de Dios, porque siempre tenia miedo de la ilusion.  Y aunque Dios me atraia a Sí con tanta fuerza que a menudo no estaba en condiciones de oponerme a su gracia, cuando de repente era sumergida en Él y en aquellos momentos Jesús me llenaba tanto con su paz que después, aunque quisiera inquietarme, no podria.  Entonces oí en mi alma estas palabras:  Para que estés tranquila de que soy Yo el autor de todas estas demandas hechas a ti te daré una tranquilidad tan profunda, que aunque quisieras inquietarte y asustarte, hoy no estaría en tu poder, pero el amor inundará tu alma hasta hacerte olvidar de ti misma.

Mas tarde Jesús me dio otro sacerdote, delante del cual me ordenó descubrir mi alma.  En el primer momento lo hice con cierta vacilación, pero una severa amonestación de Jesús dijo a mi alma una profunda humildad.  Bajo su direccion mi alma avanzo rapidamente en el amor de Dios y muchas exigencias del Señor fueron cumplidas en la práctica. Muchas veces su ánimo y la profundidad de su humildad me hicieron reflexionar.

Oh, qué mísera es mi alma que malgastó tantas gracias.  Me escapaba de Dios, y Él me perseguia con sus gracias.  Muchas veces recibia las gracias de Dios cuando menos las esperaba.  Desde el momento en que el Señor me dio un director espiritual, soy mas fiel a la gracia.  Gracias al director y su vigilancia sobre mi alma entendi lo que es la direccion espiritual y cómo la ve Jesús.  Jesús me amonestaba por el menor descuido y acentuaba que los asusntos que yo confiaba al confesor, Él Mismo los juzgaba, y cualquier desobediencia frente a él, Me alcanza a Mi.  Cuando, bajo su direccion, mi alma empezo a gozar del profundo recogimiento y paz, a menudo oia en el alma estas palabras:  Fortalécete para la lucha, a veces repetidas mas de una vez.

Muchas veces Jesús me da a conocer lo que no le agrada en mi alma, y mas de una vez me amonestó por cosas que parecian insignificantes, pero que en realidad tenian gran importancia, me amonestaba y adiestraba como un Maestro.  Durante muchos años me educó Él Mismo, hasta el momento en que me dio un director espiritual.  Antes Él Mismo me daba a conocer lo que no entendia, y ahora me hace preguntar por todo al confesor y a menudo me dice asi:  Y Yo te contestaré por su boca, quédate tranquila. No me ha sucedido todavía recibir una respuesta contraria a lo que exigia el Señor y que yo presenté al director espiritual.  A veces ocurre que Jesús me recomienda algunas cosas, de las cuales nadie tiene conocimiento y cuando me acerco a la rejilla, lo mismo me recomienda el confesor, pero eso no es frecuente.

Cuando el alma recibió mucha luz y muchas inspiraciones durante largo tiempo y cuando los confesores le confirmaron la tranquilidad y la procedencia de ellas las inspiraciones, si su amor es grande, ahora Jesús le da a conocer que es el tiempo para poner en practica lo que recibió.  El alma conoce que el Señor cuenta con ella y este conocimiento le da mas fuerza, ella sabe que, para ser fiel, tendra que exponerse a distintas dificultades mas de una vez, pero ella confia en Dios y gracias a esta confianza llega alli a donde Dios la llama.  Las dificultades no la espantan, son para ella como el pan de cada día no la espantan nada, ni asustan, como al soldado que continuamente esta en el combate, no le espanta el tronar de los cañones.  [Está] lejos de asustarse, pero aguza los oidos, de qué lado ataca el enemigo, para vencerlo.  No hace nada ciegamente, sino que examina, reflexiona profundamente y sin contar consigo, reza ardientemente y pide consejo de oficiales expertos y con discernimiento; y comportándose asi, gana casi siempre.

Hay ataques, cuando el alma no tiene tiempo de reflexionar, ni de pedir consejo, ni de nada; entonces se debe luchar por la vida o por la muerte; a veces es bueno recurrir a la herida del Corazon de Jesús, sin contestar una sola palabra y por ese acto mismo el enemigo está derrotado.

Durante el tiempo de la paz el alma hace esfuerzos al igual que en el tiempo de la lucha.  Tiene que ejercitarse mucho, porque de lo contrario ni hablar de la victoria. El tiempo de la paz lo considero como el tiempo de preparación para la victoria.  Tiene que vigilar continuamente, vigilancia y, una vez mas, vigilancia.  El alma que reflexiona recibe mucha luz.  El alma disipada se expone a si misma a la caída y que no se sorprenda si cae.  Oh Espíritu Divino, Guía del alma, es sabio aquel a quien Tú adiestras.  Pero, para que el Espíritu Divino pueda obrar en el alma se necesita silencio y recogimiento.

La oración. A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse. Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.

Recuerdo que recibí luz en la mayor abundancia durante la adoración de media hora que hacia todos los días durante la Cuaresma, postrándome en cruz delante del Santísimo Sacramento. En aquel tiempo me conocí mas profundamente a mi y a Dios. Para hacer aquella oración encontré muchos obstáculos, a pesar de tener el permiso de las Superioras. El alma debe saber que para orar y perseverar en la oración, tiene que armarse de paciencia y con esfuerzo superar las dificultades exteriores e interiores. Las dificultades interiores: el desaliento, la aridez, la pereza, las tentaciones; las exteriores: el respeto humano y la necesidad de respetar los momentos destinados a la oración. Yo misma experimenté que si no rezaba la oración en el momento establecido, después tampoco la rezaba, porque no me lo permitían los deberes y si la recé, fue con gran dificultad, porque el pensamiento huía hacia los deberes. Me sucedió también esta dificultad que si el alma había rezado bien la oración y había salido de ella con un profundo recogimiento interior, otras personas perturbaban ese recogimiento. Así, pues, es necesaria la paciencia, para perseverar en la oración. Me sucedió mas de una vez que cuando mi alma estaba sumergida en Dios mas profundamente y sacaba mayor provecho de la oración, y la presencia de Dios la acompañaba durante el día, y en el trabajo había mas concentración y mas perfección, y mas empeño en el deber, no obstante me sucedía que justamente entonces recibía el mayor numero de reproches de ser negligente, indiferente a todo, porque las almas menos recogidas quieren que las demás se les parezcan, ya que constituyen para ellas un remordimiento continuo.

Un alma noble y delicada puede ser también la mas sencilla, pero de sentimientos delicados; tal alma en todo ve a Dios, lo encuentra en todas partes, sabe encontrar a Dios incluso en las cosas mas insignificantes. Para ella todo tiene algún significado, aprecia mucho todo, agradece a Dios por cada cosa, de cada cosa saca provecho para el alma y dirige a Dios toda alabanza. Confía en Él y no se impresiona cuando llega el momento de la prueba. Sabe que Dios siempre es el mejor Padre y da poca importancia a las consideraciones humas. Sigue fielmente el más pequeño soplo del Espíritu Santo, goza por este Huésped espiritual y se agarra a Él como un niño a la madre. Allí otras almas se detienen y asustan. Ella sigue adelante sin temor y sin dificultad.

Cuando el Señor Mismo quiere estar al lado de un alma y guiarla, aleja todo lo que es exterior. Cuando me enfermé y fui trasladada a la enfermería, tuve muchos disgustos por este motivo. Éramos dos las internadas en la enfermería. A Sor N. venían a visitarla otras hermanas, a mi nadie me visitó. Es verdad que la enfermería es una sola, pero cada una tiene su propia celda. Las noches de invierno eran largas, la Hermana N. tenía la luz, los auriculares de la radio y yo ni siquiera pude preparar las meditaciones por falta de luz.

Así pasaron casi dos semanas, una noche me quejaba al Señor de tener muchos tormentos, de no poder ni siquiera preparar las meditaciones por no tener luz y me dijo el Señor que vendría todas las noches y me dictaría los temas para la meditación del día siguiente.  Los temas se referían siempre a su dolorosa Pasión.  Me decía:  Contempla Mi tormento delante de Pilato.  Y así, punto por punto, durante toda la semana contemplé su dolorosa Pasión.  Desde aquel momento una gran alegría entró en mi alma y ya no deseaba ni visitas, ni luz.  Me bastaba Jesús por cada cosa.  Las Superioras, cuidaban muchísimo a las enfermas, sin embargo, el Señor dispuso las cosas de tal manera que me sentí abandonada.  Pero este mejor Maestro, para poder obrar directamente en el alma, apartará todo lo que es creado.  Mas de una vez sufrí tantas y tan distintas persecuciones y tormentos, que la misma Madre M.  me dijo:  En su camino, hermana, los sufrimientos brotan directamente de debajo de la tierra.  Me dijo:  Yo la miro, hermana, como si estuviera crucificada, pero he observado que Jesús de algún modo entra en esto.  Sea fiel al Señor, hermana.

Deseo anotar un sueño que tuve sobre Santa Teresa del Niño Jesús. Era todavía novicia y tenía ciertas dificultades que no lograba resolver. Eran dificultades interiores relacionadas con las dificultades exteriores. Hice muchas novenas a varios santos, sin embargo la situación se hacia cada vez mas pesada. Mis sufrimientos debito a esto eran tan grandes que ya no sabia como seguir viviendo; pero de repente me vino la idea de rogar a Santa Teresa del Niño Jesús. Empecé la novena a esta Santa, porque antes de entrar [en el convento] le tenia una gran devoción. Ahora la había descuidado un poco, pero en esta necesidad, empecé a rogar nuevamente con todo el fervor. El quinto día de la novena soñé con Santa Teresa, pero como si estuviera todavía en la tierra. Me encubrió a mí el conocimiento de que era santa y comenzó a consolarme, que no me entristeciera por ese asunto, sino que confiara más a Dios. Me dijo: Yo también sufrí muchísimo. Pero yo no estaba muy convencida de que ella hubiera sufrido mucho y le dije que me parecía que: Tú no sufriste nada. Pero Santa Teresa contestó, asegurándome que había sufrido mucho y me dijo: Sepa hermana, que dentro de tres días usted resolverá este asunto de la mejor manera. Como yo no estaba muy dispuesta a creerle, ella se me dio a conocer como santa. Entonces la alegría llenó mi alma y le dije: Tú eres santa. Y ella me contestó: Si, soy santa y tú ten confianza en que resolverás este asunto dentro de tres días. Y le dije: Santa Teresita, dime si estaré en el cielo. Me contestó: Estarás en el cielo, hermana. ¿y seré santa? Me contestó: Serás tan santa como yo, pero tienes que confiar en el Señor Jesús. Y le pregunté si mi padre y mi madre estarían en el cielo, si la frase sin terminar me contestó: Estarán. Y pregunté todavía: Y mis hermanas y hermanos, ¿estarán en el cielo? Me contesto que rogara por ellos mucho, sin darme una respuesta clara. Entendí que necesitaban muchas oraciones.

Fue un sueño y según dice el proverbio polaco:  el sueño es una ilusión, mientras Dios es certeza, pero tal y como me había dicho, al tercer día resolví ese difícil problema con gran facilidad.  Según me había dicho, se cumplió en todos los detalles lo referente al asunto.  Fue un sueño, pero tuvo su significado.

Una vez, estaba en la cocina con la Hermana N. y ella se enfadó un poco conmigo y como penitencia me ordenó sentarme en la mesa, mientras ella se puso a trabajar mucho, a arreglar, a fregar, y yo estaba sentada sobre la mesa. Otras hermanas venían y se sorprendían de que estaba sentada en la mesa, cada una dijo lo que quiso. Una, que yo era holgazana, otra que era extravagante. En aquel entonces, yo era postulante. Otras decían ¿Qué clase de hermana será ésta? Pero, yo no podía bajar, porque aquella hermana me ordenó, bajo obediencia, quedarme sentada hasta que me permitiera bajar. De verdad, solamente Dios sabe cuántos actos de mortificación hice entonces. Pensaba que iba a quemarme por la vergüenza.  Dios Mismo lo permitía a veces para mi formación interior, pero el Señor me recompensó por aquella humillación con un gran consuelo.  Durante la bendición lo vi. bajo un aspecto de gran belleza.  Jesús me miró amablemente y dijo:  Hija Mía, no tengas miedo de los sufrimientos.  Yo estoy contigo.

Una noche estaba yo de guardia y sufría tanto en el alma por esta imagen que debía pintar, que ya no sabía qué hacer. Los continuos intentos de hacerme creer que era una ilusión y por otro lado, un sacerdote me dijo que quizás a través de esta imagen, Dios quisiera ser adorado, por eso de debía procurar pintarla. Pero mi alma estaba muy cansada. Al entrar en la pequeña capilla, acerqué mi cabeza al tabernáculo y llamé, y dije: Jesús, mira que grandes dificultades tengo por esta imagen, y oí una voz que salía del tabernáculo: Hija Mía, tus sufrimientos ya no durarán mucho tiempo.

Un día vi. dos caminos: un camino ancho, cubierto de arena y flores, lleno de alegría y de música y de otras diversiones. La gente iba por este camino bailando y divirtiéndose, llegaba al final sin advertir que ya era el final. Pero al final del camino había un espantoso precipicio, es decir el abismo infernal. Aquellas almas caían ciegamente en ese abismo; a medida que llegaban, caían. Y eran tan numerosas que fue imposible contarlas. Y vi. también como camino o mas bien un sendero, porque era estrecho y cubierto de espinas y de piedras, y las personas que por él caminaban [tenían] lagrimas en los ojos y sufrían distintos dolores. Algunas caían sobre las piedras, pero en seguida se levantaban y seguían andando. Y al final del camino había un esplendido jardín, lleno de todo tipo de felicidad y allí entraban todas aquellas almas. En seguida, desde el primer momento olvidaban sus sufrimientos.

Cuando era la adoración de las Hermanas de la Familia de Maria, al anochecer, con una de las hermanas fui a esa adoración.  Cuando entre en la capilla, la presencia de dios envolvió mi alma en seguida.  Oraba así como en ciertos momentos, sin decir una palabra.  De repente vi. Al Señor que me dijo:  Has de saber que si descuidas la cuestión de pintar esta imagen y de toda la obra de la misericordia, en el día del juicio responderás de un gran numero de almas.   Después de estas palabras del Señor cierto temblor y un temor entraron en mi alma.  No lograba tranquilizarme sola. Me sonaban estas palabras:  Sí, el día del juicio divino deberé responder no solamente de mi misma, sino también de otras almas.  Estas palabras se grabaron profundamente en mi corazón.  Cuando volví a casa, entré en el pequeño Jesús, caí de cara al suelo delante del Santísimo sacramento y dije al Señor:  Haré todo lo que este en mi poder, pero te ruego, quédate siempre conmigo y dame fortaleza para cumplir Tu santa voluntad, porque Tú puedes todo, y yo no puedo nada por mi misma.

Desde hace algún tiempo me sucede sentir en el alma cuando alguien reza por mi, lo siento inmediatamente en el alma; y en cambio cuando algún alma me pide la oración, aunque no me lo diga, yo lo siento igualmente en el alma. Lo siento como una inquietud, como si alguien me llamara; cuando rezo, obtengo la paz.

Una vez deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenia cierta duda y no me acerqué. Sufrí terriblemente a causa de ello. Me parecía que el corazón se me reventaría del dolor. Cuando me dedique a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús, se puso a mi lado y me dijo: Hija Mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto no te detengan ningunas dudas en unirte a Mi en Mi misterio de amor. Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada a un gran fuego. Debes saber que Me entristeces mucho, cuando no Me recibes en la Santa Comunión.

Por la noche, al entrar en la pequeña capilla, oí en el alma estas palabras: Hija Mía, considera estas palabras: y sumido en la angustia, oraba mas tiempo. Cuando empecé a reflexionar mas profundamente sobre ellas, mucha luz me ilumino que de tal fatigosa oración depende a veces nuestra salvación.

Cuando fui a Kiekrz, para sustituir algún tiempo a una de las hermanas, una tarde atravesé la huerta y me detuve a la orilla del lago, y durante un largo momento me quedé pensando en aquel elemento de la naturaleza. De repente vi a mi lado al Señor Jesús que me dijo amablemente: Lo he creado todo para ti, esposa Mía, y has de saber que todas las bellezas son nada en comparación con lo que te he preparado en la eternidad. Mi alma fue inundada de un consuelo tan grande que me quedé allí hasta la noche y me pareció que estuve un breve instante. Aquel día lo tenia libre, destinado al retiro espiritual de un día, pues tenia plena libertad para dedicarme a la oración. Oh, que infinitamente bueno es Dios, nos persigue con su bondad. Con mucha frecuencia el Señor me concede las mayores gracias cuando yo no las espero en absoluto.

Oh, Hostia Santa, Tú estás encerrada para mi en un cáliz de oro, para que en la grande selva del exilio  yo camine pura, inmaculada, intacta, y que lo haga el poder de Tu amor.

Oh, Hostia Santa, habita en mi alma, purísimo Amor de mi corazón; que Tu luz disipe las tinieblas; tú no niegas la gracia a un corazón humilde. Oh, Hostia Santa, Delicia del Paraíso, aunque ocultas Tu belleza y Te presentas a mí en una miga de pan la fuerte fe desgarra este velo.

El día de la cruzada – que es el quinto día de cada mes, cayó en el primer viernes. Hoy es mi día para estar de guardia delante de Jesús. En este día mío, mi tarea es compensar al Señor por todos los insultos y faltas de respeto, rogar para que en este día no se cometa ningún sacrilegio.  En aquel día mi espíritu estaba inflamado de un amor singular hacia la Eucaristía.  Me parecía que estaba transformada en el ardor.  Cuando, para tomar la Santa Comunión, me acerqué al sacerdote que me daba a Jesús, otra Hostia se pego a la manga y yo no sabia cual tomar.  Cuando estaba deliberando así un momento, el sacerdote impaciente, hizo una señal con la mano para que la tomara.  Cuando tomé la Hostia que me entregaba, la otra me cayó en las manos.  El sacerdote fue al final del comulgatorio para distribuir la Santa Comunión y yo tuve al Señor Jesús en las manos durante todo ese tiempo.  Cuando el sacerdote se acercó otra vez, le di la Hostia para que la pusiera en el cáliz, porque en el primer momento, al haber recibido a Jesús, no pude decir que la otra había caído solo después de haberla pasado.  Cuando tenía la Hostia en las manos, sentí tanta fortaleza del amor que durante el día entero no pude comer nada, ni recobrar el conocimiento.  De la Hostia oí estas palabras: Deseaba descansar en tus manos, no solamente en tu corazón, y de repente en aquel momento vi. al Niño Jesús.  Pero al acercarse el sacerdote, otra vez vi la Hostia.

161  Oh Maria, Virgen Inmaculada, puro cristal para mi corazón, tú eres mi fuerza, oh ancla poderosa, tú eres el escudo y la defensa para el corazón débil. Oh Maria, Tú eres pura e incomparable, Virgen y Madre a la vez Tú eres bella como el sol, sin mancha alguna, Nada se puede comparar con la imagen de Tu alma Tu belleza encantó el ojo del tres veces Santo, y bajó del cielo, abandonando el trono de la sede eterna, y tomó el cuerpo y la sangre de Tu Corazón durante nueve meses escondiéndose en el Corazón de la Virgen. Oh Madre, Virgen, nadie comprenderá, que el inmenso Dios se hace hombre, sólo por amor y por su insondable misericordia, a través de Ti, oh Madre, viviremos con Él eternamente. Oh Maria, Virgen Madre y Puerta Celestial, a través de Ti nos ha llegado la salvación todas las gracias brotan para nosotros a través de Tus manos y me santificara solamente un fiel seguimiento de Ti. Oh Maria, Virgen, Azucena mas bella, tu corazón fue el primer tabernáculo para Jesús en la tierra, y por eso porque Tu humildad fue la más profunda, y por eso fuiste elevada por encima de los coros de los ángeles y de los santos. Oh Maria, dulce Madre mía, te entrego el alma, el cuerpo y mi pobre corazón, Sé tú la custodia de mi vida,  y especialmente en la hora de la muerte, en el último combate.  JMJ. Jesús, en Ti confío. Año 1937, mes I, día 1

Anotación para el control interior del alma.  Examen particular – unirme a Cristo misericordioso. Práctica:  el silencio interior, estricta observancia del silencio.

La conciencia

Enero  Dios y el alma, silencio. Victorias  - 41, caídas   -  4. Jaculatoria:     Y Jesús callaba.

Febrero Dios y el alma, silencio. Victorias  - 36, caídas  - 3 Jaculatoria:  Jesús, en Ti confío.

Marzo Dios y el alma, silencio. Victorias  - 51, caídas  - 2. Jaculatoria:      Jesús, incendia mi corazón con amor.

Abril Dios y el alma, silencio. Victorias - 61, caídas – 4.  Jaculatoria:  Con Dios lo puedo todo.

Mayo Dios y el alma, silencio. Victorias  - 92, caídas -   3.  Jaculatoria:  En su Nombre está mi fuerza.

Junio  Dios y el alma, silencio.  Victorias  - 64, caídas   -  1 Jaculatoria:  Todo para Jesús.

Julio  Dios y el alma, silencio.  Victorias  -  62, caídas - 8   Jaculatoria: Jesús, descansa en mi corazón.

Agosto Dios y el alma, silencio. Victorias  -  88, caídas   - 7 Jaculatoria: Jesús, Tú sabes …

Septiembre Dios y el alma, silencio. Victorias – 99, caídas 1

Octubre  Dios y el alma, silencio.  Victorias – 41, caídas – 3  Jaculatoria: Maria, úneme a Jesús.

                                      Aquí viene otra anotación – retiro

Noviembre  Dios y el alma, silencio. Victorias, caídas. Jaculatoria:  Oh Jesús mío, misericordia.

Diciembre  Dios y el alma, silencio.  Victorias, caídas.  Jaculatoria: Te saludo, Hostia viviente.  JMJ Año 1937

Ejercicio general

Cuantas veces respira mi pecho, cuantas veces late mi corazón, cuantas veces pulsa la sangre en mi cuerpo, esa cantidad por mil, es el número de veces que deseo glorificar Tu misericordia, oh Santísima Trinidad. Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.  Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.

Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio.  Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo.  A nadie le rehusaré mi corazón.  Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad.  Y yo misma me encerrare en el misericordiosísimo Corazón de Jesús.  Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.  Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.

Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia.  El primero:  la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea.  El segundo:  la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras.  El tercero:  la oración.  Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración.  Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar. Oh Jesús mío, transfórmame en Ti, porque Tú puedes hacer todo. En este lugar hay cuatro páginas en blanco. JMJ Varsovia, año 1933

La probación antes de los votos perpetuos. Cuando supe que debía salir a la probación, la alegría latió en mi corazón frente a la gracia tan inconcebible, como lo es el voto perpetuo.  Fui donde estaba el Santísimo Sacramento y cuando me sumergí en una oración de gracias, oí en el alma estas palabras:  Niña Mía, tú eres Mi deleite, tú eres la frescura de Mi Corazón.  Te concedo tantas gracias, cuantas puedes llevar.  Siempre que quieras agradarme, habla al mundo de Mi gran e insondable misericordia.

Algunas semanas antes de que me anunciaran la probación, al haber entrado yo un momento en la capilla, Jesús me había dicho:  En este momento las Superioras están anunciando cuales de las hermanas tendrán los votos perpetuos.  No todas obtendrán esta gracia, pero son ellas mismas las que tienen la culpa.  Quien no se beneficia de las gracias pequeñas – no recibirá las grandes.  Pero a ti, niña Mía, esta gracia es concedida.   Un asombro gozoso envolvió mi alma y eso porque unos días antes una de las hermanas me había dicho, usted hermana, no tendrá la tercera probación.  Yo misma procurare que usted no sea admitida a los votos.  No había contestado a aquella hermana, pero eso fue muy desagradable para mí, sin embargo traté de esconder mi dolor, cuanto pude.

Oh, Jesús, que admirable es Tu obrar.  Ahora veo que los hombres por si solos pueden muy poco, porque tuve la probación tal y como me había dicho Jesús.

En la oración siempre encuentro luz y fortaleza del espíritu, aunque a veces hay momentos pesados y muy desagradables, hasta tal punto que a veces no se alcanza a comprender que tales cosas pueden suceder en un convento.  Por razones misteriosas Dios lo permite a veces, pero eso sucede siempre para que en el alma destaque una virtud, o para que se forme.  Para esto sirven los disgustos.

Hoy noviembre de 1932 llegué a Varsovia para la tercera probación.  Tras un cordial saludo con las queridas Madres, entré un momento en la pequeña capilla.  La presencia de Dios inundó mi alma y oí estas palabras:  Hija Mía, deseo que tu corazón sea formado a semejanza de Mi Corazón misericordioso.  Debes ser impregnada completamente de Mi misericordia.

La querida Madre Maestra en seguida me preguntó si este año había hecho los ejercicios espirituales.  Contesté que no.  “Pues, primero, tiene que hacer usted por lo menos tres días de ejercicios espirituales.”

Gracias a Dios, en Walendów había ejercicios espirituales de ocho días, así que pude aprovecharlos.  Sin embargo empezaron las dificultades cuando se trató de ir a esos ejercicios.  Cierta persona estaba muy en contra, y yo ya no iba a partir.  Después de comer fui a una adoración de cinco minutos.  Entonces vi. a Jesús que me dijo:  Hija Mía, te estoy preparando muchas gracias que recibirás durante los ejercicios espirituales, que empezarás mañana.   Contesté:  Jesús, los ejercicios han empezado ya, y yo no voy a ir.  Y me dijo: Tú, prepárate, porque mañana empezarás los ejercicios espirituales y tu salida, Yo la arreglaré con tus Superioras.  Y Jesús desapareció repentinamente.  Me puse a pensar en cómo sucedería eso.  Pero en un solo instante dejé de pensarlo, dedicando ese momento a la oración, pidiendo al Espíritu Santo que me diera la luz para conocer toda la miseria que soy.  Y después de un instante Salí de la capilla a mis deberes.  Poco después la Madre General [94] me llama y me dice:  Hermana, hoy mismo usted irá a Walendów con la Madre Valeria, para que ya desde mañana pueda empezar los ejercicios espirituales.  Afortunadamente está [aquí] la Madre Valeria, entonces irán juntas.  No habían pasado dos horas y ya estaba en Walendów.  Me ensimismé un momento y entendí que solamente Jesús pudo solucionar las cosas de esta manera.

Cuando me vio aquella persona que se oponía intensamente a que yo hiciera los ejercicios espirituales, mostró su sorpresa y su descontento. Sin embargo yo, sin reparar en nada, la saludé cordialmente y fui a hacer una visita al Señor, para pedir instrucciones cómo comportarme durante los ejercicios espirituales.

Mi conversación con el Señor Jesús antes de empezar los ejercicios espirituales. Jesús me dijo que esos ejercicios serian un poco diferente de los otros. Al tratar Conmigo procurarás alcanzar una profunda calma. Eliminaré todas las incertidumbres al respecto. Yo sé que ahora estás tranquila, mientras te estoy hablando; pero en cuanto deje de hablar, empezarás a buscar dudas, pero has de saber que fortaleceré tu alma hasta tal punto que aunque quisieras inquietarte no estaría en tu poder. Y como prueba de que soy Yo quien te habla, el segundo día de los ejercicios espirituales irás a confesarte con el sacerdote que dirige los ejercicios. Irás a él en cuanto termine la meditación y preséntale los temores que tienes respecto a Mi, y Yo te contestaré por su boca y entonces terminarán tus dudas. Durante esos ejercicios espirituales observa un silencio tan riguroso como si en tu alrededor no existiera nada. Hablarás solamente Conmigo y con el confesor, a las Superioras les pedirás solamente penitencias. Me alegré muchísimo de que el Señor Jesús me hubiera mostrado tanta benevolencia y de que se hubiera humillado hacia mí.

Primer día de los ejercicios espirituales. Por la mañana procuré ser la primera en llegar a la capilla, antes de la meditación tuve todavía un momento para la oración al Espíritu Santo y a la Santísima Madre. Pedí ardientemente a la Virgen que me obtuviera la gracia de ser fiel a esas inspiraciones interiores y que yo cumpliera fielmente toda la voluntad de Dios. Inicié esos ejercicios con un ánimo muy especial.

Lucha por mantener el silencio.  Como sucede normalmente, a los ejercicios espirituales vienen hermanas de varias casas.  Una de las hermanas que yo no había visto desde hacia mucho tiempo, vino a mi celda y dijo que tenia algo que decirme.  No le contesté nada y ella se dio cuenta de que yo no quería romper el silencio.  Me contestó:  No sabia, hermana, que usted fuera tan rara, y se fue.  Entendí que esa persona no tenia otro interés hacia mi que el de satisfacer su curioso amor propio.  Oh Dios mantenme en la fidelidad.

El Padre que dirigía los ejercicios espirituales, era de América.  Vino a Polonia por poco       tiempo y coincidió que nos predicara los ejercicios a nosotras.  En ese hombre se reflejaba una profunda vida interior.  Su aspecto revelaba la grandeza del espíritu; la mortificación y el recogimiento caracterizaban a aquel sacerdote.  Sin embargo, a pesar de las grandes virtudes que aquel sacerdote poseía, experimenté enormes dificultades para revelarle mi alma en cuanto a las gracias, porque en cuanto a los pecados es siempre fácil, pero en lo que se refiere a las gracias, de verdad tengo que imponerme un gran esfuerzo y aun con esto no digo todo.

Tentaciones de Satanás durante las meditaciones.  Me invadió extrañamente el temor de que el sacerdote no me entendiera o no tuviera tiempo para que pudiera exponerle todo.  ¿Cómo le hablaré de todo esto?  Si fuese el Padre Bukowski, me resultaría más fácil, pero a este jesuita lo veo por primera vez.  En ese momento me vino a la mente el consejo del Padre Bukowski, quien me había dicho que cuando hiciera los ejercicios espirituales, debería tomar nota, aunque brevemente, de la luz que Dios me mandaría y por lo menos de eso darle cuenta, aunque brevemente.  Oh Dios mío, un día y medio me ha pasado tan fácilmente:  ahora esta empezando la lucha de vida o muerte.  Dentro de media hora debe haber la meditación y después tengo que ir a confesarme.  Satanás me hace creer que si las Superioras dijeron que mi vida es una ilusión, ¿para qué preguntar todavía y molestar al confesor?  Después de todo, la M. X te dijo que Jesús no tiene ese tipo de relaciones con almas tan miserables; lo mismo te dirá ese confesor.  ¿A qué hablar de esto?  Al fin y al cabo no son pecados, y la Madre X te dijo explícitamente que todos esos contactos con el Señor Jesús son un sueño, pura histeria, pues, ¿para qué hablar de eso a ese sacerdote?  Vas a hacer mejor si lo rechazas todo como una ilusión.  Mira, cuántas humillaciones sufriste y cuántas sufrirás todavía, además las hermanas saben que eres histérica.  ¡Oh Jesús!, grité con toda la fuerza de mi alma.  Justo en aquel momento el Padre salió para dar la conferencia.  Habló brevemente, como si tuviera prisa.  Terminada la conferencia se sentó en el confesionario.  Miré alrededor, ninguna hermana se acercaba.  Me levanté rápidamente de mi reclinatorio y en un momento estaba junto a la rejilla.  No hubo tiempo para ninguna reflexión.

En vez de hablar al Padre de mis dudas que me fueron infundidas respecto a Jesús, comencé a relatarle todas las tentaciones que he descrito arriba. Sin embargo el confesor se dio cuenta en seguida de mi situación y dijo: Hermana, usted no confía en Jesús, porque se comporta con usted con tanta benevolencia. Pues, hermana, este completamente tranquila. Jesús es su Maestro y su comunión con Jesús no es ni una histeria, ni un sueño, ni una ilusión. Sepa hermana, que está en el buen camino. Trate de ser fiel a estas gracias y no debe evitarlas. No es nada necesario que usted hable de estas gracias interiores a las Superioras, si no fuera por una orden clara de Jesús, y antes consulte al confesor. Pero si Jesús pide alguna cosa que está al exterior, entonces, tras consultar al confesor, usted debe cumplir lo que el Señor pide, aunque eso la cueste muchísimo. Y por otra parte, usted, hermana tiene que hablar de todo con el confesor. No hay absolutamente otro camino para usted. Ore, hermana, para obtener un director espiritual, porque en el caso contrario, usted desperdiciará estos grandes dones de Dios. Le repito otra vez esté tranquila, usted está en el buen camino. Ignore todo y siempre sea fiel al Señor Jesús, sin reparar en lo que digan de usted, hermana. Precisamente con tales almas miserables el Señor Jesús trata de esta manera y cuánto mas usted se humille, tanto mas Jesús se unirá a usted.

Cuando me alejé de la rejilla, una alegría inconcebible inundó mi alma hasta tal punto que me retiré a un lugar apartado en el jardín, para esconderme de las hermanas y permitir al corazón desbordarse plenamente hacia Dios. La presencia de Dios me penetró por completo y en un solo momento toda mi nada se sumergió en Dios y en aquel momento sentí, es decir distinguí las Tres Personas Divinas que habitaban en mí, y la paz que tenia en el alma era tan grande que me asombraba yo misma, de cómo había sido posible estar intranquila.

Propósito: Fidelidad a las inspiraciones interiores, aunque eso me costara no sé cuánto. No hacer nada por mi misma sin consultar antes al confesor.

Renovación de los votos. Desde la primera hora, cuando me desperté, en seguida mi alma se sumergió entera en Dios, en este océano de amor. Sentía que estaba toda sumergida entera en Él. Durante la Santa Misa mi amor hacia Él alcanzó una gran intensidad. Después de renovar los votos y de la Santa Comunión, de repente vi. al Señor Jesús que me dijo con benevolencia: Hija Mía, mira Mi Corazón misericordioso. Cuando me fijé en este Corazón Santísimo, salieron los mismos rayos que están en la imagen, como Sangre y Agua, y entendí lo grande que es la misericordia del Señor. Y Jesús volvió a decir muy amablemente: Hija Mía, habla a los sacerdotes de esta inconcebible misericordia Mía. Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, y las almas no quieren creer en Mi bondad. De repente Jesús desapareció. Sin embargo, todo el día mi espíritu estuvo sumergido en la sensible presencia de Dios, a pesar del ruido y de la conversación que suele haber después de los ejercicios espirituales. A mi eso no me molestó nada. Mi espíritu estaba en Dios, a pesar de que exteriormente yo tomaba parte en las conversaciones y hasta fui con una visita a Derdy.

Hoy empezamos la tercera probación. Nos reunimos las tres junto a la M. Margarita, porque las demás hermanas tenían la tercera probación en el noviciado. La Madre Margarita empezó con una plegaria y una explicación sobre lo que consiste la tercera probación, y recordó lo grande que es la gracia de los votos perpetuos. De repente me vino un gran llanto. En un solo momento, delante de los ojos de mi alma aparecieron todas las gracias de Dios y me vi. tan miserable e ingrata frente a Dios. Las hermanas empezaron a reprenderme ¿por qué se puso a llorar tanto? Pero la Madre Maestra me defendió y dijo que eso no la asombraba. Terminada la hora fui delante del Santísimo sacramento y como la miseria y la nada más grandes, le suplique por su misericordia y que se dignara sanar y purificar mi pobre alma.  De repente oí estas palabras:  Hija Mía, todas tus miserias han sido quemadas en el fuego de Mi amor, como una pajita arrojada en unas llamas enormes.  Y con esta humillación atraes a ti y a otras almas todo el mar de Mi misericordia.  Y contesté: Jesús, forma mi pobre corazón según Tu divina complacencia. 

Durante todo el periodo de la probación mi tarea fue la de ayudar a la hermana en el vestuario. Esta tarea me dio muchas ocasiones para ejercitarme en las virtudes. Más de una vez, iba tres veces [seguidas] a llevar ropa interior a ciertas hermanas y no era suficiente para satisfacerlas. Pero conocí también grandes virtudes de algunas hermanas, que pedían siempre traerles lo peor de todo el vestuario. Admiraba ese espíritu de humildad y de mortificación.

Durante el Adviento se despertó en mi alma un vivo deseo de Dios. Mi espíritu anhelaba a Dios con toda la fuerza de su ser. En aquel tiempo el Señor me dio mucha luz para que conociera sus atributos. El primer atributo que el Señor me dio a conocer, fue su Santidad.  Esta Santidad es tan grande que delante de Él tiemblan todas las Potencias y todas las Fuerzas.  Los espíritus puros encubren sus rostros y se sumergen en adoración permanente, y la única expresión de su adoración sin límites es Santo… La Santidad de Dios es derramada sobre la Iglesia de Dios y sobre cada alma que vive en ella pero no en grado igual.  Hay almas completamente divinizadas, pero hay también almas apenas vivas.

El segundo atributo que el Señor me dio a conocer, fue su Justicia.  Su Justicia es tan grande y penetrante que llega hasta el fondo de la esencia de las cosas y delante de Él todo se presenta en desnuda verdad, y nada podría continuar subsistiendo.

El tercer atributo fue el Amor y la Misericordia.  Y entendí que el mayor atributo es el Amor y la Misericordia.  El une la criatura al Creador.  El amor más grande y el abismo de la misericordia los reconozco en la Encarnación del Verbo, en su redención, y de esto entendí que éste es el más grande atributo de Dios.

Hoy limpiaba la habitación de una de las hermanas. A pesar de que trataba de limpiarla con máximo esmero, ella me seguía diciendo durante todo el tiempo: Aquí hay polvo, allí una manchita en el suelo. A cada señal suya yo pasaba y repasaba lo mismo, hasta diez veces, para tenerla contenta. No es el trabajo que cansa sino la habladuría y las exigencias desmedidas. No la satisfizo mi martirio de un día entero, sino que fue a la Maestra para quejarse. Le digo, Madre, ¡qué hermana tan desatenta!, no sabe apresurase. Al día siguiente fui a hacer el mismo trabajo sin una palabra de explicación. Cuando volvió a molestarme, pensé: Jesús, es posible ser un mártir silencioso; las fuerzas disminuyen no por el trabajo, sino por este martirio.

Comprendí que algunas personas tienen un don especial de atormentar a los demás. Los ejercitan a más no poder. Pobre aquella alma que cae bajo su mano. No cuenta nada, las mejores cosas son juzgadas al revés.

Vigila de la Noche Buena

Hoy me uní estrechamente a la Santísima Virgen, viví sus momentos íntimos.  Por la noche, antes de partir “oplatek”*, entré en la capilla, para intercambiarlo espiritualmente con las personas queridas y pedí a la Virgen las gracias para ellas.  Mi espíritu estaba sumergido completamente en Dios.  Durante la Santa Misa de Medianoche vi. al Niño Jesús en la Hostia; mi Espíritu se sumergió en Él.  Aunque era un Niñito, su Majestad penetró mi alma.  Me impresionó profundamente este misterio, este gran humillarse de Dios, este inconcebible anonadamiento Suyo.  Durante toda la fiesta de la Navidad lo tuve vivo en el alma.  Oh, nosotros nunca comprenderemos este gran humillarse de Dios; cuanto mas lo medito aquí la frase ha quedado interrumpida.

En Polonia antes de empezar la cena de la Nochebuena, todos los miembros de la familia y otras personas reunidas en torno a la mesa navideña, parten “oplatek” (leer – opuatek, que es un trozo de la hostia no consagrada) y se dan augurios para todo el año.  Es una tradición muy antigua y muy difundida.

Una mañana, después de la Santa Comunión, oí esta voz:  Deseo que Me acompañes cuando voy a los enfermos.   Contesté que estaba de acuerdo, pero un momento después reflexioné:  ¿Cómo voy a hacerlo? Dado que las hermanas del segundo coro no acompañan al Santísimo Sacramento, siempre van las Hermanas Directoras. Pensé que Jesús lo solucionaría.  Pocos minutos después, la Madre Rafaela mandó llamarme y me dijo:  Hermana, usted va a acompañar al Señor Jesús, cuando el sacerdote visite a los enfermos.  Y durante todo el tiempo de la probación, siempre iba con luz, acompañando a Jesús y como un oficial de Jesús procuraba siempre ceñirme con un pequeño cinturón de hierro, porque no estaría bien acompañar al Rey vestida como de costumbre.  Esa mortificación la ofrecía por los enfermos.

La Hora Santa.  Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor.  No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente ví. al pequeño Niño Jesús.  Y su Majestad me penetró y dije:  Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor.  Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez. Todos los sufrimientos y las dificultades las ofrecía a Jesús como una ofrenda floral para el día de nuestros desposorios perpetuos.  Nada me resultaba difícil al recordar que lo hacia por mi Esposo, como una prueba de mi amor hacia Él.

Mi silencio para Jesús.  Procuraba mantener un gran silencio por Jesús.  En medio del mayor ruido, Jesús siempre encontraba silencio en mi corazón, aunque a veces eso me costó mucho.  Pero por Jesús, ¿qué puede resultar grande por Aquel a quien amo con toda la fuerza de mi alma?

Hoy, Jesús me dijo:  Deseo que conozcas mas profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tu comprenderás esto cuando medites Mi Pasión.  Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su  salvación.  Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión.  Esta oración es la siguiente:

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío

En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi. Al Señor Jesús sufriendo la flagelación.  ¡Oh, que suplicio inimaginable!  Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación!  Oh pobres pecadores, ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto?  Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse.  Y vi. en la espalda algunos de sus huesos descarnados… Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.

En cierta ocasión Jesús me dió a conocer lo mucho que le agrada el alma que observa fielmente la regla. El alma obtiene mayor recompensa por ser fiel a la regla que por las penitencias y por grandes mortificaciones.  Pero si éstas son emprendidas fuera de la regla, aunque también reciben la recompensa, pero no superior a la de la regla.

Durante una adoración el Señor me pidió que me ofreciera a Él como victima por un sufrimiento que serviría de reparación en la causa de Dios y no solamente en general por los pecados del mundo, sino en particular por las faltas cometidas en esta casa.  Dije en seguida que sí, que estaba dispuesta.  No obstante, Jesús me dio a conocer lo que debía sufrir y en un solo momento se presentó y pasó delante de los ojos de mi alma todo el martirio.  Primero, mis intenciones no serian reconocidas, varias sospechas y desconfianzas, toda clase de humillaciones y contrariedades, no las enumero todas. Delante de los ojos de mi alma todo se presentó como una tempestad sombría, de la que un momento después iban a soltarse rayos, que estaban esperando solamente mi consentimiento.  Mi alma quedó espantada durante un momento.  De repente sonó la campanilla para el almuerzo. Salí de la capilla temblorosa e indecisa.  Sin embargo aquel sacrificio estaba continuamente delante de mi, porque ni había decidido aceptarlo ni tampoco había dicho no al Señor. Quería someterme a su voluntad.  Si Jesús Mismo me la asignaba, estaba preparada.  Pero Jesús me dio a conocer que era yo quien debía aceptar voluntariamente y con pleno conocimiento, porque si no, no tendría ningún significado.  Todo su valor consistía en mi acto voluntario frente a Él, pero al mismo tiempo el Señor me dio a conocer que eso estaba en mi poder.  Lo podía hacer, pero podía también no hacerlo.  En aquel momento contesté: Jesús, acepto todo, cualquier cosa que quieras mandarme; confío en Tu bondad.  En un instante sentí que con este acto rendí un gran honor a Dios.  Pero me armé de paciencia.  Al salir de la capilla, me enfrenté en seguida con la realidad.  No quiero describirlo con detalles, pero hubo tanto cuanto pude soportar, no hubiera podido soportar ni una gota más.

Una mañana, oí en el alma estas palabras:  Ve a la Madre General y dile que tal cosa, en tal casa no Me agrada.  No puedo decir qué cosa ni en que casa, pero a la Madre General se lo dije, aunque me costó muchísimo.

Una vez me cargué con una espantosa tentación que atormentaba a una de nuestras alumnas en la casa de Varsovia. Era la tentación del suicidio.  Sufrí durante siete días y después de siete días Jesús le concedió la gracia y entonces terminó mi sufrimiento.  Es un gran sufrimiento.  A menudo me cargo con tormentos de nuestras alumnas.  Jesús me lo permite, y los confesores también

Mi corazón es la morada estable de Jesús.  Además de Jesús nadie tiene acceso a él.  De Jesús recojo fuerzas para luchar contra todas las dificultades y contrariedades.  Deseo transformarme en Jesús para poder dedicarme perfectamente a las almas.  Sin Jesús no me acercaría a las almas, porque sé lo que soy yo por mi misma.  Absorbo a Dios en mí, para entregarlo a las almas.

Deseo cansarme, trabajar, anonadarme por nuestra obra de salvacion de las almas inmortales.  No importa si estos esfuerzos acortan mi vida, dado que ella ya no me pertenece, porque es la propiedad de la Congregación.  Por la fidelidad a la Congregación deseo ser util a toda la Iglesia.

195 Oh Jesús, hoy mi alma está como ensombrecida por el sufrimiento. Ni un solo rayo de luz. La tormenta arrecia y Jesús está dormido. Oh mi Maestro, no voy a despertarte, no voy a interrumpir Tu dulce sueño. Yo creo que Tú me estás fortificando, sin que yo lo sepa.

Hay horas enteras en las cuales Te adoro, oh Pan Vivo, entre una gran aridez del alma.  Oh Jesús, Amor Puro, no necesito consolaciones, me alimento de Tu voluntad, oh Soberano.  Tu voluntad es el fin de mi existencia.  Me parece que el mundo entero está a mi servicio y depende de mi.  Tu, oh Señor comprendes mi alma en todas sus aspiraciones. Jesús, cuando yo misma no puedo cantarte el himno del amor, admiro el canto de los serafines, tan amados por Ti.  Deseo, como hacen ellos, ahogarme en Ti.  A tal amor nada puede detenerlo, porque ninguna fuerza tiene poder sobre él.  El se parece a un relámpago que ilumina la oscuridad, pero no se queda en ella. Oh Maestro mío, Tú Mismo modela mi alma según Tu voluntad y Tus proyectos eternos.

Cierta persona se propuso como tarea ejercitarme de distintos modos en la virtud.  Un día me detuvo en el pasillo y empezó por decirme que no tenia por que llamarme la atención, no obstante me mandó estar de pie durante media hora enfrente de la pequeña capilla y esperar a la Madre Superiora, y cuando aquella regresara después del recreo, inculparme de diversas cosas, que ella me dijo para que me acusara de ellas.  Aunque en el alma no tenia la menor idea de eso, no obstante obedecí y esperé media hora a la Superiora.  Cada hermana que pasaba a mi lado, miraba sonriendo. Al haberme acusado frente a la Madre Superiora, me mandó al confesor, cuando me acerqué a la confesión, el sacerdote se dio cuenta en seguida de que eso era algo que no procedía de mi alma, y que yo no tenia la menor idea de aquellas cosas y se extrañó de que aquella persona hubiera podido decidirse a dar tales órdenes.

Oh  Iglesia de Dios, tú eres la mejor madre, sólo tu sabes educar y hacer crecer al alma.  Oh,   cuanto amor y cuanta veneración tengo para la Iglesia, la mejor de las madres.

Una vez el Señor me dijo: Hija Mía, tu confianza y tu amor impiden Mi justicia y no puedo castigar porque Me lo impides.  Oh. Cuanta fuerza tiene el alma llena de confianza.

Cuando pienso en los votos perpetuos y en quien es Aquel que desea unirse a mí, este pensamiento me induce a meditar sobre Él durante horas enteras.  ¿Cómo va a suceder esto?  Tú eres Dios y yo una criatura Tuya, Tú eres el Rey Inmortal y yo una mendiga y la miseria misma.  Pero ahora ya lo tengo todo claro en realidad, este abismo, Señor, lo llenarán Tu gracia y amor.  Este amor llenará el abismo que hay entre Tú, Jesús, y yo.

Oh Jesús, que profundamente herida queda un alma cuando trata siempre de ser sincera y la acusan de hipocresía, y la tratan con desconfianza.  Oh Jesús, Tu has sufrido esto también para dar una reparación a Tu Padre.

Deseo esconderme de manera que ninguna criatura conozca mi corazón, Oh Jesús, solo Tú conoces mi corazón y lo posees totalmente.  Nadie conoce nuestro secreto; con una mirada nos entendemos mutuamente.  Desde el momento en que nos hemos conocido, soy feliz. Tu grandeza me llena plenamente.  Oh Jesús, cuando estoy en el último lugar y el más bajo de las postulantes, incluso las más jóvenes, entonces me siento en el lugar apropiado para mí.  No sabía que en aquellos rinconcitos oscuros el Señor había colocado tanta felicidad.  Ahora entiendo que incluso en la cárcel, de un corazón puro puede prorrumpir una abundancia de amor por Ti. Señor.  Las cosas exteriores no tienen importancia para un amor puro, él penetra todo.  Ni las puertas de una cárcel, ni las puertas del cielo presentan alguna fuerza para él.  Él llega a Dios Mismo y nada es capaz de apagarlo.  Para él no existen barreras, es libre como un rey y tiene la entrada libre en todas partes.  La muerte misma tiene que bajar la cabeza frente a él…

Hoy ha venido a visitarme una hermana mía de sangre.  Cuando me ha contado sus intenciones, he temblado de miedo, ¿es posible esto?  Esta querida alma bella frente a Dios, no obstante unas grandes tinieblas habían bajado sobre ella y no sabia defenderse.  Todo lo veía en negro.  El buen Dios me la ha confiado, durante dos semanas puede trabajar sobre ella.  Sin embargo, cuantos sacrificios me ha costado, solamente Dios lo sabe.  Por ninguna otra alma he llevado al trono de Dios tantos sacrificios, sufrimientos y oraciones como por ella. Sentía que había forzado a Dios a concederle la gracia.  Cuando pienso en todo esto, veo un verdadero milagro.  Ahora veo cuanto poder tiene la plegaria de intercesión ante Dios.

Ahora, en esta Cuaresma, a menudo siento la Pasión del Señor en mi cuerpo; todo lo que sufrió Jesús, lo vivo profundamente en mi corazón, aunque por fuera mis sufrimientos no se delatan por nada, solamente el confesor sabe de ellos.

Una breve conversación con la Madre Maestra. Cuando le pregunte por algunos detalles para progresar en la vida interior, esta santa Madre me contesto a todo con gran claridad de argumentos. Me dijo: Si usted, hermana, continua cooperando así con la gracia de Dios, estará a un paso de una estrecha unión con Dios. Usted, comprende en que sentido lo digo. Que la fidelidad a la gracia del Señor sea su característica. No a todas las almas Dios las conduce por este camino.

Pascua de resurrección. Hoy durante la ceremonia pascual, vi. al Señor Jesús en un gran esplendor se acercó a mi y me dijo: Paz a ustedes, hijos Míos, y levantó la mano y nos bendijo. Las llagas de las manos y de los pies, y del costado no estaban borradas sino resplandecientes. Luego me miró con tanta benevolencia y amor, que mi alma se sumergió totalmente en Él, y me dijo: Has tomado gran parte en Mi Pasión, por eso te doy esta gran participación en Mi gloria y en Mi alegría. Toda la ceremonia pascual me pareció un minuto. Un extraño recogimiento envolvió mi alma y se mantuvo durante toda la fiesta. La amabilidad de Jesús es tan grande que es imposible expresarla.

Al día siguiente, después de la Santa Comunión oí la voz:  Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia.  Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía.  El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia – recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia.  Yo las sanaré y las fortificaré.

Hoy recé por un alma agonizante que estaba muriendo sin los santos sacramentos, aunque los deseaba ardientemente.  Pero ya era demasiado tarde.  Se trata de una pariente mía, la esposa de un tío paterno.  Era un alma querida de Dios.  En aquel momento no hubo distancia para nosotras.

Oh vosotros, pequeños, insignificantes sacrificios cotidianos, sois para mi como las flores del campo con las cuales cubro los pies del amado Jesús.  A veces, yo comparo estas pequeñeces con las virtudes heroicas, porque para su incesante continuidad exigen heroísmo.

Durante los sufrimientos no busco ayuda de las criaturas, sino que Dios es todo para mí, aunque a veces me parece que el Señor tampoco me escucha.  Me armo de paciencia y de silencio, como la paloma que no se queja ni muestra dolor cuando le quitan sus pequeños.  Deseo volar hacia el ardor mismo del sol y no quiero detenerme entre el humo y la neblina.  No me cansaré, porque me he apoyado en Ti ¡mi fuerza!

Ruego ardientemente al Señor que se digne reforzar mi fe para que en mi gris vida cotidiana no me guíe según las consideraciones humanas, sino según el espíritu.  Oh, como todo atrae al hombre hacia la tierra, pero una fe viva mantiene el alma en una espera mas alta y al amor propio le asigna el lugar que le corresponde, es decir, el último.

Una oscuridad terrible cae nuevamente sobre mi alma.  Me parece que estoy bajo la influencia de ilusiones.  Cuando fui a confesarme para obtener luz y serenidad, no las encontré.  El confesor me creó todavía mas dudas de las que tenía antes.  Me dijo:  No puedo entender qué poder obra en usted, hermana, tal vez Dios o tal vez el espíritu maligno. Al alejarme del confesionario, empecé a considerar sus palabras. Cuanto más las contemplaba, tanto mas mi alma se hundía en la oscuridad.  ¿Qué hacer, Jesús?  Cuando Jesús se acercaba a mí bondadosamente, yo tenía miedo.  ¿Eres verdaderamente Tú, Jesús?  Por un lado me atrae el amor, por el otro el miedo.  Que tormento, no sé describirlo.

Cuando fui a confesarme de nuevo, recibi la respuesta:  Yo no la entiendo a usted, hermana, es mejor que usted no se confiese conmigo.  Dios mio, yo tengo que hacerme tanta violencia antes de decir cualquier cosa sobre mi vida interior y he aquí la respuesta que obtengo ¡yo no la entiendo!

Cuando me alejé del confesionario fui asaltada por innumerables tormentos.  Fui delante del Santisimo sacramento y dije:  Jesús, sálvame.  Tu ves que soy debil.  Entonces escuche estas palabras:  Durante los ejercicios espirituales, antes de los votos perpetuos, te daré una ayuda.  Fortalecida por estas palabras, comencé a avanzar sin pedir consejo a nadie; sin embargo sentia tanta desconfianza hacia mi misma, que decidí acabar con esas dudas una vez por todas.  Asi pues, esperaba ansiosamente esos ejercicios espirituales que debian preceder los votos perpetuos; ya unos dias antes pedia incesamente al Señor la luz para el sacerdote que iba a confesarme, para que él decidiera de una vez, categóricamente, sí o no, y yo pensaba:  Estaré tranquila una vez por toda.s  Pero estaba preocupada si alguien quisiera escuchar todas esas cosas.  Sin embargo, decidi no pensar nada en eso, y tener toda la confianza en el Señor.  Me resonaban esas palabras:  “Durante los ejercicios espirituales.”

Todo ya está preparado.  Mañana por la mañana hemos de salir a Cracovia para los ejercicios espirituales.  Hoy entré en la capilla para agradecer a Dios las innumerables gracias que me había concedido durante esos cinco meses.  Mi corazon estaba profundamente conmovido frente a trantas gracias y la tutela de las Superioras.

Hija Mia, quedate tranquila, Me encargo de todos los asuntos.  Yo Mismo los resolveré con las Superioras y con el confesor.  Habla con el Padre Andrasz con la misma sencilles y confianza con la que hablas Conmigo.

Hoy 18 IV 1933 llegamos a Cracovia.  Qué alegria encontrarme nuevamente aquí, donde aprendi a dar los primeros pasos en la vida espiritual.  La querida Madre Maestra, siempre la misma, alegre y llena de amor al projimo.  Entré un momento en la capilla; la alegria inundó mi alma.  En un momento me acordé de todo un mar de gracias que había recibido aquí siendo novicia.

Y hoy empezamos a reunirnos todas para ir por una hora al noviciado.  La Madre Maestra M. Josefa nos dirigió algunas palabras y preparó el plan de los ejercicios espirituales.  Cuando nos decia esas pocas palabras, me vino delante de los ojos todo lo bueno que esa querida Madre había hecho por nosotras.  Senti en el alma un gran agradecimiento hacia ella.  La pena de estar en el noviciado por ultima vez, estrechó mi corazon.  Ya debo luchar con Jesús, trabajar con Jesús, sufrir con Jesús; en una palabra, vivir y morir con Jesús.  La Maestra ya no seguira mis pasos para instruirme, advertirme, amonestarme, alentarme o reprenderme.  Sola, siento un extraáo miedo.  Oh Jesús, da algun remedio.  Sí, tendré la Superiora, es verdad, pero desde ahora estaré mas sola.

Cracovia 21 IV 1933  A la mayor gloria de Dios. Ejercicios espirituales de ocho dias antes de los votos perpetuos

Hoy empiezo los ejercicios espirituales. Jesús, Maestro mio, guiame, dispon de mi según Tu voluntad, purifica mi amor para que sea digna de Ti, haz de mi lo que desea Tu misericordiosisimo Corazon. Jesús, en estos dias estaremos a solas, hasta el momento de nuestra union; mantenme, Jesús, en el recogimiento del espiritu.

Por la noche el Señor me dijo: Hija Mia, que nada te asuste ni te perturbe, mantén una profunda tranquilidad, todo está en Mis manos, te haré entender todo por la boca del Padre Andrasz.  Sé como una niña frente a él.

Un momento delante del Santisimo Sacramento.

Oh Señor y mi eterno Creador, ¿cómo podré agradecerte por esta gran gracia de que Te dignaste elegirme a mi, miserable, como Tu esposa y me unes a Ti con un vinculo eterno? Amabilisimo tesoro de mi corazon, Te ofrezco todos los actos de adoración y de de agradecimiento de las almas santas, de los coros angelicos y me uno especialmente a Tu Madre, Oh Maria, Madre mia, Te ruego humildemente, cubre mi alma con Tu manto virginal en este momento tan importante de mi vida, para que asi, me haga mas agradable a Tu Hijo y pueda glorificar dignamente la misericordia de Tu Hijo delante del mundo entero y durante toda la eternidad.

Hoy no pude entender la meditacion,. Mi espiritu estaba admirablemente sumergido en Dios. No pude forzarme a pensar en lo que el Padre decia durante los ejercicios espirituales. A menudo no está en mi poder pensar según determinados esquemas, mi espiritu esta con el Señor y tal es mi meditacion.

Algunas palabras de mi conferencia con la Madre Maestra Maria Josefa. Me aclaró muchas cosas y me tranquilizó respecto a la vida interior, [diciendo] que estoy en el buen camino. Le agradeci al Señor Jesús por esta gran gracia, ya que ella era la primera entre las Superioras que no me engendraba dudas en este aspecto. Oh, cuán infinitamente bueno es Dios.

Oh Hostia Viva, mi unica Fortaleza, Fuente de Amor y de Misericordia, abrazo al mundo entero, fortifica a las almas debiles. Oh, bendito sea el instante y el momento en que Jesús nos dejó su misericordiosisimo Corazon.

Sufrir sin quejarse, consolar a los demas y ahorar sus propios sufrimientos en el Sacratisimo Corazon de Jesús. Todos los momentos libres de los deberes los pasaré a los pies del Santisimo Sacramento. A los pies del Señor buscaré luz, consuelo y fuerza. Incesantemente mostraré el agradecimiento a Dios por la gran misericordia hacia mi, sin olvidarme jamas de los beneficios que me ofrecio y especialmente la gracia de la vocacion.

Me esconderé entre las hermanas como una violeta pequeña entre las azucenas.  Deseo florecer para mi Creador y Señor, olvidarme de mi misma, anonadarme completamente a favor de las almas inmortales es un deleita para mi.

Algunos de mis propositos. En lo que concierne a la confesion, elegiré lo que mas me humilla y cuesta.  A veces una pequeñez cuesta mas que algo mas grande.  Antes de cada confesion recordare la Pasion del Señor Jesús y con esto despertaré la contrición del corazon.  Si es posible, con la gracia de Dios, ejercitarse siempre en el dolor perfecto.  A esta contrición le dedicaré mas tiempo.  Antes de acercarme a la rejilla, entraré en el Corazon abierto y misericordiosisimo del Salvador.  Cuando me aleje de la rejilla, despertaré en mi alma una gran gratitud hacia la Santisima Trinidad por este extraordinario e inconcebible milagro de la misericordia que se produce en el alma; y cuanto mas miserable es mi alma, tanto mejor siento que el mar de la misericordia de Dios me absorbe y me da una enorme fuerza y fortaleza.

Las reglas que desobedezco con mas frecuencia:  a veces interrumpo el silencio, no obedezco el llamado de la campanilla, a veces me meto en los deberes de los demas; haré los maximos esfuerzos para corregirme. Evitar a las hermanas que murmuran y si no es posible evitarlas, por lo menos callar en presencia de ellas, dando a entender lo penoso que es para nosotras escuchar cosas similares. No hacer caso a las consideraciones humanas, sino que tener en cuenta mi propia conciencia, el  testimonio que me da.  Tener a Dios como testigo de todas las obras.  Comportarme ahora y resolver cada asunto mio de tal modo como quisiera solucionarly y comportarme en el momento de la muerto.  Por eso en cada asunto siempre tener presente a Dios. Evitar los supuestos permisos.  Relatar a las Superioras aun las cosas pequeñas, si es posible detalladamente. Fidelidad en las practicas de piedad; no pedir con facilidad excepciones de las practicas de piedad; callar, excepto durante el recreo; evitar bromas y palabras chistosas que hacen reir a los demas y rompen el silencio; valorar enormemente las mas pequeñas prescripciones; no dejarse llevar por el frenesi del trabajp; interrumpir un momento para mirar hacia el cielo; hablar poco con la gente, pero mucho con Dios; evitar la familiaridad; fijarse poco en quien está conmigo y quien está en contra; no compartir con otros lo que he tenido que soportar; evitar de comunicarse en voz alta durante el trabajo; en los sufrimientos conservar la serenidad y el equilibrio; en los momentos difíciles recurrir a las llagas de Jesús, en las llegas de Jesús buscar consuelo, alivio, luz y fuerza.

El las pruebas trataré de ver la amorosa mano de Dios. No hay nada tan constante como el sufrimiento; él siempre hace fielmente compañía al alma. Oh Jesús, en el amor hacia Ti no me dejaré superar por nadie.

Oh Jesús, escondido en el Santísimo sacramento, ves que hoy salgo del noviciado, haciendo los votos perpetuos.  Jesús, Tu conoces mi debilidad y mi pequeñez, por lo tanto desde hoy de modo mas particular paso a tu noviciado.  Sigo siendo novicia, pero novicia Tuya, Jesús, y Tu serás mi Maestro hasta el último día.  Todos los días vendré a Tus pies a tomar lecciones.  No emprenderé sola la mas pequeña cosa sin consultarte antes, como a mi Maestro, Oh Jesús, estoy tan contenta de que Tu Mismo me hayas atraído y recibido en tu noviciado, es decir en el Tabernáculo.  Pronunciando los votos perpetuos no me vuelvo en absoluto una religiosa perfecta no, no.  Sigo siendo una pequeña y débil novicia de Jesús y trataré de alcanzar la perfección como en los primeros días del noviciado, procurando tener la disposición del alma que tenia en el primer día, en que se abrió para mi la puerta del convento. 

Con la confianza y la sencillez de un niño pequeño, me entrego a Ti, Señor Jesús, mi Maestro; Te dejo una libertad absoluta de guiar mi alma.  Guíame por los caminos que Tu quieras; no voy a averiguarlos.  Te seguiré confiada.  Tu Corazón misericordioso lo puede todo.

La pequeña novicia de Jesús – Sor Faustina

Al comienzo de los ejercicios espirituales Jesús me dijo: En estos ejercicios espirituales, seré Yo Mismo quien dirija tu alma; quiero confirmarte en la tranquilidad y en el amor. Y así me transcurrieron los primeros días. Al cuarto día comenzaron a atormentarme grandes dudas de que ¿no me encontraba, acaso, en una falsa tranquilidad? De pronto oí estas palabras: Hija Mía, figúrate que eres la reina de toda la tierra y que tienes la posibilidad de disponer de todo según te parezca; tienes toda posibilidad de hacer el bien que te agrade y de repente, a tu puerta llama un niño muy pequeño, todo tembloroso, con lagrimas en los ojos, pero con gran confianza en tu bondad y te pide un pedazo de pan para no morir de hambre, ¿Cómo te comportarías con este niño? Contéstame, hija Mía. Y dije: Jesús, le daría todo lo que me pida, pero también mil veces más. Y el Señor me dijo: Así Me comporto Yo con tu alma. Durante estos ejercicios espirituales no solamente te daré la tranquilidad, sino también tal disposición de ánimo, que aunque quieras inquietarte, no podrás. Mi amor ha tomado posesión de tu alma y quiero que te fortifiques en él. Acerca tu oído a Mi Corazón y olvídate de todo, y considera Mi inconcebible misericordia. Mi amor te dará la fuerza y el ánimo que te es necesario en esta obra.

Oh Jesús, Hostia Viva, Tú eres mi madre, Tú eres todo para mi. Vendré a Ti, oh Jesús, con sencillez y con amor, con fe y con confianza. Compartiré todo Contigo, como un niño con la madre amada, los gozos y los sufrimientos, en una palabra todo.

Cuando pienso en que Dios se une a mí por medio de los votos o más bien yo a Él, nadie puede comprender lo que experimenta mi corazón. Ya ahora Dios me da a conocer toda la inmensidad de su amor con el que me ha amado ya antes de los siglos, mientras yo he comenzado a amarlo solamente en el tiempo. Su amor es grandísimo, puro y desinteresado y mi amor hacia Él es para conocerlo. Cuanto más lo conozco, tanto mas ardiente y fuertemente lo amo y mis acciones son más perfectas. Sin embargo cuando pienso que dentro de pocos días voy a hacerme una sola cosa con el Señor por medio del voto perpetuo, un gozo tan inconcebible inunda mi alma que no logro describirlo en absoluto. Desde la primera vez que conocí al Señor, la mirada de mi alma se ha hundido en Él por la eternidad. Cada vez que el Señor se acerca a mí, y se produce en mí un conocimiento mas profundo, crece en mi alma un amor más perfecto.

Antes de la confesión oí en el alma estas palabras: Hija Mía, dile todo y descubre tu alma delante de él como lo haces delante de Mi. No tengas miedo de nada; para tu tranquilidad pongo a ese sacerdote entre Yo y tu alma, y las palabras que te contestará son Mías. Descubre delante de él las cosas más secretas que tienes en el alma. Yo le daré luz para que conozca tu alma.

Al acercarme a la rejilla sentí en el alma una facilidad tan grande para hablar de todo, que mas tarde yo misma me extrañaba. Sus respuestas dieron a mi alma una tranquilidad muy profunda. Sus palabras fueron, son y quedaran para siempre unas columnas de fuego que iluminaron y seguirán iluminando mi alma en su aspiración a la máxima santidad. Las indicaciones que recibí del Padre Andrasz, las tengo apuntadas en otra pagina de este cuaderno.

Terminada la confesión, mi espíritu se sumergió en Dios y permanecí orando durante tres horas, y me parecieron unos pocos minutos.  Desde entonces no pongo obstáculos a la gracia que obra en mi alma.  Jesús sabia por que yo tenia miedo de tratar con Él, y no se ofendía en absoluto.  Desde el momento en que el Padre me aseguró que no se trataba de ningunas ilusiones, sino de la gracia de Dios, trato de ser fiel a Dios en todo.  Ahora veo que son pocos los sacerdotes que comprenden toda la profundidad de la acción de Dios en el alma.  Desde aquel momento tengo las alas desatadas para el vuelo y deseo volar hacia el ardor mismo del sol.  Mi vuelo no se detendrá hasta que no descanse en Él por la eternidad.  Si volamos muy alto, toda la oscuridad, la niebla y las nubes las tenemos debajo de los pies y toda la parte sensitiva de nuestro ser tiene que someterse al espíritu.

Jesús, deseo la salvación de las almas, almas inmortales. En el sacrificio desahogaré mi corazón, en el sacrificio que ni siquiera alguien sospecha; me anonadaré y quemaré inadvertidamente en el sagrado fuego del amor de Dios. La presencia de Dios es la ayuda para que mi sacrificio sea perfecto y puro.

Oh, qué equivocas son las apariencias y los juicios injustos. Oh, cuantas veces la virtud sufre la opresión solo porque es silenciosa. Convivir sinceramente con quienes molestan continuamente, eso requiere un gran espíritu de sacrificio. Uno siente que sangra, pero las heridas no se ven. Oh Jesús, cuantas cosas nos revelará solamente el ultimo día. ¡Que alegría! De nuestros esfuerzos no se pierde nada.

La Hora Santa. En esta hora de adoración conocí todo el abismo de mi miseria. Todo lo que hay de bueno en mi, es Tuyo, Señor, pero como soy tan miserable y pequeña, tengo el derecho de contar con Tu infinita misericordia.

El anochecer, Jesús, mañana por la mañana he de pronunciar los votos perpetuos. Pedí a todo el cielo y la tierra, y todo lo que existe llamé a agradecer a Dios por esta gran e inconcebible gracia. De repente oí estas palabras:  Hija Mía, tu corazón es el cielo para Mí.  Todavía un momento de oración y después hay que salir corriendo ya que nos echan de todas partes, porque arreglan todo para mañana; la capilla, el refectorio, la sala, y la cocina, y nosotras debemos acostarnos.  Pero de dormir ni hablar. La alegría quitó el sueño.  Pensaba ¿qué habrá en el cielo si ya aquí, en este destierro, Dios colma mi alma de tal modo?

La oración durante la Santa Misa en el día de los votos perpetuos.  Hoy dejo mi corazón en la patena donde esta colocado Tu Corazón, Jesús, y hoy me ofrezco junto a Ti, a Dios, Padre Tuyo y mío, como victima de amor y de adoración.  Padre de misericordia, mira la ofrenda de mi corazón, pero a través de la herida del Corazón de Jesús.

1933 año V. 1 día. La unión con Jesús en el día de los votos perpetuos.  Oh Jesús, Tu Corazón desde hoy es mi propiedad y mi corazón es Tu propiedad exclusiva.  El simple recuerdo de Tu Nombre, Jesús, es una delicia para mi corazón.  De verdad, no podría vivir ni un instante sin Ti, oh Jesús.  Hoy mi alma esta anegada en Ti, como en su único tesoro, Mi amor no conoce impedimentos en dar pruebas a su Dilecto.

Las palabras del Señor Jesús durante los votos perpetuos:  Esposa Mía, nuestros corazones están unidos por la eternidad.  Recuerda a quien te has consagrado… no es posible referir todo.

Mi petición hecha en el momento cuando me postré en cruz bajo el paño fúnebre.  Rogué al Señor que me concediera la gracia de no ofenderle nunca, con ningún pecado, ni el más pequeño, ni tampoco con una imperfección, voluntaria y conscientemente. Jesús, en Ti confío, Jesús, Te amo con todo el corazón. En los momentos más difíciles Tú eres mi Madre. Por amor hacia Ti, oh Jesús, yo muero hoy completamente para mi misma y empiezo a vivir para la mayor gloria de Tu santo Nombre.

El amor. Por amor, oh Santísima Trinidad, me ofrezco a Ti como victima de adoración, como holocausto de mi total anonadamiento y con este anonadamiento de mi misma, deseo la exaltación de tu Nombre, oh Señor. Como un pequeñito pimpollo de rosa me arrojo a Tus pies, oh Señor; que el perfume de esta flor sea conocido solamente por Ti. Tres peticiones en el día de los votos perpetuos, Jesús, yo sé que en el día de hoy no me negaras nada.

Primera petición.  Oh Jesús, mi amadísimo Esposo, Te ruego por el triunfo de la Iglesia, sobre todo en Rusia y en España, por la bendición para el Santo Padre Pío XI y todo el clero, por la gracia de conversión para los pecadores empedernidos; Te pido, oh Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.

Segunda petición.  Por una bendición para nuestra Congregación, por gran fervor en la Congregación.  Bendice, oh Jesús, a la Madre General y a la Madre Maestra, y a todo el noviciado, y a todas las Superioras, a mis queridísimos padres; concede, oh Jesús, Tu gracia a nuestras alumnas, fortalécelas firmemente con Tu gracia para que las que dejan nuestras casas, no Te ofendan mas con ningún pecado.  Oh Jesús, Te ruego por la patria, defiéndela de los ataque de los enemigos.

Tercera petición.  Oh Jesús, Te ruego por las almas que mas necesitan la oración.  Te ruego por los agonizantes, sé misericordioso con ellos.  Te ruego también, oh Jesús, por la liberación de todas las almas del purgatorio.

Oh, Jesús, Te recomiendo las personas siguientes:  mis confesores, las personas recomendadas a mis plegarias, ciertas persona, el Padre Andrasz, el Padre Czaputa y aquel sacerdote que conocí en Vilna, que ha de ser mi confesor, cierta alma… y cierto sacerdote, cierto religioso a quien – Tu lo sabes, Jesús – debo muchísimo, y todas las personas que son recomendadas a mi plegaria.  Oh Jesús, en este día Tú puedes hacer todo para aquellos por los cuales Te ruego.  Para mi Te ruego, Señor, transfórmame completamente en Ti, mantenme siempre en el santo fervor para Tu gloria, dame la gracia y la fuerza del espíritu para cumplir en todo Tu santa voluntad. Te agradezco, oh mi amadísimo Esposo, por la dignidad que me has ofrecido y especialmente por las insignias reales que desde hoy me adornan, y que ni siquiera los Ángeles tienen, que son; la cruz, la espada y la corona de espinas.  Pero sobre todo, oh Jesús mío, Te agradezco por Tu Corazón.  Él me basta por todo.

Oh Madre de Dios, Santísima Maria, Madre mía, Tu ahora eres mi Madre de modo más particular y esto porque Tu amado Hijo es mi Esposo, pues los dos somos Tus hijos.  Por consideración a Tu Hijo, debes amarme, Oh Maria, Madre mía amadísima, dirige mi vida interior de modo que sea agradable a Tu Hijo.

Oh Santo, Omnipotente Dios en este momento de la enorme gracia con la cual me unes a Ti para siempre, yo, pequeña nulidad, me arrojo a Tus pies con el mayor agradecimiento, como una pequeña, desconocida florecita y la fragancia de esta flor de amor subirá todos los días a Tu trono.

En los momentos de la lucha y los sufrimientos, de las tinieblas y las tempestades, de la añoranza y la tristeza, en los momentos de las pruebas difíciles, en los momentos en los cuales no seré comprendida por ninguna criatura y mas bien seré condenada y despreciada por todos, recordaré el día de los votos perpetuos, el día de una inconcebible gracia de Dios.  1933

JMJ.  Propósitos especiales de los ejercicios espirituales.  El amor al prójimo primero: ser servicial con las hermanas; segundo:  no hablar de los ausentes y defender el buen nombre del prójimo; tercero:  alegrarse de los éxitos del prójimo.

Oh Dios, cuanto deseo ser una niña pequeña. Tú eres mi Padre, Tú sabes lo pequeñita y débil que soy, pues Te ruego, tenme cerca de Ti en todos los momentos de mi vida y especialmente en la hora de la muerte.  Oh Jesús, yo sé que Tu bondad supera la bondad de la mas tierna de las madres.

Agradeceré al Señor Jesús por cada humillación, rogaré especialmente por la persona que me ha dado la oportunidad de humillarme. Me anonadaré a favor de las almas. No reparar en ningún sacrificio, tirándose bajo los pies de las hermanas como una pequeña alfombra, sobre la cual pueden no solo caminar, sino que pueden también limpiarse los pies. Mi lugar esta bajo los pies de las hermanas. Lo procuraré en la práctica de manera inadvertida para los ojos humanos, Basta que Dios lo vea. Han empezado ya los días grises, cotidianos. Han pasado los momentos solemnes de los votos perpetuos, pero en el alma ha quedado mucha gracia de Dios. Siento que soy toda de Dios, siento que soy su hija, siento que soy totalmente la propiedad de Dios. Lo noto incluso física y sensiblemente. Estoy completamente tranquila por todo, porque sé que el deber del Esposo es pensar en mí. Me he olvidado completamente de mi misma. Mi confianza está puesta sin límites en su misericordiosísimo Corazón. Estoy continuamente unida a Él. Veo como si Jesús no pudiera ser feliz sin mi y yo sin Él. Aunque entiendo bien que siendo Dios es feliz en Si mismo, y para ser feliz no necesita absolutamente ninguna criatura, no obstante su bondad lo fuerza a darse a las criaturas, y esto con una generosidad inconcebible.
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Oh Jesús mío, ahora procuraré el honor y la gloria de Tu Nombre, luchando hasta el día en que Tu Mismo me digas: Basta. A cada alma que me ha confiado, oh Jesús, procuraré ayudarla con la oración y el sacrificio, para que Tu gracia pueda obrar en ella. Oh gran Amante de las almas, oh Jesús mío, Te agradezco por esta gran confianza, ya que Te has dignado confiar estas almas a nuestro cuidado. Oh días grises de trabajo, para mi no son tan grises en absoluto, porque cada momento me trae nuevas gracias y la oportunidad de hacer el bien.
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25 IV 1933.  Permisos mensuales. Pasando, entrar en la capilla. En los momentos libres de los deberes, rezar. Tomar, dar, prestar alguna cosa pequeña. Almorzar y merendar. A veces no podré participar en el recreo. A veces tampoco podré participar en los ejercicios comunes. A veces no podré participar en las plegarias de la noche ni de la mañana. A veces continuar con mis ocupaciones un momento después de las nueve y otras veces hacer las practicas de piedad después de las nueve. Si tengo un momento libre, escribir o anotar algo. Hablar por teléfono. Salir de casa. Cuando estoy en la ciudad, entrar en una iglesia. Visitar a las hermanas enfermas. Entrar en las celdas de otras hermanas en caso de necesidad. A veces beber agua fuera del horario.

Pequeñas mortificaciones

            La coronilla a la Divina Misericordia con los brazos en cruz.

            Los sábados una parte del rosario con los brazos en cruz.

            A veces alguna plegaria postrándome en cruz.

            Los jueves la Hora Santa.

            Los viernes una mortificación mayor por los pecadores moribundos.

Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tu eres mi puerto, Tu eres mi paz, Tu eres mi única  salvación. Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas.  Tú eres   el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida. Tú eres todo para el alma solitaria.  Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada.  Tú conoces nuestras debilidades y como un buen medico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto. Las palabras del obispo que figuran en la ceremonia de los votos perpetuos de las hermanas: “Toma este cirio en tu mano, en señal de iluminación celestial y de amor ardiente.” Al entregar el anillo:  “Te desposo a Jesucristo, Hijo del Padre Altisimo, el Cual te guarde sin mancilla.  Recibe este anillo cono signo de eterna alianza que contraes con Cristo, Esposo de las vírgenes.  Que éste sea para ti el anillo de la fidelidad, el signo del Espiritu Santo para que te llames esposa de Cristo y si le sirves fielmente, seas coronada por la eternidad. Jesús, en Ti confio, confio en el mar de Tu misericordia, Tu eres la madre para mi. Este año 1933 es para mi particularmente solemne, porque en este año del Jubileo de la Pasion del Señor hice los votos perpetuos. Mi sacrificio lo he unido de modo singular al sacrificio de Jesús Crucificado para asi hacerme mas agradable a Dios. Todas mis tareas las hago con Jesús, por Jesús y en Jesús. Despues de los votos perpetuos, todavía me quedé en Cracovia todo mayo, porque mi destinacion oscilaba entre Rabka y Vilna. Cuando una vez la Madre General me preguntó: ¿Por qué usted, hermana, se queda tan silenciosa y no se prepara para ir a alguna parte? Contesté: Yo quiero sólo la voluntad de Dios. Donde usted, querida Madre, me mande, sin mi intervención, yo sabré que sera para mi la pura voluntad de Dios.

La Madre General me respondió:  Muy bien.  Al dia siguiente la Madre General me llamó y dijo:  Como deseaba tener la pura voluntad de Dios, pues usted hermana, va a Vilna.  Le agradeci y esperaba el dia en el que me dijeran de salir.  Sin embargo una alegria y un temor a la vez llenaron mi alma.  Sentia que alli Dios me preparaba grandes gracias, pero tambien grandes sufrimientos.  De todas maneras, hasta el 27 de mayo me quedé en Cracovia.  Como no tenia una tarea fija e iba solamente a ayudar en la huerta y como coincidió que trabajaba sola, durante todo el mes tuve la posibilidad de hacer los ejercicios espirituales según el sistema de los jesuitas.  En ellos recibí mucha luz de Dios.

Pasaron cuatro dias después de los votos perpetuos. Traté de hacer la Hora Santa. Era el primer jueves del mes. En cuanto entré en la capilla, la presencia de Dios me inundó. Sentia claramente que el Señor estaba a mi lado. Un momento después vi al Señor todo cubierto de llagas, y me dijo: Mira, con quien te has desposado. Yo comprendi el significado de esas palabras y contesté al Señor: Jesús, Te amo mas viendote tan herido y anonadado que como Te viera en Tu Majestad. Jesús preguntó: ¿Por qué? Contesté: Una gran Majestad me da miedo a mi, a esta pequeñita nulidad que soy, mientras que Tus llagas me atraen a Tu Corazon y me hablan de Tu gran amor hacia mi. Después de esta conversación se hizo el silencio. Miraba atentamente sus santas llagas y me sentia feliz sufriendo con Él. Sufriendo no sufria, porque me sentia feliz conociendo la profundidad de su amor y una hora me pasó como si fuera un minuto. No juzgar nunca a nadie, para los demas tener el ojo indulgente y para mi severo. Relacionar todo a Dios y en mis propios ojos sentirme lo que soy, es decir la mas grande miseria y la nulidad. En los sufrimientos estar paciente y tranquila, sabiendo que con el tiempo todo pasará. De los momentos que vivi durante los votos perpetuos, mejor no debo hablar de ellos. Estoy en Él y Él está en mi.  En el momento en que el obispo me puso el anillo, Dios penetró todo mi ser y como no sé expresarlo, dejo este momento en silencio.  Desde los votos perpetuos mis relaciones con dios se hicieron tan estrechas como nunca antes.  Siento que amo a Dios y siento tambien que Él me ama.  Mi alma, habiendo conocido a Dios, no sabria vivir sin Él.  Me es mas agradable una hora a los pies del altar, pasada en la mas grande aridez del espiritu, que cien años de deleites en el mundo.  Prefiero ser una muchacha de los mandados en el convento que una reina en el mundo. Esconderé a los ojos de la gente cualquier cosa buena que haga, para que sólo Dios sea mi recompensa; y como una pequeña violeta escondida entre la hierba no hiere el pie de la persona que la pisa, sino que emana perfume, y olvidandose completamente de si misma, trata de ser gentil con la persona por la que fue pisada. Aunque para la naturaleza esto es muy difícil, la gracia de Dios viene en ayuda. Te agradezco, oh Jesús, esta gran gracia de permitirme conocer todo el abismo de mi miseria; yo sé que soy un abismo de nulidad y si Tu santa gracia no me sostuviera, en un solo momento me volveria a la nada. Pues, con cada latido del corazon, Te agradezco, oh Dios, Tu gran misericordia conmigo. Mañana he de salir para Vilna. Hoy fui a confesarme con el Padre Andrasz, este sacerdote que tiene un profundo espiritu de Dios, el que me ha desatado las alas para el vuelo, hacia las mayores alturas. Me ha tranquilizado en todo y me hace creer en la Divina Providencia. Tú confia y avanza con valor. Después de esa confesion he sentido una misteriosa fuerza divina. El Padre ha insistido en que sea fiel a la gracia de Dios y dijo: Si continuas conservando la sencillez y la obediencia, no te sucederá nada malo. Confia en Dios, estás en el buen camino y en buenas manos estás, en las manos de Dios. Por la noche me quedé mas tiempo en la capilla. Hablaba con el Señor de cierta alma. Animada por su bondad, dije: Jesús, me has dado a este Padre que ha comprendido mis inspiraciones y vuelves a quitármelo. ¿ Qué voy a hacer en Vilna? No conozca a nadie, hasta el dialecto, de aquella gente es ajeno para mi. Y me dijo el Señor: No tengas miedo, no te dejaré sola. Mi alma se sumergio en la oracion de agradecimiento por todas las gracias que el Señor me concedió por medio del Padre Andrasz.

De súbito recordé aquella vision en la que había visto a un sacerdote entre el confesionario y el altar, confiando en conocerlo algun dia y volvieron bien claras las palabras que había escuchado: Él te ayudará a cumplir Mi voluntad en la tierra.

Hoy, 27 de mayo de 1933 voy a Vilna. Al salir delante de la case, eché una mirada a toda la huerta y a la casa; al dirigir la mirada al noviciado, de repente por mis mejillas rodaron las lagrimas. Recordé todos los beneficios y las gracias que el Señor me había concedido. De reprente e inesperadamente vi al Señor junto al florero, que me dijo: No llores, Yo estoy siempre contigo. La apresencia de Dios que me penetró mientras el Señor Jesús estaba hablando, duró todo el tiempo del viaje. Tenía el permiso de detenerme en Czestochowa. Por primera vez vi. a la Santísima Virgen cuando a las cinco de la madrugada fui para asistir al descubrimiento de la imagen. Estuve orando sin interrupción hasta las once y me parecía que acababa de llegar. La Madre Superiora del lugar  mandó una hermana para llamarme a desayunar y porque estaba preocupada de que yo no perdiera el tren. La Virgen me dijo muchas cosas. Le ofrecí mis votos perpetuos, sentía que yo era su niña y Ella mi Madre. No me rehusó nada de lo que yo le había pedido. Hoy ya estoy en Vilna. Pequeñas casitas, dispersas, forman el convento. Me parecen algo extrañas después de los grandes edificios de Józefów. Hay solamente dieciocho hermanas. La casita es pequeña, pero la armonía en esta Comunidad es grande. Todas las hermanas me recibieron muy cordialmente, lo que me dio mucho animo antes de afrontar las fatigas que me esperaban. La Hermana Justina  hasta había lavado el piso con motivo de mi llegada. Cuando fui a la Bendición, Jesús me iluminó sobre como comportarme con ciertas personas. Con todas mis fuerzas me abracé al Dulcísimo Corazón de Jesús al ver que exteriormente seria expuesta a distracciones debido a la tarea que iba a tener en la huerta y por la que tenia que mantener contactos con laicos.

Llegó la semana de la confesión y con alegría vi. a aquel sacerdote al que había conocido antes de venir a Vilna. Lo había conocido en una visión. En ese momento, oí en el alma estas palabras: He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra. Sin embargo yo no me hice conocer de él, tal y como lo deseaba el Señor. Y durante algún tiempo luché con la gracia. En cada confesión la gracia de Dios me penetraba misteriosamente, pero yo no le revelé mi alma y pensaba no confesarme con este sacerdote. Tras este propósito una inquietud terrible se adueñó de mi alma. Dios me reprochó enérgicamente. Cuando revelé toda mi alma a este sacerdote, Jesús derramó sobre mi alma todo un mar de gracias. Ahora comprendo lo que es la fidelidad a una simple gracia y cómo ella atrae toda una serie de otras gracias. Oh Jesús, mantenme a tu lado, mira lo débil que soy, por mi misma no avanzaré ni un paso, por eso Tu, oh Jesús, tienes que estar continuamente conmigo, como la madre cerca de su niño débil, y aun mas. Empezaron los días de trabajo, de lucha y de sufrimientos. Todo va con su ritmo de convento. Uno queda siempre novicio, tiene que aprender y conocer muchas cosas, porque si bien la regla es igual, cada casa tiene sus propias costumbres, por eso cada cambio es un pequeño noviciado.
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5 VIII 1933 fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Hoy recibí una gracia grande e inconcebible, puramente interior, por la cual agradeceré a Dios en esta vida y por la eternidad. Jesús me dijo que yo le agradaría mas meditando su dolorosa Pasión, y a través de esta meditación mucha luz fluye sobre mi alma. Quien quiera aprender la verdadera humildad, medite la Pasión de Jesús. Cuando medito la Pasión de Jesús, se me aclaran muchas cosas que antes no llegaba a comprender. Yo quiero parecerme a Ti, oh Jesús, a Ti crucificado, maltratado, humillado. Oh Jesús, imprime en mi alma y en mi corazón Tu humildad. Te amo, Jesús, con locura. Te amo anonadado, como Te describe el profeta, que por los grandes sufrimientos no lograba ver en Ti el aspecto humano. En este estado Te amo, Jesús, con locura. Dios Eterno e Inmenso, ¿qué ha hecho de Ti el amor?

11 X 1933 – jueves.  Procuré hacer la Hora Santa, pero la empecé con gran dificultad.  Algún anhelo comenzó a desgarrar mi corazón.  Mi mente quedó ofuscada de manera que no lograba entender las formas simples de las plegarias.  Y así pasó una hora de oración o más bien de lucha.  Decidí orar otra hora, pero los sufrimientos interiores aumentaron.  Una gran  aridez y un gran disgusto.  Decidí orar durante la tercera hora.  En esa tercera hora de plegaria que decidí hacer arrodillada sin ningún apoyo, mi cuerpo empezó a reclamar un descanso.  Sin embargo yo no cedí nada.  Extendí las manos en forma de cruz y sin pronunciar una palabra, seguí así con un acto de voluntad.  Un momento después me quité el anillo del dedo y pedí a Jesús que mirara ese anillo que es el símbolo de nuestra unión eterna y ofrecí al Señor Jesús los sentimientos del día de los votos perpetuos.  Un momento después sentí  que una ola de amor empezaba a inundar mi corazón.  Un repentino recogimiento del espíritu, el silencio de los sentidos, la presencia de Dios penetra al alma.  Sé únicamente que estamos Jesús y yo.  Lo vi., bajo la misma apariencia que tenia cuando lo vi en el primer momento después de los votos perpetuos, cuando también hacia la Hora Santa.  Jesús se presentó delante de mí inesperadamente, despojado de las vestiduras, cubierto de llagas en todo el cuerpo, con los ojos llenos de sangre y de lágrimas, la cara desfigurada, cubierta de salivazos.  De repente el Señor me dijo:  La esposa debe asemejarse a su Esposo.  Entendí estas palabras en profundidad.  Aquí no hay lugar para ninguna duda.  Mi semejanza a Jesús debe realizarse a través del sufrimiento y la humildad.  Mira lo que ha hecho Conmigo el amor por las almas humanas, hija Mía; en tu corazón encuentro todo lo que Me niega el numero tan grande de almas.  Tu corazón es un descanso para Mí, muchas veces guardo las gracias grandes para el fin de la plegaria.

Una vez, mientras hacia una novena al Espíritu Santo por mi confesor, el Señor me contestó:  Te lo di a conocer  antes de que las Superioras te enviaran aquí; como tú te comportarás con el confesor, así Yo Me comportaré contigo.  Si te escondes de él, aunque se trata de la más pequeña de Mis gracias, Yo también Me esconderé de ti y te quedarás sola.  Y yo hice según el deseo de Dios y una profunda paz reinó en mi alma.  Ahora entiendo cuánto Dios defiende a los confesores y cuánto se pone de parte de ellos.

Un consejo del Rev. Sopocko. Sin humildad no podemos agradar a Dios.  Ejercítate en el tercer grado de la humildad, es decir no solamente no recurras a explicaciones y justificaciones cuando te reprochen algo, sino que alégrate de la humillación. Si las cosas de las que me hablas, proceden verdaderamente de Dios, entonces prepara tu alma a grandes sufrimientos.  Encontrarás desaprobaciones y persecuciones.  Te van a mirar como a una histérica, una extravagante, pero Dios no escatimará su gracia.  Las verdaderas obras de Dios siempre enfrentan dificultades y se caracterizan por el sufrimiento.  Si Dios quiere realizar algo, tarde o temprano, lo realizará, lo realizará a pesar de las dificultades y tú, mientras tanto, ármate de gran paciencia.

Cuando el Rev. Sopocko fue a la Tierra Santa, confesaba a la Comunidad el Padre jesuita, Dabrowski.  Durante una confesión me preguntó si estaba consciente de la vida superior que había en mi alma y que era de un grado sumamente alto.  Contesté que estaba consciente de ello y de lo que sucedía en mi interior.  A esto el Padre me contestó:  No le está permitido, hermana, destruirlo en su alma ni puede modificar nada por sí misma.  No en todas las almas es evidente esta gran felicidad de la vida superior, en usted, hermana, es visible, porque es de un grado altísimo.  Tenga cuidado, hermana, de no malgastar estas grandísimas gracias de Dios, grande por su la frase interrumpida.

Antes, sin embargo, este Padre me había expuesto a muchas pruebas.  Y cuando le dije que el Señor quería de mí aquellas cosas, se burló de mí y me hizo venir a confesarme a las ocho de la noche.  Y cuando fui a las ocho, el hermano estaba cerrando ya la iglesia.  Y cuando le dije que informara al Padre que yo había venido y que había sido el Padre que me había dicho venir a esa hora, el buen frailecito fue y advirtió al Padre.  El Padre le ordenó decirme que a esa hora los Padres no confesaban.  Y volví a casa con nada y no me confesé más con él, pero hice por él una hora de adoración y ciertas mortificaciones, para impetrarle la luz de Dios para que pudiera entender las almas.  Pues, cuando el Rev. Sopocko salía y él lo sustituía, me vi. obligada a confesarme con él.  Sin embargo, si bien antes no quería reconocerlas, ahora me obliga a una gran fidelidad a estas inspiraciones interiores.  A veces Dios permite que sucedan esas cosas, pero sea adorado en todo.  Pero es necesaria, sin embargo, una gran gracia para no vacilar.

Ejercicios espirituales anuales 10 I 1934.  Oh Jesús mío, se acerca nuevamente el momento en que me quedaré Contigo a solas.  Oh Jesús, Te ruego con todo mi corazón, permíteme conocer lo que no Te agrada en mí y al mismo tiempo dame a conocer lo que tengo que hacer para agradarte más.  No me niegues esta gracia y quédate conmigo.  Yo sé que sin Ti, oh Señor, mis esfuerzos valen poco.  Oh, cuánto me alegro de Tu grandeza, oh Señor.  Cuanto más Te conozco, tanto mas ardientemente Te deseo y anhelo.

Jesús me concedió el conocimiento de mi misma.  En esta luz de Dios veo mi defecto principal, es la soberbia, su característica el cerrarme en mi misma, la falta de sencillez en las relaciones con la Madre Superiora.

La segunda iluminación, respecto al hablar.  A veces hablo demasiado.  Para un asunto que podría ser solucionado con dos o tres palabras, yo empleo demasiado tiempo.  Mientras tanto Jesús desea que ese tiempo yo lo emplee para pequeñas plegarias con indulgencias por las almas del Purgatorio.  Y me dice el Señor que cada palabra será pesada el Día del Juicio.

La tercera iluminación, respecto a nuestra regla.  Evito poco las ocasiones que llevan a infringir la regla y especialmente en lo que concierne al silencio.  Me comportaré como si la regla hubiera sido escrita solamente para mí y no es asunto mío ver cómo se comportan los demás, con tal que yo me comporte como Dios desea.

Propósito.  Cualquier cosa que Jesús desee de mi y que se refiera a cosas exteriores, ir en seguida a decirlo a las Superioras; en el trato con la Superiora procuraré ser abierta y sincera como un niño.

Jesús ama a las almas escondidas.  Una flor escondida es la que mas perfume tiene dentro de sí.  Buscar un retiro para el Corazón de Jesús en mi propio interior.  En los momentos difíciles y dolorosos Te entono, oh Creador, un himno de la confianza, porque el abismo de mi confianza hacia Ti, hacia Tu misericordia, es inconmensurable. Desde el momento en que empecé a amar el sufrimiento, este mismo dejó de ser sufrimiento para mí.  El sufrimiento es el alimento continuo de mi alma. No hablaré con cierta persona, porque sé que a Jesús esto no le agrada y ella no saca de eso ningún provecho.

A los pies del Señor, Oh Jesús escondido, Amor eterno, Vida nuestra, Divino Insensato que Te has olvidado de Ti Mismo y nos ves solamente a nosotros. Aún antes de crear el cielo y la tierra, nos llevabas en Tu Corazón. Oh Amor, oh abismo de Tu humillación, oh misterio de felicidad, ¿por qué es tan pequeño el numero de los que Te conocen? ¿Por qué no encuentras reciprocidad? Oh Amor Divino, ¿por qué ocultas Tu belleza? Oh Inconcebible e Infinito, cuanto más Te conozco Te comprendo menos; pero como no alcanzo a comprenderte, comprendo más Tu grandeza. No envidio el fuego a los serafines, porque en mi corazón tengo depositado un don mayor.  Ellos Te admiran en éxtasis, pero Tu Sangre se une a la mía. El amor, es el cielo que nos está dado ya aquí en la tierra. Oh, ¿por qué Te escondes detrás de la fe? El amor rasga el velo. No hay velo delante de los ojos de mi alma, porque Tu Mismo me has atraído desde la eternidad al seno de un amor misterioso. Oh indivisible Trinidad, único Dios, a Ti honor y gloria por todos los siglos.

Dios me dio a conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz cómo demostrárselo en la práctica.  El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios.  Para demostrar a Dios el amor en la práctica, es necesario que todas nuestras acciones, aun las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios.  Y me dijo el Señor:  Niña Mía, mas que nada Me agradas a través del sufrimiento.  En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija Mía, no busques compasión de las criaturas.  Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla.  Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino también de ti misma.  Hija Mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón:  amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra.  Hija Mía, cuanto más amaras el sufrimiento, tanto mas puro será tu amor hacia Mí.

Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por el recogimiento interior y por mortificación exterior.  Durante tres horas llevé un cinturón [de hierro], orando incesantemente por los pecadores y para obtener misericordia para el mundo entero; y Jesús me dijo:  Hoy Mi mirada se posa con complacencia sobre esta casa.

Siento muy bien que mi misión no terminara con mi muerte, sino que empezará.  Oh almas que dudan, les descorreré las cortinas del cielo para convencerlas de la bondad de Dios, para que ya no hirieran más el Dulcísimo Corazón de Jesús con desconfianza.  Dios es Amor y Misericordia.

Una vez el Señor me dijo:  Mi Corazón ha sido conmovido por una gran compasión hacia ti, hija Mía queridísima, cuando te he visto hecha pedazos por el gran dolor que sufrías mientras deplorabas tus pecados.  Yo veo tu amor tan puro y sincero que te doy la prioridad entre las vírgenes, tú eres el honor y la gloria de Mi Pasión.  Veo cada humillación de tu alma y nada se escapa a Mi atención; elevo a los humildes hasta Mi trono, porque así es Mi voluntad.

Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío. A pesar de mi gran miseria no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. Que no dude alma ninguna mientras viva, aunque sea la mas miserable, cada una puede ser una gran santa, porque es grande el poder de la gracia de Dios. De nosotros depende solamente no oponernos a la actuación de Dios.
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Oh Jesús, ojala pudiera transformarme en una neblina delante de Ti para cubrir la tierra con el fin de que Tu santa mirada no vea los terribles crímenes. Oh Jesús, cuando miro el mundo y su indiferencia frente a Ti, siempre me vienen lágrimas a los ojos, pero cuando miro un alma consagrada que es tibia, entonces mi corazón sangra.

Una vez vine a mi celda y estaba tan cansada que antes de comenzar a desvestirme tuve que descansar un momento, y cuando estaba desvestida, una de las hermanas me pidió que le trajera un vaso de agua caliente.  A pesar del cansancio, me vestí rápidamente y le traje el agua que  deseaba, aunque de la cocina a la celda había un buen trecho de camino y el barro llegaba a los tobillos.  Al entrar en mi celda vi. un copón con el Santísimo Sacramento y oí esta voz:  Toma este copón y llévalo al tabernáculo.   En un primer momento vacilé, pero me acerqué y cuando toqué el copón, oí estas palabras:  Con el mismo amor con que te acercas a Mi, acércate a cada una de las hermanas y todo lo que haces a ellas Me lo haces a Mi.  Después de un momento me di cuenta de que estaba sola.

Una vez, cuando se hacia la adoración por nuestra patria, un dolor estrechó mi alma y empecé a orar de modo siguiente:  Jesús Misericordiosísimo, Te pido por la intercesión de Tus Santos y, especialmente, por la intercesión de Tu Amadísima Madre, que Te crió desde la niñez, Te ruego bendigas a mi patria.  Jesús, no mires nuestros pecados, sino las lagrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren.  Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria.  En aquel instante vi. al Señor Jesús con los ojos llenos de lagrimas y me dijo:  Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.

Oh Jesús mío, cuando observo la vida de las almas, veo que muchas Te sirven con cierta desconfianza.  Y en ciertos momentos, especialmente cuando hay ocasión para demostrar el amor hacia Dios, justo entonces veo cómo estas almas huyen del campo de batalla.  Entonces me dijo Jesús:  ¿Tu también, hija Mía, quieres comportarte así?  Le contesté al Señor:  Oh no, Jesús mío, no me retiraré del campo de batalla, aunque el sudor de la muerte bañe mi frente, no dejaré caer de la mano la espada, hasta que no descanse a los pies de la Santísima Trinidad.  Para cualquier cosa que hago, no cuento con mis propias fuerzas, sino con la gracia de Dios.  Con la gracia de Dios el alma puede superar victoriosamente las más grandes dificultades.

Una vez, hablé con Jesús mucho tiempo de nuestras alumnas y animada por su bondad le pregunté si también entre nuestras alumnas tenia almas que eran un consuelo para su Corazón.  Y el Señor me contestó que las tenia, pero su amor es débil, por eso las confío a tu cuidado especial; ruega por ellas.

Oh Dios Inmenso, admiro Tu bondad.  Tú eres el Señor de las huestes celestiales  y Te humillas de ese modo hacia una miserable criatura.  Oh, con que ardor deseo amarte con cada latido de mi corazón.  No me basta toda la superficie de la tierra, el cielo es demasiado pequeño y el espacio celeste es nada.  Únicamente Tu solo me bastas, Dios E